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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. viernes 26 de julio de 2019

Hoy, viernes, 26 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (44,1.10-15): 

Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Fueron hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasó de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría, la asamblea pregona su alabanza. 

Palabra de Dios

Salmo

Sal 131

R/.
El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.» R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,16-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.» 

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pedro Martinez

Queridos amigos:

Todos nos hemos puesto más de una vez ante textos de la Escritura que no logramos entender. La asistencia del Espíritu se hace en esos momentos especialmente necesaria: el magisterio de la Iglesia, la sabiduría de los santos, la palabra de los teólogos y sobre todo de quienes viven llenos del Espíritu del Señor se convierten para nosotros en una ayuda imprescindible.

Pero también hay casos, como el de hoy, en que el mismo texto incluye suficientes pistas o aclaraciones. De modo más evidente que otros días, hoy es Jesús en persona quien no deja sombra de duda y desgrana él mismo la parábola del sembrador que se nos proclamaba el pasado miércoles. Prolongando la mejor tradición de la Iglesia, hoy es un buen día para que nos preguntemos con qué disposiciones recibimos la Palabra del Señor: ¿ponemos medios suficientes para entenderla?, ¿nos hemos preocupado de dotar de raíces a nuestra vida de fe?, ¿no estaremos permitiendo que los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahoguen la acción de la Palabra en nosotros?…

Hoy se nos concede una buena oportunidad, sobre todo si disponemos del sosiego suficiente para respondernos a la luz del Espíritu.

No nos engañemos; siempre podemos dejar que la Gracia actúe con más fuerza en nosotros. Si nos parece que estamos suficientemente abiertos al Espíritu, dudemos de nosotros mismos; no nos limitemos a escuchar a aquellos que nos alaban o tranquilizan; busquemos la ayuda y el contraste de quienes nos invitan a remar más adentro.

La Escritura nos previene: el Señor no se manifiesta sobre todo en lo espectacular. Al contrario. La asamblea del sínodo de los obispos de 2013, centrada en la nueva evangelización para el anuncio de la fe, llegó a hablar de Cristo como “el señor de nuestra vida cotidiana” y nos insta a cultivar momentos de contemplación insertados en nuestro acontecer más ordinario.

Los santos de hoy, discretos pero importantísimos (tanto que a través de ellos vino al mundo María, la madre del Señor), pueden ayudarnos en este camino de acogida de la Palabra.

Amigos Joaquín y Ana, enseñadnos a hacer nuestra la Palabra del Señor. Educadnos, como a María, en la docilidad y en la respuesta generosa a su voluntad. Pedid al Señor que nos infunda la sabiduría de sus pobres.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 25 de julio de 2019.

Hoy, jueves, 25 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,33;5,12.27-33;12,2):

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» 
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 66

R/.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (4,7-15):

Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios. 

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (20,20-28):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» 
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» 
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Lo somos.» 
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.» 
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.» 

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pedro Martinez

Queridos amigos:

Todos tenemos nuestros santos preferidos. Uno de los míos es Santiago. Lo siento; quizá se note demasiado en mi comentario.

Santiago es para muchas personas, especialmente jóvenes y no muy cercanas a la fe, más un lugar, una ciudad, que una persona. El atractivo que durante siglos ejerció Compostela, acreditado ya hace tiempo, se ha intensificado en los últimos años, y son miles quienes de modos muy diversos (en bicicleta, a caballo, a pie…) se dirigen a la ciudad del Norte de España. Pero Santiago es -sobre todo- un apóstol, un discípulo del Señor. Un discípulo tan recordado que se apela a él desde grafías muy diversas: Jaime, Jacobo, Yago…

Santiago es uno de los apóstoles de los que tenemos más datos bíblicos. Hermano de Juan, es uno de los elegidos para ser testigos de acontecimientos bien importantes: la curación de la suegra de Pedro, la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la oración en el huerto… Santiago es también el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Cristo, como atestigua la primera lectura de hoy (Hch 12, 2).

Llamado por el mismo Jesús ‘hijo del trueno’ (Mc 3, 17), las Escrituras nos hablan del carácter impetuoso del apóstol, de su deseo de que caiga fuego del cielo sobre quienes niegan hospedaje a Jesús, de su cobardía inicial a la hora de acompañar al Señor que caminaba hacia la cruz… El episodio que el evangelio de hoy nos narra, en el que quizá Mateo trata de esconder a los Zebedeos tras su inocente madre, habla también de ese carácter.

Debemos muchas cosas a Santiago. La historia de la fe de quienes oramos en español está llena de su presencia y de frutos de su intercesión. Pero también debemos agradecer que su sinceridad abriera la puerta a que Jesús nos dejara una enseñanza tan hermosa como la que hoy se nos proclama: ¿para qué vivimos?, ¿quién es el verdaderamente grande entre nosotros? Leamos con calma el evangelio de hoy sin dejar de interceder por los jóvenes reunidos en Río.

Gracias, hermano Santiago, por tu continuo velar sobre nuestra fe. Gracias por tu ejemplo y  coherencia. Gracias por haber dejado que el Evangelio modelara tu carácter. Gracias por avivar en tantos el deseo de bondad, de belleza, de paz. Condúcenos a todos al que es la Verdad.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 24 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

«Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. Él que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Seguramente hemos experimentado muchas veces lo bello y gratificante que es el pasar un largo tiempo en diálogo con una o varias personas, o también simplemente estar en su compañía. En el Evangelio de hoy vemos cómo Jesús pasó largo tiempo hablándole a la muchedumbre que lo escuchaba. ¿Qué experimentaban en sus corazones los que escuchaban al Señor, qué les hacía estar largo tiempo en su presencia? A mí, ¿qué me hace estar con el Señor? ¿Busco y deseo estar a su lado, le escucho?

El Señor nos ama tanto que está siempre para nosotros. Él vino, se encarnó para comunicarnos su amor, para darnos luz, para enseñarnos la verdad y el camino, para darnos vida. Sus palabras deben tocar nuestro interior, iluminarlo y alentarlo. En Él, y en sus palabras, podemos encontrar el verdadero consuelo, la verdadera paz y felicidad, el sentido a nuestra vida y a lo que en ese momento estamos viviendo.

Entrar en oración, visitarle en la Eucaristía, dirigir nuestra mirada y pensamiento a Él, es desear estar con Él. Descubramos la belleza que hay en estar ahí, en gastar nuestro tiempo a su lado, en dejar que sus palabras penetren mi corazón, porque es ahí donde nuestra vida da verdaderos frutos. Es experimentar y gustar la fuerza, el ardor y la dulzura de sus palabras y de su presencia.

«Los frutos de la misa, [de la oración] por tanto, están destinados a madurar en la vida de cada día. Podemos decir así, un poco forzando la imagen: la misa es como el grano, el grano de trigo que después en la vida ordinaria crece, crece y madura en las buenas obras, en las actitudes que nos hacen parecernos a Jesús. Los frutos de la misa, por tanto, están destinados a madurar en la vida de cada día. En verdad, aumentando nuestra unión con Cristo, la eucaristía actualiza la gracia que el Espíritu nos ha donado en el bautismo y en la confirmación, para que nuestro testimonio cristiano sea creíble. Entonces, encendiendo en nuestros corazones la caridad divina, ¿la eucaristía qué hace? Nos separa del pecado: “Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con Él por el pecado mortal”».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de abril de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73102/busco-deseo-estar-con-jesus-en-la-oracion-en-la-eucaristia.html#modal

EDD. miércoles 24 de julio de 2019

Hoy, miércoles, 24 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (16,1-5.9-15):
Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.
La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.»
El Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo; que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi ley o no. el día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recojan a diario.»
Moisés dijo a Aarón: «Di a la comunidad de los israelitas: «Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones».»
Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube.
El Señor dijo a Moisés: «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles de mi parte: «Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan, para que sepáis que yo soy el Señor, Dios vuestro».»
Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo parecido a la escarcha. 
Al verlo, los israelitas se dijeron: «¿Qué es esto?»
Pues no sabían lo que era. 
Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 77,18-19.23-24.25-26.27-28

R./
El Señor les dio pan del cielo

Tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?» R./

Pero dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste. R./

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el Levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur. R./

Hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas. R./

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,1-9):

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. 
Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol. se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos ciento, otros sesenta, otros treinta. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pedro Martinez

Queridos amigos:

“¡Por fin un día de feria!”, pensarán algunos hermanos. Es verdad; las fiestas nos agradan, pero al mismo tiempo pueden llegar a cansarnos. Hoy, de todos modos, la Iglesia recuerda también a algunos santos que podemos venerar. Les invito a fijarse en uno: el presbítero Sarbelio (Chárbel) Makhluf, de la orden de los maronitas libaneses, que vivió de 1828 a 1898, beatificado en 1965 y canonizado en 1977. Su condición de cristiano de Oriente recuerda la universalidad de nuestra fe y la coexistencia al interior de nuestra Iglesia católica de diversas tradiciones, ritos y sensibilidades. El Espíritu del Señor sigue usando mil caminos para hablarnos; no nos empeñemos en ponerle barreras y fronteras.

La figura del P. Chárbel evoca también la pasión por descubrir la voluntad del Padre que hemos contemplado ayer y anteayer en Brígida y María Magdalena, y pone ante nuestros ojos la importancia del desierto, de la dedicación en profundidad a la oración y de que no concedamos en nuestras vidas a los ajetreos del mundo un lugar que no merecen.

En el desierto encontramos en la lectura del Éxodo al pueblo de Israel. Como tantas otras veces sus actitudes se parecen mucho a las nuestras. Quienes han sido singularmente amados por Dios, quienes son objeto de su preocupación y cariño, quienes han sido librados de la mano opresora del Faraón, añoran las ollas de Egipto y tiempos pasados que parecen mejores. (¡Cuántas veces hemos vivido episodios semejantes en el caminar postconciliar de la Iglesia!; ¿creemos de verdad que es el Señor quien guía su barca?). El desierto no se presenta atractivo, como tampoco lo son a primera vista muchas de las puertas estrechas que nos invita a cruzar el Señor.

Pero su fidelidad brilla sobre todo y en toda circunstancia: “haré llover pan del cielo”, “al atardecer comeréis carne y a la mañana os saciaréis de pan”. Dios Padre sigue ofreciéndonos de muchos modos pan del cielo. Y uno de esos modos por excelencia es su misma Palabra, esa palabra que tantos desconocen y que nosotros tenemos la gracia y el privilegio de escuchar; esa palabra que el Sembrador sale a diario a sembrar encontrando acogidas tan diferentes: Santos y santas de Dios, ayudadnos a ser tierra buena que acoge la Palabra. Enseñadnos a preparar nuestro corazón para que el Señor pueda darnos cada día la ración de verdadero pan del cielo que nos convenga.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 23 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: «Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo».

Pero él respondió al que se lo decía: «Quien es mi madre y quienes son mis hermanos?». Y señalando con las manos a sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Recuerdo hace algunos años haber asistido a un festival de rock. Mientras caminaba, podía ver grupos de personas afines a un género específico del rock; había casi de todo un poco por ser un festival que duraría tres días. Lo interesante era que las personas a las que le gustaba un género, no se mezclaban con los demás. Cada género tenía, por lo tanto, su pequeño grupo en donde al que le gustaba el punk, se vestía y actuaba como tal en medio de todos los demás y los otros lo identificábamos. Era fácil reconocer a todos y todos podían reconocerme.

En el Evangelio vemos ese pequeño grupo que sigue a Jesús, sus discípulos. Ciertamente Jesús no es el cantante principal de una banda de rock en la cual los fanáticos lo siguen, pero ser un verdadero discípulo implica mucho más que estar allí, implica vestirme y actuar como tal.

El actuar es necesario para ser, si soy cristiano debo actuar como tal. Así como los fanáticos del punk actúan de una manera especial propia de ellos, los cristianos actúan de una forma especial, una que hace que todos los reconozcan como tal. Amar a Dios sobre todas las cosas y a mi prójimo como a mí mismo es el actuar que resume la vida del cristiano; ser cristiano es amar, amar es ser discípulos de Cristo.

Pero es bastante incongruente que un fanático del punk se vista como a uno al que le gusta el merengue, no hay lógica en actuar de una forma y exteriormente ser de otra. El cristiano no puede amar como debe si no está propiamente vestido para la ocasión. Para amar es necesario vestirse de un corazón que está dispuesto a la donación, de un corazón que refleja la disposición de recibir a todos; no se puede amar sin un corazón abierto. Pero ¿de dónde saco este corazón? La respuesta es sencilla, dejándome amar por Dios; en este dejarme amar por Dios mi corazón crece; dejándome amar por Dios me visto de caridad para los demás y así puedo amar a Dios y a mi hermano.

Pero la diferencia entre Cristo y un cantante de una banda de rock no está en que uno es Dios y la otra creatura, sino en que uno canta en una tarima lejos de sus fanáticos y Dios está cerca de mí. Ser un discípulo de Cristo no es como un fanático de una banda sino es algo más especial. Él me conoce, Él está conmigo, soy parte de su familia. El amarle no es solamente un acto de fanatismo, el amarle es formar parte de su familia. El poder amar a Dios y poder ser amado por Él es el mayor regalo que nos puede dar.

Cumplamos la voluntad del Padre celestial; amemos y dejémonos amar por Dios; formemos parte de la hermosa familia de Cristo y vivamos en este mundo el ser cristiano esperando el gran concierto de Jesús en el Paraíso.

«Hoy todos nosotros tomemos un poco de tiempo para pensar: Jesús nos ha amado tanto y no fue entendido por los suyos. Los parientes, dice el Evangelio, cuando fueron a encontrarlo decía: “ha perdido la cabeza, ha perdido la cabeza”. No era entendido. Pensar en Jesús solo, hacia la cruz, decidido, en medio de la incomprensión de los suyos: pensar esto y ver a Jesús caminar decididamente hacia la cruz y darle las gracias. Decir: “Gracias Señor, porque has sido obediente, has sido valiente; has querido tanto, me has querido tanto”. Hacer hoy un coloquio con él: ¿cuántas veces intento hacer tantas cosas y no te miro a ti que hiciste esto por mí? Tú que fuiste paciente —el hombre paciente, Dios paciente— y que con tanta paciencia toleraste mis pecados, mis fallos. Se puede hablar con Jesús así —él siempre está decidido a andar adelante, a poner la cara— y darle las gracias».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de octubre de 2017, en santa Marta).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73101/jesus-y-una-banda-de-rock.html#modal

EDD. martes 23 de julio de 2019.

Martes de la decimosexta semana del tiempo ordinario

Santa Brígida, religiosa

Memoria libre

Color: blanco

Brígida (1303-1373) pertenecía a la aristocracia sueca. Casada con un hombre profundamente cristiano, le dio ocho hijos. A la muerte de su marido, empezó a recibir revelaciones sobre la Pasión de Cristo. Como terciaria franciscana, pasó en Roma los últimos veintitrés años de su vida en la pobreza y la oración.

Antífona de entrada Cf. Prov 31, 30. 28

La mujer que teme al Señor merece ser alabada; su marido la elogia y sus hijos la felicitan. 

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que condujiste a santa Brígida por diferentes caminos en su vida terrena, y le enseñaste admirablemente la sabiduría de la Cruz por la contemplación de la Pasión de tu Hijo, concédenos que, siguiendo tu voz, te busquemos siempre en todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Los israelitas entraron por el cauce seco del mar.

Lectura del libro del Éxodo    14, 21—15, 1

Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.

Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.

El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en Él y en Moisés, su servidor.

Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

SALMO RESPONSORIAL     Ex 15, 8-10. 12. 17

R/. ¡El Señor se ha cubierto de gloria!

Al soplo de tu ira se agolparon las aguas, las olas se levantaron como un dique, se hicieron compactos los abismos del mar.

El enemigo decía: “Los perseguiré, los alcanzaré, repartiré sus despojos, saciaré mi avidez, desenvainaré la espada, mi mano los destruirá”.

Tú soplaste con tu aliento, y el mar los envolvió; se hundieron como plomo en las aguas formidables. Extendiste tu mano y los tragó la tierra.

Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Jn 14, 23

Aleluya.

“El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos”.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     12, 46-50

Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”.

Jesús le respondió: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-07-23

REFLEXIÓN :

• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» La reacción de Jesús es firme: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.
• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.
• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.
• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Creó comunidad.
• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.

Fuente :
https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-mateo-1246-50

Ángelus: Conjugar “la contemplación y la acción” para disfrutar de la vida con alegría

“Con las manos de Marta y el corazón de María”

julio 22, 2019 11:34Larissa I. LópezAngelus y Regina Coeli

(ZENIT- 22 julio 2019).- “La sabiduría del corazón reside precisamente en saber conjugar estos dos elementos: la contemplación y la acción. Marta y María nos muestran el camino (…)”, expresó el Papa Francisco.

Antes del rezo del Ángelus, en la plaza de San Pedro, el Santo Padre comentó ayer, 21 de julio de 2019, el evangelio dominical que narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María en Betania.

En él, María “deja lo que estaba haciendo para estar cerca de Jesús”, mientras que Marta “está totalmente ocupada con otros quehaceres”. El Papa explicó que Jesús le dice a esta última “’Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas’” (v. 41) y que “con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive”.

En torno a la contemplación y la acción, el Pontífice continuó señalando “si queremos disfrutar de la vida con alegría, debemos aunar estas dos actitudes: por un lado, el ‘estar a los pies’ de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de cada cosa; por otro, ser diligentes y estar listos para la hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro un amigo que necesita un momento de descanso y fraternidad”.

Así, al final invitó a pedir: “¡Qué María Santísima, Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de amar y servir a Dios y a nuestros hermanos con las manos de Marta y el corazón de María, para que permaneciendo siempre a la escucha de Cristo podamos ser artesanos de paz y de esperanza!”.

A continuación ofrecemos íntegramente las palabras del Santo Padre antes del Ángelus.

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Palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje de este domingo, el evangelista Lucas narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María, las hermanas de Lázaro (ver Lc 10.38-42). Ellas lo reciben bienvenida, y María se sienta a sus pies para escucharlo; deja lo que estaba haciendo para estar cerca de Jesús: no quiere perderse ninguna de sus palabras. Todo debe dejarse de lado porque, cuando Él viene a visitarnos en nuestra vida, su presencia y su palabra vienen antes que todo. El Señor siempre nos sorprende: cuando empezamos a escucharlo realmente, las nubes se desvanecen, las dudas dan paso a la verdad, los miedos a la serenidad y las diferentes situaciones de la vida encuentran el lugar que les corresponde. El Señor siempre, cuando viene, arregla las cosas, incluso para nosotros.

En esta escena de María de Betania a los pies de Jesús, San Lucas muestra la actitud orante del creyente, que sabe cómo permanecer en la presencia del Maestro para escucharlo y estar en sintonía con Él. Se trata de hacer una parada durante el día, de recogerse en silencio, unos minutos, para dejar espacio al Señor que “pasa” y encontrar el valor de quedarse un poco “separado” con Él, para volver luego, con serenidad y eficacia, a las cosas cotidianas. Elogiando el comportamiento de María, que “eligió la parte buena” (v. 42), Jesús parece repetirnos a cada uno de nosotros: “No te dejes llevar por las cosas que hacer; escucha antes que nada  la voz del Señor, para desempeñar bien las tareas que la vida te asigna”.

Luego está la otra hermana, Marta. San Lucas dice que fue ella la que hospedó a  Jesús (ver el versículo 38). Tal vez Marta era la mayor de las dos hermanas, no lo sabemos, pero ciertamente aquella mujer tenía el carisma de la hospitalidad. Efectivamente, mientras María escucha a Jesús, ella está totalmente ocupada con otros quehaceres. Por eso, Jesús le dice: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas” (v. 41). Con estas palabras, ciertamente no pretende condenar la actitud del servicio, sino más bien la ansiedad con la que a veces se vive. También nosotros compartimos las preocupaciones de santa Marta y, siguiendo su ejemplo, nos proponemos asegurarnos de que, en nuestras familias y en nuestras comunidades, vivamos el sentido de aceptación, de fraternidad, para que todos puedan sentirse “como en casa”, especialmente los pequeños y los pobres cuando llaman a la puerta.

El Evangelio de hoy nos recuerda, pues que la sabiduría del corazón reside precisamente en saber conjugar estos dos elementos: la contemplación y la acción. Marta y María nos muestran el camino. Si queremos disfrutar de la vida con alegría, debemos aunar  estas dos actitudes: por un lado, el “estar a los pies” de Jesús, para escucharlo mientras nos revela el secreto de cada cosa; por otro, ser diligentes  y estar listos para la hospitalidad, cuando Él pasa y llama a nuestra puerta, con el rostro un amigo que necesita un momento de descanso y fraternidad. Hace falta esta hospitalidad.

¡Qué María Santísima, Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de amar y servir a Dios y a nuestros hermanos con las manos de Marta y el corazón de María, para que permaneciendo siempre a la escucha de Cristo podamos ser artesanos de  paz y de esperanza! Y esto es interesante: con estas dos actitudes seremos artesanos de  paz y de esperanza.

Fuente : https://es.zenit.org/articles/angelus-conjugar-la-contemplacion-y-la-accion-para-disfrutar-de-la-vida-con-alegria/

Comentario al Evangelio de hoy lunes 22 de julio de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llego a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

María había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?». Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estas llorando? ¿A quién buscas?». Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dijo: «¡María!». Ella se volvió y exclamó: «¡Rabbuni!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios'».

María Magdalena fue a ver a los discípulos y les anunció: «¡He visto al Señor!» y les contó lo que Jesús le había dicho.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando tenemos trato muy frecuente con una persona a la que amamos mucho, notamos que hay una forma especial cómo esta persona se dirige a nosotros, cómo nos llama, cómo habla, los gestos que tiene… Lo mismo le sucedió a María Magdalena. Su experiencia de vida y perdón que Jesús le había dado le llevó a ser una nueva mujer; solo así se entiende ese momento de encuentro tan íntimo. Él pronuncia el nombre de María con esa forma única que ella estaba acostumbrada a escuchar y lo reconoce. Toda la tristeza que llevaba en su alma se torna en gozo porque pronunció su nombre, «María», esto bastó para que ella afirmara, con toda certeza, que había visto al Señor sabiendo que muchos no le iban a creer.

Jesús ahora está vivo y resucitado. De igual forma como llamó a María nos llama por nuestro nombre. La respuesta que le queramos dar es muy personal. Pero, aunque la respuesta sea personal, siempre lleva consigo una misión, anunciar a otros que este encuentro con el resucitado es real porque llena el alma de gozo y de paz tan profundas, que nada ni nadie nos la puede quitar.

En una sociedad donde son muchos los que ven a Dios como una tradición cultural superada, o que simplemente dicen creer, pero no lo hacen realmente, la tarea de los cristianos es ser fermento y no tener miedo de anunciar lo que el Señor ha hecho y hace en nuestras vidas. Basta estar un poco atento para no pasar por desapercibido las bendiciones que recibimos día con día.

María Magdalena estaba distraída en su tristeza interior y, teniendo a Jesús de frente, no le reconoció; de igual forma Jesús está enfrente de nosotros, nos habla a través de innumerables formas y no le reconocemos por tener nuestra mirada en nosotros mismos. Digamos con María, «he visto al Señor», para dar testimonio de este gozo. Pidámosle a Jesús que nos dé la gracia de conocerle y amarle más profundamente.

«Todos los Evangelios subrayan el papel de las mujeres, María de Magdala y las otras, como primeros testigos de la resurrección. Los hombres, atemorizados, estaban encerrados en el cenáculo. Pedro y Juan, avisados por la Magdalena, hacen solo una rápida salida en la que constatan que la tumba está abierta y vacía. Pero fueron las mujeres las primeras en encontrar al Resucitado y a llevar el anuncio de que Él está vivo. Hoy, queridos hermanos y hermanas resuenan también para nosotros las palabras de Jesús dirigidas a las mujeres: “No temáis; id y anunciad…”. Después de los ritos del Triduo Pascual, que nos han hecho revivir el misterio de la muerte y resurrección de nuestro Señor, ahora con los ojos de la fe lo contemplamos resucitado y vivo. También nosotros estamos llamados a encontrarlo personalmente y a convertirnos en sus anunciadores y testigos».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de abril de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73100/nos-llama-por-nuestro-nombre.html#modal

EDD. lunes 22 de julio de 2019.

Hoy, lunes, 22 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares (3,1-4a):

Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: «¿Visteis al amor de mi alma?» Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 62,2.3-4.5-6.8-9

R/.
Mi alma está sedienta de ti, mi Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, 
mi alma está sedienta de ti; 
mi carne tiene ansia de ti, 
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario 
viendo tu fuerza y tu gloria! 
Tu gracia vale más que la vida, 
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré 
y alzaré las manos invocándote. 
Me saciaré como de enjundia y de manteca, 
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio, 
y a la sombra de tus alas canto con júbilo; 
mi alma está unida a ti, 
y tu diestra me sostiene. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1.11-18):

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. 
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» 
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» 
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» 
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» 
Jesús le dice: «¡María!» 
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» 
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»» 
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Pedro Martinez

Queridos amigos:

Hay realidades que nos acompañan durante todo el año, pero no siempre se perciben igual; en determinados momentos se hacen especialmente visibles, aunque estén siempre ahí. Algo de eso pasa con los santos, con aquellos hermanos y hermanas que han recorrido ya el camino de la fe y, tras hacer suyo el Evangelio, comparten la gloria del Padre. Siempre están ahí, caminando a nuestro lado y velando por nosotros, aunque haya fechas del año en que tomemos conciencia de su presencia de un modo singular.

En este año litúrgico 2019 esta semana (la decimosexta del tiempo ordinario) se presenta llena de santos y además (¡que me perdonen otros!) de santos de primera. Nuestra lectura continua de la Palabra se va a ver interrumpida, y hasta quizá algún día oigamos proclamar lecturas que no esperamos, pero la incomodidad merece la pena. Este Año de la Fe es una buena ocasión para profundizar en el lugar de los santos en nuestra vida. Una lectura afectuosa de la constitución Lumen gentium puede ayudarnos: en estos discípulos del Señor el Padre nos  revela su rostro y muestra caminos seguros que llevan a él. Nosotros, peregrinos, podemos acogernos a su intercesión, protección y socorro. Si la presencia del Espíritu nos garantiza que nunca caminamos solos, la cercanía de los santos lo confirma claramente. La Eucaristía es, además, el lugar por excelencia para que, junto a María, nos encontremos con ellos.

Y para iniciar la semana nuestra primera compañera es ni más ni menos María Magdalena, llamada apóstol de los apóstoles. Las dos lecturas de la eucaristía insisten en el amor; el Cantar de los Cantares resalta sobre todo la búsqueda apasionada de la que dan fe el salmo y el texto evangélico. También las oraciones de la liturgia nos invitan a fijarnos en la “gran ofrenda de amor” de “la que se entregó a Jesús para siempre”: María, contágianos tu amor por Jesús. Enséñanos a buscarle sin desfallecer, a no dejar jamás de anunciarle y de transmitir la alegría que Él siembra entre nosotros. Magdalena, ayúdanos a no despreciar nunca a nadie. Y mucho menos a los que parecen amar con exceso.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 20 de julio de 2019

Hoy, sábado, 20 de julio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (12,37-42):

En aquellos días, los israelitas marcharon de Ramsés hacia Sucot: eran seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños; y les seguía una multitud inmensa, con ovejas y vacas y enorme cantidad de ganado. Cocieron la masa que habían sacado de Egipto, haciendo hogazas de pan ázimo, pues no había fermentado, porque los egipcios los echaban y no los dejaban detenerse; y tampoco se llevaron provisiones. La estancia de los israelitas en Egipto duró cuatrocientos treinta años. Cumplidos los cuatrocientos treinta años, el mismo día, salieron de Egipto las legiones del Señor. Noche en que veló el Señor para sacarlos de Egipto: noche de vela para los israelitas por todas las generaciones. 

Palabra de Dios

Salmo

Sal 135,1.23-24.10-12.13-15

R/.
Porque es eterna su misericordia

En nuestra humillación, se acordó de nosotros. R/.

Y nos libró de nuestros opresores. R/.

Él hirió a Egipto en sus primogénitos. R/.

Y sacó a Israel de aquel país. R/.

Con mano poderosa, con brazo extendido. R/.

Él dividió en dos partes el mar Rojo. R/.

Y condujo por en medio a Israel. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (12,14-21):

En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

¿Qué ha hecho Dios por ti? ¿Serías capaz de hacer una lista de todas aquellas acciones amorosas de Dios a través de las cuales te ha ido cuidando desde el seno materno? No. De todas no puedes porque no eres consciente. ¿Serías capaz de recordar algunos acontecimientos de salvación, de traer a la memoria a algunos ángeles (personas) que han sido mensajeros de Dios y que te ayudaron a encontrarte con Él, que fueron guías y luces en tu vida? Estoy seguro que si te pusieras en oración prolongada, un día de retiro, de desierto y orases con esta intención: “Señor ayúdame a ser consciente de todo aquello que has hecho por mi”, te llevarías alguna sorpresa agradable.

Fíjate en el salmo 135 que nos propone hoy la liturgia de la Palabra. Va enumerando los distintas situaciones en las que Dios ha sido amoroso con su pueblo: En nuestra humillación se acordó de nosotrosnos libró de nuestros opresores; con mano poderosa, con brazo extendido… Y la antífona va contestando: Porque es eterna su misericordia. Te propongo que en tu oración de hoy escribas tu propio salmo trayendo a la memoria y al corazón las acciones amorosas que Dios ha ido haciendo en ti desde que tienes uso de razón, y alábale orando con la antífona del salmo … porque es eterna su misericordia.

La lectura del Éxodo es lo que hace, recordar la acción amorosa de Dios para con su pueblo al liberarlo de la esclavitud. Y el Evangelio nos recuerda la última y mayor acción amorosa que Dios nos ha hecho: darnos a su Hijo. Así reza el evangelista Mateo parafraseando al profeta Isaías: Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.

Hoy es sábado. Que María Madre de Jesús y Madre nuestra interceda por nosotros para que tengamos un corazón agradecido que sepa cantar las maravillas del Señor en nuestra vida como ella hizo en el Magníficat.

Vuestro hermano en la fe:  
Juan Lozano, cmf.

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy