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Autor: Patricio Osiadacz

Papa Francisco: “El amor es exigente siempre, requiere compromiso”

Palabras del Papa antes del Ángelus 

agosto 25, 2019 13:59Rosa Die AlcoleaAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 25 agosto 2019).- “Para salvarse, es necesario amar a Dios y al prójimo, ¡y esto no es cómodo! Es una ‘puerta estrecha’ porque es exigente, el amor es exigente siempre, requiere compromiso, es decir, ‘esfuerzo’, es decir, la voluntad firme y decisiva para vivir según el Evangelio”, ha indicado el Papa Francisco.

El Santo Padre ha rezado el Ángelus este domingo, 25 de agosto de 2019, desde el balcón del Palacio Apostólico, dirigido a los visitantes y peregrinos que se encontraban en la plaza de San Pedro. Como de costumbre, el Pontífice ha comentado el Evangelio antes de rezar la oración.

En el Evangelio de hoy, XXI Domingo Ordinario, Jesús habla de quién se va a salvar y lo hace por medio de la parábola de la puerta estrecha por la que entrarán personas de toda la tierra, mientras que otros que se tenían por salvados quedarán excluidos.

“El Señor nos reconocerá, no por nuestros títulos”, ha asegurado Francisco. “El Señor nos reconocerá sólo por una vida humilde y buena, una vida de fe que se traduce en las obras”. Así, el Papa ha exhortado en el rezo del Ángelus a un “esfuerzo de todos los días, de cada día, para amar a Dios y al prójimo”.

Jesús no quiere engañarnos, diciendo: “Sí, estad tranquilos, es fácil, hay una bonita autopista y una gran puerta en la parte inferior…”. “No nos dice eso. Nos habla de la puerta estrecha. Nos dice las cosas como son: el pasaje es estrecho”, ha aclarado el Papa.

A continuación, ofrecemos las palabras del Papa Francisco antes de rezar el Ángelus, este domingo, 25 de agosto de 2019.

***

Palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 13, 22-30) nos presenta a Jesús, que pasa enseñando por ciudades y pueblos, en su camino hacia Jerusalén, donde sabe que debe morir en la cruz por la salvación de todos nosotros. En este contexto, se inserta la pregunta de tal persona, que se vuelve hacia él y le dice: “Señor, ¿son pocos los que son se salvan?” (v. 23).

La cuestión era debatida en aquel tiempo –cuantos se salvan, cuantos no…– y había diferentes maneras de interpretar las Escrituras al respecto, dependiendo de los textos que tomaran. Pero Jesús invierte la pregunta, –que se centra más en la cantidad, “¿son pocos?”– y en cambio, coloca la respuesta en el plano de la responsabilidad, invitándonos a hacer buen uso del tiempo presente. En efecto dice: Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque muchos intentarán entrar pero no lo conseguirán.

Con estas palabras, Jesús deja claro que no se trata de una cuestión de número, ¡no hay un “número cerrado” en el Paraíso! Se trata de cruzar el pasaje derecho ahora mismo, y este pasaje derecho es para todos, pero es estrecho. Ese es el problema. Jesús no quiere engañarnos, diciendo: “Sí, estad tranquilos, es fácil, hay una bonita autopista y una gran puerta en la parte inferior…”. No nos dice eso. Nos habla de la puerta estrecha. Nos dice las cosas como son: el pasaje es estrecho.

¿En qué sentido? En el sentido de que para salvarse, es necesario amar a Dios y al prójimo, ¡y esto no es cómodo! Es una “puerta estrecha” porque es exigente, el amor es exigente siempre, requiere compromiso, es decir, “esfuerzo”, es decir, la voluntad firme y decisiva para vivir según el Evangelio. San Pablo lo llama “la buena batalla de la fe” (1 Tim 6, 12). Se necesita el esfuerzo de todos los días, de cada día, para amar a Dios y al prójimo.

