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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 19 de febrero de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (6,5-8;7,1-5.10):

Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón. Y dijo: «Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado; al hombre con los cuadrúpedos, reptiles y aves, pues me pesa de haberlos hecho.»
Pero Noé alcanzó el favor del Señor.
El Señor dijo a Noé: «Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie de la tierra a todos los vivientes que he creado.»
Noé hizo todo lo que le mandó el Señor. Pasados siete días, vino el diluvio a la tierra.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 28, 1a.2.3ac-4.3b.9c-10

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R/.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R/.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,14-21):

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían mas que un pan en la barca.
Jesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.»
Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.»
Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?»
Ellos contestaron: «Doce.»
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?»
Le respondieron: «Siete.»
Él les dijo: «¿Y no acabáis de entender?»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos:

Para ayudar a crecer hay que combinar el amor con la firmeza. Para educar es necesario el cariño y la cercanía, a la vez que la orientación y la guía.

Jesús, como buen maestro, combina sabiamente ambos principios. Muchas veces le vemos con palabras de paciencia y comprensión. Y otras, cuestiona y confronta.

En el Evangelio de hoy, Jesús comienza advirtiendo a los discípulos. Tras el diálogo del pasaje de ayer, en que discutía con los fariseos, les indica a los suyos que se guarden de su “levadura”, así como de la de Herodes. Les previene del peligro que suponen, unos desde el ámbito religioso y el otro desde su estilo de vida personal y socio-político. Ambos son un “fermento” dañino para la masa de Israel. Pero los discípulos no entienden… y creen que se refiere al pan material. Y entonces Jesús les reprende y les confronta con severidad, haciéndoles una serie de preguntas, mediante las cuales pretende que reconozcan su mesianismo, desde los “signos” que le han visto hacer.

Esta historia puede ser nuestra historia. La Palabra nos recuerda hoy que nosotros también podemos ser de los que, a pesar de llevar tiempo con el Señor, no entendemos aún algunas cosas. Y que debemos guardarnos de las “levaduras” dañinas, que nos separan de Dios y de su proyecto sobre nosotros, en lo religioso o en nuestra vida personal y social.

La historia de amor de Dios con nosotros incluye momentos de confrontación y corrección. La Palabra y la vida nos ponen en ocasiones ante cuestionamientos de los que conviene aprender, para enderezar el rumbo. Para llegar a ser los discípulos que Jesús necesita, y continuar la misión que Él nos ha encomendado.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

EDD. lunes 18 de febrero de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (4,1-15.25):

EL hombre conoció a Eva, su mujer, que concibió y dio a luz a Caín. Y ella dijo:
«He adquirido un hombre con la ayuda del Señor».
Después dio a luz a Abel, su hermano. Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba el suelo.
Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo; también Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas.
El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda; Caín se enfureció y andaba abatido.
El Señor dijo a Caín:
«Por qué te enfureces y andas abatido? ¿No estarías animado si obraras bien?; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta y te codicia, aunque tú podrás dominarlo».
Caín dijo a su hermano Abel:
«Vamos al campo».
Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.
El Señor dijo a Caín:
«Dónde está Abel, tu hermano?».
Respondió Caín:
«No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?».
El Señor le replicó:
«¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde el suelo.
Por eso te maldice ese suelo que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano.
Cuando cultives el suelo, no volverá a darte sus productos. Andarás errante y perdido por la tierra».
Caín contestó al Señor:
«Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Puesto que me expulsas hoy de este suelo, tendré que ocultarme de ti, andar errante y perdido por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará».
El Señor le dijo:
«El que mate a Caín lo pagará siete veces».
Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase.
Adán conoció otra vez a su mujer, que dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo:
«Dios me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, asesinado por Caín».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49,1.8.16bc-17.20-21

R/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza

V/. El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí. R/.

V/. ¿Por qué recitas mis preceptos,
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R/.

V/. Te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,11-13):

EN aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos:

La Palabra de Dios de hoy nos habla de pruebas y de signos.

Las pruebas son las circunstancias adversas que llegan a la vida de toda persona que se decida a seguir a Jesucristo. En ocasiones proceden del entorno, cuando consciente o inconscientemente, pone obstáculos al Evangelio. Otras veces vienen del propio corazón, cuando busca y desea otros dioses distintos al Dios verdadero. La Palabra nos anima a alegrarnos en las pruebas, pues “al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia”.

Y es verdad: nada hay peor que un niño protegido, que no ha tenido que afrontar ninguna dificultad en la vida. Cuando le llegue el primer contratiempo, que le llegará,  no sabrá cómo superarlo.

Algo así pasa con la fe: tener que ir superando pruebas, unas pequeñas y otras grandes, nos va haciendo firmes en la fe. No por nuestra fuerza, sino porque la prueba nos hace levantar la mirada ante Aquél que nos da la fortaleza, para arraigarnos más en Él, poniendo en sus manos nuestra vida. Que se lo digan a los mártires de todos los tiempos: en medio de la mayor prueba, de su debilidad Dios sacó la fortaleza.

Y sobre los signos, Jesús se molesta que los fariseos le pidan un signo para probarle. Al final, Él mismo es el Signo: una vida entregada como signo del amor sin límites de Dios por la humanidad.

Ante la prueba: mirar al Señor. Y cuando necesitemos algún signo, mirarle de nuevo. En su amor crucificado se encierra el secreto del aliento en toda lucha.

“Si hemos muerto con él, también viviremos con Él; (…)
si somos infieles, él permanece fiel,
pues no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2, 11.13)

Gracias, Señor, por tu fidelidad.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 16 de febrero de 2019.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (3,9-24):

EL Señor Dios llamó al hombre y le dijo:
«Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».
A la mujer le dijo:
«Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará».
A Adán le dijo:
«Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió.
Y el Señor Dios dijo:
«He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre».
El Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado.
Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 89,2.3-4.5-6.12-13

R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

V/. Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

V/. Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

V/. Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

V/. Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio San Marcos (8,1-10):

POR aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».
Le replicaron sus discípulos:
«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».
Él les preguntó:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete».
Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.
Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.
La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN. :

Queridos hermanos:

El autor del Génesis, perteneciente a la sociedad agrícola de su tiempo, sabe que las cosechas no siempre se corresponden con el sudor derramado sobre el campo, y que las culebras se arrastra por la tierra… Conoce, además, los dolores que acompañan al parto. Sobre todo, es consciente de que el hombre busca una felicidad que, en vez de salirle al encuentro, parece huir de él: las puertas del paraíso anhelado son infranqueables. En su reflexión sobre tanto mal, se pregunta por las causas, y elabora una respuesta imaginativa; nuevamente nos encontramos con el género etiología.

Ese mundo idílico, supuestamente perdido a causa del pecado, en realidad no existió nunca. La Biblia no enseña cosmogénesis, ni entiende de glaciaciones, o de evolucionismo. Pero ciertamente sabe que muchos males de nuestro mundo proceden de la maldad moral del hombre, con la cual Dios no está de acuerdo. Y sabe que quien está en harmonía con sus hermanos y con Dios lleva en sí mismo un manantial de felicidad.

Por otra parte, ve al ser humano como el centro de la creación, la cual camina hacia donde él la conduzca. Y eso lo expresa mediante el deterioro que todo sufre cuando el hombre deteriora su propia existencia; “el hombre es el pastor del ente”, escribió un filósofo del siglo pasado. San Pablo dirá que la creación está sometida a la vanidad por uno que la sometió, no por propia responsabilidad. Y al mismo tiempo formula una esperanza: cuando el hombre sea plenamente recuperado, redimido, también la creación participará de la gloria de los hijos de Dios, cuya manifestación está aguardando con dolores como de parto… (Rm 8, 22).

Mientras tanto, la Iglesia celebra anticipada y sacramentalmente esa omnipresencia del bien. El mandato de Jesús “dadles vosotros de comer” es el origen de una fiesta de la fraternidad. Sobre lo poco que el hombre puede aportar, viene el poder de Jesús y aparece algo así como un mundo nuevo; se cumple la petición de un himno vespertino que dice: “Si poco fue el amor en nuestro empeño/ de darle vida al día que fenece/, convierta en realidad lo que fue un sueño/ tu gran amor, que todo lo engrandece”.

Efectivamente, la multiplicación de los panes que narra Marcos es la aparición de un mundo nuevo. Se sacia el hambre material y tiene lugar también un acontecimiento de comunión humana y una anticipada celebración eucarística; el evangelista narra la acción de Jesús con las mismas palabras de la Última Cena. El grupo es numeroso, y el milagro sucede fuera de Palestina, en tierra pagana. Los seguidores de Jesús se juntan con muchos extraños: “los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán” (Sal 47,9). Ya no hay hambre, ya no hay disensión, ya no existe el extranjero. Cuando abrimos a los demás el corazón y la capaza, Jesús actúa, y se anticipa “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21,1), el objeto de nuestra esperanza.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 15 de febrero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro, y vino de nuevo por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», (que quiere decir: «Ábrete»). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban, y todos estaban asombrados y decían: «¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de hoy vemos cómo Jesús, para curar a ese pobre hombre sordomudo, primero lo aparta de la muchedumbre de los ruidos y distracciones y después lo cura. Creo que a lo primero que Dios nos invita es a apartarnos con Él en el silencio, para que así pueda hacer grandes milagros en nuestra vida, como el de regresarnos la escucha, pero no humana sino más bien espiritual. Podemos decir que quizás el sordomudo no lo era sólo en lo físico, sino también en el corazón.

Me pregunto, ¿desde hace cuánto yo también tengo el corazón sordo? Sordo a las cosas que quizás esté haciendo mal y que me doy cuenta de ello, pero no escucho lo que la dulce voz de Dios me dice en mi corazón. Lo que el Señor solo nos pide es poner de nuestra parte y alejarnos con Él en la oración, ¿estás dispuesto/a a dar el paso?

«Jesús quiere hacer entender que el milagro sucede por motivo de su unión con el Padre: por esto, levantó la mirada al cielo. Después emitió un suspiro y pronunció la palabra resolutiva: “Effatá”, que significa “Ábrete”. Y en seguida el hombre fue sanado: se le abrieron los oídos, se soltó la atadura de su lengua. La sanación fue para él una “apertura” a los demás y al mundo.

Este pasaje del Evangelio subraya la exigencia de una doble sanación. Sobre todo la sanación de la enfermedad y del sufrimiento físico, para restituir la salud del cuerpo; incluso esta finalidad no es completamente alcanzable en el horizonte terreno, a pesar de tantos esfuerzos de la ciencia y de la medicina. Pero hay una segunda sanación, quizá más difícil, y es la sanación del miedo. La sanación del miedo que nos empuja a marginar al enfermo, a marginar al que sufre, al discapacitado. Y hay muchos modos de marginar, también con una pseudo piedad o con la eliminación del problema; nos quedamos sordos y mudos delante de los dolores de las personas marcadas por la enfermedad, angustias y dificultades.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2018).

 

Fuente  :  https://es.catholic.net/op/articulos/72356/habla-senor-que-tu-siervo-escucha.html#modal

Homilía para la Eucaristía del domingo 17 de febrero de 2019

Paz y Bien para todos ustedes.

DOMINGO SEXTO DEL AÑO.

Jeremías 17,5-8: ante el fracaso de las reformas políticas y alianzas con los reyes poderosos el Profeta reflexiona sobre la confianza y su objetivo: Dios, sólo Dios. Lo demás trae esterilidad.

1 Corintios 15,12.16-20: Pablo habla de la verdad de la resurrección. Sin Cristo resucitado la vida cristiana no tendría sentido, no tendrían sentido las Bienaventuranzas.

Lucas 6,12-13.17.20-26: Encontramos en el texto dos partes muy unidas. Jesús comienza a formar a su nuevo Pueblo  instituyendo a los Doce. Y establece su Código: las Bienaventuranzas, que difieren literaria y teológicamente a las de Mateo. Con sus Bienaventuranzas y maldiciones Lucas expone el cambio real de situaciones existenciales.

1.- La Palabra de Dios nos muestra una visión diferente de la realidad, de la vida. El creyente está frente a la realidad y la vida con una actitud nueva, distinta; todo lo ve y valora desde la perspectiva de Dios. Y ya sabemos que “Dios no  mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón” (1 Samuel 16,7). Y desde la perspectiva de Dios todo es diferente. Las realidades no cambian, es la persona la que debe cambiar.

Si Israel y sus instituciones creen tener prosperidad por medio de las alianzas con los poderosos se equivoca, ya que vienen a ser como un arbusto reseco de la estepa de Palestina, sin vida, sin agua. La felicidad o infelicidad dependen en quién pone el hombre su seguridad y confianza. Porque no cabe duda que todos buscan en esta vida la seguridad y algo o alguien en quien confiar o apoyarse. Y lo que nos dice el Profeta Jeremías es una tremenda verdad. Ya lo dice el salmo 20,8: “Unos confían en sus carros, otros en su caballería”.

2.- Evidentemente que Jesús y todo el mensaje del Nuevo Testamento nos presentan una visión, un punto de vista diferente al del mundo, al del hombre sin fe.  Jesús, según san Lucas, no cambia la realidad, cambia al hombre, nos enseña a ver desde un punto de vista nuevo. En cuatro aspectos de la vida humana sintetiza Lucas las Bienaventuranzas: la pobreza, el hambre, el llanto (tristeza) y la persecución.  Cuando Jesús declara bienaventurados a este grupo de gente, no significa que ellos deben sentirse felices por su situación, sino porque todo eso tiene que desaparecer con el advenimiento del Reinado de Dios. Los pobres, los que lloran, los que sufren, los perseguidos ahora deben saber enfrentar la realidad, vivirla de una manera característica, con la confianza puesta en Dios y no en la carne.  Y esto no por una postura fatalista. Si fuera así, Marx tendría razón: “la religión es un opio – una droga para el pueblo”. Pero no, sino es un hacerle frente de otra manera. Postura que trae consigo consecuencias: la persecución y la muerte, ya que al mundo no le gusta que le arrebaten su presa.

La postura de Pablo fue esa. Él acepta el hecho de la muerte, no cierra los ojos a esta cruel realidad, pero no es fatalista ni derrotista. Pera él, y para todo creyente, Cristo Resucitado es el quicio, el punto de apoyo para enfrentar la realidad.

3.- La muerte existe. La miseria, la pobreza, el dolor, el llanto existen, aunque  no los queramos. De allí las diferentes posturas frente a una misma realidad. El ateo, el materialista, el revolucionario no están de acuerdo con la realidad. El cristiano tampoco, porque es No-Reino. Nosotros enfrentamos esta realidad desde la fe en el Resucitado; en Él ponemos nuestra seguridad y confianza. Otros, en cambio, se fían de sus estrategias, fuerzas e ideologías y poder del dinero. Y ya vemos cómo andan las cosas. Por eso, ¡Ay de ustedes los ricos, los satisfechos, los que ríen a carcajadas! Porque miran en menos a sus semejantes y no aceptan la soberanía y Sabiduría de Dios. Y así van agrandando la brecha entre ricos y pobres. ¡Y ejemplos hay demasiado!

4.- La Palabra del Señor nos trae una Buena Noticia, ya que nos viene a decir en dónde reside la verdadera Bienaventuranza. El hombre será bienaventurado, es decir, pleno, feliz cuando asuma y viva una forma de ser nueva, de acuerdo al proyecto de Dios, el Reino. Por eso, los que rechazan este Proyecto son desdichados y Jesús lo lamenta, como los profetas lamentaron la suerte del Pueblo de Dios.

¡Feliz el que pone en el Señor su confianza! Feliz quien echa raíces junto a la Fuente de agua viva, el Espíritu del Señor. A Él nos acercamos y en Él ponemos toda nuestra confianza.

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 15 de febrero de 2019

Primera lectura

Lectura del Génesis (3,1-8):

LA serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:
“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.
Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 31,1-2.5.6.7

R/. Dichoso el que está absuelto de su culpa

V/. Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito
y en cuyo espíritu no hay engaño. R/.

V/. Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

V/. Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.

V/. Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31 37):

EN aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los
oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor
REFLEXIÓN  :

Queridos hermanos:

También hoy el autor del Génesis se sirve de mitos y leyendas ya existentes, que, debidamente depuradas, le sirven para expresar el mensaje cristiano (o ya precristiano) que desea inculcar. El hombre es limitado, proclive a escuchar voces contrarias a la llamada amigable de Dios; desea a veces irrumpir sin respeto en el mundo del misterio, de lo divino, quizá hasta en actitud de desafío; “mas, ay, que contra el cielo/ no tiene el hombre rayo/, y en súbito desmayo/ cayó de ayer a hoy…” (El Mesías, de García Tassara).

Aunque parezca pasado de moda, nos es obligado reflexionar sobre la realidad del pecado. No todos los comportamientos valen igual. Y no todo son meros “desajustes psicológicos”. Siendo criatura tan nobles, podemos usar mal de las cualidades con que el Creador nos ha adornado: la voluntad, la libertad… Podemos olvidar nuestra condición de creados para la vida y tomar un camino de autodestrucción. Así vemos hoy a Adán: autodestruido. En vez de pasear con Yahvé por el jardín a la hora de la brisa, termina avergonzado, escondido, lleno de temores; se da cuenta de que está desnudo. Al alejarse de su Creador, su ser más íntimo se queda en cueros. Menos mal que, como veremos en los próximos días, Dios es fiel y no abandona. Saldrá al paso del hombre herido y le dará nuevas oportunidades; vendrá la Alianza. El rostro de ese Dios compasivo en medio de nuestro mundo es Jesús, que –dirán repetidamente los evangelios– va curando toda enfermedad y dolencia del pueblo, hoy la sordomudez.

Marcos no anda muy ducho en geografía. Si de la zona de Tiro alguien se encamina hacia Sidón, se aleja del Mar de Galilea, al cual tampoco se llega por la Decápolis. Quizá en la fase aramea de la tradición evangélica un originario Betsaida, ciudad vecina al Mar de Galilea, se entendió como beSaidá (=por Sidón), y siguieron desafortunados intentos de arreglo. Pero esto ni al evangelista ni a nosotros nos interesa mucho; nos basta con que Jesús fue realmente humano, situado en el tiempo y en el espacio. Allí hemos de encontrar lo que importa: su acción y su mensaje.

Los evangelistas son cuidadosos en subrayar que en Jesús se realizan las esperanzas seculares de Israel. En Isaías 35,5 leían: “en aquellos días, los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará”; y Jesús afirmará en Nazaret, tras leer un párrafo de este mismo profeta: “hoy se cumple esta Escritura que habéis oído” (Lc 4,21). Esa fue también la respuesta de Jesús a los discípulos del Bautista cuando le preguntaron si era él el que tenía que venir o aún había que esperar a otro: “…los sordos oyen…” (Lc 7,22).

Pero la Iglesia leyó siempre estas acciones de Jesús en profundidad; vio en ellas más que curaciones físicas. En Jeremías 6,10 hay un lamento de que muchos judíos tengan “orejas incircuncisas”, es decir, no oían a Yahvé ni obedecían su palabra porque les faltaba sintonía con él. Y esta es la advertencia y la llamada que hoy se nos dirige a nosotros. A muchos nos hicieron con el bautismo el rito, ahora opcional, del effetá, que incluye esta oración: “que es Señor te conceda, a su tiempo, escuchar su palabra y proclamar la fe”. Que el Señor nos libre de caer en la sordomudez espiritual.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy jueves 14 de febrero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: “Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. La mujer le replicó: “Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.

Entonces Jesús le contestó: “Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija”. Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Realmente no hay una historia como ésta en la Biblia. Bueno, la única excepción puede ser cuando Moisés hace que Dios cambie de opinión. Pero esta mujer hace más que hacer que Jesús cambie de opinión ¡Ella pone el mundo de Jesús de cabeza! Ella hace que Jesús admita para qué y para quién es su ministerio.

La mujer dice la verdad. Y cuando se dice la verdad, los mundos cambian. Su mundo cambió. Lo mismo para Jesús. Él trató de escapar de ella, trató de escapar (Marcos 7:24). Sin embargo, el resto de su ministerio no puede ser el mismo gracias a ella.

Nosotros decimos que queremos que nuestro mundo cambie, pero ¿lo queremos realmente? Porque cuando nuestro mundo está a punto de cambiar, requiere algo de preparación, aceptar los cambios, acostumbrarse. La vida, obviamente, nunca volverá a ser la misma. No podremos volver a ser como antes. Así que elegimos permanecer donde estamos porque nos convencemos a nosotros mismos de que se necesita mucho menos esfuerzo vivir vidas de falsedad que reunir la energía necesaria para pasar de la mentira a la honestidad. Decir la verdad supone un riesgo. Se necesita valor, mucho valor. Así que no decimos la verdad. Nos quedamos en silencio. Nos mordemos la lengua; esperamos el momento adecuado, el cual, por cierto, nunca, nunca llega. Permanecemos en nuestras ilusiones, en los mundos inventados que hemos creado que están cuidadosa y estratégicamente alejados de la verdad que desesperadamente queremos vivir.

Esto es verdad en nuestras vidas personales y en nuestras vidas como cristianos. No es necesario que diga cuán cierto es esto. Sólo hay que detenernos y pensar por un minuto en las mentiras que vivimos y en las verdades que tememos contar. Hay que decirnos a nosotros mismos la verdad. Porque ése es el primer paso para decir la verdad a los demás. Y un cristiano auténtico, un cristiano que es creíble, el tipo de cristiano que necesitamos en estos días necesita vivir en la Verdad, hablar sobre la dificultad de decir la verdad y expresar sin miedo las verdades difíciles de decir.

«¿Cuántas veces hemos pedido y no hemos obtenido, todos lo hemos experimentado, ¿cuántas veces hemos llamado y encontrado una puerta cerrada? Jesús nos insta, en esos momentos, a insistir y no rendirnos. La oración siempre transforma la realidad, siempre. Si las cosas no cambian a nuestro alrededor, al menos nosotros cambiamos, cambiamos nuestro corazón. Jesús prometió el don del Espíritu Santo a cada hombre y a cada mujer que reza. Podemos estar seguros de que Dios responderá. La única incertidumbre se debe a los tiempos, pero no dudamos de que Él responderá. Tal vez tengamos que insistir toda la vida, pero Él responderá. Nos prometió: no es como un padre que da una serpiente en lugar de un pez. No hay nada más seguro: un día se cumplirá el deseo de felicidad que todos llevamos en nuestros corazones.»
(Audiencia de S.S. Francisco, 9 de enero de 2019).

 

Fuente  :  https://es.catholic.net/op/articulos/72355/expresar-sin-miedo-la-verdad.html#modal

Audiencia general, 13 de febrero de 2019 – Catequesis del Papa Francisco

‘Padre de todos nosotros’ – 6ª catequesis del ‘Padre Nuestro’

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:25 en el Aula Pablo VI  donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Santo Padre, retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “Padre de todos nosotros” (Pasaje bíblico: Del Evangelio según San Lucas 10, 21-22)

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.

La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la bendición apostólica.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos nuestro itinerario para aprender cada vez mejor a rezar como Jesús nos enseñó. Tenemos que rezar como Él nos enseñó a hacerlo.

Él dijo: cuando reces, entra en el silencio de tu habitación, retírate del mundo y dirígete  a Dios llamándolo “¡Padre!”. Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan de pie en las calles para que los admire la gente (cf. Mt 6, 5). Jesús no quiere hipocresía. La verdadera oración es la que se hace en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios. Dios y yo. Esa oración huye de la falsedad: ante Dios es imposible fingir. Es imposible, ante Dios no hay truco que valga, Dios nos conoce así, desnudos en la conciencia y no se puede fingir. En la raíz del diálogo con Dios hay un  diálogo silencioso, como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esta es oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar. “Pero, padre, yo no digo palabras…” Mira a Dios y déjate mirar por Él: es una oración, ¡una hermosa oración!

Sin embargo, aunque la oración del discípulo sea confidencial, nunca cae en el intimismo. En el secreto de la conciencia, el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas, todas las llevo en la oración.

Hay una ausencia impresionante en el texto de “Nuestro Padre”. ¿Si yo preguntase a vosotros cual es la ausencia impresionante en el texto del Padre nuestro? No será fácil responder. Falta una palabra. Pensadlo todos: ¿qué falta en el Padre nuestro? Pensad, ¿qué falta? Una palabra. Una palabra por la que en nuestros tiempos, -pero quizás siempre-, todos tienen una gran estima. ¿Cuál es la palabra que falta en el Padre nuestro que rezamos todos los días? Para ahorrar tiempo os la digo: Falta la palabra “yo”. “Yo” no se dice nunca.  Jesús nos enseña a rezar, teniendo en nuestros labios sobre todo el “Tú”, porque la oración cristiana es diálogo: “santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad”.  No mi nombre, mi reino, mi voluntad. Yo no, no va. Y luego pasa al “nosotros“. Toda la segunda parte del “Padre Nuestro” se declina en la primera persona plural: “Danos nuestro pan de cada día, perdónanos nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal”. Incluso las peticiones humanas más básicas, como la de  tener comida para satisfacer el hambre, son todas en plural. En la oración cristiana, nadie pide el pan para sí mismo:  dame el pan de cada día, no, danos, lo suplica para todos, para todos los pobres del mundo. No hay que olvidarlo, falta la palabra “yo”. Se reza con el tú y con el nosotros. Es una buena enseñanza de Jesús. No os olvidéis.

¿Por qué? Porque no hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios. No hay ostentación de los problemas personales como si fuéramos los únicos en el mundo que sufrieran. No hay oración elevada a Dios que no sea la oración de una comunidad de hermanos y hermanas, el nosotros: estamos en comunidad, somos hermanos y hermanas, somos un pueblo que reza, “nosotros”. Una vez el capellán de una cárcel me preguntó: “Dígame, padre, ¿Cuál es la palabra contraria a yo? Y yo, ingenuo, dije: “Tú”. “Este es el principio de la guerra. La palabra opuesta a “yo” es “nosotros”, donde está la paz, todos juntos”. Es una hermosa enseñanza la que me dio aquel cura.

Un cristiano lleva a la oración todas las dificultades de las personas que están a su lado: cuando cae la noche, le cuenta a Dios los dolores con que se ha cruzado ese día; pone ante Él tantos rostros, amigos e incluso hostiles; no los aleja como distracciones peligrosas. Si uno no se da cuenta de que a su alrededor hay tanta gente que sufre, si no se compadece de las lágrimas de los pobres, si está acostumbrado a todo, significa que su corazón es ¿cómo es? ¿Marchito? No, peor: es de piedra. En este caso, es bueno suplicar al Señor que nos toque con su Espíritu y ablande nuestro corazón. “Ablanda, Señor, mi corazón”. Es una oración hermosa: “Señor, ablanda mi corazón, para que entienda y se haga cargo de todos los problemas, de todos los dolores de los demás”. Cristo no pasó inmune al lado de las miserias del mundo: cada vez que percibía una soledad, un dolor del cuerpo o del espíritu, sentía una fuerte compasión, como las entrañas de una madre. Este “sentir compasión” –no olvidemos esta palabra tan cristiana: sentir compasión- es uno de los verbos clave del Evangelio: es lo que empuja al buen samaritano a acercarse al hombre herido al borde del camino, a diferencia de otros que tienen un corazón duro.

Podemos preguntarnos: cuando rezo, ¿me abro al llanto de tantas personas cercanas y lejanas?, ¿O pienso en la oración como un tipo de anestesia, para estar más tranquilo? Dejo caer la pregunta, que cada uno conteste. En este caso caería víctima de un terrible malentendido. Por supuesto, la mía ya no sería una oración cristiana. Porque ese “nosotros” que Jesús nos enseñó me impide estar solo tranquilamente y me hace sentir responsable de mis hermanos y hermanas.

Hay hombres que aparentemente no buscan a Dios, pero Jesús nos hace rezar también por ellos, porque Dios busca a estas personas más que a nadie. Jesús no vino por los sanos, sino por los enfermos, por  los pecadores (cf. Lc 5, 31), es decir, por  todos, porque el que piensa que está sano, en realidad no lo está. Si trabajamos por la justicia, no nos sintamos mejor que los demás: el Padre hace que su sol salga sobre los buenos y sobre los malos (cf. Mt 5:45). ¡El Padre ama a todos! Aprendamos de Dios que siempre es bueno con todos, a diferencia de nosotros que solo podemos ser buenos con alguno, con alguno que me gusta.

Hermanos y hermanas, santos y pecadores, todos somos hermanos amados por el mismo Padre. Y, en el ocaso de la vida, seremos juzgados por el amor, por cómo hemos amado. No solo el amor sentimental, sino también compasivo y concreto, de acuerdo con la regla evangélica -¡no la olvidéis!- “Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos, más pequeños a mí lo hicisteis”.Así dice el Señor. Gracias.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-13-de-febrero-de-2019-catequesis-del-papa-francisco/

EDD. jueves 14 de febrero de 2019

Jueves de la quinta semana del tiempo ordinario
Santos Cirilo, Monje, y Metodio, Obispo
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Los dos hermanos Constantino y Metodio fueron enviados a Moravia por el patriarca de Constantinopla para anunciar a Cristo. Entre los dos publicaron textos litúrgicos en lengua eslava, escrita en caracteres “cirílicos”, como luego se designaron. En el año 868 fueron a Roma a informar al Papa de sus trabajos. Constantino murió allí con el nombre monástico de Cirilo. Metodio, ordenado obispo de Smirnium, marchó a Panonia donde desarrolló una infatigable labor de evangelización al servicio de los eslavos. El Papa Juan Pablo II los nombró patronos de Europa junto con san Benito.

Antífona de entrada

Estos son los santos que llegaron a ser amigos de Dios, y recibieron la gloria por el anuncio de la verdad divina.

ORACIÓN COLECTA

Señor y Dios nuestro, que iluminaste a los pueblos eslavos por medio de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos recibir tu palabra en nuestros corazones, y conformar un pueblo unido en la verdadera y recta confesión de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Dios presentó la mujer al hombre. Los dos llegan a ser una sola carne.

Lectura del libro del Génesis     2, 18-25

Después que creó al hombre, el Señor Dios dijo: “No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”.

Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.

El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando éste se durmió, tomó una de sus costillas y cerro con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.

El hombre exclamó: “¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!

Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre”.

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

SALMO RESPONSORIAL     127, 1-5

R/. ¡Feliz el que teme al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! ¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén!

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO        St 1, 21bc

Aleluya.

Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos. Aleluya.

EVANGELIO

Los cachorros, debajo de la mesa, comen de las migajas que dejan caer los hijos.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos       7, 24-30

Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.

En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de Él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

Él le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”.

Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos”.

Entonces Él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

PALABRA DEL SEÑOR.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-02-14

 

REFLEXIÓN  :

 

• En el Evangelio de hoy, veremos cómo Jesús atiende a una mujer extrajera de otra raza y de otra religión, lo cual estaba prohibido por la ley religiosa de aquella época. Inicialmente, Jesús no quería atenderle, pero la mujer insistió y consiguió lo que quería: la curación de la hija.
• Jesús trata de abrir la mentalidad de los discípulos y de la gente más allá de la visión tradicional. En la multiplicación de los panes, había insistido en el compartir (Mc 6,30-44). En la discusión sobre lo que es puro e impuro, había declarado puros todos los alimentos (Mc 7,1-23). Ahora, en este episodio de la Mujer Cananea, supera las fronteras del territorio nacional y acoge a una mujer extranjera que no pertenece al pueblo y con la que estaba prohibido conversar. Estas iniciativas de Jesús, nacidas de su experiencia de Dios como Padre, eran extrañas para la mentalidad de la gente de la época. Jesús ayuda a la gente a abrir su manera de experimentar a Dios en la vida.
• Marcos 7.24: Jesús sale del territorio. En el evangelio de ayer (Mc 7,14-23) y de antes de ayer (Mc 7,1-13), Jesús había criticado la incoherencia de la “Tradición de los Antiguos” y había ayudado a la gente y a los discípulos a salir de la prisión de las leyes de la pureza. Aquí, en Mc 7,24, sale de Galilea. Parece querer salir de la prisión del territorio y de la raza. Está en el extranjero, y parece que no quiere ser conocido. Pero su fama había llegado antes que él. La gente sabe y le busca.
• Marcos 7.25-26: La situación. Una mujer llega cerca y empieza a pedir por la hija enferma. Marcos dice explícitamente que era de otra raza y de otra religión. Esto es, era pagana. Ella se lanza a los pies de Jesús y empieza a suplicar para que cure a su hija poseída por un espíritu impuro. Los paganos no tenían problema en recorrer a Jesús. Los judíos ¡sí que tenían problemas en convivir con los paganos!
• Marcos 7.27: La respuesta de Jesús. Fiel a las normas de su religión, Jesús dice que no conviene tirar el pan de los hijos y darlo a los cachorros. Frase dura. La comparación está sacada de la vida familiar. Hasta hoy, niños y cachorros es lo que más hay en los barrios pobres. Jesús afirma una cosa que es cierta: ninguna madre saca el pan de la boca de los hijos para darlo a los cachorros. En este caso, los hijos eran los judíos y los cachorros, los paganos. En la época del AT, por causa de la rivalidad entre los pueblos, un pueblo acostumbraba llamar a otro “cachorro” (1Sam 17,43). En los otros evangelios Jesús explica el porqué de su rechazo: “No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15,24). Es decir: “El Padre no quiere que yo me ocupe de esta mujer”
• Marcos 7,28: La reacción de la mujer. Ella concuerda con Jesús, pero amplía la comparación y la aplica a su caso: “Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.” Es como si dijera: “Si soy perrito, entonces tengo los derechos de los perritos, es decir, ¡las migajas me pertenecen!” Ella sencillamente sacó las conclusiones de la parábola que Jesús contó y, mostró que, hasta en la casa de Jesús, los perritos comían las migajas que caían de la mesa de los niños. Y en la “casa de Jesús”, esto es, en la comunidad cristiana, la multiplicación del pan para los hijos fue tan abundante que estaban sobrando doce cestos (Mc 6,42) para los “cachorros”, esto es, para ella, ¡para los paganos!
• Marcos 7,29-30: La reacción de Jesús: “Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.” En los otros evangelios se explicita: “¡Grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” (Mt 15,28). Si Jesús atiende la súplica de la mujer es porque comprende que, ahora, el Padre quiere que él escuche su petición. Este episodio ayuda a percibir algo del misterio que envolvía a la persona de Jesús y como él convivía con el Padre. Era observando las reacciones de las personas y las actitudes de las personas, que Jesús descubre la voluntad del Padre en los acontecimientos de la vida. La actitud de la mujer abre un nuevo horizonte en la vida de Jesús. A través de ella, él descubre mejor que el proyecto del Padre es para todos los que buscan la vida y quieren liberarse de las cadenas que aprisionan su energía. Así, a lo largo de las páginas del evangelio de Marcos, hay una apertura creciente hacia los demás pueblos. De este modo, Marcos lleva a los lectores y a las lectoras a abrirse, poco a poco, a la realidad del mundo de alrededor y a superar ideas preconcebidas que impiden la convivencia pacífica entre la gente. Esta apertura hacia los paganos aparece de forma muy clara en la orden final que Jesús da a los discípulos, después de su resurrección: ”Id por el mundo, proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).

 

Fuente  :  https://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-marcos-724-30

 

 

Comentario al evangelio de hoy miércoles 13 de febrero de 2019

Del santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.

Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿Ustedes también son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?” Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.

Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

Palabra del Señor


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Duras nos resultan tus palabras el día de hoy, Señor. ¿Por qué? ¿No será quizás porque la verdad no admite maquillaje? Debe ser ésa la razón. Lo que te motivó a hablar así a tus discípulos no fue el enojo, sino la urgencia de hacerles entender lo mucho que está en juego en el camino hacia la salvación.

¿Cuántas veces acusamos al mundo del mal que nos sucede? Pareciera incluso que el mal sólo existe fuera de nosotros, buscando en todo momento hacernos tropezar. Hay algo de razón en ello, pero no todo es así. Muchas veces experimentamos vivencias que nos hacen sentir la presencia de ese mal, pero el que realmente debe preocuparnos es aquel que se engendra dentro de nuestro corazón.

¿Acaso no son la guerra, la intolerancia, la discordia, la calumnia, la habladuría, obras todas que surgen de nuestra parte? En el principio, cuando Dios creó la tierra, había armonía. La decisión de Adán y Eva de desobedecer introdujo la variable del mal en el diseño. También nosotros, con nuestro proceder, podemos alejarnos de Ti, Señor, y vernos sumergidos en una espiral caótica.

¿Podemos tener esperanza ante esta situación? ¡Desde luego que sí! Es más, no sólo podemos, sino que debemos. El cristiano no vive de cualquier esperanza, sino de la conciencia de ser profundamente amado por Ti, de haber sido redimido por Ti. Por eso, recordemos hoy las palabras que dirigiste a tu siervo san Pablo: «Mi gracia te basta, pues mi fuerza se manifiesta en la debilidad.» Somos débiles, Señor, pero no viles; pecadores, pero no corruptos. Sé tú el crisol donde purifiquemos nuestro corazón.

«La esclavitud a la que se refiere el apóstol es la de la “ley”, entendida como un conjunto de preceptos a observar, una ley que ciertamente educa al hombre, que es pedagógica, pero que no lo libera de su condición de pecador, sino que, en cierto modo, lo “sujeta” a esta condición, impidiéndole alcanzar la libertad de hijo. Dios ha enviado al mundo a su Hijo unigénito para erradicar del corazón del hombre la esclavitud antigua del pecado y restituirle así su dignidad. En efecto, del corazón humano —como enseña Jesús en el Evangelio (cf. Mc 7,21-23)— salen todas las intenciones perversas, las maldades que corrompen la vida y las relaciones.»
(Homilía de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72354/purificar-diariamente-nuestras-intenciones.html#modal