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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy viernes 29 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”. Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.

El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de Él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús, viendo que había hablado sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

1. Requerimientos para cumplir el primer mandamiento
Si queremos cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas, lo primero que tenemos que hacer es amar. Sí, amar. La voluntad divina está basada en la entrega incondicional del propio ser, y ésta se da sólo a través del amor verdadero. Obviamente hay una jerarquía, si queremos amar en plenitud debemos comenzar por amar a Dios; no podemos amar a los hombres, nuestros hermanos, si no amamos primero al Padre. Ahora bien, para amar a Dios, en plenitud, es necesario que haya una entrega total de nosotros mismos, es decir, un amar con todo el corazón, con toda nuestra alma, y con todo nuestro ser. Nuestra voluntad, nuestros deseos, nuestros pensamientos, todo lo que hacemos, debemos hacerlo por amor a Él que nos amó primero.

2. Requerimientos para cumplir el segundo mandamiento
Una vez que todo nuestro ser está dirigido hacia Dios, Él se encargará de inflamar nuestros corazones con su amor para así poder transmitirlo hacia los hombres. Dios se encarga de hacer brotar este amor. Es un amor que nace del corazón y se distribuye; no se puede retener, esconder o aplacar. Por esta razón no podemos quedarnos con este amor para nosotros mismos, es un amor que tiene que salir al encuentro. No podemos pretender retener el amor de Dios para nosotros solos, es necesario darlo al prójimo.

«Jesús, en el Evangelio, nos invita a amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos. El amor de Dios es el que siempre nos hace reconocer en el otro al prójimo, al hermano o hermana que amar. Y esto requiere un compromiso personal y voluntario, para el cual, ciertamente, las instituciones públicas pueden y deben crear condiciones generales favorables. Gracias a esta “savia” evangélica, la ayuda mantiene su dimensión humana y no se despersonaliza.»
(Discurso de S.S. Francisco, 30 de noviembre de 2018).

EDD. viernes 29 de marzo de 2019.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas (14,2-10):

ESTO dice el Señor:
«Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros,
y volved al Señor.
Decidle: “Tú quitas toda falta,
acepta el pacto.
Pagaremos con nuestra confesión:
Asiria no nos salvará,
no volveremos a montar a caballo,
y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’
a la obra de nuestras manos.
En ti el huérfano encuentra compasión”.
“Curaré su deslealtad,
los amaré generosamente,
porque mi ira se apartó de ellos.
Seré para Israel como el rocío,
florecerá como el lirio,
echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños
y será su esplendor como el olivo,
y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra,
revivirán como el trigo,
florecerán como la viña,
será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
Yo soy quien le responde y lo vigila.
Yo soy como un abeto siempre verde,
de mí procede tu fruto”.
¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos:
los justos los transitan,
pero los traidores tropiezan en ellos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 80,6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz

V/. Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

V/. Te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

V/. No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R/.

V/. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos y amigas:

El encuentro con este hombre de buena voluntad, doctor de la Ley,  y sobre todo buscador de la verdad, fue para Jesús una gran alegría. ¡Lo vio tan cerca del reino de Dios!

También en los tiempos  de Jesús había una seria preocupación por conocer en concreto la voluntad de Dios, pues un número exagerado de disposiciones y normas impedía ver con claridad lo que era realmente importante y decisivo para encontrarse con el Dios del cielo.

La respuesta de Jesús se caracteriza por la claridad con que reconoce el buen deseo de este doctor de la Ley. Ha sabido unir el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús reforzará esta afirmación.  Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo, y sólo cuando amamos de verdad al prójimo demostramos que es verdadero nuestro amor a Dios nuestro Padre.

Los santos nos enseñan con su vida y ejemplos esta verdad tan maravillosa del evangelio.

Decía santa Teresa de Calcuta:

«Yo creo en la relación de persona a persona. Para querer a una persona, hay que acercarse a ella. Si esperamos  tener un buen número de personas, nos perdemos en los números. Cada persona para mi es Cristo, y puesto que hay un único Jesús, la persona que tengo delante  es para mí la única persona en el mundo en aquel momento.

Además, como no podemos ver a Cristo, no podemos expresar nuestro amor por Él.

Pero al vecino podemos verle y podemos hacer por él lo que haríamos por Cristo si le viéramos.

Por eso para que nuestro trabajo sea fructífero y hermoso debemos hacerlo con mucha fe.

Con fe en Cristo que nos dice: «Tenía hambre, estaba desnudo, enfermo, sin casa, era extranjero… y me ayudaste”.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

“Danos hoy nuestro pan de cada día” – Catequesis del Papa Francisco

“No somos criaturas autosuficientes”

 

(ZENIT – 27 marzo 2019).- “La comida no es propiedad privada – sino providencia que debe compartirse, con la gracia de Dios”, ha insistido el Santo Padre en la audiencia general. “El pan que el cristiano pide en oración no es ‘mío’, sino ‘nuestro’. Jesús “nos enseña a pedirlo no solo para nosotros, sino para toda la fraternidad del mundo”.

La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9:20 horas en  la Plaza de San Pedro, donde el Papa ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo y, retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “Danos hoy nuestro pan de cada día  (Pasaje bíblico: Evangelio según San Mateo, 14, 15-19).

La oración de Jesús comienza con una petición impelente, que se parece mucho a la imploración de un mendigo: “¡Danos nuestro pan de cada día!”: Esta oración proviene de una evidencia que a menudo olvidamos, es decir, que “no somos criaturas autosuficientes y que necesitamos alimentarnos todos los días”, ha recordado el Pontífice en la catequesis ofrecida.

Así, el Papa ha pedido a todos los presentes en la audiencia general detenerse un momento y pensar en los niños hambrientos: “Pensemos en los niños que están en los países en guerra: en los niños hambrientos de Yemen, en los niños hambrientos de Siria, en los niños hambrientos de todos esos países donde no hay pan, en Sudán del Sur”.

Pensando en los niños hambrientos del mundo, Francisco ha invitado a todos a decir juntos, en voz alta, la oración: “Padre, danos hoy nuestro pan de cada día”.

La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días :

Hoy pasamos a analizar la segunda parte del “Padre nuestro”, en la que presentamos nuestras necesidades a Dios. Esta segunda parte comienza con una palabra que huele a vida cotidiana: el pan.

La oración de Jesús comienza con una petición impelente, que se parece mucho a la imploración de un mendigo: “¡Danos nuestro pan de cada día!” Esta oración proviene de una evidencia que a menudo olvidamos, es decir, que no somos criaturas autosuficientes y que necesitamos alimentarnos todos los días.

Las Escrituras nos muestran que para tanta gente, el encuentro con Jesús se realiza partiendo de una petición. Jesús no pide invocaciones refinadas, al contrario, toda existencia humana, con sus problemas más concretos y cotidianos, puede convertirse en oración. En los evangelios encontramos una multitud de mendigos que suplican liberación y salvación. Hay quien pide pan, hay quien pide curación; algunos la purificación, otros la vista. o que un ser querido pueda volver a vivir … Jesús nunca pasa indiferente ante estas peticiones y estos dolores.

Así, Jesús nos enseña a pedirle al Padre el pan de cada día. Y nos enseña a hacerlo unidos con tantos hombres y mujeres para quienes esta oración es un grito, – que a menudo  se lleva dentro- y que acompaña la ansiedad de cada día. ¡Cuántas madres y padres, incluso hoy, se van a dormir con el tormento de no tener mañana pan suficiente para sus hijos! Imaginemos esta oración rezada no en la seguridad de un apartamento cómodo, sino en la precariedad de una habitación en la que uno se  las arregla,  donde falta lo necesario para vivir. Las palabras de Jesús adquieren nueva fuerza. La oración cristiana comienza desde este nivel. No es un ejercicio para ascetas; parte de la realidad, del corazón y de la carne de las personas que viven en necesidad, o que comparten la condición de quienes no tienen lo necesario para vivir. Ni siquiera los más altos místicos cristianos pueden prescindir de la simplicidad de esta pregunta. “Padre, haz que tengamos hoy el pan necesario para nosotros y para todos”. Y “pan” es también para agua, medicinas, hogar, trabajo… Pedir lo necesario para vivir.

El pan que el cristiano pide en oración no es “mío”, sino “nuestro”. Esto es lo que quiere Jesús. Nos enseña a pedirlo no solo para nosotros, sino para toda la fraternidad del mundo. Si no se reza de esta manera, el “Padre Nuestro” deja de ser una oración cristiana. Si Dios es nuestro Padre, ¿cómo podemos presentarnos a Él sin tomarnos de la mano? Todos nosotros. Y si el pan que Él nos da nos lo robamos entre nosotros ¿cómo podemos llamarnos hijos suyos ? Esta oración contiene una actitud de empatía una actitud de solidaridad. En mi hambre, siento el hambre de las multitudes, y por eso rezaré a Dios hasta que no obtengan lo que piden.

Así, Jesús educa a su comunidad, a su Iglesia, para poner ante Dios  las necesidades de todos: “¡Todos somos tus hijos, Padre, ten piedad de nosotros!”. Y ahora nos hará bien detenernos unos momentos y pensar en los niños hambrientos. Pensemos en los niños que están en los países en guerra: en los niños hambrientos de Yemen, en los niños hambrientos de Siria, en los niños hambrientos de todos esos países donde no hay pan, en Sudán del Sur. Pensemos en esos niños y pensando en ellos digamos juntos, en voz alta, la oración: “Padre, danos hoy nuestro pan de cada día”. Todos juntos.

El pan que pedimos al Señor en la oración es el mismo que un día nos acusará. Nos reprochará la poca costumbre de partirlo con los que nos rodean, la poca costumbre de compartirlo. Era un pan regalado a la humanidad y, en cambio, solamente lo han comido algunos: el amor no puede soportarlo. Nuestro amor no puede soportarlo; y tampoco el amor de Dios puede soportar este egoísmo de no compartir el pan.

Una vez había una gran multitud ante Jesús; era gente que tenía hambre. Jesús preguntó si alguien tenía algo, y solo se encontró un niño dispuesto a compartir lo que tenía: cinco panes y dos peces. Jesús multiplicó ese gesto generoso (ver Jn 6: 9). Ese niño había entendido la lección del “Padre Nuestro”: que los alimentos no son propiedad privada, -metamos este en nuestra mente: la comida no es propiedad privada – sino providencia que debe compartirse, con la gracia de Dios.

El verdadero milagro realizado por Jesús ese día no es tanto la multiplicación – que es verdad- sino el compartir: dad lo que tengáis y yo haré el milagro. Él mismo, multiplicando aquel pan ofrecido, anticipó la ofrenda de  sí mismo en el Pan Eucarístico. Efectivamente, solo la Eucaristía es capaz de saciar el hambre de  infinito y el deseo de Dios que anima a cada hombre, también en la búsqueda del pan de cada día.

© Librería Editorial Vaticano

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/danos-hoy-nuestro-pan-de-cada-dia-catequesis-del-papa-francisco/

EDD. jueves 28 de marzo de 2019.

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (7,23-28):

ESTO dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón» 

V/. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :  

Queridos amigos y amigas:

“Si yo expulso los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ya ha llegado a vosotros”, dice Jesús en el evangelio. Toda su vida revela que actúa con el poder de Dios para hacer que el bien reine en este mundo. Pero algunos no quieren de ninguna manera que Dios reine, por eso levantan calumnias contra Jesús.
La escena del evangelio de hoy es una muestra de lo que significa juzgar a alguien injustamente, sin tener en cuenta si es verdad o no lo que de él se dice. Lo único que se pretende es hacer daño.

Seguramente alguna vez en nuestra vida también nosotros hemos experimentado acusaciones falsas sobre lo que hemos hecho o hemos dicho. ¡Y cuánto nos duelen esas palabras! ¡Y cuánto daño causan en la comunidad! El Papa Francisco con cierta frecuencia hace referencia a los pecados de la “lengua que mata”. Y nos sugiere que una penitencia cuaresmal muy oportuna es: “Antes de hablar mal de otro ¡muérdete la lengua!”

Os cuento esta anécdota: «¡Qué sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero!», le comentó una mujer a su marido. «Quizás necesita un jabón nuevo, ojala pudiera ayudarla a lavarlas», decía, mientras el marido la miraba sin decir palabra.

Cada dos o tres días, la mujer repetía el mismo discurso parada frente a la ventana, viendo cómo tendía la ropa su vecina.

Un mes después la mujer se sorprendió al ver a su vecina tendiendo sábanas blancas como nuevas, ¡inmaculadas! De inmediato, le comentó a su esposo: «¡Mira, al fin aprendió a lavar su ropa nuestra vecina, ¿Quién le habrá enseñado?»

A lo que el marido respondió: «Nada de eso, querida, lo que pasó fue que hoy me levanté más temprano y limpié los vidrios de nuestra ventana».

El Señor pide nuestra colaboración para construir en este mundo el reino de Dios. Somos débiles, somos pecadores y fallamos mil veces.  Pero este tiempo de Cuaresma nos invita todos los días a revisar nuestros pensamientos, palabras y acciones para que Dios reine en nuestro corazón.

Un vaso de agua dado por su amor es ya un paso adelante del reinado de Dios en esta tierra, donde el dinero y el interés son los que mandan.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 27 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy en día hay mucho respeto por las diferentes religiones. Todas ellas expresan la búsqueda de la trascendencia por parte del hombre, la búsqueda del más allá, de las realidades eternas. En cambio, en el cristianismo, que tiene sus raíces en el judaísmo, este fenómeno es lo contrario: es el mismo Dios que busca al hombre, es Él quien lo llama a estar a su lado y el hombre no hace más que dar una respuesta a este llamado.

Como recordaba san Juan Pablo II, Dios desea acercarse al hombre, Dios quiere dirigirle su palabra, mostrarle su rostro, porque busca la intimidad con Él. Esto se hace realidad en el pueblo de Israel, un pueblo elegido por Dios para recibir sus palabras; ésta es la experiencia que tiene Moisés cuando dice: «De hecho, ¿qué gran nación tiene a los dioses tan cerca de él, como el Señor nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?». Y, de nuevo, el salmista canta que Dios «anuncia a Jacob su palabra, sus decretos y sus juicios a Israel. Así no hizo con ninguna otra nación, ni les dieron a conocer sus juicios» (Sal 147:19-20).

Jesús, por lo tanto, con su presencia cumple el deseo de Dios de acercarse al hombre. Por eso dice que «no creáis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento» (Mt 5,17). Él viene a enriquecerlos, a iluminarlos para que los hombres puedan conocer el verdadero rostro de Dios y puedan entrar en intimidad con Él.

En este sentido, despreciar las indicaciones de Dios, por insignificantes que sean, manifiesta un conocimiento raquítico de Dios y, por lo tanto, aquellos que se encuentran en tales condiciones serán considerados pequeños en el Reino de los Cielos. Y es que, como decía san Teófilo de Antioquía: «Dios es visto por los que le ven; sólo ellos deben haber abierto los ojos del espíritu (…) pero algunos hombres los han oscurecido».

Aspiremos, pues, a seguir con gran fidelidad, en la oración, todas las indicaciones del Señor. De esta manera llegaremos a una gran intimidad con Él y seremos, por lo tanto, considerados grandes en el Reino de los Cielos.

«Ir a lo esencial es más bien ir a lo profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Jesús enseña que la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio real de vida. Tampoco nuestro discipulado puede ser motivado simplemente por una costumbre, porque contamos con un certificado de bautismo, sino que debe partir de una viva experiencia de Dios y de su amor. El discipulado no es algo estático, sino un continuo camino hacia Cristo; no es simplemente el apego a la explicitación de una doctrina, sino la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su Palabra.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2017).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72531/dios-te-busca-dejate-encontrar.html#modal

EDD. miércoles 27 de marzo de 2019.

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (4,1.5-9):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.
Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?
Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 147,12-13.15-16.19-20

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

V/. Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

V/. Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza. R/.

V/. Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-19):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  ;
Queridos amigos y amigas:

Las enseñanzas de Jesús no pretenden abolir lo que está escrito en el Antiguo Testamento, sino darle plenitud. El Señor ha preparado a su pueblo a través del Antiguo Testamento para terminar aceptando la Palabra definitiva de Dios en la revelación de la persona de Jesús, que es quien da su verdadero sentido a todo lo escrito en el Antiguo Testamento.

Y al mismo tiempo nos invita a orientar y ordenar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. Es la luz interior que Dios nos da la que nos ayuda a discernir lo bueno de lo malo. Y nos anima a no desfallecer a pesar de nuestros errores. Nadie es perfecto, pero no podemos caminar a oscuras por la vida. Tenemos que estar seguros de lo que es bueno delante de Dios y saber realizarlo.

Nuestra vida por humilde que sea tiene un gran valor. Pero no siempre sabemos si lo que hacemos está bien hecho. De ahí la importancia que tiene la Sagrada Biblia para darnos luz en el camino de la vida. Muchos seguramente dedicáis ilusión y tiempo para leerla en casa y estudiarla. Es el tiempo mejor empleado para recibir la fortaleza y la luz que todo cristiano necesita. Así alimentamos nuestra conversación con nuestro papá Dios y tomamos fuerzas ante los desafíos que la vida nos presenta cada día.

Los autores que han escrito la Sagrada Biblia lo han hecho bajo la luz del Espíritu Santo. Por eso la mejor forma de estudiarla es rezando primero al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos guíe a fin de encontrar la verdad y ponerla por obra.

En el evangelio vemos cómo Jesús acudía con su comunidad de Nazaret a la sinagoga, leían la Biblia y la comentaban. En la liturgia de la Iglesia, en la Misa, siempre se lee la Biblia primero y luego se comenta para iluminar la vida de cada uno de los presentes. Suele ser el momento más delicado porque me tengo que preguntar qué me está diciendo a mí personalmente mi Padre del cielo, cómo lo pondré en práctica.

Justamente  hoy el salmo nos dice: ¡Ojalá escuchéis la voz del Señor: No endurezcáis el corazón!

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 26 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Por qué somos tan lentos para perdonar? ¿Por qué provoca tanta aversión el hecho de que podamos habernos equivocado en algo? Verdaderamente, es iniciativa de humildes perdonar. Donde hay un corazón orgulloso, sólo hay espacio para el miedo de parecer vulnerables. En el fondo, no existe otro motivo por el que nos desentendamos del perdón.

Sin embargo, nuestro comportamiento encierra una gran contradicción. Podemos intuirla a partir de la parábola que Cristo emplea. ¿Qué sucedería si hoy, aquí y ahora, Dios te exigiera saldar la deuda que has adquirido con Él? No importa la edad, ni la posición, ni la experiencia…la realidad es que ninguno de nosotros sería capaz de pagarle su derroche de amor. En toda justicia, mereceríamos cualquier pena que se nos impusiera con tal de arreglar las cuentas. Y aun así, jamás terminaríamos. A amor infinito, deuda infinita.

Mas Dios no sigue los criterios de los hombres. Él quiere hacernos entender que su misericordia es totalmente gratuita. No sólo eso, sino que Él está ansioso por derramarla sobre nosotros al más mínimo esfuerzo que hagamos por acogerla. Es cómica nuestra situación. ¡Basta tan poco para ser perdonados por Dios…pero cuesta tanto reconocer los errores! Una cosa es cierta: para perdonar, hay que saber dejarse perdonar.

El Señor ya ha tomado la iniciativa, porque nos ha perdonado todo en el sacrificio de su Hijo. Entonces, ¿dejamos que su perdón nos alcance? ¿O es que a semejanza del siervo malvado nos hacemos de la vista gorda y seguimos creyendo que podemos tomar la justicia en nuestras manos? Ojalá que Cristo, al vernos desde la cruz, halle corazones dispuestos a perdonar, a mostrar que su entrega de amor no ha sido en vano.

«El Señor nos ha mandado perdonarnos no siete, sino “hasta setenta veces siete”. El número no se refiere desde luego a un concepto cuantitativo, sino que abre un horizonte cualitativo: no mide la justicia, sino que inaugura el criterio de una caridad sin medida, capaz de perdonar sin límites. Esta caridad que, después de siglos de controversias, nos permite estar juntos, como hermanos y hermanas reconciliados y agradecidos con Dios nuestro Padre. Si estamos aquí es gracias también a cuantos nos han precedido en el camino, eligiendo la senda del perdón y gastándose por responder a la voluntad del Señor: “que todos sean uno”. Impulsados por el deseo apremiante de Jesús, no se han dejado enredar en los nudos intrincados de las controversias, sino que han encontrado la audacia para mirar más allá y creer en la unidad, superando el muro de las sospechas y el miedo.»
(Discurso de S.S. Francisco, 21 de junio de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72529/la-abnegacion-en-el-perdon.html#modal

EDD. martes 26 de marzo de 2019

Primera lectura

Lectura de la profecia de Daniel (3,25.34-43):

EN aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
«Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu misericordia.
Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo;
por Israel, tu consagrado;
a quienes prometiste multiplicar su descendencia
como las estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.
Que este sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos, y buscamos tu rostro;
no nos defraudes, Señor;
trátanos según tu piedad,
según tu gran misericordia.
Líbranos con tu poder maravilloso
y da gloria a tu nombre, Señor».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 24,4-5ab.6.7bc.8-9

R/. Recuerda, Señor, tu ternura

V/. Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

V/. Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

V/. El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

EN aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :
Queridos amigos y amigas:

En toda comunidad cristiana debe reinar la paz. Y si esta paz desaparece, hay que buscar la forma de recuperarla a través del perdón. Y si un miembro de la comunidad se niega a perdonar a otro y mantiene a la comunidad dividida, los responsables tienen que intervenir. Pues  estando enfrentados entre nosotros, con el corazón lleno de amargura,  no podemos acercarnos de verdad a nuestro Padre Dios. Si no somos capaces de perdonar al que nos ha ofendido, entonces tampoco seremos capaces de rezar el Padrenuestro y decir “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quien nos ha ofendido”.

Quien ha experimentado la misericordia de Dios no puede andar calculando las fronteras del perdón y la acogida al hermano. Como aquel que decía: “Te perdono, sí, pero sólo por hoy”. Aunque también este gesto tiene su valor, porque ya es un primer paso en la dirección correcta.

En su visita a Ginebra, Suiza, el año pasado el Papa tomó tres palabras como tema de su enseñanza: Padre, paz, perdón. Dijo el Papa: “Es difícil perdonar, siempre llevamos dentro un poco de amargura, de resentimiento, y cuando alguien que ya habíamos perdonado nos provoca, el rencor vuelve con intereses. Pero el Señor espera nuestro perdón como un regalo”.

Cuántas veces durante el Año Santo de la Misericordia recordó el Santo Padre que Dios siempre perdona y nos facilita el acceso al perdón, basta un pequeño gesto por donde su amor nos pueda conectar. Como aquel humilde campesino que decía: “Sí, yo sé que como cristiano tengo que perdonar, pero no puedo. Es superior a mis fuerzas y no me lo van a aceptar en mi familia”. Con estas palabras él se reconocía humanamente muy frágil, pero deseoso de cumplir la palabra de Jesús. Había comenzado a caminar por el camino correcto  siguiendo la enseñanza de Jesús nuestro Maestro y el milagro del perdón seguro que llegó en su momento.

Acabamos de leer en el salmo: “Señor, enséñame tus caminos,  instrúyeme en tus sendas:

haz que camine con lealtad;  enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador”. Sólo con la bendición y fuerza que nos da nuestra fe y confianza en Dios podremos tener compasión de nuestro hermano que nos ha ofendido y ofrecerle nuestro perdón por amor a Jesús, que por nosotros ha muerto en la cruz perdonando a sus asesinos.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: La paciencia y la misericordia de Dios

Palabras del Papa antes de la oración mariana

(ZENIT 24 marzo 2019).-  A las 12 del mediodía de hoy tercer domingo de Cuaresma, el Santo Padre Francisco apareció en la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos  reunidos en Plaza de San Pedro.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma (ver Lc 13: 1-9) nos habla de la misericordia de Dios y de nuestra conversión. Jesús cuenta la parábola de la higuera estéril. Un hombre ha plantado un higuera en su propio viñedo, y con gran confianza todos los veranos va a buscar sus frutos, pero no encuentra ninguno, porque ese árbol es estéril. Impulsado por esa decepción que se repite durante tres años, piensa en cortar la higuera para plantar otra. Luego llama al agricultor que está en el viñedo y expresa su insatisfacción, ordenándole que corte el árbol, para que no explote el suelo innecesariamente. Pero el viñador le pide al dueño que sea paciente y le solicita una prórroga de un año, durante la cual él mismo se encargará de cuidar la higuera con más cuidado y delicadeza para estimular su productividad. Esta es la parábola.

Y, ¿qué representa esta parábola?. ¿Qué representan los personajes de esta parábola?. El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es un símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre en favor de la humanidad y le ruega que la espere y le dé un poco más de tiempo para que los frutos del amor y la justicia broten en ella. La higuera que el dueño de la parábola quiere erradicar representa una existencia estéril sin frutos, incapaz de dar, incapaz de hacer el bien. Es el símbolo de quien vive solo para sí mismo, satisfecho y tranquilo, en su propia comodidad, incapaz de dirigir sus ojos, la mirada y su corazón hacia quienes están a su lado y que están en estado de sufrimiento, en condiciones de pobreza, de dificultad. Esta actitud de egoísmo y esterilidad espiritual contrasta con el gran amor del viñador por la higuera: tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Prometió a su amo que cuidaría especialmente de ese árbol infeliz.

Esta semejanza del viñador manifiesta la misericordia de Dios, que nos deja un tiempo para la conversión. Todos nosotros necesitamos convertirnos, dar un paso hacia delante y la paciencia de Dios y la misericordia nos acompañan en esto.

A pesar de la esterilidad, que a veces marca nuestra existencia, Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y avanzar en el camino del bien. Pero la extensión implorada y otorgada mientras se espera que el árbol finalmente fructifique, también indica la urgencia de la conversión. El viñador le dice al dueño: “Déjalo este año” (v. 8). La posibilidad de conversión no es ilimitada; por eso hay que aprovecharse de ello de inmediato; De lo contrario se perdería para siempre.

Nosotros podemos pensar en esta Cuaresma: ¿Qué debo hacer yo para acercarme más al Señor, para convertirme, para cortar con aquellas cosas que no van?. “No, no esperaré a la próxima Cuaresma”. ¿Estarás vivo en la próxima Cuaresma?. Pensemos cada uno de nosotros: ¿Hoy que cosa debo hacer ante esta misericordia de Dios que me espera y siempre perdona?. ¿Qué debo hacer?. Nosotros podemos confiar mucho en la misericordia de Dios, pero sin abusar de ella. No debemos justificar la pereza espiritual sino aumentar nuestro compromiso, de responder prontamente a esta misericordia con sinceridad de corazón.

En el tiempo de Cuaresma el Señor nos invita a la conversión, cada uno de nosotros debe sentirse interpelado por esta llamada corrigiendo algo en la propia vida, en la propia manera de pensar, actuar y vivir relaciones con los demás.

Al mismo tiempo, debemos imitar la paciencia de Dios que confía en la capacidad de todos para poder “levantarse” y reanudar el camino. Dios es Padre Él no apaga la llama débil, sino que acompaña y cuida a los débiles para que puedan fortalecerse y lleven su contribución de amor a la comunidad.

Que la Virgen María nos ayude a vivir estos días de preparación para la Pascua como un tiempo de renovación espiritual y de confianza abierta a la gracia de Dios y a su misericordia.

Fuente  :  https://es.zenit.org/articles/angelus-la-paciencia-y-la-misericordia-de-dios/

Comentario al evangelio de hoy lunes 25 de marzo de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.

 

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Y si en este preciso momento se me apareciera el arcángel san Miguel y me dijese: «Oye, Papá quiere que su Hijo se encarne otra vez, y necesita que tú lo cuides hasta que tenga treinta años y esté listo para salir a predicar… No hay problema, ¿verdad?»

Ya sabemos que es un ejemplo algo tonto, pero puede ayudarnos a reflexionar sobre la gran disposición que tuvo nuestra madre María para aceptar la más grande misión de toda la historia de la humanidad. Así como suena, lo creas exagerado o no.

Nuevamente el Evangelio nos recuerda que no puede haber santidad sin la imprescindible virtud de la humildad, sin aquel deseo simple, y magnánimo a la vez, de cumplir en toda situación la voluntad de Dios: recordemos todas aquellas ocasiones en las que hemos tenido que tomar una importante decisión… algunas veces han sido acertadas y consultadas delante de Dios, y en otras, quizá, nos hemos dejado llevar por nuestro egoísmo. Lo importante es pedir la gracia, como María, de no fallarle al que todo lo ha dado por nosotros cuando nos voltee los planes y nos pida un favor…

¿Estaríamos dispuestos a responder al ángel con las mismas palabras de María?

«Heme aquí, es la palabra clave de la vida. Marca el pasaje de una vida horizontal, centrada en uno mismo y en las propias necesidades, a una vida vertical, elevada hacia Dios. Heme aquí, es estar disponible para el Señor, es la cura para el egoísmo, el antídoto de una vida insatisfecha, a la que siempre le falta algo. Heme aquí es el remedio contra el envejecimiento del pecado, es la terapia para permanecer jóvenes dentro. Heme aquí, es creer que Dios cuenta más que mi yo. Es elegir apostar por el Señor, dócil a sus sorpresas. Por eso decirle heme aquí es la mayor alabanza que podemos ofrecerle. ¿Por qué no empezar los días así? Sería bueno decir todas las mañanas: ‘Heme aquí, Señor, hágase hoy en mí tu voluntad.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 8 de diciembre de 2018).

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72530/hagase-en-mi-segun-tu-palabra.html#modal