Y, para explicarse mejor, Jesús narra una parábola. Hay un casero que representa al Señor. Su casa simboliza la vida eterna, es decir, la salvación. Y aquí vuelve la imagen de la puerta. Jesús dice: “Cuando el casero se levante y cierre la puerta, vosotros, que os habéis quedado fuera, empezaran a llamar a la puerta diciendo: “Señor, ábrenos”. Pero él les contestará: “No sé de dónde son”. (v. 25). Estas personas tratarán de hacerse reconocer, recordando al casero: “Comí contigo, bebí contigo… Escuché tus consejos, tus enseñanzas en público…”. (ver v. 26); “Yo estaba allí cuando diste esa conferencia…”. Pero el señor repetirá que no los conoce, y los llama “operadores de injusticia”. ¡Ese es el problema! El Señor nos reconocerá, no por nuestros títulos – “Pero mira, Señor, que yo pertenecía a esa asociación, que era amigo del monseñor, del cardenal, del sacerdote…”. No, los títulos no cuentan, no cuentan. El Señor nos reconocerá sólo por una vida humilde y buena, una vida de fe que se traduce en las obras.

Para nosotros, los cristianos, esto significa que estamos llamados a instaurar una verdadera comunión con Jesús, orando, yendo a la Iglesia, acercándonos a los sacramentos, y alimentándonos con su Palabra. Esto nos mantiene en la fe, alimenta nuestra esperanza y reaviva la caridad y así con la gracia de Dios podemos y debemos gastar nuestra vida por el bien de nuestros hermanos, luchando contra toda forma de mal y de injusticia.

Que la Virgen María nos ayude. Ella pasó por la puerta estrecha, que es Jesús. Lo acogió con todo su corazón y lo siguió todos los días de su vida, aun cuando ella no comprendía, incluso cuando una espada atravesaba su alma. Por eso la invocamos como “Puerta del Cielo”: María, Puerta del Cielo; una puerta que sigue exactamente la forma de Jesús: la puerta del corazón de Dios, corazón exigente, pero abierto a todos nosotros.

Fuentes : http://es.catholic.net/op/articulos/73171/la-coherencia-de-vida.html#modal

Comentario al evangelio de hoy lunes 26 de agosto de 2019.

Del santo Evangelio según san Mateo 23, 13-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto y, cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga, pero que jurar por la ofrenda que está sobre él, sí obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La hipocresía es, por decirlo de algún modo, la enemiga pública número uno de Jesús. Es de ella de quien habla cuando afirma que lo malo proviene del interior del hombre; es a ella que expulsa cuando desata su enojo con los comerciantes del templo. Será también ante ella que Él formulará su pregunta: ‘Si no he obrado mal, entonces ¿por qué me pegas?’

Aún hoy la hipocresía sigue rondando con cierta libertad. Se esconde en los detalles, o mejor dicho, en las intenciones que motivan los detalles. La podemos encontrar en todas las máscaras que nos ponemos día a día con el deseo de agradar a tal o cual persona, o bien cuando descargamos todo el peso y el rigor de nuestro juicio sobre los actos del prójimo y después justificamos nuestro mismo proceder.

¡Absurdo! En verdad, ni acercamos a otros a la salvación, ni llegamos nosotros mismos. Eso sucede cuando existe el doblez en nosotros, cuando no somos auténticos hijos de Dios. ¿Es que acaso no hemos conocido el amor con que Jesús se donó en la Cruz? ¿O es que sencillamente no dejamos que ese amor entre realmente en nuestros corazones endurecidos? Con qué facilidad decimos creer en Dios, ¡y con cuánta dificultad lo llevamos de verdad a la práctica!

Mas esto no debe desanimarnos. Sólo Cristo puede enderezar lo torcido de nuestros caminos. Mientras más contemplamos el rostro de Cristo, más se nos hacen evidentes nuestras tinieblas, pero también más rápido son desterradas al abismo del que salieron en principio. Vivir en la hipocresía es vivir en la mentira; y quien no vive en la verdad, no vive según su propia dignidad de hijo de Dios. Así pues, sólo la verdad puede hacernos libres. Lo demás es un laberinto sin salida.

«Nos podemos preguntar: ¿Es posible tomar sobre sí el nombre de Dios de forma hipócrita, como una formalidad, vacía? La respuesta es desafortunadamente positiva: sí, es posible. Se puede vivir una relación falsa con Dios. Jesús lo decía de esos doctores de la ley; ellos hacían cosas, pero no hacían lo que Dios quería. Hablaban de Dios, pero no hacían la voluntad de Dios. Y el consejo que da Jesús es: “Haced lo que dicen, pero no lo que hacen”. Se puede vivir una relación falsa con Dios, como esa gente. Y esta palabra del Decálogo es precisamente la invitación a una relación con Dios que no sea falsa, sin hipocresías, a una relación en la que nos encomendamos a Él con todo lo que somos. En el fondo, hasta el día en el que no arriesgamos la existencia con el Señor, tocando con la mano que en Él se encuentra la vida, hacemos solo teorías. Este es el cristianismo que toca los corazones».
(Audiencia de S.S. Francisco, 22 de agosto de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73171/la-coherencia-de-vida.html#modal

EDD. lunes 26 de agosto de 2019.

Hoy, lunes, 26 de agosto de 2019

Primera lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,1-5.8b-10):

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda. Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/.
El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; 
que se alegre Israel por su Creador, 
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas, 
cantadle con tambores y cítaras; 
porque el Señor ama a su pueblo 
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria 
y canten jubilosos en filas: 
con vítores a Dios en la boca; 
es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,13-22):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga!» ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga.» ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  : 

Queridos amigos:

Todos recordamos las bienaventuranzas del evangelio de Mateo. Son un buen comienzo del discurso del monte. En cada una se designa una categoría de personas y luego se aduce el motivo por el que tales gentes son acreedoras a la dicha.

Probablemente nos gustaría más reflexionar sobre esos macarismos en vez de tener que hacerlo sobre las malaventuranzas; estas parecerán antipáticas, pero el caso es que también ellas forman parte de la “Buena Noticia” y que se escribieron para nuestra instrucción. Si contienen avisos saludables y señalan direcciones prohibidas, son una ayuda para nuestro camino cristiano. Toca, pues, “resignarse” a considerar este capítulo  de Mateo, jalonado por siete (ocho) ayes contra escribas y fariseos. Hoy nos detenemos en el segundo ay (por devorar los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos), que solo se encuentra en algunos manuscritos, pero que el Leccionario ha mantenido.

Solemos decir que el fin no justifica los medios. Así, la educación y enseñanza de un niño no se consigue a fuerza de palizas; es verdad que se requiere inculcar disciplina, pero se nos antoja demasiado brutal el principio “la letra con sangre entra”; ganar una partida de cartas es bueno, pero no se debe conseguir haciendo trampas; es deseable aprobar un examen, pero no es justo copiarlo; no es moral dar falso testimonio ni siquiera para salvar a un inocente.

Podemos dar la vuelta a esa sentencia sobre la relación fin-medios y proponer: “los medios no justifican el fin”. Los rezos son, en principio, buenos; pero no es de recibo emplearlos para expoliar a la gente y saquearle sus bienes, más que más a la gente necesitada. El buen medio no cohonesta el mal fin; al contrario, es este el que pervierte al primero. A buen fin, buenos medios; a buenos medios, buen fin.

Vuestro amigo
Pablo Largo

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy sábado 24 de agosto de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?”. Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?”. Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Posiblemente en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado lo que significa escuchar hablar de una persona que no conocemos y más cuando lo que se escucha de ella son cosas grandiosas, increíbles o asombras. Seguramente nace en nuestro interior el deseo y la inquietud de conocer y poder saber de esa persona, pues de ese modo podremos comprobar personalmente la verdad de lo que escuchamos.

En el Evangelio de hoy, vemos que a Natanael le sucede algo similar. Felipe viene a él y le habla de una persona, le invita a conocerlo. Pero no se trata de una persona cualquiera, que es nueva en el pueblo, sino que le habla de Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas. Más aún, Felipe señala que lo han encontrado. Decir esto, para un judío era de gran importancia, no se podía jugar con ello. Natanael duda, pero no por ello deja apagar su inquietud de comprobar si es verdad, lo que Felipe le trasmite. Pero en el encuentro de Jesús con Natanael, sucede algo extraño, no es Natanael quien descubre y conoce a Jesús como el Mesías, sino que es el Señor quien se le revela y quien muestra que conoce a Natanael. Jesús viene a nosotros. Conoce el corazón de cada hombre, pero desea encontrarse personalmente con cada uno y revelarle su amor y verdad. Desea un encuentro de corazón a corazón. Eso fue lo que los apóstoles experimentaron en sus vidas, su mirada se cruzó con la del Señor y ambas tocaron su corazón.

