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Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de junio de 2026.

DOMINGO XIII. A


2Reyes 4,8-11.14-16: El Profeta promete un hijo a la mujer estéril; un milagro con doble perspectiva.
Romanos 6,3-4.8-11: Efecto de la justificación: libera del pecado y otorga una vida nueva; lo que se realiza en el bautismo.
Mateo 10,37-42: Se destacan dos aspectos: uno, para ser discípulo hay que dejarlo todo; dos, la seguridad del enviado funda en el Maestro que envía. Ambos se identifican.

1.- Muchas veces hemos escuchado que somos enviados, misioneros, y es el Señor el que nos envía. Pero cabe hacerse la pregunta: ¿y a qué somos enviados? Tanto la primera como la segunda lectura nos están dando la respuesta. Somos enviados a proclamar la vida, que Dios es vida y quiere la vida de sus creaturas.
El milagro de Eliseo es muy elocuente, pues muestra que Dios es el Dios de la vida y que solo Él es el autor de la vida y no los baales o dioses falsos.
Porque Dios es capaz de dar fecundidad y vida allí donde reina la aridez y esterilidad. Porque, como dijo el ángel a la Virgen María, “También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios» (Lucas 1,36-37). Esa es la razón principal del milagro de Eliseo, pero también quiere demostrar que el nacimiento es premio a la hospitalidad de la mujer.


2.- San Pablo, que experimentó en carne propia la acción salvadora de Cristo, afirma que todo el que acepta a Cristo es justificado y, por eso, experimenta la vida nueva que irrumpe en él. E Dios quien da esta vida plena a todo aquel que tene fe y la expresa en el bautismo.
Es que el Dios de la Biblia es un Dios de la vida y no de la muerte. Jesús mismo ha dicho: “Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10,10)


3.- Por eso, cuando el Señor envía a sus discípulos los envía a proclamar una vida nueva, diferente, plena.
Cuántas veces hemos escuchado que el ambiente, la sociedad, el mundo está contaminado de muerte. Reina la muerte en todas partes: en el mundo, en las calles, en los hogares, en el corazón de mucha gente. Como dice el Papa León en su Encíclica: “Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional,” (MH189).
Siempre estamos lamentando tantas situaciones de muerte que nos invaden que cabe preguntarse hasta dónde reina en mí, en cada uno de nosotros la muerte.


4.- Hay una sola muerte que es válida y saludable, el morir a sí mismo. Porque para seguir a Cristo se debe morir a sí mismo, es necesario un despojo permanente. Es decir, hay que morir para tener una vida nueva, que la da Dios en el Bautismo, pero debemos desarrollarla, madurarla. Y así somos enviados a proclamar esta vida nueva, de calidad.
Eso hace el Papa León cuando nos dice: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva:” ¿Cuál elección? Y el Papa lo desarrolla en su Encíclica. En una palabra, debemos optar por la vida. La Humanidad es magnífica y vale la pena defenderla, respetarla, como lo es la vida en todas sus manifestaciones.
Hoy se nos vuelve a dar el Pan de la Vida. No la guardemos para nosotros, salgamos a proclamarla y defenderla.

Hno. Pastor.