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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de junio de 2026.

DOMINGO XIII. A


2Reyes 4,8-11.14-16: El Profeta promete un hijo a la mujer estéril; un milagro con doble perspectiva.
Romanos 6,3-4.8-11: Efecto de la justificación: libera del pecado y otorga una vida nueva; lo que se realiza en el bautismo.
Mateo 10,37-42: Se destacan dos aspectos: uno, para ser discípulo hay que dejarlo todo; dos, la seguridad del enviado funda en el Maestro que envía. Ambos se identifican.

1.- Muchas veces hemos escuchado que somos enviados, misioneros, y es el Señor el que nos envía. Pero cabe hacerse la pregunta: ¿y a qué somos enviados? Tanto la primera como la segunda lectura nos están dando la respuesta. Somos enviados a proclamar la vida, que Dios es vida y quiere la vida de sus creaturas.
El milagro de Eliseo es muy elocuente, pues muestra que Dios es el Dios de la vida y que solo Él es el autor de la vida y no los baales o dioses falsos.
Porque Dios es capaz de dar fecundidad y vida allí donde reina la aridez y esterilidad. Porque, como dijo el ángel a la Virgen María, “También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios» (Lucas 1,36-37). Esa es la razón principal del milagro de Eliseo, pero también quiere demostrar que el nacimiento es premio a la hospitalidad de la mujer.


2.- San Pablo, que experimentó en carne propia la acción salvadora de Cristo, afirma que todo el que acepta a Cristo es justificado y, por eso, experimenta la vida nueva que irrumpe en él. E Dios quien da esta vida plena a todo aquel que tene fe y la expresa en el bautismo.
Es que el Dios de la Biblia es un Dios de la vida y no de la muerte. Jesús mismo ha dicho: “Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10,10)


3.- Por eso, cuando el Señor envía a sus discípulos los envía a proclamar una vida nueva, diferente, plena.
Cuántas veces hemos escuchado que el ambiente, la sociedad, el mundo está contaminado de muerte. Reina la muerte en todas partes: en el mundo, en las calles, en los hogares, en el corazón de mucha gente. Como dice el Papa León en su Encíclica: “Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional,” (MH189).
Siempre estamos lamentando tantas situaciones de muerte que nos invaden que cabe preguntarse hasta dónde reina en mí, en cada uno de nosotros la muerte.


4.- Hay una sola muerte que es válida y saludable, el morir a sí mismo. Porque para seguir a Cristo se debe morir a sí mismo, es necesario un despojo permanente. Es decir, hay que morir para tener una vida nueva, que la da Dios en el Bautismo, pero debemos desarrollarla, madurarla. Y así somos enviados a proclamar esta vida nueva, de calidad.
Eso hace el Papa León cuando nos dice: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva:” ¿Cuál elección? Y el Papa lo desarrolla en su Encíclica. En una palabra, debemos optar por la vida. La Humanidad es magnífica y vale la pena defenderla, respetarla, como lo es la vida en todas sus manifestaciones.
Hoy se nos vuelve a dar el Pan de la Vida. No la guardemos para nosotros, salgamos a proclamarla y defenderla.

Hno. Pastor.

EDD. sabado 27 de junio de 2026

Primera Lectura

Lectura de las Lamentaciones (2,2.10-14.18-19):

El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.
¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 73

R/. No olvides sin remedio la vida de tus pobres

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu morada. R/.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R/.

En la entrada superior
abatieron a hachazos el entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17):

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy el Evangelio nos ofrece el relato donde se dice una de las frases que decimos en la Eucaristía: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará…”.

Es un centurión romano que tiene un criado enfermo. Se acerca. Le pide. Y ante el intento de Jesús de ir a su casa, le dice que no es digno, que basta con que diga una palabra para que su criado se cure. Y Jesús alaba su gran fe, frente a los que se consideran “ciudadanos del Reino” y no son capaces de tanta confianza. Y ante su fe y por la palabra de Jesús, sucede lo que deseaba.

Cada vez que en la Eucaristía decimos las palabras del centurión, estamos diciendo cosas importantes. Le decimos a Dios que no somos dignos; que todo lo que tenemos es gracia: la vida, la fe, la vocación… No es por nuestros méritos, sino por su gracia somos lo que somos. Le decimos a Dios que necesitamos ser sanados, ser levantados, ser enviados, más allá de nuestra postración, de nuestros egoísmos, de nuestras inercias. Y le decimos que confiamos en que su Palabra, dicha sobre nosotros, puede obrar ese milagro.

Jesús nos invita a su cena. Cada semana, cada día. Nosotros, aunque indignos, podemos acoger su invitación y sentirnos dichosos de sentarnos a su mesa. En ella, como hace 2000 años, quiere darnos su vida, para que después la repartamos a manos llenas.

Gracias, Señor, por la vida.
Gracias por la Eucaristía.
Y gracias por la fe.
Todo es gracia.
Todo me lo das para agraciar a otros.

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 26 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (25,1-12):

El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa. El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecias lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia. El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 136,1-2.3.4-5.6

R/. Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Las palabras y las acciones son las dos formas principales como se expresa el ser humano y mediante las que conocemos a las personas. El problema es que no siempre van unidas, y a veces unas contradicen a las otras.

En Jesús, las palabras y las acciones van siempre unidas. Porque su vida estaba unificada, en su relación única y profunda con el Padre.

Hoy le vemos haciendo lo que hizo durante toda su vida: sanar, dar vida. Entre toda la gente que le seguía, en medio de toda su ocupación, Jesús acoge al que se le acerca pidiéndole la salud. Era uno de los considerados “impuros”. Y Jesús, rompiendo las convenciones de su tiempo, le toca y le dice: “¡Quiero, queda limpio!”.

Jesús cumple así lo escrito siglos atrás: “sanar corazones desgarrados y vendar las heridas”. Durante su vida, lo hizo con sus palabras y con sus acciones. Ha tocado el dolor de la humanidad para redimirlo. Lo hizo suyo, especialmente en la cruz. Era necesario que fuera así, porque “lo que no es asumido, no es redimido”.

Desde entonces, ningún dolor está “dejado de la mano de Dios”; todas las situaciones, todos los sufrimientos, personales y comunitarios, está acompañados por el Espíritu de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.

Jesús quiere hoy también sanar nuestro corazón y nos envía a colaborar con Él en su obra sanadora, acercándonos y tocando a los “leprosos” y marginados de hoy.

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 25 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (24,8-17):

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 78,1-2.3-5.8.9

R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.» El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

¿Te has preguntado alguna vez qué significa en verdad ser cristiano? Si viniera un extraterrestre y no supiera nada del asunto, ¿qué le dirías? Textos, tradiciones, gestos, ritos, costumbres, prácticas… ¿cómo se lo resumirías en unas pocas palabras?

En los tiempos de Jesús, también se preguntaban por algo parecido –aunque entonces no hablaran de extraterrestres: ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?. O en versión personalizada: ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?…

Y Jesús, al que le preguntaba, le respondía con claridad. Hoy ofrece una buena respuesta: “no todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en el cielo”.

Porque no vale “profetizar”, “echar demonios”, “hacer milagros” en su nombre… hablar mucho, rezar mucho, ir mucho a misa, ir de bueno… si falta lo principal: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Lo más grande es a la vez lo más sencillo: “ama y haz lo que quieras”, dijo San Agustín. Vivir desde ahí, desde el amor recibido de Dios, en acogida de la propia realidad, en solidaridad con los prójimos y en agradecimiento al mismo Dios, eso es tener la casa bien plantada, bien edificada. Ya pueden venir vientos y mareas, que, aunque notes el movimiento, aguantas el temporal.

Sin ese amor, nada vale. Con ese amor, todo –textos, ritos, prácticas… y vida- todo cobra un valor y tiene un sentido.

Si alguien te preguntara qué significa en verdad ser cristiano, tú, ¿qué le responderías?…

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

EDD. miércoles 24 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 138,1-3.13-14.15

R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R/.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Segunda Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):

En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy celebramos la solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista. El profeta que cierra el Antiguo Testamento y nos abre al nuevo, anunciándonos al Mesías prometido por Dios.

Como todos los profetas, Juan denunció y anunció. Pidió la conversión de los corazones, a la vez que anunciaba la llegada del Mesías. Y se jugó la vida en ello, acabando, como muchos profetas, muerto de manos de los poderosos.

Hoy, dos mil años después, también hacen falta profetas. Que recuerden que el Mesías ya ha venido. Que dio su vida por nosotros. Y que desde su presencia resucitada nos convoca a acoger su Reino y a anunciarlo a otros, especialmente allí donde más falta hace: donde falta la fe, donde escasea la esperanza, donde se oculta el amor.

Dentro de esa misión general que nos ha dejado Jesús, cada seguidor suyo tenemos una misión específica, allí donde nuestra vida puede servirle mejor y abrir más caminos al Evangelio. Esa es nuestra vocación, que estamos llamados a descubrir y, una vez descubierta, responder con generosidad.

Aquí tienes, Señor, mi vida.
Abre mi oído para que escuche tu llamada.
Abre mi corazón para responderte con generosidad.
Para ser profeta hoy, como Juan Bautista lo fue en su tiempo,
que recuerde a la gente que tú nos lo has dado todo
para que tengamos vida en abundancia.

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 23 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (19,9b-11.14-21.31-35a.36):

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: «Decid a Ezequias, rey de Judá: «Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?»»
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.»
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.»
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 47,2-3a.3b-4.10-11

R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar. R/.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

¿Se puede pedir algo sin haber dado previamente? Por ejemplo, ¿se puede pedir una fruta sin haber plantado el árbol y haberlo cuidado? ¿Se puede pedir carne a un animal si no se le ha alimentado? O ¿se puede pedir amor a una persona si nunca ha sido amada?

Algo así pasa con el Dios de Jesucristo y su Evangelio. Cuando nos pide, es porque antes nos ha dado.

En el evangelio de hoy, se nos piden muchas cosas: tratar a los demás como queramos que nos traten, entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida, evitar las puertas anchas que nos llevan a la perdición… Y en otras de sus páginas se nos piden otras muchas cosas más.

Y si se nos pide, es porque antes se nos ha dado. Dios nos ha dado la vida, las personas, las capacidades y cualidades, la fe, la Iglesia… la esperanza. Él nos amó primero, dándonos a su Hijo, para que nosotros podamos amar, también, dando la vida.

En el Evangelio, el indicativo va antes que el imperativo. Sentirnos amados, sabernos llamados por nuestro nombre y con una misión entre las manos, junto a otros… Y a partir de ahí, actuar. Eres hijo de Dios y hermano del prójimo: vive como tal. No al revés. Quien no se haya experimentado como hijo y hermano, difícilmente podrá vivir como tal, por mucho que se empeñe o que se le exija.

Por eso, la vida cristiana tiene sus raíces en la oración, en la celebración, en la escucha de la Palabra, la vivencia comunitaria… Y, a partir de ahí, se despliega en la vida, en la acción personal, comunitaria y social, como las ramas de un árbol que se extienden desde su tronco.

Somos capaces de amor y de entrega… porque Él nos amó primero.

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 22 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (17,5-8.13-15a.18):

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.
El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.»
Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 59,3.4-5.12-13

R/. Que tu mano salvadora, Señor, nos responda

Oh Dios, nos rechazaste
y rompiste nuestras filas;
estabas airado,
pero restáuranos. R/.

Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo. R/.

Tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,1-5):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El Evangelio de hoy, nos da un principio de sabiduría: “no juzguéis y no seréis juzgados”. Y seguidamente nos habla del sentido de la vista. ¿Qué relación tendrán?

Juzgar, en sentido amplio, es algo que hacemos todos los días: sopesar, valorar, discernir… para responder ante lo que tenemos delante. Actuar sin “juzgar” sería hacer por hacer, sin tener en cuenta la realidad. Ese “juicio” ante una situación será más atinado cuantos más datos tengamos, cuanta más información manejemos, cuanto mejor veamos. Por eso es necesario tener una mirada limpia, abierta, libre de “pre-juicios”, para que nuestro “juicio” sea acertado.

Jesús nos alerta para que, aunque ejerzamos nuestra capacidad de juzgar, no nos convirtamos en jueces de los demás. Y mucho menos, en jueces hiper-exigentes, que sólo están atentos a ver los defectos y fallos de los otros, pasando por alto los errores propios.

En el fondo, Jesús quiere decirnos que sólo Dios juzga con verdadera justicia. Porque Él es que conoce toda la realidad. Y no se queda en las apariencias, sino que ve el corazón… Y por eso, sin dejar de ser justo, es capaz de ser misericordioso.

Si conociéramos todos los datos de una situación y toda la historia de una persona, nuestro juicio sería más real y ayudaría a avanzar la vida, en vez de condenar. Por eso, aunque tengamos que realizar juicios para vivir y también sea evangélico hacer corrección fraterna, es sabio dejar el último juicio a Dios. No juzgar nunca la intención de las personas, e intentar ayudar para que la acción de cada uno colabore al bien común, comenzando por nuestro actuar.

Porque, además, “la medida que uséis, la usarán con vosotros”.

Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 21 de junio de 2026

DOMINGO DOCE DEL AÑO. A

Jeremías 20,10-13: El Profeta en un estado de desolación deposita su total confianza en Dios.

Romanos 5,12-15: El texto, aunque habla del origen del pecado, del mal, sin embargo se está refiriendo a la gracia que por Cristo hemos recibido; algo mucho mayor que lo causado por Adán.

Mateo 10, 26-33: Jesús anima a sus discípulos a tener valentía en la profesión de la fe. El cristiano deposita su causa en buenas manos.

1.- Una persona muy cristiana  me planteaba hace poco tiempo atrás lo siguiente: Jesús trajo y proclamó la Buena Noticia del Reino de Dios, que estaba cerca. Si es así, ¿por qué hay tanta maldad en todas partes? No sólo las guerras y corrupciones imperantes, sino las dificultades por las que tenemos que atravesar todos. Y es cierto lo que esta persona me planteaba. El mal existe, las dificultades existen. Y no sólo las internas, sino también las dificultades externas.

Así lo vemos en la persona de Jeremías, el hombre de Dios, que se encuentra en un estado de desolación. Lo mismo sucedió con  Jesús, quien experimentó en carne propia la dificultad, la persecución y la muerte. Todo esto es parte de la realidad de nuestra vida;  parte, pero no toda la realidad.  El Profeta deposita toda su confianza en Dios.

2.-  El mal existe y así lo constata san Pablo. Él establece un paralelo: Adán y Cristo. Adán (la humanidad) personifica la desobediencia a Dios. Cristo (el nuevo Adán) que personifica la obediencia total, absoluta a Dios. Por eso Él es fuente de gracia y salvación. Y como dice san Pablo, no hay proporción entre el don y la falta, ya que Jesús realiza y representa una historia de misericordia y salvación caracterizada por la obediencia total a la Voluntad de Dios. Jesús realiza plenamente el Reino de Dios en su vida, ya que Él vive haciendo la Voluntad de Dios, deja reinar a Dios en su vida. Sin embargo no estuvo exento de la dificultad y la persecución.

3.- Cuando se vive de espaldas a Dios viene consigo la maldad. Dios quiere nuestro bien, pero el hombre, el de Adán, no obedece a Dios, ya que quiere él ser Dios y hace solamente su propia voluntad.  Y vemos lo que sucede entonces tanto en lo personal como en lo comunitario. Podría decirse que hay un enfrentamiento entre los que obedecen a Dios y los que no quieren hacerle caso. Y es lo que vemos en Jeremías, es lo que vemos a lo largo de toda la historia de la Iglesia, que siempre ha tenido que sufrir persecuciones; sin embargo siempre ha experimentado la salvación de Dios.

4.- Por eso en el evangelio se nos exhorta a tener valentía. El rechazo que van a sufrir los discípulos en vez de ser causa de desánimo debe motivar a una gran confianza en el Padre que está en los cielos, quien cuida con esmero de los suyos.

Nunca debemos olvidar que es parte integrante de la vivencia de la fe la dificultad, la persecución. El mismo evangelio de san Mateo dice: “el Reino de Dios padece violencia”, es decir, describe una lucha, esfuerzo y determinación firme para vivir el Reino, los que saben hacer frente al mal con decisión y valentía.

El cristiano es aquel que ha aceptado el Reino de Dios en su vida y está decidido a vivirlo, a pesar de las dificultades.

Hoy el Señor nos anima y nos alimenta con su Palabra y Eucaristía para que podamos vivir y perseverar en la fe.

Hermano Pastor.