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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy viernes 07 de diciembre de 2018

Del santo Evangelio según san Mateo 27, 29-31

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: «¡Hijo de David, compadécete de nosotros!». Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacerlo?». Ellos le contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que se haga en ustedes conforme a su fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: «Que nadie lo sepa». Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Dice el Evangelio que los ciegos siguieron a Jesús. Parece que son ellos los que están buscando una solución a su ceguera. Sin embargo, es el Padre quien los atrae a su Hijo, porque los conoce, los ama y les quiere regalar una vida nueva. Jesús mismo nos dice, «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió.» (Jn 6,44) El Padre conoce nuestra hambre de amor infinita y quiere, no sólo regalarnos la vista o hacernos un favor, sino darnos a su Hijo, y en Él, felicidad verdadera y vida eterna.

Decimos que Dios es amor… Pero, al principio de este pasaje, parece que Jesús ignora a los ciegos. Imaginemos la escena: ellos lo van siguiendo por Cafarnaúm, gritando detrás de Él. ¡Y Jesús ni se inmuta! ¿Dónde quedó el gran amor de Dios por los que sufren, por los pobres? Uno diría que Dios mismo abandona a nuestros dos ciegos. Que no le importan. En nuestras vidas hay días en los que nos parece ser como estos ciegos: buscamos a Dios para que nos ayude y salve, y la respuesta nada más no llega. Uno puede llegar a decir: Señor, ¿te importo o no?

¡Qué engañosas son las apariencias, y qué poco conocemos los caminos del amor de Dios! La realidad es que Él nos va preparando de manera misteriosa para recibirle con un corazón sencillo y humilde.

Gracias a Dios, la vida no es pura espera. Dios responde siempre a nuestras oraciones. ¡Siempre! A veces dice:sí, ahora mismo. Otras: sí, pero ahora no estás listo para recibirlo. Otras, como nos conoce tan bien, nos dice: «Sabes, eso no es lo que quieres de verdad. Lo que quieres es esto otro.» Y siempre, siempre, añade: «Y no sólo te doy lo que me pides, sino algo mejor…» Dios es un Padre tan bueno y generoso, que siempre nos da más de lo que nos atrevemos a pedir. Como dice san Pablo,nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.(1 Cor. 2, 9) Jesús no sólo cura a los ciegos, sino que les cambia la vida. No pueden seguir siendo los mismos, tienen que compartir lo que han vivido. Reflexiona sobre tu vida: ¿Qué le has pedido a Dios? ¿Cómo te ha respondido? Agradécele todo lo que te ha dado, y pídele su gracia para confiar en Él, tu Padre bueno.

El Reino de los cielos está entre ustedes -nos dice- está allí donde nos animemos a tener un poco de ternura y compasión, donde no tengamos miedo a generar espacios para que los ciegos vean, los paralíticos caminen, los leprosos sean purificados y los sordos oigan y así todos aquellos que dábamos por perdidos gocen de la Resurrección. Dios no se cansa ni se cansará de caminar para llegar a sus hijos. A cada uno. ¿Cómo encenderemos la esperanza si faltan profetas? ¿Cómo encararemos el futuro si nos falta unidad? ¿Cómo llegará Jesús a tantos rincones, si faltan audaces y valientes testigos?
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de enero de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71930/el-buscador-buscado.html#modal

EDD. viernes 07 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (29,17-24):

ESTO dice el Señor:
«Pronto, muy pronto,
el Líbano se convertirá en vergel,
y el vergel parecerá un bosque.
Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro;
sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.
Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor,
y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;
porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico;
y serán aniquilados los que traman para hacer el mal:
los que condenan a un hombre con su palabra,
ponen trampas al juez en el tribunal,
y por una nadería violan el derecho del inocente.
Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán,
dice a la casa de Jacob:
“Ya no se avergonzará Jacob,
ya no palidecerá su rostro,
pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos,
santificarán mi nombre,
santificarán al Santo de Jacob
y temerán al Dios de Israel”.
Los insensatos encontrarán la inteligencia
y los que murmuraban aprenderán la enseñanza».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.4.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación. 

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

V/. El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

V/. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

V/. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31):

EN aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:
«Ten compasión de nosotros, hijo de David».
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
«¿Creéis que puedo hacerlo?».
Contestaron:
«Sí, Señor».
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que os suceda conforme a vuestra fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
José María Vegas, cmf

Hablar de Jesús por toda la comarca

Pocas enfermedades nos causan tanto horror como la ceguera. Sin embargo, la sordera no es menos terrible. Dicen que la ceguera nos aparta de las cosas, mientras que la sordera nos exilia de las personas. La ceguera suele producir depresión, mientras que la sordera genera desconfianza. En todo caso, estas crueles enfermedades sirven para expresar de modo muy llamativo “lo que no debería ser”, son como cifras de cualquier desgracia o injusticia. El profeta imagina y sueña los tiempos mesiánicos precisamente como un reino en el que ceguera y sordera, pobreza, opresión y violencia quedan desterrados del todo. Que Dios salva significa que el hombre es liberado de toda forma de opresión: en su entorno natural (el desierto que florece), social (el destierro de violentos, cínicos y tramposos), y en su propio cuerpo (la ceguera y la sordera y toda forma de invalidez).

Cuando Jesús cura a los ciegos, como en el Evangelio de hoy, está diciendo que los tiempos mesiánicos han llegado y se están cumpliendo en él mismo. Pero Jesús no es un curandero y sus acciones no tienen sólo, ni sobre todo, sentido médico. Son acciones salvíficas, signos proféticos de una salvación que ya ha empezado a operarse. Y lo notable de estas acciones es que, aunque Jesús no curara entonces, ni cure ahora, a todos los ciegos, sordos o afectados por cualquier otra enfermedad (aunque sin excluir que esto suceda en ocasiones), la salvación que esas acciones expresan sí que alcanza a todos, con tal de que nos acerquemos a él, acojamos su persona, pongamos en práctica su Palabra.

Durante más de diez años, trabajando como consiliario de la Frater (Fraternidad cristiana de personas con discapacidad), pude comprobar cómo se hacía verdad el milagro de personas, que pese a sus limitaciones físicas, se ponían en pie, y, olvidándose de sus propios problemas, iban el encuentro de otros enfermos para prestarles su ayuda y anunciarles la Buena Noticia de Jesucristo. Ahí comprendí y me convencí de que aquella respuesta de Jesús a la pregunta de Juan el Bautista, “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres” (Mt 11, 5) tiene un sentido mucho más amplio que el meramente físico. Es verdad que no hay que olvidarse de esto último: la misericordia cristiana se inclina sobre el que sufre, y no sólo para darle un consuelo “espiritual”, sino para ayudarle en la concreción de su problema, superándolo en lo posible. Pero no siempre existe esa posibilidad. Sin embargo, la presencia ya real del Reino de Dios entre nosotros se expresa en la capacidad de salir de esa situación de postración, de no encerrarse en ella, de asumirla y, de esa forma, superarla. Cuando esto se logra, precisamente personas consideradas “minusválidas” alcanzan un nivel de humanidad y una valía, que para sí quisieran muchos de los considerados sanos. Esta fue la experiencia que tuve la suerte y la gracia de hacer con muchísimas personas, grandes personalidades, en mis años felices en la Frater. Son personas realmente sanadas por Cristo y que, con su modo de vida, “hablan de él por toda la comarca”.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del Domingo 09 de diciembre de 2018.

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.

Baruc 5,1-9: Canto triunfal de los tiempos mesiánicos. Una nueva situación para la ciudad: un nombre nuevo, “Paz en la Justicia y Gloria en la Piedad”. Indicando así la nueva situación de los hombres en el mundo nuevo.

Filipenses 1,4-11: Acción de gracias y oración por los filipenses, para que estén libres de falta y equipados con toda clase de obras buenas en el Día de Cristo, día en el que los que han sido dóciles a la obra santificadora de Dios alcancen su plenitud.

Lucas 3,1-6: el evangelista ubica la salvación en la historia y en un escenario muy concreto: el desierto. Allí llama a la conversión el Bautista, cuya señal es el bautismo. Viene a preparar el camino del Señor que viene a salvar.

1.- Llega la salvación; esta es la consigna de este domingo. Salvación que no es un concepto frío, desencarnado, no. Para la Sagrada Escritura la salvación es algo concreto.

Un hecho salvífico que marcó a Israel en su historia y espiritualidad fue el Éxodo, que indica liberación de una situación de opresión y postración para entrar a una nueva situación: liberación, exaltación

El lenguaje de la primera lectura está lleno de imágenes que expresan la nueva situación del Pueblo de Dios, sumido en el exilio y la opresión. Incluso se hace alusión al Éxodo, un nuevo éxodo. Por eso el desierto se transforma. La misma idea aparece en la predicación del Bautista.

