Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 02 de junio de 2019

Paz y Bien a todos en esta hermosa fiesta de la Ascensión.

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hechos 1,1-11: Inicio del Libro de los Hechos de los Apóstoles. La Ascensión significa la culminación de todo el ministerio de Cristo. Significa también el inicio del ministerio de la Iglesia. Significa el retorno glorioso de Jesús al Padre, su glorificación definitiva.

Efesios 1,17-23: San Pablo nos dice que la grandeza del poder de Dios ha actuado en nosotros. Es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo al resucitarlo, sentarlo a su derecha, darle la plenitud del poder y constituirlo Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo.

Lucas 24,46-53: Jesús al despedirse promete a sus discípulos el don del Espíritu Santo. Constituye a sus discípulos en testigos suyos, para que sigan su propia misión.

1.- Celebrar la Ascensión del Señor es contemplar la grandeza del poder de Dios que ha actuado. Porque esa es la gran verdad, Dios ha actuado.

Ha actuado en Cristo al glorificarlo y constituirlo Señor de todo.

Ha actuado en Cristo llevando todo a su plenitud por medio de su Iglesia, que Él mismo se formó. Así como antes del Adán dormido formó el cuerpo de la mujer, así también de Cristo, muerto y resucitado, formó el Cuerpo de la Iglesia, “carne de su carne y hueso de sus huesos”, y le infundió su Espíritu para que tenga vida en plenitud.

Ha actuado en nosotros, porque, en Cristo, Él nos colmó de bendiciones y nos transformó gratuitamente llamándonos a nueva vida.

Hoy contemplamos el triunfo del Señor, que vuelve glorioso a su Padre que ha actuado.

Y con este poder grandioso la Iglesia es enviada para ser la presencia real de Cristo en el mundo de hoy. Sin este poder de Dios es imposible que la Iglesia pueda cumplir su misión.

2.- Sí, porque la Ascensión es la culminación de un ministerio, el de Cristo, y el inicio del ministerio de la Iglesia, que no es otro que el de Cristo. Por eso le promete la asistencia del Espíritu Santo.

Contemplar no significa evadirse, volarse, sino empaparse del Misterio de Cristo para trasmitirlo a los demás. Por eso se dice. “Serán mis testigos”. Testigo puede ser solamente el que ha tenido una experiencia. Yo puedo ser testigo de un accidente, de un incendio solamente porque lo he experimentado. Se es testigo de Cristo cuando se ha tenido una experiencia de Él.

Los Apóstoles estaban arrobados mirando al cielo. Pero se les dice que deben anunciar al Señor. Anunciarlo por todas partes comenzando por Jerusalén. Y su mensaje no es otro que ser testigos del Reino de Dios inaugurado por Cristo.

3.- El Papa san Paulo VI escribió en la “Evangelii Nuntiandi”: «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio. San Pedro lo expresaba bien cuando exhortaba a una vida pura y respetuosa, para que si alguno se muestra rebelde a la palabra, sea ganado por la conducta. Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad.” (E.N. 41).  Seremos testigos si tenemos experiencia de Cristo, si en verdad estamos empapados de Cristo.

La crisis del cristianismo es crisis de contemplación, de una vida centrada en Cristo, concentrada en el misterio y vivencia del Reino, pero descentrada, es decir, no mirándose a sí misma, sino volcada hacia la realidad del mundo.

En Chile la credibilidad de la Iglesia alcanza un 8% solamente. Otras instituciones son más creíbles. Razón tenía el Papa Paulo VI. El empeño nuestro no es ser más creíbles, sino más de Cristo. La sociedad no nos quiere ni cree porque somos falsos. Pero igual no nos querrá, aunque seamos auténticos testigos.

4.- Pero no estamos solos. No olvidemos que la Iglesia es el Cuerpo verdadero de Cristo, cuya Cabeza es Él. Hemos de estar vitalmente unidos a Cristo. Y aquí en la Eucaristía somos vivificados. De aquí salimos con “Olor a Cristo”, contagiadores de Cristo, para poder testimoniarlo en todas partes. Sólo así hacemos realidad lo que dice el salmo: “El Señor reina sobre la naciones, el Señor se sienta en su trono sagrado”.

                                  Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 31 de mayo de 2019.

Viernes de la sexta semana de Pascua
Visitación de la Virgen María
Fiesta 
Color: blanco

Dentro de los tres meses que separan la Anunciación del Señor del nacimiento de Juan Bautista, se celebra la Visitación: fiesta del encuentro de María y de Isabel, pero, sobre todo, del misterioso encuentro de dos seres a través de las dos madres, portadoras una del Mesías, y la otra del Precursor. Es una fiesta llena de la alegría del Magnificat.

Antífona de entrada Cf. Sal 65, 16

Vengan a y escuchen los que temen al Señor, yo les contaré lo que el Señor hizo por mí.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a Isabel, concédenos que, dóciles al Espíritu Santo, podamos proclamar siempre con ella tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti.

Lectura de la profeta de Sofonías 3, 14-18.

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal.

Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! Él exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el Oprobio.

SALMO RESPONSORIAL   Is 12, 2. 3. 4b-6.

R/. ¡Es grande en medio de ti el Santo de Israel!!

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; Él fue mi salvación.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc. 1, 45.

Aleluya. Feliz de ti, Virgen María, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. Aleluya.

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces:

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Fuente  : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-05-31

REFLEXIÓN :

• Hoy, fiesta de la visitación de Nuestra Señora, el evangelio habla de la visita de María a su prima Isabel. Cuando Lucas habla de María, él piensa en las comunidades de su tiempo que vivían dispersas por las ciudades del Imperio Romano y les ofrece en María un modelo de cómo deben relacionarse con la Palabra de Dios. Una vez, al oír hablar a Jesús, una mujer exclamó: «Feliz la que te dio a luz y felices los pechos que te amamantaron”. Elogió a la madre de Jesús. Inmediatamente, Jesús respondió: «¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!» (Lc 11,27-28). María es el modelo de comunidad fiel que sabe escuchar y practicar la Palabra de Dios. Al describir la visita de María a Isabel, enseña qué deben hacer las comunidades para transformar la visita de Dios en servicio a los hermanos y a las hermanas.

• El episodio de la visita de María a Isabel muestra otro aspecto bien típico de Lucas. Todas las palabras y actitudes, sobre todo el cántico de María, forman una gran celebración de alabanza. Parece la descripción de una solemne liturgia. Así, Lucas evoca el ambiente litúrgico y celebrativo, en el cual Jesús fue formado y en el cual las comunidades tenían que vivir su fe.

• Lucas 1,39-40: María sale para visitar a Isabel. Lucas acentúa la prontitud de María en atender las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le habló de que María estaba embarazada e, inmediatamente, María se levanta para verificar lo que el ángel le había anunciado, y sale de casa para ir a ayudar a una persona necesitada. De Nazaret hasta las montañas de Judá son ¡más de 100 kilómetros! No había bus ni tren.

• Lucas 1,41-44: Saludo de Isabel. Isabel representa el Antiguo Testamento que termina. María, el Nuevo que empieza. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y completar toda la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar al niño en el seno de Isabel. La Buena Nueva de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres de casa visitándose para ayudarse. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: es aquí donde Lucas quiere que las comunidades (y nosotros todos) perciban y descubran la presencia del Reino. Las palabras de Isabel, hasta hoy, forman parte del salmo más conocido y más rezado en todo el mundo, que es el Ave María.

• Lucas 1,45: El elogio que Isabel hace a María«Feliz la que ha creído que se cumplieran las cosas que le fueron dicha de parte del Señor». Es el recado de Lucas a las Comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues tiene la fuerza de realizar aquello que ella nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de una virgen, en el seno del pueblo pobre y abandonado que la acoge con fe.

• Lucas 1,46-56: El cántico de María. Muy probablemente, este cántico, ya era conocido y cantado en las Comunidades. Enseña cómo se debe cantar y rezar. Lucas 1,46-50: María empieza proclamando la mutación que ha acontecido en su propia vida bajo la mirada amorosa de Dios, lleno de misericordia. Por esto canta feliz: «Exulto de alegría en Dios, mi Salvador»Lucas 1,51-53: En seguida después, canta la fidelidad de Dios para con su pueblo y proclama el cambio que el brazo de Yavé estaba realizando a favor de los pobres y de los hambrientos. La expresión “brazo de Dios” recuerda la liberación del Éxodo. Esta es la fuerza salvadora de Dios que hace acontecer la mutación: dispersa a los orgullosos (1,51), destrona a los poderosos y eleva a los humildes (1,52), manda a los ricos con las manos vacías y llena de bienes a los hambrientos (1,53). Lucas 1,54-55: Al final recuerda que todo esto es expresión de la misericordia de Dios para con su pueblo y expresión de su fidelidad a las promesas hechas a Abrahán. La Buena Nueva viene no como recompensa por la observancia de la Ley, sino como expresión de la bondad y de la fidelidad de Dios a las promesas. Es lo que Pablo enseñaba en las cartas a los Gálatas y a los Romanos.
El segundo libro de Samuel cuenta la historia del Arca de la Alianza. David quiso colocarla en su casa, pero tuvo miedo y dijo: «¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Yavé?» (2 Sam 6,9) David mandó que el Arca fuera para la casa de Obed-Edom. «Y el Arca permaneció tres meses en casa de Obed-Edom, y Yavé bendijo a Obed-Edom y a toda su familia» (2 Sam 6,11). María, embarazada de Jesús, escomo el Arca de la Alianza que, en el Antiguo Testamento, visitaba las casas de las personas distribuyendo beneficios a las casas y a las personas. Va hacia la casa de Isabel y se queda allí tres meses. En cuanto entra en casa de Isabel, ella y toda la familia es bendecida por Dios. La comunidad debe ser como la Nueva Arca de la Alianza. Al visitar las casas de las personas tiene que traer beneficios y gracias de Dios para la gente.

