Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 20 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de las Crónicas (24,17-25):

Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.
Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona.»
Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: «¡Que el Señor juzgue y sentencie!»
Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,4-5.29-30.31-32.33-34

R/. Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

«Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo.» R/.

«Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos.» R/.

«Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Se suele decir que las abuelas son muy consentidoras, quieren siempre dar gusto a los nietos y les dan todo lo que piden, que, normalmente, no necesitan. Son, más bien, caprichos. Los padres a veces también son así, pero normalmente son juzgados por no “educar bien a sus hijos y consentir demasiado” (incluso a veces las abuelas critican en sus hijos lo que hacen ellas alegremente con sus nietos, y hasta más).

Dios es padre, no abuelo. A veces (y frecuentemente) sí concede caprichos, pero si no lo hace no es porque no ame, sino porque no es lo que necesitamos. Nunca nos va a abandonar y, por lo tanto, no tenemos que preocuparnos, porque siempre vamos a tener lo que necesitamos. Podríamos preguntarnos: ¿acaso necesitan los pobres no tener dinero? ¿acaso alguien necesita un cáncer? ¿acaso necesita una madre que su hijo muera a causa de la violencia o de enfermedad? ¿acaso necesita alguien tener dolores físicos? La respuesta a estas preguntas, evidentemente, será que no. Pero Dios sí da lo que se necesita: mover los corazones de otros al auxilio, la iniciativa propia para luchar por la mejoría de las condiciones; la fortaleza para soportar lo que llegue; la paz; el espíritu de servicio para auxiliar a otros; la esperanza. Es decir, todos los dones y los frutos del espíritu.

Lo que da el Señor, que es lo que necesitamos es esa seguridad que proclama el salmista: mantendré el amor de mi Señor. Y lo que da, sobre todo, una y otra vez, es la llamada a no abandonar a Dios que se intuye en la lectura de Crónicas y se dice claramente en el evangelio de hoy: nadie puede servir a dos señores. Es decir, se llama a depender totalmente del Señor que da lo necesario y a veces los caprichos. El Dios que, por amor, no cede al chantaje emocional, sino a su corazón de Padre justo. A quien cuida del pajarillo y de la flor del campo. Para quien somos hijos amados y mimados, aunque no consentidos. A su inmensa y eterna Providencia.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 19 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (11,1-4.9-18.20):

En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía. El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los carios y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: «¡Viva el rey!»
Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!»
El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: «Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis.» Pues no quería que la matasen en el templo.
La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron. Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado en el palacio.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 131,11.12.13-14.17-18

R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.» R/.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré porque la deseo.» R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En el famoso bolero, el cantante anda buscando su corazón… parecía haberlo perdido, porque no lo oía palpitar. El corazón se había paralizado al haber perdido su tesoro.

Los tesoros no se pierden fácilmente o accidentalmente. La gente guarda cosas en cajas fuertes, en bancos, debajo del colchón… Les parece que ahí están a salvo, aunque a veces no parece servir de mucho todo eso que esconden. Alguien lo puede encontrar, requisar, robar… o se puede corroer, quemar, arruinar. Con el tesoro perdido se puede perder también parte del pálpito del corazón, porque se habían puesto en ese tesoro esperanzas de futuro, de comodidad y seguridad material. Pero al final, todo el esfuerzo por esconder, mantener, guardar, puede no haber merecido la pena. Eso mismo dice Jesús en el evangelio de hoy. No os aferréis a lo que tiene límites de tiempo y de espacio. No pongáis ahí el corazón, porque también el corazón se pudrirá, se corromperá o se desviará. Perderá el pálpito y se paralizará. Y entonces, solo puede sobrevenir la muerte.

El tesoro, como el corazón, está a buen recaudo cuando está en las cosas en las que Dios se deleita: la bondad, la belleza, la verdad. Cuando lo más importante, lo que queremos mantener por encima de todo, es las buenas obras, la amabilidad, la apertura y hospitalidad, el servicio a los demás; la oración y la liturgia y el buscar la armonía familiar y social; la justicia que da a cada uno lo que necesita y le corresponde y que defiende la verdad. Es decir, el tesoro está en vivir la vida de la Iglesia que es Eucaristía, servicio, oración, comunión y testimonio. No se trataría de hacer prodigios, como nos vienen diciendo las lecturas toda la semana, sino los prodigios diarios y ocultos, pero que, como los de Elías, dan el salto a la eternidad. Todo un carro de fuego que transporta hasta Dios. Esos son los verdaderos tesoros. Se trata de poner nuestro corazón dentro del corazón de Dios y así no perderlo. Se trata de tener nunca que cantar angustiadamente, ¿dónde estás, corazón?. Pero a veces, sí preguntárselo a uno mismo, para rectificar caminos y volver a la verdad.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 18 de junio de 2026

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (48,1-15):

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinal amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1-2.3-4.5-6.7

R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.» Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Ezequías se mantuvo fiel a Dios, nos dice la lectura de Eclesiástico de hoy. Clamó al Señor con plena confianza. No dice que se sentía hijo de Dios, pero tenía esa relación de dependencia. Una relación casi filial.

En las antiguas legislaciones, los hijos adoptados tenían plenos derechos. Nunca podían ser expulsados del hogar, y eran herederos como lo hubieran sido los hijos naturales. Los padres adoptivos se comprometían con ellos hasta ese extremo. Por su parte, los adoptados adultos cortaban totalmente con la familia de origen, renunciaban a sus derechos de herencia y asumían la fe de sus padres adoptivos. La adopción era irreversible.

La aclamación antes del Evangelio de hoy dice que hemos recibido “el espíritu de adopción” que nos permite decir Abba. Y que lo podemos decir con tanta seguridad porque, al haber sido adoptados sabemos que jamás seremos rechazados. Y también que hemos dejado atrás, hemos roto totalmente con nuestra antigua familia (la del pecado original). Y ya nuestra herencia no será el pecado, sino el amor de Dios. Y por lo tanto, la única oración que nunca puede caer de nuestros labios es la del Unigénito. Porque en él, estamos todos recogidos y adoptados.

Las siete peticiones del Padrenuestro son las de hijos adoptados legítimamente: reconocimiento y honor del padre (santificado sea tu nombre), asentamiento en el hogar, (venga a nosotros tu Reino), obediencia al padre (hágase tu voluntad), alimento (danos hoy nuestro pan de cada día), perdón recibido y extendido a los demás miembros de la familia, protección del mal. Es todo lo que hace la familia: respetarse unos a otros, obedecer (es decir, escuchar y actuar en consecuencia), nutrir, proteger, y mantener unas relaciones en las que naturalmente se pide perdón y se dan las gracias.  Y, al sabernos parte de esa familia, en ese espíritu de adopción, podemos decir con el salmista: alegráos, justos, en el Señor. De ahí viene toda alegría. Somos hijos adoptivos y podemos llamar a Dios con la palabra más familiar: papá, Abbá.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 17 de junio de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (2,1.6-14):

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en el torbellino, Elías y Elíseo se marcharon de Guilgal.
Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Elíseo: «Quédate aquí, porque el Señor me envía solo hasta el Jordán.»
Eliseo respondió: «¡Vive Dios! Por tu vida, no te dejaré.»
Y los dos siguieron caminando. También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas y se pararon frente a ellos, a cierta distancia. Los dos se detuvieron junto al Jordán; Elías cogió su manto, lo enrolló, golpeó el agua, y el agua se dividió por medio, y así pasaron ambos a pie enjuto.
Mientras pasaban el río, dijo Elías a Elíseo: «Pídeme lo que quieras antes de que me aparten de tu lado.»
Eliseo pidió: «Déjame en herencia dos tercios de tu espíritu.»
Elías comentó: «¡No pides nada! Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás; si no me ves, no lo tendrás.»
Mientras ellos seguían conversando por el camino, los separó un carro de fuego con caballos de fuego, y Elías subió al cielo en el torbellino.
Eliseo lo miraba y gritaba: «¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel! »
Y ya no lo vio más. Entonces agarró su túnica y la rasgó en dos; luego recogió el manto que se le había caído a Elías, se volvió y se detuvo a la orilla del Jordán; y agarrando el manto de Elías, golpeó el agua diciendo: «¿Dónde está el Dios de Elías, dónde?»
Golpeó el agua, el agua se dividió por medio, y Eliseo cruzó.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,20.21.24

