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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. miércoles, 24 de octubre de 2018

Miércoles, 24 De Octubre De
Miércoles de la vigésima novena semana del tiempo ordinario

Calendario ordinario


San Luis Guanella – San Luis Guanella | San Antonio María Claret – | Más…


Carta de San Pablo a los Efesios 3,2-12.

Hermanos:
Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes.
Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras.
Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo,
que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.
De este Evangelio, yo fui constituido ministro por el don de la gracia que recibí de Dios, en virtud de la eficacia de su poder.
Yo, el menor de todos los santos, he recibido la gracia de anunciar a los paganos la insondable riqueza de Cristo,
y poner de manifiesto la dispensación del misterio que estaba oculto desde siempre en Dios, el creador de todas las cosas,
para que los Principados y las Potestades celestiales conozcan la infinita variedad de la sabiduría de Dios por medio de la Iglesia.
Este es el designio que Dios concibió desde toda la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor,
por quien nos atrevemos a acercarnos a Dios con toda confianza, mediante la fe en él.

Libro de Isaías 12,2-3.4bcd.5-6.

Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel!

Evangelio según San Lucas 12,39-48.

Jesús dijo a sus discípulos: «Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».
Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?».
El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse,
su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.»

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

 


 

Beato John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
PPS, t. 6, n°17 « Waiting for Christ »

     «Mira que vengo como un ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos» dice el Señor (Ap 16,15)… Cuando Cristo dice que su venida está próxima y sin embargo, vendrá súbitamente, de manera inesperada, dice que para nosotros esta espera parecerá larga… ¿Cómo es que el cristianismo falla continuamente, y sin embargo dura? Es un hecho que Dios lo sabe y lo quiere así; no es una paradoja afirmar que el tiempo de la Iglesia ha durado cerca de dos mil años, que puede durar todavía mucho tiempo, y que, a pesar de todo, camina hacia su fin e incluso que puede acabar cualquier día. Y el Señor quiere que permanezcamos con todo nuestro ser con la mirada puesta en la inminencia de su retorno; se trata de vivir como si eso que puede llegar no sabemos cuando, debiera llegar en nuestros días.

     Antes de la venida de Cristo, el tiempo se sucedía de otra manera: el Salvador tenía que llegar y traernos el fin de ése; Cristo avanzaba hacia este fin. Se sucedían las revelaciones…; el tiempo era medido según la palabra de los profetas que se sucedían… El pueblo de la Alianza no debía esperarlo inmediatamente, sino después de su estancia en Canaán y la cautividad de Egipto, después del éxodo por el desierto, los jueces y los reyes, al final de los plazos fijados para introducirle en este mundo. Se reconocían esos plazos fijados, y las revelaciones sucesivas llenaban ese tiempo de espera.

     Pero una vez hubo venido Cristo, como Hijo en su propia casa, con su Evangelio perfecto, ya nada queda para acabar si no es la reunión de sus Cristos. No se puede revelar ninguna doctrina más perfecta. Ha aparecido la luz y la vida de los hombres; Cristo ha muerto y resucitado. Ya no queda nada por hacer…; estamos, pues, al final de los tiempos. Así, aunque un cierto intervalo de tiempo debe haber entre la primera y la última venida de Cristo, desde ese momento el tiempo ya no cuenta para nada… Ya no marcha hacia su fin, sino que más bien caminan juntos sin cesar, siempre tan cerca de ella como si él tendiera hacia ella… Cristo, pues, está siempre a nuestro alcance, tan cerca de ella hoy como hace dieciocho siglos, y no más cerca que entonces, e incluso no más cerca que cuando él vendrá.

 

Fuente  :  www.evangeliodeldia.org

Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 24 de octubre de 2018

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangeliio según san Lucas 12, 39-48
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: «Mi señor tarda en venir», y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.

Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Uno de los aspectos más chocantes del cristianismo es su concepción de la vida como una misión. En el cristianismo no rige eso del «come y bebe que la vida es breve» ni el «vivir a tope» entendido como aprovechar cada instante para conseguir más placer y más bienestar.

Cristo nos presenta la vida como una misión: «estar al frente de la servidumbre para darle a tiempo su ración» de la cual tendremos que dar cuenta. La vida es una misión. Venimos a la tierra para algo, y ese algo es tan importante que de él depende la felicidad eterna de otras personas. Ese «dar de comer a la servidumbre» es el testimonio que Cristo quiere que durante el tiempo que tiene dispuesto concederme en la tierra. El famoso psiquiatra vienés Víctor Frankl, cuando habla de los casos que se le presentan de enfermos con depresión que ya no encuentran ninguna razón para vivir, que no esperan nada de la vida ni del mundo, se percata de que quizás puede faltar una pregunta esencial y es preguntarse acerca de qué espera el mundo de mí.

Porque, aunque tengamos razones para abandonar no tenemos razón, pues la vida espera algo de nosotros y tenemos una misión en este mundo. Una misión que lleva nuestro nombre y nadie más puede hacer. Si no la hacemos nosotros nadie lo va a hacer. Hemos de descubrir cuál es nuestro camino y cuál es nuestra misión. La salvación del mundo y de las almas tienen muchos matices, la gracia es única pero las formas de alcanzarla son múltiples, por eso nuestra existencia no es casual, ni insignificante.

Representa una responsabilidad. Y Jesús ha dicho: «Al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más». Por lo tanto, preguntémonos: en esta ciudad, en esta Comunidad eclesial, ¿somos libres o somos esclavos, somos sal y luz? ¿Somos levadura? O ¿estamos apagados, sosos, hostiles, desalentados, irrelevantes y cansados?
Sin duda, los graves hechos de corrupción, surgidos recientemente, requieren una seria y consciente conversión de los corazones, para un renacer espiritual y moral, así como un renovado compromiso para construir una ciudad más justa y solidaria, donde los pobres, los débiles y los marginados estén en el centro de nuestras preocupaciones y de nuestras acciones de cada día. ¡Es necesaria una gran y cotidiana actitud de libertad cristiana para tener la valentía de proclamar, en nuestra Ciudad, que hay que defender a los pobres, y no defenderse de los pobres, que hay que servir a los débiles y no servirse de los débiles!
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2014).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71447/fiel-y-prudente-a-la-voluntad-de-dios.html#modal

 

 

 

 

Comentario al evangelio de hoy martes 23 de octubre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su Señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente…? (Mt 24,45) Jesús nos ha dado un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros como yo os he amado, y es justamente sobre este mandamiento que nos va a juzgar el día de su venida. Por eso necesitamos mantener encendida nuestra lámpara, no debemos dejar la vivencia de la caridad para después, ya que no sabemos ni el día ni la hora. Si tienes la oportunidad de hacer un bien, y no lo haces por pereza, desidia, respeto humano, etc., dejas pasar la oportunidad de crecer en el amor, entierras tus talentos, en vez de multiplicarlos.

No, no necesariamente debemos estar pensando en el fin del mundo. Todos vamos a llegar al momento de la muerte y es en ese momento en el que se nos exigirá prueba de que hemos sido realmente discípulos de Cristo. Ya lo decía san Juan de la Cruz: al atardecer de la vida me examinaran del amor. No será importante los logros materiales, ni los conocimientos acumulados ni las experiencias vividas, lo único que va contar es la vivencia del amor, a Dios y a los demás. Por eso conviene hacer frecuentemente un balance de mis actitudes, por ejemplo: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Realmente lo quiero o es solo un conocimiento o reconocimiento de su existencia? ¿Soy de ésos que pasan indiferentes ante la necesidad ajena? ¿Tiendo a no darme cuenta de lo que podría hacer, o dejar de hacer, para edificar un bien superior?

El Evangelio recomienda ser como los siervos que no van nunca a dormir, hasta que su jefe no ha vuelto. Este mundo exige nuestra responsabilidad y nosotros la asumimos completa y con amor. Jesús quiere que nuestra existencia sea trabajosa, que nunca bajemos la guardia, para acoger con gratitud y estupor cada nuevo día que Dios nos regala. Cada mañana es una página en blanco que el cristiano comienza a escribir con obras de bien. Nosotros hemos sido ya salvados por la redención de Jesús, pero ahora esperamos la plena manifestación de su señoría: cuando finalmente Dios sea todo en todos. Nada es más cierto en la fe de los cristianos que esta cita, esta cita con el Señor, cuando Él venga. Y cuando este día llegue, nosotros, los cristianos, queremos ser como aquellos siervos que pasaron la noche con los lomos ceñidos y las lámparas encendidas: es necesario estar listos para la salvación que llega, listos para el encuentro. ¿Habéis pensado, vosotros, cómo será el encuentro con Jesús, cuando Él venga?
(Audiencia de S.S. Francisco, 11 de octubre de 2017).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71377/tengan-encendidas-las-lamparas.html#modal

Ángelus: “El antídoto”, cuando el “celo apostólico” está “contaminado por el espíritu del mundo”

Antes del Ángelus (texto completo)

(ZENIT – 21 octubre 2018).- “El camino del amor siempre está” en pérdida “porque amar significa dejar de lado el egoísmo, la auto-referencia, para servir a los demás”, recuerda el Papa Francisco.

De acuerdo con su costumbre, el Papa comentó el Evangelio este domingo 21 de octubre de 2018, antes del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, frente a unas 20,000 personas.

Señaló que, a menudo, el celo apostólico puede ser “contaminado” por “el espíritu del mundo”, el “interés profesional”, y ha indicado “el antídoto” en el “servicio” de los demás.

Aquí está nuestra traducción, del italiano, del comentario del Papa Francisco.

AB

Palabras del Papa Francisco ante el Angelus.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La página del Evangelio de hoy (cf. Mc 10, 35-45) describe a Jesús que, una vez más y con gran paciencia, trata de corregir a sus discípulos convirtiéndolos de la mentalidad del mundo a la de Dios. La ocasión surge de los hermanos Santiago y Juan dos de los primeros que Jesús encontró y les pidió que lo siguieran. Ya han recorrido un largo camino con él y pertenecen al grupo de los doce apóstoles.

Por lo tanto, mientras se dirigen a Jerusalén, donde los discípulos esperan ansiosamente que Jesús, con motivo de la Pascua, finalmente establezca el Reino de Dios, los dos hermanos se vuelven valientes y le  dirigen su petición al Maestro: “Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés  en tu gloria”(v. 37).

Jesús sabe que Santiago y Juan están animados por un gran entusiasmo por él y por la causa del Reino, pero también sabe que sus expectativas y su celo están contaminados por el espíritu del mundo. Por lo tanto, responde: “No sabéis lo que estás pidiendo” (v. 38). Y mientras hablaban de “tronos de gloria” sobre los cuales sentarse junto a Cristo Rey, Él habla de pasar la prueba que él pasará por una copa por beber y  de un “bautismo” para ser recibido, es decir, habla de su pasión y muerte. Santiago y Juan, siempre anhelando el privilegio esperado, dicen además: sí, “podemos”.

Pero, incluso aquí, realmente no se dan cuenta de lo que dicen. Jesús anuncia que su copa la beberá y su bautismo lo recibirán, es decir, ellos también, como los otros apóstoles, participarán en su cruz, cuando llegue el momento. Sin embargo – concluye Jesús – “eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concedérselo; es para aquellos para el cual ha sido preparado “(v.40). Cómo decir: ahora síganme y aprendan el camino del amor “en una pérdida”, y el Padre celestial pensará en ello, el camino del amor siempre es en pérdida  porque amar significa dejar de lado el egoísmo, la autoreferencialidad para servir a los demás.

Entonces, Jesús se da cuenta de que los otros diez apóstoles están enojados con Santiago y Juan, demostrando así que tienen la misma mentalidad mundana. Y esto le permite darles una lección que vale para los  cristianos de todos los tiempos, incluso para nosotros. Él dice: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre vosotros; al contrario el que quiera ser grande entre vosotros que sea su servidor, y el que quiera ser el primero de vosotros que sea el esclavo de todos “(v. 42), es la regla del cristiano.

El mensaje del Maestro es claro: mientras los grandes de la Tierra se construyen “tronos” para su propio poder, Dios escoge un trono incómodo, la cruz, desde donde reina dando la vida: “Así como el Hijo del Hombre – dice Jesús – que no ha venido a que le sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”(v. 45).

El camino del servicio es el antídoto más eficaz contra la enfermedad de la búsqueda de los primeros lugares, es la medicina para los trepadores en esta búsqueda de los primeros lugares que contagia a tantos contextos humanos y que no ahorra ni siquiera a los cristianos ni al pueblo de Dios, ni siquiera a la Jerarquía Eclesial.

Por lo tanto, como discípulos de Cristo, acojamos este Evangelio como una llamada a la conversión, para testimoniar con valor y generosidad una Iglesia que se inclina a los pies de los últimos, para servirles con amor y sencillez. Que la Virgen María, que se adhirió plenamente y humildemente a la voluntad de Dios, nos ayude a seguir con alegría a Jesús en el camino del servicio, el camino principal que conduce al Cielo.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-el-antidoto-cuando-el-celo-apostolico-esta-contaminado-por-el-espiritu-del-mundo/

EDD. martes 22 de octubre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,12-22):

Antes no teníais un Mesías, erais extranjeros a la ciudadanía de Israel y ajenos a las instituciones portadoras de la promesa. En el mundo no teníais ni esperanza ni Dios. Ahora, en cambio, estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu. Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo. Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14

R/. Dios anuncia la paz a su pueblo

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,35-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :
Carlos Sánchez

Hola, amigos y amigas:

Tanto hoy como mañana, las lecturas evangélicas nos invitan a la vigilancia en el seguimiento del Señor. La vigilancia es una actitud cristiana indispensable: un cristiano que deja de vigilar fácilmente se convierte en un cumplidor rutinario o, en el peor de los casos, en un creyente mediocre o disipado. No se trata de una vigilancia al estilo de muchos de los actuales medios de comunicación que se fijan detenidamente en la vida de los demás para criticarles o para cotillear, tampoco de una vigilancia exhaustiva de nuestros propios actos ya sea por miedo a la condenación o por afán de perfeccionismo. Jesús nos invita a otro tipo de vigilancia; veamos dos detalles del texto de hoy que convierten a la vigilancia en una actitud de fe capaz de renovar la vida del creyente.

El primer detalle es la manera como se debe vigilar: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas”; esto nos recuerda la noche pascual, en la cual Dios sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto y en la que pidió a los israelitas que durante la cena estén atentos a su paso y listos para emprender el camino liberador hacia la Tierra prometida. Los cristianos esperamos la Palabra de cada día con el cinturón puesto y con la lámpara encendida, listos para descubrir las llamadas de Dios que nos sacuden de la somnolencia, de la rutina y de la mediocridad y nos abren caminos nuevos, que nos sacan de los miedos, los pesimismos y las esclavitudes para hacernos resucitar y vivir con mayor coraje, amor y esperanza.

El segundo detalle es que los criados esperan que su amo regrese de una boda. El tema de la boda tiene para nosotros una fuerte resonancia pascual y escatológica: la boda del cordero es la fiesta de la unión plena de Cristo con su Iglesia, con la humanidad, con nosotros. Me llama la atención que en el texto se resalte dos veces la dicha o la felicidad de los criados que están listos para servir a su señor. Ellos tendrán la dicha de ser servidos por su señor. Sorprende cómo Lucas entreteje magistralmente en este pequeño texto el servicio, la espera, la vigilancia y la dicha. No tenemos otra manera de esperar como seguidores de Jesús: estar atentos a los que necesitan nuestro servicio, nuestra espera, nuestro cariño, nuestro esfuerzo, nuestro sacrificio; seguro que allí encontraremos nuestra felicidad, nuestro gozo porque descubrimos que en ese servicio misteriosamente somos servidos por el Señor.

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 22 de octubre de 2018

EVANGELIO

«Apacienta mis ovejas».

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 21, 15-17

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”

Él le respondió: “Si, Señor, Tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”

Él le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”.

Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.

Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”

Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero”.

Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-10-22

 

COMENTARIO : 

José Maria Vegas, cmf
Creer en el Dios que cree en el hombre 

El evangelio de hoy supone un momento de inflexión en el ministerio de Jesús. El anuncio del Reino de Dios realizado a Israel no ha tenido la acogida esperada. Esto explica la pregunta sobre las opiniones de la gente acerca de la identidad del hijo del hombre. Incluso si estas opiniones pueden ser favorables, pues interpretan a Jesús en clave profética y descubren en él una cierta presencia de Dios, no acaban de salir de los límites estrechos de lo que hoy consideramos el antiguo Testamento: si Jesús es un profeta más, de los antiguos, como Elías o Jeremías, o de los recientes, como Juan, significa que el Reino de Dios no se ha hecho todavía presente, que “tenemos que esperar a otro” (Mt 11, 3). Esto significa que la gente, cuyas opiniones recogen los discípulos, entienden a Jesús desde esquemas religiosos tradicionales, pero sin llegar a percibir la novedad contenida en su persona y su mensaje: que en él se realizan por fin las antiguas promesas. En este momento de crisis, en el retiro de un territorio pagano, y en la soledad del pequeño círculo de los más cercanos, Jesús trata de comprobar si esta incomprensión se da también en estos últimos. Si así fuera, el fracaso sería completo, la soledad, total. Su pregunta no es ahora impersonal, acerca de lo que piensa “la gente”, sino directa y personal: “vosotros, quién decís que soy yo”. Pedro, en nombre de todo el grupo, responde con palabras que son más que una mera opinión, que tienen el carácter de una confesión. Pedro no se deja guiar simplemente por las ideas religiosas que flotan en el medio ambiente, sino por su experiencia personal de seguimiento de Cristo. Su respuesta indica que la predicación y los signos de Jesús en su ministerio por Galilea no han caído totalmente en saco roto. Hay quien ha entendido, ha percibido la novedad, ha descubierto en el hombre de Nazaret la presencia del Mesías esperado.
Las palabras de Jesús en respuesta a la confesión de Pedro son enormemente significativas: lo declara dichoso, bienaventurado, es decir, partícipe de la nueva forma de felicidad propia de los niños del Reino de Dios (cf. Mt 5, 3-12); y esa dicha se debe a que ha sido depositario de una revelación: Simón, hijo de Jonás, es decir, hijo de la sangre y la carne, de las tradiciones nacionales y de los prejuicios culturales, no ha respondido así por ser miembro de esa tradición nacional o religiosa, sino que, elevándose sobre las opiniones comunes y los prejuicios ambientales, se ha abierto a la revelación que Dios ha hecho de manera definitiva en su Hijo Jesucristo. Todos entendemos que cuando habla de revelación Jesús no alude a experiencias místicas y visiones extraordinarias, sino al trato cotidiano con Él, a la acogida sincera de su Palabra, a la comprensión en fe del significado de los signos que realiza. Pedro no se limita a opinar, sino que confiesa, porque el seguimiento ha impregnado ya su personalidad.
Por eso, si el hijo de Jonás ha descubierto en el hijo del hombre al hijo de Dios, el Cristo, ahora es Jesús el que le descubre una nueva identidad, un nombre nuevo y una misión: Pedro, llamado a ser fundamento de la Iglesia y depositario de las llaves del Reino que Cristo ha traído a la tierra.
El cuadro que Mateo sitúa en Cesárea de Filipo, tierra pagana, bien puede trasladarse a hoy, a nuestro tiempo, nuestra cultura. Todo país o cultura es territorio de misión, pues la evangelización, incluso allí donde las ideas cristianas son dominantes, es necesaria una toma de postura personal. Si la fe cristiana se adopta por motivos nacionales, por tradición cultural o por contagio social, entonces es “la sangre y la sangre” la que la dicta; es un principio, pero es insuficiente. La carne y la sangre pueden ser también tomas de postura ante Jesús dictadas por motivos muy positivos, que ven en Jesús un gran maestro de moralidad, un luchador y mártir por la justicia o un profeta de hondo significado religioso, pero que no llegan a  la confesión que lo reconoce como el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios que “tenía que venir al mundo” (Jn 11, 27). Para llegar a esta confesión, fruto de una revelación de lo alto, es preciso abrirse a la Palabra, realizar un encuentro personal con Jesús, hacer un camino personal de seguimiento, que nos permita descubrir en él al Ungido de Dios.
Esta experiencia y esta toma de postura personal ante Jesús tocan las fibras más íntimas de nuestra identidad, sacan lo mejor de nosotros mismos, el hombre nuevo que estamos llamados a ser, expresado en el nombre nuevo y en la misión que Jesús nos confía. En el texto de hoy se habla de la misión de Pedro, que toda la tradición de la Iglesia ha visto prolongada en sus sucesores. Pero Pedro, que habla aquí en nombre de todos los otros apóstoles, en cierto modo representa a todos los miembros de la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene su propia misión en la comunidad de los creyentes, es decir, a cada uno de nosotros, en dependencia de nuestra personal vocación, Jesús nos confía su propia obra.
Así descubrimos una dimensión muy importante de nuestra fe, en la que no siempre reparamos lo bastante. Ser cristiano significa creer en el Dios que cree en el hombre. Que Dios cree en nosotros significa ante todo que confía en nosotros, y, por eso, nos confía la misión que Jesús ha venido a realizar en el mundo. Dios nos conoce, conoce nuestras debilidades, nuestra fragilidad. Pedro es también representante de ellas: así como Jesús lo declara bienaventurado, acto seguido (lo veremos la semana que viene) tendrá que reprenderlo, y todos recordamos sus negaciones. Y, no obstante, Jesús no se desdice de la misión y del riesgo de la responsabilidad que le confía. Creer en el Dios de Jesucristo es una invitación directa a creer en el hombre, a pesar de los pesares. Y ello tiene que reflejarse también en nuestra actitud respecto de la Iglesia, construida sobre el fundamento de los apóstoles, sobre la piedra que es Pedro. La fe y la confianza en la Iglesia no elimina sus debilidades, que merecen la crítica de Jesús (cf. Mt 16, 23) y su reconvención serena y llena de amor (cf. Jn 21, 15-17). Pero si Jesús, a pesar de todo ello, no ha dejado de confiar en Pedro (y, en él, en cada uno de nosotros, que lo confesamos como Mesías), ¿no habremos nosotros de creer y confiar en aquellos a los que Él ha entregado las llaves del Reino?

 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/?f=2011-08-21

EDD. sábado 20 de octubre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,15-23):

Yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia, como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 8,2-3a.4-5.6-7a

R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza. R/.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,8-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  

CR

Queridos amigos y amigas:

No es lo mismo seguir a Jesús en espacios y tiempos tranquilos que seguirlo en condiciones de amenaza y persecución. Algunas palabras de Jesús sólo comienzan a ser inteligibles cuando experimentamos dificultades a causa de su nombre; por ejemplo, las que leemos en el evangelio de hoy. ¿Qué significa ponerse de parte de Cristo delante de los hombres? ¿Cómo dar testimonio de él sin arrogancia pero también sin temor al ridículo, sin falsos pudores, sin vergüenza?

A veces los creyentes podemos dar la sensación de que, en el fondo, no creemos lo que decimos creer. Cuando se presentan las ocasiones de decir una palabra clara, o de realizar un gesto oportuno, nos retiramos por temor a ser tildados de … ¿de qué? Esto les sucede a menudo a muchos cristianos famosos que se mueven en el terreno de la política, de la economía, de la ciencia, de las artes, del deporte. No es que vivan su fe con discreción: es que la viven de manera vergonzante, a escondidas, como si temieran perder relieve social por manifestarse humildemente seguidores de Cristo.

Pero no sólo los famosos. Este temor puede asaltarnos a todos nosotros. Si así fuera, significaría que estimamos en muy poco nuestra fe. O que preferimos la aceptación social a la autenticidad de manifestar lo que somos.

Cuando nos dejamos llevar por el temor no dejamos espacio al Espíritu Santo. Cuando hablamos nosotros, no permitimos que el Espíritu nos enseñe «lo que tenemos que decir». El resultado es una tranquilidad personal aparente y una ocasión perdida para el evangelio.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 19 de octubre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:

«Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.

Yo les digo a ustedes, amigos míos: no teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quien han de temer: Teman a aquel que, después de darles la muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.

¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno de ellos se olvida Dios; y por lo que ha ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Se agolpaban, se pisaban unos a otros, mientras Jesús empezaba a hablar a la muchedumbre… Se dirige a sus discípulos, a sus amigos, a nosotros para invitarnos a ser muy valientes; a luchar con todas nuestras fuerzas por la santidad.

Nos llama amigos, nos pide no tener miedo a los que matan el cuerpo, sino a los que matan el alma; puede sonar negativo el Evangelio, pero en el fondo nos presenta una oportunidad de decidirnos por Cristo y enamorarnos de Él.

Tomemos conciencia de que nuestra vida es una, que no hay nada oculto que no llegue a conocerse. Lo mejor que se puede conocer de nosotros es que amamos, seguimos a Cristo y luchamos por ser santos.

Pero en medio del torbellino, el cristiano no debe perder la esperanza, pensando en haber sido abandonado. Jesús nos tranquiliza diciendo: «Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados». Como diciendo que ninguno de los sufrimientos del hombre, ni siquiera los más pequeños y escondidos, son invisibles ante los ojos de Dios. Dios ve, y seguramente protege; y donará su recompensa. Efectivamente, en medio de nosotros hay alguien que es más fuerte que el mal, más fuerte que las mafias, que los entramados oscuros, que quien se lucra sobre la piel de los desesperados, que el que aplasta a los demás con prepotencia… Los cristianos entonces deben hacerse encontrar siempre «en el otro lado» del mundo, el elegido por Dios: no perseguidores, sino perseguidos; no arrogantes, sino dóciles; no vendedores de humo, sino sometidos a la verdad; no impostores, sino honestos.
(Audiencia de S.S. Francisco, 28 de junio de 2017).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71364/no-tengais-miedo.html#modal

EDD. viernes 19 de octubre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,11-14):

Por medio de Cristo hemos heredado también nosotros, los israelitas. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,1-2.4-5.12-13

R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,1-7):

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :  

CR

Queridos amigos y amigas:

La cita no tiene trampa. El que cuenta el número de las estrellas y la arena de las playas marinas, ¿no va a tener contados los pelos de tu cabeza?

Me dirás: «yo no tengo madera de mártir». Ya somos dos. Pero, después de leer estas palabras, me pregunto: «¿cómo escuchas  las palabras de tu maestro y tu Señor? ¿es que son para ti esa semilla que cae al borde del camino?, ¿o la que cae entre zarzas? ¿No sabes que las palabras de Jesús van dirigidas al hombre entero y que han de llegar al corazón, un corazón bueno, para que puedan dar fruto?». Y si me pregunto de nuevo, con perplejidad y algo de azoramiento, qué es un corazón bueno, me doy cuenta de que necesito meditarlo. Pero, por de pronto, advierto que será un corazón que está abierto a la Palabra; y que esta apertura es algo más que la memorización de unas cuantas frases bonitas del evangelio, y que el encuentro con la Palabra sólo se da en el cor ad cor (el corazón a corazón) con ella.

También me parece bueno añadir dos «coletillas»: de momento, no es necesario que me mese los cabellos, ni siquiera que me desmelene; pero tampoco he de preocuparme si en las luchas de la vida salgo ligeramente despeinado. No tengo por qué aparentar ser uno de esos héroes de película que, efectivamente, salen de las más arduas peleas tan indemnes que no se les despeina el pelo. No me fío de esos guionistas y directores que por no sé qué trucos consiguen que sus «buenos» salgan siempre tan guapos, tan elegantes y con el pelo tan arreglado en los fotogramas.

 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 21 de octubre de 2018

Ser discípulo hoy día cuesta, pero vale la pena. Ánimo.

 

DOMINGO XXIX DEL AÑO.

Isaías 53,10-11: Parte del cuarto poema del Servidor del Señor. Este cumple una función de reparador: su sufrimiento produce la justificación de muchos. Es una satisfacción vicaria, es decir, sufre y paga en lugar de otros. En el Nuevo Testamento se ve a Jesús de Nazaret como el verdadero Servidor del Señor.

Hebreos 4,14-16: Cristo es el Sumo Sacerdote. En el texto se invita a tener confianza en la misericordia divina, ya que Él penetró en el Santuario después de haber sufrido como nosotros y en lugar nuestro. Dios lo acreditó como único Mediador.

Marcos 10,35-45: contemplamos dos aspectos en el texto: uno, la petición desmedida de Santiago y Juan. Pero Jesús les señala el precio para obtener el Reino: beber su cáliz, es decir, dispuesto a sufrir con Él. Otro aspecto: el carácter servicial del discipulado a la manera del Maestro.

1.- La Palabra de Dios nos mostró el domingo anterior el requisito indispensable para ser discípulo: el renunciar a acumular y optar por compartir. El hombre que se acercó a Jesús (domingo pasado) no quiso compartir su vida con la de Jesús (seguirlo) y no quiso compartir sus bienes con los más pobres y necesitados.

Hoy la Palabra da un paso más; nos da a entender que un discípulo del Reino debe, además del requisito de dejarlo todo, tener una actitud fundamental: la “Diakonía” o el servicio.

 Los tres textos proclamados apuntan al servicio. El misterioso Servidor del Señor, de la primera lectura, tiene la misión de servir a muchos sufriendo por ellos. Por supuesto que este Servidor misterioso en Isaías es dado a conocer claramente en el Nuevo Testamento. Es Jesús de Nazaret, el Hijo del hombre que no vino para ser servido, sino servir. El servicio por excelencia que Jesús prestó a la humanidad fue el dar su vida en rescate por una multitud. Según el decir de san Pablo en Filipenses 2,9: Por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.  Y la carta a los Hebreos desarrolla la misma: Jesús fue constituido Sumo sacerdote, es decir, fue acreditado por Dios como único Mediador a favor nuestro, prestando el servicio eterno de su misericordia y solidaridad.

2.- El que pretenda responder al llamado del Señor debe, en primer lugar, renunciar a todo. Sin embargo debe tener la misma actitud del Maestro: beber el cáliz, metáfora muy usada en la literatura judía para referirse a los dolores o alegrías que debía experimentar una persona. En el huerto Jesús oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu Voluntad. (Mateo 26,42). Con esto les indica a sus discípulos cuál debe ser la actitud: servir, sufrir por los demás a causa del Reino. A todos nos pide lo mismo: la actitud permanente de servir a los demás. Él dio el ejemplo al lavar los pies a sus discípulos, oficio propio de un servidor de la casa. Y lo hizo para que nosotros hagamos lo mismo.

3.- Jesús cuestiona la manera de actuar de la autoridad. Y esto es muy actual y real. El poder puede producir vértigo; y todos sabemos lo que es un vértigo, una pérdida del equilibrio al estar en la altura. Cuando a la autoridad pagana le entra el vértigo se desequilibra. Lo hemos visto en tantos casos que han existido, existen y existirán en distintos regímenes, sean de derecha o de izquierda. Vértigo que también le dio a muchos dentro de la comunidad cristiana, en la sociedad civil, etc.  Por algo el Señor nos dice: Entre ustedes no debe suceder así. Aunque parezca utópico, irrealizable, ahí está el desafío; debemos ser servidores de los demás. La autoridad civil o eclesiástica debe estar al servicio de los demás. Cuando en la sociedad, en la Iglesia, en cualquier parte, el servicio se transforma en beneficio quiere decir que entró la corrupción.

4.- Hoy “beberemos el cáliz”, es decir, entraremos en comunión con el Maestro y Señor. Como Santiago y Juan digamos:Podemos; y podemos porque le creemos, podemos porque sabemos que Él es el único que salva. Podemos y creemos que Él es el Trono de la gracia y en Él podemos encontrar misericordia. Él viene a servirnos y nos envía a servir a los demás.

Hoy estamos aquí para beber el cáliz, la Eucaristía del servicio y la entrega. Con san Francisco de Asís digamos: “Comencemos, hermanos, porque hasta ahora nada hemos hecho”.

 

                   Hno. Pastor Salvo.