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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy lunes 31 de diciembre de 2018

Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracía y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: «A éste me refería cuando dije: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo'».

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

  1. encarnación de Jesucristo fue un evento que marcó profundamente la historia; una de las cosas que Jesús nos hizo presente con su venida fue la gracia y misterio de la paternidad divina. Jesús, siendo Hijo de Dios, nos ayudó a darnos cuenta y comprender qué significa el ser hijos de Dios. Esta revelación vino por partes de Dios. Primero el Padre se manifestó al pueblo de Israel como un Dios personal; después el Hijo se hizo hombre y habitó entre nosotros (cfr. Jn1,14) y, por último, el Espíritu Santo se manifestó como una persona divina en la vida de la Iglesia de una manera especial.

De manera particular resalta la revelación de Dios como Padre e Hijo, en especial en este tiempo de navidad, porque este periodo nos interpela a reflexionar en el misterio de la familia divina y humana de Dios. El misterio de Dios como Padre al que podemos acudir cuando tenemos necesidad, nos ayuda a comprender nuestro dignidad y lugar en el planeta.

El reconocer nuestra condición de hijos amados de Dios es muy importante porque nos ayuda a compartir su amor con todos los que no lo conocen o lo ignoran. Experimentar el amor paternal de Dios nos empuja a hablar de nuestra familia divina con nuestros hermanos, los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Acojamos esta invitación que nuestro Señor nos hace, en este tiempo especial, para que la gente reconozca a Dios que es amor.

No nos olvidemos en este día de agradecer a Dios por el año transcurrido y por cada bien recibido. Y nos hará bien, a cada uno de nosotros, tomar un poco de tiempo para pensar cuántas cosas buenas he recibido del Señor este año y agradecer. Y si hay pruebas, dificultades, agradecer también porque nos ha ayudado a superar esos momentos. Hoy es un día de agradecimiento.
(Angelus de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2017).

 

Fuente  :  https://es.catholic.net/op/articulos/72153/la-familia-divina.html#modal

EDD. lunes 31 de diciembre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,18-21):

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,1-2.11-12.13-14

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campo y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra: r
egirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio de hoy

Comienzo del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»»
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Querido amigo/a:

Llegamos al último día del año. Hoy es momento para traer a nuestra oración dos actitudes nacidas de un corazón inquieto: por un lado, el agradecimiento por el tiempo vivido y por otro, el deseo de crecer y mejorar nuestra vida en el nuevo tiempo que se nos regala. Es inevitable al finalizar el año hacer balance de lo vivido y elaborar una lista de propósitos de mejora para el próximo. Al realizar este sano ejercicio de reflexión y revisión del año podemos caer en la tentación de la nostalgia, de dejarnos llevar por la tristeza y el desconsuelo de lo que no sucedió en el año que termina, de los deseos frustrados o de las pérdidas que sufrimos. Agua pasada no mueve molino, dice el refrán. Por eso te propongo que hagas la revisión del dos mil dieciocho en clave de agradecimiento. Agradece a Dios todo lo vivido: lo bueno y lo malo, lo esperado y lo inesperado, el gozo y el dolor. Porque todo sirve para tu crecimiento, porque Dios ha querido acompañarte en todos los momentos del año, en los dulces y en los amargos y ha estado ahí contigo, a tu lado. El tiempo es un regalo y Dios te ha regalado un año más de vida. Gracias mi Dios.

Segundo, ofrécele al Señor este nuevo año que comienza. No haciéndote una lista muy ambiciosa y larga de objetivos de mejora: dejar de fumar, comer menos, hacer más ejercicio…etc, sino de dejarle a Él, en tu tiempo de oración, que te haga la lista, que te diga, te susurre qué le gustaría a Él que tú intentaras hacer en el nuevo año que te regala. Déjate iluminar, pregúntale qué quiere de ti, qué puedes hacer tú por Él, que te ayude a crecer en la dirección que Él sueña de ti para vivir un año de “gracia del Señor”, un dos mil diecinueve lleno de su presencia. ¿Cómo? Siguiendo la máxima de “actúa como todo dependiera de ti y sólo de ti, pero confía como si todo dependiera de Dios y solo de Dios”. Trabajamos con Dios, hacemos con Él.

La Palabra de este último día del año nos presenta las claves para poder realizar nuestra revisión. La carta de Juan nos recuerda que “estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis”, conocemos al Señor que nos cuida y nos sostiene todos los días de nuestra vida; está con nosotros. No nos dejemos seducir por falsos dioses ni doctrinas en este nuevo año, permanezcamos fieles al Señor, en actitud de vigilancia. Por otro lado, el Evangelio nos recuerda que la Palabra es la Vida y la Luz, y la vida auténtica no se halla en el hombre mismo, sino en el autor de la vida, dueño también de la historia y del tiempo.

Con alegría y con gozo deseamos a todos los lectores y lectoras de Ciudad Redonda un ¡Feliz Año 2019 lleno de Dios para todos ustedes, sus familiares y amigos!
¡Qué Dios los bendiga en este año más de vida que nos concede!

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

Fuente. :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 30 de diciembre de 2018.

Un feliz domingo y desde ya un feliz año a todos. Pastor.

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA.

1Samuel 1,20-22.24-28el texto destaca la religiosidad de la familia compuesta por Elcaná, Ana y Samuel, que viven en función del Señor.

1Juan ,1-12.21-24: el cristiano por estar unido a Cristo, con Él, es hijo de Dios. Por eso, tener la plena confianza de ser acogidos por Dios y vivir en comunión con los hermanos; así estaremos en comunión con el Señor.

Lucas 2,41-52: una escena cargada de símbolos:

  • Como en Samuel, la familia sube al templo a encontrarse con el Señor.
  • Es Pascua, Jesús desaparece por tres días. En otra Pascua, también desaparecerá y al tercer día se le encontrará.
  • Es encontrado en el Templo, es decir, con Dios, su Padre. Jesús vive en función de su Padre; sin embargo se somete a sus padres terrenales.

1.- Seguimos celebrando el Misterio de la Encarnación: Dios se mete en nuestra realidad, la asume. Celebrar la sagrada Familia es parte de este Misterio, porque la familia es una de las realidades más ricas de la humanidad, la familia es patrimonio de la humanidad. Al encarnarse el Verbo de Dios no podía menos que asumir la realidad de la familia, de una familia que pertenece a una cultura muy concreta: la familia israelita.

La familia israelita vivía en función de la Alianza, en función del Señor. Por eso su vida está marcada por diferentes expresiones de carácter religioso. Muy distinto del enfoque de familia que tenía el mundo greco-romano y del que tiene la sociedad actual.

2.- Nosotros los cristianos, por ser hijos de Dios somos de la familia de Dios. Es interesante lo que dice Efesios 2,19: “Ustedes son familia de Dios” (= “oikeios”: que habita la misma casa). De allí: “¡Señor, felices los que habitan en tu Casa!” En el pueblo de Israel Dios habita con su pueblo, camina con ellos. Jesús, el Emmanuel, habita entre nosotros y nos incorpora a su vida. Por eso somos la Familia de Dios, en la que todos somos hermanos, ninguno es padre;  todos discípulos, ninguno maestro; todos servidores, ninguno amo o dueño del otro. Esa es la Familia de Dios; así debe ser la familia cristiana: todos viviendo en función de Dios, ya que Él es quien le da la tónica a toda la vida del creyente y también de una familia cristiana.

3.- Hoy se vive en función de otras cosas. Me llama la atención que en estos días la oferta de carreras se clasifica en función de lo que se gana. El ser humano vive en función del tener y hoy se vive la cultura del “enjoy” = el disfrute. Y no es que sea malo el disfrute en la vida; lo malo es cuando se hace de éste un fin en sí mismo.

Si la persona, la familia, viven en función del disfrute solamente, muchos valores fundamentales corren el riesgo de ser olvidados. Y las consecuencias las estamos viendo en la sociedad actual.

La familia, célula básica de la sociedad, debe ser cuidada. Hay enfermedades graves que se curan con el tratamiento de células madres. Nuestra sociedad enferma necesita ser tratada y curada con la célula madre por excelencia: la Familia.

Los femicidios, parricidios, machismos, la ideología del género, los divorcios, son manifestaciones terribles de la enfermedad de la sociedad, enemigos de la vida familiar.

4.- “¡Miren cómo nos amó el Padre!” En verdad somos sus hijos, nos incorpora en Cristo para que seamos miembros de su FAMILIA, la Familia Divina, la Santísima Trinidad. No sin razón la Iglesia ve en la familia una IGLESIA DOMESTICA, en la que todos sus integrantes: padre, madre, hijos y abuelos, viven en función de la fe en Cristo Jesús. Por eso la familia cristiana, sea cual sea su modelo, es la primera y principal Escuela de la fe del creyente. Es en la familia donde se aprende a ser persona, a ser humano y a ser cristiano.

Estamos reunidos ahora como la “Familia de Dios”. Aquí compartiremos el Pan familiar por excelencia, el Cuerpo de Cristo. Que el comer de este Pan robustezca nuestra comunidad de fe y nuestra comunidad familiar. ¡FELICES LOS QUE HABITAN EN TU CASA, SEÑOR!

 

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. sábado 29 de diciembre de 2018.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,3-11):

En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo –lo cual es verdadero en él y en vosotros–, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-35):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, corno dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Conocer a Jesús y cumplir los mandamientos

En estos días, tras la celebración de la Navidad, la liturgia se encarga continuamente de recordarnos que no se trata de una celebración “dulzona”. El sentimiento de ternura ante un niño recién nacido, que también experimentamos ante el hijo de María, no debe hacernos olvidar la seriedad de este encuentro. Ya nos lo han avisado Estaban, el discípulo amado y los santos Inocentes. Hoy la Palabra nos invita a mirarnos a nosotros mismos. Si al contemplar al niño, hemos conocido y reconocido en él al Hijo de Dios, esto nos compromete, y mucho. Porque conocer a Jesús significa obligarse  a cumplir sus mandamientos, su Palabra, es decir, a vivir como vivió él. Y al contemplar cómo vivió él, entendemos que “los mandamientos” son realidad “el mandamiento”, el único mandamiento del amor. La carta de Juan nos los recuerda incluso con extrema crudeza: si no lo hacemos así somos unos mentirosos, unos embusteros, unos cristianos sólo de fachada, que dicen creer en Jesús y se permiten aborrecer a sus hermanos. Es una fuerte llamada a examinar nuestra vidas, a reconocer que hay en ella actitudes, relaciones, formas de pensar que no cuadran con ese conocimiento creyente de Jesús. Pero hay más. La noche de la vigilia escuchamos la palabra profética: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande” (Is 9, 1). Ahora entendemos que nosotros mismos podemos ser esa luz, si guardamos el mandamiento antiguo y nuevo del amor a los hermanos. En vez de quejarnos de la oscuridad que reina en el mundo, se nos llama a salir de ella y disiparla con las obras de la luz, con el amor al hermano.

María y José cumplen el mandamiento legal de la purificación. Sigue vigente todavía la antigua ley, y ellos se someten a ella, aunque son portadores de la nueva ley que ya está amaneciendo. Los justos del Antiguo testamento son capaces de percibirla. Así, el anciano Simeón. En el contexto de la ley y el templo estalla el Evangelio de la gracia. Pero, como el mismo Simeón profetiza, hay un “precio de la gracia”: Jesús alzado en la cruz, bandera discutida, ante el que habrá que tomar partido, y la espada que atravesará el corazón de María. Ahí podemos entender mejor por qué la liturgia, la Palabra, no nos descubren una Navidad edulcorada: el verdadero amor no tiene nada que ver con un sentimiento romántico, sino que es la disposición a dar la vida por los hermanos.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 28 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (1,5–2,2):

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 123,2-3.4-5.7b-8

R/. Hemos salvado la vida,
como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes. R/.

La trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (2,13-18):

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Luz y tinieblas – Vida y muerte

Al contemplar el misterio de la luz que brilla en la oscuridad, no es posible no reparar en la oscuridad que rodea a la luz. Si necesitamos la luz es precisamente porque vivimos en la oscuridad. Al asombrarnos del milagro de la vida que nace, caemos en la cuenta, también de la muerte que la acecha y amenaza. Dios es la luz, Dios es la vida. Pero existen también las fuerzas oscuras que se oponen a Dios, sombras de muerte que tratan de apagar la luz, matar la vida, acallar la Palabra hecha carne. La admiración por el milagro de la vida recién nacida y de la luz divina que resplandece en la humanidad de Jesús va acompañada de la conciencia de la fragilidad y el riesgo que Dios ha elegido para hacerse cercano. Y lo que Juan en su carta nos recuerda hablando de la luz y las tinieblas, el pecado y la gracia del perdón, Mateo nos lo presenta en los trágicos acontecimientos históricos que rodean el nacimiento de Cristo.

¿Quiénes son los santos inocentes? ¿Quién es Herodes? Son los protagonistas de esta historia de vida y muerte, de luz y de oscuridad, de pecado y de gracia.
Los santos inocentes son niños, esto es, personas indefensas, por completo dependientes del cuidado de los adultos. Son, por ello y por definición, los que no pueden defenderse por sí mismos, los que no pueden responder a ataques y agresiones. Son inocentes no sólo por la ausencia de pecado, sino por la incapacidad de pecar por sí mismos. Pero pueden ser víctimas de los pecados ajenos. En ellos vemos no sólo a un grupo de víctimas indefensas, uno más, circunscritas en un determinado tiempo y lugar. Porque su muerte está relacionada por el temor y el odio al que ha nacido en Belén, cuyos nacimiento, vida y muerte, tienen significación salvífica para todo el mundo, estos santos inocentes representan a todas las víctimas, a todos los inocentes del mundo. Son víctimas, porque mueren a causa de la voluntad homicida de Herodes. Y son inocentes, no sólo porque no habían merecido un final así, violento y prematuro, sino también porque no han respondido al mal con el mal, al odio con el odio, a la violencia con la venganza. No lo han hecho, y ni siquiera podían hacerlo. Contra lo que nos puede parecer (y así les parece a muchos), Dios no ha permanecido impasible ante tamaña injusticia. El nacimiento de Jesús, que comparte la fragilidad del recién nacido, y renuncia a responder al mal con el mal, a la injusticia con la violencia, es el comienzo de una respuesta que culminará en su muerte en Cruz. Dios ha elegido como camino de salvación no el de la fuerza bruta, la venganza, el castigo: no ha querido hacerse verdugo (asimilándose a los verdugos de este mundo), sino que ha elegido el lugar de las víctimas. Cuando el hombre sufre, cuando el inocente muere, Dios está sufriendo y muriendo con él, compartiendo la fragilidad que ha elegido en la frágil humanidad de Cristo.

Herodes, que juega el trágico papel de verdugo, representa a aquellos que ven en Dios, en su presencia y cercanía, una amenaza y un peligro. Pensaba que el Rey nacido en Belén venía a competir con él por el trono. De esta manera, compartía la idea del Mesías que muchos, la mayoría de los judíos tenían en mente. Un Rey poderoso con los poderes de este mundo, que venía a destruir a los enemigos y a reinstaurar un poder político y militar. Pero, mientras que muchos ponían en este reinado sus esperanzas, el pequeño rey que era Herodes, sentía temor de perder su propio poder. Son dos formas distintas pero simétricas de malentender la presencia humana de Dios entre nosotros. Cuando tal sucede, se tiende a manipular a Dios (y a todo lo que tiene que ver con Él) en beneficio propio (y en contra de los demás), o a combatirlo como quien combate a los poderes hostiles de este mundo. En los dos casos, la luz se vuelve oscuridad, en vez de vida su siembra muerte y triunfa el pecado sobre la gracia.

Ante el espectáculo de luz y oscuridad que nos presenta Juan, ante el cuadro de vida y muerte que pone ante nuestros ojos Mateo, somos invitados a realizar una elección: o nos ponemos de parte de los santos inocentes, o de parte de Herodes. De parte de los inocentes siempre que renunciemos a responder al mal con el mal, a la venganza frente a la ofensa, y elijamos el perdón; también cada vez que demos testimonio de la luz, tratando de dar la vida, no sólo en el supremo heroísmo del martirio, sino también, más cotidianamente, por medio de la actitud generosa del servicio. De parte de Herodes nos pondremos precisamente cuando elijamos toda forma de poder, autoridad o responsabilidad, no para el servicio de Dios y los hermanos, sino como privilegios en servicio propio.

Cristo ha nacido y Dios está con nosotros. No podemos eludir la elección: o estar con Él, sirviendo a la luz y dando la vida, o contra Él, buscando en exclusiva nuestro interés, y sembrando la muerte y la oscuridad (para los demás, pero también para nosotros mismos)

En la fiesta de los Santos Inocentes empezamos a entender la lógica del Niño nacido en Belén. En la muerte de los niños de Belén brilla la luz y triunfa la vida, porque Dios ha mirado nuestra humillación, y ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente. :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 27 de diciembre de 2018.

Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan (1,1-4):

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1-2.5-6.11-12

R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,2-8):

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Testigos de lo que hemos visto y oído

Martirio significa testimonio, y ese testimonio puede exigir en ocasiones el sacrificio de la propia vida. Pero esta forma de testimonio extremo no es lo frecuente. Y, sin embargo, el cristiano, que ha reconocido la presencia del Mesías en el niño nacido en Belén, tiene que estar siempre dispuesto a llegar a ese extremo. El discípulo amado, que la tradición ha identificado con el evangelista San Juan, nos enseña un camino de testimonio radical, que no llega al derramamiento de sangre, pero que no implica una entrega menor de la propia vida. El ver, oír y palpar con las propias manos indican una extraordinaria cercanía a Cristo. Y se trata de un ver, oír y palpar la Palabra que se ha hecho carne. El primer paso para poder dar un testimonio vital y radical es acercarse a esa Palabra, escucharla, contemplarla y ponerla en práctica. Son formas de oír, ver y tocar que están al alcance de todos nosotros, no sólo de lo que convivieron con el Jesús histórico. Haciéndolo así nos unimos, por medio de la tradición de toda la Iglesia, a los discípulos de primera hora, y participamos plenamente en su alegría. Se trata de la alegría de la Resurrección. Como aquellos primeros discípulos, oímos el testimonio de María Magdalena, corremos al sepulcro y somos capaces de ver en los signos de muerte el triunfo de la vida, de palpar, gracias a la fe, la victoria de la Resurrección.

Y así, los que hemos visto, oído y palpado no podemos no transmitirlo con palabras y con el testimonio de nuestra vida. El que da testimonio hoy es el discípulo amado, cuya identidad cierta sigue siendo un misterio. Pero ello nos permite a cada uno de nosotros ponernos en el lugar del discípulo amado, porque ¿qué hemos visto, oído y palpado, sino la manifestación del extremos amor de Dios, que se ha encarnado en la humanidad de Cristo, nacido en Belén, y ha entregado su vida en la cruz y resucitado para la salvación de todos?

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Misa de Navidad: “Jesús, Tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida”

Homilía del Papa Francisco

(ZENIT – 24 dic. 2018).- A las 21:30 horas, en la Basílica Vaticana, el Santo Padre Francisco ha celebrado la Santa Misa de la Noche en la Solemnidad del Nacimiento del Señor, el 24 de diciembre de 2018.

En la Celebración Eucarística, después de la proclamación del Santo Evangelio, el Papa ha pronunciado la homilía, que ofrecemos a continuación:

***

Homilía del Papa Francisco

José, con María su esposa, subió «a la ciudad de David, que se llama Belén» (Lc 2,4). Esta noche, también nosotros subimos a Belén para descubrir el misterio de la Navidad. 

1. Belén: el nombre significa casa del pan. En esta “casa” el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón. En la Escritura, el pecado original de la humanidad está asociado precisamente con tomar alimento: «tomó de su fruto y comió», dice el libro del Génesis (3,6). Tomó y comió. El hombre se convierte en ávido y voraz. Parece que el tener, el acumular cosas es para muchos el sentido de la vida. Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir.

Belén es el punto de inflexión para cambiar el curso de la historia. Allí, Dios, en la casa del pan, nace en un pesebre. Como si nos dijera: Aquí estoy para vosotros, como vuestro alimento. No toma, sino que ofrece el alimento; no da algo, sino que se da él mismo. En Belén descubrimos que Dios no es alguien que toma la vida, sino aquel que da la vida. Al hombre, acostumbrado desde los orígenes a tomar y comer, Jesús le dice: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo» (Mt 26,26). El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia. Desde la “casa del pan”, Jesús lleva de nuevo al hombre a casa, para que se convierta en un familiar de su Dios y en un hermano de su prójimo. Ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar. 

El Señor sabe que necesitamos alimentarnos todos los días. Por eso se ha ofrecido a nosotros todos los días de su vida, desde el pesebre de Belén al cenáculo de Jerusalén. Y todavía hoy, en el altar, se hace pan partido para nosotros: llama a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros (cf. Ap 3,20). En Navidad recibimos en la tierra a Jesús, Pan del cielo: es un alimento que no caduca nunca, sino que nos permite saborear ya desde ahora la vida eterna. 

En Belén descubrimos que la vida de Dios corre por las venas de la humanidad. Si la acogemos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros. Porque cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi yo hambriento y egoísta, sino él, que nace y vive por amor. Al estar llamados esta noche a subir a Belén, casa del pan, preguntémonos: ¿Cuál es el alimento de mi vida, del que no puedo prescindir?, ¿es el Señor o es otro? Después, entrando en la gruta, individuando en la tierna pobreza del Niño una nueva fragancia de vida, la de la sencillez, preguntémonos: ¿Necesito verdaderamente tantas cosas, tantas recetas complicadas para vivir? ¿Soy capaz de prescindir de tantos complementos superfluos, para elegir una vida más sencilla? En Belén, junto a Jesús, vemos gente que ha caminado, como María, José y los pastores. Jesús es el Pan del camino. No le gustan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que nos pide levantarnos rápidamente de la mesa para servir, como panes partidos por los demás. Preguntémonos: En Navidad, ¿parto mi pan con el que no lo tiene? 

2. Después de Belén casa de pan, reflexionemos sobre Belén ciudad de David. Allí David, que era un joven pastor, fue elegido por Dios para ser pastor y guía de su pueblo. En Navidad, en la ciudad de David, los que acogen a Jesús son precisamente los pastores. En aquella noche —dice el Evangelio— «se llenaron de gran temor» (Lc 2,9), pero el ángel les dijo: «No temáis» (v. 10). Resuena muchas veces en el Evangelio este no temáis: parece el estribillo de Dios que busca al hombre. Porque el hombre, desde los orígenes, también a causa del pecado, tiene miedo de Dios: «me dio miedo […] y me escondí» (Gn 3,10), dice Adán después del pecado. Belén es el remedio al miedo, porque a pesar del “no” del hombre, allí Dios dice siempre “sí”: será para siempre Dios con nosotros. Y para que su presencia no inspire miedo, se hace un niño tierno. No temáis: no se lo dice a los santos, sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción. El Hijo de David nace entre pastores para decirnos que nadie estará jamás solo; tenemos un Pastor que vence nuestros miedos y nos ama a todos, sin excepción. 

Los pastores de Belén nos dicen también cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar (cf. Mt 25,13; Mc 13,35; Lc 21,36). Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios «los envolvió de claridad» (Lc 2,9). Esto vale también para nosotros. Nuestra vida puede ser una espera, que también en las noches de los problemas se confía al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. Pero también puede ser una pretensión, en la que cuentan solo las propias fuerzas y los propios medios; sin embargo, en este caso el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. Al Señor le gusta que lo esperen y no es posible esperarlo en el sofá, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: «fueron corriendo», dice el texto (v. 16). No se quedan quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que van, dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que «todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores» (v. 18). 

Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: «¿Me amas?» (Jn 21,15). De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: “Te amo”. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño. 

«Vayamos, pues, a Belén» (Lc 2,15): así lo dijeron y lo hicieron los pastores. También nosotros, Señor, queremos ir a Belén. El camino, también hoy, es en subida: se debe superar la cima del egoísmo, es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo. Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito la fragancia tierna de tu amor para ser, yo también, pan partido para el mundo. Tómame sobre tus hombros, buen Pastor: si me amas, yo también podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando podré decirte: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” (cf. Jn 21,17). 

© Librería Editorial Vaticano

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/misa-de-navidad-jesus-tu-recostado-en-un-pesebre-eres-el-pan-de-mi-vida/

EDD. miércoles 26 de diciembre de 2018

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60):

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,17-22):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
José María Vegas, cmf

Perseverar en la dificultad

La liturgia nos recuerda con crudeza que el mundo en el que ha nacido el hijo de María, el Hijo de Dios, es un mundo hostil, en el que dominan fuerzas mortíferas, que consideran que hacen un bien eliminando a los enemigos, matando a los oponentes. San Esteban, el protomártir, ve cómo se le arrebata la vida por dar testimonio del Dios hecho carne en el hombre de Nazaret, en el niño nacido en Belén, que contemplábamos ayer. Los ángeles cantan, los pastores adoran, pero también se organizan fuerzas siniestras que quieren acallar la Palabra que nos habla, nos llama, nos cura y nos salva en un lenguaje que podemos entender. El martirio de Esteban es un reflejo de la Pasión de Cristo: “Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 16). No es fácil comprender ese odio al que habla palabras de amor y perdón, y pasa haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo (cf. Hch 10, 38).

Pero el recuerdo de este reflejo de la Pasión no pretende empañar el misterio de la Navidad ni oscurecer su luz. Al contrario, nos recuerda el sentido profundo de este nacimiento: “Si alguno pregunta por el misterio se sentirá llevado a afirmar más bien, que no fue su muerte una consecuencia de su nacimiento, sino que él nació para poder morir” (S. Gregorio Nacianceno). Jesús ha nacido para comunicarnos la vida de Dios, que es el amor, es decir, para dar su vida por amor. Y es este amor la luz que ilumina la noche de la humanidad, la oscuridad del odio. Al recordar el martirio de San Esteban, la liturgia nos avisa de que acoger al niño nacido en Belén significa en definitiva asumir su mismo modo de vida: tratar de hacer de nuestra vida una entrega por amor. Y esto puede, extrañamente, atraernos el odio de este mundo. Pero no hay que temer: esto será ocasión para dar testimonio ante el mundo de ese mismo amor, de perseverar, a pesar de los pesares, en esa voluntad de amar hasta el final.

Saludos cordiales,
José M. Vegas CMF

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del día de Navidad, 25 de diciembre de 2018

NAVIDAD. MISA DEL DIA.

Isaías 52,7-10: la noticia de salvación provoca en Jerusalén un canto de júbilo; viene el Libertador.

Hebreos 1,1-6: Inicio de la carta que marca la trayectoria completa de la intervención de Dios en la historia. Jesús, el Hijo, ocupa el lugar central en esta Historia.

Juan 1,1-18: Jesús es la Palabra del Padre, es el Hijo, que se hace carne y nos da a conocer a Dios.

1.- Con la liturgia de esta Misa del Día de Navidad llegamos al corazón del Misterio de la Navidad. Se podría decir que aquí no cabe lo romántico de la noche de Navidad, sino la crudeza del Misterio: la ENCARNACIÓN.

No es fácil expresar y comprender lo que este Misterio encierra. Estamos acostumbrados a decir: el Hijo de Dios se hizo hombre. Esto vale y es cierto. Pero hay otra expresión en la Sagrada Escritura que también pretende dar a conocer este Misterio. Así, hoy hemos escuchado en san Juan: “El Verbo se hizo carne”. Dos términos que necesitan ser explicados y entendidos.

Verbo: Palabra. Dios el Padre ha pronunciado su Palabra, que existe en Él y como Él es Dios. Así como el ser humano manifiesta, da a conocer lo que piensa a través de su palabra, del mismo modo Dios Padre expresa, manifiesta su ser por medio de su Palabra, que es su Hijo. La Palabra es, entonces, el Hijo eterno de Dios que desde siempre está con Dios y es Dios.

Carne: en el lenguaje bíblico significa materia, debilidad, enfermedad, mortal…inclinado al pecado. En una palabra, carne es sinónimo de humano-hombre.

2.- Dios, que es el eterno, se mete en el tiempo.

El Inmortal se hace mortal.

El Todopoderoso se hace débil.

El que es Rico se hace pobre. En una palabra, se hace hombre, humano, y en una raza concreta (la semita), una cultura y religión concreta (la judía). Se mete en un pueblo (judío). “Y habitó entre nosotros”, es decir, puso su morada entre nosotros. Por eso a Jesús se le aplica el nombre de EMMANUEL = Dios-con-nosotros.

Por más que tratemos de entender este Misterio más nos cuesta. En la medida que lo vivamos lo podremos comprender.

3.- Dios se hizo hombre – carne, es decir, asumió todo lo nuestro; nuestra naturaleza humana y nuestra realidad humana. Esa realidad que a nosotros nos cuesta aceptar, asumir. Ya hubo alguien que dijo: “Lo que no es asumido no es redimido”. Fuimos redimidos porque Él se sumergió en nuestra realidad.

A muchos cuesta aceptar la realidad, su realidad. A todos nos cuesta aceptar – asumir lo distinto, lo que no agrada. En la sociedad nos cuesta aceptarnos distintos en religión, en política, en lo social, racial, sexual. ¡Somos distintos y no lo asumimos! Nos cuesta salir de nosotros y sumergirnos en nuestra realidad. Por eso siempre han existido los “Ghetos”, o tal vez algunos condominios exclusivos y playas exclusivas. A la misma Iglesia le cuesta vivir la Encarnación; son pocos los que salen a la periferia y viven en ella.

4.- Dios se encarna y vive con nosotros. Él, la Palabra eterna del Padre, nos da a conocer quién es Jesús. “Quien me ve a Mí ve al Padre” (Juan 14,9). Dios, en Cristo, se aproxima a nosotros, se hace prójimo nuestro. Aceptándolo somos enriquecidos, llegamos a ser hijos de Dios.

En esta Eucaristía Dios viene a nosotros, comparte con nosotros, vive con nosotros. San Francisco de Asís se atrevió a exclamar: ¡”Miren, hermanos, la humildad de Dios”! Sí, Dios es también humilde y nos damos cuenta por qué. En este día, en este tiempo, todos somos valorados por Dios que por amor nos regaló a su Hijo muy querido. Todo esto es motivo de gozo y de fiesta. Celebremos, hermanos, este adorable Misterio del Dios-con-nosotros. FELIZ NAVIDAD.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Homilía para la Eucaristía de Vigilía de Noche Buena. 24.12.2018

NAVIDAD. VIGILIA.

Isaías 9,1-6: Anuncio gozoso de la salvación a los pueblos de Galilea, sumidos en la miseria y desventura, en la oscuridad. En ellos brilla la luz, la salvación y la paz, porque nació un Niño con dotes excepcionales.
Tito 2,11-14: Exhortación a llevar una vida recta. Razón: la Gracias, es decir, el Amor de Dios que salva se ha manifestado en Jesucristo, quien se entregó por nosotros para salvarnos. Él es nuestro Dios y Salvador.
Lucas 2,1-14: Jesús nace en un contexto histórico concreto: entra en el tiempo. Es presentado como Salvador, Mesías, el Señor. Los pastores, entonces mal vistos por la sociedad, son los primeros en recibir la Buena Noticia.

1.- Ha llegado, por fin, la Navidad. Nos vamos metiendo poco a poco en el misterio de la Encarnación. DIOS SE HACE PRESENTE. ¿Dónde? Allí donde reina la tiniebla. Tiniebla, sinónimo de muerte, desolación, abandono, pecado. El profeta dice: “El pueblo que caminaba en las tinieblas”. Lo que nos da a entender que es un pueblo que tiene un estilo de vida oscuro, corrupto, pecaminoso, un estilo de opresión y muerte. Allí se hace presente y brilla como una luz grande. Ya que donde reinan las tinieblas ha de brillar la luz.
No en vano dice el evangelio que fue en la noche cuando nació Jesús, en la noche envolvió el ángel con su luz a los pastores para darles la Buena Noticia: les ha nacido un salvador, y no es uno más, sino Jesús, que es el Mesías, el Señor. El mismo mensaje da san Pablo a Tito al decir que Jesús, expresión del amor de Dios al mundo, es Dios y Salvador.

2.- Hoy celebramos la entrada de la luz en las tinieblas, de Dios en el mundo. Él que no es como los dioses paganos, sino Él es el Salvador, el que viene a liberarnos de todo aquello que aflige a la humanidad. A la imagen de las tinieblas san Pablo agrega la impiedad y los deseos desordenados. La presencia de Jesús en medio nos viene a recordar que somos hijos amados de Dios, como lo proclamaron los ángeles en la Noche de Navidad. Y porque somos amados somos hijos, somos hermanos. Esto nos debe llevar a rechazar la impiedad. Impío es aquel que no se siente hijo y, por ende, tampoco hermano. Por eso se nos exhorta a una vida sobria, justa y piadosa.

3.- Pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz, ha visto a Jesús, el Dios-con-nosotros. Él se hace presente de la forma más débil e inofensiva. Él hacerse presente de una forma tan débil asume nuestra realidad concreta y triste, que de tantas maneras se manifiesta hoy en nuestro medio.
«La Navidad —dice el Papa— es siempre nueva, porque nos invita a renacer en la fe, a abrirnos a la esperanza, a reavivar la caridad. Este año, en particular, nos llama a reflexionar sobre la situación de tantos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo – migrantes, prófugos y refugiados- que están en marcha para escapar de las guerras, de la miseria causada por las injusticias sociales y el cambio climático. Para dejar todo – hogar, familia, país – y enfrentarse a lo desconocido, ¡debes haber padecido una situación muy dura!». También Jesús, recordó el Papa, «provenía de “otro lugar”», y, «cuando la ira violenta de Herodes cayó sobre el territorio de Belén, la Santa Familia de Nazaret vivió la angustia de la persecución y, guiada por Dios, se refugió en Egipto. El pequeño Jesús —dijo el Papa— nos recuerda así que la mitad de los prófugos de hoy, en el mundo, son niños, inocentes víctimas de las injusticias humanas».
Pocos días atrás Chile no firmó un acuerdo de la ONU que se refiere a los migrantes, ya que ser migrante no es un derecho, se arguye. Dejemos esto para los grandes pensadores. ¿Qué nos dice el Señor?, eso es lo importante.

4.- En esta Noche de Navidad, en la que la Palabra nos recuerda el hecho más fundamental de la historia: Dios asume nuestra realidad, aprendamos nosotros a llevar este Misterio a la práctica. Siempre digo y habrá que decir lo mismo: “Dios se hizo hombre y valoró nuestras vidas”.
Hoy Dios nuevamente entra en nuestra historia, entra a nuestra sociedad que aún camina en tinieblas. Que brille la Luz esta noche, porque es Noche Buena, porque Dios nos ha nacido. Que nazca en cada uno de nosotros, en nuestro ambiente y en nuestra familia. Celebremos, pues, esta Noche que en verdad es de Paz y es de Amor.

Hermano Pastor Salvo Beas.