R/. Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor

Qué bondad tan grande,
Señor,reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R/.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Lo del carro de fuego de Elías no está nada mal. A veces nos gustaría poder realizar un acto extraordinario de demostración de poder que dejara boquiabiertos a todos esos que no nos quieren creer. A quienes siguen en su ceguera y en su maldad. Todos podemos tener esa tentación de hacer algo extraordinario y muy llamativo.  A Elías se le concedió, quizá no porque él quisiera demostrar su propio poder, sino del de Dios.

Lo más extraordinario que puede hacer un cristiano común es lo de los pasajes de los evangelios de días anteriores: vencer el mal a fuerza de bien. Recuerdo muchas veces a mi madre, que un día se detuvo a auxiliar a una vecina que se había herido con un cristal roto. Esta vecina había insultado y amenazado a mi madre en varias ocasiones, pero, cuando le pregunté a mi madre por qué  lo hacía me dijo, simplemente, que, porque era un ser humano. Ser cristiano no es hacer demostraciones externas magníficas y asombrosas, sino milagros diarios a base de obras buenas en silencio, de oración callada y en secreto. Ha habido muchos santos que han “realizado” milagros. Pero esto no está bien dicho. Ellos no han hecho milagros: la gracia de Dios ha hecho obras extraordinarias en su interior, que se han reflejado en que el poder de Dios ha obrado prodigiosamente por medio de ellos. Es de lo que habla Pablo en 2 Cor: “llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se demuestre que este poder extraordinario viene de Dios, y no de nosotros.”

El peligro de la tentación a querer hacer cosas extraordinarias no está tanto en la “demostración” de poder, como en el creer en la propia fuerza y no en la de Dios, en arrogarse el mérito. Y el mérito del que hablaba el evangelio es amar heroicamente a todos. Silenciosamente, en lo secreto de una unión íntima con Dios que no hace ruido, ni busca la ostentación.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 16 de junio de 2026

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (21,17-29):

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la vifía de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: «Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»
Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»
Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: «Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.» A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»
Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Sefior reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.
El Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.11.16

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

ahora tenemos el final de la historia de Ajab… Ajab se arrepiente… ¿y ya está? No, no está, porque él y su familia, aunque el arrepentimiento y la humillación reciba el perdón de Dios, tendrán que vivir las consecuencias de dolor y sufrimiento que ha acarreado el pecado de Ajab. Se trata, digamos, de justicia retributiva, aunque llena de la misericordia de Dios.

El Evangelio da un paso más. “se os ha dicho… pero yo os digo”. Sed perfectos. Por alguna razón ese mandato tan contundente parece chirriar dentro. Llama a una heroicidad imposible que exigiría un enorme esfuerzo… Pero a Jesús tal heroicidad, tal perfección, le parece imprescindible. Le parece imprescindible la perfección porque los hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza del Padre, tienen que ser como el Padre. Y el Padre es todo amor, sin fisuras.

Si no lo hacéis así, ¿qué mérito tenéis? Amar a quienes nos aman es (relativamente) fácil. Es lo que brota, lo que nos sale, o al menos lo que sentimos que es nuestro “deber” por lazos familiares, o por razones de gratitud.  Pero, quien dio la vida, quien se vació, quien se entregó a una muerte dolorosísima tiene autoridad para decir que eso no es suficiente. Que hay que amar y orar por el enemigo, por quien persigue, por quien nos odia.

¿Querrá decir eso no luchar por la justicia, entregarse, pasivamente a la mentira, la corrupción y la injuria de otros? Lo más probable es que no signifique eso. La justicia es darle a cada uno lo que necesita;  y lo que necesita el malvado es que le saquen de su maldad, no que le permitan seguir en ella. Por lo tanto, no es consentir el mal, sino pedir el bien para quien hace el mal. Es decir, pedir el bien real: el arrepentimiento, la restitución, la purificación y el acercamiento al Dios justo que es la única felicidad. La justicia no es venganza, sino extensión de la infinita misericordia del Ungido que viene a salvar. A quienes siguen a ese Cristo salvador se les pide esa heroica perfección. Si no, ¿cómo se van a distinguir de quienes hacen el mal?

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 15 de junio de 2026

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (21,1-16):

Por aquel tiempo, Nabot, el de Yezrael, tenía una viña pegando al palacio de Ajab, rey de Samaria.
Ajab le propuso: «Dame la viña para hacerme yo una huerta, porque está al lado, pegando a mi casa; yo te daré en cambio una viña mejor o, si prefieres, te pago en dinero.»
Nabot respondió: «¡Dios me libre de cederte la heredad de mis padres!»
Ajab marchó a casa malhumorado y enfurecido por la respuesta de Nabot, el de Yezrael, aquello de: «No te cederé la heredad de mis padres.»
Se tumbó en la cama, volvió la cara y no quiso probar alimento.
Su esposa Jezabel se le acercó y le dijo: «¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar alimento?»
Él contestó: «Es que hablé a Nabot, el de Yezrael, y le propuse: «Véndeme la viña o, si prefieres, te la cambio por otra.» Y me dice: «No te doy mi viña.»»
Entonces Jezabel dijo: «¿Y eres tú el que manda en Israel? ¡Arriba! A comer, que te sentará bien. ¡Yo te daré la viña de Nabot, el de Yezrael!»
Escribió unas cartas en nombre de Ajab, las selló con el sello del rey y las envió a los ancianos y notables de la ciudad, paisanos de Nabot. Las cartas decían: «Proclamad un ayuno y sentad a Nabot en primera fila. Sentad en frente a dos canallas que declaren contra él: «Has maldecido a Dios y al rey.» Lo sacáis afuera y lo apedreáis hasta que muera.»
Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron tal como les decía Jezabel, según estaba escrito en las cartas que habían recibido.
Proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot en primera fila; llegaron dos canallas, se le sentaron enfrente y testificaron contra Nabot públicamente: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.»
Lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta que murió.
Entonces informaron a Jezabel: «Nabot ha muerto apedreado.»
En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: «Hala, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto.»
En cuanto oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 5,2-3.5-6.7

R/. Atiende a mis gemidos, Señor

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío. R/.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario
y traicionero lo aborrece el Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,38-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente». Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En la primera lectura de hoy se nos habla de un grave delito contra Nabot: además de quitarle la viña, Ajab hace que lo asesinen. Se queda con todo.

Ajab no solo ha dejado tuerto a Nabot; lo ha dejado totalmente ciego y muerto. En la lectura de hoy no se nos dice el desenlace de la historia, pero cualquier jurista podría decir que Ajab tiene que pagar: y pagar no solo restaurando la viña a la familia de Nabot, sino con toda su propiedad, su vida, o cuando menos con cadena perpetua. Pero el evangelio trae una perspectiva algo distinta. Se oye mucho decir que la máxima de “ojo por ojo” sólo conseguiría un inmenso número de tuertos. Es decir, habla de perdón… “habéis oído decir…. Pero yo os digo…”. La persona puede perdonar, pero no está en su mano hacer justicia.

El perdón es personal… la justicia es de Dios. Porque, lógicamente, siempre va a haber consecuencias, más que nada, consecuencias de por vida para quienes, aunque hayan sido perdonados, quizá no se hayan arrepentido de haber dejado tuerto a otro. Quizá nadie los deje tuertos a ellos, pero ciertamente han quedado separados de Dios y de los demás y, por tanto, fuera de la posibilidad de felicidad. Como se dice a veces, en el pecado llevan la penitencia, a no ser que regresen a Dios de todo corazón y enmienden el mal hecho.

Puede parecer que la carga cae sobre el “tuerto” original, es decir, sobre quien ha sido víctima. Además de haber sido dañado, tiene que perdonar, y le toca también orar por quien le persigue, seguir haciendo el bien. Caminando una milla más, dando el doble… Porque al tuerto (o el muerto en el caso de Nabot), se le ha quitado algo, pero no la felicidad. Pero el victimario, en cambio, puede tener los ojos (la viña) intactos, pero no puede ser feliz. Tiene un hueco dentro imposible de llenar con viñas o muertes. Y ahora, según la justicia de Dios, que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, al tuerto le toca restaurar la vista del ciego que ha cometido la infracción. Porque quien ha cometido la infracción no es solo tuerto: ha perdido la vista y está totalmente herido. Con la oración, con el perdón, con la intercesión ante Dios, el tuerto podría conseguir de Dios la misericordia para que el agresor pueda encontrar el camino a la felicidad, que pasa por la reconciliación y la restauración… Es decir, la vuelta a la justicia. No a base de igualar el mal para todos, sino de restaurar la bondad para todos.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 14 de junio de 2026.

DOMINGO XI DEL AÑO A.

Éxodo 19, 1-6: Dios llama a Moisés para establecer una Alianza con Israel. Lo que hace de Israel una propiedad exclusiva de Dios con todas sus consecuencias.
Romanos 5, 6-11: Cristo murió por nosotros pecadores por puro amor gratuito de Dios. Por eso nos gloriamos en Cristo y en Él tenemos nuestra Esperanza.
Mateo 9,35-10,8: Jesús se compadece de los extraviados, de todos nosotros; por eso Él viene a convocar, reunir, salvar. Misión que también tiene la Iglesia.

1.- Según el Éxodo Israel va a encontrarse con Dios en el Sinaí. Israel ya es pueblo por raza; ahora lo será de otra manera, por la Alianza: “Si escuchan y obedecen mi Alianza”. La Alianza constituye a Israel en Pueblo de Dios, pero no cualquier pueblo, sino “mi propiedad exclusiva”; todos los pueblos son de Dios, pero Israel es una propiedad exclusiva (“Segullah”= regalón). Y por esto las tiene todas: es un Pueblo sacerdotal y santo-consagrado. “Sacerdotal”, es decir, goza de la intimidad de Dios; “santo”, es decir, distinto, diferente a los otros pueblos.
En este breve párrafo se nos está indicando lo que hace Dios con el hombre cundo éste lo acepta y es fiel.


2.- Este Amor preferencial de Dios se manifestó primero a los israelitas, pero después a todos nosotros, los impíos y pecadores. Y se manifestó de una manera inaudita: muriendo por todos el Hijo de Dios, Jesucristo. Y todo esto de una manera gratuita De modo que en Cristo nosotros hemos pasado a ser una Propiedad especial – regalona de Dios. Por eso en la Primera carta de Pedro leemos: “Ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, Pueblo adquirido para anunciar las grandezas de Dios” (1Pedro 2,9). Y todo esto por pura gracia, porque Dios ha sido bueno con todos nosotros, por pura benevolencia de Dios.


3.- Esta verdad desgraciadamente la hemos olvidado. Porque siendo los favorecidos de Dios le hemos dado la espalda. Porque como nos los recuerda la Palabra, somos un pueblo consagrado, santo; sin embargo nos hemos contagiado con el paganismo. Podría decirse que la sociedad actual es una sociedad pagana bautizada, pero que no ha sido transfigurada en Cristo. Por eso vive de una forma pagana, con un desconocimiento de lo que Dios quiere de todos nosotros.


4.- Pero Jesús, enviado para salvar, ve que andamos como ovejas que no tienen pastor. De hecho hay mucha confusión, una tremenda carencia de líderes carismáticos que orienten y muestren el camino. Menos mal que últimamente hemos tenido Papas que han sabido ser pastores de su pueblo. Ahí tenemos al actual Papa León, que con su discurso claro y directo ha iluminado a la sociedad, como lo está haciendo en su último viaje a España.
Dios llamó a Moisés para que guiara a su pueblo a la salvación. Jesús llama y envía a los discípulos para que guíen al Pueblo de Dios en este tiempo.
También a nosotros llama el Señor para que con Él sepamos convocar, guiar e iluminar al mundo.
Hoy el Señor presente nos ilumina, alimenta y envía para que podamos cumplir con esta sagrada misión de ser los convocadores del mundo para Dios, para sus Reino.

Hermano Pastor.

EDD. sábado 13 de junio de 2026.

Primera lectura

Lectura del profeta Isaías (61,9-11):

La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios

Salmo

1Sam 2,1-8

R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Mi corazón se regocija por el señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.

Se rompen los arcos de tus valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-51):

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El ordenamiento litúrgico nos deja hoy casi sin celebración: el Corazón de María es ahora simple “memoria” (ni fiesta ni solemnidad, que le darían mayor relieve); y, por otro lado,  la memoria del Corazón de María está encajonada entre la solemnidad del Corazón de Jesús y el Día del Señor, con lo cual a muchos creyentes les pasa inadvertida. Y es también posible que, en este año, algunas asociaciones o lugares, por titularidad u otros motivos, den la preferencia a San Antonio de Padua, un misionero ciertamente digno de toda admiración. Podemos suponer que “la esclava del Señor” no se irrita reclamando “visibilidad”, que hoy tanto se lleva; no fue una reivindicadora de “empoderamiento”; gustosamente cederá a otros el primer puesto.

La fiesta litúrgica del Corazón de María no se celebró en la Iglesia hasta el siglo XIX, en el que surgieron numerosas congregaciones religiosas bajo ese título; quizá la más conocida, por número de miembros y volumen de actividad, sea la de los Misioneros Claretianos. Pero ya dos siglos antes de Claret, S. Juan Eudes había escrito sobre “el Corazón Admirable de la Madre Dios”, y las místicas medievales de Helfta (Alemania) habían hecho profundas reflexiones sobre el Corazón de la madre de Jesús. No podía ser de otro modo, pues el evangelio de Lucas menciones dos veces la actitud acogedora y reflexiva de ese Corazón.

Quizá se ha abusado de imaginación acerca de “lo que María guardaba en el corazón” (al menos dos libros en español llevan ese título). Sobre las vivencias espirituales de la madre de Jesús los evangelistas son muy discretos; tal vez carecen de información y respetan el misterio. Pero ellos saben lo que era una madre en el judaísmo (y en nuestro tiempo) y lo que significa “corazón” en el lenguaje bíblico. A muchos de nosotros, ya adultos, nuestras madres nos han contado anécdotas de nuestra infancia que nosotros no recordábamos; ellas lo habían observado, lo habían guardado en su interior, y quizá le habían dado “muchas vueltas”… Es lo que dice Lc 2,19 acerca de María.

En Lc 2,19.51 se indica que lo que María guarda y medita en su corazón es lo que sucede en torno a su niño, lo cual la hace plantearse preguntas. Ahí entra también la primera “trastada” de Jesús adolescente: quedarse en el templo separado de sus padres (Lc 2,43). Naturalmente vendrán momentos mucho más duros: cuando deje el domicilio familiar y se entregue a una vida itinerante y sin seguridades, o cuando, a pesar de ciertas amenazas o riesgos, él siga adelante con su estilo. María tuvo mucho que “tragar” y meditar, su corazón debió de estar “muy ocupado”, lleno de “las cosas de Jesús”, ¡que eran las cosas de su hijo!, las cuales ella solo podía recibir y conservar con amor. Guardar en el corazón implica amar; de lo contrario las cosas se guardan solo en el intelecto.

Celebrar el Corazón de María es para nosotros una llamada a cultivar la reflexión, la interioridad y la cordialidad, a penetrar en el sentido profundo de las cosas y sucesos en vez de quedarnos en la corteza, y a intentar estar al unísono con Jesús, amando cuanto él propone y ama, aunque a veces nos pueda resultar algún tanto incomprensible.

En su “carta a un devoto del Corazón de María”, que el P. Claret escribió en perspectiva genérica, sin que nadie se la hubiese pedido, intenta fundamentar la piedad cordimariana considerando lo que es el corazón humano: “el Corazón maternal de María es el órgano, sentido o instrumento del amor y voluntad; así como por los ojos vemos, por los oídos oímos, por la boca… la nariz…, así por el corazón amamos y queremos”.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/