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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy jueves 13 de diciembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Mateo 11, 11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habrá de venir. El que tenga oídos que oiga».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Por qué pone Jesús al Bautista como el más grande entre los nacidos de mujer? ¿Será acaso que tenía poder, o bien que tenía riquezas, o que era exitoso? Nada de eso. De Juan sabemos que vestía con una rudimentaria piel de camello y se alimentaba de insectos y miel. ¡Difícilmente un hombre de peso en su sociedad!

Sin embargo, era en efecto más grande que cualquier otro. La razón no es otra que la misión para la que fue elegido. Muchos profetas hubo, y grandes portentos hicieron; mas sólo a Juan el Bautista estaba confiada la tarea de allanar el camino para el Señor.

Juan es grande porque gracias a él ha llegado el mensaje de conversión; es grande porque, debido a su predicación, muchos corazones se orientaron a Dios; es grande porque Cristo es infinitamente más grande, y a él le correspondió el honor de preparar su llegada, incluso de bautizarle.

Pero hay un motivo más por el que Juan es grande, y ése es el que debe también inundar nuestras vidas. Juan es grande, simplemente porque cumplió lo que Dios le pidió que hiciera: ser profeta del Altísimo. ¿Qué me pide Dios a mí? ¿De qué forma espera Él que yo sea su profeta, su mensajero, en mi realidad cotidiana? ¿Cómo estoy yo llevando a Dios a mi vida, a mi familia, a mis amigos, a mi trabajo? Si nos dedicamos tan sólo a cumplir la voluntad de Dios, y a hacerlo por amor, quizás Juan el Bautista no habrá sido el único grande al final de los tiempos.

Es algo sorprendente, habían estado con Juan, sabían que era un hombre bueno, más aún, el mayor de los nacidos de mujer, como Jesús lo define, pero él no era el que tenía que venir. También Juan esperaba a otro más grande que él. Juan tenía claro que no era el Mesías sino simplemente quien lo anunciaba. Juan era el hombre memorioso de la promesa y de su propia historia. Era famoso, tenía fama, todos venían a hacerse bautizar por él, lo escuchaban con respeto. La gente creía que era el Mesías, pero él era memorioso de su propia historia y no se dejó engañar por el incienso de la vanidad.
Juan manifiesta la conciencia del discípulo que sabe que no es ni será nunca el Mesías, sino sólo un invitado a señalar el paso del Señor por la vida de su gente.
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de enero de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72004/dar-razones-de-nuestra-fe.html#modal

EDD. jueves 13 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (41,13-20):

YO, el Señor, tu Dios,
te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob,
oruga de Israel,
yo mismo te auxilio
-oráculo del Señor-,
tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes
buscan agua, y no la encuentran;
su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas,
en medio de los valles, manantiales;
transformaré el desierto en marisma
y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos, y olivares;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces,
para que vean y sepan,
reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho,
que el Santo de Israel lo ha creado.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,1.9.10-11.12-13ab

R/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad.

V/. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

V/. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,11-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los Profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  : 
Rosa Ruiz, rmi

Queridos amigos:

Conozco a gente potente y poderosa, aparentemente. Conozco a gente pequeña, como un gusanillo, aparentemente. Cada vez me quedo más con estos últimos. Voy aprendiendo que la gente que cuida mucho su imagen y su apariencia, suelen tener abandonado su interior, sus raíces, su verdad. Y me confirma en preferir a los pequeños saber que nuestro Dios también los prefiere y se cuida de los gusanillos y las orugas de Israel… Porque es lo que somos: pequeños. Y así, paradójicamente, crecemos.

Juan bautista es buen ejemplo de ello: no ha nacido de mujer uno más grande, aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

¿Podrían decir esto de nosotros? No lo sé, pero al menos sé que me gustaría seguir esta senda. Ser pequeños y que la pequeñez no nos impida hacer grandes cosas, porque el mundo y nuestra Iglesia, necesita la grandeza de los pequeños. No tengo duda. Yo lo necesito y cada vez más prefiero a las oruguitas de Jacob que a los gigantes que nos amilanan con pura fachada. «El que tenga oídos, oiga».

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 12 de diciembre de 2018

Miércoles de la segunda semana de Adviento.

Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de América

Fiesta

Color: blanco

El 12 de diciembre de 1531 el indígena Juan Diego se presenta al obispo, Fray Juan de Zumárraga, dejando caer a sus pies frescas rosas de Castilla llevadas en su tilma, en la cual quedó estampada la imagen de la Virgen. Este fue el signo de veracidad, solicitado por el obispo ante el requerimiento de la Virgen de construir un templo en el lugar donde se le había aparecido a Juan Diego, el cerro Tepeyac (México). Pío X la proclamó como “Patrona de toda América Latina” y Juan XXIII “la Madre de las Américas”.

Antífona de entrada             Ap 12, 1

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre de misericordia, que has puesto a tu pueblo bajo la especial protección de la santísima Madre de tu Hijo, concede, a cuantos invocan a la Virgen de Guadalupe, procurar con fe diligente el progreso de los pueblos por el camino de la justicia y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

LITURGIA DE LA PALABRA
 

PRIMERA LECTURA

Miren, la virgen está embarazada.

Lectura del libro de Isaías   7, 10-14; 8, 10

El Señor habló a Ajaz en estos términos:

“Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”.

Pero Ajaz respondió:

“No lo pediré ni tentaré al Señor”.

Isaías dijo:

“Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa Dios está con nosotros”.

 

SALMO RESPONSORIAL  66, 2-3. 5. 7-8

R/¡Qué todos los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones.

Que todos los pueblos te den gracias. Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra.

La tierra ha dado su fruto: el Señor, nuestro Dios, nos bendice. Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra.

 

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Lc  1, 46b-47

Aleluya

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador”. Aleluya.

 

EVANGELIO

Feliz de ti por haber creído.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas  1, 39-48

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tu eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces:

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-12-12

 

REFLEXIÓN  :

 

• Lucas acentúa la prontitud de María en servir, en ser sierva. El ángel habla del embarazo de Isabel e, inmediatamente María se dirige de prisa a su casa para ayudarla. De Nazaret hasta la casa de Isabel hay una distancia de más de 100 Km., cuatro días de viaje, ¡como mínimo! No había ni bus, ni tren. María empieza a servir y a cumplir su misión a favor del pueblo de Dios.
• Isabel representa el Antiguo Testamento que estaba terminando. María representa el Nuevo que está empezando. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en ello el don gratuito de Dios que viene a realizar y a completar la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu. La criatura salta de alegría en el seno de Isabel. Esta es la lectura de fe que Isabel hace de las cosas de la vida.
• La Buena Nueva de Dios revela su presencia en las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres se visitan para ayudarse mutuamente. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: en esto Lucas quiere que las comunidades y todos nosotros percibamos y descubramos la presencia de Dios.
• Isabel dice a María: “¡Bendita eres tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!” Hasta hoy, estas palabras forman parte del salmo más conocido y más rezado en el mundo entero, que es el Dios te salve María.
• «¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”. Es el elogio de Isabel a María y lo que recuerda Lucas a las comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues la Palabra de Dios tiene la fuerza para realizar todo aquello que nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de la virgen, en el seno de la gente pobre que la acoge con fe.
• María e Isabel se conocían ya. Y sin embargo, en este encuentro, descubren, la una en la otra, un misterio que aún no conocían y que las llenó de mucha alegría. Hoy también encontramos a personas que nos sorprenden con la sabiduría que poseen y con el testimonio de fe que nos dan. ¿Te ha sucedido algo parecido? ¿Has encontrado a personas que te han sorprendido? ¿Qué me impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?
• La actitud de María ante la Palabra expresa el ideal que Lucas quiere comunicar a las Comunidades: no encerrarse en ellas mismas, sino salir de casa, estar atentas a las necesidades concretas de las personas, y tratar de ayudar a los demás en la medida de las necesidades.

 

Fuente  :  https://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-lucas-1-39-45

Ángelus: Es necesario tomar un camino de conversión en actitud vigilante y de oración

Palabras del Papa antes del Ángelus (Traducción completa)

(ZENIT – 9 dic. 2018).-  Antes del Ángelus de este segundo domingo de Adviento desde la ventana del despacho que da a la plaza San Pedro y ante la presencia de unas 45.000 personas, el Papa Francisco ha invitado a vivir este tiempo de espera del Señor con actitud de vigilancia y de oración. También nos ha invitado a que pensemos cada uno de nosotros como puedo cambiar algo de mi actitud para preparar el camino hacia el Señor.

Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El domingo pasado, la liturgia nos invitó a vivir el tiempo de Adviento y la espera del Señor con la actitud de vigilancia, y es esta la oración, vigilad y orad. Hoy, el segundo domingo de Adviento, se nos muestra cómo dar sustancia a esta espera: emprendiendo un camino de conversión.

¿Cómo hacer concreta esta espera?, como guía para este viaje, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, quien “viajó por toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3, 3). Para describir la misión del Bautista, el evangelista Lucas recoge la antigua profecía de Isaías: “Voz del que clama en el desierto: ¡Preparad el camino del Señor, endereza sus caminos! Cada barranco será rellenado, cada montaña y cada colina serán bajadas “(versículos 4-5).

Para preparar el camino para el Señor que viene, es necesario tener en cuenta las exigencias de conversión a las que el Bautista nos invita. En primer lugar, estamos llamados a rellenar las depresiones producidas por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna que asume la responsabilidad de las necesidades de nuestro prójimo, osea hay que ir aplanando y todo lo que consiste la frialdad.

No se puede tener una relación de caridad, de fraternidad con el prójimo si hay huecos, espacios, como tampoco se puede ir sobre una carretera con tantos baches, hay que aplanar calles, hay que cambiar una actitud. Y todo esto con un cuidado especial para los más necesitados. Entonces debemos reducir tanta dureza causada por el orgullo y la soberbia, cuanta gente sin darse cuenta tal vez, es soberbia, áspera, no tiene esa relación de cordialidad, hay que superar esto con gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, pidiendo el perdón de nuestras faltas, no es fácil reconciliarse, siempre se piensa quien va a dar el primer paso. El Señor nos ayuda si tenemos buena voluntad. De hecho, la conversión está completa si lleva a reconocer con humildad nuestros errores, nuestras infidelidades y nuestros incumplimientos.

El creyente es el que, al estar cerca de su hermano, como Juan el Bautista abre caminos en el desierto, es decir, indica perspectivas de esperanza incluso en esos contextos existenciales difíciles, marcados por el fracaso y la derrota. No podemos ceder ante situaciones negativas de cierre y rechazo; No debemos permitirnos ser sometidos a la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo, es Él. El Bautista invitó a la gente de su tiempo a la conversión con fuerza, vigor y severidad. Sin embargo, sabía cómo escuchar, sabía cómo hacer gestos de ternura y perdón hacia la multitud de hombres y mujeres que acudían a él para confesar sus pecados y ser bautizados con el bautismo de penitencia.

Su testimonio de vida, nos ayuda a ir adelante en nuestro testimonio de vida, la pureza de su proclamación, su coraje para proclamar la verdad lograron despertar las expectativas y esperanzas del Mesías que había estado inactivo durante mucho tiempo. Incluso hoy, los discípulos de Jesús están llamados a ser sus testigos humildes pero valientes para reavivar la esperanza, para hacer entender que, a pesar de todo, el Reino de Dios continúa siendo construido día a día con el poder del Espíritu Santo. Pensemos cada uno de nosotros como puedo yo cambiar algo de mi actitud para preparar el camino hacia el Señor

Que la Virgen María nos ayude a preparar el camino del Señor día tras día, comenzando con nosotros mismos; y a sembrar nuestro alrededor, con tenaz paciencia, semillas de paz, justicia y fraternidad.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-es-necesario-tomar-un-camino-de-conversion-en-actitud-vigilante-y-de-oracion/

Comentario al evangelio de hoy martes 11 de diciembre de 2018.

Del santo Evangelio según san Mateo 18,12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Qué bello es cuando tenemos la experiencia de escuchar a una persona, que apreciamos, hablar de lo que ama y es fundamento para su vida. Esto lo experimentamos con este Evangelio. En el pasaje de hoy contemplamos cómo Jesús nos habla y trasmite, desde lo más íntimo de su corazón, una característica de su Padre y de nuestro Padre. Para ello usa una imagen: el pastor y la oveja descarriada.

¿Qué verdad desea revelarnos el Señor a nuestro corazón? El amor personal y vivo de su Padre a sus hijos. Amor que es fundamento, sentido y plenitud para nuestra vida. Amor que no pude ser olvidado porque cada día somos llamados a experimentarlo. Amor que nunca dejamos de recibir y conocer.

Este amor del Padre se ha hecho carne. El Hijo de Dios ha venido a este mundo como Pastor que va en busca de la oveja y que guía a su rebaño. El Hijo de Dios se ha hecho hombre para hablar a sus hermanos, los hombres, y revelarnos la verdad y el fundamento de nuestra vida: el amor del Padre.

«¿Este amor del Padre está presente en mi corazón? ¿Soy consciente y capaz de descubrirlo en el hoy de mi vida? ¿Mi respuesta es mi amor lleno de gratitud y confianza?

Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacía el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados han sido perdonados. De siervo malo te has convertido en buen hijo… Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su hijo y di: Padre nuestro… Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo.»(San Ambrosio, sacr.5,19. Catecismo de la Iglesia Católica, N. 2783; cuarta parte: la oración cristiana)

Los criterios del protocolo final son los criterios de la cercanía, los criterios de esta cercanía total para tocar, compartir la situación del Pueblo de Dios. Y no olvidemos esto: el buen pastor está siempre cerca de la gente, siempre, como Dios nuestro Padre se acercó a nosotros, en Jesucristo hecho carne.
(Homilía de S.S. Francisco, 30 de octubre de 2017, en santa Marta)

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71975/amor-que-es-fundamento-sentido-y-plenitud.html#modal

EDD. martes 11 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (40,1-11):

«CONSOLAD, consolad a mi pueblo
—dice vuestro Dios—;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle,
que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados».
Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y verán todos juntos
—ha hablado la boca del Señor—».
Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba
y su belleza como flor campestre:
se agosta la hierba, se marchita la flor,
cuando el aliento del Señor
sopla sobre ellos;
sí, la hierba es el pueblo;
se agosta la hierba, se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios
permanece por siempre».
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder
y con su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
reúne con su brazo los corderos
y los lleva sobre el pecho;
cuida él mismo a las ovejas que crían».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,1-2.3.10ac.11-12.13-14

R/. Aquí está nuestro Dios, que llega con poder.

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.

V/. Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

V/. Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

V/. Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,12-14):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  
Rosa Ruiz, rmi

Queridos amigos:

El consuelo es un bien preciado que quizá hemos desvirtuado. Hay consuelos que vienen como un susurro, como una caricia y otros consuelos nos gritan, nos zarandean, nos quieren espabilar, como nos dice Isaías.

Se puede llegar a un grado de acomodo y falso bienestar, que ni siquiera sabemos decirnos de dónde nos viene la tristeza o la falta de motivación. Es entonces cuando un grito a tiempo, aunque molesto, es la mejor caricia y el mejor de los consuelos. Nos saca de nuestra “zona de confort”, nos obliga a mover ficha.

Eso sí, para que un grito nos consuele tiene que venir de alguien que nos conozca y nos quiera. Como Dios: ¡abrid caminos, moveos, haced algo!, ¡vuestros desconsuelos vienen de vuestra propia indiferencia y seguridad!, ¿no lo veis?

Dicho de otra forma: ¿no nos haría mucho bien dejar de sentirnos parte de las 99 ovejas seguras y reconocer la necesidad que todos tenemos de que nos busquen, nos encuentre, nos cuiden?, ¿acaso no tenemos todos alguna dimensión de nuestra vida algo perdida, alejada, necesitada de un buen pastor?

Y por si fuera poco, este Buen Pastor nuestro, trae con Él mismo su salario. Su recompensa le precede. Antes que llegue a tomarnos en brazos ya habremos notado todo el bien que nos reporta. Solo hay que dejar que venga a por nosotros. El en persona nos cuida.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Audiencia general, 5 de diciembre de 2018 – Catequesis del Papa

Nuevo ciclo sobre el ‘Padre Nuestro’

(ZENIT – 5 dic. 2018).- “¡Aunque hayamos rezado durante tantos años, siempre debemos aprender!” La oración del hombre –ha explicado el Papa–, este anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás “uno de los misterios más densos del universo”.

Francisco ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis en la audiencia general, este 5 de diciembre de 2108, dedicado al ‘Padre nuestro’ comenzando por el tema “Enséñanos a rezar” (Pasaje bíblico: Evangelio según san Lucas 11,1).

Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo. Y, sin embargo, en su manera de rezar, también había un misterio encerrado, algo que seguramente no había escapado a los ojos de sus discípulos si encontramos en los evangelios esa simple e inmediata súplica: “Señor, enséñanos a rezar”.

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:30 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

Como cada semana en la audiencia, tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos un ciclo de catequesis sobre el “Padre Nuestro”.

Los evangelios nos presentan retratos muy vívidos de Jesús como hombre de oración. Jesús rezaba. A pesar de la urgencia de su misión y el apremio de tantas personas que lo reclaman, Jesús siente la necesidad de apartarse en soledad y rezar. El Evangelio de Marcos nos cuenta este detalle desde la primera página del ministerio público de Jesús (cf. 1: 35). El día inaugural de Jesús en Cafarnaúm  terminó triunfalmente. Cuando baja el sol, una multitud de enfermos llega a la puerta donde mora
Jesús: el Mesías predica y sana. Se cumplen las antiguas profecías y las expectativas de tantas personas que sufren: Jesús es el Dios cercano, el Dios que libera. Pero esa multitud es todavía pequeña en comparación con muchas otras multitudes que se reunirán alrededor del profeta de Nazaret; a veces se trata de reuniones oceánicas, y Jesús está en el centro de todo, el esperado por el pueblo, el resultado de la esperanza de Israel.

Y, sin embargo, Él se desvincula; no termina siendo rehén de las expectativas de quienes lo han elegido como líder. Hay un peligro para los líderes: apegarse demasiado a la gente, no mantener las distancias. Jesús se da cuenta y no termina siendo rehén de la gente. Desde la primera noche de Cafarnaúm, demuestra ser un Mesías original. En la última parte de la noche, cuando se anuncia el amanecer, los discípulos todavía lo buscan, pero no consiguen encontrarlo. ¿Dónde está? Hasta que, por fin, Pedro lo encuentra en un lugar aislado, completamente absorto en la oración y le dice: “¡Todos te están buscando!” (Mc 1, 37). La exclamación parece ser la cláusula que sella el éxito de un plebiscito, la prueba del buen resultado de una misión.

Pero Jesús dice a los suyos que debe ir a otro lugar; que no son las personas las que lo buscan, sino que en primer lugar es Él el que busca los demás. Por lo tanto, no debe echar raíces, sino seguir siendo un peregrino por  los caminos de Galilea (versículos 38-39). Y también peregrino hacia el Padre, es decir: rezando. En camino de oración. Jesús reza.

Y todo sucede en una noche de oración.

En alguna página de las Escrituras parece ser la oración de Jesús, su intimidad con el Padre, la que gobierna todo. Lo será especialmente, por ejemplo, en la noche de Getsemaní. El último trecho del camino de Jesús (en absoluto, el más difícil de los que había recorrido hasta entonces) parece encontrar su significado en la escucha continua de Jesús hacia su Padre. Una oración ciertamente no fácil, de hecho, una verdadera “agonía”, en el sentido del agonismo de los atletas, y sin embargo, una oración capaz de sostener el camino de la cruz.

Aquí está el punto esencial: Allí Jesús rezaba.

Jesús rezaba intensamente en los actos públicos, compartiendo la liturgia de su pueblo, pero también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, lugares que permitieran descender al secreto de su alma: es el profeta que conoce las piedras del desierto y sube a lo alto de los montes. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar en la cruz, son palabras de los salmos, es decir de la oración, de la oración de los judíos: rezaba con las oraciones que su madre le había enseñado.

Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo. Y, sin embargo, en su manera de rezar, también había un misterio encerrado, algo que seguramente no había escapado a los ojos de sus discípulos  si encontramos en los evangelios esa simple e inmediata súplica: “Señor, enséñanos a rezar” (Lc. 11,1). Ellos veían que Jesús rezaba y tenían ganas de aprender a rezar: “Señor, enséñanos a rezar”. Y Jesús no se niega, no está celoso de su intimidad con el Padre, sino que ha venido precisamente para introducirnos en esta relación con el Padre Y así se convierte en maestro de oración para sus discípulos, como ciertamente quiere serlo para todos nosotros. Nosotros también deberíamos decir: “Señor enséñame a rezar. Enséñame”.

¡Aunque hayamos rezado durante tantos años, siempre debemos aprender! La oración del hombre, este anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás uno de los misterios más densos del universo. Y ni siquiera sabemos si las oraciones que dirigimos a Dios sean en realidad aquellas que Él quiere escuchar. La Biblia también nos da testimonio de oraciones inoportunas, que al final son rechazadas por Dios: basta con recordar la parábola del fariseo y el publicano. Solo este último, el publicano,  regresa a casa del templo justificado, porque el fariseo era orgulloso y le gustaba que la gente le viera rezar y fingía rezar: su corazón estaba helado. Y dice Jesús: éste no está justificado “porque el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado” (Lc 18, 14).El primer paso para rezar es ser humildes, ir donde el Padre y decir: “Mírame, soy pecador, soy débil, soy malo”, cada uno sabe lo que tiene que decir. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. La oración humilde es escuchada por el Señor.

Por eso, al comenzar este ciclo de catequesis sobre la oración de Jesús, lo más hermoso y justo que todos tenemos que hacer es repetir la invocación de los discípulos: “¡Maestro, enséñanos a rezar!”. Será hermoso, en este tiempo de Adviento, repetirlo: “Señor, enséñame a rezar”. Todos podemos ir algo más allá y rezar mejor; pero pedírselo al Señor. “Señor, enséñame a rezar”. Hagámoslo en este tiempo de Adviento y él ciertamente no dejará que nuestra invocación caiga en el vacío.

© Librería Editorial Vaticano

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-5-de-diciembre-de-2018-catequesis-del-papa/

EDD. lunes 10 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (35,1-10):

EL desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrará la estepa y florecerá,
germinará y florecerá como flor de narciso,
festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
afianzad las rodillas vacilantes;
decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará.»
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo,
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque,
el suelo sediento en manantial.
En el lugar donde se echan los chacales
habrá hierbas, cañas y juncos.
Habrá un camino recto.
Lo llamarán «Vía sacra».
Los impuros no pasarán por él.
Él mismo abre el camino
para que no se extravíen los inexpertos.
No hay por allí leones,
ni se acercarán las bestias feroces.
Los liberados caminan por ella
y por ella retornan los rescatados del Señor.
Llegarán a Sión con cantos de júbilo:
alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14

R/. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará.

V/. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

V/. La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

V/. El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
Y sus pasos señalarán el camino. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,17-26):

UN día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:
«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:
«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Rosa Ruiz, rmi

Queridos amigos:

La primera lectura de Isaías es un canto a la esperanza. La esperanza de verdad, la honda, la que duele, la que no ve apenas nada y solo intuye… y cree y hasta ama. No es magia. Es gracia. Cuando alguien es capaz de ver y desear y anunciar que la estepa florecerá o que el desierto estará alegre, es que guarda un tesoro muy grande dentro. Es que espera mucho.

Es una esperanza que nunca se queda sola en casa. Siempre tiene vocación de caminante, de pregonera, de hacedora con otros: ¡Sed fuertes, no temáis, está viniendo!

A nosotros nos toca ver las señales de esa esperanza que YA nos rodea y nos habita. Si no ha comenzado YA, es que no es esperanza o al menos, no es esperanza cristiana. Son buenos deseos, nostalgia, ensoñaciones…

Podríamos leer esta lectura cada día hasta que notáramos que realmente nos ha germinado dentro del corazón y las entrañas. Sería una fuerza interior arrebatadora. ¿Será algo así ese poder que percibían en Jesús?

Ese poder que desde dentro cura las parálisis de los demás, como en el evangelio de hoy. Unas veces no caminamos porque nos fallan las piernas, los recursos, las ganas. Otras veces más bien pareciera que la parálisis viene de caminos que se cierran, senderos anegados, rutas imposibles… Pero nuestro Dios viene en persona, cura parálisis y abre caminos. Más aún: podrás caminar por ti mismo, con tu camilla incluso, porque con Dios habrá caminos rectos. Y eso que ahora se te parece como camino imposible, lo llamarán “Vía sagrada”.

Él ha dicho que lo hará y queremos creerle.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

 

“¡Dios existe!”: Primera predicación de Adviento 2018

Padre Raniero Cantalamessa

(ZENIT – 7 dic. 2018).- El padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció su primera predicación de Adviento en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, ante la presencia del Santo Padre y los demás miembros de la Casa Pontificia.

El tema de sus reflexiones en preparación a la Navidad fue el versículo del Salmo que reza: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”.

A continuación, ofrecemos el texto completo de la meditación del Padre Cantalamessa.

***

Introducción

En la Iglesia estamos tan presionados por tareas, problemas que afrontar, retos a los que responder, que corremos el riesgo de perder de vista, o dejar como en el trasfondo, el «porro unum necessarium» del Evangelio, es decir, nuestra relación personal con Dios. Además de todo, sabemos por experiencia que una relación personal auténtica con Dios es la primera condición para abordar todas las situaciones y problemas que se presentan, sin perder la paz y la paciencia.

He pensado, pues, venerables Padres, hermanos y hermanas, dejar de lado, en estas predicaciones de Adviento, cualquier referencia a problemas de actualidad. Trataremos de hacer lo santa Ángela de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales: «Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios»[1]. Hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo.

El tema de estas predicaciones de Adviento (y, si Dios lo quiere, también de la Cuaresma) será el versículo del Salmo: «Mi alma tiene sed del Dios vivo» (Sal 42,2). Los hombres de nuestro tiempo se apasionan buscando señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas. Es una búsqueda legítima y comprensible aunque muy incierta. Pocos, sin embargo, buscan y estudian señales del Ser vivo que ha creado el universo, que entró en él, en su historia, y vive en él. «En Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28) y no nos damos cuenta. Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar seres vivientes hipotéticos que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, ciertamente no salvarnos de la muerte.

Cuántas veces nos vemos obligados a decir a Dios, con san Agustín: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo»[2]. Al contrario que nosotros, en efecto, el Dios viviente nos busca, no hace otra cosa desde la creación del mundo. Sigue diciendo: «Adán, ¿dónde estás?» (Gén 3,9). Nosotros nos proponemos captar señales de este Dios viviente, responder a su llamamiento, «llamar a su puerta», para entrar en un contacto nuevo, vivo, con él.

Nos apoyamos en la palabra de Jesús: «Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7). Cuando se leen estas palabras, se piensa inmediatamente que Jesús promete darnos todas las cosas que le pedimos y nos quedamos perplejos porque vemos que esto rara vez se realiza. Sin embargo, Él trataba de decir, sobre todo, una cosa: «Buscadme y me hallaréis, llamad y os abriré». Promete darse a sí mismo, más allá de las cosas pequeñas que le pedimos, y esta promesa se mantiene siempre infaliblemente. Quien lo busca, lo encuentra; a quien llama, Él abre y una vez que lo ha encontrado, todo lo demás pasa a un segundo plano.

El alma que tiene sed del Dios viviente lo encontrará infaliblemente y con él y en él encontrará todo, como nos recuerdan las palabras de santa Teresa de Jesús: «Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta». Con estos sentimientos comenzamos nuestro camino de búsqueda del rostro de Dios vivo.

¡Volver a las cosas! 

La Biblia está salpicada de textos que hablan de Dios como del «vivo». «Él es el Dios vivo», dice Jeremías (Jer 10,10); «Yo soy el viviente», dice Dios mismo en Ezequiel (Ez 33,11). En uno de los salmos más bellos del salterio, escrito durante el exilio, el orante exclama: «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,2). Y también: «Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo» (Sal 84, 3). Pedro, en Cesarea de Filipo, proclama a Jesús «Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16).

Se trata evidentemente de una metáfora sacada de la experiencia humana. Israel se ha resignado a usarla para distinguir a su Dios de los ídolos de las gentes que son divinidades «muertas». En contraste con ellos, el Dios de la Biblia es «un Dios que respira» y su respiración o soplo (ruah) es el Espíritu Santo.

Tras el largo predominio del idealismo y el triunfo de la «idea», en tiempos más cercanos a nosotros, también el pensamiento secular ha advertido la necesidad de un regreso a la «realidad» y lo ha expresado en el grito programático: «¡Volver a las cosas!»[3]. Es decir: no detenerse en las formulaciones dadas de la realidad, en las teorías construidas sobre ella, a lo que comúnmente se piensa en torno a ella, sino apuntar directamente a la realidad misma que está a la base de todo; quitar las diferentes capas de tierra arrastrada y descubrir la roca subyacente.

Debemos aplicar este programa también al ámbito de la fe. Sobre la fe, en efecto, santo Tomás de Aquino escribió que «no termina en los enunciados, sino en las cosas»[4]. Cuando se trata de la «cosa» suprema en el ámbito de la fe, es decir de Dios, «volver a las cosas» significa volver al Dios vivo; romper, por así decirlo, el terrible muro de la idea que nos hemos hecho de él y correr, como con los brazos abiertos, al encuentro de Dios en persona. Descubrir que Dios no es una abstracción, sino una realidad; que entre nuestras ideas de Dios y el Dios vivo existe la misma diferencia que entre un cielo pintado sobre una hoja de papel y el cielo verdadero.

El programa: «¡Volver a las cosas!» tuvo una aplicación justamente famosa: la que llevó al descubrimiento de que las cosas… existen. Vale la pena releer la famosa página de Sartre:

«Hace un rato estaba yo en el jardín público. La raíz del castaño se hundía en la tierra, justo debajo de mi banco. Yo ya no recordaba que era una raíz. Las palabras se habían desvanecido, y con ellas la significación de las cosas, sus modos de empleo, las débiles marcas que los hombres han trazado en su superficie. Estaba sentado, un poco encorvado, baja la cabeza, solo frente a aquella masa negra y nudosa, enteramente bruta y que me daba miedo. Y entonces tuve esa iluminación. Me cortó el aliento. Jamás había presentido, antes de estos últimos días, lo que quería decir “existir”. Era como los demás, como los que se pasean a la orilla del mar con sus trajes de primavera. Decía como ellos: “el mar es verde”, “aquel punto blanco, allá arriba, es una gaviota”, pero no sentía que aquello existía, que la gaviota era una “gaviota-existente”; de ordinario la existencia se oculta. Está ahí, alrededor de nosotros, en nosotros, ella es nosotros, no es posible decir dos palabras sin hablar de ella y, finalmente, queda intocada…. Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improviso»[5].

El filósofo que hizo este «descubrimiento» se declaraba ateo y por eso no fue más allá de la constatación de que yo existo, que el mundo existe, que las cosas existen. Pero nosotros no podemos partir de esta experiencia y convertirla en el trampolín de lanzamiento para el descubrimiento de otro Existente, la chispa que hace posible otra iluminación. Lo que fue posible con la raíz del castaño, ¿por qué no debería ser posible con Dios? ¿Acaso Dios, para la mente del hombre, es menos real de cuanto lo es la raíz de castaño para su ojo? Los padres no dudaban en poner al servicio de la fe las intuiciones de verdad presentes en los filósofos paganos, incluso de aquellos cuya autoridad venía gustosamente adoptada contra los cristianos. Nosotros debemos imitarlos y hacer lo mismo en nuestro tiempo.

¿Qué podemos, pues, considerar de la «iluminación» de aquel filósofo? Ninguna aplicación directa, o de contenido, sino solo una indirecta y de método. Leído ese relato con una cierta disposición de ánimo favorecida por la gracia, parece hecho a propósito para sacudirnos de la costumbre, para suscitar en nosotros primero la sospecha, luego la certeza de que existe un conocimiento de Dios que todavía nos es desconocido. Que, quizás, antes de ahora, ni siquiera nosotros hemos intuido nunca lo que quiere decir que «Dios existe», que él es un Dios-existente, o, como dice la Biblia, un Dios vivo. Que tenemos, pues, una tarea ante nosotros, un descubrimiento que realizar: descubrir que Dios «existe», hasta el punto de que tener, también nosotros, por un instante, ¡la respiración cortada! Sería la aventura de la vida.

Nos ayuda a comprender de qué se trata la experiencia de algunos convertidos, a los cuales la existencia de Dios se les revela repentinamente, en un cierto momento de la vida, después de haberla ignorado o negado tenazmente.

Uno de ellos fue el periodista francés Andrè Frossard, muerto el 2 de febrero de 1995. Así describe su vida antes de la conversión:

«Dios no existía. Su imagen, en fin, las imágenes que evocan su existencia o aquellas de lo que podría llamarse su descendencia histórica, los santos, los profetas, los héroes de la Biblia, no figuraban en parte alguna de nuestra casa. (…) Éramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita Roja».

En una jornada de verano, cansado de esperar al amigo con el que se había citado, el joven Frossard entra en la iglesia cercanaobserva su arquitectura y mira a las personas que rezan en ella. Y he aquí cómo narra lo que sucedió:

«Antes que nada, se me sugieren estas palabras: vida espiritual. No se me dicen, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún. La última sílaba de este preludio murmurado alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente, que comienza una avalancha al revés.[…] ¿Cómo describirlo con estas palabras huidizas, […] un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos. Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquel mismo a quien yo habría negado un momento antes.[…] Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado».

Al salir de la iglesia, su amigo, viendo que algo había sucedido, le pregunta: «¿Que te pasa?» — Responde: «Soy católico», y, como si temiera no haber sido suficientemente explícito, añadió: «apostólico y romano».

La expresión que expresa mejor este acontecimiento es: darse cuenta de Dios. «Darse cuenta» indica un repentino abrirse de los ojos, un sobresalto de la conciencia, por el que empezamos a ver algo que estaba allí también antes, pero que no veíamos.

Probemos a releer, sobre la ola de la «iluminación» descrita por Sartre, el episodio de la zarza ardiente. Nos servirá, entre otras cosas, para constatar cómo también el pensamiento moderno «existencial» nos puede ayudar a descubrir, en la Biblia, algo nuevo, que el pensamiento antiguo, todo el orientado en sentido ontológico, aun con toda su riqueza, no era capaz de captar.

La página de la Biblia que narra la zarza ardiente (Éx 3,1ss.) es ella misma una zarza ardiente. Arde, pero no se consume. A distancia de milenios no ha perdido nada de su poder de transmitir el sentido de lo divino. Muestra, mejor que cualquier discurso, qué sucede cuando se encuentra realmente al Dios vivo. «Moisés pensó: “Quiero acercarme…”». Todavía piensa y quiere. Es dueño de sí; él es quien conduce (o cree conducir) el juego. Pero he aquí que lo divino irrumpe con su ser e impone su ley. «¡Moisés, Moisés! No te acerques. Yo soy el Dios de tu padre». Todo cambió de repente. Moisés se hace dócil de golpe, sumiso. «¡Heme aquí!», responde y se cubre el rostro, como los serafines se cubrían los ojos con las alas (cf. Is 6, 2). Lo numinoso está en el aire. Moisés entra en el misterio.

En esta atmósfera Dios revela su nombre: «Yo soy el que soy». Trasplantada en el terreno cultural helénico, ya con los Setenta, esta palabra fue interpretada como una definición de lo que Dios es, el Ser absoluto, como una afirmación de su esencia más profunda. Pero semejante interpretación, dicen hoy los exégetas, es «completamente ajena al modo de pensar del Antiguo Testamento». La frase significa: «Yo soy aquel que estoy; o, más simplemente todavía: «¡Yo estoy (o yo estaré) para vosotros!»[6]. Se trata de una afirmación concreta, no abstracta; se refiere más a la existencia de Dios que a su esencia, más a su «estar», que no a lo «que es». No estamos lejos del «Yo vivo», «Yo soy el viviente», que Dios pronuncia en otras partes de la Biblia.

Aquel día, pues, Moisés descubrió algo muy simple, pero capaz de poner en marcha y apoyar todo el proceso de liberación que seguirá. Descubrió que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob existe, está, es una realidad presente y operante en la historia, uno con el que se puede contar. Esto era, por lo demás, lo que Moisés tenía necesidad de saber en ese momento, no una abstracta definición de Dios.

Hay algo que une la experiencia del filósofo ante la raíz del castaño y la de Moisés ante la zarza ardiente. Ambos descubren el misterio del ser: el primero, el ser de las cosas, el segundo, el Ser de Dios. Pero mientras que descubrir que Dios existe es fuente de valor y de alegría, descubrir solo que las cosas existen no produce, según dice ese mismo filósofo, más que «náusea».

Dios, sentimiento de una presencia

«Qué significa y cómo se define el Dios vivo? Por un momento he acariciado el propósito de responder a esta pregunta, trazando un perfil del Dios vivo, a partir de la Biblia, pero luego he visto que sería una gran tontería. Querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir el Dios vivo a idea del Dios vivo.

Lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar «los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie», romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las «vasijas de alabastro» en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y «llene la casa». En esto nos es maestro san Agustín. El santo nos ha dejado una especie de método para elevarnos con el corazón y la mente al Dios vivo y verdadero. Consiste en repetirnos a nosotros mismos, después de cada reflexión sobre Dios: «¡Pero Dios no es esto, pero Dios no es esto!» Piensa en la tierra, piensa en el cielo, piensa en los ángeles o en cualquier cosa o persona; piensa, finalmente, en lo que tú mismo piensas de Dios, y repite cada vez: «¡Sí, pero Dios no es esto, Dios no es esto!» «Busca por encima de nosotros», responden, una a una, todas las criaturas preguntadas[7]. ¡Debemos creer en un Dios que está más allá del Dios en el que creemos!

El Dios vivo, en cuanto vivo, se puede intuir vagamente, tener de él una especie de sensación o pre-sentimiento. Se puede suscitar su deseo, la nostalgia. Más no. No se puede encerrar la vida en una idea. Por esto se puede tener de él más fácilmente el sentimiento, o la sensación, que la idea, porque la idea circunscribe la persona, mientras que el sentimiento revela su presencia, dejándola en su totalidad e indeterminación. San Gregorio de Nisa habla de la más alta forma de conocimiento de Dios como un «sentimiento de presencia»[8].

Lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra, que no puede ser definida, sino solo aludida; se puede hablar de ella solo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios —sobre todo de lo que Dios es para nosotros— como este de Dios-roca. Tratemos también nosotros de libar, como dice la Escritura, «miel de la roca» (cf. Dt 32,13).

Más que un simple título, roca aparece, en la Biblia, como una especie de nombre personal de Dios, hasta el punto de que es escrito, a veces, con letra mayúscula. «Él es la Roca, perfecta es su obra» (Dt 32,4); «El Señor es una roca eterna» (Is 26, 4). Pero para que esta imagen no nos infunda miedo y sujeción por la dureza y la impenetrabilidad que evoca, la Biblia agrega enseguida otra verdad: él es «nuestra» Roca, «mi» roca. Es decir, una roca para nosotros, no contra nosotros. «El Señor es mi roca» (Sal 18,3), la «roca de mi defensa» (Sal 31, 4), la «roca de nuestra salvación» (Sal 95,1).

Los primeros traductores de la Biblia, los Setenta, se asustaron ante una imagen tan material de Dios que parecía abajarlo y sustituyeron sistemáticamente el concreto «roca» con abstractos, como «fuerza», «refugio», «salvación». Pero, con razón, todas las traducciones modernas han restituido a Dios el título original de roca.

Roca no es un título abstracto; no dice sólo lo que Dios es, sino también qué debemos ser nosotros. La roca está hecha para ser escalada, buscar refugio en ella, no sólo para ser contemplada desde lejos. La roca atrae, apasiona. Si Dios es roca, el hombre debe convertirse en un «escalador». Jesús decía: «Aprended del dueño de casa»; «Mirad a los pescadores»; Santiago continúa diciendo: «Mirad a los agricultores». Nosotros podemos añadir: «¡Mirad a los escaladores!». Si cae la noche o viene una tormenta, no cometen la imprudencia de intentar bajar, sino que se agarrán aún más a la roca y esperan a que pase la tormenta.

La insistencia de la Biblia sobre el Dios-roca tiene como objetivo infundir confianza en la criatura, arrojando los miedos de su corazón. «No temamos si tiembla la tierra, si se derrumban los montes en el fondo del mar», dice un salmo; y el motivo que se aduce es: «Nuestra roca es el Dios de Jacob» (Sal 46, 3.8).

¡Dios existe y eso basta!

El primer biógrafo de san Francisco de Asís, Tomás de Celano, describe un momento de oscuridad, y casi de desánimo, que el santo vivió hacia el final de su vida, a causa de las desviaciones que veía, en torno a sí, del primitivo estilo de vida de sus hermanos.

Estando turbado —escribe— por los malos ejemplos, y habiendo recurrido un día, tan amargado, a la oración, se sintió amonestado de este modo por el Señor: ¿Por qué tú, insignificante, te turbas? ¿Acaso te he establecido pastor de mi Orden de manera que olvidaras que yo sigo siendo el patrón principal? […] No te turbes, pues, sino espera tu salvación, porque si la Orden se redujera incluso a sólo tres frailes, permanecerá mi ayuda siempre estable»[9].

El estudioso franciscano francés P. Eloi Leclerc, el que mejor de todos ha expuesto esta fase atormentada de la vida de Francisco, dice que el santo fue tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: «Dieu est, et cela suffit». ¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!»[10].

Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán.

 

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco

 

[1] Santa Ángela de Foligno.

[2] San Agustín.

[3] «Zu den Sachen selbst»: es el programa de la Escuela fenomenológica de Husserl.

[4] Santo Tomás de Aquino, S.Th. II-IIae, q.1,a.2, 2.

[5] J.-P. Sartre, La nausea(Mondadori, Milán 1984) 193s [trad. esp. La náusea(Alianza, Madrid 2016).

[6] Cf.G. von Rad, Theologie des alten Testaments, I (Múnich 1966) 194 [tras. Esp. Teología del Antiguo Testamento(Sígueme, Salamanca 92002).

[7] San Agustín, Comentario al Salmo 85, 12: CCL 39, 1136); cf. también Confesiones, X, 6, 9.

[8] San Gregorio de Nisa, Cant. XI,5,2: PG 44,1001.

[9] Celano, Vida Segunda CXVII, 158: Fuentes Franciscanas, n. 742.

[10] Eloi Leclerc, Sagesse d’un Pauvre(Editions Franciscaines, París 1959) 75-78 [tras. esp. Sabiduría de un pobre(Encuentro, Madrid 2007)].

Fuente  : https://es.zenit.org/articles/dios-existe-primera-predicacion-de-adviento-2018/

Homilía para la Eucaristía en la festividad de la Inmaculada Concepción.

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCION.

Génesis 3,9-15.20: Entra en escena el mal: el hombre desobedece al Señor, quiere ser como Dios. Pero también entra en escena Dios: pone una sanción, pero también una solución, ya que un hijo de mujer pondrá las cosas en su lugar.

Efesios 1,3-6.11-12: Al inicio de la carta Pablo bendice a Dios, es decir, lo alaba. ¿Por qué? Porque Él nos colmó de bendiciones: nos eligió para que fuéramos santos; nos predestinó a ser sus hijos; nos constituyó en herederos para ser alabanza de su gloria.

Lucas 1,26-38: La Anunciación. María es: la “llena de gracia”, la bendecida, la favorecida de Dios. ¿Por qué? Porque va a concebir y dar a luz al Salvador, el Hijo de Dios.

1.- Hoy celebramos un Misterio de fe muy grande que debemos saber comprender para poderlo vivir. Pero vamos por parte.

El hombre pecó. ¿Qué significa esto? No quiso reconocer el señorío de Dios, quiso ser Dios, suplantar a Dios. Sólo Dios es el Dueño absoluto de la vida y de la verdad. Sólo Dios conoce el bien y el mal. Al pretender el hombre tener este conocimiento prescinde de Dios. La desobediencia a Dios es sinónimo de suplantar a Dios, poner la vida al margen de Dios, es negar el Amor de Dios. Comer el fruto prohibido viene a significar apropiarse de la Voluntad de Dios. De allí todas las consecuencias, ya que el ser humano queda abandonado a su propia suerte.

2.- Pero NO. Él, el Hijo del hombre y de la mujer, te aplastará la cabeza. En Cristo Jesús Dios puso las cosas en su lugar. ¿De qué manera? Jesús hizo lo que el hombre no hizo y no quiere hacer: Él vivió obedeciendo, acatando la Voluntad de su Padre. Con su obediencia Jesús restablece la armonía entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre.

San Pablo dice: “Nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones”. Y ya sabemos qué significa esto: predestinados a ser santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Según el Génesis el hombre se tornó reprochable, ya que echó a perder lo que Dios tenía proyectado. Sólo Dios, el Señor, podrá poner las cosas en su lugar enviando a Aquel que aplastará la cabeza de la serpiente.

Por eso, a la luz de esta realidad resplandece más todavía el Misterio que estamos celebrando.

4.- ¡”Bendito sea Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo”! Ya sabemos por qué.

Y aquí cabe y entra en escena la Primera en ser colmada de bendiciones, la llena de gracia, la Favorecida de Dios. Porque con san Pablo creemos que todos hemos sido predestinados para ser santos, irreprochables. Con mayor razón Aquella que por puro amor de Dios fue la elegida para 3.- Desafortunadamente la criatura humana ha tenido siempre la tentación de sustituir a Dios, queriendo hacerse protagonista de la historia con una actitud de autosuficiencia, poniendo en evidencia sus limitaciones. De ahí una sociedad confusa, caótica y sin horizontes claros.

Hoy el ser humano pretende hacer de sí mismo el fin de todo, trastocando el orden. Y todo comienza y termina en Dios. Hoy está llevando esto al ser humano no sólo al olvido de Dios, sino, lo peor, a creerse Dios y decidir sobre la vida y la muerte. Se olvida el hombre que es criatura y, como tal, un simple administrador de los bienes divinos. concebir y dar a luz al Salvador. Ella hizo lo que la humanidad no quiso hacer: dijo Sí al querer de Dios. Ella se autocalifica como la “Servidora del Señor”, siempre dispuesta lo que Dios disponga.

Por eso hacemos Eucaristía, alabamos, bendecimos y damos gracias a Dios por todo lo que ha hecho.

Alabamos al Padre que nos envió a su Hijo, a quien esperamos. Alabamos a Dios porque asoma en el horizonte el Lucero que anuncia que ya viene el Sol naciente, Jesucristo el Señor, a quien sea la gloria y toda bendición por los siglos de los siglos. Amén.

Hermano Pastor Salvo Beas.