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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. viernes 16 de noviembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Juan (4-9):

Señora elegida: Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte, señora. No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta. Es que han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Estad en guardia, para que recibáis el pleno salario y no perdáis vuestro trabajo. Todo el que se propasa y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios; quien permanece en la doctrina posee al Padre y al Hijo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,1.2.10.11.17.18

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor. R/.

Dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R/.

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R/.

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras. R/.

Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,26-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»
Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Hoy vamos a dirigir nuestra atención a las dos lecturas, ambas bastante extrañas a nuestro lenguaje y al medio cultural en que nos movemos. Pero no por ello carecen de un útil mensaje para nosotros si sabemos darles la traducción adecuada.

Jesús estuvo realmente encarnado. Y esto no significa simplemente que tenía carne humana, sino que adoptó el lenguaje y la cosmovisión de aquella época. Es el lenguaje y mentalidad de la apocalíptica, la convicción de una inminente intervención de Dios en la historia, con una serie de cataclismos cósmicos y un severo juicio sobre la humanidad. Los cristianos de primera hora identificaban tales acontecimientos con una pronta vuelta de Cristo glorioso; pero el tiempo fue pasando sin que esto sucediese y se hizo necesario repensar y reinterpretar el mensaje. Así lo percibimos por ejemplo en el cuarto evangelio, donde la predicación de Jesús recibe formas como esta: “el que cree no es juzgado, pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el nombre del Unigénito de Dios” (Jn 3,18); no se espera al fin del mundo; el juicio está presente.

Hace un par de días hablábamos de la comunidad lucana como ya madura en el tiempo, quizá con peligro de “envejecimiento”, de pérdida de tensión e inquietud. Él evangelista no la deja que se adormezca con el pretexto de haberse diferido la vuelta de le Señor. Lucas enseña que esa venida se da de muchas formas, y constantemente; que Él pasa a nuestro lado y llama, que a veces quisiera producir en nosotros una conmoción, un cataclismo interior, un cierto “fin del mundo”…; quiere hacer surgir algo nuevo. Y tenemos el peligro de vivir despistados, o muy apegados a lo que ha sido nuestra vida hasta el presente; es el significado de “recoger las pertenencias”, “salvar la vida”, es decir, aferrarnos a lo que siempre hemos dicho y hecho, resistiéndonos a la novedad y lo sorprendente que Dios quiere que surja en nosotros.

El escrito anónimo que llamamos segunda carta de Juan es también tardío, y pretende igualmente salir al paso de deformaciones de lo cristiano. La comunidad destinataria han hecho un loable esfuerzo de lo que hoy se llama “inculturación”, pero no debiera llegar demasiado lejos. Influenciada por el ambiente neoplatónico, y su derivado gnosticismo, pudiera adoptado el mismo menosprecio por lo material, eso que la sana fe considera creación de Dios; y ese menosprecio la llevaría a negar la encarnación del Hijo (a “no confesar a Cristo venido en carne”). La humanidad de Jesús sería mera apariencia y engaño. Y cuando se olvida la encarnación, se menosprecia también la historia y desaparece el compromiso concreto con los hermanos, la caridad, “el mandamiento que tenemos desde el principio”; surge un espiritualismo ilusorio.

Nosotros, como los destinatarios de estos escritos, nos encontramos ya muy lejos de los orígenes, y expuestos a deformaciones en la fe. También en nuestro mundo hay “muchos embusteros”, que a veces pretenden ocupar el lugar de nuestro Único Maestro. Estamos obligados a cultivar la fe en su primer frescor, sin adormecimientos ni rutinas (“mi amo tarda en llegar” decía aquel siervo que Jesús condena); necesitamos repensar esa misma fe, molestarnos en buscar su justa traducción a nuestro tiempo, y tener el necesario sentido crítico para no aceptar como camino de salvación lo que no lo es ni conformarnos con una religión que se difumina en el escapismo o en el sentimentalismo estéril.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 18 de noviembre de 2018

Paz y Bien a todos ustedes, hermanos.

DOMINGO XXXIII DEL AÑO.

Daniel 12,1-: Antíoco IV, el enemigo de Dios y de su Pueblo, asola a los israelitas. En este contexto de muerte por primera vez se proclama en el Antiguo Testamento la resurrección de los muertos. Se destaca la sabiduría de quien ha puesto su esperanza sólo en el Señor.

Hebreos 10,11-14.18: Cristo con su sacrificio ha quitado el pecado y vencido toda maldad.

Marcos 13,24-32: con un lenguaje apocalíptico se describe la situación en que queda la comunidad de los discípulos después de la partida de Jesús. Es una comunidad de elegidos, salvados, a los que se les amonesta a la espera y vigilancia.

1.- El lenguaje de la Palabra cambia abruptamente. Si en domingos pasados se nos hablaba de cómo vivir en el mundo amando a Dios y al prójimo y cómo saber darnos a nosotros mismos, a ejemplo de la viuda pobre, hoy se nos habla con un lenguaje simbólico que, si no lo sabemos interpretar, estaríamos cayendo en una especie de derrotismo: todo será destruido, etc.

De hecho, el hombre de hoy tiene miedo a la destrucción del planeta: el cambio climático, el calentamiento global que generan granizos, mega incendios, etc.  A esto se viene a sumar la prevalencia del odio sobre el amor y la justicia, del mal sobre el bien.

Por otra parte, se nos acusa a los cristianos porque orientando al hombre a las realidades últimas y terrenas, desviaría su atención de las cosas temporales. Esto es no entender el mensaje del Señor. Debemos saber descubrir lo que el Señor quiere decirnos hoy a través de este lenguaje tan enigmático.

2.- En el pasaje del evangelio que hoy hemos escuchado podemos distinguir dos aspectos:

* La manifestación gloriosa del Hijo del hombre.

* La parábola de la higuera.

Jesús, aunque físicamente ausente, nos garantiza la victoria, así como Daniel garantiza a los israelitas pisoteados por Antíoco IV la resurrección, dando así a entender que no es vano el sacrificio y sufrimiento que se padece por la causa del Señor.

Pero esto no es un somnífero o un alucinógeno, como pensó Marx; no es una evasión de este mundo. Con la parábola de la higuera Jesús pide a sus discípulos discernimiento frente a los signos de la historia y de los tiempos. Actividad que debe ser permanente tanto en el cristiano individual como en la comunidad de los discípulos. Siempre preguntarnos: ¿qué me quiere decir el Señor con los acontecimientos que están sucediendo? Ya que el poco discernimiento nos puede llevar a conclusiones disparatadas. Es preciso que sepamos leer la historia y acontecimientos desde la perspectiva de la fe, con los ojos de Jesús.

Cuando Jesús nos dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero  mis palabras no pasarán”, nos está pidiendo que vivamos con los ojos bien abiertos.

3.- Sabemos que los M.C.S. van creando “opinión pública”. Pero, si nos fijamos, todos los noticieros de nuestros canales de T.V. son pesimistas y derrotistas. Van creando una opinión pública negativa; la Palabra nos viene a abrir los ojos para contemplar la realidad de otra manera. Qué hermoso lo que dice el salmo responsorial: “El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz”. No vivimos en el vacío y no caminamos hacia el vacío; esto nos trae paz y alegría.

No escondamos la cabeza bajo la arena, sino con fe enfrentemos la realidad. Por lo tanto, no tengamos miedo de aceptar esta exhortación: “Velen, vigilen”, porque nadie conoce ni el día ni la hora.

4.- La carta a los Hebreos afirma que Cristo “se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies”. Esta es la verdad que nos debe animar. Porque, así como nos gritaba Juan Pablo II allá en el Parque O’higgins, (cuando el caos del momento significaba el caos imperante en la sociedad nacional), “el amor es más fuerte”, del mismo modo la Palabra nos grita que el Bien es más fuerte y mayor que el mal. Sí, en medio de tanta mala noticia, y cultura de la muerte, nosotros decimos: “creemos en la vida”. Es el Señor quien decide nuestra suerte.

Celebramos la Eucaristía que alimenta nuestra esperanza hasta el día de su vuelta. Muchos soles y estrella se apagarán, pero nuestra fe y esperanza en el Señor nunca se apagarán.

                                          Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy jueves 15 de noviembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 20-25

En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús: «¿Cuándo llegará el Reino de Dios?». Jesús les respondió: «El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir: ‘está aquí’ o ‘está allá’, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes».

Les dijo entonces a sus discípulos:»Llegará un tiempo en que ustedes desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia del Hijo del hombre y no podrán. Entonces les dirán: ‘está aquí’ o ‘está allá’, pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así será la venida del Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta generación».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús siempre se ha caracterizado por su sencillez. Lo podemos ver en su nacimiento. Si bien se nos cuentan historias y, tal vez, hemos visto películas en donde aparecen luces que alumbraban desde el cielo el pesebre, con una canción de fondo que va subiendo en intensidad… Sabemos bien que es necesario hacerlo para remarcar la solemnidad del momento. Sin embargo, sabemos también que, muy probablemente, no fue así.

Más bien, fue un momento sencillo, sin luces en el cielo, sin canciones de fondo. Jesús se encarnó y lo hizo de la manera más sencilla. Aunque esta sencillez no anula la grandísima profundidad, al contrario, se complementan.

Este es tan sólo un ejemplo (y qué ejemplo) de cómo la sencillez ha acompañado siempre la vida de Jesús.

De la misma manera quiere anunciar la llegada de su Reino. Silenciosamente, no espectacularmente como nosotros podríamos esperar. Su Reino viene de la misma manera en la que Él llegó, sin luces, sin canciones de fondo. Su Reino llega de manera Real, pero sencilla. Su Reino llega de manera sencilla pero increíblemente profunda. Su Reino está ahí, dentro de cada hombre, dentro de cada corazón que desea amar y ama, que desea sufrir por los demás y sufre.

Su Reino está en aquellos que han conocido a Dios y viven de acuerdo con ello.

La salvación no se compra, simplemente se entra en el banquete: «Bienaventurado quien coma en el reino de Dios». Y esta es la salvación. Yo me pregunto: ¿qué sienten estos que no están dispuestos a ir al banquete? Se sienten seguros, se sienten con una seguridad, se sienten salvados a su modo fuera del banquete. Han perdido el sentido de la gratuidad, han perdido el sentido del amor y han perdido una cosa más grande y más hermosa aún y eso es muy feo: han perdido la capacidad de sentirse amados. Cuando tú pierdes -no digo la capacidad de amar, porque esa se recupera- la capacidad de sentirte amado, no hay esperanza: has perdido todo.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de noviembre de 2017)

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71662/la-sencillez-de-la-grandeza-de-dios.html#modal

EDD. jueves 15 de noviembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (7-20):

Me alegró y animó mucho tu caridad, hermano, porque tú has aliviado los sufrimientos de los santos. Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para mandarte lo que conviene hacer, prefiero rogártelo apelando a tu caridad, yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús. Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad. Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo. Si en algo te ha perjudicado y te debe algo, ponlo en mi cuenta; yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño y letra, para no hablar de que tú me debes tu propia persona. Por Dios, hermano, a ver si me das esta satisfacción en el Señor; alivia mi ansiedad, por amor a Cristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145,7.8-9a.9bc-10

R/. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,20-25):

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
 
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Hay relatos que valen más que grandes razonamientos. Hoy vamos a centrar nuestra atención en la primera lectura, la carta de Pablo a Filemón, que no es menos Palabra de Dios que el evangelio, y se merece la misma atención. Comencemos por analizar la historia- trasfondo de este escrito, uno de los más breves de la Biblia.

Filemón es un cristiano, probablemente vecino de Colosas (Asia Menor), que fue evangelizado por Pablo; debe de ser de nivel acomodado: posee una espaciosa mansión en la que puede reunirse la comunidad cristiana local; su mujer se llama Apia, y su hijo Arquipo. Uno de sus esclavo, de nombre Onésimo, se ha fugado; y probablemente antes de marchar robó a su amo y le estropeó la herramienta, como solía ser la venganza que se tomaba todo esclavo al huir. Naturalmente, no tiene medios de subsistencia y se ve obligado a vivir de la delincuencia, seguramente en Éfeso, pues la gran ciudad ofrece más posibilidades. Por delincuente va a parar a la cárcel, donde cabalmente se encuentra con el evangelizador de su amo, el misionero Pablo, también recluso. Pablo no desperdicia oportunidad: entra en conversación con Onésimo, le evangeliza y le convierte, “le engendra” (v. 10) a nueva vida.

El pobre esclavo prófugo no debe de tener grandes delitos, y pronto queda en libertad. Al despedirse de Pablo, éste le ruega que vuelva a casa de Filemón. No debió de ser fácil convencerle, pues es normal que temiese represalias por parte de su amo perjudicado; pero la capacidad persuasoria de Pablo pudo más: “no temas, no te hará nada, yo te doy una carta de recomendación…”. Y así surgió esta encantadora joya literaria, psicológica y espiritual que hoy nos da materia de reflexión.

Desde nuestra mentalidad del siglo XXI, lo primero que nos rechina es que un cristiano, Filemón, tenga esclavos, y que Pablo no arremeta en su carta contra tal institución social. Es preciso situarse en el imperio romano a mediados del siglo I y en la Iglesia de aquella época. Dada la insignificancia social del grupo cristiano dentro del imperio, y dada la convicción de que la historia está tocando a su fin, es imposible que Pablo idee promover una “reforma constitucional” de gran alcance. Él mismo dice en otro lugar: “Quien fue llamado por el Señor siendo esclavo, es un liberto del Señor; y quien fue llamado siendo libre, es un siervo de Cristo” (1Cor 7,22). La fe cristiana es portadora de una energía que hace estallar todo convencionalismo sociopolítico.

Y esta cartita de recomendación nos ofrece la aplicación concreta. Entre Pablo, Filemón y Onésimo existe una relación que no contempla legislación estatal alguna. Pablo, como apóstol, tendría autoridad para “mandar” a Filemón que acoja con cariño al esclavo huido; pero entre hermanos sobra el mandato, basta con manifestar el deseo; incluso Pablo añade: “sé que harás mucho más que lo que yo te pido” (v. 21). Tendría también autoridad sobre el neófito Onésimo, pero no le llama “súbdito”, sino “mis entrañas” (v.12). Y Filemón acoge a Onésimo “no ya como esclavo –a lo que le da derecho la legislación romana- sino como hermano muy querido” (v. 16). Los antiguos amo y esclavo celebran ahora juntos la cena del Señor y se dan el abrazo de paz. Esa relación fraterna “alivia las entrañas” de Pablo, y de los demás creyentes (vv. 7 y 20).

El cristianismo ciertamente no ofrece un plan de reforma sociopolítica, pero sí un proyecto de convivencia mucho más profundo y radical que el que pueda prever la legislación más humanitaria que conozcamos.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 14 de noviembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».

Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.

Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: «¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?» Después le dijo al samaritano: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy se me muestra el ejemplo de ese leproso curado que regresó para darte gracias. Ahora caigo en la cuenta de los muchos beneficios que he recibido de Ti y las pocas veces que me he detenido a darte las gracias.

Quiero postrarme ante Ti. Hoy sólo deseo agradecerte todo lo que me has dado, todo lo que tengo, todo lo que soy… Pero, sobre todo, por ser quien eres. Casi nunca me detengo a admirarte, a caer de rodillas y simplemente mirar tu belleza. Gracias por ser genial… por ser mi Papá.

En mi corazón tengo la lepra de la ingratitud que me hace insensible a las caricias que diariamente me propicias…

Al menos hoy, al menos aquí, al menos ahora, te pido que me sanes de este mal y me permitas experimentar la dulzura de tu presencia y la ternura de tus caricias.

¡Gracias, Jesús!

La gratitud es un rasgo característico del corazón visitado por el Espíritu Santo; para obedecer a Dios, primero debemos recordar sus beneficios. San Basilio dice: «Quien no deja que esos beneficios caigan en el olvido, está orientado hacia la buena virtud y hacia toda obra de justicia». ¿A dónde nos lleva todo esto? A hacer un ejercicio de memoria: ¡cuántas cosas bellas ha hecho Dios por cada uno de nosotros! ¡Qué generoso es nuestro Padre Celestial! Ahora quisiera proponeros un pequeño ejercicio, en silencio, que cada uno responda en su corazón. ¿Cuántas cosas hermosas ha hecho Dios por mí? Esta es la pregunta. En silencio, que cada uno de nosotros responda. ¿Cuántas cosas hermosas ha hecho Dios por mí?
(Catequesis de S.S. Francisco, 27 de junio de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71661/gracias-jesus.html#modal

EDD. miércoles 14 de noviembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito (3,1-7):

Recuérdales que se sometan al gobierno y a las autoridades, que los obedezcan, que estén dispuestos a toda forma de obra buena, sin insultar ni buscar riñas; sean condescendientes y amables con todo el mundo. Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros. Mas cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,11-19):

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Según un texto rabínico, Eliseo habrías resucitado dos muertos, pues además de devolver la vida a un niño, curó la lepra de Nahamán el sirio (2Re 4,34s; 5,14). En la época de Jesús el juicio sobre la lepra (¡y sobre los leprosos!) no podía ser más negativo: a la repugnancia física y peligro de contagio se sumaba una “teología de la exclusión”; el leproso era tenido por un maldito de Dios y se lo trataba como a un muerto; de ahí el dicho del rabino. Por eso los leprosos solían andar por despoblados, y caminaban gritando “impuro, impuro”, para que nadie se les acercase. El evangelio de hoy dice que los diez leprosos se detuvieron a distancia de Jesús y, desde allí, a gritos, le pidieron compasión.

En dos lugares del evangelio dice Jesús él ha venido a buscar y salvar lo que otros dan por perdido e inasalvable: lo dice cuando le acusan por comer con pecadores en casa del recaudador Leví y cuando murmuran de que se aloje en casa del recaudador  Zaqueo (cf. Lc 5,32; 19,10). Jesús busca la compañía de “los malditos”.

Y es que Jesús es crítico con mucha de la teología de su tiempo. Hay que buscar la recuperación del alejado, y no “sacralizar” lo que tiene explicación natural. Los marginados publicanos no están “fuera de la ley” por una fatalidad; y la lepra no tiene ningún origen sobrenatural, sino que es una enfermedad más. Pero lo que Jesús sabe muy bien es que los leprosos son víctimas de una doble desgracia: a su dolor físico se añade el injusto rechazo social y religioso; y ambas cosas quiere Jesús que queden superadas. Por eso su acción no es una mera curación física: los envía al sacerdote para que levante acta de su curación y queden reintegrados en la comunidad cultual de Israel.

Jesús derriba muros y crea vida en comunión. Según el cuarto evangelio, la misión de Jesús tiene por objeto “que tengamos vida y la tengamos abundante” (cf. Jn 10,10). Por tanto, el auténtico seguidor de Jesús tiene que ser un creador y distribuidor de vida, destructor de barreras y aliviador de dolores, activo inconformista con todo tipo de sufrimiento y de división.

Nuestro evangelista añade todavía un rasgo llamativo: de los diez leprosos curados, sólo el samaritano da gloria a Dios y se postra agradecido ante Jesús. Era el doblemente excluido, por leproso y por heterodoxo o hereje. Jesús enseña a no juzgar ni condenar, y a que nadie considere la bondad como patrimonio suyo y de los de su bando. También en el corazón de “los otros” se aloja frecuentemente una exquisita sensibilidad, incluso a veces superior a la de “los de siempre”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 13 de noviembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú?’. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cada vez que leemos esto nos podemos sentir un poco incómodos; no pensamos que al terminar el camino en la tierra aún nos tocará trabajar en el cielo. De hecho, la expresión de los niños cada vez que decía esto era: «¿Qué?, pero si ya tengo mucho con hacer las tareas como para que aún no tenga tiempo para descansar…». Pero es interesante que la gente que encuentra un trabajo en el que se siente acogido, en el que hace lo que más le gusta, en el que la gente con la que convive suele ser amigable… piensa que ése es un sitio maravilloso.

