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Autor: Patricio Osiadacz

Ángelus: “Haced lo que Él os diga”

Palabras del Papa antes del Ángelus(Traducción completa)

(ZENIT – 20 enero 2019).- A las 12 horas de hoy, el Santo Padre Francisco se asoma a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Estas son las palabras del Papa al presentar la oración mariana:

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El domingo pasado, con la fiesta del bautismo del Señor, comenzamos el camino del tiempo litúrgico “ordinario”: es el tiempo para seguir a Jesús en su vida pública, en la misión por la cual el Padre lo envió al mundo. En el Evangelio de hoy (cf. Jn 2, 1-11) encontramos el relato del primero de los milagros de Jesús, que el evangelista Juan llama “señales”, porque Jesús no los hizo para despertar asombro, sino para revelar el amor del Padre. . El primero de estos prodigiosos signos tiene lugar en el pueblo de Cana, en Galilea, durante una fiesta de bodas. No es casual que al comienzo de la vida pública de Jesús haya una ceremonia de boda, porque en Él Dios se ha casado con la humanidad: esta es la buena noticia, aunque los que lo han invitado aún no saben que en su mesa está sentado el Hijo de Dios y que el verdadero novio es Él. De hecho, todo el misterio de la señal de Caná se basa en la presencia de este novio divino, Jesús, que comienza a revelarse. Jesús se manifiesta como el novio del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a él: es una nueva Alianza de amor. En el contexto de la Alianza, se comprende plenamente el significado del símbolo del vino, que está en el centro de este milagro.

Justo cuando la fiesta está en su apogeo, el vino se ha terminado; Nuestra Señora lo nota y le dice a Jesús: “No tienen vino” (v. 3), hubiera sido  horrible continuar la fiesta con el agua, una vergüenza y la Virgen se da cuenta y como es madre advierte inmediatamente a Jesús.

Las Escrituras, especialmente los Profetas, indicaron el vino como un elemento típico del banquete mesiánica (cf. Am 9,13-14; Gl 2,24; Is 25,6). El agua es necesaria para vivir, pero el vino expresa la abundancia del banquete y la alegría de la fiesta. Una fiesta sin vino…
Al convertir en vino el agua de la tinaja utilizada “para la purificación ritual de los judíos” (v. 6),era una costumbre antes de entrar en la casa purificarse, Jesús hace un signo elocuente: transforma la Ley de Moisés en el Evangelio, portador de alegría.

Luego miramos a María. Las palabras que María dirige a los sirvientes vienen a coronar el cuadro conyugal de Caná: “Lo que Él te diga, hazlo” (v. 5). Incluso hoy, la Virgen María  nos dice a todos: “Hagan lo que Él les diga”. Estas palabras son una herencia preciosa que nuestra Madre nos ha dejado. Y los siervos obedecen en Caná. Jesús les dijo: Llenad de agua estas tinajas. Y las llenaron hasta el borde. Él les dijo de nuevo: Saquen ahora un poco y llevénselo al mayordomo. Y los trajeron “(versículos 7-8).

En esta boda, realmente se estipula una Nueva Alianza y la nueva misión se confía a los siervos del Señor, es decir a toda la Iglesia: “Hagan lo que Él les diga”

Quisiera subrayar una experiencia que seguramente muchos de ustedes hemos tenido en nuestra vida, cuando estamos en situaciones difíciles, cuando tenemos problemas que no sabemos cómo resolver, cuando sentimos muchas veces ansia y angustia, cuando nos hace falta la alegría hay que ir donde la Virgen y decirle “no tenemos vino se terminó el vino, mira como estoy, mira mi corazón mi alma”, es la Madre y ella seguro irá donde Jesús y dirá mira este o esta, no tienen vino y después regresará donde nosotros y nos dirá “Cualquier cosa que les diga haganla”. Para cada uno de nosotros extraer de la tinaja es equivalente a confiar en la Palabra y en los Sacramentos para experimentar la gracia de Dios en nuestra vida. Entonces también como maestros de mesa que probó el agua convertida en vino, podemos exclamar: “Has guardado el vino mejor hasta ahora”(v. 10), siempre Jesús nos sorprende.

Que la Santísima Virgen nos ayude a seguir su invitación: “Hagan lo que Él les diga”, para que podamos abrirnos completamente a Jesús, reconociendo en la vida cotidiana los signos de su presencia vivificadora.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-haced-lo-que-el-os-diga/

Audiencia general, 16 de enero de 2019 – Catequesis completa

La oración se concentra en una palabra: “Abba”, Padre

(ZENIT – 16 enero 2019).- La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar a las 9:20 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

 

El Santo Padre, continuando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “¡Abba, Padre! (Pasaje bíblico: De la Carta de San Pablo a los Romanos 8, 14-16)

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo y ha recordado, en un llamamiento, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que comienza el próximo viernes, 18 de enero.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuando las catequesis sobre el “Padre nuestro”, hoy partimos de la observación de que, en el Nuevo Testamento, la oración parece querer alcanzar lo esencial, hasta el punto de concentrarse en una palabra: “Abba“, Padre.

Hemos escuchado lo que escribe San Pablo  en la Carta a los Romanos: “No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar:”¡Abba, Padre!” (8.15). Y a los Gálatas, el apóstol dice: “La prueba de que sois hijos es que  Dios, ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama:”¡Abba, Padre!” (Gal 4,6). Retorna dos veces la misma invocación, que condensa toda la novedad del Evangelio. Después de haber conocido a Jesús y de escuchar su predicación, el cristiano ya no considera a Dios como un tirano a quien temer, no le tiene miedo sino que siente que su confianza en él florece: puede hablar al Creador llamándolo “Padre”. La expresión es tan importante para los cristianos que a menudo se ha mantenido intacta en su forma original: “Abba“.

Es raro que en el Nuevo Testamento las expresiones arameas no se traduzcan al griego. Debemos imaginar que en estas palabras arameas, haya quedado “grabada” la misma voz de Jesús: han respetado el idioma de Jesús. En la primera palabra del “Padre Nuestro” encontramos inmediatamente la novedad radical de la oración cristiana.

No se trata solo de usar un símbolo –en este caso- la figura del padre, vinculada con el misterio de Dios; se trata, en cambio, de tener,  por así decirlo, traspasado a nuestro corazón todo el mundo de Jesús. Si llevamos a cabo esta operación, podemos rezar con verdad el “Padre nuestro”. Decir “”Abba” es algo mucho más íntimo, más conmovedor que  llamar a Dios “Padre” simplemente. Por eso alguno ha propuesto que se tradujese esta palabra original aramea Abba con “Papá”. En vez de decir, “Padre nuestro” , decir “Papá”. Nosotros seguimos diciendo “Padre nuestro”, pero con el corazón estamos invitados a decir “Papá”, a
tener una relación con Dios como la de un niño con su papá, que lo llama “papá”. De hecho, estas expresiones evocan afecto, calidez, algo que nos proyecta en el contexto de la infancia: la imagen de un niño completamente envuelta en el abrazo de un padre que siente una infinita ternura por él. Y por eso, queridos hermanos y hermanas, para rezar bien hay que llegar a tener un corazón de niño. No un corazón autosuficiente: así no se puede rezar bien. Como un niño en brazos de su padre, de su papá.

Pero seguramente son los evangelios los que mejor nos introducen en el sentido de esta palabra. ¿Qué significa esta palabra para Jesús? El “Padre nuestro” toma significado y color si aprendemos a rezarlo después de haber leído, por ejemplo,  la parábola del padre misericordioso en el capítulo XV de Lucas (cf. Lc 15, 11-32). Imaginemos esta oración pronunciada por el hijo pródigo, después de sentir el abrazo de su padre que  lo había esperado durante mucho tiempo, un padre que no recuerda las palabras ofensivas que él le había dicho, un padre que ahora hace que entienda, sencillamente, cuánto lo extrañaba. Descubrimos entonces cómo esas palabras cobran vida, se fortalecen. Y nos preguntamos: ¿es posible que Tú, oh Dios, conozcas solo amor? ¿Tú no conoces el odio? No, contestaría Dios, yo conozco solo amor. ¿Dónde está en ti la venganza, la demanda de justicia, la rabia por tu honor herido? Y Dios contestaría: Yo conozco solo amor.

El padre de esa parábola tiene, en su forma de hacer, algo que recuerda mucho el alma de una madre. Son las madres, sobre todo,  las que excusan a sus hijos, las que los cubren, las que no interrumpen la empatía con ellos, las que los siguen queriendo, incluso cuando ellos ya no se merezcan nada.

Basta con evocar esta sola expresión, Abba, para que se desarrolle una oración cristiana. Y San Pablo, en sus cartas, sigue este mismo camino, y no podría ser de otra manera, porque es el camino que enseñó Jesús: en esta invocación hay una fuerza que atrae todo el resto de la oración.

Dios te busca, aunque tú no lo busques. Dios te ama, aunque tú te hayas olvidado de Él. Dios vislumbra en ti una belleza, aunque  pienses que has desperdiciado todos tus talentos en vano. Dios no es solo un padre, es como una madre que nunca deja de amar a su criatura. Por otra parte, hay una “gestación” que dura siempre, mucho más allá de los nueve meses de la física; es una gestación  que genera un circuito infinito de amor.

Para un cristiano, rezar es simplemente decir “Abba“, decir “papá”, decir “Padre”, pero con la confianza de un niño.

Puede ser que a nosotros también nos suceda que caminemos por sendas alejadas de Dios, como le pasó  al hijo pródigo; o que precipitemos en una soledad que nos haga sentirnos abandonados en el mundo; o, también,  que nos equivoquemos y estemos  paralizados por un sentimiento de culpabilidad.. En esos momentos difíciles, todavía podemos encontrar la fuerza para rezar, recomenzando de la palabra “Padre”, pero dicha con el sentimiento tierno de un niño:”Abba”, “Papá”. Él no nos ocultará su rostro.
Acordaos: quizás alguno lleva dentro cosas difíciles, cosas que no sabe cómo resolver, tanta amargura por haber hecho esto  y esto… Él no nos ocultará su rostro. Él  no se encerrará en el silencio. Tú dile “Padre” y él te contestará. Tú tienes un Padre. “Sí, pero yo soy un delincuente. ¡Pero tienes un padre que te ama!. Dile, “Padre”, empieza a rezar así  y en el silencio nos dirá que nunca nos ha perdido de vista. “Pero, padre, yo he hecho esto…”. “No te he perdido nunca de vista, lo he visto todo”. Pero he estado siempre allí, cerca de ti, fiel a mi amor por ti”. Esa será la respuesta. Nunca os olvidéis de decir “Padre”. Gracias.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-16-de-enero-de-2019-catequesis-completa/

Comentario al evangelio de hoy sábado 19 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?”

Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando pregunto a las familias: «¿Cree usted que Dios sigue llamando a los jóvenes a una vida religiosa?» Las respuestas que más risa me dan son: «muy poco» o «no a mi hijo». Sin embargo, me quedo reflexionando de verdad en cómo es que Cristo nos llama.

La llamada que Cristo hace no se queda en el cajón, olvidada; no podemos decir que es Él quien nos obliga a responder, y mucho menos nos extorsiona para responder. Él quiere nuestra respuesta libre, pero respuesta a una llamada que nos hace a todos: «Sígueme.»

«¿Entonces todos tenemos que entrar en el convento o en el seminario?» No necesariamente. La respuesta a la vocación es muchísimo más grande que decir «me voy de cura». Es una respuesta al día a día, al amor de Cristo que se desborda y nos pide que sepamos corresponder con Él. Es cuando ese «sígueme» se lo dice a un joven a punto de casarse para que se pregunte: «¿Estoy siguiendo a Cristo?», o que una chica en la universidad diga: «¿Estoy siguiendo a Cristo?», o que una madre muy dedicada a su trabajo y a sus hijos diga: «¿Estoy siguiendo a Cristo?» O que yo, con mis cualidades, mis defectos, mis triunfos, mis fracasos… sepa levantar la mirada y decir: «¿Estoy siguiendo a Cristo?»

«Las mujeres del Evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos? ¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.»
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de marzo de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72210/sigueme.html#modal

Saludo al nuevo Ministro Provincial de los Hermanos Menores Capuchinos.

   Longaví, 18 de enero de 2019.

Estimados Ministro Provincial de los Hermanos Menores Capuchinos y Consejo.

Por medio de la presente queremos hacer extensivo nuestro fraternal saludo por el nombramiento del nuevo Ministro Provincial, Fray Miguel Angel Ariz Larumbe.

El hermano Miguel Angel siempre ha sido muy cercano al laicado capuchino y agradecemos al Padre Dios que haya puesto su mirada en este fiel servidor.

Sabemos que el Señor guiará sus pasos con la ayuda y oraciones de todos sus hermanos frailes y también de quienes conformamos esta hermosa familia que son los Laicos Capuchinos.

No está demás decir, como lo hemos hecho saber en otras oportunidades, que estamos a vuestra disposición para lo que el Consejo Provincial requiera.

Les enviamos todas las bendiciones y saludos que han manifestado los hermanos a lo largo del país. La alegría es el sentimiento que aflora naturalmente en este día.

Un abrazo cariñoso para todos ustedes.

 

PAZ Y BIEN

 

Comisión Nacional Laicos Capuchinos de Chile.

EDD. sábado 19 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,12-16):

HERMANOS:
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.
Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.
Así pues, ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado.
Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18.8.9.10.15

R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

V/. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.

V/. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

V/. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

V/. Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,13-17):

EN aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Se levantó y lo siguió.
Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían.
Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he ven do a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra de Dios

REFLEXIÓN  :  
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Hace unos días veíamos como Jesús llamaba a su seguimiento a dos parejas de hermanos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. No nos detuvimos en los detalles. Hoy encontramos un nuevo relato de llamada: la de un despreciable publicano. Leví tenía todas las contraindicaciones para formar parte del séquito de un profeta; era traidor a su pueblo y colaboracionista con el poder romano opresor; e incurría constantemente en impureza, al tratar con los funcionarios paganos para entregarles lo recaudado. Probablemente era también ladrón, cobrando más de lo debido a gente analfabeta e indefensa.

Pero en la llamada a ser seguidor de Jesús no cuentan méritos humanos, pues la iniciativa es solo de él. Podemos darnos cuenta de que Jesús es el sujeto de los tres primeros verbos: pasaba por el muelle, vio a Leví, le llamó. Leví no le esperaba, ni consta que desease cambiar de oficio; en esta primera parte de la escena es personaje pasivo, mero receptor de un don.

Históricamente hablando cabe suponer que el episodio fue más complicado; nadie se marcha, sin más ni más, con un desconocido; nadie aventura su futuro dejando el empleo sin garantizarse otra forma de economía para sí y para su familia… Pero los evangelistas han reducido la narración a mínimos: el creyente debe saber que, si Jesús llama, no se le ponen objeciones, no se le piden razones ni se hacen cálculos. ¡Es el Señor!

Con esta nueva incorporación, el grupo que rodea a Jesús comienza a ser cuestionable. Seguramente más de un observador se hizo las consideraciones más tarde encontraremos en un tal Simón, cuando, en su casa, Jesús se deje agasajar por una prostituta: “Si este fuese profeta, sabría…” (Lc 7,39). El mismo Jesús queda cuestionado. Y el motivo del cuestionamiento se acentuará con la segunda escena de hoy: la comida de publicanos y otros pecadores con Jesús. Nuestros traductores han dulcificado algo el episodio, indicando por su cuenta que es Leví quien prepara el banquete. Pero el texto original no dice “en casa de Leví”, sino “en casa de él”, es decir (con gran probabilidad), de Jesús. Al parecer es Jesús mismo quien, en su casa (pudiera ser la de Pedro), prepara una comida a la que convida a toda esa “chusma”.

Los restaurantes modernos nos han enseñado a comer junto a desconocidos. Pero en la cultura y época de Jesús eso era inconcebible. Compartir mesa o comedor era compartir la vida. Y, en una sociedad tan religiosa y puritana, ¿quién se atrevería a comer, en un lugar visible, con gente “indeseable”? Jesús rompe todos los moldes.

Algunas personas con prestigio religioso, escribas de tendencia farisea, piden explicaciones de conducta tan escandalosa. Y Jesús la da con gran simplicidad. Él es el médico de los enfermos; pero es sobre todo la encarnación de la bondad del Padre que recibir a sus hijos pródigos y celebra con ellos un banquete: comparte con ellos lo que es y lo que tiene. Nada tan poco cristiano como el puritanismo de quien “nunca se mancha”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 18 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”.

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces Dios nos pide que ayudemos a personas en nuestro entorno con sus necesidades, como por ejemplo con alguna oración. Cristo premiará al que pida con insistencia y no se deje llevar por las dificultades, en especial cuando lo que pedimos es para alguien más. Por la fe y las obras de las cuatro personas Jesús se compadece del paralítico perdonándole sus pecados y sanándolo.

Cristo nos invita a fijar nuestra mirada en el prójimo al que podemos ayudar en diversas formas; lo que se necesita es olvidarse de uno mismo y ver el bien que Dios puede hacer a través de nosotros. Lo que hacemos, al inicio, puede parecer inútil como si lo estuviéramos haciendo mal o no estuviera sucediendo como queríamos, pero con confianza en Dios no dejamos de insistir y Él actúa conforme su voluntad.

Cada vez que encontramos a una persona necesitada es un reto a nuestra creatividad. Es como si se nos pidiera ingeniar algo para que Dios llegue a esa persona; nuestra fe y confianza en Él nos empuja a actuar para convertirnos en instrumentos de su amor y testimonios vivientes de fe.

«Aquellos amigos que llevaron al paralítico ante el Señor, para que lo sanara. No tenían vergüenza, eran “sin vergüenza”, pero bien dicho. No tuvieron vergüenza de hacer un agujero en el techo y bajar al paralítico. Sean “sin vergüenza”, no tengan vergüenza de hacer con la oración que la miseria de los hombres se acerque al poder de Dios. Esa es la oración vuestra. Por la oración, día y noche, acercan al Señor la vida de muchos hermanos y hermanas que por diversas situaciones no pueden alcanzarlo para experimentar su misericordia sanadora, mientras que Él los espera para llenarlos de gracias. Por vuestra oración ustedes curan las llagas de tantos hermanos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de enero de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72209/la-fe-recompensada.html#modal

Homilía para la Eucaristía del domingo 20 de enero de 2019

Paz y Bien para todos. Felices vacaciones.

SEGUNDO DOMINGO DEL AÑO.

Isaías 62,1-5: Se anuncia una nueva era para el Pueblo de Dios. Jerusalén entra en una situación nueva: nueva relación de Dios con su Pueblo, más íntima, como un matrimonio; de allí el cambio de nombre.

1Corintios 12,4-11: La iglesia de Corinto es enriquecida con muchos dones-carismas, pero está dividida. San Pablo recuerda que es el Espíritu Santo el que distribuye los dones para el bien de toda la comunidad.

Juan 2,1-12: el primer signo con el que Jesús manifestó su gloria y anunció la llegada del Reino, la Nueva Alianza.

1.- Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas ubican a Jesús en Galilea comenzando a proclamar la Buena Nueva del Reino de Dios. Dios quiere reinar como Padre, Reino que se expresa en la misericordia. San Juan también ubica a Jesús en Galilea, en el pueblo de Caná. Y aquí tenemos una señal, una “parábola en acción”, que anuncia la llegada del Reino de Dios, que es la Nueva Alianza, sellada con la sangre de Cristo. El escenario no puede ser más adecuado: un banquete de bodas. En la Sagrada Escritura la relación de Dios con su Pueblo, con la humanidad, se compara a un matrimonio; el Reino de Dios es como un Banquete. ¿Qué encontramos? Seis tinajas de piedra que estaban vacías, que indican la caducidad de las mediaciones existentes para establecer la comunión con Dios. Además encontramos una observación: “No tienen vino”, es decir, la ausencia del Reino de Dios se deja sentir. Pero hay alguien presente en la fiesta: Jesús. Es interesante destacar que es Juan quien pone el acento en la presencia salvadora de Jesús. Así, por ejemplo, “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (1,14). En otra parte: “Si hubieras estado aquí mi hermano no (Lázaro) no habría muerto” (11,22.32). Lo que indica que donde está Jesús presente hay salvación, vida, el Reino de Dios.

2.- En realidad Él es la salvación, porque Él es “Dios-con-nosotros”. Cuando Dios entra y es aceptado, cuando es aceptado como Rey de Justicia, entonces se produce la transformación. Ya no te dirán más Abandonada, Devastada, sino el Deleite, la Desposada. Algo nuevo.

Cuando se acepta la soberanía de Dios se renueva todo, porque en el Reino todo es nuevo. “Hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21,5). De hecho, el mensaje de Jesús es ese: trae una vida nueva, una Ley nueva, un Orden nuevo, en el que caben los hombres nuevos, los renacidos por obra y gracia del Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu que renueva y vitaliza a la comunidad de los creyentes con los carismas. Por eso Jesús habló también de odres nuevos para el vino nuevo. No se debe pretender vivir la novedad del Reino de Dios en estructuras reñidas con el Proyecto de Dios. Todo lo que no está de acuerdo con el Reino de Dios es caduco, añejo, sin vida. Es preciso “hacer lo que Él diga” para así tener algo nuevo.

3.- Vivir en el No-Reino, es decir, no aceptando a Dios, trae caos, muerte, desolación. El mundo tiene regias tinajas de piedra, regias estructuras, regios sistemas de organización, mucha ciencia y tecnología. El hombre ha sido capaz de crear robots inteligentes, máquinas inteligentes. Pero están vacías, sin agua, es decir, sin vida, sin humanismo. Y a esta realidad humana el Señor quiere transformar en vino, es decir, impregnarla de Reino de Dios, de evangelio.

En nuestro ambiente, cuando estamos en una comida no falta quien diga: “¿qué le falta al muertito?” ¡Salud! ¿Qué le falta al mundo? ¿Qué le falta a Chile? Y Ella, la Madre, responde: “No tienen vino”. Nos falta el Espíritu de Dios. Hace falta que el Señor se haga presente en la Iglesia, la Esposa de Cristo, que la llaman “Abandonada”, “devastada”, desprestigiada por sus escándalos, para que haya transformación, solución. Ya lo dijo el Papa Francisco a los obispos chilenos: hace falta estar más centrados en Cristo.

4.- Hermoso mensaje. Pero eso no es todo.  Ella, la Virgen creyente, Madre de Aquel por quien se vive, a todos nos dice: “Hagan todo lo que Él les diga”. “¡Felices los que escuchan la Palabra y la ponen por obrar!”  Porque la Palabra, que es la semilla del Reino, fructifica en el creyente y en el medio.

Hoy la Eucaristía hace realidad todo esto. Porque la Eucaristía es el Banquete de Bodas del Reino. Aquí hay un signo grande: por la fuerza del Espíritu Santo el Señor transforma la materia: Pan y vino, en su Cuerpo y en su Sangre. Por la fuerza de este mismo Espíritu, tú, al acercarte a esta Comida, también eres transformado, cristificado. Por eso, hermanos, con el salmista les digo: “Anuncien las maravillas del Señor por todos los pueblos”.

 

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 18 de enero de 2019.

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,1-5.11):

HERMANOS:
Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea haber perdido la oportunidad.
También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron no les sirvió de nada a quienes no se adhirieron por La fe a los que lo habían escuchado.
Así pues, los creyentes entremos en el descanso, de acuerdo con lo dicho:
«He jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»,
y eso que sus obras estaban terminadas desde la creación del mundo.
Acerca del día séptimo se dijo:
«Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho».
En nuestro pasaje añade:
«No entrarán en mi descanso».
Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, imitando aquella desobediencia.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 77,3.4bc.6c-7.8

R/. No olvidéis las acciones de Dios

V/. Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R/.

V/. Que surjan y lo cuenten a sus hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios,
sino que guarden sus mandamiento. R/.

V/. Para que no imiten a sus padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón inconstante,
de espíritu infiel a Dios. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12):

CUANDO a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.
Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.
Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -dice al paralítico-:
“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto una cosa igual».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Resulta un poco simple, o hasta inverosímil, la conversión tan rápida de esos escribas críticos con Jesús, que incluso acaban de tildarle de blasfemo. Sería raro que, derrotados por su palabra y acción, se incluyesen de inmediato en el coro de los que, por lo que ven en él, “dan gloria a Dios”.

Todo se explica cuando en este pasaje evangélico distinguimos dos escenas diferentes, de origen independiente: una controversia sobre perdón de pecados ha sido incrustada en una narración de curación de parálisis. De hecho, esa curación del paralítico reaparece en otro evangelio sin la controversia sobre el perdón y en un marco geográfico diferente: la piscina de Betesda, de Jerusalén (Jn 5), no en Cafarnaúm. Seguramente la aclamación entusiasta final nada tenía que ver, en su origen, con la derrota de los escribas, sino con la curación del tullido, que ahora camina tan campante con su litera a cuestas.

Jesús acogió lo mejor de la pedagogía teológica de su tiempo; en el caso que hoy nos ocupa, acepta el uso del “pasivo divino”, es decir, usa frases en voz pasiva para hablar de la acción de Dios sin manosear excesivamente su nombre. “Tus pecados son perdonados” significa sencillamente “Dios perdona tus pecados”; y ese Dios es el Padre. Lo notable es que Jesús está seguro de conoce el sentir de Dios hacia una determinada persona (no sabemos quién, en su origen no es el paralítico). Y además sabe que el Padre acoge con misericordia a esa persona porque se ha acercado confiadamente a él, el plenipotenciario de Yahvé, su presencia insuperable en este mundo. Se ha especulado mucho sobre la autoconciencia de Jesús: ¿qué pensaba exactamente de sí mismo? ¿cómo se habría definido? Es seguro que la encarnación comportaba limitación de vocabulario, la pobreza expresiva del lenguaje humano; pero, sobre su conocimiento del Abbá y su cercanía al mismo no parece que a Jesús le cupiese oscuridad o duda alguna.

El evangelista tiene un rico concepto de salvación, de salud integral. Al unir las dos piezas, perdón y curación, nos recuerda que sirve de poco la movilidad física si se carece de paz interior. Cuando a Jesús se le pide la salud corporal, sin quitarle importancia, comienza por regalar serenidad de espíritu; y ese renacer interior (liberación de culpabilidad), esa fresca alegría de vivir, tendrá un reflejo en la exterior libertad de movimientos. Desaparecen las opresiones, el mundo que rodea al hombre se hace nuevo.

Cuando nos acercamos confiadamente a Jesús y le dejamos actuar sobre nosotros, tiene lugar algo así como un “fin del mundo”, o un nuevo nacimiento; desaparecen los fardos pesados de angustias y culpabilidades, y todo se hace ligero, claro, limpio y lozano. Ante tal experiencia no podemos sino exclamar como los testigos de lo que narra el evangelio: “jamás habíamos visto cosa igual”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 17 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (3,7-14):

HERMANOS:
Dice el Espíritu Santo:
«Si escucháis hoy su voz,
no endurezcáis vuestros corazones
como cuando la rebelión,
en el día de la prueba en el desierto,
cuando me pusieron a prueba vuestros padres, y me provocaron,
a pesar de haber visto mis obras
cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: Siempre tienen el corazón extraviado; no reconocieron mis caminos,
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».
¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo.
Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este “hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.
En efecto, somos partícipes de Cristo si conservamos firme hasta el final la actitud del principio.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,6-7.8-9.10-11

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».

V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

V/. Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

EN aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos hermanos:

Las traducciones han dulcificado mucho el recuerdo de la curación del leproso. Los manuscritos antiguos más fiables, en vez de un Jesús “compadecido”, hablan de un Jesús “airado”; y esa ira está muy en sintonía con la “severidad” que seguidamente se menciona.

La escena debió de revestir para Jesús una gran seriedad: la presencia del leproso le trajo a la mente algo que él no soportaba, el comportamiento inmisericorde que en Israel se practicaba con los leprosos, manteniéndolos alejados y considerándolos malditos de Dios. La ira de Jesús no va contra el pobre leproso marginado y excluido del culto, sino contra “los piadosos” judíos que no sabían apiadarse; esto a Jesús le indignaba. La originaria precaución ante posible contagio físico se había convertido en prevención ante una supuesta contaminación religioso-moral. La lepra era motivo de marginación religiosa.

Pero Jesús se confesó una y otra vez como el que había venido a buscar a los supuestos pecadores, a los de fuera, a los perdidos. No le importó que le tildasen de “amigo de publicanos y pecadores” (Mt 11,19). En eso se alejó radicalmente de las autoridades religiosas de su tiempo. Muy probablemente la expresión “que les sirva de testimonio” deba entenderse en el sentido de “testimonio contra ellos”, contra los puritanos sacerdotes que pretendían garantizar la santidad del templo excluyendo de él a todo leproso o a todo pecador público.

Lo de Jesús en cambio es la salud humana integral. Él no ahuyenta, sino que acoge; no impide que el leproso se le acerque, incluso le toca con su mano. Y no se conforma con limpiarle de la lepra: le integra de nuevo en la comunidad cultual de Israel, podrá participar de nuevo en la liturgia de la sinagoga y del templo.
No ha sido el papa Francisco el primero en desear una Iglesia que salga fuera de sus espacios sacros, que “se manche” con la suciedad de este mundo, aunque atufe a borrego. En Madrid se creó hace unos años la peculiar parroquia de San Antón, hogar para gente marginada, sucia, quizá a veces procedente del mundo de la droga, del alcoholismo, de la delincuencia. No sé si todo lo que se hace en San Antón es digno de loa; pero la iniciativa va inconfundiblemente en la más pura línea jesuana. Donde hay misericordia, lo de Jesús sigue adelante; si esta falta… allí no está la Iglesia de Jesús.

A veces estas iniciativas fracasan por la escasez de logros, y muchos voluntarios se echan atrás. Es la tentación de la impaciencia, que contrasta con la paciente magnanimidad de Dios para con todos (cf. 2Pe 3,9). La carta a los Hebreos es una exhortación a los cansados, a algunos que están tirando la toalla; se combate la tentación de desertar, se pide al creyente “firmeza hasta el final en la decisión del principio”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 16 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que 1os demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo se presenta a nosotros como el mejor ejemplo de amor, Él nos muestra el camino que todo hombre que ama de verdad debe recorrer. El amor verdadero no tiene límites, no conoce fronteras, no distingue entre razas ni clases sociales, el amor no tiene en cuenta capacidades o debilidades, no conoce distancias. Dios nuestro Señor, que se ha humillado acogiendo nuestra pobre condición y ha muerto por nosotros en la cruz, sabe que esto es verdad.

1. Salir al encuentro de los más cercanos.

El primer grado de amor inicia en el momento en que decido olvidarme de mí mismo y salir al encuentro de las necesidades de aquellos que son más cercanos. La suegra de san Pedro estaba enferma, y aun siendo la suegra, el Señor y el apóstol no le dieron menos importancia. «Saliendo de la sinagoga», después de una mañana de trabajo apostólico, se fueron a visitar a aquella persona que más los necesitaba. Este tipo de amor presupone el desapego de los propios intereses y se aferra a la búsqueda del bienestar de la persona amada.

2. Acoger a los que se acercan.

El siguiente grado es el de la acogida. Son muchas las ocasiones en las que estamos en una situación de indisposición para recibir a otras personas, sin embargo, pareciera que son éstos los momentos en las que las personas más se acercan a pedirnos ayuda. Parece que las ocasiones de cansancio, de estrés o incluso de problemas personales pueden ser una excusa para rechazar a aquellos que se acercan a pedirnos ayuda. El amor verdadero no toma en cuenta la propia situación cuando se trata de ayudar al amado. Es fácil amar cuando no se tiene ninguna dificultad, pero que duro es hacerlo cuando nosotros mismos necesitamos ayuda.

3. Salir en busca de los desconocidos.

El tercer grado es el amor al desconocido. Hasta ahora hemos hablado del amor hacia aquellos que conocemos y nos son cercanos, pero qué hay de aquellos que no conocemos. Nuestro Señor no los deja de lado, ni siquiera espera a que sean los otros los que tomen la iniciativa y se acerquen, Él mismo sale en su búsqueda; «vamos a otra parte… a predicar allí también». Del mismo modo nosotros debemos salir en busca de aquel desconocido que necesita del amor de Dios que nosotros le podemos transmitir. No podemos ni pensar en cuantas circunstancias nosotros podemos ser instrumentos del amor de Dios; especialmente cuando pensamos que no nos corresponde, o que no es nuestro deber, es ahí cuando más debemos tomar la iniciativa, vencernos a nosotros mismos y salir al encuentro de los otros.

«Vivimos la cultura de la exclusión, la cultura del descarte. Salir al encuentro de esos hermanos excluidos, abandonados a su suerte, pisoteados por intereses egoístas… Ellos también son nuestros hermanos que necesitan nuestra ayuda y necesitan experimentar la presencia de Dios que sale a su encuentro. Allí también ustedes son enviados para hacer realidad el espíritu de las Bienaventuranzas a través de las obras de misericordia: escuchando y dando respuesta a los gritos de quienes piden pan y justicia; llevando paz y promoción integral a los que buscan una vida más digna; consolando y ofreciendo razones de esperanza a las tristezas y sufrimientos de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo… Que esta sea la brújula que oriente sus pasos de hermanos y misioneros.»
(Discurso de S.S. Francisco, 22 de junio de 2018).

 

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72207/dios-guia-en-el-camino-de-la-caridad.html#modal