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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 13 de abril de 2019.

Hoy, sábado, 13 de abril de 2019

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10.11-12ab.13

R/.
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

“¿Vendrá a la fiesta?” La gente se encuentra dividida con respecto a Jesús. A unos les ha abierto los ojos, han visto sus signos, y no entienden cómo puede ser todo ese bien obra de un pecador. Otros no acaban de ver bien que se cambien cosas, que no se respete el sábado, viven con los ojos vendados, sin querer ver.

Las autoridades lo tienen claro. Así no se puede seguir. Si continúa haciendo milagros, ciertamente la muchedumbre, que ya había querido proclamarlo rey, lo declarará libertador de la nación, suscitando el furor de los romanos. Consiguientemente el templo podría ser destruido. Hay que evitar de cualquier modo este peligro.

La decisión muestra la ceguera total de los jefes respecto a Jesús. Desde el comienzo de su predicación Jesús había anunciado ser el nuevo templo, pero no entendieron sus palabras. Intervino Caifás con su propia autoridad. Ya no le acusa de blasfemia, ni la ilegalidad de los actos de Jesús constituye el tema de su discurso; de su boca salen palabras dichas por «razón de Estado», dictadas por interés político. El individuo debe ser sacrificado «por»el bien común. Y con estas palabras, sin querer, se convierte en profeta.

A lo largo de este tiempo de pasión tendremos ocasión de enfrentarnos al misterio de la cruz. Cristo ha venido para hacernos partícipes de la promesa maravillosa de que Dios es todo en todos. Para realizarlo, no ha suprimido los conflictos ni nos ofrece una paz barata. Él mismo se ha adentrado en el centro del conflicto que divide el corazón humano y nos ha conseguido la victoria del amor. Se trata de una victoria lograda mediante la locura de la cruz y el sacrificio de la obediencia, que coincide cabalmente con la gloria eterna.

A través de este camino, también nosotros podemos entrar en la gloria, que comienza ya aquí. Ésa es la tarea de nuestra vida, el compromiso de este día. Rechazar la lucha – seguir lo que el instinto nos dice – es como permitir que la división arraigue en nosotros y en el mundo es como ponerse al lado de los enemigos de Cristo. Aceptar generosamente la lucha, contando con la gracia de Dios, pedida en la oración, significa participar en la victoria definitiva del amor y poseer ya el gozo de Dios.

Eso es, quizá, lo que tenemos que pedirle a Dios. Que nos ayude a mantenernos al lado de Cristo, fieles en la lucha, todos los días de nuestra vida. Y formar parte de ese pueblo unido, del que nos habla la primera lectura.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 12 de abril de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”.

Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “No está escrito en su ley: Yo les he dicho: ¿Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que, a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Con la lectura de este pasaje evangélico deberían quedar enmudecidas todas nuestras «justificaciones» que afirman nuestra «imposibilidad» de dar testimonio de nuestra fe… Algunos dicen que cada hombre tiene su verdad, y que no debemos forzar para cambiarla; otros, que ningún hombre es capaz de penetrar en este mundo ateo para guiarlo a sus raíces religiosas. El punto es que, detrás de todo esto, reposan dos motivos de fondo, ocultos en nuestro corazón: el miedo a ser apedreado por quienes me creen un tonto y la propia falta de convicción personal, la debilidad de mi propia certeza en la VERDAD…

Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?… Nos toca a nosotros pensar, mirar hacia dentro, hablar y escuchar con Aquel que conoce la aflicción de todos los hombres: ¿Es Cristo mi Camino? ¿Mi Verdad y mi Vida?

Dicen por ahí que la verdad duele, y yo estoy de acuerdo… pero no se queda en eso, sino que nos abre los ojos, nos muestra los disfraces de la mentira y, ya superado el dolor, trae la verdadera paz. ¡Pidamos al Padre que nos ayude a ser mártires de la Verdad!

«Jesús siempre nos pide ser veraces, pero veraces dentro del corazón: y si algo aparece, que aparezca esta verdad, la que está dentro del corazón. Jesús da ese consejo: cuando tú rezas, hazlo escondido; cuando tú ayunes, allí sí, pero maquíllate un poco, para que nadie vea en el rostro la debilidad del ayuno; y cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, hazlo a escondidas. Jesús aconseja exactamente lo contrario de lo que hace esta gente: aparentar. En ellos está la justificación de la apariencia: son pompas de jabón que hoy están y mañana ya no están. Jesús nos pide coherencia de vida, coherencia entre lo que hacemos y lo que vivimos. La falsedad hace mucho mal, la hipocresía hace mucho mal: es una forma de vivir. En el salmo hemos pedido la gracia de la verdad delante del Señor y es bonito lo que hemos pedido: Señor, te he hecho conocer mi pecado, no lo he escondido, no he cubierto mi culpa, no he maquillado mi alma. He dicho: “Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías” y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. Siempre la verdad delante de Dios, siempre. Y esta verdad delante de Dios es la que hace espacio para que el Señor nos perdone; sin embargo, la hipocresía es exactamente lo contrario. aA principio esta gente sabe que es hipócrita, dice una cosa y no la hace: pero con la costumbre también ellos creen que son justos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de octubre de 2017).

EDD. viernes 12 de abril de 2019.

Hoy, viernes, 12 de abril de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/.
En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos, paz y bien.

Siempre me ha asombrado la autoridad que debía emanar de la persona de Jesús. Rodeado de enemigos, deseosos de matarlo, pero Él se escabulle. Qué respeto debía de imponer.

Es que, aunque a muchos les disgustara, la vida de Cristo confirma la obra de Dios, con su vida y con su Palabra. Con su actividad, se dividen los ánimos: se ofrece bastante luz para poder creer, pero también la suficiente oscuridad para justificar el rechazo de adhesión a Cristo. También el fragmento que hemos leído hoy concluye afirmando que “muchos creyeron en él”, pero no todos. Algunos se dejan convencer, mientras que otros se atrincheran en su postura. Estos últimos actúan de buena fe, porque desean “defender a su” Dios. Durante la última cena Jesús dirá a sus discípulos: “Llegará la hora en la que os quiten la vida pensando que dan culto a Dios”.
¿Acaso estas tendencias referentes a la fe no se encuentran, aunque sea en grado menor, en nuestro corazón?

Nuestra fe pasa con frecuencia por altibajos. Es como si la muchedumbre de la que habla Juan estuviera dentro de nosotros. Jesús con su ejemplo nos enseña cómo superar oscilaciones tan peligrosas dictadas por el sentimiento o por el estado de ánimo, o el escepticismo sutil que se respira en la mentalidad de nuestros días. La fe cristiana, para que arraigue en lo hondo de nuestro ser y permanezca firme, a pesar de los temporales de superficie, precisa fundarse sólidamente en la Sagrada Escritura, que llega en el Nuevo Testamento a su cumplimiento y plenitud. Frecuentar asiduamente la Palabra de Dios es fortalecer nuestra fe en esta Palabra que tiene rostro: el del Hijo igual al Padre.

Jesús fue fiel. Siempre. Se dedicó a la obra de Dios. Porque supo apoyarse en los soportes adecuados. Tú también tienes esos soportes: oración, sacramentos, Palabra de Dios. Se está terminando la Cuaresma. Lucha hasta el último segundo. Las fuerzas te las da el mismo Jesús, que te dejó su Espíritu.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 14 de abril de 2019.

A todos deseo que tengan una buena Semana Santa, con mucho provecho espiritual.

DOMINGO DE RAMOS. AÑO C.

Lucas 19, 28-40: Solemne entrada de Jesús: entra triunfalmente como Rey pacífico, como Mesías que viene a gobernar.

Isaías 50,4-7: Se presenta al Servidor del Señor dócil, dispuesto siempre a cumplir la Voluntad del Señor.

 Filipenses: Himno que canta el Misterio de Cristo: siendo Dios se despoja de todo y se pone al servicio de todos. Por eso Él es el exaltado, es el Señor.

Lucas 23,1-56: Parte de la Pasión del Señor. Se podría destacar:

. Él es acusado de dos delitos: uno religioso, llamarse Hijo de Dios; otro político: Rey de Israel.

. Se reconoce su inocencia, pero es torturado y humillado.

. Simón de Cirene: imagen del discípulo que carga su propia cruz.

. Es reconocido como el Justo.

1.- Iniciamos esta Semana que es Santa porque es diferente a las otras semanas del año. Diferente porque queremos no sólo recordar sentimentalmente lo que el Señor realizó, sino queremos actualizarlo, vivirlo hoy. Con Él entramos a vivir el Misterio central de nuestra fe: la Pascua.

Al iniciar esta liturgia hoy hemos escuchado a san Lucas. En este texto leemos: “El Señor lo necesita”. ¿Qué necesita? ¿Y por qué necesita?  Necesita un asno, pero no cualquiera, sino uno separado del uso profano, Él lo necesita porque viene como Mesías de su Pueblo, Él es quien ata su asno a la vid (cfr. Génesis 49,11). Lo necesita para dar cumplimiento a lo que su Padre quiere. Porque Jesús “se hizo obediente hasta la muerte”. Porque la razón de ser de su vida fue siempre cumplir con el Plan de Dios. Su obediencia nos salva a nosotros que por naturaleza somos desobedientes. La obediencia abarca toda la vida de Jesús. Por eso “el Señor lo necesita”. Es todo un gesto mesiánico.

2.- Por esta razón la liturgia lo identifica con ese Servidor fiel y dócil que es ultrajado, menospreciado.

A Jesús lo acusan por una verdad, pero también por una mentira. Lo acusan por una verdad: es cierto, Él es el Hijo de Dios, así lo proclamó ante las autoridades religiosas. Lo acusan por una mentira: que Él es el Rey-Mesías. No. Pero esta calumnia se transforma en verdad, ya que Él es el Rey-Mesías, pero como Dios quiere, no a la manera de los hombres. Y esto es motivo suficiente para rechazarlo, insultarlo, matarlo.

Hoy la Iglesia proclama el mensaje según san Lucas. Y san Lucas quiere presentarnos a Jesús como Salvador de todos, especialmente para los pobres y pecadores. Por eso está colocado entre dos malhechores, pero es reconocido como Salvador.

3.- Hoy el mundo, como siempre, le da la espalda a Dios. Jesús vivió obedeciendo, el mundo vive desobedeciendo, rechazando, condenando.

Lo que vamos a celebrar esta semana debe, en primer lugar, hacernos reflexionar, pero también motivarnos para entrar con Él en la Pascua, morir y resucitar con Él.

No es esta una semana sólo de ritos y ceremonias. Tampoco es la semana del turismo. No. Es una ocasión para profundizar en nuestra fe y así llegar a la Noche de Pascua para resucitar con Él.

Seamos como el Cireneo, quien nos indica cómo seguir al Señor, cargando la propia cruz. No bastan los lamentos y lágrimas por la Pasión. Él quiere que lloremos nuestros pecados y con Él seamos “leño verde”, rectos ante Dios y los hombres.

                                              Hermano Pastor Salvo Beas.

“Perdona nuestras ofensas”- Catequesis del Papa en la Audiencia general

La soberbia, actitud peligrosa

abril 10, 2019 14:51RedacciónAudiencia General

(ZENIT – 10 abril 2019).- En la Audiencia general de este miércoles 10 de abril de 2019, celebrada en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco ha dedicado la catequesis a la petición del Padre Nuestro que dice: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! No hace buen día, pero ¡buenos días, lo mismo!

Después de pedir a Dios el pan de cada día, la oración del “Padre Nuestro” entra en el campo de nuestras relaciones con los demás. Jesús nos enseña a pedirle al Padre: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12). Lo mismo que necesitamos el pan, así necesitamos el perdón. Y esto cada día.

El cristiano que reza pide a Dios ante todo que le perdone sus ofensas, es decir, sus pecados, el mal que hace. Esta es la primera verdad de cada oración: aunque fuéramos personas perfectas, aunque fuéramos  santos cristalinos que no se desvían nunca de una vida de bien, somos siempre hijos que le deben  todo al Padre. La actitud más peligrosa de toda vida cristiana ¿cuál es? Es la soberbia. Es la actitud de quien se coloca ante Dios pensando que siempre tiene las cuentas en orden con Él: el soberbio cree que hace todo bien. Como ese fariseo de la parábola, que en el templo cree que está rezando pero que, en realidad, se elogia ante Dios “Te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás”. Es la gente que se siente perfecta, la gente que critica a los demás, es gente soberbia. Ninguno de nosotros es perfecto, ninguno. Por el contrario, el publicano, que estaba detrás, en el templo, un pecador despreciado por todos, se detiene en el umbral del templo y no se siente digno de entrar y se confía a la misericordia de Dios. Y Jesús comenta: “Este, a diferencia del otro, regresó a su casa justificado” (Pc 18, 14), o sea, perdonado, salvado. ¿Por qué? Porque no era soberbio, porque reconocía sus limitaciones y sus pecados.

Hay pecados que se ven y pecados que no se ven. Hay pecados flagrantes que hacen ruido, pero también hay pecados tortuosos, que se anidan en el corazón sin que nos demos cuenta. El peor es la soberbia que también puede contagiar a las personas que viven una vida religiosa intensa.  Había una vez un convento de monjas, en el año 1600- 1700, famoso, en la época del jansenismo: eran perfectísimas y se decía de ellas que eran purísimas, como los ángeles, pero soberbias como los demonios. Es algo muy feo.  El pecado divide  la fraternidad,  el  pecado nos hace suponer que somos mejores que los demás, el pecado nos hace creer que somos similares a Dios.

Y, en cambio, ante  Dios, todos somos pecadores, y tenemos razones para darnos golpes de pecho -¡todos!- como el publican en el templo. San Juan, en su Primera Carta, escribe: “Si decimos no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros” (1 Jon 1: 8). Si quieres engañarte, di que no tienes pecados: así te engañas.

Somos deudores  sobre todo porque en esta vida hemos recibido mucho: la existencia, un padre y una madre, la amistad, las maravillas de la creación … Incluso si a todos nos toca pasar días difíciles, siempre debemos recordar que la vida es una gracia, es el milagro que Dios ha sacado de la nada.

En segundo lugar, somos deudores  porque, aunque consigamos amar,  ninguno de nosotros puede hacerlo solamente con sus propias fuerzas.  El amor verdadero es cuando podemos amar, pero con la gracia de Dios. Ninguno de nosotros brilla con luz propia. Es lo que los antiguos teólogos llamaban  un “mysterium lunae” no solo en la identidad de la Iglesia, sino también en la historia de cada uno de nosotros.  ¿Qué significa este mysterium lunae“?  Que es como la luna, que no tiene luz propia: refleja la luz del sol. Tampoco nosotros tenemos luz propia: nuestra luz es un reflejo de la gracia de Dios, de la luz de Dios. Si amas es porque alguien, que no eras tú, te sonrió cuando eras un niño, enseñándote a responder con una sonrisa. Si amas es porque alguien a tu lado te despertó al amor, haciendo que entendieras que en él reside el sentido de la existencia.

Tratemos de escuchar la historia de una persona que ha cometido un error: un prisionero, un convicto, un drogadicto… conocemos a tanta gente que se equivoca en la vida. Sin perjuicio de la responsabilidad, que siempre es personal, a veces te preguntas a quién se debe culpar por sus errores, si sea solamente su conciencia, o la historia de odio y abandono que algunos llevan tras de sí.

Y este es el misterio de la luna: amamos, ante todo,  porque hemos sido amados, perdonamos porque hemos sido perdonados. Y si alguien no ha sido iluminado por la luz solar, se vuelve tan frío como la tierra en invierno.

¿Cómo podemos dejar de reconocer, en la cadena de amor que nos precede también la presencia providente del amor de Dios? Ninguno de nosotros ama tanto a Dios como Él nos ha amado. Basta ponerse ante un crucifijo para comprender la desproporción: Él nos ha amado y nos ama siempre a nosotros primero.

Recemos, pues: Señor, incluso el más santo de nosotros no deja de ser deudor tuyo. Oh Padre, ¡ten piedad de todos nosotros!

Al final de la catequesis el Papa ha saludado, entre otros, a los peregrinos de lengua española provenientes de España y de América Latina. “Acercándonos cada vez más a las fiestas de Pascua, -ha dicho- los animo a no dejar de mirar a Cristo en la cruz, para que su amor purifique todas nuestras vidas y nos libre del orgullo de pensar que somos autosuficientes. Que la gracia de la resurrección de Cristo transforme totalmente nuestra vida. ¡Qué Dios los bendiga!

© Librería Editorial Vaticano abril 10, 2019 14:51Audiencia General

Fuente : https://es.zenit.org/articles/perdona-nuestras-ofensas-catequesis-del-papa-en-la-audiencia-general/

Comentario al evangelio de hoy jueves 11 de abril de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 8, 51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre».

Los judíos le dijeron: «Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?».

Contestó Jesús: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello».

Los judíos le replicaron: No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?». Les respondió Jesús: «Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, yo soy».

Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Cuántas cosas, a lo largo de nuestra vida, vamos conservando porque tiene un valor especial y particular que no queremos perder y olvidar? Guardamos en nuestro corazón experiencias, momentos de encuentro, enseñanzas, una palabra o una mirada. También si abrimos nuestros escritorios o armarios, vemos que guardamos muchas cosas porque también en ellas encontramos algún valor, un gusto particular o porque tienen un significado de gran importancia.

En el Evangelio de este día, lo primero que leemos es la invitación que nos hace el Señor de guardar su palabra. ¿Qué significa esta invitación? Es una invitación que el Señor realiza deseando que descubramos en su palabra una riqueza y profundidad únicas para nuestra vida. Porque es su palabra la que orienta, alimenta, fortalece, sostiene, sana y da sentido a nuestra existencia, a nuestra realidad, en nuestra vida personal, familiar, académica o profesional. Su palabra es amor, porque nos comunica aquello que el Padre, que tanto ama a su Hijo, y a nosotros sus hijos, le dice en ese encuentro personal de su oración. Su palabra atrae, cautiva, consuela y anima. En su palabra no solo encontramos riqueza sino también vida. Por lo tanto, no solo se trata de escuchar su palabra y guardarla, sino de hacerla vida y trasmitirla.

Que nuestra oración, a ejemplo de nuestra Madre María, sea el momento privilegiado en el que escuchamos y experimentamos la grandeza de su palabra, guardándola en nuestro corazón, y que sea su palabra lo único que valga la pena conservar, porque su palabra es eterna. Abracemos su palabra, custodiémosla y que ella sea la fuente de felicidad.

«El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, “desvelar la realidad”, como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, “no escondido”). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, “verdadero”, es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: “Yo soy la verdad”. El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: “La verdad os hará libres”.» 
(Mensaje de S.S. Francisco, para la 52 jornada mundial de comunicación.).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72638/la-fuente-de-nuestra-felicidad.html#modal

EDD. jueves 11 de abril de 2019.

Hoy, jueves, 11 de abril de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente

V/. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos, paz y bien.

La liturgia de hoy nos presenta un texto del libro del Génesis, relacionado con el Evangelio. Se nos habla de Abrahán. Abrahán es modelo del creyente porque su fe está vivificada por la caridad y por la humildad. Cuando acoge hospitalariamente a los misteriosos personajes (el mismo Dios) en el encinar de Mambré, por ejemplo, su “regateo” con Dios intercediendo a favor de las ciudades que estaban llenas de pecadores, el ponerse en segundo plano ante su sobrino Lot, dejándole elegir primero, dándole la tierra más fértil….

Lo que hoy escuchamos en las lecturas expresa especialmente su disposición interior, manifestada en el gesto de postrarse en adoración al recibir la “promesa” de convertirse en bendición para todos los pueblos. Apoyándose humildemente en la Palabra de Dios a pesar de que todo parecía imposible, Abrahán creyó que llegaría a ser fecundo. 

La fe es una lucha por la vida. Jesús es el verdadero descendiente de Abrahán, porque en el combate entre la muerte y la vida, su fe abre a todos una esperanza inesperada. En el muro de la angustia que nos oprime, Jesús abre una brecha para que pueda irrumpir la vida, y es que él es la vida: “Antes que naciese Abrahán, yo soy”.

Pero Jesús sigue teniendo problemas con sus contemporáneos. Cogen piedras para arrojárselas. No querían cambiar. Incluso ante un personaje que les ofrece la vida eterna, gracias a la fe. Jesús se revela como el Hijo de Dios, por eso osa decirles a los judíos que él es anterior a Abraham.

Reconocer a Jesús como el Señor, como el Hijo de Dios, es una de las cosas que tenemos que pedirle al Espíritu de Dios que nos regale en esta Cuaresma. Mientras no reconozcamos a Jesús como el Señor, los cambios en nuestra vida no serán profundos. Seremos como los que oían a Cristo y cogían piedras para tirárselas. Nos hace mucha falta. Para ir hasta el final.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F. 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 10 de abril de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en Él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres?”.

Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.

Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.

Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por Él”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El creer no sólo depende de una conversión inicial, sino que es la constante aceptación de aquello que Cristo nos propone día tras día. Muchos son los que comienzan a creer cuando escuchan lo que quieren escuchar, pero son pocos los que siguen escuchando al entender que exige una respuesta personal. Cuando uno empieza a vivir la fe, se vive de la primera emoción, pero con el tiempo se irá purificando para que permanezca sólo aquello que es verdaderamente auténtico.

Creer es un constante aceptar. Aceptar cambios, cambios difíciles, pero necesarios. Aceptar lo que soy y aceptar lo que debo ser. Porque puede que creamos en Cristo, pero siempre habrá aspectos, pensamientos, actitudes que nos hacen esclavos. En el momento en el que Él los señala puede haber dos respuestas de nuestra parte: O aceptamos o ignoramos.

Si aceptamos nuestra fe, ésta se irá purificando constantemente para eliminar todo lo que, una y otra vez, nos vuelve esclavos. Por eso el creer no se reduce a simples palabras, sino que es también una actitud que refleja nuestro deseo de querer amar, creer, confiar… libremente.

Esto es en una respuesta sobrenatural que nos libera de la preocupación temporal, va más allá de la realidad humana y se llega a dar un sentido que sobrepasa toda vacilación.

Dios se nos ha entregado libremente y añora que hagamos lo mismo libremente.

«Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo y enfermas en el cuerpo. A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.»
(Mensaje de S.S. Francisco, XXVI Jornada mundial del enfermo, 2018).

EDD. miércoles 10 de abril de 2019

Primera lectura

Lectura de la profecIa de Daniel (3,14-20.91-92.95):

EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».
Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:
«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».
Le respondieron:
«Así es, majestad».
Preguntó:
«Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».
Nabucodonosor, entonces, dijo:
«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».

Palabra de Dios

Salmo

Dn 3,52.53.54.55.56

R/. A ti gloria y alabanza por los siglos

V/. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito tu nombre, santo y glorioso. R/.

V/. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.

V/. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

V/. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas
los abismos. R/.

V/. Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos amigos, paz y bien.

Cuando vivimos como tenemos que vivir, o sea, como Dios quiere, se experimenta la libertad cristiana. ¿Eso hace la vida más fácil? No lo creo. Al contrario, a veces se nos complica. Aparecen exigencias hasta entonces insospechadas, basadas en el amor, que crean nuevos vínculos, pero no esclavizan, sino más bien dilatan el corazón para andar por el camino de los divinos mandamientos.

Nos llamamos cristianos, como los judíos se vanagloriaban de ser hijos de Abrahán, por ser fieles a ciertas observancias. Pero esto no basta para hacer de nosotros hijos de Dios, hijos de la Iglesia. Ser hijos significa ante todo ser libres. Todos queremos ser libres. Y sólo Jesús, el Hijo de Dios, el libertador, nos revela lo que es la verdadera libertad: una total renuncia a sí mismos para afirmar al Otro, a los otros.

Y, a pesar de que queremos ser libres, sufrimos por causa del pecado. Que nos pone en el polo opuesto: todo lo refiere a uno mismo y a poner el propio yo como centro del universo. Ésta es la esclavitud de la que nos habla Jesús. Se puede ser esclavo y querer seguir siéndolo, aunque estés siempre repitiendo las palabras libertad y liberación.

Es que no podemos liberarnos solos, sino que es preciso ser liberados. Esto acontece cuando abrimos el corazón a la Palabra –presencia de Cristo en nosotros– y a su poder salvador. Él puede convertirnos apartándonos de la idolatría y de nosotros mismos para guiarnos a la libertad del amor.

Todos queremos ser libres. La fidelidad a la Palabra de Jesús es lo que da la certeza de estar en el camino discipular, en el camino verdadero. La verdad es la única realidad que genera, en la historia de la humanidad y en la persona en concreto, la libertad. Es necesario ser libre para tener una relación personal con el Padre de Jesús. Dios no hace pacto con esclavos. Dios necesita de personas libres. Tú, ¿quieres ser libre? Escucha a Jesús, y sé fiel. Ábrete a la revelación de Dios. Conocerás la Verdad, y te hará libre.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 09 de abril de 2019

Del santo Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’?”. Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.

Los judíos le preguntaron: “Entonces, ¿quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo he oído decir a él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no haga nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de hoy Jesús nos anticipa cómo hemos de descubrir su omnipotencia, su realeza, viéndolo elevado, pero en la cruz. Es en el patíbulo donde ha de reinar, donde ha de cumplir la voluntad del Padre. Hoy puede ser un día para contemplar la cruz. Leemos en la primera lectura a Moisés hacer una serpiente y elevándola para quien la viere quedase sanado, y ahora es Cristo quien es elevado en la cruz, y desde allí, quien crea en Él quedará sanado.

«El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo». ¿Cuántas veces nos sentimos solos? Pensemos en las veces que creemos estar solos en medio de las dificultades, pero en realidad Dios nos acompaña, está sentado a nuestro lado y nos consuela. Pero también nos corresponde a nosotros, como buenos cristianos, como hijos amados del Padre, que seamos misioneros de ese amor, que seamos sembradores de paz y alegría, que seamos discípulos misioneros en medio de nuestra familia y en la sociedad.

«Porque yo hago siempre lo que le agrada.», ¿Buscamos agradar a Dios? Nuestra vida ordinaria, nuestras ocupaciones de cada día, son el momento preciso para agradar al que nos amó primero. Busquemos ofrecer cada día, esas cosas que pueden parecer insignificante para el ojo del hombre, pero que, para Dios, si son hechas de cara a Él y con el propósito de ser santos e hijos en el Hijo, estemos seguros de que serán ofrenda agradable.

«La clave de nuestra salvación, la clave de nuestra paciencia en el camino de la vida, la clave para superar nuestros desiertos: mirar el crucifijo. Mirar a Cristo crucificado. ¿Qué debo hacer, padre? Míralo. Mira las llagas. Entra en las llagas. Por esas llagas nosotros hemos sido sanados. ¿Te sientes envenenado, te sientes triste, sientes que tu vida no va, está llena de dificultades y también de enfermedad? Mira ahí. En silencio. Mira. Pero mira, en esos momentos mira el crucifijo feo, es decir el real: porque los artistas han hecho crucifijos bonitos, artísticos, también algunos son de oro, de piedras preciosas. No siempre es mundano: eso quiere significar la gloria de la cruz, la gloria de la resurrección. Pero cuando tú te sientes así, mira esto: antes de la gloria.»
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de marzo de 2018, en santa Marta).

 

 

Fuente  :  http://es.catholic.net/op/articulos/72633/cuando-levanteis-hijo-hombre-sabreis-que-yo-soy-juan-8-21-30.html#modal