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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del Domingo 11 de agosto de 2019.

Paz y Bien. Feliz día de la Madre santa Clara.

DOMINGO XIX DEL AÑO.

Sabiduría 18,5-9: Reflexión sobre lo que fue aquella Noche, en la primera Pascua. Fue un tiempo de salvación para unos y de condena para otros. Noche que siempre han de tener presente los israelitas como un Memorial.

Hebreos 11,1-2.8-19: Descripción de la fe: garantía de lo que se espera y certeza de lo que no se ve. Y se propone una serie de ejemplos de fe, entre los que sobresale Abraham, que creyó contra toda evidencia y esperó contra toda esperanza.

Lucas 12,32-48: Somos el pequeño Rebaño que pone su seguridad en el Padre que nos ha elegido. De allí, un estilo de vida en fe: caminar en fe.

1.- Hermanos, hay una película muy hermosa que se proyectó años atrás; se titula “Los coristas”. En ella un coro de niños canta:“Oh noche, ven a darle a la tierra la calma encantada de tu misterio, la sombra que la escolta es tan dulce cantando la esperanza”.En verdad, la noche encierra su misterio; por eso el sabio reflexiona y hace memoria de aquella Noche que nunca se ha de borrar de la mente de un Pueblo creyente, la Noche de la primera Pascua, que fue tiempo de salvación para unos y de condenación para otros.

La noche fue tiempo de salvación porque el Señor pasó para liberar a su Pueblo. Tiempo de salvación porque el Señor pasó de la muerte a la vida. Tiempo que no debe quedar en el pasado, como algo histórico solamente, como algo que sucedió y punto. No, es y debe ser una Memoria, es decir, darle un significado actual a aquello que entonces ocurrió. Por eso el Pueblo creyente hace Memoria de aquella noche santa, de salvación.

2.- Pero sólo desde la fe se puede hacer presente lo que Dios ha realizado en el tiempo. Por eso, nosotros los cristianos en nuestra liturgia no celebramos efemérides, aniversarios, sino Misterios de fe, gestas de salvación que el Señor ha realizado con su Pueblo. Y hacemos presente estos misterios para alimentar nuestra fe en el Señor siempre presente que salva a todos.

Nosotros los cristianos, la Iglesia, somos ese pequeño Rebaño del Señor que camina en fe. Podemos ser insignificantes en número, podemos no hacer noticia positiva. Pero somos el pequeño Rebaño que tiene la certeza de que el Señor cumple. Por eso, lo que dice la carta es válido hoy para nosotros. La fe es la mejor garantía de lo que esperamos, y es también la certeza de lo que no vemos, ni entendemos. Sólo con esta fe podemos vivir en este mundo, atentos, vigilantes, sin quedarnos dormidos.

3.- La noche es tiempo de salvación, sí. Pero también es tiempo de la maldad. De noche es cuando se asalta, se roba, se mata y se cometen muchos males.

La noche cubre actualmente a la Iglesia con el pecado que el mundo no se cansa de enrostrarnos. Es en este tiempo de crisis, de oscuridad, en el que reina el oscurantismo de los medios de comunicación social, que produce tanta confusión, cuando nosotros debemos avivar nuestra fe. El Señor nos lo advierte: “Estén preparados…” pongan su seguridad allí donde no se acerca el ladrón. El mundo busca seguridad en las cámaras de vigilancia, en los guardias y sirenas de alarma. Pero no está vigilante; igual hay robos, asaltos, tráfico de drogas.

Nosotros los cristianos hemos de tener la mejor seguridad: “estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.

4.- Hoy, como creyentes, como pequeño Rebaño del Señor, celebramos, hacemos Memoria del Señor que salva. Hacemos Memoria de Él, que en la Noche de la Pasión, nos ordenó celebrar lo que ahora vamos a realizar: la Cena, el comer su Cuerpo y su Sangre. “Hagan esto en Memoria mía”.

Que esta celebración nos ayude a ser siempre agradecidos, siempre con una fe viva y despierta.

Con Jesús, el Testigo fiel, con todos los mártires y santos, que son los testigos de la fe, queremos hoy alabar al Señor. Y con mucha fe podemos decir con el salmista: “Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo”.

                                         Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 09 de agosto de 2019.

Hoy, viernes, 9 de agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (4,32-40):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Te lo han hecho ver para que reconozcas que el Señor es Dios, y no hay otro fuera de él. Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte, en la tierra te mostró aquel gran fuego, y oíste sus palabras que salían del fuego. Porque amó a tus padres y después eligió a su descendencia, él en persona te sacó de Egipto con gran fuerza, para desposeer ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para traerte y darte sus tierras en heredad, cosa que hoy es un hecho. Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 76,12-13.14-15.16.21

R/.
Recuerdo las proezas del Señor

Recuerdo las proezas del Señor; 
sí, recuerdo tus antiguos portentos, 
medito todas tus obras 
y considero tus hazañas. R/.

Dios mío, tus caminos son santos: 
¿qué dios es grande como nuestro Dios? 
Tú, oh Dios, haciendo maravillas, 
mostraste tu poder a los pueblos. R/.

Con tu brazo rescataste a tu pueblo, 
a los hijos de Jacob y de José. 
Guiabas a tu pueblo, como a un rebaño, 
por la mano de Moisés y de Aarón. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

CR

Queridos amigos:

Hagamos una encuesta rápida. ¿Cuántos sabíais que hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz? ¿Qué no os suena mucho este nombre? ¡Pues es el que escogió Edith Stein, la judía convertida al cristianismo, cuando se hizo carmelita! No dejéis de acercaros a la semblanza de su vida porque necesitamos familiarizarnos con los santos de nuestro recordado siglo XX. Necesitamos saber cómo se puede ser santo en tiempos de la fenomenología, del invento de la radio, del surgimiento de los totalitarismos y de la eclosión de la segunda guerra mundial. Necesitamos acercarnos al evangelio, no de manera abstracta, sino «hecho vida» en los hombres y mujeres en los que la gracia de Dios brilla de manera singular.

En el fragmento que leemos hoy vuelve a aparecer la invitación de Jesús a no tener miedo. Parece que es el tema central de esta semana. Apareció el lunes (cuando el relato del Jesús que camina sobre las aguas). Volvió a aparecer el martes (cuando el Jesús transfigurado se dirige a sus discípulos). Y aparece hoy por tercera vez. No me gusta dejarme llevar por la magia de los números, pero tres veces en una semana es mucho, ¿no? Edith Stein experimentó que nunca es suficiente porque estamos continuamente amenazados. Hay miedos que surgen de nuestra bodega inconsciente y tienen que ver con experiencias negativas del pasado. Hay miedos que provienen del contexto en el que vivimos. Hay miedos que se refieren al futuro porque lo vemos incierto. Todos los miedos han sido derrotados en la cruz de Jesús. En ella Jesús se ha declarado a favor nuestro delante de su Padre celestial.

Necesitamos meditarlo con calma. 

Fuente  :  
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

La mano extendida para ayudar al otro a levantarse – Catequesis completa

“Levántate y camina”

agosto 07, 2019 14:47Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 7 agosto 2019).- “No olvidemos: la mano siempre extendida para ayudar al otro a levantarse; es la mano de Jesús la que a través de nuestra mano ayuda a los demás a levantarse”, ha pedido el Papa Francisco.

Hoy, 7 de agosto de 2019, el Santo Padre, ha retomado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el tema: “¡En el nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y camina! (Hechos 3:6). La invocación del Nombre que libera una presencia viva y activa” (Pasaje Bíblico: Hechos de los apóstoles 3:3-6).

Se trata del fragmento en el que Pedro y Juan se encuentran a un paralítico en la puerta del Templo y, en el nombre de Cristo y tomándole de la mano, le hacen levantarse, produciéndose así el primer relato de sanación en los Hechos de los Apóstoles.

El “arte del acompañamiento”

El Papa resaltó que en este encuentro, los apóstoles establecen una relación con esa persona, “porque así es el modo en el que a Dios le gusta manifestarse, en la relación, siempre en el diálogo, siempre en las apariciones, siempre con la inspiración del corazón: son las relaciones de Dios con nosotros; a través de un encuentro real entre las personas que solo puede ocurrir en el amor”.

Igualmente, el Papa subrayó el hecho de que el paralítico no recibió dinero de los apóstoles, sino el gesto de invocar el nombre de Jesús y prestarle su mano para ayudarle a levantarse. Así, habló del significado de esta actitud, que representa a una Iglesia que acompaña y toma la mano de todos “para levantar, no para condenar”.

Esto es, “el arte del acompañamiento”, que consiste en hacer lo mismo que los apóstoles con este hombre impedido: mirarlo, acercarse a él, levantarlo y curarlo, y que es lo mismo que hace Jesús con nosotros. En los malos momentos, Cristo nos dice “mírame: ¡estoy aquí!”, “tomemos la mano de Jesús y dejémonos levantar”, exhortó Francisco.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En los Hechos de los Apóstoles la predicación del Evangelio no se basa solo en palabras, sino también en acciones concretas que dan testimonio de la verdad del anuncio. Se trata de “maravillas y señales” (Hch. 2,43) que se realizan por obra de los apóstoles, confirmando su palabra y mostrando que actúan en nombre de Cristo. Así sucede que los apóstoles interceden y Cristo obra, actuando “junto con ellos” y confirmando la Palabra con los signos que la acompañan (Mc. 16,20). Tantas señales, tantos milagros que los apóstoles han hecho fueron precisamente una manifestación de la divinidad de Jesús.

Hoy nos encontramos ante la primera historia de sanación, ante un milagro, que es el primer relato de sanación del libro de los Hechos. Tiene un claro propósito misionero, que apunta a despertar la fe. Pedro y Juan van a orar al Templo, el centro de la experiencia de fe de Israel, a la que los primeros cristianos están todavía muy apegados. Los primeros cristianos oraban en el Templo de Jerusalén. Lucas registra el tiempo: es la hora novena, es decir, las tres de la tarde, cuando el sacrificio fue ofrecido en holocausto como signo de la comunión del pueblo con su Dios; y también la hora en que Cristo murió ofreciéndose a sí mismo “de una vez por todas” (Heb. 9,12; 10,10). Y a la puerta del Templo llamada “Hermosa”  -la puerta hermosa- ven a un mendigo, un paralítico de nacimiento. ¿Por qué estaba ese hombre en la puerta? Porque la Ley mosaica (cf. Lv. 21,18) impedía ofrecer sacrificios a los que tenían impedimentos físicos, considerados consecuencia de alguna culpa. Recordemos que ante un hombre ciego de nacimiento, la gente le preguntaba a Jesús: “¿Quién ha pecado, él o sus padres, por qué ha nacido ciego? (Jn. 9,2). Según aquella mentalidad, siempre hay una falta en el origen de una malformación. Y después les era negado incluso el acceso al Templo. El paralítico, paradigma de los muchos excluidos y descartados de la sociedad, está ahí para pedir limosna como todos los días. No podía entrar, pero estaba en la puerta. Algo inesperado sucede: Pedro y Juan llegan y se desencadena un juego de miradas. El tullido mira a los dos para pedir limosna, los apóstoles en cambio lo miran fijamente, invitándolo a mirarlos de una manera diferente, a recibir otro regalo. El lisiado los mira y Pedro le dice: “No tengo ni plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, ¡levántate y camina!” (Hch. 3:6). Los apóstoles han establecido una relación, porque así es el modo en el que a Dios le gusta manifestarse, en la relación, siempre en el diálogo, siempre en las apariciones, siempre con la inspiración del corazón: son las relaciones de Dios con nosotros; a través de un encuentro real entre las personas que solo puede ocurrir en el amor.

El Templo, además de ser centro religioso, era también un lugar de intercambio económico y financiero: contra esta reducción los profetas e incluso Jesús mismo arremetieron varias veces (cf. Lc. 19, 45-46). ¡Pero cuántas veces pienso en esto cuando veo una parroquia donde se piensa que el dinero es más importante que los sacramentos! ¡Por favor! Iglesia pobre: pidamos esto al Señor. Aquel mendigo, al encontrarse con los apóstoles, no encuentra dinero sino el Nombre que salva al hombre: Jesucristo el Nazareno. Pedro invoca el nombre de Jesús, ordena al paralítico que se ponga en pie, en la posición de los vivos: de pie, y toca a este enfermo, es decir, lo toma de la mano y lo levanta, gesto en el que san Juan Crisóstomo ve “una imagen de la resurrección” (Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 8). Y aquí aparece el retrato de la Iglesia, que ve a quien está en dificultad, no cierra los ojos, sabe mirar a la humanidad a la cara para crear relaciones significativas, puentes de amistad y solidaridad en lugar de barreras. Aparece el rostro de “una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos” (Evangelii gaudium, 210), que sabe tomar de la mano y acompañar para levantar, no para condenar. Jesús siempre tiende la mano, siempre trata de levantar, de hacer que la gente sane, que sea feliz, que conozca a Dios. Es el “arte del acompañamiento” que se caracteriza por la delicadeza con la que uno se acerca a la “tierra sagrada del otro”, dando al camino “el ritmo sano de la proximidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sana, libera y estimula a madurar en la vida cristiana” (ibid., 169). Y esto es lo que estos dos apóstoles hacen con el paralítico: lo miran, dicen “míranos”, se acercan a él, lo levantan y lo curan. Lo mismo hace Jesús con todos nosotros. Pensemos en esto cuando estamos en malos momentos, en momentos de pecado, en momentos de tristeza. Ahí está Jesús que nos dice: “Mírame: ¡estoy aquí!”. Tomemos la mano de Jesús y dejémonos levantar.

Pedro y Juan nos enseñan a no confiar en los medios, que también son útiles, sino en la verdadera riqueza que es la relación con el Resucitado. En efecto, somos -como diría san Pablo- “pobres, pero capaces de enriquecer a muchos, como los que no tienen nada y lo poseen todo” (2 Cor. 6,10). Nuestro todo es el Evangelio, que manifiesta el poder del nombre de Jesús que hace prodigios.

Y nosotros -cada uno de nosotros- ¿qué poseemos? ¿Cuál es nuestra riqueza, cuál es nuestro tesoro? ¿Qué podemos hacer para enriquecer a los demás? Pidamos al Padre el don de una memoria agradecida al recordar los beneficios de su amor en nuestras vidas, para dar a todos el testimonio de la alabanza y de la gratitud. No olvidemos: la mano siempre extendida para ayudar al otro a levantarse; es la mano de Jesús la que a través de nuestra mano ayuda a los demás a levantarse.

Traducción de zenit

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73147/la-dicha-del-cristiano.html#modal

Comentario al evangelio de hoy jueves 08 de agosto de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-23

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Algunas personas me han preguntado si soy feliz, para algunos no es entendible ser religioso y al mismo tiempo ser feliz, ¿qué hay de felicidad en ser religioso? ¿Qué hay de alegría en ser cristiano? El Evangelio nos da un primer paso para responder estas preguntas.

Conocer a la persona que te ama es la mayor dicha que le puede ocurrir a un hombre o a una mujer, vivir el amor es la dicha que todos buscamos. En mi caso, y en la de todos los cristianos, la persona que nos ama de manera incondicional es Dios, nuestro Padre y nuestra dicha radica en que sabemos que Jesús es Dios, que Jesús es esa persona que todos deberíamos buscar.

La mayor dicha de todo cristiano es conocer que Jesús es la persona que nos ama, que es Dios. Pero no basta reconocerlo. Después de que san Pedro responde, Jesús lo nombra la piedra sobre la que edificará su Iglesia, ahora por amor le tocará corresponder al amor de Cristo.

Un cristiano es feliz, yo soy feliz, porque conociendo la persona de Cristo se a quién debo amar. Soy feliz porque he encontrado a la persona que amo, he encontrado a mi Dios y vivo el amor con Él.

Sabemos que muchos de nosotros sabemos que Jesús es Dios, que es la persona que nos ama, somos dichosos porque es el primer paso para corresponder al mayor amor de mi vida, el primer paso para vivir cada día el amor. ¿Tú que esperas para vivirlo?

«Contemplar la vida de Pedro y su confesión, es también aprender a conocer las tentaciones que acompañarán la vida del discípulo. Como Pedro, como Iglesia, estaremos siempre tentados por esos “secreteos” del maligno que serán piedra de tropiezo para la misión. Y digo “secreteos” porque el demonio seduce a escondidas, procurando que no se conozca su intención, […] Contemplar y seguir a Cristo exige dejar que el corazón se abra al Padre y a todos aquellos con los que él mismo se quiso identificar, y esto con la certeza de saber que no abandona a su pueblo. Queridos hermanos, sigue latiendo en millones de rostros la pregunta: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. Confesemos con nuestros labios y con nuestro corazón: “Jesucristo es Señor”. Este es nuestro cantus firmus que todos los días estamos invitados a entonar. Con la sencillez, la certeza y la alegría de saber que “la Iglesia resplandece no con luz propia, sino con la de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: ´Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”»
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de junio de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73147/la-dicha-del-cristiano.html#modal

EDD. jueves 08 de agosto de 2019.

Hoy, jueves, 8 de agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (20,1-13):

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. 
Faltó agua al pueblo, y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?»
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro y, delante de ella, se echaron rostro en tierra. 
La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés: «Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.»
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo: «Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?»
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente que bebió toda la gente y las bestias.
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.»
(Ésta es la fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor, 
demos vítores a la Roca que nos salva; 
entremos a su presencia dándole gracias, 
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra, 
bendiciendo al Señor, creador nuestro. 
Porque él es nuestro Dios, 
y nosotros su pueblo, 
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz: 
«No endurezcáis el corazón como en Meribá, 
como el día de Masá en el desierto; 
cuando vuestros padres me pusieron a prueba 
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-23):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

CR

Queridos amigos:

Si habéis visitado la basílica de San Pedro en el Vaticano habréis observado que alrededor de la cúpula, por su parte interna, están escritas en latín las palabras centrales del evangelio de hoy: «Tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam» (Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia). Hace falta subir al deambulatorio para caer en la cuenta del descomunal tamaño de estas letras hechas en mosaico. No es necesario decir por qué se han puesto estas palabras en este preciso lugar. Pero lo que sí nos interesa es preguntarnos qué pueden significar para nosotros hoy.

Caigamos en la cuenta de que estas palabras que Jesús dirige a Pedro sólo se encuentran en el evangelio de Mateo. En ellas se ha fundamentado bíblicamente la autoridad del Papa en cuanto sucesor de Pedro. Según el Código de Derecho Canónico, esta autoridad es «suprema, plena, inmediata y universal» (canon 331). Estas palabras resultan tan solemnes que cuesta relacionarlas con el apóstol Pedro, hombre vulnerable. Por eso necesitamos una y otra vez beber en el sentido más genuino de lo que el evangelio nos quiere transmitir.

Lo primero que me llama la atención es que Jesús no elige a Pedro en virtud de sus cualidades personales sino por su fe en él como Hijo de Dios. Pero se trata de una fe que Pedro no se puede adjudicar como una conquista «porque eso no te lo ha revelado ningún mortal sino mi Padre que está en el cielo». Por tanto, Pedro es, sobre todo, un hombre agraciado con el don de la fe. Sobre este don reposa el sentido de su ministerio en la comunidad. Sin esa fe, la autoridad se convierte en mera dominación.

Pero hay un segundo aspecto que quiero subrayar. La potestad de «atar y desatar» consiste en la potestad de «interpretar la ley» para adaptarla a las nuevas situaciones. De hecho, Pedro así lo hizo. Pensemos en las decisiones que tomó en la asamblea de Jerusalén, tal como se nos narra en el capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles.

¿No sería deseable que esto sucediera hoy de una manera más audaz, de una manera parecida a como Jesús interpretaba la ley? Él siempre buscaba liberar a las personas, encontrar salidas donde la rigidez sólo veía puertas cerradas. Si el ministerio de Pedro fuera más en esta línea, ¿no sería un punto de encuentro en el camino ecuménico más que un obstáculo como, de hecho, lo es hoy para muchos hermanos de otras iglesias?

Hoy celebramos la memoria de Santo Domingo de Guzmán, un santo lúcido para tiempos claroscuros; un santo muy a propósito para nuestra época, un enamorado de la Palabra que supo ser audaz en un siglo tan convulso como el siglo XIII.

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 07 de agosto de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!”. Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La misericordia de Dios llega a toda la tierra porque Él quiere acercarse a todos especialmente a aquellos que están más alejados. Pero si la persona no quiere ser ayudada el Señor no puede hacer nada, es como si le ataran las manos. Por esto Dios se ha querido valer de instrumentos humanos que le pudieran ayudar a acercarse a estas personas, porque muchas veces la gente no sabe cómo encontrarse con Dios o no le da importancia a esto.

Así es como nosotros vamos por el mundo encontrándonos con personas que están lejos de Dios y por la gracia y nuestra docilidad somos capaces de mostrarles el camino de regreso al Padre. Se puede hacer con acciones tan simples como la escucha de las personas que están a nuestro alrededor, rezar por la gente que está retirada de Dios, etc.

La fe es un don de Dios y nosotros podemos hacerla crecer, con esto en mente lo más importante es pedir la gracia de la fe para nosotros mismos y para los demás, el perseverar en la fe y ser constante ante las dificultades es como crece nuestra fe, que es parte nuestro esfuerzo y parte un don de Dios.

«Ella no se asusta e insiste diciendo a Jesús que hasta los perros comen migajas que caen de la mesa de sus patrones. Esta mujer “no se asusta” y obtiene lo que quiere. Por lo tanto hay tantos modos de interceder en la Biblia y se necesita valor para rezar así. Sí, porque en la oración se necesita ese coraje para hablar a Dios cara a cara. “A veces, cuando uno ve cómo estas personas luchan con el Señor por algo, piensa que lo hacen como si estuvieran tomando el pulso a Dios, para llegar a lo que piden. Lo hacen porque tienen fe en que el Señor puede conceder la gracia».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de abril de 2019, en santa Marta).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73146/ser-instrumentos-de-dios.html#modal

Editorial : »Y ¿Quién es mi prójimo? (Lc. 10,29)


Como cristianos y miembros de ésta Iglesia que hoy se encuentra alicaída, debemos hacernos la misma pregunta que le hace a Jesús un legista: «Y ¿Quién es mi prójimo?

En los tiempos que vivimos con tantas preocupaciones y ocupaciones diarias, las redes sociales, muchas veces vamos por la vida sin detenernos a mirar a nuestro alrededor, de ver la creación, no somos capaces de ver al Hermano necesitado, al que se encuentra caído en el camino, al Hermano migrante que necesita la misericordia de alguien que le tienda una mano. Como en la parábola del buen samaritano, pasamos de largo, hacemos  la vista hacia otro lado, cambiamos de camino, para no atrasarnos en nuestra rutina diaria.

Prójimo no es el otro sino uno mismo y tenemos la misión cómo bautizados e hijos de Dios de ir al encuentro con el que sufre, con el que está pasando necesidades; así como el samaritano (que no es otro que Jesús) que sin importar religión, país ni color de piel, va en ayuda del que lo está pasando mal, del que necesita de una mano que lo ayude a levantarse y sanar sus heridas. Debemos nosotros también tender una mano al Hermano que no lo está pasando bien, qué quizás necesita más de un abrazo fraterno, de alguien que lo escuche, le dé una palabra sincera, hacerse cargo de su dolor, poner en práctica la voluntad del padre que quiere la misericordia más que los sacrificios.

El Samaritano sintió compasión, reconoció en ése hombre a un «Hermano»,                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       reconozcamos también nosotros a ése Hermano. El Papa Francisco llama a ésta clase de personas: «los santos de la puerta de al lado» (Gaudete et Exsultate #7) Ellos son los buenos samaritanos actuales ésas personas sencillas que viven cotidianamente las realidades más profundas del mensaje evangélico con una naturalidad que pasa desapercibida a los ojos de los humanos, pero no a los ojos de Dios, porque sus acciones son la llave para entrar en la vida eterna. (Mt. 25, 31-46)

Amar al prójimo no es muy fácil, porque requiere donarse a los demás, y ése donarse cuesta; porque no a todos los tratamos o queremos de la misma manera. Por ello tenemos que lograr amar a todos por igual, sin ninguna distinción. Quererlos a todos sin preferir a nadie. Es difícil, pero no imposible. Comienza haciendo lo posible y te encontrarás haciendo lo imposible dice San Francisco.

Dios nos ha dado el ejemplo al vivir su propia doctrina: «no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» pero Él no la dio sólo por sus amigos sino también por sus enemigos y muchos Santos hicieron lo mismo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Imitemos a Cristo en su vida de donación a los demás y vivamos con confianza su mandamiento: «Vete y haz tú lo mismo»

Señor, tú lo sabes todo: nuestra debilidad al amar a los demás, especialmente aquellos que están más cerca nuestro, porque si hay impaciencia, si hay juicios, si hay indiferencia, no hay verdadero amor.  Ayúdanos a crecer en la convicción de que Tú nos has creado para amar y servirte en ésta vida y que sólo superando nuestro egoísmo mediante la vivencia del amor, podremos gozar de Ti y alabarte eternamente en la otra vida.

Bueno hermanos cómo decía San Francisco: «Comencemos hermanos que hasta ahora poco y nada hemos hecho»

PAZ Y BIEN

Alicia Ríos

EDD. miércoles 07 de agosto de 2019

Hoy, miércoles, 7 de agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Números (13,1-2.25–14,1.26-30.34-35):

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: «Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.» 
Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. 
Y les contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (hemos visto allí hijos de Anac). Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.» 
Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra, porque podemos con ella.» 
Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.» 
Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas: «La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí gigantes, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.» 
Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. 
El Señor dijo a Moisés y Aarón: «¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? He oído a los israelitas protestar de mí. Pues diles: «Por mi vida –oráculo del Señor–, que os haré lo que me habéis dicho en la cara; en este desierto caerán vuestros cadáveres, y de todo vuestro censo, contando de veinte años para arriba, los que protestasteis contra mí no entraréis en la tierra donde juré que os establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné. Contando los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 105,6-7a.13-14.21-22.23

R/.
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

Hemos pecado con nuestros padres, 
hemos cometido maldades e iniquidades. 
Nuestros padres en Egipto 
no comprendieron tus maravillas. R/.

Bien pronto olvidaron sus obras, 
y no se fiaron de sus planes: 
ardían de avidez en el desierto 
y tentaron a Dios en la estepa. R/.

Se olvidaron de Dios, su salvador, 
que había hecho prodigios en Egipto, 
maravillas en el país de Cam, 
portentos junto al mar Rojo. R/.

Dios hablaba ya de aniquilarlos; 
pero Moisés, su elegido, 
se puso en la brecha frente a él, 
para apartar su cólera del exterminio. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. 
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» 
Él no le respondió nada. 
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» 
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» 
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» 
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» 
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» 
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» 
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

CR

Queridos amigos:

El Evangelio de hoy nos narra el encuentro de una mujer cananea con Jesús en la región de Tiro y Sidón; es decir, fuera de los límites de Israel. La mujer le pide ayuda para curar a su hija endemoniada. Jesús no le responde porque considera que Dios lo ha enviado «sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». La insistencia de la mujer es tan fuerte que «obliga» a Jesús a ensanchar su campo, a comprender que el amor del Padre no tiene límites.

Más que la fe de la mujer, en la que solemos insistir a menudo, lo que me sorprende es la apertura de Jesús, su audacia para ir más allá de lo que considera razonable, su capacidad para creer en un «Dios mayor» y escuchar su voz a través de los gritos de sus criaturas más necesitadas.

Hoy nos encontramos en una situación cultural en la que la fe se ve retada a superar sus límites tradicionales, a entrar en otros campos, a responder a muchos gritos que no encuentran respuesta. El verdadero pastor es el que sabe escuchar los gritos de su pueblo. ¿Cómo podemos hoy seguir rompiendo barreras? ¿Cómo evitar que la fe se convierta en algo cada vez más irrelevante, reservado a los de siempre? ¿No estaremos desoyendo los gritos de las muchas personas que quieren tocar a Jesús y sentirse queridas por él?

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 06 de agosto de 2019

Martes de la decimoctava semana del tiempo ordinario
La Transfiguración del Señor
Fiesta 
Color: blanco

Todos los años en el segundo domingo de Cuaresma, la Iglesia medita el relato del Evangelio de la Transfiguración de Jesús: en ese tiempo sirve de preparación al triduo Pascual, porque fija nuestra mirada en la muerte y la resurrección del Señor, la luz de la Transfiguración anticipa, de alguna manera, el misterio pascual completo.

La fiesta de hoy retoma ese relato, pero desde la perspectiva pascual y con una proyección escatológica: Jesús es verdaderamente Dios, tal como lo comprendieron los tres testigos privilegiados de la Transfiguración: Pedro, Santiago y Juan.

Antífona de entrada Cf. Mt 17, 5

En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo, se oyó la voz del Padre: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección, escúchenlo.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que en la transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas y prefiguraste admirablemente la perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser coherederos suyos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Su vestidura era blanca como la nieve.

Lectura de la profecía de Daniel 7, 9-10. 13-14

Daniel continuó el relato de sus visiones, diciendo:

Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó.

Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de Él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros.

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; Él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta Él.

Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas.

Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

SALMO RESPONSORIAL 96, 1-2. 5-6. 9

R/El Señor reina, altísimo por encima de toda la tierra.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono.

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria.

Porque Tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses.

SEGUNDA LECTURA

Oímos esta voz que venía del cielo.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:

No les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza.

En efecto, Él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con Él en la montaña santa.

Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones.EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO MT 17, 5C

Aleluya.

Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo. Aleluya.

EVANGELIO

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 28b-36

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con Él.

Mientras éstos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo. Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.

Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

PALABRA DEL SEÑOR.

Fuente :
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-08-06

REFLEXIÓN  :

Lucas 9,28: El momento de crisis 
Varias veces Jesús había entrado en conflicto con las gentes y con las autoridades religiosas y civiles de la época (Lc 4,28-29; 5,20-21; 6,2-11; 7,30-39; 8,37; 9,9). Él sabía que no le permitían hacer aquello que estaba haciendo. Antes o después, lo detendrían. Además, en aquella sociedad, el anuncio del Reino, como lo hacía Jesús, no estaba tolerado. ¡O daba marcha atrás, o le esperaba la muerte! No había otra alternativa. Pero Jesús no retrocede. Por esto en el horizonte aparece la cruz, no ya como una posibilidad, sino como una certeza (Lc 9,22). Junto a la cruz aparece la tentación de continuar el camino del Mesías Glorioso y no el de Siervo Sufridor Crucificado, anunciado por el profeta Isaías (Mc 8,32-33). En esta hora difícil, Jesús sube a la montaña para orar, llevando consigo a Pedro, Santiago y Juan. En la oración encuentra la fuerza para no perder la dirección de su misión (cfr Mc 1, 35).

Lucas 9,29: El cambio que tiene lugar durante la oración
Apenas Jesús ora, su aspecto cambia y aparece glorioso. Su rostro cambia de aspecto y su vestido aparece blanco y refulgente. Es la gloria que los discípulos imaginaban para el Mesías. Este cambio de aspecto les demostraba que Jesús, de hecho, era el Mesías que todos esperaban. Pero lo que sigue del episodio de la Transfiguración indicará que el camino hacia la gloria es muy diverso del que ellos imaginaban. La transfiguración será una llamada a la conversión.

Lucas 9,30-31: Dos hombres aparecen y hablan con Jesús 
Junto a Jesús, en la misma gloria aparecen Moisés y Elías, los dos mayores exponentes del Antiguo Testamento, que representaban la Ley y los Profetas. Hablan con Jesús del “éxodo” que debería llevar a cumplimiento en Jerusalén”. Así, delante de sus discípulos, la Ley y los Profetas confirman que Jesús es verdaderamente el Mesías Glorioso, prometido en el Antiguo Testamento y esperado por todo el pueblo. Además confirman que el camino hacia la Gloria pasa por la vía dolorosa del éxodo. El éxodo de Jesús es su Pasión, Muerte y Resurrección. Por medio de su “éxodo” Jesús rompe el dominio de la falsa idea divulgada, sea por el gobierno como por la religión oficial y que mantenía a todos enmarcados en la visión de un Mesías glorioso nacionalista. La experiencia de la Transfiguración confirmaba que Jesús con su opción de Mesías Siervo constituía una ayuda para liberarlos de sus ideas falsas sobre el Mesías y descubrir un nuevo significado del Reino de Dios.

Lucas 9,32-34: La reacción de los discípulos 
Los discípulos estaban profundamente dormidos. Cuando se despertaron, pudieron ver la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban con Él. Pero la reacción de Pedro indica que no se dieron cuenta del significado de la gloria con la que Jesús aparecía delante de ellos. Como nos sucede también tantas veces, sólo nos damos cuenta de lo que nos interesa. El resto escapa a nuestra atención. “Maestro, bueno es estarnos aquí”. ¡Y no queremos descender de la montaña! Cuando se habla de Cruz, tanto en el Monte de la Transfiguración, como en el Monte de los Olivos (Lc 22,45), ¡ellos duermen! ¡A ellos les gusta más la Gloria que la Cruz! No les agrada oír hablar de la cruz. Ellos desean asegurar el momento de la gloria en el Monte, y se ofrecen para construir tres tiendas. Pedro no sabía lo que decía. Mientras Pedro habla, una nube desciende de lo alto y les envuelve con su sombra. Lucas dice que los discípulos tuvieron miedo cuando la nube los envolvió. La nube es un símbolo de la presencia de Dios. La nube acompañó a la muchedumbre en su camino por el desierto (Ex 40, 34-38; Num 10,11-12). Cuando Jesús subió al cielo, fue cubierto por una nube y no lo vieron más (Act 1,9). Una señal de que Jesús había entrado para siempre en el mundo de Dios.

Lucas 9,35-36: La voz del Padre
Una voz sale de la nube y dice: “Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle”. Con esta misma frase el profeta Isaías había anunciado al Mesías–Siervo (Is 42,1). Después de Moisés y Elías, ahora es el mismo Dios quien presenta a Jesús como Mesías-Siervo, que llegará a la gloria mediante la cruz. Y nos deja una advertencia final : “¡Escuchadle!”. En el momento en el que la voz celeste se hace sentir, Moisés y Elías desaparecen y queda Jesús solo. Esto significa, que de ahora en adelante es sólo Él, el que interpreta las Escrituras y la Voluntad de Dios. Es Él la Palabra de Dios para los discípulos: “¡Escuchadle!”

La afirmación “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle” era muy importante para las comunidades de finales de los años ochenta. Por medio de esta afirmación, Dios Padre confirmaba la fe de los cristianos en Jesús como Hijo de Dios. En el tiempo de Jesús, o sea, hacia los años 30, la expresión Hijo del Hombre indicaba una dignidad y una misión muy elevada. Jesús mismo relativizaba el término y decía que todos son hijos de Dios (cfr Jn 10,33-35). Pero para pocos el título de Hijo de Dios se convirtió en el resumen de todos los títulos, más de ciento, que los primeros cristianos dieron a Jesús en la segunda mitad del siglo primero. En los siglos siguientes, fue en este título de Hijo de Dios, donde la Iglesia concentró toda su fe en la persona de Jesús.

Fuente :
https://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-2-domingo-cuaresma-c