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Autor: Patricio Osiadacz

Mensaje del Papa Francisco para la 52 Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 01 de enero de 2019

 

1. «Paz a esta casa»

Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc10,5-6).

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana[1]. La «casa» mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra «casa común»: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año: «Paz a esta casa».

2. El desafío de una buena política

La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy[2]; es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.

Dice Jesús: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI: «Tomar en serio la política en sus diversos niveles –local, regional, nacional y mundial– es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad»[3].

En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

3. Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz

El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana»[4]. Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

A este respecto, merece la pena recordar las «bienaventuranzas del político», propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyen Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio:

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo[5].

Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.

4. Los vicios de la política

En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción –en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas–, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

5. La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro

Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro. En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa «yo confío en ti y creo contigo» en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. «¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf.Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo»[6].

Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan «artesanos de la paz» que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.

6. No a la guerra ni a la estrategia del miedo

Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad.

7. Un gran proyecto de paz

Celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial. Recordamos a este respecto la observación del Papa san Juan XXIII: «Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos»[7].

La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:

— la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y –como aconsejaba san Francisco de Sales– teniendo «un poco de dulzura consigo mismo», para ofrecer «un poco de dulzura a los demás»;

— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;

— la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.

La política de la paz –que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas– puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Vaticano, 8 de diciembre de 2018

Francisco


Notas

[1] Cf. Lc 2,14: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

[2] Cf. Le Porche du mystère de la deuxième vertu, París 1986.

[3] Carta ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 46.

[4] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 7.

[5] Cf. Discurso en la exposición-congreso Civitas de Padua: 30giorni (2002), 5.

[6] Benedicto XVI, Discurso a las Autoridades de Benín (Cotonou, 19 noviembre 2011).

[7] Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 44.

Fecha de Publicación: 18 de Diciembre de 2018
Fuente  :  http://www.alfayomega.es/173191/mensaje-completo-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz

Comentario al evangelio de hoy viernes 04 de enero de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?». Ellos le contestaron: «¿Dónde vives, Rabí?» (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: «Vengan a ver».

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que quiere decir ‘el ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás» (que significa Pedro, es decir, ‘roca’).

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Puede Jesús conquistar un corazón? En este Evangelio Jesús nos demuestra que sí, si lo dejamos. En concreto, hoy conquista a Juan y a su amigo Andrés. Ellos ven a Jesús, luego lo conocen, y finalmente, se vuelven apóstoles. Nos preguntamos, ¿por qué Jesús sí pudo conquistarlos a ellos, y a otros no? Tal vez la clave sea que Andrés y Juan le dieron una oportunidad. Ellos supieron arriesgarse a pasar una tarde con Jesús, con un corazón abierto. ¿El resultado? Jesús los transformó en pescadores de hombres. Apóstoles. Príncipes de su Reino. Hombres plenos.

Señor, ¿te he dado una oportunidad de hablarme al corazón? ¿He reservado tiempo para estar contigo en un retiro, o en un tiempo de oración después de Misa? ¿Tengo miedo de lo que pasará si te dejo conquistarme? Concédeme confiar en Ti, que sólo quieres mi bien y sabes mejor que yo cómo hacerme plenamente feliz.

El proceso de Juan y Andrés tiene tres pasos: ver a Jesús, experimentar su amor, salir a traer a mis hermanos a su presencia. Ver a Jesús: así comenzamos todos. Alguien nos enseña quién es Jesús, y nosotros, como los apóstoles del Evangelio de hoy, comenzamos a seguirlo, tal vez sin saber bien por qué. Sin embargo, después de algún tiempo, Jesús nos pregunta: ¿Qué buscáis? Ésta es la llamada a la fe adulta, que no puede seguir siendo mera tradición ni obediencia infantil. Hay que encontrar nuestras razones para seguir a Jesús, hay que conocerlo y amarlo de verdad. Y esto, ¿cómo? «Venid y veréis…» Jesús nos invita a su casa, como a Juan y Andrés, para estar una tarde con Él. ¿Qué casa? No la de Cafarnaúm, sino su casa que es la Iglesia. En ella, Jesús nos ayuda a conocerlo poco a poco. Para eso están los guías espirituales, la oración, la Biblia, los sacramentos, y nuestros hermanos.

¿Cómo es la experiencia de Jesús? Eso no se puede contar, y si se cuenta no tiene mucho sentido. La experiencia de Andrés no fue la de Juan, ni la de Juan la de Pedro. Una experiencia de Jesús no se puede contar. Hay que hacerla. Suena misterioso… Pero después de dos mil años, la Iglesia sigue enseñando con entusiasmo que el encuentro con Jesús es lo mejor que le puede pasar a uno. ¿Quiero hacer la experiencia de Jesús? ¿Cuándo empiezo a rezar? ¿Hoy? ¿A qué hora?

Una vez que conocemos a Jesús, es natural llevar a otros a Él. Si nuestra experiencia dice que no hay nada mejor que conocerlo y vivir con Él, no vamos a dejar que los demás se lo pierdan. Esto es lo que hizo que Andrés llevara con Jesús al primero que se encontró ese día, que fue su hermano Simón. Señor, ¡hazme un apóstol incansable de tu misericordia!

«Su invitación “Venid y veréis” se dirige hoy a todos nosotros, a las comunidades locales y a quienes acaban de llegar. Es una invitación a superar nuestros miedos para poder salir al encuentro del otro, para acogerlo, conocerlo y reconocerlo. Es una invitación que brinda la oportunidad de estar cerca del otro, para ver dónde y cómo vive. En el mundo actual, para quienes acaban de llegar, acoger, conocer y reconocer significa conocer y respetar las leyes, la cultura y las tradiciones de los países que los han acogido. También significa comprender sus miedos y sus preocupaciones de cara al futuro. Y para las comunidades locales, acoger, conocer y reconocer significa abrirse a la riqueza de la diversidad sin ideas preconcebidas, comprender los potenciales y las esperanzas de los recién llegados, así como su vulnerabilidad y sus temores
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de enero de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72164/venid-y-vereis.html#modal

EDD. viernes 04 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,7-10):

Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes. R/.

Al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,35-42):

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Querido amigo/a:

¿Dónde vives Señor? Al comienzo de este año queremos encontrarte en los distintos acontecimientos de nuestra vida, como Andrés y Juan, empeñados en estar contigo y conocerte.  Aún así, sabemos también de nuestra cizaña. No todo es puro en nosotros, con frecuencia hacemos el mal que no queremos. Sin embargo, conocedores de nuestra naturaleza pecaminosa, de que no siempre conseguimos lo mejor que nos proponemos, no nos rendimos, no dejamos de buscarte, a pesar de las batallas perdidas y de las heridas del camino. En eso consiste el seguimiento, en no perderte de vista, en no alejarnos de ti, en seguir tus huellas fijándonos por donde pisas para no tropezar. Esta es la senda que queremos seguir a lo largo de este año.

El Papa Francisco afirma: “La fe, para mí, nació del encuentro con Jesús. Un encuentro personal que tocó mi corazón y dio una nueva dirección y un nuevo sentido a mi existencia”. También nosotros hemos tenido un encuentro con el Señor que queremos seguir cuidando e incrementando, como Andrés y Juan, porque se puede perder y no queremos que alguien tan valioso desaparezca de nuestra vida.

Así, la primera carta de Juan nos recuerda que lo bueno sembrado en nosotros procede de Dios. Y esta semilla es mucho más fuerte que el poder del maligno que intenta alejarnos de Él, sembrando nuestro interior de dudas y miedos. Queremos ser sólo suyos y de nadie más. Por eso sentimos un día más en esta Navidad, la invitación a estar con Él, a que nos llame por nuestro nombre, a que su luz brille en nosotros y disipe toda oscuridad, porque suya es la victoria, como rezamos en el salmo de hoy: “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”.

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 06 de enero de 2019.

Paz y Bien a todos y que tengan unas felices vacaciones. Pastor.

EPIFANIA DEL SEÑOR.

Isaías 60,1-6: Por la gloria de la futura Jerusalén se describe la transparente presencia del Señor en medio de su Pueblo. El Señor mismo será la atracción de todos los pueblos. En Jerusalén se dará la gran Revelación a todos.

Efesios 3,2-6: Pablo describe el Plan salvífico de Dios: también los no judíos son herederos de la Promesa, ya que todos son miembros de un solo Pueblo, el de Dios.

Mateo 2,1-12: al evangelista le interesa más mostrar a Jesús encontrándose con el mundo no judío que entrar en detalles acerca de su nacimiento.

1.- Epifanía = manifestación, mostrarse hacia afuera.  Sí, porque muchas veces a Dios se le encerró, se le acaparó. Pero el Señor no es un Dios encerrado, encapsulado. Todo lo contrario. Él es el Sumo Bien, el Único Bien. Y el Bien por naturaleza se expande, como la luz, como el calor. Dios, que es Amor, no tiene un amor exclusivo, sino inclusivo, a todos ama y quiere salvar.

Dios en medio es punto de atracción para todos. Este tema isaiano de la atracción será uno de los preferidos por el evangelio de san Juan. En él leemos: “Y cuando Yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí” (Juan 12,2); lo que se realiza en Jesucristo.

Y ¿quiénes son los atraídos? Primero los repatriados desde el destierro, luego los que vienen de lejos: del otro lado del mar, los del oriente, en una palabra, todos.

2.- San Mateo ve el cumplimiento de esta profecía en el nacimiento del Sol de justicia, el verdadero Rey mesiánico. Y eso lo plastifica el evangelio con la adoración de los “Reyes Magos”, que no es más que una descripción muy al estilo de un escritor oriental del triunfo del Señor y su Mesías.

La genialidad de san Pablo fue salvar al cristianismo primitivo de ser una simple secta judía. No lo es; y él lo proclama de diversas maneras. Aquí en la carta dice: “Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia”. En 1Timoteo 2,4 dice: “Porque Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.”  Y más adelante en la misma carta afirma: “Es realmente grande el misterio que veneramos: Él se manifestó en la carne, fue justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, proclamado a los paganos, creído en el mundo y elevado a la gloria”. (1Tim.3,16).

Deber de la Iglesia, de todo discípulo, es proclamar este Misterio del Dios manifestado en Cristo por medio de su Encarnación.

3.- Este Misterio es un elemento esencial del cristianismo, como es esencial que el sol irradie luz. El sol siempre está irradiando luz. Son los eclipses u otros fenómenos los que impiden que la luz llegue a nosotros. No se debe eclipsar la luz del Señor, que es Cristo, Sol que ilumina a todo hombre (cfr. Juan 1,9). Y desgraciadamente hemos eclipsado a Cristo. La Iglesia, el cristiano, eclipsa a Cristo con sus pecados. (Y la prensa se goza echándonos en cara nuestros pecados).

Se eclipsa a Cristo con toda forma de sectarismo: el religioso, el político, el social, etc.

Se eclipsa a Cristo cuando no irradiamos su Mensaje. ¡Hemos de superar tanto sectarismo!

Celebrar el Misterio de la Epifanía nos debe llevar a ejercer el “Ministerio de la luna”. Así como la luna refleja suavemente la luz del sol, del mismo modo la Iglesia, cada uno de nosotros, debe reflejar a Cristo con su vida y con nuestro mensaje. Debemos reencantarnos con nuestro deber misionero, inmanente al ser discípulo.

Celebrar la Epifanía nos obliga a ser más universales, abiertos a todos. Ninguno tiene el monopolio de la verdad; nadie es dueño de la verdad, porque la Verdad es Cristo. Y Cristo es Patrimonio de la humanidad.

Epifanía = ir a las periferias. Tal vez en tu casa hay una periferia, alguien que está lejos de Cristo.

4.- “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!” Sobre ti, Iglesia, sobre ti, cristiano, sobre ti, parroquia. Por eso, levántate. Con el poeta te digo: “Despierta, humanidad, de tu letargo y sal de tu sopor; luciente ya la aurora se levanta de tu emancipación”

Y con san Pablo te digo: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”. (Efesios 5,14). ¿Cuándo? Ahora, aquí, en esta Santa Cena del Señor.

Hermano Pastor Salvo Beas.

Comentario al evangelio de hoy jueves 03 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel».

Entonces Juan dio este testimonio: «Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La liturgia de hoy te invita a dar testimonio y también a que reconozcas esos momentos en que lo has dado. Juan al ver a Jesús dijo: Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Éste es Aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo…» Piensa en cuántas veces tú has visto a alguien y has dicho ahí viene x o y persona y lo dicho ha sido positivo; piensa cuántas veces de ti han dicho lo mismo, personas que cuando te ven no dudan en decir aquí viene o allá va, es una gran persona se nota que es hijo de… observa cómo con estas simples expresiones se expresa el testimonio que das de los demás o que también puedes descubrir en los demás; ahora reflexiona y hazte la pregunta: ¿Qué testimonio doy de Cristo? ¿Actúo conforme sus enseñanzas o conforme a mis criterios? ¿Las palabras que expreso en mis pensamientos o digo reflejan mi caridad o mis debilidades y vicios?

Muchas otras preguntas podrías hacerte, lo importante es que te sientas amado por Cristo y que, sin importar tus debilidades, aceptes la invitación que Él te hace de dar testimonio de su gran amor por ti; que aprendas a expresar la bondad y belleza que sin duda puedes encontrar en los otros y que no tengas miedo a brillar ante los demás dando testimonio del amor de Dios en tu vida.

Que san José y la santísima Virgen María te guíen en este valle de lágrimas dando testimonio del amor de Dios en tu vida y que Dios te bendiga.

«Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad».
(SS Papa Francisco, homilía, 14 de abril de 2013).

 

Fuente  :  http://www.es.catholic.net/op/articulos/72163/testigo-del-amor.html#modal

 

EDD. jueves 03 de enero de 2019

Primera lectura

Lectura de la primera carta de Juan (2,29;3,1-6):

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1.3cd-4.5-6

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Juan (1,29-34):

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  
Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

La primera carta de Juan afirma lo que somos: Hijos de Dios. “Mirad que? amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos”. Si en Navidad celebramos que Dios se hace uno de nosotros, Jesús es nuestro hermano, por lo que su nacimiento nos introduce en la familia de los hijos de Dios, aunque todavía “no se halla manifestado en plenitud nuestro ser hijos, lo que seremos», porque cuando se nos manifieste Cristo, «seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es”.

Esta afirmación de la Palabra de Dios nos recuerda que no somos huérfanos, que no estamos abandonados a la deriva de la vida, que ningún ser humano está solo, aunque no lo sepa. Dios, nuestro creador y criador, cuida de cada uno de nosotros, de todos. También nos recuerda que, si somos hermanos en Él, debemos sentir a los demás como hermanos, mirarlos con otros ojos, con aire de familia. Intentemos mirar a los demás con ojos nuevos, como nos mira Dios a Nosotros.

En el Niño Dios encontramos nuestro cobijo existencial, estamos en Él. Llamarnos y ser hijos de Dios es la mejor gracia de la Navidad. Y es también la mejor noticia para empezar el año. Seguramente habrá momentos a lo largo del mismo en que nos sentiremos débiles, o con poca suerte, o delicados de salud, o sin grandes éxitos en nuestros proyectos. Pero una cosa no nos la puede quitar nadie: Dios nos ama, nos conoce, nos ha hecho hijos suyos, y a pesar de nuestra debilidad y de nuestro pecado, nos sigue amando y nos destina a una eternidad de vida con Él.

El evangelio continúa con el testimonio de Juan el Bautista. Juan lo conoce bien y nos lo señala para que no lo perdamos de vista en estos días en los que seguimos celebrando su nacimiento. El cordero, el que dará la vida por nosotros cuando sea mayor. A Él lo seguimos y especialmente lo adoramos, con nuestras acciones de amor, en estos días.

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Audiencia general, 2 de enero de 2019 – Catequesis del Papa

Padre Nuestro: “Basta con ponernos bajo la mirada de Dios”

(ZENIT – 2 enero 2019).- “No sean como los hipócritas que, en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, les gusta orar de pie, ser vistos por el pueblo”, ha recordado el Papa Francisco del Evangelio de San Mateo. “Cuando vayas a orar, entra en tu aposento, y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto”. (Mt 6: 6).

El ‘Padre Nuestro’, ha dicho, también puede ser una oración silenciosa: basta con ponernos bajo la mirada de Dios, para recordar el amor del Padre, y esto es suficiente para cumplir.

La audiencia general de esta mañana tiene lugar a las 9:20 horas, en el aula Pablo VI, donde el Santo Padre Francisco se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

En su discurso en italiano, el Papa, al reanudar el ciclo de catequesis en ‘Padre Nuestro’, centra su meditación en “En el centro del discurso de la montaña” (Del Evangelio según Mateo 6, 5-6).

“¡Qué bueno pensar que nuestro Dios no necesita sacrificios para ganar su favor! No necesita nada nuestro Dios: en la oración, solo pide que mantengamos abierto un canal de comunicación con Él para descubrir siempre a sus amados hijos”, ha señalado Francisco.

Después de haber resumido la catequesis en varios idiomas, el Pontífice ha dirigido unas palabras a los diferentes grupos de peregrinos en varios idiomas. La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica del Santo Padre.

A continuación ofrecemos la catequesis completa del Papa Francisco, pronunciada hoy en la audiencia general:

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Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen año!

Continuamos nuestra catequesis sobre el ‘Padre Nuestro’, iluminados por el misterio de Navidad que acabamos de celebrar.

El Evangelio de Mateo coloca el texto del ‘Padre Nuestro’ en un punto estratégico, al centro del discurso de la montaña (cfr 6,9-13). Mientras tanto observamos la escena: Jesús sale de la colina en el lago, se sienta; en su alrededor, él tiene el círculo de sus discípulos más íntimos, y después una gran multitud de caras anónimas. Y esta asamblea heterogénea recibe primero la entrega del “Padre Nuestro”.

La colocación, come se mencionó, es muy significativa; porque en esta larga enseñanza, que lleva el nombre de “lenguaje de montaña” (cfr Mt 5,1-7,27), Jesús condensa los aspectos fundamentales de su mensaje.

El debut es como un arco decorado para la fiesta: las Bienaventuranzas. Jesús corona con felicidad una serie de categorías de personas que en su tiempo, –¡y también en la nuestra!– no estaban muy consideradas. Beatos y pobres, los mansos, los misericordiosos, las personas humildes de corazón… Y la revolución del Evangelio. Todas las personas capaces de amar, los artesanos de paz que hasta entonces habían estado al margen de la historia, son en cambio los constructores del Reino de Dios. Es como si Jesús dijera: “¡Adelante vosotros que traéis en el corazón el misterio de un Dios que ha revelado su omnipotencia en el amor y el perdón!”.

Desde este portal de entrada, que revierte los valores de la historia, surge la novedad del Evangelio. La Ley no debe ser abolida sino que necesita una nueva interpretación, que la reconduzca a su significado original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces entiende que cada palabra de Dios debe encarnarse hasta sus últimas consecuencias. El amor no tiene límites: uno puede amar al cónyuge, al amigo e incluso al enemigo con una perspectiva completamente nueva: “Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo; hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos e injustos “(Mt 5,44-45).

Aquí está el gran secreto que subyace a todo lo que se habla de la montaña: sed hijos de vuestro Padre que está en el cielo. Aparentemente, estos capítulos del Evangelio de Mateo parecen ser un discurso moral, parecen evocar una ética tan exigente que parece impracticable, y en cambio encontramos que son sobre todo un discurso teológico. El cristiano no está comprometido a ser mejor que los demás: sabe que es un pecador como todos los demás. El cristiano es simplemente el hombre que se detiene ante la nueva Zarza Ardiente, ante la revelación de un Dios que no lleva el enigma de un nombre impronunciable, pero que pide a sus hijos que lo invoquen con el nombre de “Padre”, dejarse renovar por su poder y reflejar un rayo de su bondad para este mundo tan sediento de bien, esperando tan buenas noticias.

Aquí es cómo Jesús introduce la enseñanza de la oración del ‘Padre Nuestro’. Lo hace distanciándose de dos grupos de su tiempo. En primer lugar, los hipócritas: “No sean como los hipócritas que, en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, les gusta orar de pie, ser vistos por el pueblo” (Mt 6, 5). Hay personas que pueden pronunciar oraciones ateas, sin Dios: lo hacen para ser admirados por los hombres. La oración cristiana, por otro lado, no tiene otro testimonio creíble más que su propia conciencia, donde un diálogo continuo con el Padre, que se entrelaza intensamente: «Cuando vayas a orar, entra en tu aposento, y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto» (Mt 6: 6).

Después Jesús toma distancia de la oración de los paganos: “No hay una palabra especial: […] los gentiles se figuran que por su palabrería van a ser escuchados (Mt, 6,7). Aquí quizás Jesús alude a esa “captatio benevolentiae” (“de ganar la buena voluntad”) que era la premisa necesaria de muchas oraciones antiguas: la divinidad tenía que ser un tanto domada por una larga serie de alabanzas. En cambio, vosotros –dice Jesús– cuando oréis, no seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo (Mt, 6,8). También puede ser una oración silenciosa, el ‘Padre Nuestro’: basta con ponernos bajo la mirada de Dios, para recordar el amor del Padre, y esto es suficiente para cumplir.

¡Qué bueno pensar que nuestro Dios no necesita sacrificios para ganar su favor! No necesita nada nuestro Dios: en la oración, solo pide que mantengamos abierto un canal de comunicación con Él para descubrir siempre a sus amados hijos.

© Traducción de Zenit, Rosa Die Alcolea

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-2-de-enero-de-2019-catequesis-del-papa/

Comentario al evangelio de hoy miércoles 02 de enero de 2019

Del santo Evangelio según san Juan 1, 19-28

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?».

Él reconoció y no negó quien era. El afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?». Él les respondió: «No lo soy». «¿Eres el Profeta?». Respondió: «No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?». Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor‘, como anunció el profeta Isaías».

Los enviados que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias».

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Comenzamos a caminar en este nuevo año. Tenemos nuevas oportunidades para revisar nuestra vida y proyectos, de tomar decisiones y de crecer en amistad con el Señor. Podemos mirar al pasado y agradecer por todo lo bueno que nos ha sucedido, o reconocer los errores que hemos cometido. Podemos mirar al futuro y soñar dónde queremos estar en esta fecha el próximo año. Podemos contemplar nuestro presente y ver las herramientas con que contamos para realizar nuestros sueños. Miremos donde miremos, si prestamos atención, podremos descubrir la mano amorosa de Dios, que se preocupa por nosotros, incluso más que nosotros mismos.

Si queremos vivir en su compañía durante este año, necesitamos preparar el camino que le permitirá salirnos al encuentro. Necesitamos examinar nuestra vida, y especialmente el año que acabamos de terminar. ¿Cuáles fueron mis alegrías y cuáles mis penas? ¿Permití que Jesús tomara alguna parte en esos momentos?

Contemplemos nuestros errores y éxitos, y hablemos con el Señor sobre cómo podemos mejorar. No lo olvidemos en ningún momento, pues Él quiere acompañarnos durante todo este nuevo año. ¿Dejarás que el Señor entre en tu vida?

«La fe cristiana nos impulsa a retomar la iniciativa, rechazando cualquier concesión a la nostalgia y al lamento. La Iglesia, por otra parte, tiene una amplia tradición de mentes generosas e iluminadas, que han allanado el camino para la ciencia y la conciencia de su época. El mundo necesita creyentes que, con seriedad y alegría, sean creativos y proactivos, humildes y valientes, decididos a recomponer la fractura entre las generaciones
(Homilía de S.S. Francisco, 5 de diciembre de 2017).

 

Fuente  : http://www.es.catholic.net/op/articulos/72162/allanad-el-camino-del-senor.html#modal

EDD. miércoles 02 de enero de 2019.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,22-28):

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él. Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,19-28):

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Querido amigo/a:

“Por sus frutos los conoceréis”. Porque el fruto es el momento de la verdad, mientras que las palabras pueden quedarse en buenos propósitos. En el fruto es más difícil el engaño; es imposible que un árbol malo de buenos frutos. Si el fruto es bueno, lo es el árbol.

San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, a los que recordamos hoy, dieron buenos frutos; San Gregorio formó el primer monasterio que hubo en Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.

Los malos frutos son los que nos muestra la Primera Carta de Juan en la primera lectura: llama ”anticristos” a los que no creen en Jesús como el Mesías, el Ungido enviado por Dios, que ha asumido en verdad nuestra carne humana. Y si no creen en Cristo, tampoco creen en Dios Padre. Y al revés, el que confiesa su fe en Cristo, cree también en el Padre y en la acción del Espíritu Santo en su vida.

Parece que, en esta comunidad, a la que Juan escribe algunos, abandonando la doctrina que habían recibido desde el principio, habían ofuscado su fe en Cristo, tanto con herejías doctrinales como con una practica descuidada en la vida. Juan quiere que sus lectores estén vigilantes y no se dejen seducir, por eso los corrige con esta carta de exhortación y ánimo.

Tampoco nosotros queremos dejarnos seducir por falsas doctrinas y engaños en este nuevo año. Queremos permanecer, un verbo que nos habla de fidelidad, de perseverancia, de mantenimiento de la verdadera fe, sin dejarnos engañar. Permanecer en la verdad del evangelio es permanecer en comunión con Cristo y con Dios Padre, ungidos y movidos por su Espíritu. Es lo que Juan el Bautista recuerda a los que acuden a preguntarle: “yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.” Con Cristo queremos estar, a Él queremos conocer más y mejor, para servirle y amarle en todos los acontecimientos de este nuevo año recién comenzado.

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: Asombro y angustia, dos elementos en los que centra su atención el Papa

Antes del Ángelus (texto completo)

(ZENIT – 30 dic. 2018).- A las 12 del mediodía de hoy, en la fiesta de la Sagrada Familia, el Papa Francisco recita el Ángelus desde la ventana del estudio en el Palacio Apostólico ante 50.000 fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al presentar la oración mariana:

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y la liturgia nos invita a reflexionar sobre la experiencia de María, José y Jesús, unidos por un intenso amor y animados por una gran confianza en Dios. El pasaje del Evangelio de hoy (cf. Lc 2,41-52 ) narra el camino de la familia de Nazaret a Jerusalén, para la fiesta de la Pascua. Pero, en el viaje de regreso, los padres se dan cuenta de que su hijo de doce años no está en la caravana. Después de tres días de búsqueda y temor, lo encuentran en el templo, sentado entre los doctores, intentando debatir con ellos. Al ver al Hijo, María y José se “maravillaron” (v. 48) y la Madre expresó su temor diciendo: “Tu padre y yo, angustiados, te buscamos” (ibid.).

Asombro y angustia son los dos elementos sobre los que me gustaría llamar su atención.

En la familia de Nazaret, no ha faltado nunca el asombro, ni siquiera en un momento dramático como el de la pérdida de Jesús: es la capacidad de maravillarse ante la manifestación gradual del Hijo de Dios. Es el mismo asombro que también afecta a los doctores del templo admirado “por su inteligencia y sus respuestas” (v.47). Pero ¿ qué es el estupor, qué es el maravillarse? Asombrarse y maravillarse es lo contrario de dar todo por sentado, es lo contrario de interpretar la realidad que nos rodea y los acontecimientos de la historia solo según nuestros criterios. Una persona que hace esto  no sabe lo que es la admiración, lo que es el estupor. Sorprenderse es abrirse a los demás, comprender las razones de los demás: esta actitud es importante para curar las relaciones comprometidas entre las personas y también es indispensable para curar heridas abiertas dentro de la familia. Cuando hay problemas en las familias, damos por sentado que tenemos razón y cerramos la puerta a los demás, en cambio es necesario pensar qué tiene de bueno esta persona y maravillarse por eso. Si ustedes tienen problemas en la familia, piensen en las cosas buenas que tiene la persona de la familia con la cuál tienen problemas, y maravíllense de esto y esto ayudará a sanar las heridas familiares.

El segundo elemento que me gustaría tomar del Evangelio es la angustia que experimentaron María y José cuando no pudieron encontrar a Jesús. Esta angustia manifiesta la centralidad de Jesús en la Sagrada Familia. La Virgen y su esposo habían acogido a ese Hijo, lo custodiaban y lo veían crecer en edad, sabiduría y gracia en medio de ellos, pero sobre todo crecía dentro de sus corazones; Y, poco a poco, su afecto y comprensión por él aumentaron. Por eso la familia de Nazaret es santa: porque estaba centrada en Jesús, a él se dirigían todas las atenciones y preocupaciones de María y José. Esa angustia que sintieron en los tres días de la pérdida de Jesús, también debería ser nuestra angustia cuando estamos lejos de Él. Debemos sentir angustia cuando por más de tres días nos olvidamos de Jesús, sin orar, sin leer el Evangelio, sin sentir la necesidad de su presencia y su amistad consoladora. Y muchas veces pasan los días sin que yo recuerde a Jesús, es muy feo, es muy feo. Deberíamos sentir la angustia cuando suceden estas cosas. María y José lo buscaron y lo encontraron en el templo mientras enseñaba: nosotros también, es sobre todo en la casa de Dios que podemos encontrarnos con el divino Maestro y aceptar su mensaje de salvación. En la celebración eucarística hacemos experiencia viva de Cristo; Él nos habla, nos ofrece su Palabra que ilumina nuestro camino, nos da su Cuerpo en la Eucaristía, del cual obtenemos fuerzas para enfrentar las dificultades de cada día.

Hoy regresemos a casa con estas dos palabras, maravilla y angustia, así maravillarme cuando veo las cosas buenas de los demás y resolver así los problemas familiares yo siento angustia cuando estoy alejado de Jesús.

Recemos por todas las familias del mundo hoy, especialmente por aquellas en las que, por diversas razones, hay una falta de paz y armonía. Y los confiamos a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-asombro-y-angustia-dos-elementos-en-los-que-centra-su-atencion-el-papa/