Fuente  :  https://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-lucas-139-56

“Saber cómo esperar ‘los pasos’ de Dios” – Catequesis del Papa Francisco .

Oración perseverante y paciencia

(ZENIT – 29 mayo 2019).- “El Resucitado invita a sus seguidores a no vivir el presente con ansiedad, sino a hacer una alianza con el tiempo, a saber cómo esperar el desenlace de una historia sagrada que no se ha interrumpido sino que avanza, a saber cómo esperar los “pasos” de Dios, Señor del tiempo y del espacio”.

Con estas palabras, el Papa Francisco ha manifestado la necesidad de respetar los tiempos de Dios y de vivir el día a día sin temor a lo que ocurrirá.

Hoy, miércoles 29 de mayo de 2019, el Santo Padre ha iniciado una serie de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles. Se trata de un libro del Nuevo Testamento escrito por San Lucas que cuenta la difusión del Evangelio por medio de dos protagonistas: la Palabra de Dios y el Espíritu Santo.

La fuerza de la Palabra de Dios

Según Vatican News, el Pontífice apuntó al Salmo (147.4) que expone que “Dios ‘envía su mensaje’”. “La Palabra de Dios corre, es dinámica, riega todo el terreno en el que cae. ¿Y cuál es su fuerza?”, preguntó.

San Lucas describe que la palabra humana se hace efectiva gracias al Espíritu Santo, no a la retórica. El Espíritu, explicó el Papa, es el “dýnamis de Dios, su fuerza, que tiene el poder de purificar la palabra, para que sea portadora de la vida”.

Dinamita

Francisco añadió que “cuando el Espíritu visita la palabra humana, se vuelve dinámico, como ‘dinamita’, que es capaz de encender corazones y hacer estallar patrones, resistencias y muros de división, abriendo nuevos caminos y expandiendo los límites del pueblo de Dios”.

El Bautismo en el Espíritu

El Santo Padre hizo referencia a que, después de que el Evangelio concluya con la resurrección y ascensión de Jesús, el libro de los Hechos de los Apóstoles relata “la sobreabundancia de la vida del Resucitado en la Iglesia”.

El Bautismo en el Espíritu Santo, describió el Pontífice, “es la experiencia que nos permite entrar en una comunión personal con Dios y participar en su voluntad salvífica universal, adquiriendo el don de la parresia, es decir, la capacidad de pronunciar una palabra ‘como hijos de Dios’”.

Entrar en el don de Dios

Francisco reveló que no hay que luchar para ganar o merecer dicho don de Dios “todo se da gratis y a su debido tiempo”. No debemos sufrir la ansiedad de saber cuándo sucederá esto porque el mismo Jesús explicó que es algo que no nos corresponde determinar y que solo el Señor decidirá el momento.

Oración perseverante y paciencia

Tal y como hicieron los apóstoles, para lograr dicha fuerza del Espíritu solo conviene esperar y rezar con perseverancia, pues es “a través de la oración que uno supera la soledad, la tentación, la sospecha y abre su corazón a la comunión”.

Así, finalmente, el Obispo de Roma pidió a Dios “paciencia para esperar sus pasos, para no ‘fabricarnos’ su obra y permanecer dóciles orando, invocando al Espíritu y cultivando el arte de la comunión eclesial”. mayo 29, 2019 17:21 Audiencia General

Fuente : https://es.zenit.org/articles/saber-como-esperar-los-pasos-de-dios-catequesis-del-santo-padre/

Comentario al evangelio de hoy jueves 30 de mayo de 2019

Del santo Evangelio según san Juan 16, 16-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Dentro de poco tiempo ya no me verán; y dentro de otro poco me volverán a ver”. Algunos de sus discípulos se preguntaban unos a otros: “¿Qué querrá decir con eso de que: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver’, y con eso de que: ‘Me voy al Padre’?” Y se decían: “¿Qué significa ese ‘un poco’? No entendemos lo que quiere decir”.

Jesús comprendió que querían preguntarle algo y les dijo: “Están confundidos porque les he dicho: ‘Dentro de poco tiempo ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver’. Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio de hoy nos presenta esta «pre-despedida» del Señor a sus apóstoles, y quiero que nos detengamos en una frase que dice Jesús: «… pero vuestra tristeza se convertirá en alegría». Dentro de dos o tres días estaremos celebrando la solemnidad de la Ascensión de nuestro Señor a los cielos, y metiéndonos en los zapatos o, mejor dicho, en las sandalias de los apóstoles, después de todo lo que habían vivido: la pasión del Maestro, su muerte, la muerte de Judas, el miedo que tenían porque los estaban buscando; terminado todo esto, parece que ya nada tiene sentido. Es entonces cuando el Señor se les aparece en algunos momentos y recobran la alegría que al perecer se había ido con el Maestro. Y no quieren que Él nuevamente se vaya, no quieren perder la alegría que tienen al verlo, pero Jesús tiene que subir a los cielos para reinar desde allá. Y es desde allí, precisamente, de donde nos enviará el Espíritu Santo para que nuestra «tristeza se convierta en alegría». Nosotros somos templos del Paráclito, (Cf. 1 Cor 1,16), pero ¿qué tanto lo creemos? «Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré» (Jn 16,7).

Dentro de muy poco conmemoraremos Pentecostés; preparémonos para recibir al Espíritu Santo. Él vendrá y se posará sobre cada uno de nosotros, para que toda tristeza se convierta en alegría. Pidamos a la Virgen María, ella que es la esposa del Paráclito, que nos ayude a tener nuestro corazón lo menos indigno posible para recibir al artífice de nuestra santidad.

Pentecostés… Alegría de recibir el Espíritu Santo.

«En este día les digo: por favor mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Y si ustedes mantienen viva esa alegría con Jesús, nadie se la puede quitar, ¡nadie! Pero por las dudas, les aconsejo: No se la dejen robar, cuiden la alegría que unifica todo ?¿En qué?? en el saberse amados por el Señor. Porque, como habíamos dicho al principio: Dios nos ama… ?¿Cómo era?– [Repiten: «Dios nos ama con amor de Padre»], Dios nos ama con corazón de Padre. Otra vez… [Repiten: «Dios nos ama con corazón de Padre»]. Y este es el principio de la alegría. El fuego del amor de Jesús hace desbordante este gozo, y es suficiente para incendiar el mundo entero. ¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que ustedes se propongan! ¡No le tengan miedo al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!»
(Saludo de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72826/su-tristeza-se-convertira-en-alegria.html#modal

EDD: jueves 30 de mayo de 2019

Hoy, jueves, 30 de mayo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,1-8):

EN aquellos días, Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí encontró a un tal Áquila, judío natural del Ponto, y a su mujer, Priscila; habían llegado hacía poco de Italia, porque Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma.
Se juntó con ellos y, como ejercía el mismo oficio, se quedó a vivir y trabajar en su casa; eran tejedores de lona para tiendas de campaña. Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos. Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó enteramente a predicar, dando testimonio ante los judíos de que Jesús es el Mesías,
Como ellos se oponían y respondían con blasfemias, Pablo sacudió sus vestidos y les dijo:
«Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza. Yo soy inocente y desde ahora me voy con los gentiles».
Se marchó de allí y se fue a casa de un cierto Ticio Justo, que adoraba a Dios y cuya casa estaba al lado de la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios, al escuchar a Pablo, creían y se bautizaban.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1-2ab.2cd-3ab.3cd-4

R/.
El Señor revela a las naciones su victoria

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,16-20):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver».
Comentaron entonces algunos discípulos:
«¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?».
Y se preguntaban:
«¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice».
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:
«¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver”? En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos:

Os animo hermanos a la leer con atención  y reflexionar la palabra de Dios que tienen en sus manos. Es el mejor alimento diario de nuestra fe, si queremos seguir a Jesús. 
Y lo primero que hay que hacer para tomar esta decisión de seguirle, es escuchar su llamada, tener el oído despierto. Sabemos bien que la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús, sino en creerle a él, a su persona y entregarle nuestro corazón.

Los apóstoles no siempre comprendían lo que Jesús les explicaba, pero confiaban en él, en su persona y estaban a su lado. “No entendemos lo que dice”, se lee en el evangelio de hoy. Y es que para entender a Jesús primero hay que quererle. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la alegría de quienes viven alimentándose de su Palabra  y dando gracias cada día de haberle conocido. Jesús es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro mejor Amigo que nunca falla. Él nos lleva de la mano hasta el Padre.

Jesús les anuncia que están llamados a dar a luz un mundo nuevo, basado en el amor y guiado por el Espíritu Santo. El dar a luz produce un sufrimiento, pero acaba en una alegría inmensa. Este momento está cercano, casi a la mano. Van a tener valor para enfrentar todas las dificultades que se presenten, porque Jesús está con ellos como el Padre ha estado siempre con Jesús.

Pero cuando falta el seguimiento de Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad cristiana, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, de costumbres, de palabras que no entendemos.

Es fácil entonces instalarnos en algunas prácticas religiosas, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que leemos cada día. Sólo seremos sus discípulos si le damos el abrazo de la fe.

Sucedió el 19 de agosto 2000 en Roma con ocasión de la XV Jornada Mundial de la Juventud ante dos millones de jóvenes reunidos en la Vigilia de oración con el Santo Padre. Massimiliano, nacido en Roma, dio su testimonio: “He nacido en una sociedad en la que todo se puede comprar y en la que tengo de todo. Tengo una familia unida, en casa no me falta de nada, tengo estudios en la Universidad, tengo asegurado mi puesto de trabajo. No he conocido ni la guerra ni las deportaciones ni el control de la libertad, como muchos de los jóvenes que están aquí. Me considero un joven privilegiado. Pero un día leyendo el Evangelio de Jesús encontré estás palabras que me impresionaron muchísimo –las que Jesús dijo al joven rico- :

“Todavía te falta una cosa…”  ¿A mí me faltaba algo todavía? Sí, era cierto: ME FALTABA EL AMOR A LOS POBRES… “

Hoy, en pleno siglo XXI, este joven ha sentido el llamamiento a dar lo que tenía a los pobres y a seguir a Cristo. En su encuentro con los pobres de Roma, este joven busca ahora vivir como Jesús, entregando su vida por los demás. Y continúa diciendo: “Procuro hacerme amigo de ellos: ellos ya conocen mi nombre y yo conozco el nombre de algunos de ellos. Y todo esto no lo hago yo solo, pues estoy con un grupo de amigos que tienen los mismos ideales que yo”.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 29 de mayo de 2019

Del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que diría lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. El me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

1. El Espíritu de la Verdad nos guiará hasta la verdad plena.
Cristo dice a sus discípulos que le quedan muchas cosas por decirles. ¿Cuáles son esas cosas que el Señor no nos ha dicho? ¿Por qué tenemos que esperar a que venga alguien más para poder conocerlas?

No nos asustemos, no se trata de cosas misteriosas y escatológicas, como el día del juicio final o algo parecido, no. La venida del Espíritu Santo es, sobre todo, la venida de un guía, un consejero. Dios mismo viene en nuestro auxilio para ayudarnos en esos momentos de indecisión en los que no sabemos cuál es la decisión más correcta. El Espíritu Santo nos guiará hasta la verdad plena puesto que Él nos mostrará la voluntad del Padre para nuestras vidas; ésta es la verdad que nos viene a comunicar, la verdad de vivir el día a día de cara a Dios, buscando ser sus hijos fieles.

2. ¿Cómo sé que la voz que escucho es la del Espíritu Santo y no otra?
Dios no se contradice. Las luces y consejos del Espíritu Santo están basadas en lo que Cristo ya nos ha dicho, basta leer el Evangelio y asegurarnos que aquello que creemos es una moción del Espíritu Santo, no contradiga lo que está escrito. «Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

Además, estas mociones vienen acompañadas por una sensación de seguridad, paz y confianza. Si algo nos perturba y nos hace sentir que no hemos tomado una buena decisión, seguro no viene de Dios.

«Los que son generados por Dios son capaces de vencer al mundo, en la lucha de todos los días contra el espíritu del mundo, que es «mentiroso», es un espíritu de apariencias, sin consistencia. El Espíritu de Dios es verdadero. El espíritu del mundo es el espíritu de la vanidad, de las cosas que no tienen fuerza, que no tienen fundamento y que caerán. Como los dulces que se ofrecen en Carnaval, las crepes – llamadas en dialecto «las mentiras»- no son consistentes, sino llenas de aire, así es el espíritu del mundo: lleno de aire y engaña porque es hijo del padre de la mentira.»
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de enero de 2019, en santa Marta).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72825/dios-permanece-siempre-con-nosotros.html#modal

EDD. miércoles 29 de mayo de 2019.

Hoy, miércoles, 29 de mayo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (17,15.22–18,1):

EN aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuánto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:
«Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”.
Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. “El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene”, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.
De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.
Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos».
Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
«De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos.
Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 148,1-2.11-12.13.14

R/.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos. R/.

Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los ancianos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,12-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos:

La primera lectura nos presenta al apóstol S. Pablo en la ciudad de Atenas. Hoy día es la capital de Grecia; en aquella época era la capital de los filósofos y los sabios. Por eso el apóstol comienza con una explicación del mensaje cristiano de acuerdo con lo que observa en aquella ciudad en la que se discutía de todas las últimas novedades que surgían en el mundo.

Pablo observa que en el lugar donde los sabios se reúnen, hay un altar dedicado al “dios desconocido”. Y tomando pie de alguien a quien no conocen, les habla de Jesús que ha resucitado y juzgará a la humanidad.

Lastimosamente, como dice el mismo apóstol S. Pablo: “Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron: «De esto te oiremos hablar en otra ocasión».

Pero “algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos”.

Es maravilloso ver cómo la palabra de Dios es una semilla que siempre, de una manera u otra, da un fruto en las personas. Y también sucede que cuando pensamos que todo ha sido un fracaso, aparecen sus frutos donde menos esperábamos.

El evangelio de Juan anuncia al Espíritu Santo defensor de los apóstoles. Jesús insiste en que será él quien lleve a los discípulos a descubrir todo el alcance de lo que les ha enseñado. No aportará revelaciones nuevas, sino que llevará a los discípulos a descubrir en profundidad todo lo que Jesús ha querido decir. El Espíritu Santo que mantiene unida a la comunidad le da también la fuerza y sabiduría para enfrentar las injusticias del mundo y los fracasos.

Bernardo, un sacerdote colombiano joven, fue enviado a África como misionero con tres Hermanas Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta. Era una región en la frontera entre Somalia y Tanzania totalmente de religión musulmana.  Al parecer aquellas gentes no tenían ningún interés en que unos extranjeros cristianos vivieran entre ellos. Por eso nadie les ofrecía hospedaje ni un terreno donde construir sus casitas.

Entonces decidieron instalarse en unos contenedores que habían conseguido transportar hasta allí, pero hacían tantísimo calor dentro de ellos, que apenas podían dormir por la noche.

El sacerdote, para ayudar a la gente pobre, recorría en bicicleta la región, pues no tenía dinero para comprar un coche o una moto. Las Hermanas recorrían a pie visitando las casas donde había personas enfermas para poder ayudarles.

Un día al regresar en la noche se encontraron con que les habían prendido fuego a los contenedores y todo lo que tenían se había quemado.

Bernardo se desesperó y cayendo de rodillas le dijo a Dios:

Señor, ¿por qué todo esto? Nosotros estamos aquí para servirles. Todos los días recorremos la región visitando a los enfermos, ayudando a los pobres. Y empezó a llorar. 
De lejos la gente miraba…

Al día siguiente sucedió el milagro. Dios tocó el corazón a familias buenas que veían lo que aquellos Misioneros hacían y les ofrecieron sus casas para vivir.
Incluso les ofrecieron terreno para construir sus casitas y huertas.

El misionero esparce la buena semilla, pero es Dios quien la hace crecer. Y el Padre del cielo nunca abandona a sus hijos.

Vuestro hermano en la fe
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 28 de mayo de 2019.

Hoy, martes, 28 de mayo de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (16,22-34):

EN aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.
A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pero Pablo lo llamó a gritos, diciendo:
«No te hagas daño alguno, que estamos todos aquí».
El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó fuera y les preguntó:
«Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
Le contestaron:
«Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».
Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa.
A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 137,1-2a.2bc.3.7c-8

R/.
Señor, tu derecha me salva

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,5-11):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos:

El libro de los Hechos de los Apóstoles narra cómo sufrieron los apóstoles y sus colaboradores para difundir la Palabra de Dios por el mundo. La lectura de hoy nos explica que después de golpear con varas a Pablo y Silas, los encerraron sin juicio alguno en la cárcel como si fueran los peores criminales. Lo sorprendente es que ellos no se desesperan y hasta cantan himnos en la oscuridad de la prisión.

¿Ha valido la pena tanto sacrificio? Por supuesto. Esa humillación, esos sufrimientos han preparado el terreno para que la semilla de la Palabra de Dios fructifique en la conversión del carcelero y su familia. Ellos y Lidia, la primera cristiana de Europa, formarán la comunidad cristiana de Filipos, dentro del territorio de la Grecia actual.

En el evangelio escuchamos la conversación que tuvo Jesús con sus discípulos. Veía que se entristecían cada vez que les hablaba de su partida. Y que tenía que regresar junto al Padre. También hoy nosotros nos sentimos abrumados cuando miramos tantas situaciones difíciles que tenemos que enfrentar y nos sentimos solos, como si el Señor nos hubiera dejado de su mano. No, no estamos solos. Jesús nos ha prometido la fuerza de lo alto, es decir al Espíritu Santo, que mora en el corazón de cada uno de nosotros. ¡Y sus promesas se cumplen!
¿Ha cambiado algo en la tierra con la entrada de Jesús en la gloria del Padre? Exteriormente, nada. La vida sigue igual: tiempo de sembrar y de cosechar, de comerciar, de construir casas, de viajar, de llorar y reír, todo como antes. Ni siquiera los Apóstoles han salido favorecidos a la hora de experimentar, como todas las demás personas, dramas y angustias. Sin embargo, algo increíblemente nuevo ha sucedido: todo parece lo mismo, pero es distinto el modo de verlo y de vivirlo. Porque el que tiene fe de verdad ve el mundo con ojos nuevos. Todo está impregnado de sentido, nada entristece, nada asusta. Nuestra fuerza no está en nosotros, sino en el Espíritu Santo que mora en nuestro corazón. La luz de la fe nos ayuda a descubrir más allá de las desgracias, la miseria y los errores humanos,  la mano del Señor que construye su reino.

El testimonio de los 51 Beatos Mártires Claretianos de Barbastro, en España, es una demostración de cómo la fuerza interior de la fe en Jesús resucitado es capaz de transformar un grupo de más de 40 jóvenes en Mártires. Es cierto que el martirio no se improvisa, y ellos se venían preparando desde hacía meses. Las semanas de cárcel las enfrentaron juntos apoyándose unos a otros. Pudieron incluso comulgar tomando la eucaristía escondida en el pan del desayuno. La película “Un Dios prohibido” narra con mucha fidelidad histórica los momentos de heroísmo de este grupo de seminaristas claretianos españoles fusilados en 1936.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

“No se trata solo de migrantes” – Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Se celebrará el 29 de septiembre

mayo 27, 2019 13:24Rosa Die AlcoleaJornadas Mundiales, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 27 mayo 2019).- En el contexto de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Papa Francisco anuncia que “No solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana”.

“Los migrantes –explica el Santo Padre–, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los ‘signos de los tiempos’”, advierte. “A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte”.

Así lo indica en el Mensaje para dicha Jornada Mundial, que se celebrará el próximo 29 de septiembre de 2019, sobre el tema: “No se trata solo de migrantes”, que ha sido presentado esta mañana, 27 de mayo de 2019, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

“Nuestros miedos”

En torno a la idea de que “no se tratan solo de migrantes”, el Santo Padre desarrolla 5 ideas principales en su mensaje: Habla de que la migración nos produce “miedo”, describe que hablar de migrantes, es hablar de la “caridad”. Así, apunta Francisco, que no solo se trata de migrantes, sino también de “nuestra humanidad”, “se trata de no excluir a nadie”, “se trata de poner a los últimos en primer lugar”, “se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas”, y “se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre”, explica el Pontífice.

En este sentido, Francisco expone que “el problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas”. Y alerta de que “el miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor”.

“No excluir a nadie”

También menciona que a través de las obras de caridad “mostramos nuestra fe”, y asegura que “la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias”.

“Se trata de no excluir a nadie”, continúa el Obispo de Roma: “El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos”, lamenta. “Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan”.

“¡Primero los últimos!”

Pero el Papa va aun más lejos. “No se trata solo de migrantes: se trata de poner a los últimos en primer lugar”, escribe en el Mensaje. “El verdadero lema del cristiano es ‘¡primero los últimos!’”.

Francisco aclara: “Jesucristo nos pide que no cedamos a la lógica del mundo, que justifica el abusar de los demás para lograr nuestro beneficio personal o el de nuestro grupo: ¡primero yo y luego los demás!”. Así, la exhortación del Papa es ésta: “En la lógica del Evangelio, los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio”.

Acoger, proteger, promover e integrar

En su mensaje para la Jornada Mundial que se celebrará el 29 de septiembre, el Pontífice recuerda cual es “respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas” en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar como ya lo hizo en el 6º congreso del Forum internacional “Migración y Paz”, celebrado en Roma en 2017.

Asimismo, señala que estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados, sino que “expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados”.

A continuación, ofrecemos el Mensaje completo del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019.

***

Mensaje del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas: 

La fe nos asegura que el Reino de Dios está ya misteriosamente presente en nuestra tierra (cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. Gaudium et spes, 39); sin embargo, debemos constatar con dolor que también hoy encuentra obstáculos y fuerzas contrarias. Conflictos violentos y auténticas guerras no cesan de lacerar la humanidad; injusticias y discriminaciones se suceden; es difícil superar los desequilibrios económicos y sociales, tanto a nivel local como global. Y son los pobres y los desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación. 

Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte. De hecho, por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido. 

Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista. 

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (Mt 14,27). No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos. La maldad y la fealdad de nuestro tiempo acrecienta «nuestro miedo a los “otros”, a los desconocidos, a los marginados, a los forasteros […]. Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor. Es verdad, el temor es legítimo, también porque falta preparación para este encuentro» (Homilía, Sacrofano, 15 febrero 2019). El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor (cf. Homilía en la Concelebración Eucarística de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 14 enero 2018). 

«Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?» (Mt 5,46). No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad. A través de las obras de caridad mostramos nuestra fe (cf. St 2,18). Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias. «Lo que está en juego es el rostro que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida […]. El progreso de nuestros pueblos […] depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada estigmatiza y depone a todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida; ídolos que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás» (Discurso en la Cáritas Diocesana de Rabat, 30 marzo 2019). 

«Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció» (Lc 10,33). No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve a ese samaritano, un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no se puede explicar únicamente a nivel racional. La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad. Como Jesús mismo nos enseña (cf. Mt 9,35-36; 14,13-14; 15,32-37), sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humano: a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros, a ver como objetivo, no los propios intereses, sino el bien de la humanidad» (Discurso en la Mezquita “Heydar Aliyev” de Bakú, Azerbaiyán, 2 octubre 2016). 

«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de no excluir a nadie. El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16,19- 21). La Iglesia «en salida […] sabe tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras.

«El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» (Mc 10,43-44). No se trata sólo de migrantes: se trata de poner a los últimos en primer lugar. Jesucristo nos pide que no cedamos a la lógica del mundo, que justifica el abusar de los demás para lograr nuestro beneficio personal o el de nuestro grupo: ¡primero yo y luego los demás! En cambio, el verdadero lema del cristiano es “¡primero los últimos!”. «Un espíritu individualista es terreno fértil para que madure el sentido de indiferencia hacia el prójimo, que lleva a tratarlo como puro objeto de compraventa, que induce a desinteresarse de la humanidad de los demás y termina por hacer que las personas sean pusilánimes y cínicas. ¿Acaso no son estas las actitudes que frecuentemente asumimos frente a los pobres, los marginados o los últimos de la sociedad? ¡Y cuántos últimos hay en nuestras sociedades! Entre estos, pienso sobre todo en los emigrantes, con la carga de dificultades y sufrimientos que deben soportar cada día en la búsqueda, a veces desesperada, de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad» (Discurso ante el Cuerpo Diplomático, 11 enero 2016). En la lógica del Evangelio, los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio. 

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas. En esta afirmación de Jesús encontramos el corazón de su misión: hacer que todos reciban el don de la vida en plenitud, según la voluntad del Padre. En cada actividad política, en cada programa, en cada acción pastoral, debemos poner siempre en el centro a la persona, en sus múltiples dimensiones, incluida la espiritual. Y esto se aplica a todas las personas, a quienes debemos reconocer la igualdad fundamental. Por lo tanto, «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (S. PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio, 14). 

«Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19). No se trata sólo de migrantes: se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre. En nuestra época, también llamada la era de las migraciones, son muchas las personas inocentes víctimas del “gran engaño” del desarrollo tecnológico y consumista sin límites (cf. Carta enc. Laudato si’, 34). Y así, emprenden un viaje hacia un “paraíso” que inexorablemente traiciona sus expectativas. Su presencia, a veces incómoda, contribuye a disipar los mitos de un progreso reservado a unos pocos, pero construido sobre la explotación de muchos. «Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2014). 

Queridos hermanos y hermanas: La respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Si ponemos en práctica estos verbos, contribuimos a edificar la ciudad de Dios y del hombre, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar. 

Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. Los migrantes, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los “signos de los tiempos”. A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios.

Este es el deseo que acompaño con mi oración, invocando, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora del Camino, abundantes bendiciones sobre todos los migrantes y los refugiados del mundo, y sobre quienes se hacen sus compañeros de viaje. 

Vaticano, 27 de mayo de 2019 

FRANCISCO 

Comentario al evangelio de hoy lunes 27 de mayo de 2019.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Notamos que aquí el Espíritu Santo es llamado ante todo «el Consolador». Y es necesario subrayar esto con alegría. Porque si bien es cierto que inmediatamente después se le llama «Espíritu de verdad», esta Palabra de vida nos pone en el buen camino, que básicamente nos dice dónde y cómo ser consolados en nuestro camino espiritual, no exentos de aridez y trabajo.

Sí, necesitamos consuelo. No somos héroes, sino hombres y mujeres en camino; el riesgo es buscar la «fuente» equivocada para nuestra sed y entrar en pequeñas o grandes confusiones, precisamente porque, cuando necesitamos ser consolados, a veces no comprendemos que es el Espíritu de la verdad, el Espíritu Santo mismo quien da testimonio de que Jesús es el Camino. Jesús la Verdad, Jesús la Vida.

En este acercamiento a la solemnidad de Pentecostés, es importante que el deseo, la invocación confiada de la venida del Consolador, sea revivido en nosotros. Sin Él, ¿cómo podemos dar testimonio de nuestra fe en Jesús? Es el Espíritu Santo quien infunde en nosotros la luz necesaria para escuchar, acoger y vivir la Palabra. Es el Espíritu Santo quien transmite en nosotros la gracia de vivir de acuerdo con lo que hemos escuchado.

Hoy, desde tu corazón, pídele al Espíritu que sea tu Consolador; es más: pídele que lo reconozcas como tal y por tanto que lo invoques con esa confianza sencilla y perseverante que es propia del «niño destetado en los brazos de la madre», de la que nos instruye el salmista.

«Para ello, no tengáis miedo de pedir con insistencia, en vuestra oración y con vuestra participación a los sacramentos, la ayuda del Espíritu Santo para que os sea dado “un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor”.»
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72823/una-invocacion-confiada.html#modal