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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. miércoles 31 de julio de 2019.

Hoy, miércoles, 31 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (34,29-35):

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante y no se atrevieron a acercarse a él. Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí. Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara. Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 98

R/.
Santo eres, Señor, Dios nuestro

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo. R/.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor,
y él respondía. R/.

Dios les hablaba 
desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos
y la ley que les dio. R/.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-46):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

CR

Queridos amigos:

No, el reino de Dios, las cosas de Dios, no son cantidades despreciables. Ni son como materia desdeñable, bisutería, baratijas. Son lo más valioso. Ningún precio es demasiado alto para obtenerlas, hay que venderlo todo. Recordamos el proverbio: «Quien quiere comprar a Dios y se guarda el último céntimo, es un tonto, porque a Dios solo se le compra con el último céntimo».

A esto se lo llama “el principio del todo” (G. Lohfink) o la norma de la totalidad. Los santos lo han vivido. Basta espigar unos pocos ejemplos: «mi Dios y mi todo» (San Francisco de Asís, y lema de los franciscanos); «ámalo totalmente» (Clara de Asís); «tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta» (Ignacio de Loyola, cuya memoria celebrábamos ayer); «Ya toda me entregué y di / y de tal suerte he trocado / que mi Amado es para mí / y yo soy para mi amado» (Teresa de Ávila); «A Dios toda la gloria, al prójimo toda la alegría, a mí todos los sacrificios» (María Bertila Boscardin).

¿Estamos dispuestos a vivir la economía del todo? ¿Nos asusta ese principio?

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: Lo que pedimos en el “Padre Nuestro” ya se ha cumplido.

Palabras del Papa antes de la oración mariana.

ZENIT – 28 julio 2018).- En este domingo XVII del tiempo ordinario el Papa Francisco reza el Ángelus desde la ventana del despacho del Palacio Apostólico, ante los peregrinos y visitantes reunidos en la plaza de San Pedro.

He aquí la novedad de la oración cristiana! subrayó. Es un diálogo entre personas que se aman, un diálogo basado en la confianza, apoyado por la escucha y abierto al compromiso solidario. Es un diálogo del Hijo al Padre, un diálogo entre hijos y Padre, esta es la oración cristiana.

Palabras del Papa Francisco antes de la oración del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la página del Evangelio de hoy (cf. Lc 11, 1-13), san Lucas cuenta las circunstancias en las que Jesús enseña el “Padre Nuestro” a sus discípulos. Ellos ya saben rezar, recitando las fórmulas de la tradición judía, pero también desean ellos poder vivir la misma “calidad” de la oración de Jesús porque ellos pueden ver que la oración es una dimensión esencial en la vida de su Maestro, de hecho cada acción importante de Él se caracteriza por pausas prolongadas de oración. Además, siguen siendo fascinados porque ven que Jesús no reza como otros maestros de la época, sino que su oración es un vínculo íntimo con el Padre, hasta el punto de que desean participar en estos momentos de unión con Dios, para saborear plenamente su dulzura.

Así que, un día, esperan a que Jesús termine su oración, en un lugar apartado, y luego le piden: “Señor, enséñanos a orar” (v. 1). Respondiendo a la pregunta explícita de los discípulos, Jesús no da una definición abstracta de la oración, ni enseña una técnica efectiva para orar y “obtener” algo. En cambio, invita a sus seguidores a experimentar la oración, colocándolos directamente en comunicación con el Padre, despertando en ellos la nostalgia de una relación  personal con Él, con Dios, con el Padre. He aquí la novedad de la oración cristiana! Es un diálogo entre personas que se aman, un diálogo basado en la confianza, apoyado por la escucha y abierto al compromiso solidario. Es un diálogo del Hijo al Padre, un diálogo entre hijos y Padre, esta es la oración cristiana.

Por eso les entrega la oración del “Padre Nuestro”, que es quizás uno de los dones más precioso que nos ha dejado el divino Maestro en su misión terrenal. Después de habernos revelado su misterio de Hijo y hermano, con esta oración Jesús nos hace penetrar en la paternidad de Dios; quiero subrayar esto: cuando Jesús nos enseña que el Padrenuestro nos hace entrar en la paternidad de Dios y nos muestra el modo para entrar en el diálogo orante y directo con Él a través del camino de la confianza filial. Es un diálogo entre el papá y su hijo, de hijo con el papá.

Lo que pedimos en el “Padre Nuestro” ya se ha cumplido y nos ha sido dado en el Hijo unigénito: la santificación del Nombre, la venida del Reino, el don del pan, el perdón y la liberación del mal. Cuando pedimos, abrimos nuestras manos para recibir. Recibimos los dones que el Padre nos ha hecho ver en el Hijo. La oración que el Señor nos ha enseñado es la síntesis de cada oración y nosotros la dirigimos al Padre siempre en comunión con nuestros hermanos.

A veces sucede que en la oración hay distracciones pero muchas veces sentimos como las ganas de detenernos en la primera palabra: “Padre” y sentir esa paternidad en el corazón.

A continuación, Jesús cuenta la parábola del amigo inoportuno y nos invita a insistir en la oración y me viene a la mente aquello que hacen los niños, entre los tres, tres años y medio, empiezan a preguntar cosas, cosas que no entienden. En mi tierra se llama “la edad del por qué”, creo que aquí también se dice así y los niños comienzan a mirar a sus padres, al papá y le dicen: “Papá, ¿por qué?, ¿por qué?” Piden explicaciones. Seamos cuidadosos: cuando el papá empieza a explicar ese “por qué”, ellos vienen con otra pregunta sin escuchar la explicación completa. ¿Qué es lo que pasa? Sucede que los niños se sienten inseguros acerca de tantas cosas que empiezan a entender por la mitad. Sólo quieren atraer sobre él, la mirada del papá y por eso preguntan: “¿Por qué, por qué, por qué?” Nosotros, en la oración del Padrenuestro, si nos detenemos en la primera palabra, Padre, haremos lo mismo que hacíamos cuando éramos pequeños, atraeremos la mirada del padre sobre nosotros diremos: “Padre, Padre”, también podemos decirle: “¿Por qué?. Y Él nos mirará.

Pidamos a María, la mujer orante, que nos ayude a orar al Padre en unión con Jesús para vivir el Evangelio, guiados por el Espíritu Santo.

Comentario al Evangelio de hoy martes 30 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo».

Jesús les contestó: «El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que las siembra es el diablo; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederán al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«La buena semilla son los ciudadanos del reino». Los que crecimos en el campo sabemos que hay varios tipos de semilla; tenemos la semilla que de por sí viene ya mala; también la semilla que está un poco humedecida pero solo hay que ponerla a secar y queda lista; la semilla que, aparentemente, es muy bella por fuera, pero que cuando se siembra no da mucho; está, también. la que absorbe todos los nutrientes y, al final, casi no da buen fruto o a veces no da nada; y, por último, la semilla buena que la siembras, muere y da fruto en abundancia. Y nosotros, ¿con cuál tipo de semilla nos identificamos? ¿Cuál tipo de semilla soy? ¿Y qué tipo de semilla quiere Dios que yo sea? Creo que estas preguntas serían buenas para un examen de conciencia corto.

Indudablemente Dios quiere que yo sea del último tipo de semilla del que hemos hablado arriba, o sea una semilla buena, una semilla que tendrá dificultades, pero una semilla que sabe darse, una semilla que sabe morir a sí misma para que otros puedan disfrutar de los frutos que dé, y aun cuando ya está dando frutos se tiene que podar y debe sufrir un poco para ser más fructífera; pero siempre es una semilla que sabe sufrir con paciencia, y no solo eso, sino que sabe que es el tipo de semilla que Dios le está pidiendo que sea. Pidamos la gracia a María, ella que fue la semilla ideal, para que podamos dar fruto y fruto en abundancia.

«La parresia expresa las cualidades fundamentales de la vida cristiana: tener el corazón vuelto a Dios, creer en su amor, porque su amor ahuyenta cualquier temor falso, cualquier tentación de esconderse en la vida tranquila, en la respetabilidad o incluso en una sutil hipocresía. Todas son polillas que arruinan el alma. Es necesario pedir al Espíritu Santo la franqueza, el valor, la parresia, siempre unidas con el respeto y la ternura, al dar testimonio de las grandes y bellas obras de Dios que él realiza en nosotros y en medio de nosotros. Y también en las relaciones dentro de la comunidad es necesario ser siempre sinceros, abiertos, francos, no miedosos, ni perezosos, ni hipócritas. No, abiertos. No estar aparte para sembrar cizaña, murmurar, sino esforzarse por vivir como discípulos sinceros y valientes en caridad y verdad. Este sembrar cizaña, destruye a la Iglesia, a la comunidad, destruye la propia vida, porque te envenena a ti también. Y los que viven de chismorreo, que van siempre murmurando uno del otro, a mí me gusta decir – yo lo veo así— que son “terroristas” porque hablan mal de los demás; pero hablar mal de alguno para destruirlo es hacer como los terroristas: va con la bomba, la tira, destruye y luego se va tranquilo. No. Abiertos, constructivos, valientes en caridad».
(Discurso de S.S. Francisco, 10 de mayo de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73110/que-tipo-de-semilla-soy.html#modal

Hoy, martes, 30 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (33,7-11;34,5b-9.28):

En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «tienda del encuentro». El que tenia que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo vela la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se prosternaba, cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvia al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda. Y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,6-7.8-9.10-11.12-13

R/.
El Señor es compasivo y misericordioso

El Señor hace justicia 
y defiende a todos los oprimidos; 
enseñó sus caminos a Moisés 
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso, 
lento a la ira y rico en clemencia; 
no está siempre acusando 
ni guarda rencor perpetuo. R/.

No nos trata como merecen nuestros pecados 
ni nos paga según nuestras culpas. 
Como se levanta el cielo sobre la tierra, 
se levanta su bondad sobre sus fieles. R/.

Como dista el oriente del ocaso, 
así aleja de nosotros nuestros delitos. 
Como un padre siente ternura por sus hijos, 
siente el Señor ternura por sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,36-43):

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. 
Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

CR

Queridos amigos:

«Mío es el juicio» –dice el Señor–. Es un mensaje que libera: te exime de la imposible tarea de meterte a juez definitivo de la gente. Es un mensaje que está en su sitio: solo Dios escruta las conciencias. Tú, sin duda, harás tus apreciaciones sobre las personas, valorarás conductas, te mostrarás conforme o contrario a leyes humanas; pero el juicio definitivo sobre la realidad moral y teologal del otro es competencia de Dios.

Albert Camus escribió en La caída un texto que J. Ratzinger citaba en su libro Fe y futuro. Decía un personaje a su interlocutor: «Créame, las religiones se equivocan a partir del momento en que hacen moral y fulminan con mandamientos. No se necesita a Dios para crear culpables y castigar. Nuestros semejantes bastan, ayudados por nosotros mismos. Usted ha hablado del Juicio Final. Permítame que me ría respetuosamente. Le estaba esperando a pie firme: he conocido algo mucho peor, que es el juicio de los hombres. […] ¿Y entonces? Entonces la única utilidad de Dios sería garantizar la inocencia y yo más bien vería a la religión como una gigantesca empresa de lavandería, algo que por otra parte ya fue brevemente, durante solo tres años, y no se llamaba religión». Y añadía Ratzinger: «La fe en el futuro, de la que hablamos al afirmar que la fe de Abrahán es perfeccionada en Jesús, solo es promesa, solo es esperanza, solo es realmente ofrecimiento de futuro porque simultáneamente promete la tierra del perdón».

La Iglesia no es aquí y ahora una Iglesia de los puros e impecables. Es una Iglesia de pecadores en que cada uno estamos llamados a llevar la carga del hermano, si bien, para brillar como el sol del futuro Reino de Dios, hemos de ser luz ahora y aquí, y Jesús nos espolea a que secundemos las llamadas que nos dirige en su evangelio, en particular en su discurso del monte.

Podemos, pues, juntar, estos dos mensajes: uno, el de no juzgar, y aceptar pertenecer a una Iglesia que no es la de los sin pecado; dos, responder nosotros a la llamada del Señor a ser justos. Así, teniendo para los demás entrañas de misericordia y con nosotros un corazón no complaciente ni autosatisfecho, nos reiremos del juicio.

FUENTE :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 29 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo a Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

1. «Si hubieras estado aquí…»

Marta reconoce el poder del Señor, sabe que su hermano no hubiera muerto si Él hubiese estado allí: ella sabe, con plena certeza, que Jesús no hubiera dejado que esto sucediera, sin embargo, Él no estaba allí en ese momento.

¿Cuántas veces es ésta nuestra situación? Los problemas y las dificultades nos tienen por el cuello, tratamos de solucionarlo todo con nuestras propias fuerzas, para luego caer en cuenta que hemos fallado. Sólo en estos momentos, cuando todo parece perdido o sin remedio, es cuando nos percatamos que todo hubiese sido diferente «si Él hubiera estado allí». Nuestro problema, muchas veces, a diferencia de Marta, no es que el Señor no venga, sino que nosotros no le dejamos venir; creemos que todo lo podemos solucionar por nosotros mismos, y sólo cuando vemos que no es así, es cuando deseamos que Él hubiese estado allí.

2. «Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá»

Marta no pierde la esperanza, aun después de la tragedia. Ella sabe que, aunque fue imposible prever la muerte de su hermano, una vez el Señor llegue Él le concederá lo que ella le pida.

Esta actitud de fe y confianza debería ser también nuestra actitud ante los problemas y dificultades de la vida. Tal vez tendremos que sufrir un poco, pero tenemos la certeza de que, tarde o temprano, el Señor vendrá en nuestra ayuda. Para Dios nunca es demasiado tarde, sólo tenemos que esperar pacientemente en la fe y pedirle que actúe.

«Jesús nos pone en esta “cresta” de la fe. A Marta que llora por la desaparición del hermano Lázaro opone la luz de un dogma: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a romper el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. Dice Jesús: “Yo no soy la muerte, yo soy la resurrección y la vida, ¿tú crees esto? ¿tú crees esto?”. Nosotros, que estamos aquí hoy en la plaza, ¿creemos esto? Somos todos pequeños e indefensos delante del misterio de la muerte. Pero ¡qué gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe! Jesús nos tomará de la mano, como tomó a la hija de Jairo, y repetirá una vez más: “Talitá kum”, “muchacha, levántate”. Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resucita!” Yo os invito, ahora, a cerrar los ojos y a pensar en ese momento: de nuestra muerte. Cada uno de nosotros que piense en la propia muerte, y se imagine ese momento que tendrá lugar, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”. Allí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Pensad bien: Jesús mismo vendrá donde cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su mansedumbre, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven, levántate, ven, levántate, resucita!”».
(Audiencia de S.S. Francisco, 18 de octubre de 2017).

EDD. lunes 29 de julio de 2019.

Lunes de la decimoséptima semana del tiempo ordinario
Santa Marta
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Marta aparece tres veces en el Evangelio: en la cena de Betania cuando, con María su hermana, acoge a Jesús en su casa; en la resurrección de su hermano Lázaro, cuando profesa su fe en Jesús y, finalmente, en el banquete ofrecido al Señor, seis días antes de la Pascua. En cada circunstancia, el relato del evangelio destaca su rol de dueña de casa.

Antífona de entrada Cf. Lc 1a, 38

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo aceptó hospedarse en la casa de santa Marta; concédenos, por su intercesión, que sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, podamos ser recibidos por ti en la morada eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Este pueblo ha cometido un gran pecado, ya que se ha fabricado un dios de oro.

Lectura del libro del Éxodo    24, 18bc; 31, 18; 32, 15-24. 30-34

Moisés subió al monte Sinaí y allí permaneció cuarenta días y cuarenta noches.

Cuando el Señor terminó de hablar con Moisés, le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el dedo de Dios.

Moisés emprendió el camino de regreso y bajó de la montaña llevando en sus manos las dos tablas del Testimonio, que estaban escritas de un lado y de otro. Esas tablas eran obra de Dios, y la escritura grabada sobre ellas era escritura de Dios.

Al escuchar el ruido de las aclamaciones que profería el pueblo, Josué dijo a Moisés: “Hay gritos de guerra en el campamento”. Pero Moisés respondió: “No son cantos de victoria, ni alaridos de derrota; lo que oigo son cantos de coros alternados”.

Cuando Moisés estuvo cerca del campamento y vio el ternero y las danzas, se enfureció, y arrojando violentamente las tablas que llevaba en sus manos, las hizo añicos al pie de la montaña. Después tomó el ternero que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta pulverizarlo. Luego esparció el polvo sobre el agua, y se la hizo beber a los israelitas.

Moisés dijo a Aarón: “¿Qué te ha hecho este pueblo para que lo indujeras a cometer un pecado tan grave?”

Pero Aarón respondió: “Te ruego, Señor, que reprimas tu enojo. Tú sabes muy bien que este pueblo está inclinado al mal. Ellos me dijeron: «Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto».

Entonces les ordené: «El que tenga oro que se desprenda de él». Ellos me lo trajeron, yo lo eché al fuego, y salió este ternero”.

Al día siguiente, Moisés dijo al pueblo: “Ustedes han cometido un gran pecado.  Pero ahora subiré a encontrarme con el Señor, y tal vez pueda expiar ese pecado”. Moisés fue a encontrarse nuevamente con el Señor y le dijo: “Por desgracia, este pueblo ha cometido un gran pecado, ya que se han fabricado un dios de oro. ¡Si Tú quisieras perdonarlo, a pesar de esto …! Y si no, bórrame por favor del Libro que Tú has escrito”.

El Señor le respondió: “Yo borraré de mi Libro al que ha pecado contra mí. Y ahora vete. Lleva a este pueblo hasta el lugar, que Yo te indiqué: mi ángel irá delante de ti. Y cuando llegue el momento, los visitaré para castigarlos por su pecado”.

SALMO RESPONSORIAL    105, 19-23

R/. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno!

En Horeb se fabricaron un ternero, adoraron una estatua de metal fundido: así cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come pasto.

Olvidaron a Dios, que los había salvado y había hecho prodigios en Egipto, maravillas en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo.

El Señor amenazó con destruirlos, pero Moisés, su elegido, se mantuvo firme en la brecha para aplacar su enojo destructor.EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO     Sant 1, 18

Aleluya.

El Padre ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Aleluya.

EVANGELIO

El grano de mostaza se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    13, 31-35

Jesús propuso a la gente esta parábola:

“El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.

Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: “Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo”.

Fuente :
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-07-29

REFLEXIÓN  :

• Estamos meditando el Sermón de las Parábolas, cuyo objetivo es revelar, por medio de comparaciones, el misterio del Reino de Dios presente en la vida del pueblo. El evangelio nos trae hoy dos pequeñas parábolas, del grano de mostaza y de la levadura. En ellas Jesús cuenta dos historias sacadas de la vida de cada día que servirán como medio de comparación para ayudar a la gente a descubrir el misterio del Reino. Al meditar estas dos historias, lo primero que hay que hacer no es querer descubrir lo que cada elemento de las historias nos quiere decir sobre el Reino. Lo primero que hay que hacer es mirar la historia en si misma como un todo y tratar de descubrir cuál es el punto central entorno al cual la historia fue construida, pues es este punto central lo que servirá como medio de comparación para revelar el Reino de Dios. Vamos a ver cuál es el punto central de las dos parábolas.

• Mato 13,31-32: La parábola del grano de mostaza. Jesús dice: «El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“ y luego cuenta la historia: un grano bien pequeño es lanzado en el campo; pero aún siendo pequeño, crece, se hace mayor que las otras plantas y llega a atraer los pajarillos para que hagan en ellas sus nidos. Jesús no explica la historia. Aquí vale lo que dice en otra ocasión: “Quien tenga oídos para oír, que oiga” Es decir: “Es esto. ¡Ustedes han oído, y ahora traten de entender!” A nosotros nos toca descubrir lo que esta historia nos revela sobre el Reino de Dios presente en nuestras vidas. Así, por medio de esta historia del grano de mostaza, Jesús provoca nuestra fantasía, pues cada uno de nosotros entiende algo de siembra. Jesús espera que las personas, nosotros todos, comencemos a compartir lo que cada uno descubre. Comparto aquí tres puntos que descubrí sobre el Reino a partir de esta parábola: (a) Jesús dice: «El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza“. El Reino no es algo abstracto, ni es una idea. Es una presencia en medio de nosotros (Lc 17,21). ¿Cómo es esta presencia? Es como el grano de mostaza: presencia bien pequeña, humilde, que casi no se ve. Se trata de Jesús mismo, un pobre carpintero, andando por Galilea, hablando del Reino a la gente de las aldeas. El Reino de Dios no sigue los criterios de los grandes del mundo. Tiene otro modo de pensar y de proceder. (b) La parábola evoca una profecía de Ezequiel, en la que se dice que Dios hará brotar una pequeña rama de cedro y la plantará en las alturas de la montaña de Israel. Este pequeño brote de cedro: ” echará ramas y producirá frutos, y se convertirá en un magnífico cedro. Pájaros de todas clases anidarán en él, habitarán a la sombra de sus ramas. Y todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol humillado, hago secar al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. (Ez 17,22-23). (c) El grano de mostaza, aún siendo pequeño, crece y suscita esperanza. Como el grano de mostaza, así el Reino tiene una fuerza interior y crece. ¿Crece cómo? Crece a través de la predicación de Jesús y de los discípulos y de las discípulas, en los poblados de la Galilea. Crece, hasta hoy, a través del testimonio de las comunidades y se vuelve buena noticia de Dios que irradia y atrae a la gente. La persona que llega cerca de la comunidad, se siente acogida, en casa, y hace en ella su nido, su morada. Al final, la parábola deja una pregunta en el aire: ¿quiénes son los pajarillos? La pregunta tendrá respuesta más adelante en el evangelio. El texto sugiere que se trata de los paganos que van a poder entrar en el Reino (Mt15,21-28).

• Mateo 13,33: La parábola de la levadura. La historia de la segunda parábola es ésta: una mujer mezcla un poco de levadura con tres medidas de harina, hasta que todo quede fermentado. De nuevo, Jesús no explica, sólo dice: «El Reino del Cielo es como la levadura…”. Como en la primera parábola, depende de nosotros el saber descubrir el significado para hoy. Comparto algunos puntos que he descubierto y que me hicieron pensar: (a) Lo que crece no es la levadura, sino la masa. (b) Se trata de una cosa bien casera, del trabajo de la mujer en casa. (c) La levadura tiene algo de podrido que se mezcla con la masa pura de la harina. (d) El objetivo es hacer ‘levitar’ la masa y no apenas una parte. (e) La levadura no tiene fin en si misma, sino que sirve para hacer crecer la masa.

• Mateo 13,34-35: Por qué Jesús habla en parábolas. Aquí, al final del Sermón de las Parábolas, Mateo trae una aclaración sobre el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente en forma de parábolas. El dice que era para que se cumpliera la profecía que dice: » Abriré con parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.». En realidad, el texto citado no es de un profeta, sino de un salmo (Sal 78,2). Para los primeros cristianos todo el Antiguo Testamento era una gran profecía que tenía que anunciar veladamente la venida del Mesías y la realización de las promesas de Dios. En Marcos 4,34-34, el motivo que llevaba a Jesús a enseñar a la gente por medio de parábolas era para adaptar el mensaje a la capacidad de la gente. Al ser ejemplos sacados de la vida de la gente, Jesús ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en lo cotidiano. La vida se volvía transparente. Jesús hacía percibir que lo extraordinario de Dios se esconde en las cosas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía así, de la vida. En las parábolas recibía una llave para abrirla y encontrar dentro de la vida las señales de Dios. Al final del Sermón de las Parábolas, en Mateo 13,52, como luego veremos, se va a dar otro motivo que lleva Jesús a enseñar por medio de parábolas. 

Fuente :
https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-mateo-1331-35

Comentario al evangelio de hoy sábado 27 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: «El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: ‘Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?’. El amo les respondió: ‘De seguro lo hizo un enemigo mío’. Ellos le dijeron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’. Pero él les contestó: ‘No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero'».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Muchas veces nos preguntamos por qué hay tanto mal en el mundo y por qué la gente inocente también tiene que sufrir. La cizaña de la que habla el Evangelio es un tipo de respuesta a la situación del mal en el mundo. Tenemos que pedirle al Señor que nos ilumine para saber cuándo actuar y qué hacer porque, de otra manera, las cosas nos saldrían peor de lo que están.

El discernimiento, que es saber que haría Cristo, nos ayuda a comprender cómo llevar nuestra vida para nuestro bien y el de los demás, porque la actitud de desesperación no es una actitud cristiana. Debemos reconocer que solos no podemos con todos nuestros problemas porque nos superan, pero confiando en el Señor y aprendiendo de Él a través de la oración y la lectura del Evangelio podemos salir delante y hacerle frente a nuestros males. Al final, los que hayan cumplido la voluntad de Dios serán recompensados, los otros no.

«El cristiano sabe que el Reino de Dios, su Señoría de amor está creciendo como un gran campo de grano, aunque en medio está la cizaña. Siempre hay problemas, están los chismorreos, están las guerras, están las enfermedades… están los problemas. Pero el grano crece, y al final el mal será eliminado. El futuro no nos pertenece, pero sabemos que Jesucristo es la gracia más grande de la vida: es el abrazo de Dios que nos espera al final, pero que ya desde ahora nos acompaña y nos consuela en el camino. Él nos conduce a la gran “tienda” de Dios con los hombres, con muchos otros hermanos y hermanas, y llevaremos a Dios el recuerdo de los días vividos aquí abajo. Y será bonito descubrir en ese instante que nada se ha perdido, ninguna sonrisa y ninguna lágrima. Por mucho que nuestra vida haya sido larga, nos parecerá haber vivido en un suspiro».
(Audiencia de S.S. Francisco, 23 de agosto de 2017).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73105/que-hacer-ante-el-mal.html#modal

EDD. sábado 27 de julio de 2019

Hoy, sábado, 27 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (24,3-8):

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.» 
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. 
Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» 
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49,1-2.5-6.14-15

R/.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza

El Dios de los dioses, el Señor, habla: 
convoca la tierra de oriente a occidente. 
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece. R/.

«Congregadme a mis fieles, 
que sellaron mi pacto con un sacrificio.» 
Proclame el cielo su justicia; 
Dios en persona va a juzgar. R/.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, 
cumple tus votos al Altísimo 
e invócame el día del peligro: 
yo te libraré, y tú me darás gloria.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,24-30):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’.»»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Pedro Martinez

Queridos amigos:

Terminamos la semana escuchando otra de las llamadas parábolas del Reino que el evangelista Mateo ofrece agrupadas. En los próximos días, fortalecidos ya por la celebración del domingo, se nos proclamarán más.

Nos encontramos hoy ante el trigo y la cizaña, que crecen mezclados en el campo; en un campo en el que los enemigos del Reino han ido haciendo también su trabajo. Muchos de nosotros pertenecemos a generaciones educadas en la contemplación de la misericordia de Dios, en la conciencia de su deseo de salvar a todos y de su infinita paciencia. Corremos el peligro (y a veces hemos caído en él) de minusvalorar la fuerza del mal, del que está sembrado en el campo del mundo y del que anida dentro de cada uno de nosotros. Con frecuencia, con el paso de los años, hemos ido poniendo palabra a esta experiencia: el mal existe; el mal tiene fuerza; el mal pelea dentro de cada uno de nosotros, a veces incluso con procedimientos muy sibilinos; el Reino tiene enemigos, y nosotros a veces bailamos a su ritmo.

Por eso la parábola suena tan bien y nos invita gozosa y confiadamente a la esperanza. La fe nos invita a ser lúcidos, a vivir en sencillez, pero también en astucia, a calcular bien el peso, la medida y el coste de la torre antes de edificarla. Hay cizaña; y de vez en cuando colaboramos con ella. No caigamos en ingenuidades que Dios no desea.

Pro al tiempo se nos ofrecen mil ayudas para que el trigo termine con la cizaña en nosotros, para que el bien venza claramente la batalla al mal, para que el Reino pueda seguir abriéndose camino con nuestra ayuda.

Hoy es sábado. María de Nazaret camina con nosotros todos los días del año, pero hoy podemos invocarla de modo especial, unidos a los millones de creyentes que lo hacen: María, madre y hermana, ayúdanos a dar buen fruto, a acoger mejor la Palabra, a proclamar con nuevo entusiasmo que viviremos como quiere el Señor. Santa María, ruega por nosotros.

¡Buen fin de semana, hermanos! ¡Que el Señor os conceda un buen domingo!

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 26 de julio de 2019.

Evangelio del día: (Bienaventurados sus oídos y sus ojos):

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Bienaventurados, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; Bienaventurados sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron». Palabra del Señor

Reflexión al Evangelio del día

En el marco del discurso en parábolas sobre el Reino, inserta San Mateo esta explicación sobre el porqué de las parábolas.

El que tiene el corazón bien dispuesto, y los oídos abiertos, es «el que tiene». Son los que habían recibido la Alianza del Sinaí, la Torá, pero que no se cierran a la venida del Mesías en la persona de Jesús.

A estos se les dará el mandamiento nuevo, la nueva ley del amor que viene a dar cumplimiento y plenitud a la Ley antigua.

Sin embargo, los que oyen sin entender y miran sin ver, son «los que no tienen» y aún lo que creen tener les será quitado, porque no se convirtieron con la predicación de los profetas y se quedaron en la letra de la Ley.

¿Qué podemos hacer para no quedar excluidos de esta nueva bienaventuranza de Jesús: «Dichosos sus ojos porque ven y sus oídos porque oyen»?

  1. No encasillar el Espíritu, sino dejar que Él siempre pueda renovar nuestra mentalidad.
  2. Buscar la sencillez de corazón, porque Dios se revela a los pequeños y huye de los altivos y soberbios.
  3. Estar abiertos: abrir el corazón, la mente, los ojos, los oídos.No tener miedo y estar siempre disponibles para Dios y sus inspiraciones

Mantengamos los oídos, los ojos, el corazón… abiertos a Jesús y sus palabras para ser dichosos. (Monjas Dominicas, Dominicos.org)

Fuente : https://www.pildorasdefe.net/liturgia/evangelio-mateo-13-10-17-aprender-abrir-corazon-mente-ojos-oidos-al-amor-de-dios

Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de julio de 2019.

Paz y Bien a todos.

DOMINGO XVII DEL AÑO.

Génesis 18,20-32: Diálogo entre Dios y Abraham. Abraham ejerce su rol de mediador. Dios se manifiesta misericordioso y justo.

Colosenses 2,12-14: La obra salvadora es presentada como la liquidación de una deuda que se registra en un documento que Cristo clavó en la cruz. Por esta obra de salvación el discípulo no debe abandonar su confianza en Dios.

Lucas 11,1-13: Jesús hace una catequesis sobre la oración. Hay tres momentos:

. Jesús enseña a orar invocando a Dios como Padre.

. Es necesario orar sin cesar: la parábola del amigo inoportuno.

. Se debe pedir lo bueno al Padre: el Espíritu Santo.

1.- Hoy la Palabra nos habla de la oración. Lo primero que hay que dejar bien establecido es que la oración es propia de toda religión: los budistas oran, los musulmanes oran, los hebreos oran, los cristianos oran. Pero la oración del creyente judío es diferente a la del pagano. Y la del cristiano es mucho más diferente. El orante creyente ora con confianza. Así, Abraham oró como amigo, habla con Dios como con un amigo. Es capaz de interceder por los que no son miembros del pueblo prometido.

Cabe hacerse la pregunta: ¿por qué orar?  El cristiano simplemente ora porque se sabe perdonado, salvado. Y se abandona con confianza en Dios, su Padre.

Hay que tener en cuenta que los que hemos optado por Cristo pertenecemos al Reino de Dios. Y lo que el Señor nos sugiere pedir en primer lugar es que venga el Reino de Dios. Los que están en el Reino oran. Y señal de pertenencia al Reino es la oración confiada que hacemos a Dios.

Jesús al enseñar sobre la oración no da fórmulas, sino presenta un modelo. El que ora derrama su alma indigente ante Dios.

2.- Dentro de su enseñanza Jesús nos enseña a llamar a Dios PADRE = Abba. Y Dios es Padre de los que aceptan a Jesús y creen en Él (Juan 1,12). De allí ha de brotar esa confianza plena en Él. Confianza que nos debe llevar a orar sin interrupción. La imagen del amigo inoportuno es muy elocuente. Y san Pablo nos dice que hay que “orar sin cesar” (1Tesalonicenses 5,17). El cristiano no debe cansarse de orar. Alguno pensará: No puedo pasar todo el día rezando. No se trata de eso. Orar sin cesar significa tener muy presente al Señor en todo momento, acordarse de Él con fe y amor.

Otra cosa que nos enseña el Señor es saber pedir siempre lo bueno y lo mejor. Es interesante lo que dice la carta de Santiago: “Piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones” (Stgo. 4,3). Jesús enseña a pedir lo que es bueno y, dentro de lo que es bueno, lo mejor. Y Dios, que es Padre y la bondad misma, sin duda dará lo mejor que Él puede dar a sus hijos que acuden a Él. Su Espíritu Santo.

3.- Hoy día, en muchos lugares y ambientes, hay crisis de oración, porque hay crisis de fe., porque no se vive en el ámbito del Reino. Así como señal de que un cuerpo está vivo es que aún respira, del mismo modo, señal que un cristiano está vivo es que ora. A muchos les cuesta orar porque no oran a la manera de Cristo, como hijos. Muchos en su oración son todavía paganos y se cumple lo que dice la carta de Santiago.

Son muchos los cristianos que no siente a Dios como Padre; se acercan a Él con mucho temor y poca confianza. Debemos tomar conciencia de que somos hijos amados de Dios, que Él siempre quiere darnos lo mejor de Él y no lo mejor para mí.

La oración es la fe puesta en acción, fe en el Dios que salva, que ama y escucha.

4.- Hay muchas formas de oración. Oración de petición, de intercesión, de alabanza, de acción de gracias, entre otras. No importa el tipo de oración. Lo que importa es que sea hecha en forma sencilla, sincera y honesta. Dentro de todas las formas de oración cristiana la mejor es la de Acción de gracias. En la plenitud del Reino cesarán las peticiones, las intercesiones, las rogativas, las cadenas de oración. Pero permanecerá para siempre la Acción de gracias. Por eso, la mejor oración nuestra es la Acción de gracias, es decir, la Eucaristía. Aquí nos unimos vitalmente con Cristo; Él en nosotros y nosotros en Él. Somos con Él hijos del Padre. No dudemos que el Señor nos dará todo lo que necesitamos.

Aquí podemos decir con el salmista: “Me escuchaste, Señor, cuando te invoqué”. Bueno, basta de hablar de la oración, mejor hagamos ofración.

                              Hermano Pastor Salvo Beas.