Pero hay una diferencia entre lo que dice el Bautista y lo que dice el profeta. El profeta anuncia que el desierto será transformado. El Bautista, en cambio, dice: “Una voz grita en el desierto”; es allí donde él proclama la salvación, pero la preparación se realiza en el interior de cada persona.

2.- Preparar el camino. En el lenguaje bíblico Camino significa una forma de vida. Preparar el camino es sinónimo de enmendar rumbo, una forma de vida nueva: allanar, rectificar, nivelar. Sólo quien hace este trabajo está en verdad preparando el camino para que el Señor llegue y haga lo suyo: la salvación. Dios quiere salvar, por eso Él llega al hombre. Él condesciende y se pone a nuestra altura para que así podamos ser salvados. Dios tuvo que hacerse hombre para que el hombre pudiera llegar a ser Dios.

En la vida de fe, es decir, en nuestra vida espiritual, hemos de vivir un éxodo permanente, salir de nuestras situaciones de pecado y poder así “Pasar” (Pascua) a la vida nueva.

3.- Decía ayer en la fiesta de la Inmaculada que desafortunadamente la criatura humana ha tenido siempre la tentación de sustituir a Dios, queriendo hacerse protagonista de la historia con una actitud de autosuficiencia, poniendo en evidencia sus limitaciones. De ahí una sociedad confusa, caótica y sin horizontes claros.

Hoy el ser humano pretende hacer de sí mismo el fin de todo, trastocando el orden. Y todo comienza y termina en Dios. Hoy está llevando esto al ser humano no sólo al olvido de Dios, sino, lo peor, a creerse Dios y decidir sobre la vida y la muerte. Se olvida el hombre que es criatura y, como tal, un simple administrador de los bienes divinos.

¡Y pensar que el Señor quiere devolvernos nuestra condición de imagen de Dios!

4.- El Señor viene. Como dice el salmo responsorial, el Señor viene a cambiar la suerte de Sión, de todos los hombres. Esto es motivo de gozo, como el del segador que regresa con una suculenta cosecha. Pero, para que haya cosecha debe haber antes una siembra. Y para hacer una buena siembra antes hay que barbechar, roturar la tierra, segar. Todo es signo de cuál debe ser nuestra actitud.

Hoy viene el Señor. Hoy es el Día del Señor. Que Él nos encuentre libres de falta y equipados con toda clase de obras buenas. Así salgamos al encuentro del Señor que viene a salvarnos.

Como el Bautista, salgamos de aquí a anunciar la Buena noticia que el Señor viene. Anunciemos con nuestras vidas que existen caminos mejores.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy jueves 06 de diciembre de 2018.

Del santo Evangelio según Mateo 7, 21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra la casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, y dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«La voluntad de Dios». Esto es algo que a menudo escuchamos pero que desgraciadamente su sentido muchas veces se ha ido difuminando.

Cumplir la voluntad de Dios no es obligarme a hacer lo que más cuesta…, lo último que quiero hacer. No es una imposición, no es un «servicio social» al cual estoy sometido…Muy al contrario, es un camino de amor.

Un camino que el Dios que tanto nos ama nos va señalando. Un camino que Él conoce mucho mejor que nosotros pues tiene una visión infinitamente más grande.

Seguir la voluntad de Dios es, al mismo tiempo, ir descubriéndose a sí mismo pues es en el seguimiento de lo que Dios nos pide donde encontramos sentido, donde encontramos plenitud, aunque a veces las dificultades que este seguimiento conlleva nos nuble la belleza del camino.

Seguir la voluntad de Dios es una respuesta muy concreta de amor hacia Dios; es una confirmación sólida en la fe; es construir la propia vida sobre una roca, la cual, nada ni nadie podrá destruir.

Los animo a renovar la confianza en el Señor y a salir sin miedo, a dar testimonio de la alegría del Evangelio, que hace felices a muchos. Que esta confianza en el Señor, renovada cada día en el encuentro con Él en la oración y en los sacramentos, los ayude también a estar abiertos al discernimiento, para examinar la propia vida, buscando hacer la voluntad de Dios en todas sus actividades y proyectos.
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de junio de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71897/una-respuesta-muy-concreta.html#modal

EDD. jueves 06 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (26,1-6):

AQUEL día, se cantará este canto en la tierra de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y baluartes.
Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en ti.
Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca perpetua.
Doblegó a los habitantes de la altura,
a la ciudad elevada;
la abatirá, la abatirá
hasta el suelo, hasta tocar el polvo.
La pisarán los pies, los pies del oprimido,
los pasos de los pobres».
Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,1.8-9.19-21.25-27a

R/. Bendito el que viene en nombre del Señor

R/. Bendito el que viene en nombre del Señor.

O bien:

R/. Aleluya

V/. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R/.

V/. Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mí salvación. R/.

V/. Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  
José María Vegas, cmf

La roca de la Palabra

Una ciudad fuerte (una fortaleza) es, ante todo, una ciudad con fundamentos profundos y firmes. No tiene por qué ser una ciudad cerrada. Al contrario, la fortaleza basada en los cimientos otorga seguridad y confianza para abrirse a los extraños y enfrentarse a lo nuevo. Y no hay mayor fortaleza que la basada en la verdad y la justicia. El engaño y la injusticia son como grietas en los muros de la ciudad, signos de debilidad, de falta de fundamento, que producen cerrazón y desconfianza. La ciudad fuerte, al contrario, se abre, acoge a los que buscan refugio, ofrece su seguridad a los débiles y los pobres. Estos constituyen un pueblo justo, pero sobre todo porque, al sentirse salvados entre los muros de la ciudad, se saben justificados. No en vano, la roca, el cimiento de esta ciudad, Jerusalén, es el Señor.

Cristo es la piedra angular de esta construcción, la roca sobre la que Dios instaura su Reino y construye su Iglesia. No es fácil construir sobre roca. Es más fácil hacerlo sobre la dócil arena. Pero lo más fácil no es, por eso, lo mejor. Jesús invita a los justificados, que han escuchado su Palabra, a realizar la obra difícil de ponerla en práctica. La gracia llama a la responsabilidad, a la respuesta.

El que dice “Señor, Señor” y no hace su voluntad puede ser el que se acuerda de santa Bárbara sólo cuando truena, y acude a Dios sólo a pedir, pero no a escuchar, y sólo cuando le conviene; o puede ser también el que dice aceptar y defender los valores cristianos, pero sin ponerlos en práctica, dejándose llevar por un ánimo vengativo y justiciero cuando se siente atacado u ofendido. En realidad, es muy posible que todos, en algún aspecto de nuestra vida, digamos “Señor, Señor”, pero sin poner en práctica lo que el Señor nos dice. Son puntos débiles de nuestra casa, que puede ceder cuando surge la dificultad. Así, en circunstancias personales, familiares o laborales difíciles, o en situaciones de persecución. No es infrecuente que en tales casos tendamos a pedirle cuentas a Dios, más que a escuchar y poner en práctica su Palabra.

Jesús nos llama a la coherencia de vida. Que nuestras acciones, nuestras actitudes y motivaciones correspondan con lo que confiesan nuestros labios. Sabiendo que nos falta esa coherencia, Jesús nos invita a emprender reformas en nuestra casa, para dar fundamento, profundidad y solidez allí donde haga falta.

El resultado del esfuerzo será beneficioso para nosotros mismos: firmeza, paz y confianza. “Los que confían en el Señor son como el monte Sión, no tiembla, está asentado para siempre” (Sal. 124, 1). Pero también para los demás: podremos abrir sin temor las puertas de nuestra casa, de nuestra pequeña fortaleza, para acoger a los pobres y los débiles, para ofrecer nuestro techo a los que viven en la intemperie. Y es que poner en práctica su voluntad es poner en práctica las obras del amor, ese Amor que nos ha justificado y que nos abre sin temor a los demás.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 05 de diciembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Mateo 15,29-37

En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a Él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino». Los discípulos le preguntaron: «¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?». Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen?». Ellos contestaron: «Siete, y unos cuantos pescados».

Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando tenemos hambre, todo nos habla de comida. Cualquier olor delicioso nos trae recuerdos, o buscamos preparar algo «hecho con amor». Si así buscamos alimentar nuestro cuerpo, no podemos olvidar que nuestra alma también necesita alimentarse; así, muchas cosas cotidianas nos hablarán de Jesús, nos traerán recuerdos de nuestra experiencia con Él, y buscaremos la paz que brota del amor verdadero.

Mucha gente buscaba y busca aún a Jesús por interés, acordándose de Él de una forma muy terrenal, sólo cuando necesitan algo, como sucede en el Evangelio; buscan a Jesús por querer sanarse del cuerpo, quizás sin importarles mucho su mensaje que es el que sana el alma. Otros, a lo mejor, seguían a Jesús porque querían verlo, como si fuera la atracción sensacional del momento. No obstante, a pesar de conocer las intenciones más profundas de cada uno, Jesús siente lástima de todos por igual y quiere alimentarlos en el cuerpo y el espíritu.

¡Qué bueno es Jesús que no hace diferencias! Él, conociendo nuestro corazón, nuestra historia e intenciones, no quiere que desfallezcamos en el camino y se hace pan para alimentarnos. Veamos el Evangelio: Él pronuncia la acción de gracias (pronuncia la «eucháristein» según el texto griego) da el pan a sus discípulos y ellos a la gente, tal como sucede hoy en la Eucaristía. Jesús viene a través de las manos de sus discípulos y se nos da en manjar celeste, alimentando nuestra alma y transformándonos en su presencia viva. Ahora tenemos un reto, llevar la luz de la presencia de Cristo a tantas personas que tienen hambre y no saben cómo saciarse. Un día le presentaron siete panes al Señor, todo lo que tenían para comer, y Él no sólo los multiplicó, sino que sobró más de lo que le dieron. Cuando somos generosos con Dios, su medida con nosotros es la sobreabundancia.

Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que este hambre se sacie. Este es el hecho concreto. A la multitud, Jesús no se limitó a donar esto -ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida-, pero ciertamente hizo también esto: se encargó del alimento para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores. El amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz, y sobre todo de su gracia divina nunca falla.
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de julio de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71892/la-medida-de-dios-sobreabundancia.html#modal

 

EDD. miércoles 05 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):

EN aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos,
en este monte, un festín de manjares suculentos,
un festín de vinos de solera;
manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte
el velo que cubre a todos los pueblos,
el lienzo extendido sobre a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros,
y alejará del país el oprobio de su pueblo
—lo ha dicho el Señor—.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.
Esperábamos en él y nos ha salvado.
Este es el Señor en quien esperamos.
Celebremos y gocemos con su salvación,
porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

V/. Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

V/. Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,29-37):

EN aquel tiempo, Jesús, se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN  :
José María Vegas, cmf

Hasta saciarse

El hambre y la enfermedad son dos de los azotes que afligen a la humanidad desde sus orígenes. Pese al progreso social y científico, la humanidad no consigue librarse de ellos. El horizonte sombrío y final de esos males, al parecer incurables, es la muerte. Por eso es fácil entender que la abundancia de alimentos y la salud se hayan convertido no sólo en cifras y parámetros de una vida plena, sino también en símbolos de la salvación definitiva a la que aspira el corazón humano, símbolos recurrentes en los oráculos proféticos, como el del hermosísimo texto de Isaías que acabamos de proclamar.

Tal vez, si además de los adelantos científicos y las necesarias reformas sociales, creciera en el corazón humano la capacidad de compadecer, sería posible remediar mucho más y mejor estos males, al menos en el ámbito propio de nuestra responsabilidad en nuestra existencia terrena.

Jesús, presente por su encarnación en la realidad de nuestro mundo, nos enseña precisamente esta verdad tan pedestre pero tan necesaria y humana, como es la compasión. Los evangelios lo repiten: Jesús siente lástima de las gentes y responde a sus necesidades, también a las más inmediatas del dolor, la enfermedad y el hambre. Sus acciones, movidas por la compasión, y que cumplen las antiguas promesas, además de remediar esos males, tienen un sentido directamente salvífico. Curando, aliviando, alimentando, “hasta saciarse” Jesús anuncia que el Reino de Dios ya se ha hecho presente, que lo que anunciaron los profetas es ya una realidad tangible. Pero no se trata de una realización mágica, como caída del cielo, que todo lo cambia sin que nosotros tengamos ni arte ni parte. Al contrario: Jesús nos enseña que para poder remediar esas necesidades y hacer así presente el Reino de Dios tenemos que asumir esas mismas actitudes suyas, que consisten en sentir con los que padecen, esto es, salir de la indiferencia, de la cerrazón en los propios problemas (bastante tenemos con ellos, solemos decir, para desentendernos de los ajenos), y adoptar la actitud de la compasión. Además, Jesús nos implica en sus acciones: pregunta a los discípulos, requiere que pongan a su disposición lo que tienen, por poco que sea, que se hagan servidores de la multitud.

El Reino de Dios, la salvación que ya está operando en la historia, es un don de gracia, pero también una llamada a la responsabilidad, a cambiar de actitudes, a ponerse en movimiento para responder a las necesidades de los que sufren. Así nos lo enseña Jesús, y así nos los enseñan tantos de sus seguidores que a lo largo de la historia han acogido y puesto en práctica esa enseñanza. Así podemos y debemos hacer también nosotros, para que también por nuestro medio, como cooperadores de Cristo y servidores de nuestros hermanos, se haga visible hoy el cumplimiento de la antiguas promesas.

Saludos cordiales,

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 04 de diciembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 21-24

En aquella misma hora Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy, nuestro corazón tiene que tomar una sola actitud, la de agradecer. Cristo hace una oración de agradecimiento, pero somos nosotros quienes debemos agradecer el tener a un Dios tan cercano. Nuestro Dios se hace humilde con los humildes, se hace accesible. Y es por eso que somos dichosos, por ver y oír lo que Dios hace a nuestro lado.

En el antiguo testamento, con los profetas y reyes, Dios era un Dios lejano, inalcanzable, inaccesible; que nadie podía ver, ni tocar. En cambio, en el nuevo testamento se ha hecho carne y ha querido habitar con nosotros. Se nos ha hecho tan cercano que se ha querido quedar en la hostia y darse completamente cada vez que comulgamos.

¡Somos dichosos de tener sagrarios tan cerca! Pero muchas veces los encontramos vacíos. No desaprovechemos que Dios se nos ha hecho tan cercano. Es para maravillarse el saber que Dios se ha hecho carne solo para estar con cada uno de nosotros.

Acostumbremos a nuestro corazón a agradecer y así siempre se mantendrá joven y bello. El corazón está hecho para amar y la mejor forma de hacerlo es dando gracias al Amado, simplemente por existir, por estar a nuestro lado, por sonreírnos, etc.

Agradecer es un acto de humildad, es reconocerse creatura necesitada delante de su Creador. Como personas somos muy fáciles en acostumbrarnos a recibir y dejar pasar el agradecimiento, pensando que nos lo merecemos. Pero aún que nos lo hemos merecido, debemos, como buenos hijos, agradecer.

Jesús en el Evangelio también nos muestra cómo orar. En primer lugar dice: “Te alabo, Padre”; no empieza diciendo “necesito esto y aquello”, sino diciendo “Te alabo”. No conocemos al Padre sin abrirnos a la alabanza, sin dedicarle tiempo solo a Él, sin adorar. ¡Cuánto nos hemos olvidado de la oración de adoración, de la oración de alabanza! Debemos retomarla. Cada uno puede preguntarse ¿Cómo adoro yo? ¿Cuándo adoro yo? ¿Cuándo adoro a Dios? Retomar la oración de adoración y de alabanza. Es el contacto personal, de tú a tú, el estar en silencio ante el Señor el secreto para entrar cada vez más en comunión con Él.
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de marzo de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71864/un-corazon-que-agradece-jamas-envejece.html#modal

EDD. martes 04 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (11,1-10):

AQUEL día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y entendimiento,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor.
Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias
ni sentenciará de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra;
pero golpeará al violento con la vara de su boca,
y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia será ceñidor de su cintura,
y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero,
el leopardo se tumbará con el cabrito,
el ternero y el león pacerán juntos:
un muchacho será su pastor.
La vaca pastará con el oso,
sus crías se tumbarán juntas;
el león como el buey, comerá paja.
El niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente,
y el recién destetado extiende la mano
hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago
por todo mi monte santo:
porque está lleno el país del conocimiento del Señor,
como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé
será elevada como enseña de los pueblos:
se volverán hacia ella las naciones
y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71,1-2.7-8.12-13.17

R/. Que en sus días florezca la justicia
y la paz abunde eternamente.

V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

V/. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

V/. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

V/. Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,21-24):

EN aquella hora Jesús se lleno de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
José María Vegas, cmf

La alegría en el Espíritu

En situación de postración y devastación, la promesa mesiánica se presenta como una restauración: la restauración de la dinastía davídica. Del tronco que parecía muerto brotará un retoño. El signo que lo distingue es el Espíritu que se posa sobre él. Pero, ¿de qué espíritu se trata? Porque hay muchos espíritus, buenos y malos. El espíritu, ese halo invisible e inasible, juega, sin embargo, un papel capital en toda empresa humana: es principio de inspiración, marca la meta, orienta las decisiones y da fuerza para alcanzarla. También las malas empresas tienen su espíritu, su mal espíritu. Existe el espíritu de la ira, de la venganza, de la ambición desmedida. Inspiran malos sentimientos, empujan a acciones destructivas. Por descontado, las buenas obras están igualmente inspiradas, alentadas por espíritus. Pero en este caso tal vez haya que hablar sólo de un espíritu, con mayúsculas, el Espíritu del Señor. Es un Espíritu que abre los ojos, el corazón y la mente, por eso da inteligencia y sabiduría; además, da coraje para actuar y hacer el bien: es un espíritu de consejo y valor; es el espíritu, en suma, presente en toda experiencia genuinamente religiosa: por él nos sabemos en la presencia del Señor con ese respeto y veneración que se llama a veces “el temor del Señor”. Como da inteligencia y sabiduría, permite juzgar con autenticidad y hacer justicia a los débiles, esto es, no inclinarse ante los poderosos. En ese espíritu se descubre la armonía de todo lo creado, en la que las diferencias no generan enemistad ni violencia. Por eso, este espíritu se extiende y abarca al mundo entero.

Ese es el Espíritu que se posó sobre Jesús (Mt 3, 16), y que lo llena hoy de alegría. Jesús se contagia en cierto modo de la alegría de los 72 discípulos que regresan de la misión, una misión difícil, en la que Él mismo ha experimentado antes el fracaso (cf. Lc 10, 13-15). Aunque los que se consideran grandes y prudentes (Corazín, Betsaida, Cafarnaún) rechacen el mensaje, los sencillos, con un corazón bien dispuesto, lo acogen, y adquieren la sabiduría del Evangelio. ¿Qué sabiduría es esa? Ni más ni menos que “saber” la familiaridad de Dios, las relaciones entre el Padre y el Hijo, entrar por Jesús en ellas: hacernos hijos de Dios en el Hijo, que nos lo quiere revelar. Esa es la obra del Espíritu.

La alegría del Espíritu es contagiosa: Jesús nos invita a alegrarnos, a considerarnos dichosos, porque somos testigos y protagonistas del cumplimiento de las promesas.

Si en nuestra vida cristiana dominan el pesimismo, la queja o el temor, es que todavía no nos hemos abierto de verdad al Espíritu que se posó en Jesús al salir del Jordán, el Espíritu en el que se alegra hoy, en el que nos invita a alegrarnos con él, pues la verdadera alegría, la que procede de las buenas noticias, de la Buena Noticia por excelencia, es contagiosa por naturaleza.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus : “Para vivir bien el tiempo de la espera del Señor”

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus. (Traducción completa)

(ZENIT – 2 dic. 2018).- Durante el Adviento, no se trata de “mundanizar” o “paganizar” la expectativa de Cristo, sino de vivir con la esperanza de que la historia avance hacia un mundo nuevo y que “incluso los errores humanos” Se puede usar para “manifestar la misericordia” de Dios, explica el Papa Francisco.

Antes del Ángelus del domingo 2 de diciembre de 2018, en la plaza San Pedro, y en presencia de unas 20,000 personas, el Papa Francisco explicó el significado de este primer domingo de Adviento y cuatro semanas de preparación para la Navidad.

Nos invitó a dejar el “sopor” y la “pereza” de una vida que gira alrededor de nosotros mismos para abrir, en “oración” y “vigilancia”, a las necesidades de las personas, de nuestros hermanos y el deseo de un mundo nuevo”: ” Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, la injusticia y la guerra; es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados”.

El Papa sugirió este examen de conciencia: “Es un momento oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y para quién pasamos nuestras vidas”.

“El Adviento es el momento de acoger al Señor que viene a reunirse con nosotros, mirar hacia el futuro y prepararse para el regreso de Cristo”, agregó en un tweet publicado en su cuenta @Pontifex.

Después del Ángelus, con la AED, el Papa Francisco invitó a orar por la paz en la “querida Siria” , como parte de la campaña de Navidad de la AED: “50.000 velas por la paz en Siria”.

La paz fue precisamente la intención de oración del Papa a lo largo de noviembre, realizada por su Red Mundial de Oración (RMPP).

Aquí está nuestra traducción, rápida, de trabajo, de las palabras pronunciadas por el Papa en italiano.

AB

Palabras del Papa Francisco ante el Ángelus.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

Hoy comienza el Adviento, el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a levantar los ojos y abrir nuestros corazones para recibir a Jesús. Durante el Adviento, no solo vivimos la espera navideña; también estamos invitados a despertar la expectativa del glorioso regreso de Cristo, cuando él regrese al final de los tiempos, y nos prepare para el encuentro final con él a través de elecciones coherentes y valientes. Recordamos la Navidad, esperamos el glorioso regreso de Cristo y también nuestro encuentro personal: el día que el Señor nos llamará. Durante estas cuatro semanas, estamos llamados a dejar atrás una forma de vida resignada y rutinaria, alimentando esperanzas y sueños para un futuro nuevo. El evangelio de este domingo (cf Lc21, 25-28, 34-36) va precisamente en esta dirección y nos advierte que no nos dejemos oprimir por un modo de vida egocéntrico y ritmos convulsivos de los días. Las palabras de Jesús resuenan de una manera particularmente incisiva: “Estén atentos, para que su corazón no esté cargado de disipaciones, embriaguez y preocupaciones de la vida, y ese día, no caiga de improviso sobre vosotros[…] Velad y orad en todo momento”(vv 34.36).

Mantente despierto y reza: así es como se vive esta época desde hoy hasta la navidad. Estar despierto y orar. El sueño interno viene siempre de girar siempre sobre nosotros mismos, encerrado en la propia vida con los problemas, las alegrías y los dolores, y siempre girar entorno a nosotros mismos. Y eso cansa, aburre, se cierra a la esperanza. Esta es la raíz del letargo y la ociosidad de que habla el Evangelio. El Adviento nos invita a un compromiso de vigilancia, a mirar más allá de nosotros mismos, a expandir nuestras mentes y corazones para abrirnos a las necesidades de las personas, de nuestros hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Es el deseo de tantos pueblos martirizados por el hambre, la injusticia y la guerra; Es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados. Es un buen momento para abrir nuestros corazones para hacernos preguntas concretas sobre como y por quién empleamos nuestras vidas.

La segunda actitud para vivir bien el tiempo de la espera del Señor es el de la oración. “Levántate y alza la cabeza, porque tu liberación está cerca” (v. 28), advierte el Evangelio de Lucas. Se trata de levantarse y orar, de volver nuestros pensamientos y corazones a Jesús que viene. Nosotros, estamos esperando a Jesús, queremos esperarle en oración, lo cual está estrechamente relacionado con la vigilancia. Orar, esperar a Jesús, abrirnos a los demás, estar atentos, no encerrados en nosotros mismos. Pero si pensamos en la Navidad en un clima de consumo, para ver qué puedo comprar para hacer esto o aquello, de la fiesta mundana, Jesús pasará y no lo encontraremos. Estamos esperando a Jesús y queremos esperarle en oración, que está estrechamente relacionado con la vigilancia.

Pero ¿qué espera el horizonte de nuestra oración? En la Biblia es especialmente, las voces de los profetas. Quien nos diga. Hoy, es el de Jeremías, que habla a las personas endurecidas por el exilio y que corre el riesgo de perder su identidad. Incluso nosotros, los cristianos, que también somos pueblo de Dios, corremos el peligro de convertirnos en “mundanos” y perder nuestra identidad, e incluso “paganizar” el estilo cristiano. Para esto necesitamos la Palabra de Dios que, a través del profeta, nos anuncia: “He aquí, vendrán días en que cumpliré las promesas que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá […]. Haré crecer un germen justo para David, quien ejercerá juicio y justicia sobre la tierra “(33, 14-15) es Jesús que llega y nosotros esperamos. Que la Virgen María, que nos trae a Jesús, la mujer de la espera y la oración, nos ayude a fortalecer nuestra esperanza en las promesas de su Hijo Jesús, a hacernos experimentar solo a través de las pruebas de la historia, y se sirve de los errores humanos para manifestar que Dios permanece fiel y manifestar su misericordia.

 

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-para-vivir-bien-el-tiempo-de-la-espera-del-senor/