Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. viernes 08 de marzo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de lsaías (58,1-9a):

ESTO dice el Señor Dios:
«Grita a pleno pulmón, no te contengas;
alza la voz como una trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario,
desean conocer mi voluntad.
Como si fuera un pueblo que practica la justicia
y no descuida el mandato de su Dios,
me piden sentencias justas,
quieren acercarse a Dios.
“¿Para qué ayunar, si no haces caso;
mortificarnos, si no te enteras?”
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios
y apremiáis a vuestros servidores;
ayunáis para querellas y litigios,
y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo,
si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:
inclinar la cabeza como un junco,
acostarse sobre saco y ceniza?
¿A eso llamáis ayuno,
día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero:
soltar las cadenas injustas,
desatar las correas del yugo,
liberar a los oprimidos,
quebrar todos los yugos,
partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo,
cubrir a quien ves desnudo
y no desentenderte de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.18-19

R/. Un corazón quebrantado y humillado,
tú, Dios mío, no lo desprecias

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-15):

EN aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos y amigas:

Los viernes de Cuaresma siempre tienen una connotación especial, no sólo por el carácter penitencial que se acentúa en este día o por las prácticas religiosas propias de este tiempo: el ayuno, la oración y la limosna. La Iglesia desde ya nos invita a contemplar la Pasión del Señor con la práctica del Viacrucis.  En muchos pueblos con una fuerte manifestación de religiosidad popular se empiezan a realizar las tradicionales procesiones.

El mensaje del profeta Isaías en la primera lectura nos advierte de la trampa de una falsa religiosidad. El profeta condena un ayuno falso que esconde graves situaciones de injusticia social. Muchas veces nos podemos contentar con las prácticas externas de religiosidad y anestesiar el corazón ante el drama que viven tantas personas en nuestro mundo de hoy. La espiritualidad profética nos dice que nuestro culto a Dios está vacío, sino va acompañado de la solidaridad con los pobres y la justicia.

«Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor» (Is 58, 6-8).

Los discípulos de Juan cuestionan a Jesús porque sus discípulos no ayunan. La respuesta de Jesús es muy significativa, y es que con Él se inicia un nuevo tiempo mesiánico, el tiempo escatológico que anunciaron los profetas, el tiempo de la alegría en el cual no se ayuna por la presencia del esposo. Muchos no sabrán reconocer que el Reino de Dios es alegría, que es la perla preciosa por la cual vale la pena venderlo todo. El ayuno cristiano no es solo la abstinencia de alimentos, es, en continuidad con los profetas, la práctica de la justicia y el deseo hondo de encontrarnos con Jesús que nos salva con su Palabra.

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 10 de marzo de 2019.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA. C

Deuteronomio 26,1-2.4-10: el texto es una profesión de fe; es un “Credo” con tres artículos: Patriarcas, Éxodo, entrada en la tierra Prometida. Artículos que condensan toda la historia de Israel, que es Historia de salvación; Dios entró en la historia para salvar.

Romanos 10,5-13: Profesión de fe del que cree en Jesucristo. Se nos presenta la naturaleza de la confesión y contenido de la fe cristiana que salva: Cristo es el Señor que resucitó de entre los muertos. La Palabra se acepta en el corazón y se proclama-exterioriza en la vida.

Lucas 4,1-13: Así como Israel, llamado hijo de Dios, fue conducido por Dios al desierto, del mismo modo el Espíritu Santo conduce a Jesús, el Hijo de Dios, al desierto. Allí Israel experimentó las pruebas. También Jesús experimentó pruebas. Israel no supo ser fiel, Jesús sí, venció cumpliendo con la Voluntad de Dios.

1.- Iniciamos la Cuaresma, un tiempo especial, ya que es un tiempo de preparación a la Pascua. Y esta preparación exige la conversión. Porque tenemos que convertirnos.

Los dos primeros textos de hoy nos muestran la fe del Pueblo de Dios, en lo que creemos. Y lo interesante es que la fe es una actitud interior. Es adhesión a la Palabra proclamada mediante la escucha y la obediencia. El que cree escucha y obedece. Pero no siempre hemos escuchado y, por ende, no siempre hemos obedecido. De allí el llamado a la conversión, el volvernos a Dios, hacerle caso.

Tanto Israel como los cristianos tenemos fe en el Dios que salva, en un Dios que se metió en nuestras vidas. Su Palabra se encarnó, se hizo presente entre nosotros y nos mostró con su enseñanza y con hechos qué quiere Dios con nosotros.

Israel proclama que Dios actuó, intervino a favor de su Pueblo. No es, pues, un credo teórico, sino un reconocer y aceptar que Dios actuó a favor de ellos.

2.- La fe cristiana también proclama lo que escuchó, que Dios envió a Jesucristo, quien resucitó y es el Señor. No es esta una doctrina fría, sino lo que se escucha se acepta en el corazón. Podríamos decir que es la aceptación interna del mensaje por la fe. El corazón es la interioridad de la persona. El creyente es aquel que ha internalizado el Mensaje, que es Cristo, y lo vive, lo exterioriza. Lo más importante y decisivo es poner a Jesucristo en el centro de nuestra fe, apasionarnos por ser fieles a Él. Hemos de arraigar nuestra fe en Jesucristo, única verdad de la que nos está permitido vivir, y no sólo del pan material. Los primeros cristianos se sentían seguidores de Jesús más que miembros de una nueva religión.

3.- Por desgracia, tal como es vivida la fe por muchos no suscita seguidores de Jesús, sino adeptos a una religión. No genera discípulos, sino miembros de una institución que cumplen más o menos sus obligaciones religiosas.

Se ha reducido a la fe a un cúmulo de verdades las que hay que aceptar para vivir en la ortodoxia. Y como dijo Benedicto XVI: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est 1). De allí el llamado a la conversión, a volvernos a Jesucristo, centrar nuestra vida en Él y vivir como Él.

4.- Jesús, Israel, estuvieron en el desierto. La Iglesia también está en el desierto y también experimenta las pruebas, las tentaciones. Jesús fue el único fiel porque supo aceptar la voluntad de Dios.

El Espíritu Santo actúa permanentemente en Jesús y con Él triunfa. La primacía del Espíritu es garantía de victoria para nosotros.

Israel no valoró lo que Dios le daba para vivir: su Palabra. Jesús, Palabra de vida, es nuestro alimento, es nuestro Pan. Con Él podemos vencer toda prueba, toda tentación. Alimentémonos de Él, vivamos de Él y como Él. Esta es la mejor manera de comenzar nuestro caminar hacia la Pascua.

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. jueves 07 de marzo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,22-25):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos y amigas:

Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma, un tiempo fuerte, donde tomamos una mayor conciencia de nuestra necesidad de cambio y transformación. Las lecturas de este día nos ofrecen algunas pistas para profundizar el llamado a la conversión. El texto de la primera lectura concluye la proclamación del Código deuteronómico. Privados de su tierra, los israelitas son invitados a reflexionar sobre las causas de la suerte que han tenido y acoger nuevamente la alianza del Señor con toda su exigencia. El autor expresa este anhelo mediante la contraposición vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición como propuestas para una libre elección.

Este texto del Deuteronomio nos transmite una importante convicción: la vida no es solo un don de Dios, es sobre todo participación de su misma vida. «Amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida…» (v. 20). Al iniciar la Cuaresma nos viene bien discernir nuestras acciones a la luz de esta Palabra, para acoger la llamada a la conversión no como una auto-culpabilización mal sana, para reprocharnos a nosotros mismos los errores que cometemos; sino, para hacer una opción libre y responsable por seguir el camino del Señor que nos conduce a la promesa de vida y bendición.

Este reorientar nuestra vida desde seguimiento de Jesús no es una tarea fácil. En el Evangelio vemos que esto implica negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz de cada día y seguir al Señor. Como comenta Mariola López Villanueva, rscj, «en ningún libro de autoayuda vamos a encontrar invitaciones a negarnos a nosotros mismos, ni a tener que perder algo, en una cultura que ensalza insistentemente los éxitos personales». Pero la lógica del Evangelio es muy distinta, los criterios de perdidas y ganancias no son como las del mundo en el cual nos movemos.

En nuestro día a día tenemos delante de nosotros vida y muerte, bien y mal, bendición y maldición, nuestra vida de fe es probada en medio de éstas y otras encrucijadas. Al seguir al Señor, al tener una relación con Él nos toca hacer una elección no siempre obvia, nos toca ser capaces de ver al “Invisible” más allá de la apariencia. Descubrir que aún perdiendo nuestra propia vida nos salvamos, porque «lo más valioso lo recibimos cuando lo entregamos todo».

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.

eagm796@hotmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Miércoles de Ceniza: “Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento”

Homilía del Papa, inicio de la Cuaresma

(ZENIT – 6 marzo 2019).- “La Cuaresma es una llamada a detenerse, a ir a lo esencial, a ayunar de aquello que es superfluo y nos distrae. Es un despertador para el alma”, es el llamamiento del Papa Francisco este Miércoles de Ceniza, 6 de marzo de 2019.

Para dar comienzo al Tiempo de Cuaresma, el Papa ha celebrado las Estaciones romanas, un antiguo rito romano. Ha rezado durante unos minutos, a las 16:30 horas, en la Iglesia de San Anselmo en el Monte Aventino, acompañado por varios cardenales, arzobispos y obispos, monjes benedictinos de San Anselmo y padres dominicos de Santa Sabina.

A continuación, se ha dirigido en procesión a la Basílica de Santa Sabina, donde ha celebrado la Misa de Cenizas.


Cenizas

“Para encontrar de nuevo la ruta, hoy se nos ofrece un signo: ceniza en la cabeza. Es un signo que nos hace pensar en lo que tenemos en la mente”.

Así, el Santo Padre ha recordado que la ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará. “Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento”, asegura.

Tres etapas

En este viaje de regreso a lo esencial, que es la Cuaresma, el Evangelio propone tres etapas, que el Señor nos pide de recorrer sin hipocresía, sin engaños: la limosna, la oración, el ayuno, ha recordado el Papa.

¿Para qué sirven? La limosna, la oración y el ayuno “nos devuelven a las tres únicas realidades que no pasan. La oración nos une de nuevo con Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos”.

Adherirse a algo

“Nuestro corazón necesita adherirse a algo”, ha explicado. “Pero si solo se adhiere a las cosas terrenales, se convierte antes o después en esclavo de ellas: las cosas que están a nuestro servicio acaban convirtiéndose en cosas a las que servir. La apariencia exterior, el dinero, la carrera, los pasatiempos: si vivimos para ellos, se convertirán en ídolos que nos utilizarán, sirenas que nos encantarán y luego nos enviarán a la deriva”.

“Si el corazón se adhiere a lo que no pasa, nos encontramos a nosotros mismos y seremos libres. La Cuaresma es un tiempo de gracia para liberar el corazón de las vanidades. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece”, reitera Francisco.

Sigue la homilía del Papa Francisco, pronunciada este Miércoles de Ceniza, 6 de marzo de 2019.

***

Homilía del Papa Francisco

«Tocad la trompeta, proclamad un ayuno santo» (Jl2,15), dice el profeta en la primera lectura. La Cuaresma se abre con un sonido estridente, el de una trompeta que no acaricia los oídos, sino que anuncia un ayuno. Es un sonido fuerte, que quiere ralentizar nuestra vida que siempre va a toda prisa, pero a menudo no sabe hacia dónde. Es una llamada a detenerse, a ir a lo esencial, a ayunar de aquello que es superfluo y nos distrae. Es un despertador para el alma.

El sonido de este despertador está acompañado por el mensaje que el Señor transmite a través de la boca del profeta, un mensaje breve y apremiante: «Convertíos a mí» (v. 12). Convertíos. Si tenemos que regresar, significa que nos hemos ido por otra parte. La Cuaresma es el tiempo para redescubrir la ruta de la vida. Porque en el camino de la vida, como en todo viaje, lo que realmente importa es no perder de vista la meta. Sin embargo, cuando estás de viaje, si lo que te interesa es mirar el paisaje o pararte a comer, no vas muy lejos. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿en el camino de la vida, busco la ruta? ¿O me conformo con vivir el día, pensando solo en sentirme bien, en resolver algún problema y en divertirme un poco? ¿Cuál es la ruta? ¿Tal vez la búsqueda de la salud, que muchos dicen que es hoy lo más importante, pero que pasará tarde o temprano? ¿Quizás los bienes y el bienestar? Sin embargo no estamos en el mundo para esto. Convertíos a mí, dice el Señor. A mí. El Señor es la meta de nuestro peregrinaje en el mundo. La ruta se traza en relación a él.

Para encontrar de nuevo la ruta, hoy se nos ofrece un signo: ceniza en la cabeza. Es un signo que nos hace pensar en lo que tenemos en la mente. Nuestros pensamientos persiguen a menudo cosas transitorias, que van y vienen. La ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará. Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento. Los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina. La cultura de la apariencia, hoy dominante, que nos lleva a vivir por las cosas que pasan, es un gran engaño. Porque es como una llamarada: una vez terminada, quedan solo las cenizas. La
Cuaresma es el momento para liberarnos de la ilusión de vivir persiguiendo el polvo. La Cuaresma es volver a descubrir que estamos hechos para el fuego que siempre arde, no para las cenizas que se apagan de inmediato; por Dios, no por el mundo; por la eternidad del cielo, no por el engaño de la tierra; por la libertad de los hijos, no por la esclavitud de las cosas. Podemos preguntarnos hoy: ¿De qué parte estoy? ¿Vivo para el fuego o para la ceniza?

En este viaje de regreso a lo esencial, que es la Cuaresma, el Evangelio propone tres etapas, que el Señor nos pide de recorrer sin hipocresía, sin engaños: la limosna, la oración, el ayuno. ¿Para qué sirven? La limosna, la oración y el ayuno nos devuelven a las tres únicas realidades que no pasan. La oración nos une de nuevo con Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos. Dios, los hermanos, mi vida: estas son las realidades que no acaban en la nada, y en las que debemos invertir. Ahí es hacia donde nos invita a mirar la Cuaresma: hacia lo Alto, con la oración, que nos libra de una vida horizontal y plana, en la que encontramos tiempo para el yo, pero olvidamos a Dios. Y después hacia el otro, con caridad, que nos libra de la vanidad del tener, del pensar que las cosas son buenas si lo son para mí. Finalmente, nos invita a mirar dentro de nosotros mismos con el ayuno, que nos libra del apego a las cosas, de la mundanidad que anestesia el corazón. Oración, caridad, ayuno: tres inversiones para un tesoro que no se acaba.

Jesús dijo: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (Mt6,21). Nuestro corazón siempre apunta en alguna dirección: es como una brújula en busca de orientación. Podemos incluso compararlo con un imán: necesita adherirse a algo. Pero si solo se adhiere a las cosas terrenales, se convierte antes o después en esclavo de ellas: las cosas que están a nuestro servicio acaban convirtiéndose en cosas a las que servir. La apariencia exterior, el dinero, la carrera, los pasatiempos: si vivimos para ellos, se convertirán en ídolos que nos utilizarán, sirenas que nos encantarán y luego nos enviarán a la deriva. En cambio, si el corazón se adhiere a lo que no pasa, nos encontramos a nosotros mismos y seremos libres. La Cuaresma es un tiempo de gracia para liberar el corazón de las vanidades. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece.

¿Dónde podemos fijar nuestra mirada a lo largo del camino de la Cuaresma? En el crucifijo. Jesús en la cruz es la brújula de la vida, que nos orienta al cielo. La pobreza del madero, el silencio del Señor, su desprendimiento por amor nos muestran la necesidad de una vida más sencilla, libre de tantas preocupaciones por las cosas. Jesús desde la cruz nos enseña la renuncia llena de valentía. Pues nunca avanzaremos si estamos cargados de pesos que estorban. Necesitamos liberarnos de los tentáculos del consumismo y de las trampas del egoísmo, de querer cada vez más, de no estar nunca satisfechos, del corazón cerrado a las necesidades de los pobres. Jesús, que arde con amor en el leño de la cruz, nos llama a una vida encendida en su fuego, que no se pierde en las cenizas del mundo; una vida que arde de caridad y no se apaga en la mediocridad. ¿Es difícil vivir como él nos pide? Sí, pero lleva a la meta. La Cuaresma nos lo muestra. Comienza con la ceniza, pero al final nos lleva al fuego de la noche de Pascua; a descubrir que, en el sepulcro, la carne de Jesús no se convierte en ceniza, sino que resucita gloriosamente. También se aplica a nosotros, que somos polvo: si regresamos al Señor con nuestra fragilidad, si tomamos el camino del amor, abrazaremos la vida que no conoce ocaso. Y viviremos en la alegría.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/miercoles-de-ceniza-las-realidades-terrenales-se-desvanecen-como-el-polvo-en-el-viento/

Comentario al evangelio de hoy miércoles 06 de marzo de 2019 / Miércoles Ceniza.

Del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre celestial.

Por tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuán esclavos podemos ser de la opinión de los demás. Cuánto nos es difícil hacer cosas que cuestan sin que éstas tengan un mérito inmediato, o simplemente que no incluyan un «muchas gracias por esto o por aquello». Es normal, nos viene natural. Jesús lo sabe.

El camino al que Jesús nos invita es un camino difícil, pero el premio es muy prometedor. Jesús nos ofrece una libertad que este mundo no nos puede ofrecer: la verdadera libertad interior.

No es un simple hacer cosas por hacer, sino que nos ofrece hacer esas cosas de esta manera para alcanzar lo que todos deseamos interiormente, una verdadera libertad.

Jesús sabe que mucho de nuestro cansancio no es el trabajo, el ser papá o mamá, o el ir y venir de la universidad. El verdadero cansancio consiste en no ser lo que somos, cargar con máscaras en los bolsillos y presentar un personaje de acuerdo con la situación o el entorno en que nos encontramos. Mostrar esa imagen perfecta, fuerte, sin fallos o, por el contrario, mostrar la imagen de víctima, débil, que causa compasión. En fin, nos cansamos cuando mostramos lo que no somos.

Vivir para Dios, ésa es nuestra libertad. Que Él se entere, que Él vea mi corazón y si de esto se tienen que enterar los demás, no pasa nada, buscar que ésta no sea mi primera intención. Y si nadie se entera, y solo lo sabe Él, qué bendición.

La Cuaresma se presenta como este camino cuyo fin es Dios. Camino que nos ayuda a ir dejando las máscaras que nos hacen ir más lento, que nos hacen ir más preocupados y cansados para así llegar con Dios tal y como somos: verdaderamente libres.

«Las tentaciones a las que estamos expuestos son múltiples. Cada uno de nosotros conoce las dificultades que tiene que enfrentar. Y es triste constatar cómo, frente a las vicisitudes cotidianas, se alzan voces que, aprovechándose del dolor y la incertidumbre, lo único que saben es sembrar desconfianza. Y si el fruto de la fe es la caridad —como le gustaba repetir a la Madre Teresa de Calcuta—, el fruto de la desconfianza es la apatía y la resignación. Desconfianza, apatía y resignación: esos demonios que cauterizan y paralizan el alma del pueblo creyente. La Cuaresma es tiempo rico para desenmascarar éstas y otras tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a “recalentar el corazón creyente”: Detente, mira y vuelve.»
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72461/el-verdadero-cansancio-consiste-en-no-ser-lo-que-somos.html#modal

EDD. miércoles 06 de marzo de 2019 – Miércoles Cenizas

Primera lectura

Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

AHORA —oráculo del Señor—,,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra
y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

HERMANOS:
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché,
en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos y amigas:

Con el miércoles de Ceniza iniciamos el tiempo de Cuaresma. La Palabra de Dios de la liturgia cuaresmal tiene como objetivo prepararnos para el misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesús. Como señala el Papa Francisco en el mensaje de Cuaresma para este año: «El camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual».

El gesto que caracteriza este día es la imposición de la ceniza, en su sentido bíblico significa arrepentimiento y perdón, va acompañado de la expresión: «Convierte y cree en el Evangelio». Este pórtico de entrada a la Cuaresma es una apremiante llamada al cambio para abrir nuestro corazón a la alegría del Evangelio. La vida cristiana es un proceso constante de conversión por la presencia transformante del misterio de Dios que se nos revela en Jesús. Un año más se nos invita a vivir este itinerario de preparación como un don gratuito de la misericordia del Señor.

Las practicas cuaresmales del ayuno, la oración y la limosna tienen una rica tradición bíblica y teológica. El profeta Joel en la primera lectura señala que el Señor espera una «conversión de todo corazón», un cambio interno, una conversión sincera. No bastan los maquillajes o la practica externa de algunos ritos. El ayuno al que apelan los profetas es para dejarnos tocar por la misericordia y el perdón del Señor. Es lo que pide el salmista: «Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con un espíritu firme». En este sentido, el ayuno no es solo dejar de comer alimentos externos, es «aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas».

En el Evangelio de Mateo se nos advierte de no vivir una religiosidad para ser vistos por los demás, de la mera apariencia o para creernos superiores. Al contrario, «la exhortación de Jesús quiere incidir en las formas de vivir una espiritualidad en lo concreto de la vida. Se enuncian las tres formas típicas de la religiosidad judía (Tb 12,8): limosna, oración y ayuno, y se matiza la novedad de la praxis del cristiano, la recta intención al practicarlas; en definitiva, la necesidad de dar un sentido profundo al seguimiento de Jesús en la vida ordinaria». La llamada de la conversión de la Cuaresma no se puede reducir a un simple moralismo, es algo más, se trata de encarnar el misterio Pascual en nuestras vidas, de vivir en el horizonte de la resurrección.

Que el ritmo especial de estos días nos ayude a ir fraguando nuestro corazón para moldearlo según el corazón de Dios. Nuestras vidas no cambiarán a golpe del cincel de nuestro voluntarismo. La conversión del corazón es una gracia a pedir. Que este tiempo de Cuaresma sea un tiempo propicio, una nueva oportunidad, para entrar en silencio y con discreción a desenmascarar nuestro yo egoísta para reubicar nuestra vida desde los valores del Evangelio.

Al iniciar este itinerario cuaresmal hacemos nuestra la oración del Papa Francisco: «pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación».

¡Buen y fructífero inicio de Cuaresma!

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 05 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La palabra de Dios hoy nos habla sobre una de las escenas más especiales, la pregunta que hace Pedro, ¿qué va a ser de nosotros que ya hemos dejado todo por seguirte?, y la promesa que Cristo hace a quien le entregue toda su vida.

El pasaje que hoy llevamos a la oración se ubica exactamente después del relato del joven rico que conocía y vivía la Palabra a la perfección y amaba grandemente a Dios, pero su apego a las riquezas le impidió ser libre para seguir a Jesús.

Cuando el amor nos mueve y hemos decidido libremente darle todo a quien todo lo merece, surge la pregunta de Pedro en nuestro interior: ¿Y ahora qué? Quien de nosotros haya tenido alguna experiencia yendo de misiones de evangelización, o a alguna jornada mundial de la juventud inmediatamente se le vendrán a la mente los recuerdos de esas personas que se ha encontrado por el camino, que han dado lo mejor de lo que tienen, que quieren hacerte sentir acogido, en familia, y todo lo dan, no por ser quién eres, sino porque ven en ti un reflejo de Dios. De igual forma, tú sientes en ellos el reflejo del amor de Dios. Ahí se cumplen las palabras de la promesa de Cristo: «Recibirá ahora, en este tiempo cien veces más». ¿Cuántas madres, padres, hermanos y hermanas nos hemos encontrado por llevar a Cristo? Si aún no has tenido la experiencia, no es tarde para hacerlo y vivir una de las experiencias más bellas de ser cristiano. Tú también puedes ser ese hermano, hermana, padre o madre para otro, siendo misionero de la vida ordinaria de todos los días o recibiendo a quien trae el mensaje de Cristo.

En el Evangelio, Cristo, junto a esta promesa, también nos hace la advertencia de que tendremos persecuciones. En algunos lugares nuestros hermanos son perseguidos real y cruentamente por ser cristianos; pero también hay persecución silenciosa del mal para intentar quitar a Dios de nuestras vidas. A pesar de todo esto, las palabras de la promesa no terminan ahí, el Señor nos anuncia lo que vendrá después, «en la edad futura, la vida eterna». ¡Qué gran consuelo y qué gran motivación! Si vivir la vida de la mano de Dios es tan hermosa, imaginémonos lo que será después, la posesión de la eterna paz y felicidad, contemplando el rostro de Dios. ¡Hagamos también la experiencia y veremos qué bueno es el Señor!

«El deseo humano de vida y de felicidad, vinculado estrechamente con el de ver y conocer a Dios, crece y se renueva continuamente, pasando de una etapa a otra sin encontrar nunca un final y una realización. La experiencia del encuentro con Dios trasciende, en efecto, todas las conquistas humanas y constituye la meta infinita y siempre nueva. También Santo Tomás de Aquino subrayaba este aspecto, afirmando que en la vida eterna se cumple la unión del hombre con Dios, que es “la recompensa y el fin de todas nuestras fatigas”, y esta unión consiste en la “visión perfecta”. En ese estado, continúa Santo Tomás, “cada bienaventurado tendrá más de lo que deseaba y esperaba, y solo […] Dios puede saciarlo, e ir incluso mucho más allá, hasta el infinito”. Además, continúa, “la vida eterna consiste en la alegre fraternidad de todos los santos”. Citando a San Agustín, Tomás afirma: “Toda la alegría no entrará en los bienaventurados, pero todos los bienaventurados entrarán en la alegría. […] Contemplaremos su rostro, nos saciaremos de su presencia en una juventud eternamente renovada”.»
(Mensaje de S.S. Francisco, 8 de diciembre de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72460/que-voy-a-ganar.html#modal

EDD. martes 05 de marzo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (35,1-12):

QUIEN observa la ley multiplica las ofrendas,
quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.
Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina,
quien da limosna ofrece sacrificios de alabanza.
Apartarse del mal es complacer al Señor,
un sacrificio de expiación es apartarse de la injusticia.
No te presentes ante el Señor con las manos vacías,
pues esto es lo que prescriben los mandamientos.
La ofrenda del justo enriquece el altar,
su perfume sube hasta el Altísimo.
El sacrificio del justo es aceptable,
su memorial no se olvidará.
Glorifica al Señor con generosidad,
y no escatimes las primicias de tus manos.
Cuando hagas tus ofrendas, pon cara alegre
y paga los diezmos de buena gana.
Da al Altísimo como él te ha dado a ti,
con generosidad, según tus posibilidades.
Porque el Señor sabe recompensar
y te devolverá siete veces más.
No trates de sobornar al Señor, porque no lo aceptará;
no te apoyes en sacrificio injusto.
Porque el Señor es juez,
y para él no cuenta el prestigio de las personas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49,5-6.7-8.14.23

R/. Al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios

V/. «Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R/.

V/. «Escucha, pueblo mío, voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo soy Dios, tu Dios—.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí». R/.

V/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo.
«El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,28-31):

EN aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  

Queridos amigos y amigas:

El auto del libro del Eclesiastico, Ben Sirá, nos presenta en la primera lectura que leemos hoy un paralelismo entre la observancia de la ley y un acto de culto. El autor revela de ser moralista y ritualista a la vez, Ben Sirá estima que el cumplimiento de la Ley, ya por sí mismo, es un culto (observancia de la ley/ofrendas; guardar los mandamientos/sacrificios de comunión; devolver un favor/ofrenda de flor de harina; dar limosna/sacrificios de alabanza; apartarse de la injusticia/sacrificio de expiación).

El mensaje de este texto gira entorno a dos grandes ideas, la primera tiene un sentido teológico, la segunda va en la línea ritual. El sentido teológico se basa en un gran principio: «la ofrenda del justo enriquece el altar, su perfume sube hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptable, su memorial no se olvidará» (v. 5-6). El autor pone en relación la santidad de vida (el justo) con el gesto ritual, esto nos recuerda la exigencia de la espiritualidad profética: «misericordia quiero y no sacrificios». La segunda idea reclama la generosidad en lo que se ofrece al Señor. De esta forma podemos decir que lo que le agrada al Señor es la ofrenda de nuestra propia vida.

En el Evangelio, continuación del texto de ayer, vemos la intervención de Pedro que busca ser premiado en lo que realiza y espera una compensación. En él estamos también representados nosotros, porque nos cuesta vivir desde la gratuidad. Siempre anhelamos que se nos reconozca y agradezca de algún modo lo que hacemos.  En el seguimiento de Jesús crecemos en generosidad. Él no se cansa de insistirnos que recibimos mucho más de lo que podemos dar o esperar.

Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.

Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.

Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.

Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra
en el desierto de mi corazón. Amén.

(Himno de Laudes del lunes de la segunda semana)

Fraternalmente, Edgardo Guzmán, cmf.
eagm796@hotmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 04 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces nos damos cuenta cuando alguien nos mira con amor. ¿Recuerdas alguna de esas miradas? Hay algo en ellas que da alegría, seguridad y aliento. Pero para que una mirada nos toque, tenemos que conocer que somos mirados. Precisamente a eso nos invita Jesús en este pasaje del Evangelio: a darnos cuenta de que Él nos mira con gran cariño.

Pero al parecer hay un problema para esto. No vemos a Jesús. ¿Cómo nos daremos cuenta de que nos mira con amor, si no lo vemos? Es aquí cuando necesitamos pedir fe a nuestro Señor. Fe para creer que Él nos ve desde la Eucaristía, donde se quedó para poder ser uno con nosotros cuando comulgamos. Fe para creer que Él nos mira desde la cruz, donde no dudó en dejarse clavar para perdonar nuestros pecados, y darnos la vida nueva en su Espíritu. Para creer que es Él quien nos mira en la confesión, cuando, lleno de alegría, limpia nuestras almas de la suciedad de nuestros pecados, y las llena con su gozo, paz y gracia. Jesús nos mira con amor en cada persona que nos ama, pues Dios es amor (1 Jn 4,8). Sólo podemos amar de verdad si primero hemos sido amados. Señor, aumenta mi fe. Que me dé cuenta hoy de tu mirada llena de cariño. Que me deje mirar sin ocultar nada, porque Tú me amas, así como soy. Que descubra que me amas, y que ese amor me mueva a amarte y a amar a mis hermanos.

«Sucede que muchas veces vemos los telediarios o la portada de los periódicos, las tragedias… pero mira, en ese país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños hacen de soldados; en ese país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… ¡oh, qué calamidad! Pobre gente… Pero después cambio de página y paso a la novela, a la telenovela que viene después. Y esto no es cristiano. ¿Soy capaz de tener compasión, de rezar?, cuando veo estas cosas que me llevan a casa a través de los medios, la televisión… ¿Se mueven las vísceras? El corazón palpita con esa gente, o siento pena, digo “pobre gente”, y después, ¿termina ahí? Y si nos damos cuenta de esto, debemos pedir la gracia: “Señor, dame la gracia de la compasión”.»
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2017, en santa Marta).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72459/jesus-se-le-quedo-mirando-con-carino.html#modal

Ángelus: De lo que rebosa el corazón habla la boca

Palabras del papa antes del Ángelus

(ZENIT 3 marzo 2019).- A las 12 horas de hoy, el Santo Padre Francisco se asoma a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. Estas son las palabras del Papa al presentar la oración mariana:

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!.

El pasaje del Evangelio de hoy presenta breves parábolas con las que Jesús quiere mostrar a sus discípulos el camino para vivir sabiamente, con la pregunta ¿puede un ciego guiar a otro ciego?  él quiere subrayar que el guía no puede ser ciego, sino que debe ver bien, es decir, debe poseer sabiduría para poder guiar con sabiduría, de lo contrario corre el riesgo de perjudicar a las personas que a él se le confían.

Jesús llama así la atención de las personas que tienen responsabilidades educativas o de liderazgo, los pastores de almas, las autoridades públicas, los legisladores, los maestros, los padres, exhortándolos a hacer consciente de su delicado papel y a discernir siempre el camino correcto a seguir para guiar a las personas.

Y Jesús toma prestada unas sabia expresión para señalarse a sí mismo como modelo de maestro y guía a seguir. El discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje será como su maestro, es una invitación a seguir su ejemplo y su enseñanza para ser guías seguros y sabios y esta enseñanza está contenida sobre todo en el sermón de la montaña que desde hace tres domingo la liturgia nos propone en el Evangelio indicando la actitud de mansedumbre y misericordia para ser personas sinceras humildes y justas.

En el pasaje de hoy encontramos otra frase significativa, una que nos exhorta a no ser presuntuosos e hipócritas, dice así: !porque te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no ves la viga que llevas en el tuyo¡  muchas veces es más fácil o más cómodo ver y condenar las faltas y pecados de los demás sin poder ver los propios con la misma lucidez, nosotros siempre escondemos nuestros defectos, incluso los escondemos a nosotros mismos, sin embargo es muy fácil ver los defectos de los demás, la tentación es ser indulgente con uno mismo, mano larga con uno mismo y duros y condenar a los demás.

Es siempre útil ayudar al prójimo con consejos sabios, pero mientras observamos y corregimos las faltas de nuestro prójimo también debemos ser conscientes de que nosotros mismos tenemos faltas, sí yo no creo que tengo faltas no puedo corregir ni condenar a los demás, todos tenemos defectos, todos, y debemos de ser conscientes y antes de condenar a los demás tenemos que mirarnos a nosotros mismos dentro, y de esta manera seremos creíbles, actuaremos con humildad dando testimonio de caridad.

¿Como podemos entender si nuestro ojo está libre o está bloqueado por una viga?. Una vez más es Jesús quien nos dice: no hay árbol bueno que produzca malos frutos, ni árbol malo que produzca buenos frutos. De hecho cada árbol se reconoce por su fruto, el fruto es la acción pero también las palabras, incluso de las palabras se conoce la calidad del árbol, porque el que es bueno saca de su corazón y de su boca lo que es bueno y el que es malo saca lo malo haciendo el ejercicio más dañino entre nosotros qué es la murmuración, el rumoreo, hablar mal de los demás, esto destruye, destruye la familia, destruye la escuela, destruye el puestos de trabajo. De la lengua comienzan las guerras, pensemos un poco nosotros a esta enseñanza de Jesús y pensemos y hagámonos la pregunta: ¿Yo hablo mal de los demás?. ¿Yo busco siempre de ensuciar a los demás?. ¿Para mí es más fácil ver los defectos de los demás que los míos propios? y busquemos al menos de corregirnos un poco, nos hará bien Invoquemos la ayuda de María para poder seguir al Señor en este camino.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-de-lo-que-rebosa-el-corazon-habla-la-boca/