De todos modos -decía un niño- «es mucho trabajo, uno se siente cansado, fatigado…» Claro, la percepción del niño es totalmente cierta, nos fatigamos y decimos «basta.» Pero realmente en el cielo uno no se cansa, los santos son felices de seguir trabajando todo el tiempo por nosotros.

«¿Pero todo el tiempo? -pregunta otro niño que, para mi desgracia, estaba distraído- ¿qué no se cansan?» Sin embargo, esta pregunta me hizo reflexionar en ello. ¿Realmente no se cansan? Uno ve la piedad de la gente a tal o cual santo y, efectivamente, ellos trabajan intercediendo por nosotros; aunque algunas veces parece que no lo hacen. Es cuando vienen los antiguos Padres de la Iglesia que nos dicen: «son tres las razones por las que no alcanzamos gracia: no sabemos lo que nos conviene; no es el tiempo que conviene o no lo apreciaremos tanto como conviene». Es, pues, Dios quien da la gracia y el santo que intercede para alcanzarla; sólo seremos santos si sabemos llevar esa gracia a los demás.

El fundamento de nuestra esperanza descansa en la fe en el poder de nuestro Padre Celestial. Él, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea.
(Discurso de S.S. Francisco, 6 de julio de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71658/de-verdad-somos-pobres.html#modal

EDD. martes 13 de noviembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito (2,1-8.11-14):

Habla de lo que es conforme a la sana doctrina. Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia. A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios. A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticarnos en nada. Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 36,3-4.18.23.27.29

R/. El Señor es quien salva a los justos

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R/.

El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos. R/.

Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,7-10):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Con esta breve parábola sobre el amo y su esclavo concluye Lucas el pequeño catecismo acerca de las relaciones en la comunidad cristiana (14,25-17,10). La parábola es exclusiva de este evangelio y se sitúa en un escenario muy característico del antiguo oriente. Nos equivocaríamos si la abordásemos con criterios de justicia social, críticas al amo explotador, etc. Jesús parte de una praxis que todos conocen y aceptan, y de momento no entra a aprobarla o descalificarla; simplemente se sirve de ella para extraer una enseñanza. Esa es la función de las fábulas, leyendas, apólogos…

Pero Jesús va a trastocar la parábola misma para vehicular su enseñanza: los oyentes, que al comienzo quedaban comparados con el amo (“uno de vosotros tiene un criado”), al final son los “siervos”, y, para más inri, siervos inútiles. Esa la conclusión, la aplicación de la parábola a la comunidad creyente.

En todo grupo humano aparece la “riqueza” y la “miseria” de sus componentes. Particularmente se suelen hacer presentes las tendencias a medrar, a “ser alguien”. Los discípulos de Jesús discuten repetidamente en el evangelio acerca de quién es el mayor y quién el menor. Somos muy proclives a pasarnos la vida redactando la propia “hoja de servicios”, como se dice en el ejército. En la época de Jesús había mucha afición a contabilizar méritos religiosos, como si la salvación fuese objeto de conquista.

Los fariseos de aquel tiempo, en contra de lo que muchas veces se ha pensado, no eran gente malvada, ni muchos menos; querían ser fieles cumplidores de la ley, en la que veían la voluntad de Dios, pero habían caído en la deformación de “comercializar” sus buenas acciones, de haber establecido con Dios una especie de relación mercantil. Habían olvidado el salmo de la gratuidad: “Dios lo da a sus amigos mientras duermen”.     A todo esto Jesús le da un vuelco con la invitación a “hacerse como niños”. Y aquí los occidentales tenemos que cambiar un poco la cabeza: el niño del mundo semita no era el inocente, el encantador… sino el que para nada vale, el que nada merece porque nada bueno ha hecho… Al niño sus padres le dan todo gratis, por puro cariño. Y Jesús advierte que “el que no reciba el Reino de Dios como lo recibe un niño no entrará en él” (Mc 10,15). El Padre nos lo da por puro cariño.

Además de la presunción de haber hecho mucho por Dios, puede darse también la de “pasar factura a los hermanos”, con el orgullo altanero de haberlos servido mucho, de haber hecho esto y lo de más allá por ellos, traduzcamos “por la parroquia”, “por el grupo”… Y surge la tentación de llamarles ingratos. La invitación de Jesús sería la misma: consideraos unos pobres siervos, no habéis hecho más que lo que os tocaba hacer. El engreimiento nunca es evangélico y el restregar a los demás el bien que se les ha hecho priva a esas buenas acciones de su natural nobleza.

San Juan de la Cruz, muy entendido en evangelio, acuñó aquellas célebres paradojas: para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada; para venir a tenerlo todo, no quieras tener algo en nada; para venir a saberlo todo,…  Y un autor más reciente ha compuesto una oración así de simple, así de evangélica:

“Señor, mis manos son pequeñas y están vacías;
pero las tuyas son grandes y están llenas”

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 12 de noviembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.

Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo».

Los apóstoles dijeron entonces al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor les contestó: «Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El escándalo se contrapone al testimonio, pues éste último refleja una verdadera autenticidad en donde, como señal de coherencia, se encuentra la sintonía entre lo que se es y lo que se debe ser.

Cristo reprende con gran fuerza a los que escandalizan; esto lo podemos tomar como una sabia invitación a hacer exactamente lo contrario. Es decir, el «testimonio» que surge en cada persona convencida de lo que cree, al grado de sentir la responsabilidad y la necesidad de transmitir a un Cristo que han conocido y, más aún, que ha experimentado.

Es algo natural querer trasmitir lo que no se puede guardar para sí. Es como un horno en el que, en un inicio, el fuego tan sólo logra calentarse a sí mismo, pero llega el punto en el que el nivel de calor es tan alto, que todo lo que le rodea comienza a sentir el fuego abrasador que lleva dentro.

Mientras que del escándalo surge la desilusión y el cansancio, del testimonio fructifica la ilusión y la esperanza. ¿Qué sería de un mundo sin ilusión y sin esperanzas? ¿Qué sería de los hombres si fuesen privados de todo testimonio y viviesen en un ambiente en donde no hay sentido de los sucesos que le rodean? Ahora podemos entender porque Cristo reprende con tanta fuerza.

Él nos lanza la invitación para realizar uno de los testimonios más fructíferos. Se trata del perdón misericordioso, que es un acto en donde se ve claramente que los intereses personales se dejan de lado, los sentimientos egoístas se transforman en los sentimientos de Cristo y se alcanzan méritos sobrenaturales que sólo se pueden entender desde los ojos de la fe.

Participamos porque estamos todos ungidos, sellados y tenemos en la mano esa seguridad – la «fianza» del Espíritu que nos llevará al «sí» definitivo, a nuestra plenitud, y que nos ayudará a convertirnos en luz y sal, es decir a dar testimonio. Quien esconde la luz da un contra-testimonio; es un poco «sí» y un poco «no». Tiene la luz, pero no la dona, no la hace ver y si no la hacer ver no glorifica al Padre que está en los cielos. Está quien tiene la sal, pero la toma para sí mismo y no la dona para que se evite la corrupción. El Señor, sin embargo, nos enseñó palabras decisivas y dijo: «Vuestro hablar sea este: sí, no. Lo superfluo proviene del maligno».
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de junio de 2017, en santa Marta).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71586/los-frutos-del-testimonio.html#modal

EDD. lunes 12 de noviembre de 2018

Hoy, lunes, 12 de noviembre de 2018

Primera lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a Tito (1,1-9):

Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para promover la fe de los elegidos de Dios, y el conocimiento de la verdad, según la piedad apoyada en la esperanza de la vida eterna. Dios, que no miente, había prometido esa vida desde tiempos inmemoriales; al llegar el momento, la ha manifestado abiertamente con la predicación que se me ha confiado, según lo dispuso Dios, nuestro salvador. Querido Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos; te deseo la gracia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, salvador nuestro. Mi intención al dejarte en Creta era que pusieras en regla lo que faltaba y establecieses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di. El candidato, que sea un hombre sin tacha, fiel a su única mujer, con hijos creyentes, que no sean indóciles ni acusados de mala conducta. Porque el obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable, no arrogante ni colérico, no dado al vino ni pendenciero, ni tampoco ávido de ganancias. Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo de lo bueno, prudente, justo, fiel, dueño de sí. Debe mostrar adhesión a la doctrina cierta, para ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,1-6):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.»
Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

No sería bueno que nos sacudiésemos nuestras responsabilidades con el fácil pretexto de que se trata de “exageraciones de un oriental”. ¿Se puede trasladar un árbol (Mt dice una montaña) con un poquito de fe? ¿es razonable hundir a alguien en el mar con una rueda de molino al cuello por evitar un pequeño escándalo? Cierto que son hipérboles, tanto en boca de Jesús como en la pluma del evangelista;  pero hipérboles llenas de sentido. La materia a que se aplican no es de broma.

Las comunidades a que se dirige el tercer evangelio tienen varias décadas de rodaje. A diferencia de escritores anteriores, por ejemplo San Pablo en sus cartas, este evangelista no cuenta ya con una inminente vuelta del Señor y el consiguiente fin del mundo, sino con una historia duradera. Y, en esa perspectiva, interesa mucho saber qué es lo que construye a la comunidad y qué es lo que la aparta del proyecto de Jesús.

Con esa preocupación pastoral, Lucas rebusca en el tesoro heredado de Jesús y se encuentra con cuatro dichos suyos (logia)que pueden ser muy oportunos para su propia época (y también para nosotros, creyentes del siglo XXI), cuatro dichos que ponen en guardia frente al escándalo, el rencor, la indiferencia y una fe mezquina.

El escándalo consiste en un modo de hablar o de actuar que puede desorientar a otros en sus convicciones de fe, desviándolos de una vida según el evangelio. Al evangelista le preocupan especialmente los “pequeños”, los “creyente débiles”, necesitados de ejemplos edificantes en vez de acciones cuestionables u opiniones arriesgadas. Para San Pablo, ¡el adalid de la libertad cristiana!, era tan importante evitar el escándalo, que exhortaba así a sus fieles: “que vuestra libertad no sirva de tropiezo a los débiles” (1Cor 8,9). La libertad es buena, pero la caridad es más importante.

El dicho de Jesús sobre la corrección fraterna y el perdón nos llega en este evangelio demasiado condensado, hasta dejarnos la impresión de que sólo debemos perdonar al ofensor que se arrepiente. En el lugar paralelo de Mateo (cap. 18) percibimos claramente que se trata de dos deberes diferentes para con los hermanos de comunidad: a) Corrige a quien peca, hasta reorientarle; b) Perdona a quien te ofende.

Corregir al hermano no es tarea fácil; además todos somos pecadores. Sólo cuando corregimos con una gran dosis de humildad y cariño hay alguna probabilidad de éxito; no hay que confundir corrección con reproche agresivo. Y el pedón indefinido (¡hasta siete veces en un día a la misma persona!) implica generosidad, enorme amplitud de corazón, la profunda y gozosa experiencia de haber sido uno mismo perdonado por el Padre. Sin ejercicio de perdón y de corrección fraterna una comunidad no crece.

El dicho de Jesús referente al poder de la fe debe de haber sido muy repetido en la iglesia primitiva; en el evangelio de Mateo lo encontramos hasta dos veces (17,20 y 21,21). En nuestro contexto, parece que el evangelista habla de la necesidad de fe para que sean posibles las prácticas de fraternidad a que acaba de exhortar: corrección y perdón (en vez de indiferencia y rencor). La fe debe de equivaler aquí a una honda identificación con los ideales de Jesús y una firmeza tan fuerte en las propias convicciones, que a uno le den confianza en que puede realizar obras grandes, cooperar así a la construcción de la comunidad. ¡Pues, vamos allá!

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf