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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. miércoles 16 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (2,14-18):

LO mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,1-2.3-4.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

V/. Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

V/. Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39):

EN aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos hermanos:

Algún estudioso ha cuestionado la salud mental de Jesús. Su autoridad personal en la exposición de la Escritura (sin citar a especialistas reconocidos) y sus órdenes taxativas a las fuerzas del mal admiten en teoría más de una explicación. ¿Sería realmente un gran profeta, un verdadero taumaturgo, el Mesías e Hijo de Dios? ¿O sería un “iluminado” más, un megalómano que se atribuía a sí mismo todas esas características?

A tales cuestionamientos no es difícil responder. El megalómano necesita aplauso y aceptación; actúa con solemnidad y da el espectáculo. En cambio Jesús realiza las curaciones con suma simplicidad, casi ocultándose; incluso alguna vez da orden de que no se cuenten a nadie; y se escabulle ante el riesgo de aclamación popular, se oculta: “sabiendo que vendrían a tomarle por la fuerza y hacerle rey, se retiró de nuevo al monte, él solo” (Jn 6,15). Hay en Jesús cualquier cosa excepto megalomanía; nunca tanta majestad actuó con tanta simplicidad, y a cambio de nada.

Los evangelistas se mueven en un cierto dilema. Por un lado se les impone el dato histórico de un Jesús que rehúye cualquier glorificación popular, pues no busca su gloria, sino la del Padre (Jn 8,50), y el bien del hombre: “se marchó a un lugar solitario”. Por otro, quieren mostrar ya en la vida de Jesús una especie de pre-iglesia, una multitud reunida en torno a él (“la población entera se agolpaba a la puerta”), que lo espera todo de él (“todo el mundo te busca”), que de él recibe salud (“curó a muchos enfermos de diversos males”). La suegra de Pedro es para la Iglesia el ejemplo de la persona agraciada por Jesús: se pone al servicio de la comunidad.
De nuevo el ilustrado autor de la carta a los Hebreos nos ayuda a contemplar en profundidad la acción de Jesús. Es el encarnado (¡acabamos de celebrar la Navidad!), en todo semejante a nosotros, incluso en haber pasado por la prueba de la tentación y del dolor; nos toca en suerte el privilegio de ser sus hermanos. Como hermano nuestro, “nos tiende una mano”.

Siendo hermanos suyos, nos toca a nosotros tener también sus comportamientos, como tender la mano a los postrados, retirarnos de vez en cuando a orar en soledad y ser conscientes –sin ansiedad– del ancho mundo, las “otras aldeas”, a que somos enviados.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 15 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (2,5-12):

DIOS no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras:
«¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el ser humano, para que mires por él?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad,
todo lo sometiste bajo sus pies».
En efecto, al someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo.
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.
Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, pues dice:
«Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 8,2a.5.6-7.8-9

R/. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos

V/. ¡Señor, dueño nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R/.

V/. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. R/.

V/. Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,21-28):

EN la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«¡Cállate y sal de él!».
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra de Dios

REFLEXIÓN :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Uno de los rasgos más llamativos del Jesús histórico fue su excepcional conciencia de autoridad, en el hablar y en el actuar. Esto llamó la atención de sus contemporáneos, que alguna vez le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces esto?” En las sinagogas de su tiempo se practicaba la lectura bíblica y la predicación explicativa; había especialistas en ello, los llamados “escribas”. Estos, al exponer el sentido del texto, disfrutaban citando a escribas anteriores; así mostraban su erudición y daban peso a sus afirmaciones.

Pero Jesús es diferente. Debió de tener algún maestro particular (sabía leer y escribir, cosa nada corriente por entonces), pero lo suyo no llegó a “carrera” de escriba; los contrincantes se preguntarán: “¿Cómo puede este saber de letras sin haber estudiado?”  (Jn 7,15). Es indiscutible que gozó de una perspicacia extraordinaria y de gran capacidad persuasiva; por eso en la sinagoga se le ofrecía oportunidad para leer o predicar. El Talmud, siglos más tarde, le acusa de “haber seducido a Israel”; y sabemos que en la “seducción” juega un papel importante la palabra.

A la palabra de Jesús le dio una credibilidad extraordinaria el hecho de ir acompañada de signos, que visualizaban el contenido de lo que exponía. Ayer le oíamos anunciar la llegada del reino de Dios y hoy le vemos curando a un desesperado enfermo psíquico, un “endemoniado”, probablemente menospreciado por los israelitas, ya que en él suponían que actuaban poderes opuestos a Yahvé. Quizá no se sepa con precisión en qué consistía su enfermedad; lo importante es que en él, por medio de Jesús, Yahvé muestra que comienza a reinar, que el dolor humano retrocede y la comunión entre los humanos se restablece. Jesús anuncia y “realiza” la llegada de los tiempos mesiánicos. Ante esto, solo cabe la admiración: “¿Qué es esto?”. Y se perfila mejor la imagen tradicional de Dios: no desea otra cosa que el bienestar humano.

Recordando esta demostración, y otras que la seguirán, y recodando igualmente la autoridad de la palabra magistral de Jesús, la Iglesia naciente seguirá reflexionando acerca de él; le “ve coronado de gloria y honor” y le aplica el dicho del Salmo 8: “todo lo sometiste bajo sus pies”. Es otra forma de confesarle “Señor”.

Esto lo reafirma la carta a los Hebreos con una expresión que debió de tomar de una antigua fórmula bautismal: Jesús es Señor, “por quien existe todo y para quien existe todo” (cf. 1Co 8,5-6). Pero el erudito autor añade una observación de interés: “no vemos todavía que le esté sometido todo”. Jesús, por tanto, es el Señor de derecho, pero no lo es de hecho. Hay muchos que no le conocen, otros,, conociéndole, le rechazan; hay mucho poder del mal y estructuras de pecado. Hay en nosotros mismos, en nuestra sensibilidad y criterios, “zonas no suficientemente bautizadas”, poco iluminadas por su presencia.

Recibamos por tanto una llamada a la conversión, a dejarnos guiar y transformar por Él, y también una llamada a la misión, al testimonio, de modo que algún día ya no se pueda cantar aquello de “no es tu reino, Señor, la tierra no es tu reino”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: El Papa nos invita a renovar las promesas de nuestro bautismo.

Palabras del Papa antes del Ángelus (traducción completa)

(ZENIT – 13 enero 2019).- Concluida en la Capilla Sixtina la celebración de la Santa Misa en la fiesta del Bautismo del Señor con el rito del bautismo de los niños, a las 12 h el Santo Padre Francisco se ha asomado a la ventana de su estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos en la Plaza San Pedro.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,¡ buenos días!

Hoy, al final del tiempo litúrgico de Navidad, celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. La liturgia nos invita a conocer mejor a Jesús, de quien recientemente celebramos el nacimiento; y por esta razón, el Evangelio (cf. Lc 3, 15-16.21-22) ilustra dos elementos importantes: la relación de Jesús con la gente y la relación de Jesús con el Padre. En la narración del bautismo, otorgada por Juan el Bautista a Jesús en las aguas del Jordán, primero vemos el papel del pueblo. Jesús esta en medio del pueblo. Esto no es solo un fondo de la escena, sino que es un componente esencial del evento. Antes de sumergirse en el agua, Jesús “se sumerge” en la multitud, se une a ella y asume plenamente la condición humana, compartiendo todo excepto el pecado.

En su santidad divina, llena de gracia y misericordia, el Hijo de Dios se hizo carne para tomar sobre sí mismo y quitar el pecado del mundo. Tomar nuestras miserias,tomar nuestra condición humana.Por lo tanto, hoy también es una epifanía, porque al ser bautizado por Juan, entre la gente penitente de su pueblo, Jesús manifiesta la lógica y el significado de su misión. Al unirse al pueblo que le pide a Juan el bautista la conversión, Jesús también comparte el profundo deseo de renovación interior. Y el Espíritu Santo que desciende sobre Él “en forma corporal, como una paloma” (v.22) es la señal de que con Jesús comienza un mundo nuevo, una”Nueva creación” que incluye a todos aquellos que acogen a Jesús en sus vidas. También a cada uno de nosotros, que hemos renacido con Jesús en el Bautismo, se dirigen las palabras del Padre: “Tú eres mi Hijo amado: En ti he puesto mi complacencia” (v. 22). Este amor del Padre, que recibimos el día de nuestro bautismo, es una llama que ha sido encendida en nuestros corazones, y requiere que sea alimentada mediante  la oración y la caridad. El primer elemento era Jesús en medio del pueblo

El segundo elemento enfatizado por el evangelista Lucas es que después de la inmersión en el pueblo y en las aguas del Jordán, Jesús se “sumerge” a sí mismo en la oración, es decir, en comunión con el Padre. El bautismo es el comienzo de la vida pública de Jesús, de su misión en el mundo como enviado del Padre para manifestar su bondad y su amor por los hombres. Esta misión se realiza en una unión constante y perfecta con el Padre y el Espíritu Santo. Incluso la misión de la Iglesia y la de cada uno de nosotros, para ser fieles y fructíferos, está llamada a “injertarse” en la de Jesús. Se trata de regenerar continuamente en la oración, la evangelización y el apostolado, para dar un claro testimonio cristiano, no según nuestros proyectos humanos, sino de acuerdo con el plan y el estilo de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, la fiesta del Bautismo del Señor es una ocasión propicia para renovar con gratitud y convicción las promesas de nuestro Bautismo, comprometiéndonos a vivir diariamente en coherencia. con ello. También es muy importante como ya les he dicho varias veces conocer la fecha de nuestro bautismo. Yo les podría preguntar, quién de ustedes conocen la fecha de su bautismo y no todos estoy seguro lo conoce. Si alguno de ustedes no lo conocen, regresando a casa pregunten a sus padres, a sus abuelos, a sus tíos, a sus padrinos, a los amigos de la familia, pregunten en que fecha he sido bautizado, en que fecha he sido bautizada y no lo olviden que sea una fecha que lleven en el corazón para festejar cada año. Jesús, que nos ha salvado no por nuestros méritos sino para llevar a cabo la inmensa bondad del Padre, nos hace misericordiosos. Que la Virgen María, Madre de la Misericordia, sea nuestra guía y nuestra modelo.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-el-papa-nos-invita-a-renovar-las-promesas-de-nuestro-bautismo/

Comentario al evangelio de hoy lunes 14 de enero de 2019.

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo ha comenzado su camino. Es un profeta itinerante que busca seguidores para hacer con ellos un recorrido apasionante: vivir para extender el Reino de Dios. No es un rabino sentado en su cátedra, que busca alumnos para formar una escuela religiosa. Ser cristiano no es aprender doctrinas, sino seguir a Jesús en su misión, en su proyecto de vida. El que toma la iniciativa es siempre Jesús. Se acerca, fija su mirada en aquellos cuatro pescadores y los llama a dar una orientación nueva a sus vidas. Sin su intervención, no nace nunca un verdadero cristiano. Los creyentes hemos de vivir con más fe la presencia viva de Cristo en cada uno de nosotros. Si no es Él, ¿quién puede dar una nueva orientación a nuestras vidas?

Es curiosa la forma de actuar del Señor. No espera a que vengan a Él, es Cristo quién sale a buscar a las personas. Esta es la gran tarea de toda la Iglesia: salir al encuentro del otro para invitarlo a seguir a Jesucristo. Es una actitud que implica un deseo de comunicar y compartir con la otra persona la alegría y la esperanza que hay en el corazón creyente.

Pero lo más decisivo es escuchar desde dentro su llamada: «Venid conmigo». No es tarea de un día. Escuchar esta llamada significa despertar la confianza en Jesús, reavivar nuestra adhesión personal a Él, tener fe en su proyecto, identificarnos con su misión, reproducir en nosotros sus actitudes… y, de esta manera, ganar más ciudadanos para su Reino.

«Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz. Jesús sigue invitando y quiere ungirnos con su Espíritu para que también nosotros salgamos a ungir con esa unción, capaz de sanar la esperanza herida y renovar nuestra mirada. Jesús sigue caminando y despierta la esperanza que nos libra de conexiones vacías y de análisis impersonales e invita a involucrarnos como fermento allí donde estemos, donde nos toque vivir, en ese rinconcito de todos los días.»
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de enero de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72205/jesus-sigue-invitando.html#modal

EDD. lunes 14 de enero de 2019

Primera lectura

Comienzo de la carta a los Hebreos (1,1-6):

EN muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues ¿a qué ángel dijo jamás:
«Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»;
y en otro lugar:
«Yo seré para él un padre,
y él será para mí un hijo?».
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice:
«Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1.2b.6.7c.9

R/. Adorad a Dios todos sus ángeles

V/. El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R/.

V/. Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. R/.

V/. Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,14-20):

DESPUÉS de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Palabra de Dios

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Hace un tiempo oí decir a una amiga muy creyente: “yo de la Biblia arrancaría un montón de páginas”. Creo que expresaba de manera algo bruta lo que otros dicen en términos más delicados: “Yo el Antiguo Testamento no lo soporto, con él no puedo orar”.

Probablemente a los judíos de la época de Jesús les sucedía algo parecido, pues muchos textos del AT ya tenían hasta diez o más siglos de antigüedad y no les eran inmediatamente inteligibles. Y entre esos judíos estaban los seguidores de Jesús y la primera generación cristiana. Pero esta tuvo una experiencia sorprendente; al escuchar y contemplar al Maestro, o al reflexionar posteriormente sobre lo acontecido en él, debió de exclamar: “ahora entiendo aquellos textos”.

En Jesús el AT se hizo claro, y hoy nos lo muestra magistralmente el escrito más culto y académico del NT, la carta a los Hebreos. Ahora ya se sabe a quién decía el Salmo 110 “siéntate a mi derecha”; se entiende igualmente quién era aquella “sabiduría” que precisamente en el libro de la Sabiduría (7,25) es definida como “reflejo de la gloria del omnipotente e impronta de su ser”, o a quién se dirigía el Sal 2,7 con la expresión “Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy”, o el segundo libro de Samuel (7,14) con la promesa “Yo seré para él un Padre y él para mí un Hijo”. En el evangelio (Jn 5,39) nos encontremos a Jesús diciendo: “las Escrituras dan testimonio de mí” (tengamos en cuenta que para los primeros lectores del Evangelio no hay más Escrituras que el A T). Ojalá el Jesús en quien creemos constituya para nosotros esas “gafas mágicas” que nos permitan captar el sentido de las Escrituras, y a través de ellas conocerle a él más a fondo.

Pero Jesús no pretende ser simplemente conocido, sino “ser vivido”: que vivamos con él y que vivamos por él y desde él. Esos primeros discípulos a quienes llama al seguimiento deben acompañarle, amarle, copiar sus actitudes, involucrarse en su proyecto, anteponerle a cualquier otro valor; en eso consiste ser “seguidores”.
Parte de todo eso ya no podemos realizarlo literalmente como Andrés o Juan. Pero la llamada ha quedado para los creyentes de todas las épocas. Y el autor de Hebreos lo expresa con sublimidad: el Hijo nos sostiene con su palabra poderosa, nos sigue creando y recreando; en sus palabras seguimos percibiendo el designio último del Padre, expresado de forma imperfecta por los profetas, pero con nitidez “en esta etapa final…”.

La más antigua confesión de fe explícitamente cristiana (ya no meramente judía) es “Jesús es Señor” (1Co 12,3). Es, por tanto, digno de “seguimiento” y de adoración: “adórenle todos los ángeles” (¡cuánto más los hombres!). Es una feliz coincidencia que, recién concluido el tiempo de Navidad, la liturgia nos ofrezca esta visión de Jesús en profundidad (carta a los Hebreos) y el recuerdo de su pretensión de que le antepongamos a todo y le sigamos, porque él es el reflejo perfecto de la gloria del Padre puesto a nuestro alcance: “la Palabra se hizo carne, y hemos visto su gloria”. Recordemos la canción, quizá melosa pero con enjundia: “No adoréis a nadie, a nadie más; no pongáis los ojos en nadie más…”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 12 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (5,14-21):

En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida -a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida-. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos, guardaos de los ídolos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,22-30):

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.
Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.»
Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él.» El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  
Alejandro, C. M. F.

Queridos amigos, paz y bien.

La Liturgia nos ofrece hoy un texto del evangelio muy significativo. Se trata del testimonio del Bautista sobre Jesús. Había discusiones sobre el bautismo (no había todavía manuales de Teología para explicar los Sacramentos) y le hacen saber a su maestro, Juan el Bautista, que Jesús, a quien él ha bautizado, está también bautizando y convocando numerosos discípulos. Y Juan reacciona como Dios manda: no se siente desplazado ni suplantado.

El Bautista ha entendido quién es él, y Quién es Él. Y nos habla de amor. Del amor del esposo que recibe a la novia. El esposo es Jesús. La gente que acude a Él es el nuevo Israel, la amada esposa anunciada por los profetas. Son los tiempos de las bodas del Mesías con su pueblo, y Juan se alegra al escuchar el eco de su voz, como el amigo del novio, que lo acompaña, lo asiste y es testigo de su alianza de amor. Como amigo del esposo se contenta con que el novio ocupe el lugar principal, crezca en respeto y consideración entre los suyos y realice plenamente su misión. El Bautista se echa a un lado, porque sabe cuál es su tarea.

La actitud del Bautista es modélica para nosotros. Como él, debemos hacer que Jesús sea recibido por todos, que crezca en el amor y en la fe que le deben los suyos, que ocupe el primer lugar en las vidas de todos aquellos a quienes se proclame el evangelio, de quienes conformen las comunidades cristianas. Es una lección de humildad ante el Señor Jesús a quien no podemos suplantar con nuestros intereses personales de poder o de honor.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C. M. F.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 11 de enero de 2019.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (5,5-13):

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios, un testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene dentro el testimonio. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 147,12-13.14-15.19-20

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,12-16):

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»
Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.» Y en seguida le dejó la lepra.
Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»
Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Alejandro, C. M. F.

Queridos amigos, paz y bien.

“Si quieres, puedes limpiarme”. ¡Cuánta fe en esas palabras! Ya me gustaría a mí tener esa fe. No es posible imagina el sufrimiento de los leprosos. Hoy en día la lepra sigue siendo una enfermedad que produce rechazo. Hay medicamentos que retardan sus devastadores efectos, pero no están al alcance de todos.

En la época de Jesús, la lepra era mucho peor, porque se creía un castigo de Dios. Se sumaban varios rechazos: el de la familia, el de la comunidad, el del templo… Eran impuros a todos los niveles. Quizá por eso la petición que hace el leproso a Jesús suena tan dramática, tan llena de confianza y a la vez tan desesperada.

Cuando Jesús cura al leproso, le da mucho más que la salud. Le reintegra a la sociedad, le permite volver a la familia, a la sociedad, la posibilidad de volver a dar gloria a Dios en el templo.

Sabemos que lo que leemos en el Evangelio no ha sido recogido para leerlo y ya. Se trata de pasar a la acción (Iglesia en salida, en palabras del Papa Francisco). Se trata de acercarnos a los leprosos de nuestro tiempo. Hay muchos enfermos, víctimas de la violencia y de la guerra, personas mayores, solitarios… Jesús quiere curarlos a través de nuestra acción. También hoy los seguidores de Jesús se ocupan de los leprosos, de los que padecen sida, de los enfermos a quienes nadie quiere cuidar. Al obrar de este modo, restauran la dignidad incomparable de los hijos de Dios. Dignidad que nadie ni nada puede arrebatarles porque en sus enfermedades y miserias es el mismo Dios quien reclama nuestra solidaridad y nuestro amor.

Por cierto, como Jesús, que no se nos olvide orar, para poder hacer esto. Sin oración, no hay nada que hacer.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C. M. F.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Audiencia general, 9 de enero de 2019 – Catequesis del Papa Francisco

Padre Nuestro: “Llamad y se os abrirá”

(ZENIT – 9 enero 2019).- El Santo Padre, en su 4ª catequesis sobre la oración del ‘Padre Nuestro’ asegura que “ninguna oración quedará sin ser escuchada”. “¿Por qué?”, plantea. “Porque Él es Padre y que no se olvida de sus hijos que sufren”.

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:20 horas en el Aula Pablo VI  donde el Papa ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo. El Pontífice se ha centrado en el tema: Llamad y se os abrirá (Pasaje bíblico: Evangelio según san Lucas 11, 9-13).

“La oración cambia la realidad, no nos olvidemos”, ha aclarado el Papa, en el contexto de la oración del ‘Padre Nuestro’. “O cambia las cosas o cambia nuestro corazón, pero cambia siempre”.

Así, el Papa ha planteado una pregunta: “¿Cuántas veces hemos llamado y encontrado una puerta cerrada?” Jesús nos insta –ha respondido– en esos momentos, a insistir y no darnos por vencidos. “La oración siempre transforma la realidad, siempre”. Si las cosas que nos rodean no cambian, al menos “cambiamos nosotros, cambia nuestro corazón”.

Jesús prometió el don del Espíritu Santo a cada hombre y a cada mujer que rece, ha anunciado.

Al rezar es como si viéramos cada fragmento de la creación que bulle en el torpor de una historia cuyo por qué a veces no comprendemos. “Pero está en movimiento, está en camino, ¿qué hay al final de nuestro camino? Al final de la oración, al final de un tiempo en que rezamos, al final de la vida ¿Qué hay? Hay un Padre que espera todo y nos espera a todos con los brazos abiertos de par en par. Miremos a este Padre”, ha propuesto Francisco.

RD

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, Francisco ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

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Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy hace referencia al Evangelio de Lucas. De hecho, es sobre todo este Evangelio, desde los relatos de la infancia, el que describe la figura de Cristo en un ambiente lleno de oración. Contiene los tres himnos que jalonan cada día la oración de la Iglesia: el Benedictus, el Magnificat y el Nunc Dimittis.

Y en esta catequesis sobre el Padre nuestro, seguimos adelante, vemos a Jesús como orante. Jesús reza. En el relato de Lucas, por ejemplo, el episodio de la transfiguración surge de un momento de oración. Dice así: “Mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó y sus vestidos eran de una blancura fulgurante ” (9,29). Pero cada paso de la vida de Jesús está inspirado por el soplo del Espíritu que lo guía en todas sus acciones. Jesús reza en el bautismo en el Jordán, dialoga con el Padre antes de tomar las decisiones más importantes, a menudo se retira en soledad para rezar, intercede por Pedro, que de allí a poco renegará de él. Dice así: «¡Simón, Simón!, Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo,
pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca” (Lc 22, 31-32). Esto consuela: saber que Jesús reza por nosotros, reza por mí, por cada uno de nosotros para que nuestra fe no desfallezca. Y es verdad: “Pero, padre ¿lo hace todavía?” Lo hace todavía ante el Padre. Jesús reza por mí. Cada uno de nosotros puede decirlo. Y también podemos decir a Jesús: “Tú estás rezando por mí, sigue rezando que lo necesito”. Así: valientes.

Incluso la muerte del Mesías está inmersa en una atmósfera de oración, tanto que las horas de la pasión aparecen marcadas por una calma sorprendente: Jesús consuela a las mujeres, reza por los que le crucifican, promete el paraíso al buen ladrón, y expira diciendo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu “(Lc 23:45). La oración de Jesús parece amortiguar las emociones más violentas, los deseos de venganza y revancha, reconcilia al hombre con su enemiga acérrima, reconcilia al hombre con esa enemiga que es la muerte.

Y siempre en el Evangelio de Lucas encontramos la petición, expresada por uno de los discípulos, de que el mismo Jesús les enseñe a orar. Y dice así “Señor, enséñanos a orar” (11: 1). Veían que él rezaba. “Enséñanos –también podemos decir nosotros al Señor– Señor, tú estas rezando por mí, lo sé, pero enséñame a rezar, para que también yo pueda rezar”.

De esta petición –“Señor, enséñanos a rezar”– surge una enseñanza muy extensa, a través de la cual Jesús explica a los suyos con qué palabras y con qué sentimientos deben dirigirse a Dios.

La primera parte de esta enseñanza es precisamente el Padre nuestro. Rezad así: “Padre, que estás en los cielos”. “Padre”: esa palabra tan hermosa de pronunciar. Podemos pasar todo el tiempo de la oración solamente con esa palabra: “Padre”. Y sentir que tenemos un padre: no un padrón o un padrastro. No: un padre. El cristiano se dirige a Dios llamándolo en primer lugar “Padre”.

En esta enseñanza que Jesús da a sus discípulos, es interesante detenerse en algunas instrucciones que coronan el texto de la oración. Para darnos confianza, Jesús explica algunas cosas que hacen hincapié en la actitud del creyente que reza. Por ejemplo, la parábola del amigo importuno, que va a molestar a toda una familia que duerme porque, de repente, ha llegado una persona de viaje y no tiene pan para ofrecerle: ¿Qué dice Jesús a éste que llama a la puerta y despierta a su amigo? «Os aseguro, explica Jesús, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad y le dará cuanto necesite” (Lc 11, 9). Así, quiere enseñarnos a rezar y a
insistir en la oración. E inmediatamente después pone el ejemplo de un padre que tiene un hijo hambriento. Todos vosotros, padres y abuelos, que estáis aquí, cuando el hijo o el nieto os piden algo, tiene hambre, y pide, luego llora, grita, tiene hambre “¿Qué padre hay entre vosotros que, si un hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dará una culebra?” (V. 11). Y todos vosotros tenéis la experiencia de que cuando el hijo pide, le dais de comer lo que pide, por su bien.

Con estas palabras, Jesús nos hace entender que Dios siempre responde, que ninguna oración quedará sin ser escuchada. ¿Por qué? Porque Él es Padre y que no se olvida de sus hijos que sufren.

Ciertamente, estas afirmaciones nos ponen en crisis, porque muchas de nuestras oraciones parecen no obtener ningún resultado. ¿Cuántas veces hemos pedimos y no hemos obtenido –todos tenemos esa experiencia– ¿Cuántas veces hemos llamado y encontrado una puerta cerrada? Jesús nos insta, en esos momentos, a insistir y no darnos por vencidos. La oración siempre transforma la realidad, siempre. Si las cosas que nos rodean no cambian, al menos cambiamos nosotros, cambia nuestro corazón. Jesús prometió el don del Espíritu Santo a cada hombre y a cada mujer que rece.

Podemos estar seguros de que Dios responderá. La única incertidumbre se debe a los tiempos, pero no dudemos de que Él responda. Tal vez tengamos que insistir por toda la vida, pero Él responderá. Nos lo ha prometido: No es un padre que da una culebra en lugar de un pez. No hay nada más seguro: el deseo de felicidad que todos llevamos en nuestros corazones un día se cumplirá. Jesús dice: “Dios ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche?” (Lc 18, 7). Sí, hará justicia, nos escuchará. ¡Qué día de gloria y resurrección será ese! Rezar es desde ahora la victoria sobre la soledad y la desesperación. Rezar. La oración cambia la realidad, no nos olvidemos. O cambia las cosas o cambia
nuestro corazón, pero cambia siempre. Rezar es desde ahora la victoria sobre la soledad y sobre la desesperación. Es como ver cada fragmento de la creación que bulle en el torpor de una historia cuyo por qué a veces no comprendemos. Pero está en movimiento, está en camino, y al final de cada camino ¿qué hay al final de nuestro camino? Al final de la oración, al final de un tiempo en que rezamos, al final de la vida ¿Qué hay? Hay un Padre que espera todo y nos espera a todos con los brazos abiertos de par en par. Miremos a este Padre.

© Librería Editorial Vaticano

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-9-de-enero-de-2019-catequesis-del-papa-francisco/

Comentario al evangelio de hoy jueves 10 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22

En aquel tiempo, impulsado por del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.

Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:

El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: «Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

No se oyen palabras de un simple hombre que lee en voz alta sino que, aquello que proclama, transmite un mensaje de esperanza y libertad. El mensaje se queda clavado en nuestros oídos y penetra en la intimidad de nuestra persona. Así, millones y billones de miradas se concentran sobre un mismo punto. Hay un solo mensaje, unas mismas palabras y, sin embargo, hay historias tan diversas detrás de cada mirada.

Algunos ven a este Hombre con una actitud de gratitud por haber sentido un momento de consuelo. Otros, manteniendo una mirada sencilla, no hacen más que contemplar. También se encuentran las miradas cansadas que amenazan con apagarse, pero que no pierden la esperanza y no quieren dejar de esperar.

Hay otra postura de fondo al mantener una mirada. Son los que demuestran desprecio e indiferencia, por pensar que las palabras de este hombre no pueden cambiar la realidad. Las miradas egoístas y soberbias que tan sólo desean verse en un espejo. No se pueden ignorar esas miradas cargadas de odio, rencor, incomprensión…

En fin, una mirada dice más que mil palabras, refleja lo que llevo dentro y descubre las aspiraciones más íntimas. Así, nos damos cuenta de lo que deseamos y, más aún, revela a los demás mis convicciones, mis principios, mis certezas que son testigos de la fe que llevo dentro.

Una última cosa; recordemos cuánto se agradece el ver una mirada pura, sencilla, sincera…

«Precisamente “hoy —afirma Jesús— se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”. La alegría del Evangelio, que nos abre al encuentro con Dios y con los hermanos, no puede esperar nuestras lentitudes y desidias; no llega a nosotros si permanecemos asomados a la ventana, con la excusa de esperar siempre un tiempo más adecuado; tampoco se realiza en nosotros si no asumimos hoy mismo el riesgo de hacer una elección. ¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno de nosotros está llamado —a la vida laical, en el matrimonio; a la sacerdotal, en el ministerio ordenado, o a la de especial consagración— a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora. Este “hoy” proclamado por Jesús nos da la seguridad de que Dios, en efecto, sigue “bajando” para salvar a esta humanidad nuestra y hacernos partícipes de su misión.»
(Jornada de oración por las vocaciones, S.S. Francisco, 2017).

Homilía para la eucaristía del domingo 13 de enero de 2019

Un cordial saludo de Paz y Bien a todos.

Fiesta del Bautismo del Señor.

Isaías  40, 1-5.9-11: el Pueblo de Dios necesitaba ser consolado ya que sentía abandonado de Dios. Pero encontramos en este texto una gran “Epifanía del perdón”: la culpa ya está pagada. Y esto hay que proclamar: “que se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán”.

Tito 2, 11-14;  3,4-7: el Amor de Dios se manifestó en Cristo haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.

Lucas 3,15-16.21-22: al terminar su misión Juan Bautista se reconoce inferior a Jesús.

 

Se describe el bautismo de Jesús como lo que será el bautismo para los cristianos: desciende el Espíritu y Jesús es proclamado el Hijo en el que el Padre ha puesto toda su predilección.

1.- Con la celebración de hoy culmina la Epifanía y se cierra el tiempo de Navidad.

Dios se manifiesta amando, perdonando, derramando su misericordia a los pecadores. Es lo que proclama el libro de Isaías: Consuelen a mi Pueblo, ya que la culpa está pagada. Esta sí que es buena noticia para todos los que están abatidos, deprimidos, bajoneados. ¡Ya no debes nada!

Es que, como dice el texto, se ha revelado la gloria del Señor. Esta gloria del Señor se revela principalmente en Cristo, quien la muestra a los hombres, la manifiesta en su nacimiento y en toda su vida. La Gloria de Dios se refleja en su Hijo Jesucristo. En Juan 1,14 se lee: “Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”.

2.- El Bautismo de Jesús es una Epifanía, ya que se presenta a Jesús como el que posee en plenitud el Espíritu Santo. Y esta es una buena noticia, ya que Israel estaba pasando por una terrible sequía espiritual. Por eso la promesa de las profecías era que sobre el Elegido descendería el Espíritu Santo, sería el Ungido – el Cristo, quien comunicaría el Espíritu Santo a los demás.

De allí que el Padre lo  proclama su Hijo Predilecto, el elegido para salvar a los hombres. Hoy Cristo entra en sociedad. Y así quiere el Señor que contemplemos a Jesús.

El Bautismo de Jesús es todo un icono para nosotros. Lucas nos describe lo que significa el bautismo de Jesús; es un modelo de lo que es el bautismo para los cristianos. Así como a Jesús en oración se le abrió el cielo y descendió el Espíritu, del mismo modo al discípulo se le abre el cielo, que lo tenía cerrado, y también desciende sobre él el Espíritu Santo. De modo que, según el decir de san Pablo, nosotros que éramos hijos de la ira hemos llegado a ser hijos de Dios en Cristo. Y en la carta a Tito que hemos escuchado, nos dice: “Él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo”. De manera, hermanos, que en nosotros se ha manifestado la gloria del Dios al derramar su Amor, su Espíritu sobre todos nosotros.

3.- El bautismo del Señor es manifestación del Señor, pero también nos muestra la tremenda grandeza del bautismo con el que hemos sido beneficiados.

Desgraciadamente en la sociedad actual el sacramento del bautismo está deslavado, no tiene sentido. Y no es que no lo tenga, sino la gente no capta lo que es y lo que exige el bautismo.

El concilio Vaticano II, en uno de sus documentos, dice: El bautismo por sí mismo es tan sólo un principio y un comienzo, porque todo él se dirige a la consecución de la plenitud de la vida en Cristo” (Unitatis redintegratio 22b).

No podemos conformarnos con ser bautizados. El bautismo es para ser vivido; así como no basta con celebrar el matrimonio, hay que vivirlo. De nada sirve celebrar el sacramento si no se vive. Tenemos que alcanzar la plenitud de la vida en Cristo.

En otras palabras, porque el Señor nos ha santificado tenemos que ser santos.

4.- Hoy Jesús es bautizado y Dios nos lo da a conocer. El Padre nos muestra al Hijo predilecto, en quien reposa la plenitud del Espíritu.

Hoy, al celebrar este Misterio, se nos recuerda lo que somos, se nos recuerda nuestra identidad: somos ungidos por el Señor con el don del Espíritu Santo, de modo que somos también hijos de Dios.

Reunidos como Pueblo de Dios celebramos este Misterio de salvación. Al acercarnos para hacer la Comunión Dios Padre también dice de cada uno de nosotros: “Tú eres mi hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Por eso podemos acercarnos con gozo y con fe a esta mesa santa diciendo: “¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Señor, Dios mío, qué grande eres!”.

 

Hermano Pastor Salvo Beas.