Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. jueves 22 de noviembre de 2018.

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (5,1-10):

Yo, Juan, vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, que pregonaba en alta voz:
«¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?».
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo. Yo lloraba mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de mirarlo. Pero uno de los ancianos me dijo:
«Deja de llorar; pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos».
Y vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, a un Cordero de pie, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Se acercó para recibir el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.
Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo:
«Eres digno de recibir el libro
y de abrir sus sellos,
porque fuiste degollado, y con tu sangre
has adquirido para Dios
hombres de toda tribu,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/.

  • R/ Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes.

O bien:

Aleluya

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

V/. Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

V/. Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):

En aquel tiempo, aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
CR

Si al menos comprendieras lo que conduce a la paz…

Una inquietud del corazón de muchas personas es la paz. ¡Hay tanta violencia, conflictos y guerras que se dan en nuestro pequeño planeta azul! Para unos es un tema electoral; para otros, ocasión de poder y para muchos, preocupación honda mezclada con cierto sentimiento de impotencia. Si supiéramos lo que conduce a la paz…

Un viejo proverbio africano dice: los tambores de guerra son tambores de hambre.

Cuántos nos vamos acostumbrado a ver con naturalidad imágenes de hambre! Realmente es dramático contemplar la inhumana vida de tantas personas que sufren hambre. Clama desde lo el centro de la tierra lo injusto de su vida y de su muerte.

El camino que conduce a la paz ¿no habría de pasar necesariamente por poner nuestra creatividad, inteligencia y esfuerzo en encontrar caminos de justicia y de reconciliación?

Muchos son los que en su lamento se preguntan ¿quién podrá abrir y desvelar este misterio de muerte y transformarlo en vida y salvación?

Como enviados de Jesús no podemos permitir que nuestra torpeza para perdonar edifique trincheras para con nuestros enemigos, que nuestra forma de vida sea cómplice de tantas muertes….

Estamos llamados a continuar el camino del cordero degollado y decirle a los abatidos una palabra de aliento. Estamos llamados a construir de verdad el Reino.

“Paz a los hombres de buena voluntad 

Para construir esta paz es inútil
tomar las armas.
Aprendamos a amar al otro
con todo nuestro corazón.

Para amar al otro,
aprendamos a comprenderlo

Para comprender al otro,
aprendamos a conocerle

Conocer, comprender y amar al otro
son las únicas armas a utilizar

Para conducirnos a la paz,
una paz como esta,
no tiene más que un solo precio:
El equilibrio del mundo”
(Poema de una congolesa)

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 21 de noviembre de 2018.

Del Evangelio según san Mateo 12, 46 – 50
Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte». Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
Meditación del Papa Benedicto XVI
«Quien acoge a Cristo en la intimidad de su casa se sacia con las alegrías más grandes». El Señor Jesús fue su gran atractivo, el tema principal de su reflexión y de su predicación, y sobre todo el término de un amor vivo e íntimo. Sin duda, el amor a Jesús vale para todos los cristianos, pero adquiere un significado singular para el sacerdote célibe y para quien ha respondido a la vocación a la vida consagrada: sólo y siempre en Cristo se encuentra la fuente y el modelo para repetir a diario el «sí» a la voluntad de Dios. «¿Qué lazos tenía Cristo?», se preguntaba san Ambrosio, que con intensidad sorprendente predicó y cultivó la virginidad en la Iglesia, promoviendo también la dignidad de la mujer. A esa pregunta respondía: «No tiene lazos de cuerda, sino vínculos de amor y afecto del alma». Y, precisamente en un célebre sermón a las vírgenes, dijo: «Cristo es todo para nosotros. Si tú quieres curar tus heridas, él es médico; si estás ardiendo de fiebre, él es fuente refrescante; si estás oprimido por la iniquidad, él es justicia; si tienes necesidad de ayuda, él es vigor; si temes la muerte, él es la vida; si deseas el cielo, él es el camino; si huyes de las tinieblas, él es la luz; si buscas comida, él es alimento». (Benedicto XVI, 2 de junio de 2012).

Reflexión
En esta meditación no nos detendremos a elucubrar pensamientos sobre si Jesús tuvo hermanos o no, porque somos conscientes de que la palabra -hermano- y se usaba para designar a un rango muy amplio de familiares, parientes y cercanos. La virginidad de María, por gracia y designio de Dios, estuvo siempre intacta y San José fue siempre, con palabras del Evangelio, un justo y santo varón, el casto esposo de María.
Lo más importante es comprender que las palabras de Jesús no fueron ningún desaire para su Madre la Virgen Santísima. A primera vista puede parecer un rechazo o un desprecio hacia María. Pero hay que advertir que se trata de uno de los halagos y piropos más bellos a la Virgen María. El Señor les dice que la que le busca fuera del recinto no es sólo quien lo ha engendrado, sino quien más se ha destacado por cumplir la Voluntad de Dios. Es como darse cuenta de que no hay que reducir a su madre como a un simple hecho biológico, sino que Ella es el ser más excelso de la creación, la mujer que mejor ha obedecido a Dios reflejándolo en su incondicional «fiat», «hágase». De este modo, cualquiera que pretenda ser madre, hermano o hermana de Jesús, tiene que serlo primero por el fiel cumplimiento de la Voluntad de su Padre que está en los cielos.

Cristo quiere que seamos sus verdaderos hermanos o madres, pero distinguiéndonos principalmente por nuestra docilidad al Padre. Todos deseamos tener el beneplácito del Señor, que Él nos mire y nos diga que nos conoce porque cumplimos la voluntad de Dios. ¿Dónde encontramos su voluntad? En nuestro deber diario según nuestra condición de vida, en los mandamientos, en hacer el bien, en transmitirlo a los demás, en vivir de cara a Dios.
—–
María, antes de concebir a Dios en su seno, lo concibió en la fe. Dicen los santos padres que Cristo elogia a su Santísima Madre en este pasaje, para elevarla más aún sobre todo parentesco meramente humano a la maternidad espiritual. Todos estamos llamados a ser cercanos a Jesús, familiares, parientes, pero sobre todo hermanos porque con el bautismo hemos sido recibidos en adopción divina y Él nos ha rescatado con su muerte para hacernos hermanos.

María es una persona muy importante en la misión de Cristo, y en Ella, nosotros estamos llamados a ser piezas clave para la continuación de la misión de Cristo en el mundo. Por este motivo, no podemos ser extraños o ajenos al Señor, pues no nos sentiríamos interpelados con el encargo, por ejemplo, de ir y proclamar el Evangelio a todas las naciones. Hay que conocer, amar a Cristo como un hermano, hermana o madre. Sólo desde el amor los lazos humano-divinos se fortalecen.

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/48696/cat/331/mi-madre-y-hermanos-cumplen-la-voluntad-de-dios.html#modal

EDD. miércoles 21 de noviembre de 2018.

Miércoles de la trigesimotercera semana del tiempo ordinario

La Presentación de la Santísima Virgen María

Memoria obligatoria

Color: blanco

Más allá de unos antiguos escritos que relatan la Presentación de la Virgen María en el Templo, las Iglesias de Oriente y de Occidente hacen memoria este día de la ofrenda que la Virgen Inmaculada hizo de sí misma al Señor en los albores de su vida conciente. Todos los cristianos pueden descubrir en María “llena de gracia” el modelo de la vida consagrada.

Antífona de entrada

Te saludamos, santa Madre de Dios, porque diste al mundo al Rey que gobierna para siempre el cielo y la tierra.

ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Padre, por la intercesión de la Santísima Virgen María, que cuantos la veneramos en esta gloriosa conmemoración, merezcamos también participar de la plenitud de tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Alégrate, hija de Sión, porque Yo vengo

Lectura de la profecía de Zacarías 2, 14-17

Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión: porque Yo vengo a habitar en medio de ti –oráculo del Señor-.

Aquel día, muchas naciones se unirán al Señor: ellas serán un pueblo para Él y habitarán en medio de ti. ¡Así sabrás que me ha enviado a ti el Señor de los ejércitos!

El Señor tendrá a Judá como herencia, como su parte en la Tierra santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén.

¡Que callen todos los hombres delante del Señor, porque Él surge de su santa Morada!

 

SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 46-55

R/. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.

Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador.

Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas; ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.

 

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Lc 11, 28

Aleluya.

Felices los que escuchan la palabra de Dios y la practican. Aleluya.

 

EVANGELIO

Señalando con la mano a sus discípulos, dijo: éstos son mi madre y mis hermanos.

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   12, 46-50

Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”.

Jesús respondió. “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

 

PALABRA  DEL  SEÑOR 

REFLEXIÓN  :

• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» La reacción de Jesús es firme: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.


• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.


• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.


• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Creó comunidad.


• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-11-21

Comentario al evangelio de hoy martes 20 de noviembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró a Jericó y al ir atravesando la ciudad. Sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa».

Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido».

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Muy estimada alma:

Has leído que le dije a Zaqueo que aquel día, era necesario que yo me quedara en su casa… Y hoy quiero pedirte lo mismo: quiero estar contigo.

Quiero entrar a tu casa, a tu corazón. Deseo ardientemente poder estar contigo. No te preocupes si crees que no eres digno… No quiero estar contigo porque lo merezcas, sino porque sé que lo necesitas.

Quieres ser feliz… ¡Yo también quiero que seas feliz!, ¡para eso te creé! Para ser felices juntos, para darte todo mi amor y jamás separarme de tu lado. Sé que deseas con todas tus fuerzas tu felicidad; que tu sed de plenitud, de amor verdadero, es infinita y sólo Yo puedo saciarla… ¡Y quiero hacerlo!, ¿me lo permites?

Quiero estar contigo y hacer de tu corazón mi hogar. No necesito que sea perfecto, que no tenga defectos… No quiero un corazón perfecto…¡Quiero tu corazón así como es!

Anhelo sanarte, hacerte feliz y mostrarte que eres lo mejor que pude haber creado. No importa lo mucho que te sientas indigno. ¡Eres la persona más importante para mí, y te amo tanto que, si fuera necesario, no sólo volvería a morir por ti, sino que vencería a la muerte de nuevo solamente para estar contigo!

Hoy quiero entrar en tu corazón y, si tú lo quieres, no irme de él jamás … ¿Te gustaría dejarme entrar?

Att. Jesús.

Aunque tus pecados fueran como escarlata, se volverán blancos como la nieve. Si fueran rojos como púrpura, se volverán como lana. El Señor da confianza, como el padre da confianza al hijo adolescente. Muchas veces el Señor nos llama así, cuando Jesús dice: «¡Tú, Zaqueo, baja! Baja, ven conmigo, vamos a comer juntos!». Zaqueo llama a toda la cordada de sus amigos -¡que no eran precisamente de Acción Católica!- pero llama a todos y escuchan al Señor. Precisamente con ese gesto de confianza el Señor se acerca al perdón y cambia el corazón.
(Homilía de S.S. Francisco, 27 de febrero de 2018, en santa Marta).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71740/quiero-estar-contigo.html#modal

La historia de los individuos tiene un fin que alcanzar: “El encuentro definitivo con el Señor”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

(ZENIT – 18 nov. 2018).- Tras celebrar la Misa en el marco de la II Jornada Mundial de los Pobres este domingo, 18 de noviembre de 2018, el Santo Padre ha rezado esta mañana el Ángelus en la plaza de San Pedro ante 30.000 fieles y visitantes, según ha indicado la policía del Vaticano.

En el Evangelio de hoy –ha señalado el Papa– Jesús dice que la historia de los pueblos y la de los individuos tiene un fin y una meta que alcanzar: “El encuentro definitivo con el Señor”.

“No sabemos ni el tiempo, ni la manera en que sucederá –advierte el Santo Padre–. El Señor ha reiterado que nadie sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Todo se guarda en el secreto del misterio del Padre”. “Sabemos, sin embargo, un principio fundamental con el que debemos confrontarnos: El cielo y la tierra pasarán, dice Jesús, pero mis palabras no pasarán”, ha aclarado.

“De la misma manera”, ha comentado Francisco, “el poder del dinero y los medios económicos con los que pretendemos comprar todo y a todos, ya no podrán ser utilizados. Tendremos con nosotros nada más que lo que hemos logrado en esta vida, creyendo en su Palabra”.

Responsabilidad

Así, ha matizado que “nadie de nosotros puede escapar a este momento. La astucia que a menudo ponemos en nuestro comportamiento para dar crédito a la imagen que queremos ofrecer, ya no servirá”.

Sin embargo, el Obispo de Roma ha finalizado sus palabras con un aliento de esperanza, pidiendo a la Virgen su intercesión “para que la constatación de nuestra temporalidad en la tierra y de nuestro límite no nos sumerja en angustia, sino que nos haga volver a nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos, hacia nuestro prójimo, hacia el mundo entero”.

A continuación ofrecemos la transcripción de las palabras del Papa Francisco antes de rezar la oración del Ángelus.

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

En el pasaje del Evangelio de este domingo, el Señor quiere instruir a sus discípulos sobre los acontecimientos futuros. No se trata en primer lugar de un discurso sobre el fin del mundo, sino más bien es una invitación a vivir bien en el presente, a estar atentos, vigilantes y siempre listos para cuando se nos llame a rendir cuentas de nuestra vida.

Jesús dice: “En aquellos días, después de aquella tripulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará más su luz. Las estrellas caerán del cielo”.

Estas palabras nos hacen pensar en la primera página del Libro del Génesis. La historia de la Creación. El sol, la luna… las estrellas, que desde el principio de los tiempos brillan en su orden y traen luz, signo de vida, aquí se describen en su decadencia mientras se hunden en la oscuridad y en el caos, signo del fin.

En cambio, la luz que brillará en este último día será única y nueva. Será la luz del Señor Jesús, que vendrá en la gloria con todos los santos, en ese encuentro veremos finalmente su rostro en la plenitud de la luz de la Trinidad, un rostro radiante de amor ante el cual todo ser humano se manifestará también en total verdad. La historia de la humanidad, como la historia personal de cada uno de nosotros no puede entenderse como una simple sucesión de palabras y hechos que no tienen sentido.

Tampoco puede interpretarse a la luz de una visión fatalista, como si todo estuviera ya establecido según el destino que quita cualquier espacio de libertad, impidiéndonos tomar decisiones que son el resultado de una decisión real.

En el Evangelio de hoy, más bien, Jesús dice que la historia de los pueblos y la de los individuos tiene un fin y una meta que alcanzar: El encuentro definitivo con el Señor. No sabemos ni el tiempo, ni la manera en que sucederá. El Señor ha reiterado que nadie sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Todo se guarda en el secreto del misterio del Padre. Sabemos, sin embargo, un principio fundamental con el que debemos confrontarnos: El cielo y la tierra pasarán, dice Jesús, pero mis palabras no pasarán.

El verdadero punto central es éste. En ese día, cada uno de nosotros tendrá que comprender si la Palabra del Hijo de Dios ha iluminado nuestra existencia personal o si le ha dado la espalda, y ha preferido confiar en sus propias palabras. Será más que nunca el momento de abandonarnos definitivamente al amor del Padre, y de confiarnos a su misericordia. Nadie puede escapar de este momento, nadie de nosotros puede escapar a este momento. La astucia que a menudo ponemos en nuestro comportamiento para dar crédito a la imagen que queremos ofrecer, ya no servirá.

De la misma manera, el poder del dinero y los medios económicos con los que pretendemos comprar todo y a todos, ya no podrán ser utilizados. Tendremos con nosotros nada más que lo que hemos logrado en esta vida, creyendo en su Palabra. Todo y nada de lo que hemos vivido o dejado de hacer. Con nosotros, solo llevaremos lo que hemos donado, lo que hemos dado.

Invocamos la intercesión de la Virgen María para que la constatación de nuestra temporalidad en la tierra y de nuestro límite no nos sumerja en angustia, sino que nos haga volver a nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos, hacia nuestro prójimo, hacia el mundo entero.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/la-historia-de-los-individuos-tiene-un-fin-que-alcanzar-el-encuentro-definitivo-con-el-senor/

EDD. martes 20 de noviembre de 2018.

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (3,1-6.14-22):

Yo, Juan, escuché al Señor que me decía:
«Escribe al ángel de la Iglesia en Sardes:
“Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas. Conozco tus obras, tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete. Si no vigilas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes en Sardes unas cuantas personas que no han manchado sus vestiduras, y pasearán conmigo en blancas vestiduras, porque son dignos.
El vencedor será vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Escribe al ángel de la Iglesia en Laodicea:
“Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios. Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. Porque dices: ‘Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada’; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas. Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; ten, pues, celo y conviértete. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.
El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5

R/. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono.

V/. El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

V/. El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

V/. El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
CR

Jesús en lo cotidiano

Cada día tomamos numerosas decisiones. Algunas de ellas casi no le prestamos demasiada atención.

Sin embargo, cada una no sólo va perfilando nuestra manera de ser sino también nuestro calado humano. En muchas de ellas están implicadas personas. Nuestros quehaceres cotidianos se desarrollan, habitualmente, con otros.

A veces, el vértigo de la acción, de las decisiones inmediatas no nos deja escuchar en nuestro interior. La eficacia, el sentido práctico se impone. Tenemos tanto que hacer!

Y un día, como dice el anuncio, descubrimos que nos parecemos sospechosamente a todos. Que hemos aprendido a ser sin ser nosotros mismos. Ahora si tuviéramos que hablar de nosotros ya no hablaríamos de lo que nos habita sino de lo que nos acontece.

Si dejamos resonar en nuestro interior el Evangelio de hoy percibimos una llamada a detenernos, a descubrir el paso de Jesús en nuestra vida en tantos rostros anónimos con los que nos cruzamos: el conductor del autobús, el camarero, el vecino, el del super, …

Nos invita a mirarnos, a reconocernos y crear lazos, a compartir el pan, el vino, los afanes de cada día y tal vez nuestros sueños dormidos.

Zaqueo, nos invita a pararnos y a reconocer que también Jesús quiere comer con cada uno.

En ese momento, tal vez, podemos comprender como este pequeño gran hombre que necesitamos dejarnos afectar, dejarnos encontrar de nuevo por la vida de Jesús, por la vida de las personas que forman parte también de nuestra vida. Crear comunión de historias, de nombres, de vida, de detalles pequeños y hacer así posible el Reino.

O ¿qué otra cosa sino es el Reino sino una gran mesa con el pan partido y la vida hermanada?

Ojalá decidamos hoy construir un poco mejor el Reino.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 19 de noviembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el Nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él le contestó: «Señor, que vea». Jesús le dijo: «Recobra la vista; tu fe te ha curado».Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Qué pasaría si estando por la calle de pronto vieras una multitud que atasca las avenidas; que toda la gente corre hacia el mismo lugar con cara de haber encontrado ese algo que desde siempre habían estado buscando? Muy probablemente te acercarías a la persona más cercana y le harías la pregunta obvia: ¿qué está pasando?

Acto seguido, la persona se acerca discretamente a ti y te susurra al oído: «es Jesús Nazareno».

Es decir, es Dios mismo el que pasa por aquí, es aquel al que le has pedido infinidad de cosas, es aquel que sabe lo más profundo de tu corazón, el que te ha redimido, el que te ha amado como nadie jamás lo hará y lo ha hecho.

Me imagino que te sumarías a la multitud con tal de siquiera poderle ver, aunque sea de lejos, y comenzarías a gritar, ¡Jesús¡, ¡Jesús!…

Evidentemente la historia podría ser diferente, sin embargo, es necesario recordar que Jesús está aquí. Es necesario recordar que Jesús se quiso quedar con nosotros en la Eucaristía. Así que -como el ciego- podemos de igual manera gritarle al Señor, teniendo la fe de que delante de nosotros está alguien que nos puede sanar, alguien que nos puede ayudar…alguien que nos ama y sabiendo que el Señor siempre está y nos dice en el silencio: Hijo, «¿qué quieres que haga por ti?»

El Hijo de Dios escuchó su grito: «¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Rabbunì, que recobre la vista!». Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades básicas, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Como Bartimeo, ¡cuántos pobres están hoy al borde del camino en busca de un sentido para su condición! ¡Cuántos se cuestionan sobre el porqué tuvieron que tocar el fondo de este abismo y sobre el modo de salir de él! Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama».
(Mensaje de S.S. Francisco para la II Jornada Mundial de los pobres, noviembre de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71685/que-pasaria-si.html#modal

EDD. lunes 19 de noviembre de 2018.

Primera lectura

Comienzo del libro del Apocalipsis (1,1-4;2,1-5a):

Revelación de Jesucristo, que Dios le encargó mostrar a sus siervos acerca de lo que tiene que suceder pronto. La dio a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, el cual fue testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo de todo cuanto vio. Bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de esta profecía, y guardan lo que en ella está escrito, porque el tiempo está cerca.
Juan a las siete iglesias de Asia:
«Gracia y paz a vosotros
de parte del que es, el que era y ha de venir;
de parte de los siete Espíritus que están ante su Trono».
Escuché al Señor que me decía:
Escribe al ángel de la Iglesia en Éfeso:
«Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6

R/. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida.

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,35-43):

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:
«Pasa Jesús el Nazareno».
Entonces empezó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».
Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:
«Hijo de David, ten compasión de mí!».
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.
Cuando estuvo cerca, le preguntó:
«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo:
«Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
CR

Dame, Señor, tu mirada

Qué molestos nos resultan los mendigos. Les solemos negar la mirada y en muchas ocasiones hasta cambiamos de cera, si nos es posible. Suscitan en nosotros desconfianza y cierto rechazo.

Nuestra mirada se ha especializado en detenerse en determinadas cosas y desechar otras. Hemos domesticado hasta nuestra forma de percibir. Hemos rutinizado nuestra forma de ver las personas y el mundo que nos rodea.

Cuando algo rompe el cliché que nos hemos fabricado, nos desorienta y tendemos a negarle nuestra atención.

Se necesita cierta dosis de osadía e ingenuidad, de búsqueda de lo nuevo para tener una actitud de permanente apertura a lo que la vida y las personas nos ofrecen diariamente.

Pareciera que hemos puesto a nuestro corazón anestesia, no sea que nos duela o inquiete la realidad o las personas que hemos situado al margen de nuestra vida.

Creo que Jesús y su Evangelio quieren, entre otras cosas, provocar esta actitud de estar atentos a los pequeños signos, huellas, mensajes que la realidad y las personas nos transmiten diariamente.

Sin embargo, ¿no es cierto que hasta la lectura del Evangelio, en ocasiones adquiere tonos de algo sabido, acostumbrado?

Leer el Evangelio desde una perspectiva abierta a la realidad, dejando que se cuele en los entresijos de nuestra vida nos cuesta.

A Jesús sin embargo, lo solemos ver constantemente dejándose interpelar por las personas y los acontecimientos de cada día. Acogiendo con los cinco sentidos cuánto se cruza en su vida y releyéndolo desde su experiencia de Dios.

Se interesa por las historias, los nombres, las vidas de la gente, aunque como en este caso sea un mendigo. Rompe los clichés de su época y se acerca sin ningún rubor a los demás para hacerse su prójimo. Para tratarlo como sabe que a Dios le gustaría que lo tratara: como un ser humano, ni más ni menos. Una persona débil y necesitada pero un hijo de Dios al fin y al cabo.

Jesús, en verdad era un hombre-Dios apasionado por la vida, nadie le era indiferente, nada humano le era indiferente.

Es posible que en nuestro corazón alguna vez también brilló esa pasión honda por Jesús, por el Evangelio, por los demás y tal vez aún ahora siga existiendo ¿o no?

.Dejemos que Jesús se interese por nuestras necesidades y pidámosle que siga vivificando nuestro amor primero. Que transforme nuestra forma de mirar. Que hoy nuestro corazón rece como un susurro: “Dame, Señor; tu mirada”.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy sábado 17 de noviembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:

«En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ «.

  1. esto, Jesús comentó: «Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús explica en el Evangelio cómo orar sin desanimarse. La parte que más me llama la atención es cuando dice: «¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar.»

Creo que a todos nos viene a la mente decir: «pero si yo pido y no recibo nada. Creo que no me hace caso, que no soy de sus elegidos, etc.» En ese momento estamos equivocados y para eso es este Evangelio. Debe de haber en nosotros una gran fe para no desesperarnos.

¿Por qué nos desesperamos? Porque siempre queremos que Dios vaya a nuestro ritmo y es al revés. Somos nosotros quienes debemos llevar el ritmo de Dios en nuestras vidas. Yo me imagino que es como los videojuegos, donde tienes que ir recolectando monedas u otras cosas; ellas se encuentran en ciertos lugares y no podemos hacer nada para que aparezcan antes, debemos seguir caminando. Debemos saber, también, que dentro de ese caminar sin recibir nada se encuentra una gran lección para cada uno de nosotros.

También no recibimos una respuesta porque muchas veces no sabemos cómo pedir. Pedimos cosas que en realidad no necesitamos, que son puros caprichos. Debemos de ir aprendiendo a pedir junto con el Espíritu Santo. Él sabe muy bien qué es lo que en verdad necesitamos.

Llevando el ritmo de Dios, todo nos será dado, pues iremos caminando de su mano. Ya sabemos que nuestro tiempo no es el mismo tiempo para Dios, por eso debemos de esperar sin desconfiar.

Para la oración de intercesión se necesitan dos cosas: coraje, es decir, parresia, coraje y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche algo que le pido, debo ir, e ir, e ir, llamar a la puerta y llamo al corazón de Dios, porque mi corazón está involucrado con ello. Pero si mi corazón no se involucra con esa necesidad, con esa persona por la que debo rezar, no será capaz ni siquiera del coraje ni de la paciencia.
Pedir al Señor la gracia de rezar frente a Dios con libertad, como hijos; rezar con insistencia, rezar con paciencia. Pero, sobre todo, rezar sabiendo que yo hablo con mi Padre y mi Padre me escuchará.
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de marzo de 2018, en santa Marta).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71683/llevar-el-ritmo-de-dios.html#modal

EDD. sábado 17 de noviembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la tercera carta del apóstol san Juan (5-8):

Querido amigo Gayo, te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños. Ellos han hablado de tu caridad ante la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece; ellos se pusieron en camino para trabajar por él sin aceptar nada de los gentiles. Por eso debemos nosotros sostener a hombres como éstos, cooperando así en la propagación de la verdad.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 111,1-2.3-4.5-6

R/. Dichoso quien teme al Señor

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.» Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Ayer veíamos unos versículos de la “segunda carta de Juan”; hoy se nos ofrece un párrafo todavía más pequeño de la tercera, que es el escrito más breve del Nuevo Testamento y el único dirigido a un particular; su denominación correcta sería “la carta a Gayo” (la “carta a Filemón” se dirige también “a la Iglesia que se reúne en su casa”).

En el ambiente de una fe amenazada a que ayer aludíamos, el presidente de una comunidad cristiana (llamado Diotrefes) tiene pánico de que lleguen predicadores desconocidos; esos son “los hermanos” de que habla la carta. Pero Gayo –miembro de esa misma comunidad- los acoge fraternalmente en su casa y les proporciona las provisiones para continuar viaje, pues ellos tienen la consigna de no pedir nada a los paganos a quienes van a evangelizar. Probablemente conocen el dicho de Jesús “gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10,8). Este apoyo material que algunos miembros de la comunidad cristiana prestan a los misioneros es un claro precedente de nuestras jornadas del Domund o semejantes. Y el autor del escrito da a Gayo, y a cuantos nos responsabilicemos de sostener las misiones, el hermoso título de “cooperadores de la verdad”.  No nos lo perdamos.

Lucas nos ofrece una lección muy sencilla de confianza para hacer oración de petición. La parábola es elocuente: si hasta un juez inicuo acaba concediendo lo que se le pide con perseverancia, cuánto más lo dará Dios, que ciertamente no es inicuo. Pero también aquí aparece la preocupación del evangelista por algún tipo de enfriamiento en la fe de su comunidad, en la que se supone que “el Hijo del Hombre tardará en llegar”.

La lección sobre la confianza es quizá demasiado sencilla, y más de un cristiano sincero dirá que eso no se cumple literalmente, y que la conocida oración de San Bernardo a la Virgen, según la cual “jamás se ha oído decir …”, queda algo desmentida por la experiencia, incluso cuando la petición se hace al Padre; hay personas que lamentan no haber sido escuchadas; y recurrir a que “habrán pedido con poca fe” puede ser una escapatoria facilona. Tal vez el mismo evangelio nos proporcione los matices convenientes. Según Lc 11,13, lo que asegura Jesús es que el Padre, a imagen de un buen padre terreno, “dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”. Y San Pablo, para que relativicemos con humildad nuestra forma de orar, nos enseña que “no sabemos pedir como conviene” (Rm 8,26). Más desconcertante resulta el hecho, insinuado por la carta a los Hebreos, de que al parecer incluso Jesús se haya quedado corto en su petición: “en los días de su vida mortal, oró con clamor y lágrimas a quien podía librarle de la muerte, y fue escuchado por su reverencial temor” (Hb 5,7). ¡De hecho el Padre no ahorró a Jesús pasar por la angustia de la muerte!

¿Cómo escucha Dios nuestras peticiones? Circula por ahí un pps que ayuda a “imaginar” algunas respuestas de Dios a quien le pide algo: a) A veces responderá con un sencillo “Sí”; b) En otras ocasiones es posible que diga al orante: “Si, pero más tarde”; c) Y no faltarán los casos en que la respuesta sea: “Tengo para ti algo mejor”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy