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Autor: Patricio Osiadacz

Ángelus: El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables

Palabras del Papa antes del Ángelus

(ZENIT – 4 nov. 2018).- El corazón del Evangelio de hoy está en el mandamiento del amor, el amor a Dios y al prójimo, dijo el Papa este domingo presidiendo la la oración del Ángelus al mediodía en la Plaza de San Pedro, en presencia de unas 20.000 personas, cubiertas con paraguas.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En el corazón del Evangelio de este domingo (cf. Mc 12, 28b-34), está el mandamiento del amor: el amor de Dios y el amor al prójimo. Un escriba le pregunta a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” (V. 28). Responde citando la profesión de fe con la que cada israelita abre y cierra su día y comienza con las palabras “¡Escucha, Israel! El Señor nuestro Dios es el único Señor “(Dt 6: 4). De esta manera, Israel mantiene su fe en la realidad fundamental de toda su creencia: hay un solo Señor y ese Señor es “nuestro” en el sentido de que él está vinculado a nosotros con un pacto indisoluble, nos amó, nos ama y nos amará por siempre. De esta fuente proviene el doble mandamiento para nosotros: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. […] Amarás a tu prójimo como a ti mismo “(v. 30-31).

Al elegir estas dos palabras dirigidas por Dios a su pueblo y juntarlas, Jesús enseñó de una vez por todas que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, y más aún, se apoyan mutuamente.  Incluso si se colocan en secuencia, son las dos caras de una sola moneda: vividas juntas, ¡son la verdadera fuerza del creyente! Amar a Dios es vivir de él y para él, por lo que es y por lo que hace. Y nuestro Dios es donación sin reservas, es perdón sin límites, es una relación que promueve y crece. Amar a Dios significa invertir tus energías todos los días para ser sus colaboradores en servir a nuestro prójimo sin reservas, en buscar perdonar sin límites y en cultivar relaciones de comunión y fraternidad.

El evangelista Marcos no se molesta en especificar quién es el prójimo, porque el prójimo es la persona que encuentro en el viaje de mis días. No se trata de preseleccionar a mi prójimo, esto no es cristiano, sino de tener ojos para verlo y un corazón para querer su bien. Si nos ejercitamos para ver con la mirada de Jesús, siempre escucharemos y estaremos al lado de los necesitados. Las necesidades de los demás requieren ciertas respuestas efectivas, pero primero aún piden compartir. Con una imagen podemos decir que el hambriento necesita no solo un plato de alimento, sino de una sonrisa, para ser escuchado e incluso una oración, tal vez juntos.

El Evangelio de hoy nos invita a todos a ser proyectados no solo hacia las urgencias de los hermanos más pobres, sino, sobre todo, a estar atentos a su necesidad de acercamiento fraterno, al sentido de la vida y la ternura. Esto desafía a nuestras comunidades cristianas: se trata de evitar el riesgo de ser comunidades que viven de muchas iniciativas pero con pocas relaciones, yo diría: “estaciones de servicio” pero de poca compañía, en el sentido pleno y cristiano de este término. Dios, que es amor, nos creó por amor y para que podamos amar a los demás al permanecer unidos a Él. Sería una ilusión afirmar que amamos a nuestro prójimo sin amar a Dios; y sería igualmente ilusorio pretender amar a Dios sin amar a nuestro prójimo. Las dos dimensiones del amor, para Dios y para el prójimo, en su unidad caracterizan al discípulo de Cristo.

Que la Virgen María nos ayude a testimoniar esta enseñanza luminosa en nuestra vida cotidiana.

Homilía para la Eucaristía de hoy domingo 04 de noviembre de 2018

Paz y Bien, hermanos.

DOMINGO XXXI DEL AÑO.

Deuteronomio 6,1-6: Profesión de fe en el Dios único; no hay otro. Por eso hay que amarlo total y absolutamente. Dios es el único Absoluto.

Hebreos 7,2-28: el sacerdocio de Cristo es superior a todo sacerdocio porque es eterno, santo, ofreció un sacrificio una vez para siempre. No hacen falta más sacrificios.

Marcos 12,28-4: Jesús cita dos y textos: Deuteronomio 6 y el Levítico 19,18: el amor al prójimo. Así, con su autoridad Jesús establece que esto es lo esencial en la ley.

 

1.- Israel, a punto de entrar en la tierra Prometida, recibe la Ley fundamental, precedida de una Profesión de fe: “el Señor es uno solo”. Por eso, a Él hay que amar. ¿Cómo? “Con todo el corazón”: desde lo más íntimo de nuestro ser, no un amor superficial, de puro sentimiento, sino desde el interior, allí donde se toman las decisiones. “Con toda tu alma”: tu vitalidad, temperamento y carácter; en una palabra, tal cual eres. “Con todas tus fuerzas”: se quiere indicar con todo lo que posees: dinero, cosas, riquezas, haberes, etc. En una palabra, no existe excusa alguna para no amar a Dios.; este amor es absorbente, nadie se escapa de él.

Esta cita es fundamental no sólo para el israelita piadoso, sino para todo discípulo de Jesús. Él con su autoridad ratifica la validez de este mandato y le agrega el amor al prójimo. Jesús transforma el amor a Dios y al prójimo en los mandamientos más importantes e invita a vivirlos como querer de Dios que se exigen mutuamente.

2.- Esto de que se exigen mutuamente quiere decir que no se puede amar a Dios prescindiendo del amor al prójimo, ni al prójimo sin amar a Dios (cfr. 1 Juan 4,20-21).

El amor a Dios es un amor inclusivo, no exclusivo (¡). Por ser inclusivo exige el amor a los demás. Ha habido ciertas corrientes de espiritualidades que hacen del amor a Dios como algo exclusivo. De esta manera se aíslan de los demás, dando a entender que el prójimo molesta para amar a Dios. No se puede disfrazar de amor a Dios el individualismo religioso. La prueba de que amamos a Dios es que también amamos al prójimo. Tanto es así, que si al momento de orar o ir al templo se presenta una persona que reclama nuestra atención, es mejor dejar la oración o la piedad para dedicarse al prójimo. Esta es la doctrina basada en el Nuevo Testamento.

3.- Hermano, todo lo dicho hasta aquí no es novedad. Pero dado el contexto en el que nos toca vivir, recobra mucha actualidad. La afirmación del Deuteronomio tiene tensión polémica frente al baalismo actual. Así como el baalismo o idolatría tentó al pueblo de Israel, también hoy el baalismo es una tentación permanente. Lo que el texto proclama es que fuera del Señor no hay ningún otro absoluto o divinidad. El dinero no es dios, ninguna ideología es absoluta, ningún régimen político es absoluto. Solo Dios es Absoluto.

Teóricamente lo aceptamos y creemos. Pero hagámonos sinceramente la pregunta: ¿es el Señor mi único Dios? ¿Estoy convencido que debo amar al prójimo como a mí mismo?

4.- El amor al Dios y al prójimo; he aquí la estructura íntima de la Alianza. Toda alianza que no contenga esta estructura es intrínsecamente mala. Jesús, nuestro Sumo y eterno sacerdote, selló una vez para siempre la Alianza entre Dios y los hombres, mostrando con su sacrificio hasta dónde llega el amor a Dios y al prójimo. Su sacrificio es expresión del amor pleno.

A Él nos unimos hoy en esta Eucaristía y con Él ofrecemos el único sacrificio de de amor al Padre y a nuestros hermanos.

Al celebrar este sacrificio podemos decir: “Yo te amo, Señor, mi fortaleza”. Sí, sólo en El está nuestra fortaleza, nuestra seguridad, porque solo Él es Dios. No importa cuántos ídolos se nos ofrecen por las pantallas de la televisión.

Si en verdad amamos a Dios y a nuestros hermanos Él nos dirá: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”.

 

 

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. sábado 03 de noviembre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (1,18b-26):

De la manera que sea, con segundas intenciones o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y me seguiré alegrando, porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y al Espíritu de Jesucristo que me socorre. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso saldré derrotado; al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para que avancéis alegres en la fe, de modo que el orgullo que sentís por mí en Jesucristo rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 41

R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Recuerdo como marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-11):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.» Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.» Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

 

Reflexión  :

Pedro Belderrain, cmf

Queridos hermanos:

Asistimos una vez más con Jesús a una escena bien hermosa, fácil de imaginar. El Maestro no pierde ocasión y nos deja un buen mensaje. ¿Se trata sólo de consejos de urbanidad o de los criterios que unos buenos padres de familia transmiten a sus hijos para facilitarles la vida social? La sabiduría de Jesús es fácil de apreciar: ¡qué mal se pasa cuando en público alguien te invita a colocarte en un sitio que refleja menos categoría!

No hay que descartar esa intención en Jesús, buen observador (como el relato demuestra). Pero sus palabras quieren ir más allá: hay modos muy diversos de vivir. Y a los hijos del Padre nos les vale cualquiera. Ante la Palabra de hoy no debemos eludir una reflexión personal: ¿cómo nos movemos?, ¿nos ensalzamos indebidamente?, ¿sabemos humillarnos? ¿Qué debemos cambiar tras escuchar a Jesús?

Pero también cabe una reflexión en clave de Iglesia. En muchas partes del mundo nuestra presencia ha perdido relevancia: no se nos ofrecen los sitios de antes, no se nos presta la misma atención. La situación debe preocuparnos por lo que revela de la actitud de muchas personas ante el Evangelio.

Pero en nuestras sociedades hay diversos tipos de relevancia: ¿a cuál aspiramos? Muchos de los cristianos que celebrábamos el día 1 no tenían poder alguno pero sí mucha autoridad: la que les dieron su coherencia, su saber estar, su civismo, el amor que nace de la fe. Ninguna situación social es fácil y todas abundan en matices, pero el Evangelio de hoy nos deja doble tarea: ¿cómo aplicarnos cada uno las palabras de Jesús?, ¿cómo acogerlas como Iglesia, presencia visible de la fe?

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 02 de noviembre de 2018

Evangelio según San Mateo 25,31-46.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

 


 

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Sobre la muerte de su hermano

¿Por qué lloré tanto por ti, mi hermano que tanto me amabas y que me has sido arrebatado? Pues mi relación contigo no la perdí, sino que cambió completamente: hasta aquí era inseparable del cuerpo, ahora es indisociable de los sentimientos. Tú te quedas conmigo, y te quedarás por siempre. El apóstol Pablo me recuerda, poniendo un freno a mi pena, estas palabras: «hermanos, no queremos que estén en la ignorancia respecto de los muertos como los que no tienen esperanza » (1 Ts 4:13)

Pero todo llanto no es un signo de falta de fe o de debilidad. El dolor natural es una cosa, la tristeza de la incredulidad es otra. El dolor no es el único que puede contener lágrimas: la alegría tiene sus lágrimas, el afecto también hace venir el llanto, la palabra riega el suelo de lágrimas y la oración, según las palabras del profeta, baña de lágrimas nuestra cama (Sal 6:7). Cuando enterraron a los patriarcas, su pueblo también le lloró mucho. Las lágrimas son entonces un signo de afecto y no de incitación al dolor. He llorado, lo acepto, pero el Señor también ha llorado (Jn 11:35); él lloró por alguien que no era de su propia familia. Yo lo hice por un hermano. Él sobre un solo hombre, lloró por todos los hombres. Yo te lloraré, mi hermano, en todos los hombres.

Es con nuestra sensibilidad que Cristo lloró, no fue con la suya, pues la divinidad no tiene lágrimas. Lloró en este hombre que estaba «triste hasta el punto de morir» (Mt 26:38); lloró en quien fue crucificado, quien murió, quien fue enterrado. Lloró en este hombre…que nació de la Virgen.

 

Fuente :  www.evangeliodeldia.org

EDD. viernes 02 de noviembre de 2018.

Viernes de la trigésima semana del tiempo ordinario
Conmemoración de todos los fieles difuntos
Solemnidad
Color: morado

La oración por los muertos pertenece a la más antigua tradición cristiana. Es natural, pues, que el día siguiente a la fiesta de los que han entrado en la intimidad de Dios, nuestra solicitud vaya hacia nuestros hermanos que han muerto en la esperanza de la resurrección que abarca también a “todos aquellos cuya fe sólo conoce el Señor”.

Antífona de entrada Cf. 1Tes 4, 14; 1Cor 15, 22

Así como Jesús murió y resucitó, de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. Y así como todos mueren en Adán, todos revivirán en Cristo.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, escucha con bondad nuestros ruegos, para que, al crecer nuestra fe en tu Hijo resucitado de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la resurrección de tus hijos difuntos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

La muerte ha sido vencida

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 15, 51-57

Hermanos:

Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados.

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final –porque esto sucederá- los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.

Lo que es corruptible debe revertirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad.

Cuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: “La muerte ha sido vencida.

¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? Porque lo que provoca la muerte es el pecado y lo que da fuerza al pecado es la Ley.

¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

SALMO RESPONSORIAL 129, 1-8

R/. ¡Desde lo más profundo te invoco, Señor!

Desde lo más profundo te invoco, Señor, ¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos el clamor de mi plegaria.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿Quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.

Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora.

Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26

Aleluya.

“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Yo soy la resurrección y la vida.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 17-27

Al llegar a Betania, Jesús se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.

Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.

Marta le respondió: “Se que resucitará en la resurrección del último día”.

Jesús le dijo:

“Yo soy la Resurrección y la Vida.

El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Ella le respondió: “Si, Señor, creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-11-02

 

Reflexión :  

Los versículos 17 al 27 del capítulo 11 de San Juan se “mueven” en un entorno mucho más significativo que el relato de la muerte de Lázaro. Desde el principio de este capítulo se señalan “cosas” tan importantes como esto: Jesús va a Betania, cerca de Jerusalén. Y Jesús VA A LA MUERTE… Sabe que, después de lo que pensaba hacer: RESUCITAR A LÁZARO, las autoridades decretarían su muerte.

Pero el amor puede más que el dolor y la muerte. Él prefiere su muerte a la de Lázaro. Tomás (versículo 16), impactado por la postura de Jesús, dice: “ vamos también nosotros a morir con él.

Jesús con este séptimo milagro proclama su Resurrección y la de todos: “Yo soy la Resurrección y la Vida; quien crea en Mí, vivirá”…

Este relato es la cumbre de la obra de Jesús: LA RESURRECCIÓN. Toda la doctrina evangélica: HECHOS Y DICHOS DE JESÚS sólo tienen este fin: LA RESURRECCIÓN.

Por consiguiente, la actitud del cristiano ante la muerte no puede ser de miedo, desencanto, desesperanza. ¿para qué ha venido Jesús, ha vivido y muerto, sino para darnos la VIDA ETERNA? Recordemos constantemente aquello de “Ni ojo vió, ni oído oyó lo que Dios tiene reservado a aquellos que le aman”.

Pero hay que creer y creerlo. Recordad lo que le dijo Jesús a Marta: “¿Crees esto? Yo soy la resurrección y la vida”. Esta es la cuestión indeclinable: CREER, CREER, CREER en ÉL.

Toda nuestra vida: el ser y el hacer no deben tener otro objetivo, ni otro sentido. Toda nuestra religiosidad, actos piadosos, nuestro trabajo, nuestro proyectos, etc. deben ser entendidos y vividos desde este prisma.

Cierto es que Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, y decían los que le rodeaban: “Mirad cómo le amaba”. El sintió, como nosotros, la separación temporal de su amigo; pero no se queda ahí: TRANSCIENDE. Así también nosotros: tenemos un corazón de carne, con sentimientos, cariño, amor; pero eso no debe eclipsar el fin GOZOSO Y PLENO DEL HOMBRE: la FELICIDAD ETERNA: LA POSESIÓN DE DIOS PARA SIEMPRE, LA COMPAÑÍA SIN TÉRMINO DE NUESTROS SERES QUERIDOS.

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/22512/cat/990/homilia-para-la-celebracion-de-las-exequias-xi-jn-11-17-27.html#modal

Comentario al evangelio de hoy miércoles 31 de octubre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?».

Jesús le respondió: «Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero él les responderá: «No sé quién son ustedes». Entonces le dirán con insistencia: «Hemos comido y bebido contigo y tú nos has enseñado en nuestras plazas». Pero él replicará: «Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal». Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.

Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros, y los que ahora son los primeros serán los últimos».

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy Jesús nos propone en el Evangelio entrar por la puerta estrecha y, muy seguramente, nosotros nunca lo hemos hecho. En la actualidad las puertas son amplias para todos nosotros, pero de seguro hemos pasado por un lugar estrecho y no es nada cómodo. Sin embargo es por allí donde Cristo nos pide pasar.

La puerta estrecha es diferente si somos gordos o flacos, es decir, nosotros somos quienes hacemos la puerta estrecha. Cada uno de nosotros tiene la propia puerta estrecha por la cual pasar, y cada uno debe buscarla y cruzarla.

Pasar por nuestra puerta estrecha implicará abandonar la comodidad de cruzar por un lugar amplio; abnegarme; no pensar en mi bienestar y comodidad sino en la santidad a la que Cristo me está invitando, porque es Él que me invita a pasar. Mi puerta estrecha tiene como nombre abnegación, porque me ayuda a no pensar en mí sino en Cristo y en los demás.

La puerta de la salvación es Cristo mismo y cada uno tiene una puerta diferente, no porque haya diferentes Cristos, sino porque cada uno tiene un llamado diferente a seguir a Cristo; y este llamado implica una puerta estrecha porque todo acto de amor implica sacrificio, abnegación y me lleva a pensar en los demás y no en mí. La puerta estrecha es Jesús pidiendo que le ames de una forma específica, ¿la buscarás? Y luego de encontrarla, ¿pasarás por ella?

Este es el corazón de nuestro Dios: nos espera siempre. Y cuando alguno dice: «He encontrado a Dios», se equivoca. Él, al final, te ha encontrado y te ha llevado consigo. Es Él quien da el primer paso. Él no se cansa de salir, salir… Él respeta la libertad de cada hombre pero está allí, esperando que nosotros le abramos un poquito la puerta. Y esto es lo grande del Señor: es humilde. Nuestro Dios es humilde. Se humilla esperándonos. Está siempre allí, esperando. Todos nosotros somos pecadores y todos necesitamos el encuentro con el Señor: un encuentro que nos dé fuerza para andar adelante, ser mejores, simplemente.
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de septiembre de 2017).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71473/mi-puerta.html#modal

EDD. miércoles 31 de octubre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (6,1-9):

Hijos, obedeced a vuestros padres como el Señor quiere, porque eso es justo. «Honra a tu padre y a tu madre» es el primer mandamiento al que se añade una promesa: «Te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra.» Padres, vosotros no exasperéis a vuestros hijos; criadlos educándolos y corrigiéndolos como haría el Señor. Esclavos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, de todo corazón, como a Cristo. No por las apariencias, para quedar bien, sino como esclavos de Cristo que hacen lo que Dios quiere; con toda el alma, de buena gana, como quien sirve al Señor y no a hombres. Sabed que lo que uno haga de bueno, sea esclavo o libre se lo pagará el Señor. Amos, correspondedles dejándoos de amenazas; sabéis que ellos y vosotros tenéis un amo en el cielo y que ése no es parcial con nadie.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.13cd-14

R/. El Señor es fiel a sus palabras

Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,22-30):

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.» Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.» Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN  :

 

Pedro Belderrain

Queridos hermanos:

Los sacerdotes rezamos, hacemos sacrificios (algunos, menos de los debidos), tratamos de servir al pueblo y de atender a la gente, nos enfadamos, nos alegramos… y de vez en cuando pasamos vergüenza. La Gracia tiene sus recovecos: ¡cuántos penitentes no nos han sacado los colores e invitado con su finura cristiana a ser más exigentes en nuestra vida de fe!, ¡cuántos laicos no nos dan mil vueltas en oración, pobreza, caridad, valentía!… He experimentado vergüenza varias veces. Hay personas -cada vez menos, pero las hay- que se lanzan a besarte la mano. Pienso en algunas religiosas, religiosos no ordenados, personas mayores… No puedes evitar la sensación inmediata de que eres tú quien debería inclinarse a besar las suyas. Suelen ser manos gastadas, que han cavado muchas huertas, limpiado muchos suelos, pelado muchas patatas, rezado muchos rosarios, pero vienen a besar las tuyas.

¿Quiénes son los últimos?, ¿quiénes los primeros? Jesús nos vuelve a meter (con el cariño que le distingue) el dedo en el ojo. ¿Qué será de los que echamos horas y horas en presumir de que Él ha comido en nuestras plazas y predicado en nuestras calles?, ¿de los que nos pasamos la vida señalando a los que ‘no son de los nuestros’? Seguimos empeñados en entrar por la puerta principal, por la ancha, por la de primera división.

No puedo evitar recordarle. D. Mauro Rubio Repullés sirvió a la Iglesia de Salamanca (España) como Obispo durante casi treinta años. En los últimos no se perdía encuentro de Caritas, llegaba enfundado en su gabardina, con su boina y su paraguas, sorteando los coches con chófer de alcaldes, diputados, catedráticos y presidentes de diputación. Recibió solemnemente a su sucesor con un discurso precioso en el que recordó las raíces apostólicas de la Diócesis, los santos y mártires que la habían embellecido, pero al mismo tiempo le informó -sin prisa y con la misma seriedad- del número de viviendas sin agua corriente, de personas sin trabajo, de ancianos sin compañía.

No dudo de que el Señor mismo salió el primero a abrirle la puerta del Reino.

 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 30 de octubre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con que podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas».

Y dijo de nuevo: «¿Con que podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cada uno de nosotros es un grano de mostaza, insignificante, pequeñito, del cual no se espera que dé mucho fruto o sea grande. Pero es la tierra, el abono, el agua, etc., lo que hace que crezca hasta ser arbusto.

Esto es la gracia de Dios, el poder de Dios. Quien deja entrar a Dios en su vida y le permite hacer lo que Él más quiere, llegará a ser lo que nunca se imaginó. Es Él quien poco a poco va cambiando y nos va transformando en lo que tiene pensado para cada uno.

Lo que sucede es que da miedo dejar entrar a Dios en nuestras vidas, pues sabemos que Él va a hacer lo que más quiera, pero siempre para nuestro bien. Nunca hará nada para perjudicarnos. Si Él permite un mal es para después darnos un bien muchísimo mayor.

Si dejamos que Él entre en nuestra vida, poco a poco nos va a ir amasando hasta fermentarnos y hacernos crecer como estamos llamados a serlo.

Es un semilla muy pequeña, y sin embargo se desarrolla tanto que se convierte en la más grande de todas las plantas del huerto: un crecimiento imprevisible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la imprevisibilidad de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que supera nuestros proyectos, nuestros cálculos, nuestras previsiones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas. El Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos con más generosidad a los planes de Dios, tanto en el plano personal como en el comunitario.
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de junio de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71472/el-reino-de-dios-en-mi.html#modal

Homilía para la Eucaristía de la Festividad de Todos los Santos.

A todos deseo un feliz largo fin de semana. Paz y Bien.

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS. 2018.

 

Apocalipsis 7,2-4.9-14: con un lenguaje lleno de símbolos se nos presenta a una multitud de salvados, que llevan palmas en sus manos, símbolo de victoria.

1Juan 3,1-3: por estar en comunión con Dios por el bautismo somos hijos suyos. Y el futuro es llegar a serlo plenamente.

Mateo 4,25-5,12: Jesús habla a la multitud y le propone los rasgos de los discípulos del Reino, su identidad.

1.- ¿Qué celebramos hoy los cristianos? A todos los santos. A muchos no gusta este término, pero así lo usa la Biblia. Porque usted y yo somos santos, es decir, elegidos por Dios, purificados por la Sangre de Cristo por pura gracia, de modo que estamos destinados a la salvación, es decir, a vivir plenamente con Dios.

Nos cuesta aceptar esto, como que nos queda grande. Sin embargo más grande nos queda lo que dice san Juan que somos: HIJOS.  Sí, y esto por pura gracia, por puro amor de Dios. Al aceptar a Jesús por la fe, en el Bautismo, se nos concedió llegar a ser hijos de Dios. El mismo san Juan afirma en su evangelio: “A los que creen en su Nombre les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios”  (Juan 1,12). Y todo por pura gracia de Dios.

2.- Pero, hermanos, de esta identidad de santos, elegidos e hijos de Dios se sigue un estilo de vida. ¿Cuál?  Es el estilo de vida que reflejan las Bienaventuranzas. Porque las Bienaventuranzas constituyen el punto de partida de un estilo de vida de acuerdo al Proyecto de Dios. Sólo quien acepta este Proyecto alcanza la plenitud, es bienaventurado, feliz.

Y son muchos, una enorme multitud, como dice la primera lectura, los que han hecho vida en sus vidas este Proyecto del Reino expresado en las Bienaventuranzas.

No son solamente los reconocidos oficialmente por la Iglesia, sino muchos hermanos nuestros, tal vez anónimos, que trataron de vivir las Bienaventuranzas, y supieron ser pobres, como Jesús, el Pobre por excelencia, lo siguieron en su estilo de vida. Porque ese es el desafío nuestro: “El que dice que permanece en Cristo tiene que vivir como Él vivió” (1Juan 2,6). Y el que vive como vivió Jesucristo es Santo.

3.- ¿Difícil? ¿Imposible? Sabemos que no es fácil. El mismo Apocalipsis se pregunta: ¿Quiénes son? Y nos lo dice: “Son los que vienen…”, es decir, los que caminan por el camino del Señor, los que caminan en Cristo, el único Camino. El discípulo de Cristo y la comunidad cristiana están en camino. Un camino difícil. Nadie ha dicho que sea fácil ser cristiano. Al contrario, seremos felices si somos perseguidos e insultados por ser cristianos porque estamos de este modo asemejándonos al Maestro, a Jesús, el Testigo fiel, que dio su vida por todos nosotros.

No debemos olvidar que somos odiados, que el mundo no nos quiere. No nos extrañemos que se nos ataque por todos lados. Buena señal; es el control de calidad de la vida cristiana.

4.- La fiesta de hoy es la fiesta del Pueblo de Dios, el Pueblo elegido y predilecto de Dios. Sí, somos los predilectos de Dios, los regalones de Dios, los hijos de Dios, que por medio de su Hijo Jesucristo hemos sido santificados.

“Vi una enorme multitud” ¿Dónde? En el cielo, sí, pero también acá en la tierra.

Nuestra liturgia se une a la liturgia del cielo. Y todos, formando la gran Comunión de los santos, aclamamos diciendo: “La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero”. A Él alabamos y damos gracias por medio de Jesucristo, el Santo por excelencia, a Quien sea todo el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

                                                Hermano Pastor Salvo.

EDD. martes 30 de octubre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,21-33):

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,2-3.4-5

R/. Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,18-21):

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.»
Y añadió: «¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.»

Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN  :

Pedro Belderrain

Queridos hermanos:

Solemos saber poco de ellos. Sus enemigos tienen fuerza y dominan los medios de comunicación y los canales de información, pero ellos son como la termita que acaba obligando a tirar el edificio que presumía de sus vigas de madera. Hablo de los miles de hombres y mujeres sin nombre que se empeñan en perdonar, en denunciar la violencia y combatirla pacíficamente, en romper barreras, en tender puentes, en poner amor donde hay odio e indulgencia donde se pide venganza. (¡Qué ocasión tan bonita este Año de la Fe para releer los Mensajes del Concilio a la Humanidad!… Hoy, de otro modo, millones de seres humanos siguen preguntando: ¿No tenéis una palabra que decirnos?)

Me refiero a las madres de familia valientes que no toleran que se margine a unos niños por ser gitanos o extranjeros; al chico y la chica del instituto que reclaman su derecho a recibir clase de religión; al universitario que invita sin rubor a sus compañeros a hacer algo en el Año de la Fe; al sindicalista jubilado que espabila las conciencias de quienes las hemos perdido entre comilonas y nuevos aparatos informáticos; al sacerdote que abre y abre y abre la iglesia y pasa horas y horas y horas en ella por si alguien le necesita…

En los dibujos animados se muestra de vez en cuando al elefante y al león (grandes, fuertes y poderosos) que se suben aterrados a una banqueta ante la presencia de un ratón. La fe, la vida, la gracia, el amor, el perdón tienen un poder invencible, aunque al principio parezcan insignificantes. La bendición de Dios, que los fecunda y empuja discreta y silenciosamente, lleva la historia (la grande y las pequeñas) hacia el Reino. Jesús lo dice mucho mejor: releamos el texto, el grano de mostaza, la levadura…

Todos ponemos echar una mano. Los tiempos de excusarse ya pasaron. Dios sigue eligiendo lo débil para confundir a (lo que parece) fuerte.

 

Fuente :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy