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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 24 de septiembre de 2018.

Lunes de la vigesimoquinta semana del tiempo ordinario.


Nuestra Señora de la Merced
Memoria libre 
Color: blanco

Antífona de entrada            Cf. Jdt 13, 18. 19

El Señor, el Dios altísimo, te ha bendecido a ti, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra. Él ha engrandecido tanto tu nombre, que los hombres no dejarán de alabarte.

ORACIÓN COLECTA

Padre misericordioso, que otorgaste la redención a los hombres por medio de tu Hijo, concede, a cuantos invocamos a su Madre con el título de la Merced, mantenernos en la verdadera libertad de hijos, que Jesucristo nos mereció con su sacrificio, y ofrecerla incansablemente a todos los hombres. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El hombre perverso es abominable para el Señor.

Lectura del libro de los Proverbios   3, 27-34

No niegues un beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo.

No digas a tu prójimo: “Vuelve después, mañana te daré”, si tienes con qué ayudarlo.

No trames el mal contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti.

No litigues con un hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal.

No envidies al hombre violento ni elijas ninguno de sus caminos.

Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y Él reserva su intimidad para los rectos.

La maldición del Señor está en la casa del malvado, pero Él bendice la morada de los justos.

Él se burla de los insolentes y concede su favor a los humildes.

SALMO RESPONSORIAL   14, 2-4b. 5

R/. ¿Quién habitará en tu Casa, Señor?

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor.

El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así nunca vacilará.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Mt 5, 16

Aleluya.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Aleluya.

EVANGELIO

La lámpara se coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   8, 16-18

Jesús dijo a sus discípulos:

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-09-24

Reflexión  :

CR

Ya cuando estábamos estudiando teología dedicamos mucho tiempo a dialogar sobre qué significaba dar testimonio, ser testigos de Jesús. Hablábamos de algo muy importante porque en nuestro futuro inmediato, como misioneros, era lo que fundamental que pretendíamos hacer. Ser testigos debería ser el eje central de nuestra vida.

Hoy sigue estando ese debate muy presente en la vida de la Iglesia. Pero tengo la sensación de que la respuesta ha ido cambiando, de que ya no es la misma. En definitiva, nosotros nos respondíamos algo que ya se decía hace siglos. El cristiano no se diferencia por tener unas leyes o normas especiales. Tampoco por ir vestido de una manera especial. Ni siquiera el rasgo distintivo debe ser el rosario o una liturgia especial. El cristiano, el discípulo de Jesús, se distingue por un estilo de vida. Dicho en otras palabras: el “mirad cómo se aman.” Ahí está la clave. Vivir el amor de Dios en todo momento. Ése es el elemento que debe caracterizar la vida del cristiano. Francisco de Asís, cuando mandó a sus frailes a evangelizar en tierras musulmanas, lo expresó muy bien cuando dijo: “Evangelizad siempre, hablad sólo cuando sea necesario.”

Estamos llamados a ser luz del mundo. No hay ninguna razón para ocultar esa luz. Pero lo importante es la luz no el candelero. Lo importante es el amor experimentado, vivido, regalado, compartido. Lo que lo adorna es eso, puro adorno. Las palabras, los hábitos, los rezos, todo eso puede estar bien según el momento, la oportunidad. O puede estar mal y sobrar. Según el momento y la oportunidad. Pero el amor de Dios hecho vida está siempre bien. Sin él no hay testimonio.

Vamos a ser luz para que todos vean la luz, para que todos experimenten el amor de Dios que ha llegado a nuestros corazones. El amor es gratuito, generoso, misericordioso, no impone condiciones, no exige nada. Simplemente se da, se regala, sin medida, sin límite. Cualquier condición, del tipo que sea, no hace más que ocultar y esconder la luz que debe brillar para todos. Dios ha encendido esa luz en nuestros corazones. No podemos ocultarla ni taparla. Dar testimonio es vivir como el que ha experimentado el amor de Dios y lo comparte con todos. Todo eso y nada más que eso.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

Comentario al evangelio de hoy sábado 22 de septiembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 8, 4-15 .

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:

«Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».

Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esta parábola?». Y él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio que meditamos hoy no necesita una explicación porque Jesús predicaba de forma tan sencilla, que quería que todos entendiéramos lo que había en su corazón. La semilla para todos es igual, ya sabemos también los diferentes tipos de tierra en que nos podemos convertir. Obviamente nadie quiere identificarse con el terreno pedregoso, o los zarzales, pero debido a nuestra naturaleza débil y pecadora, también podemos ser como estos tipos de tierra.

En primer lugar, no basta recibir la Palabra de Dios con alegría, sino que, como hizo María, debemos guardarla, no en la memoria, sino en lo más profundo de nuestro ser y actuar evangélicamente. Esto significa tener presente a Cristo en cada acontecimiento de nuestra vida cómo actuaría Él en cada momento. El ir transformando nuestra vida en Cristo es el fruto más precioso que podemos ofrecer al Padre, y la perseverancia de la cual nos habla el Señor, es la perseverancia en la fe y la santidad a la que estamos llamados.

En segundo lugar, reconocemos que no siempre es fácil vivir de acuerdo al Evangelio pero, por eso mismo, nuestro camino hacia dar el fruto que permanece no lo podemos vivir en soledad. Los primeros cristianos lo entendieron muy bien al buscar siempre el apoyo de la comunidad, de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Cuando nos percatamos que nuestra tierra se está volviendo árida, nuestros hermanos, y Cristo mismo en los sacramentos, vienen a revitalizarnos.

Por último, los secretos del Reino nos son revelados por Cristo, Él quiere amar, sanar, predicar y caminar a través de nosotros como lo hizo en Jerusalén. ¡Señor ven a reinar a mi corazón!

Él es la fuerza divina que cambia, que cambia el mundo. La Secuencia nos lo ha recordado: el Espíritu es «descanso de nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas»; y lo pedimos de esta manera: «Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas». Él entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos. Cambia los corazones. Jesús dijo a sus Apóstoles: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo […] y seréis mis testigos».
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de mayo de 2018).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71079/diversos-tipos-de-tierra-cual-soy-yo.html#modal

EDD. sábado 22 de septiembre de 2018.

Sábado de la vigesimocuarta semana del tiempo ordinario.

Común de la Virgen María
Propuesta celebrativa
Color: verde

Antífona de entrada

Tú eres feliz, Virgen María, porque llevaste en tu seno al Creador del universo. Engendraste al que te creó, y para siempre permaneces virgen.

ORACIÓN COLECTA

Padre misericordioso, ayúdanos en nuestra debilidad, para que, al celebrar a la Santa Madre de Dios, su intercesión nos libre de todo pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto   15, 35-38. 42-49

Hermanos:

Alguien preguntará: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo?

Tu pregunta no tiene sentido. Lo que siembras no llega a tener vida, si antes no muere. Y lo que siembras no es la planta tal como va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra planta. Y Dios da a cada semilla la forma que Él quiere, a cada clase de semilla, el cuerpo que le corresponde.

Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles; se siembran cuerpos humillados y resucitarán gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza; se siembran cuerpos puramente naturales y resucitarán cuerpos espirituales.

Porque hay un cuerpo puramente natural y hay también un cuerpo espiritual. Esto es lo que dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente»; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida.

Pero no existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene después.  El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial.

De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.

SALMO RESPONSORIAL    55, 10-14

R/. ¡Caminaré delante de Dios en la luz de la vida!

Mis enemigos retrocederán cuando te invoque. Yo sé muy bien que Dios está de mi parte. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Él y ya no temo: ¿qué pueden hacerme los hombres?

Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice: te ofreceré sacrificios de alabanza, porque Tú libraste mi vida de la muerte y mis pies de la caída, para que camine delante de Dios en la luz de la vida.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Lc 8, 15

Aleluya.

Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia.  Aleluya.

EVANGELIO

Lo que cayó en tierra fértil son los que retienen la palabra, y dan fruto gracias a su constancia

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   8, 4-15

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, Él les dijo, valiéndose de una parábola: “El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y éstas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno”.

Y una vez que dijo esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.

Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia”.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-09-22

REFLEXIÓN  :

CR

Se dice en castellano de los que se meten a discutir cosas inútiles y muy enrevesadas que se meten en cuestiones “bizantinas”. Es que parece ser que a los bizantinos les gustaba discutir y dialogar horas interminables aunque fuese de cosas tan inútiles como el sexo de los ángeles. Leyendo la primera lectura de este día, parece que en la comunidad de los corintios, también había muchos bizantinos a los que les gustaba dedicarse a discutir sobre cuestiones “bizantinas”. Porque el tema de la resurrección da mucho de sí. Si vamos a resucitar, ¿qué resucita: nuestra alma o nuestro cuerpo? Y si resucita nuestro cuerpo, ¿qué cuerpo va a ser: el que tenemos ahora o uno nuevo? Pablo trata de dar una respuesta pero todo se queda en atisbos, intuiciones, ideas difíciles de explicar en la realidad que nos toca vivir. ¿Qué es eso del hombre celestial?

En el fondo, lo que nos quiere decir es que más allá de hablar de lo que no sabemos, y posiblemente no sabremos nunca, creemos en Jesús. Creemos que Dios le ha resucitado a una vida nueva y plena. Y creemos que Dios nos resucitará a nosotros también a una vida nueva y plena. Por eso, vivimos en la esperanza, porque creemos en un Dios de vida, que da y regala la vida a todos los vivientes. Y viviendo así es como somos ya esos hombres y mujeres nuevos, capaces de vivir la fraternidad y el amor con todos. Igual que Dios.

La fe es la semilla que se ha sembrado en nuestro corazón. Como en la parábola del Evangelio, la Palabra de vida y esperanza ha sido sembrada en nosotros. Ahora es tarea nuestra acogerla, vivirla, hacerla crecer, multiplicarla, para que llegue a los corazones de todos, para que la fraternidad del Reino no sea un sueño imposible, convertido muchas veces en una pesadilla horrible, sino una experiencia de vida. Para que nadie se sienta excluido de la mesa del banquete del Reino. Vivir es así es dejarse de cuestiones “bizantinas” y aterrizar en la vida de cada día. Porque lo que Jesús nos pide no es divagar por los cielos sino transformar las relaciones con nuestros vecinos, acoger a los excluidos, compartir el pan con el hambriento, hacer que la justicia llegue a todos… Estas son las cuestiones “reales” en las que nos tenemos que comprometer los seguidores de Jesús.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 23 de Septiembre de 2018.

Me es grato saludar  todos. Dios los colme de bendiciones.

DOMINGO XXV DEL AÑO.

Sabiduría 2,12.17-20: el texto es una reflexión acerca de la persecución y hostigamiento que sufre el justo por parte de los impíos, que se sienten criticados por la vida de los justos.

Santiago 3,16-4,3: el Apóstol exhorta a los fieles a vivir de la verdadera Sabiduría, la que proviene de Dios. Ésta es causa de todo bien. La falsa sabiduría origina todo mal.

Marcos 9, 30-37: contrasta la postura de Jesús con las de los discípulos. Dos posturas, dos sabidurías: la divina y la humana. Jesús enseña la Sabiduría de Dios.

1.- En el evangelio del domingo pasado Jesús encara a Pedro, ya que pensaba como hombre  y no como Dios. En otras palabras, lo que nos quiere decir el Señor es en base a qué sabiduría nos manejamos en este mundo. Porque existen dos sabidurías, dos modos de ver y vivir la vida.

El Apóstol Santiago en su carta exhorta a tener la auténtica sabiduría, la que proviene de Dios, el único Sabio. Jesús es la Divina y Santa Sabiduría del Padre, que quiere comunicarse con nosotros. Ya que actuando con esta Sabiduría tendremos una conducta diferente, es decir, santa. Y es lo que describe el Apóstol en el texto que hemos escuchado.

Si la verdadera Sabiduría proviene de Dios, la falsa, en cambio, proviene del espíritu del mal que causa toda envidia y rivalidad, desorden y toda clase de maldad.

Se supone que un discípulo vive y actúa de a cuerdo a la Sabiduría de Dios, que muestra y enseña Jesús. Dice el texto que “una vez que estuvieron en la casa”. Es un detalle: es en la casa, no en la sinagoga de Israel, en donde Jesús forma a sus discípulos, en la casa y en ningún otro centro de formación. En la casa, es decir, en el espacio de Jesús. Es preciso compartir con Jesús para poder aprender de Él y vivir su Sabiduría. Así lo hicieron los santos.

2.- La enseñanza del Maestro es totalmente opuesta a la del mundo. La sabiduría del mudo – de la carne busca figurar, ambicionar y sobresalir. La Sabiduría de Jesús, en cambio, busca la humildad y el servicio. El único puesto al que debe aspirar el discípulo de Jesús es el de servir a todos. La única manera de ganar la vida es perdiéndola por los otros, sirviéndolos con gratuidad. Jesús no es teórico, enseña con sus gestos, su vida y acción. En el texto aparece Jesús abrazando a un niño, lo que debe haber sorprendido, ya que en la sociedad judía el niño era lo último. Para Jesús los preferidos son los débiles y marginados. Esto quiere Jesús para sus discípulos, para la nueva Comunidad del Reino. Esto quiere el Señor para su Iglesia.

El siglo XII fue uno de los siglos de mayor decadencia para la Iglesia: “amenazaba ruinas”. Existían ambiciones, luchas por el poder, desenfreno, lujurias, injusticias, etc. Su recuperación comenzó cuando se empezó a vivir la Sabiduría de Cristo, que encarnó eficazmente Francisco de Asís y Domingo de Guzmán.

3.- Dos sabidurías que contrastan: la de Dios y la del mundo. Cuando el discípulo vive la Sabiduría de Dios va a chocar con el mundo. Cuando los cristianos vivamos de acuerdo a lo que el Señor enseña se lograrán dos cosas: la regeneración de la Iglesia y el hostigamiento por parte de la sociedad, ya que está en otra…en otra sabiduría, en otra mentalidad, en otra onda. Lo que dice la primera lectura calca con lo que hoy estamos viviendo. Somos objeto de escarnio, de mofa, de burla. La Iglesia ha perdido credibilidad y la sociedad ya puede cantar  victoria porque le ha quitado a la Iglesia la autoridad moral. La Iglesia nada tiene que decirnos, dice el mundo. De allí que la Sabiduría de Dios, que es vida, es rechazada, y se acepta la falsa sabiduría, que conduce al caos y la muerte.

4.- Pero NO. Aquí está Jesús y nos pregunta: ¿De qué hablaban? ¿Qué les preocupa? Y Él es quien nos enseña su Sabiduría, ya lo sabemos. Estamos en su casa, es decir, en intimidad con Él. Sólo en la intimidad con Él se aprende a pensar como Él. Los libros, las ciencias, pueden servir, ayudar, pero es la intimidad lo único que sirve de verdad.

Hoy hacemos comunión, es decir, estamos conectados con Jesús. Empezamos a estar conectados con Él cuando aceptamos su Palabra. Estamos conectados con Él al dejarlo entrar en nosotros por la fe en esta Santa Cena.

Al salir de aquí nos enfrentamos al mundo. Vamos a entrar en un clima adverso. ¡Abriguémonos! ¿Cómo? “El Señor es mi apoyo verdadero”, decimos con el salmo. O con el joven Salomón podemos decir: “Dame la Sabiduría que comparte tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos”. (Sabiduría 9,4).  Sólo así podremos salir adelante.

Hermano Pastor Salvo.

 

Comentario al evangelio de hoy viernes 21 de septiembre de 2018

Del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13.

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

Palabra de Dios.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Muchas veces, durante mi vida, he contado mi historia vocacional. Algunos quedan impresionados de cómo Dios actuó, otros simplemente preguntan cosas superficiales, otros simplemente piensan que es otra historia más, pero hay algunas personas que creen que es la mejor historia, y esos somos Dios y yo porque es nuestra historia, juntos.

En el Evangelio de hoy leemos el famoso sígueme de Jesús a san Mateo narrado por el mismo evangelista. Puede ser que para nosotros es una parte más de Evangelio, importante sí, como todo el Evangelio, pero una parte más; para otros puede ser un recordatorio de su propia vocación y para otros, simplemente,el Evangelio que toca el día de hoy.Pero estoy seguro que para san Mateo éste no era solamente una parte, sino era todo su Evangelio, era su historia, en unas simples letras,de cómo encontró a su Señor.

Muchos de nosotros podemos, hoy, intentar escribir nuestro Evangelio. Ese lugar, ese momento específico donde escuchamos el sígueme de Jesús que nos hizo levantarnos de nuestro puesto cómodo y dejar todo por Él; y podemos escribir el Evangelio de nuestra vida a partir de este encuentro con el Señor.

Pero lo importante de nuestro Evangelio es que no debe ser escrito solamente en una hoja de papel, sino que debe ser plasmado con mucha intensidad en nuestro corazón, para que cada vez que leamos nuestro propio sígueme y se levantó y lo siguió,recibamos el combustible necesario para seguir caminando junto a Él, para seguir amándolo, basado todo en este encuentro personal con Cristo.

Jesús no echa largos discursos, no entrega un programa al que adherirse, no hace proselitismo, ni da respuestas prefabricadas. Cuando se dirige a Mateo dice sencillamente: «¡Sígueme!». De esta manera, despierta en él la fascinación de descubrir un nuevo objetivo, la apertura de su vida a un «lugar» que va más allá de la mesita donde está sentado. El deseo de Jesús es poner a la gente en camino, sacudirlas de un sedentarismo letal, romper la ilusión de que podemos vivir felizmente siguiendo cómodamente sentados entre nuestras seguridades. Este deseo de búsqueda, que a menudo habita en los más jóvenes es el tesoro que el Señor pone en nuestras manos y que tenemos que cuidar, cultivar y hacer brotar.
(Palabras de S.S. Francisco, el 21 de octubre de 2016, al recibir a unos participantes de una pastoral).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71070/mi-evangelio.html#modal

EDD. viernes 21 de septiembre de 2018.

Viernes de la vigesimocuarta semana del tiempo ordinario.

San Mateo, apóstol y evangelista
Fiesta 
Color: rojo

Mateo, a quien Lucas y Marcos llaman Leví, era hijo de Alfeo y natural de Cafarnaún. La vocación de este recaudador de impuestos constituye uno de los episodios más populares del ministerio de Cristo en Galilea.

No sabemos casi nada de su actividad apostólica después de la Ascensión de Jesús, pero Mateo nos ha dejado el primero de los Evangelios, en el que mejor se destaca la continuidad entre la Antigua y la Nueva Alianza y a través del cual comunicó la Buena Noticia a todas las generaciones sucesivas.

Antífona de entrada            Mt 28, 19-20

Dice el Señor: vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que con infinita misericordia elegiste a san Mateo, convirtiéndolo de publicano en apóstol; sostenidos por su intercesión y su ejemplo concédenos que, siguiéndote con fidelidad, vivamos siempre unidos a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros predicadores del Evangelio.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso   4, 1-7. 11-13

Hermanos:

Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han  recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.  Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.

Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.  Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.  Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.

Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida en que Cristo los ha distribuido.

Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.

SALMO RESPONSORIAL  18, 2-5

R\. Resuena su eco por toda la tierra.

El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos: un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia.

Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz, resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje, hasta los confines del mundo.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO

Aleluya.

¡A tí, Dios, te alabamos y cantamos; a ti, Señor, te alaba el coro celestial de los Apóstoles! Aleluya.

EVANGELIO

Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   9, 9-13

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”

Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: «Yo quiero misericordia y no  sacrificios». Porque Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-09-21

 

REFLEXIÓN :

CR

Hace ta algunos años escuchaba un programa de televisión con motivo de la beatificación de Escrivá de Balaguer. Como siempre en esos programas de debate, los responsables habían intentado que entre los participantes hubiese unos que estuviesen a favor y otros en contra. El programa se desarrollaba según lo previsto. Hasta que uno de los que estaban en contra comenzó a sacar algunas historias de juventud de Escrivá de Balaguer. Intentaba desautorizar así la beatificación. Si había hecho aquellas cosas, no merecía semejante premio.

Lo curioso fue que entonces intervino un teólogo, llamado allí precisamente por ser de los de en contra. Dijo, con muy buen tino, que lo que hubiese hecho Escrivá de Balaguer en su juventud tenía relativamente poca importancia, que la santidad no es algo con lo que se nace sino algo que se va haciendo poco a poco, a base de entrega, de encuentro con Jesús, de asimilar la buena nueva del Evangelio en la propia vida. Por eso decía aquel teólogo que era relativamente poco importante lo que hubiese hecho en su juventud Escrivá, que lo importante era ver el proceso y cómo había terminado.

Lo dicho se puede aplicar perfectamente a Mateo, el apóstol y evangelista que hoy celebramos. Era un publicano cuando Jesús se lo encontró. Para entendernos, uno que había hecho el juego a los romanos invasores y colaboraba con ellos en la recaudación de impuestos. Hoy cualquiera diría que los funcionarios de Hacienda no son necesariamente malos, que tienen una profesión que es un servicio a la sociedad. Un servicio necesario. Pero no era así en aquella época. Los romanos subcontrataban el cobro de los impuestos a los publicanos. Y no se preocupaban más. Estos abusaban del pueblo porque del mismo cobro de impuestos sacaban su beneficio. Mateo era uno de estos. Uno de los explotadores que se aprovechaban de la situación para hacerse ricos a costa de los demás. Pero Jesús vino a llamar a los pecadores. Cuando Mateo se encontró con Jesús, se le abrió la puerta a una vida nueva. Escuchó el “sígueme” de Jesús y lo siguió. ¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a cambiar de vida? ¿O vamos a dejar que Jesús pasé de largo sin escucharle?

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

Comentario al evangelio de hoy jueves 20 de septiembre de 2018

Del santo Evangelio según san Lucas 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús, fue a la casa del fariseo, y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas le bañaba los pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si éste hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando: sabría que es una pecadora».

Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, maestro». Él le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?». Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».

  1. Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?». Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy, Jesús, veo el caso de la pecadora que te lava los pies con sus lágrimas y el fariseo que juzga este gesto. Tus palabras para con el fariseo me parecen duras… y, sin embargo, detrás de esa aparente dureza, se esconde un profundo amor y una ternura incalculables.

Le haces ver a Simón, que esa mujer te ama muchísimo, pero no se lo dices para echarle en cara su actitud, como un juez inmisericorde. No. Le haces ver que Tú perdonas mucho a quien mucho ama, y sabes que, tanto Simón como la pecadora, tienen mucho de qué ser perdonados.

Es una invitación implícita a amarte más, a no tener miedo de abrirte la puertas del corazón de par en par, para dejarte entrar y permitir, así, sanar los corazones. No importa si es la soberbia, la lujuria o el egoísmo. Al final, lo único que cuenta es el amor y la confianza con la que nos acercamos a Ti.

Quizá pueda ser difícil de creer, pero amas infinitamente tanto a la pecadora como a Simón. Las puertas de tu perdón no están cerradas para nadie… tampoco para mí.

Sabes que muchas veces he tenido caídas y errores humillantes que me han hecho sufrir y que incluso he llegado a habituarme a ellos pensando en que, o no tengo solución, o que no la necesito. ¡Y sin embargo tu amor jamás me ha dejado solo! Me haces ver que si me acerco con confianza a Ti, estás dispuesto a perdonarme no mucho o poco, ¡sino TODO!

Gracias, Jesús, por jamás cansarte de perdonarme. Ayúdame a nunca cansarme de pedir perdón y a saber que siempre, pase lo que pase, tendrás un lugar para mí en tu corazón.

La mujer pecadora es juzgada y marginada, mientras Jesús la acoge y la defiende: «Porque tiene mucho amor». Es esta la conclusión de Jesús, atento al sufrimiento y al llanto de aquella persona. Su ternura es signo del amor que Dios reserva para los que sufren y son excluidos. No existe sólo el sufrimiento físico; hoy, una de las patologías más frecuentes son las que afectan al espíritu. Es un sufrimiento que afecta al ánimo y hace que esté triste porque está privado de amor.
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de junio de 2016).

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/71059/tu-fe-te-ha-salvado.html#modal

EDD. jueves 20 de septiembre de 2018.

Jueves de la vigesimocuarta semana del tiempo ordinario.


Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires
Memoria obligatoria 
Color: rojo

Los santos mártires de Corea: A comienzos del siglo XVII, gracias a algunos laicos, la fe cristiana se introdujo en Corea. Una comunidad nació, valiente y fervorosa, sin pastores, dirigida solamente por laicos, hasta 1836 en que los primeros misioneros venidos de Francia pudieron entrar a escondidas en el país. Esta comunidad sufrió la persecución en 1839, 1846 y 1866. Entre los ciento tres santos mártires, hay que destacar, en primer lugar, a Andrés Kim Taegón, sacerdote y valiente misionero, y a Pablo Chong Hasang, apóstol laico, como también a tres obispos y a siete sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París. Los demás son laicos, hombres y mujeres, algunos casados, ancianos, jóvenes y niños que consagraron con su sangre los inicios fecundos de la Iglesia coreana.

Antífona de entrada

La sangre de los mártires fue derramada por Cristo en la tierra; por eso ellos alcanzaron la recompensa eterna.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que has querido multiplicar el número de tus hijos en el mundo entero, y has hecho que la sangre de los santos mártires Andrés y compañeros fuera fecunda semilla de vida cristiana; concédenos la fuerza de su ayuda y el estímulo de su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto..15, 1-11

Hermanos:

Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles.  Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.

Les he trasmitido en primer lugar, lo que Yo mismo recibí: Cristo murió, por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos, hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

SALMO RESPONSORIAL    117, 1-2. 16-1 7. 28

R/. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.

Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; Dios mío, yo te glorifico.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Mt 11, 28

Aleluya.

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Sus numerosos pecados le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    7, 36-50

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de Él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!”

Pero Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. “Di, Maestro”, respondió él.

“Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?” Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”.

Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco demuestra poco amor”.

Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”.

Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?” Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-09-20

REFLEXIÓN  :

CR

La lectura de san Pablo nos centra en lo más fundamental del mensaje evangélico: “que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras.” Ahí está lo más esencial de nuestra fe. Olvidarnos de eso, significa olvidarnos de casi todo. La vida y la muerte de Jesús son el testimonio más vivo y luminoso del amor de Dios para con nosotros que ha habido nunca. Y su resurrección es la confirmación de ese amor de Dios que quiere nuestra vida y nos abre a una esperanza que es más fuerte que la muerte. Hasta ahí todo claro.

Pero nos podemos hacer la pregunta por quién es ese Cristo de que habla Pablo. No es una figura celestial o angélica. No es un superhombre ni nada parecido. Es Jesús de Nazaret. Su vida se nos relata en los Evangelios. Fue un hombre normal, anduvo por nuestros caminos, se sentó a nuestra mesa, tuvo una forma concreta de actuar. En realidad, su forma de actuar, de hablar, fue el modo concreto como se nos reveló Dios. Dios es el que resucitó a Jesús de entre los muertos. Pero Dios es también el que se nos manifiesta cuando Jesús se relaciona con los fariseos, con los pecadores, cuando cura a los enfermos, cuando cuenta las parábolas y cuando entona las bienaventuranzas. Así es Dios. Lo vemos en los gestos y las palabras de Jesús.

El Evangelio de hoy es muy iluminador a este respecto. Jesús entra a comer en casa de un fariseo. Tiene una actitud abierta. No condena a nadie. En los Evangelios vemos a los fariseos como enemigos de Jesús. Pero no parece que Jesús esté cerrado a ellos. Le invitan a comer y va. Sin problema. Claro que eso no significa que actúe como ellos esperarían que actuase. Cuando la pecadora se acerca a él, Jesús no aparta sus pies. Deje que le toque y le haga impuro. Y de paso denuncia el rigor y la falta de corazón de los fariseos. Dios es Dios de misericordia, de perdón. Dios es amor y sólo el que ama mucho es capaz de perdonar mucho. Así es Jesús. Así es Dios.

Por eso no conviene olvidar que el Cristo resucitado de que habla Pablo es este mismo Jesús que en sus palabras y gestos manifiesta y revela a Dios.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy

Audiencia general, 19 septiembre 2018 – Catequesis completa

Tema: “Honra a tu padre y a tu madre”

(ZENIT – 19 sept. 2018).- El Santo Padre, continuando el  ciclo de catequesis sobre los Mandamiento ha centrado esta vez su atención sobre el tema: “Honra a tu padre y a tu madre” (pasaje bíblico: Carta de San Pablo a los Efesios 6, 1-4).

“Honrar a los padres que nos han dado la vida”, ha exhortado Francisco. “Si te has alejado de tus padres –aconseja el Papa– haz un esfuerzo y vuelve, vuelve donde ellos; quizás son viejos… Te han dado la vida”.

“Honrar a los padres conduce a una larga vida feliz”, ha indicado el Papa esta mañana, 19 de septiembre de 2018, en la audiencia general, celebrada a las 9:30 horas en la Plaza de San Pedro, donde el Pontífice ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

La palabra “felicidad” en el Decálogo aparece solo vinculada a la relación con los padres –ha recordado– y ha citado la frase del libro bíblico del Deuteronomio: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da”.

Jamás insultar a los padres

Asimismo, el Santo Padre ha hecho un llamamiento a tratar bien a los padres: “Entre nosotros está la costumbre de decir cosas malas, palabrotas… Por favor, nunca, jamás, insultar a los padres. ¡Nunca! No se insulta nunca a la madre, no se insulta nunca al padre. ¡Nunca, nunca! Tomad esta decisión interior: a partir de ahora no insultaré nunca a la madre o al padre de nadie. ¡Le han dado la vida! No hay que insultarlos”.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el viaje dentro de las Diez Palabras, llegamos hoy al mandamiento sobre el padre y la madre. Se habla de la honra debida a los padres. ¿Qué es esta “honra“? La palabra hebrea indica la gloria, el valor, a la letra el “peso“, la consistencia de una realidad. No es una cuestión de formas externas, sino de verdad. Honrar a Dios, en las Escrituras, significa reconocer su realidad, tener en cuenta su presencia; esto también se expresa en los ritos, pero sobre todo implica dar a Dios el lugar justo en la existencia. Honrar al padre y a la madre significa reconocer su importancia también a través de acciones concretas, que expresan dedicación, afecto y cuidado. Pero no se trata solamente de esto.

La Cuarta Palabra tiene su propia característica: es el mandamiento que contiene un resultado. De hecho, dice: “Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Deut 5:16). Honrar a los padres conduce a una larga vida feliz. La palabra “felicidad” en el Decálogo aparece solo vinculada a la relación con los padres.

Esta sabiduría milenaria declara lo que las ciencias humanas han podido elaborar solamente hace poco más de un siglo: que la huella de la infancia marca toda la vida. Es fácil entender, con frecuencia, si alguien ha crecido en un ambiente saludable y equilibrado. E igualmente percibir si una persona proviene de experiencias de abandono o de violencia. Nuestra infancia es como una tinta indeleble, se expresa en los gustos, en la forma de ser, incluso si algunos tratan de ocultar las heridas de sus orígenes.

Pero el cuarto mandamiento dice aún más. No habla de la bondad de los padres, no requiere que los padres y las madres sean perfectos. Habla de un acto de los hijos, independientemente de los méritos de los padres, y dice algo extraordinario y liberador: incluso si no todos los padres son buenos y no todas las infancias son serenas, todos los hijos pueden ser felices, porque el logro de una vida plena y feliz depende de la justa gratitud con aquellos que nos han puesto en el mundo.

Pensemos en cómo esta Palabra puede ser constructiva para muchos jóvenes que vienen de historias de dolor y para todos aquellos que han sufrido en su juventud. Muchos santos, y muchos cristianos, después de una infancia dolorosa vivieron una vida luminosa, porque, gracias a Jesucristo, se reconciliaron con la vida. Pensemos en ese joven que será beato el mes próximo, Sulpicio, que con 19 años terminó su vida reconciliado con tantos dolores, con tantas cosas, porque su corazón estaba sereno y nunca renegó de sus padres. Pensemos en San Camilo de Lellis, quien desde una infancia desordenada construyó una vida de amor y servicio, en  Santa Josefina Bakhita, que creció en una horrible esclavitud, o en el beato Carlo Gnocchi, huérfano y pobre; y en el mismo San Juan Pablo II, marcado por la pérdida de la madre en temprana edad.

El hombre, de cualquier historia venga, recibe de este mandamiento la orientación que lleva a Cristo: en Él, efectivamente, se revela el verdadero Padre, que nos ofrece “renacer de lo alto” (Jn 3, 3-8). Los enigmas de nuestras vidas se iluminan cuando descubrimos que Dios desde siempre nos prepara para una vida de hijos suyos, donde cada acto es una misión recibida de Él.

Nuestras heridas comienzan a ser potenciales cuando, por gracia, descubrimos que el verdadero enigma ya no es “¿por qué?”, ​​sino “¿para quién?”,” ¿para quién?” me sucedió a mí. ¿En vista de qué obra me ha forjado Dios a lo largo de mi historia? Aquí todo se revierte, todo se vuelve precioso, todo se vuelve constructivo. Mi experiencia, aunque haya sido triste y dolorosa, a la luz del amor, ¿cómo se vuelve para los demás, para quién fuente de salvación? Entonces podemos comenzar a honrar a nuestros padres con la libertad de los hijos adultos y con la aceptación misericordiosa de sus límites.

Honrar a los padres que nos han dado la vida. Si te has alejado de tus padres, haz un esfuerzo y vuelve, vuelve donde ellos; quizás son viejos… Te han dado la vida. Y luego, entre nosotros está la costumbre de decir cosas malas, palabrotas… Por favor, nunca, jamás, insultar a los padres. ¡Nunca! No se insulta nunca a la madre, no se insulta nunca al padre. ¡Nunca, nunca! Tomad esta decisión interior: a partir de ahora no insultaré nunca a la madre o al padre de nadie. ¡Le han dado la vida! No hay que insultarlos.

Esta vida maravillosa se nos ofrece, no nos la imponen: renacer en Cristo es una gracia para acogerla libremente (cfr. Jn1, 11-13) y es el tesoro de nuestro Bautismo, en el cual, por obra del Espíritu Santo, uno solo es el Padre nuestro, el del cielo (cfr. Mt23,9; 1 Cor. 8,6; Ef. 4,6) ¡Gracias!

© Librería Editorial Vaticano

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-19-septiembre-2018-catequesis-completa/

EDD. miércoles 19 de septiembre de 2018.

Miércoles de la vigesimocuarta semana del tiempo ordinario

San Jenaro, obispo y mártir
Memoria libre 
Color: rojo

Jenaro, obispo de Benevento, sufrió el martirio en el año 305, durante la persecución de Diocleciano. En el siglo V, sus restos fueron trasladados a las afueras de Nápoles. La ciudad lo eligió como su protector.

Antífona de entrada

Este santo combatió hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las amenazas de los impíos: estaba arraigado sobre roca firme.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que nos permites venerar la memoria de tu mártir san Jenaro; concédenos gozar de su compañía en la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor; pero la más grande de todas es el amor.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto    12, 31—13, 13

Hermanos:

Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo para hacer alarde, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasara jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara.

Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor; pero la más grande de todas es el amor.

SALMO RESPONSORIAL     32, 2-5. 12. 22

R/. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

Alaben al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; entonen para Él un canto nuevo, toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

Porque la palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que Él se eligió como herencia!  Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Jn 6, 63c. 68c

Aleluya.

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; Tú tienes palabras de Vida eterna.

Aleluya.

EVANGELIO

¡Les tocamos la flauta, y no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   7, 31-35

Dijo el Señor:

¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!

Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: “¡Tiene un demonio!” Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!” Pero la Sabiduría ha sido reconocida, como justa por todos sus hijos.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-09-19

 

REFLEXIÓN  : 

CR

Siempre tenemos una buena razón para disculparnos. Siempre encontramos el modo de justificarnos para seguir haciendo lo que nos gusta hacer, para no movernos de donde estamos o para no responder a las urgencias que nos impone el dolor y el sufrimiento de los hermanos.

Jesús lo dice, hasta con una cierta gracia, en el Evangelio de este día. Ve que sus contemporáneos no le escuchan ni le hacen caso. Prefieren mirar para otro lado. Ni danzan ni lloran. Ni escucharon a Juan Bautista ni al Hijo del hombre. Para todo encontraron razones que dejaron tranquilas sus conciencias. Su vida podía seguir tranquila. Juan el Bautista era un radical extremo. Eso, ya se sabe, no es bueno. Por el contrario, Jesús estaba con la gente, se acercaba a todos. Y claro, ya se sabe que un hombre de Dios debe mantener una cierta distancia con la gente, sobre todo con los pecadores, para poder ser creíble.

El problema es que el mensaje cristiano, en su sencillez, es radical. Absolutamente radical. Si alguno no se lo cree, puede volver atrás y leer la primera lectura. Pablo explica cuál es el carisma mejor. Habla del amor. Dice que lo demás son tonterías. Lo que vale es el amor. Sin amor todo lo demás es inútil, pérdida de tiempo. Y el amor es entrega total. Supone una preocupación constante y eficaz por el bienestar del otro. No es impuesto. No puede ser obligado por ley. Brota de dentro, de la comprensión profunda de que somos hermanos y hermanas, hijos todos de Dios, miembros de la única familia. Cuando nos damos cuenta de que el otro es siempre carne de mi carne, nace el amor, la verdadera preocupación. La vida del otro es la mía. Su libertad es la mía. Su bienestar y felicidad son míos. Si él no es libre, si no está bien, si no es feliz, yo no puedo ser libre ni estar bien ni ser feliz.

Por eso, cuando escuchamos palabras de este estilo tan radical como las de Pablo, preferimos hacer como aquellos contemporáneos de Jesús: miramos para otro lado y nos decimos a nosotros mismos alguna frase que tranquilice nuestras conciencias y nos deje seguir viviendo como antes, con nuestra pequeños odios y rencores, con nuestros egoísmos, con nuestras soledades. Y nos alejamos sin comprender que lo que Jesús nos ofrece es la única posibilidad de vivir una vida verdaderamente plena.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/comentario-homilia/hoy