Nuestra vida cristiana no puede sostenerse solo por palabras que escuchamos o leemos, sino que encuentra su sentido y verdad en el encuentro personal con el Señor. Un encuentro en el silencio de nuestro corazón, de que nace el deseo de seguirlo y permanecer con Él y ser su discípulo.

«Si esta es una clave válida de lectura de nuestra historia actual, entonces deberíamos comenzar a dar las gracias a quien nos brinda la oportunidad de este encuentro es decir, a los “otros” que llaman a nuestras puertas, ofreciéndonos la oportunidad de superar nuestros miedos para encontrar, acoger y ayudar a Jesús en persona. Y aquellos que han tenido la fuerza de dejarse liberar del miedo, los que han experimentado la alegría de este encuentro hoy están llamados a anunciarlo desde los tejados, abiertamente, para ayudar a otros a hacer lo mismo, predisponiéndose al encuentro con Cristo y su salvación. Hermanos y hermanas, es una gracia que comporta una misión, fruto del completo abandono al Señor, que es para nosotros la única certeza verdadera. Por esta razón, como individuos y como comunidades, estamos llamados a hacer nuestra la oración del pueblo redimido: “Mi fortaleza y mi canción es el Señor, él es mi salvación”».
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73168/jesus-viene-a-nosotros.html#modal

EDD. sábado 24 de agosto de 2019.

Hoy, sábado, 24 de agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14):

El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.» 
Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

R/.
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, 
que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, 
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres, 
la gloria y la majestad de tu reinado. 
Tu reinado es un reinado perpetuo, 
tu gobierno va de edad en edad. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos, 
es bondadoso en todas sus acciones; 
cerca está el Señor de los que lo invocan, 
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51):

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» 
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» 
Felipe le contestó: «Ven y verás.» 
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» 
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» 
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» 
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» 
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN  :

Queridos hermanos:

Y acabamos la semana vestidos de rojo, celebrando con el color de los apóstoles y de los mártires; un color que nunca ha abandonado la vida de la Iglesia y que sabemos especialmente presente en muchas regiones del mundo: el color de la valentía con la que cientos de nuestros hermanos sostienen la fe en todos los continentes. Unos lo hacen acosados por la persecución de gobiernos totalitarios, casi a escondidas; otros tratando de que los dioses del bienestar, la corrupción y el abuso del prójimo no les ganen la batalla, demostrando que se puede ser servidor público, empresario, trabajador de banca e incluso político, siendo justo y honrado; otros acogiendo con ánimo y humor las cruces de cada día…

¡Qué sabiduría la de la Iglesia al proponernos diversos colores litúrgicos! ¡Y todos son nuestros! Nuestro es el verde de la vida cotidiana, que para un cristiano nunca puede ser tiempo ‘ordinario’ (en el sentido de vulgar). Nuestro el morado, que nos recuerda la contingencia y nuestras componendas con el pecado. Nuestro el rojo, del testimonio y el esfuerzo por la fe. ¡Y nuestro, por Gracia, el blanco de quienes ya comparten la gloria del Resucitado y los planes del Padre!

Afirmamos con gozo y razón que nuestra fe se levanta sobre el testimonio de los apóstoles como Bartolomé. Y es verdad, y sobre el de un número difícil de contar de mujeres, que con valentía siguieron a Jesús y acogieron su Palabra, entre las que destaca sobre todo María que -como ha recordado hace poco el Papa Francisco- es mucho más relevante en la Iglesia que papas, presbíteros y obispos.

Poco sabemos de Bartolomé. Llevamos siglos identificándolo con Natanael, aunque sin certezas absolutas. Pero nos consta lo fundamental: su condición de discípulo (como nosotros), y de discípulo pecador, perdonado y coherente al final de su camino (ojalá también como nosotros). Pero esa falta de datos no le hace menos apóstol, ni menos relevante que Pedro, Santiago o Juan. Nuestra unidad -tan importante, querida por Dios y objeto de la oración de Jesús- se expresa en diversidad, en variedad de dones, sensibilidades, biografías. Se trata de otra lección que hemos de seguir aprendiendo.

Bartolomé, enséñanos a nacer de nuevo, a dejar que el Espíritu vaya haciendo su labor en nosotros. Fortalece nuestra fe; alienta nuestra coherencia en el amor. Ayúdanos a vivir intensamente unidos al tiempo que acogemos cada día con más gratitud los dones de cada uno.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 23 de agosto de 2019

Hoy, viernes, 23 de agosto de 2019

Primera lectura

Comienzo del libro de Rut (1,1.3-6.14b-16.22):

En tiempo de los jueces, hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su mujer Noemí y sus dos hijos, desde Belén de Judá a la campiña de Moab. Elimelec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, que se casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero, al cabo de diez años de residir allí, murieron también los dos hijos, y la mujer se quedó sin marido y sin hijos. Al enterarse de que el Señor había atendido a su pueblo dándole pan, Noemí, con sus dos nueras, emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí. 
Noemí le dijo: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.» 
Pero Rut contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.» 
Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, volvió de la campiña de Moab. Empezaba la siega de la cebada cuando llegaron a Belén.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 145,5-6ab.6c-7.8-9a.9be-10

R/.
Alaba, alma mía, al Señor

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, 
el que espera en el Señor, su Dios, 
que hizo el cielo y la tierra, 
el mar y cuanto hay en él. R/.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, 
que hace justicia a los oprimidos, 
que da pan a los hambrientos. 
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan, 
el Señor ama a los justos. 
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda 
y trastorna el camino de los malvados. 
El Señor reina eternamente, 
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» 
Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Algunas personas, probablemente con buena voluntad, acostumbran a preguntar a los niños si quieren más a papá o a mamá, al abuelo o a la abuela. Dejando de lado esa buena intención se trata de una práctica que nunca he entendido. Me parece que hace escaso bien a los niños y que a no pocos incluso les perjudica. ¿Qué sentido tiene enfrentar a los pequeños a ese tipo de disyuntivas?

Mi comentario viene a cuenta del evangelio que hoy escuchamos. También tengo la impresión de que con demasiada frecuencia los cristianos, incluso los más ‘cultivados’, contraponemos realidades que en el plan de Dios van de la mano y las presentamos como si unas excluyeran a las otras. Eso nos pasa con binomios como gracia y esfuerzo, acción y contemplación, dedicación a lo espiritual e implicación en las cosas de cada día, inserción local y catolicidad, estudio y compromisos concretos, e incluso (y este es el caso que hoy la Palabra nos plantea) amor al Señor y amor al prójimo.

El texto evangélico ya nos advierte de que esta vez a Jesús se le cuestionó con la intención de ponerle a prueba. De todos modos la pregunta puede ser también bien intencionada: ¿cuál es el mandamiento principal?, ¿qué hay que poner por delante? Pero la palabra y el ejemplo de Jesús son bien claros: el amor al Señor y el amor a los hermanos (a sus hijos) van de la mano. Más aún, el segundo -sobre todo en lo que concierne a los más pequeños- es el mejor termómetro del primero.

Gracias a Dios no nos han faltado testigos de esa unidad: hombres y mujeres que han vivido con una enorme intensidad ambos amores, que en realidad son uno solo. Como Iglesia celebramos hoy a Rosa de Lima, un referente singular para toda América Latina y el Caribe al tiempo que ejemplo e intercesora para todos, una de las mejores aportaciones de las tantas que la familia dominicana y las mujeres han hecho a la historia de la Iglesia. Pidamos, por su intercesión, vivir cada vez más ambos amores y no disociarlos en el discurrir de cada día.

Rosa de Lima, ¡intercede por nosotros!

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

“Compartir”, la verdadera señal de que tu corazón se ha convertido – Catequesis completa .

“Poner en comunión”

agosto 21, 2019 18:29Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 21 agosto 2019).- “El vínculo con Cristo establece un vínculo entre hermanos que converge y se expresa también en la comunión de bienes materiales”, ha recordado el Papa Francisco esta mañana en la audiencia general.

“La señal de que tu corazón se ha convertido es cuando la conversión llega a tus bolsillos, cuánto toca tu propio interés: allí es donde ves si uno es generoso con los demás, si uno ayuda a los más débiles, a los más pobres: cuando la conversión llega allí, asegúrate de que es una verdadera conversión”, ha reflexionado el Santo Padre.

Tras una pausa en las audiencia generales el pasado 14 de agosto, el Pontífice ha continuado hoy, 21 de agosto de 2019, el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles. Como es habitual en el mes de agosto, la audiencia se ha celebrado en el aula Pablo VI, debido al intenso calor en Roma.

En la catequesis pronunciada este miércoles, el Papa ha comentado la expresión “Lo tenían todo en común” (Hch 4,32). ¿Cómo sabes “si eres generoso con los demás”? “Si ayudamos a los más débiles, a los más pobres”, ha asegurado.

La koinonia, dinamismo central

La koinonia es una palabra griega que significa “poner en comunión”, “compartir”, ser como una comunidad, no aislada. “Esta es la experiencia de la primera comunidad cristiana”, ha indicado el Santo Padre, es decir, “compartir”, “comunicar, participar”, no aislarse.

La comunidad, o koinonia, se convierte así en el nuevo modo de relación entre los discípulos del Señor, ha señalado. “Los cristianos experimentan una nueva forma de estar entre ellos, de comportarse”. Este camino era el amor. “Pero no el amor a las palabras, no el amor falso: el amor a las obras, a ayudarse unos a otros, el amor concreto, la concreción del amor”, ha matizado el Papa.

Turistas de catacumbas

El Papa ha advertido del riesgo de ser “turistas de catacumbas” y ha aclarado que “no debemos ser turistas en la Iglesia, sino hermanos entre nosotros”. Así lo ha expresado: “Hay muchos turistas en la Iglesia que están siempre de paso, pero nunca entran en la Iglesia: es el turismo espiritual el que les hace creer que son cristianos, mientras que sólo son turistas de las catacumbas”.

Francisco se ha referido así a los que actúan con hipocresía, advirtiendo de que la hipocresía “es el peor enemigo de esta comunidad cristiana, de este amor cristiano: fingir que nos amamos unos a otros, pero sólo buscando el propio interés”.

Sigue la catequesis completa pronunciada en italiano por el Santo Padre, esta mañana en la audiencia general.

***

Catequesis del Papa Francisco

La comunidad cristiana nace del derramamiento sobreabundante del Espíritu Santo y crece gracias al fermento del compartir entre hermanos y hermanas en Cristo. Hay un dinamismo de solidaridad que construye la Iglesia como familia de Dios, donde la experiencia de la koinonia es central. ¿Qué quiere decir esta palabra rara? Es una palabra griega que significa “poner en comunión”, “compartir”, ser como una comunidad, no aislada. Esta es la experiencia de la primera comunidad cristiana, es decir, compartir, “compartir”, “comunicar, participar”, no aislarse.

En la Iglesia de sus orígenes, esta koinonia, esta comunidad se refiere sobre todo a la participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso, cuando comulgamos decimos “nos comunicamos”, entramos en comunión con Jesús y desde esta comunión con Jesús llegamos a la comunión con nuestros hermanos y hermanas. Y esta comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se realiza en la Santa Misa se traduce en unión fraterna, y por tanto también en lo que nos resulta más difícil: poner en común nuestros bienes y recoger dinero para la colecta en favor de la Iglesia Madre de Jerusalén (cf. Rom 12, 13; 2 Cor 8-9) y de las demás Iglesias.

Si queréis saber si sois buenos cristianos debéis orar, tratad de acercaros a la comunión, el sacramento de la reconciliación. Pero la señal de que tu corazón se ha convertido es cuando la conversión llega a tus bolsillos, cuánto toca tu propio interés: allí es donde ves si uno es generoso con los demás, si uno ayuda a los más débiles, a los más pobres: cuando la conversión llega allí, asegúrate de que es una verdadera conversión. Si se queda sólo en palabras, no es una buena conversión.

La vida eucarística, las oraciones, la predicación de los Apóstoles y la experiencia de comunión (cf. Hch 2,42) hacen de los creyentes una multitud de personas que tienen -dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles- “un solo corazón y una sola alma” y que no consideran su propiedad como lo que poseen, sino que lo tienen todo en común (cf. Hch 4,32). Es un modelo de vida tan fuerte que nos ayuda a ser generosos y no mezquinos.

Por eso, “ninguno de ellos […] tenía necesidad, porque los que poseían -dice el Libro- campos o casas los vendían, traían el producto de lo que se había vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch 4,34-35). La Iglesia siempre ha tenido este gesto de cristianos que se despojaban de las cosas que tenían de más, de las cosas que no eran necesarias para dar a los necesitados. Y no sólo dinero, sino tiempo. ¡Cuántos cristianos –ustedes, por ejemplo, aquí en Italia–, cuántos cristianos hacen voluntariado! ¡Esto es hermoso! Es comunión, compartir mi tiempo con los demás, ayudar a los necesitados. Y así, el voluntariado, las obras de caridad, las visitas a los enfermos; se presta siempre a compartir con los demás, y no sólo buscar nuestro propio interés.

La comunidad, o koinonia, se convierte así en el nuevo modo de relación entre los discípulos del Señor. Los cristianos experimentan una nueva forma de estar entre ellos, de comportarse. Y es el modo cristiano adecuado, hasta el punto de que los paganos miraban a los cristianos y decían: “¡Mirad cómo se aman!”. El amor era el camino. Pero no el amor a las palabras, no el amor falso: el amor a las obras, a ayudarse unos a otros, el amor concreto, la concreción del amor.

El vínculo con Cristo establece un vínculo entre hermanos que converge y se expresa también en la comunión de bienes materiales. Sí, esta forma de estar juntos, este amor llega a tus bolsillos, llega incluso a despojarte del impedimento del dinero para dárselo a los demás, yendo en contra de tus propios intereses. Ser miembros del Cuerpo de Cristo hace que los creyentes sean corresponsables unos de otros. Ser creyentes en Jesús nos hace a todos corresponsables los unos de los otros. “Pero mira eso, el problema que tiene, no me importa, es asunto suyo”. No, entre los cristianos no podemos decir: “Pobre, tiene un problema en casa, está pasando por esta dificultad familiar”. Yo debo rezar, lo llevo conmigo, no soy indiferente. Esto es ser cristiano.Por eso los fuertes apoyan a los débiles (cf. Rom 15,1) y nadie experimenta la pobreza que humilla y desfigura la dignidad humana, porque viven esta comunidad: tener el corazón en común. Se aman el uno al otro. Esta es la señal: amor concreto.

Santiago, Pedro y Juan, que son los tres apóstoles como las “columnas” de la Iglesia de Jerusalén, establecen comunitariamente que Pablo y Bernabé evangelizan a los paganos mientras ellos evangelizan a los judíos, y simplemente piden a Pablo y Bernabé, una condición: no olvidar a los pobres, recordar a los pobres (cfr. Gal 2, 9-10). No sólo los pobres materiales, sino también los pobres espirituales, las personas que tienen problemas y necesitan nuestra cercanía. El cristiano siempre parte de sí mismo, de su propio corazón, y se acerca a los demás como Jesús se acercó a nosotros. Esta es la primera comunidad cristiana.

Un ejemplo concreto del compartir y de la comunión de bienes nos viene del testimonio de Bernabé: posee un campo y lo vende para entregarlo a los Apóstoles (cf. Hch 4, 36-37). Pero junto a su ejemplo positivo aparece otro tristemente negativo: Ananías y su esposa Saffira, vendieron un terreno, decidieron entregar sólo una parte a los Apóstoles y guardar la otra para sí mismos (cf. Hch 5,1-2). Este engaño rompe la cadena del compartir libre, sereno, desinteresado y las consecuencias son trágicas, fatales (Hch 5,5.10). El apóstol Pedro desenmascara la mala conducta de Ananías y de su esposa y le dice: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón, para que mintieras al Espíritu Santo y guardaras una parte de las ganancias del campo? […] No habéis mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch 5:3-4). Podríamos decir que Ananías mintió a Dios por una conciencia aislada, una conciencia hipócrita, es decir, por una pertenencia eclesial “negociada”, parcial y oportunista.

La hipocresía es el peor enemigo de esta comunidad cristiana, de este amor cristiano: fingir que nos amamos unos a otros, pero sólo buscando el propio interés. Fallar en la sinceridad de compartir, de hecho, o fallar en la sinceridad del amor, es cultivar la hipocresía, distanciarse de la verdad, volverse egoísta, apagar el fuego de la comunión y destinarse al frío de la muerte interior. Los que se comportan así pasan por la Iglesia como turistas. Hay muchos turistas en la Iglesia que están siempre de paso, pero nunca entran en la Iglesia: es el turismo espiritual el que les hace creer que son cristianos, mientras que sólo son turistas de las catacumbas.

No, no debemos ser turistas en la Iglesia, sino hermanos entre nosotros. Una vida basada sólo en el beneficio y el aprovechamiento de las situaciones en detrimento de los demás, inevitablemente causa la muerte interior. Y cuánta gente dice estar cerca de la Iglesia, ser amigos de los sacerdotes, obispos, buscando sólo su propio interés. ¡Estas son las hipocresías que destruyen a la Iglesia! El Señor –lo pido por todos nosotros– derrame sobre nosotros su Espíritu de ternura, que supera toda hipocresía y pone en circulación esa verdad que alimenta la solidaridad cristiana, que lejos de ser una actividad de asistencia social, es la expresión indispensable de la naturaleza de la Iglesia, la tierna madre de todos, especialmente de los más pobres.

© Traduction de zenit, Rosa Die Alcolea

Fuente : https://es.zenit.org/articles/compartir-la-verdadera-senal-de-que-tu-corazon-se-ha-convertido-catequesis-completa/

Homilía para la Eucaristía del domingo 25 de agosto de 2019.

DOMINGO XXI DEL AÑO.

Isaías 66,18-21: Una Buena y novedosa Noticia: Dios mismo reunirá a todos, no sólo a los judíos, para que vean su gloria, es decir, participen de Dios.

Hebreos 12,5-7.11-13: Nueva exhortación para perseverar en la fe: el Señor corrige al que yerra, no castiga, porque somos sus hijos. Por eso debemos esforzarnos para ser fieles.

Lucas 13,22-30: Jesús plantea que Él ha venido a salvar e invita a luchar por la salvación. Y esto es para todos, no para unos privilegiados.

1.- Hoy se nos plantea un tema que a veces aflora en nuestras conversaciones religiosas: ¿quiénes se salvan? ¿Cuántos se salvan? ¿Cómo se salvan? Pienso que debemos tener presente lo que dice san Pablo: “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Timoteo 2,4). Y la salvación en la Sagrada Escritura es presentada como una convocación universal; caen todos los exclusivismos de raza, de sangre o pueblo. Y así lo presenta Isaías en la primera lectura. En este nuevo Pueblo santo todos caben y Dios elige de en medio de este pueblo a sus ministros.

Dios convoca, llama para que podamos “ver su gloria”. El estado final de los redimidos se describe como una participación en la gloria de Dios, gloria manifestada en Jesucristo (cfr. 1Pedro 4,13). Esa es la meta, eso es lo Dios quiere.

2.- Jesús dice lo mismo, pero utiliza el símil el Banquete del Reino al que todos estamos invitados a participar; todos sin excepción. Pero, hermanos,  esta invitación exige una respuesta. El texto habla de “Traten de entrar”; sin embargo el texto original habla de “trabajar”, “contender”, “luchar”. Es decir, el invitado al banquete debe esforzarse.

Entonces quien salva es Dios con su gracia y la apertura humilde y penitente del hombre. Y en este esfuerzo que cada uno debe hacer también intervine el Señor. ¿De qué manera? El, porque nos ama, nos corrige. Corrección que, aunque dolorosa,  produce la salvación. Porque la paz o salvación es fruto del ejercicio, del esfuerzo.

Corrección de Dios es la prueba de fe que todos sufrimos en este mundo. La Escritura dice: “Ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente” (1Pedro 1,6). Las pruebas por las que estamos pasando actualmente son indicios del amor que el Señor nos tiene.

3.-Si la convocación universal es signo de salvación, del amor que Dios nos tiene, la división entre los hombres, en cambio,  es signo de pecado, del pecado reinante en el mundo. Vemos hoy cómo cuesta, incluso en nuestra patria,  aceptar al diferente, sea este un inmigrante o un miembro de los pueblos originarios. Vemos cómo todavía existen contiendas religiosas e ideológicas. Todo esto es señal de la presencia del mal en el mundo. Muchos hay que  no entran al banquete e impiden que otros entren.

Para Dios no existen los privilegios. Sin embargo,  Él se inclina por el pobre, el débil, el que no tiene protección. Existe el triste espectáculo de tanta gente que sufre porque no tienen qué comer y dónde vivir. Esto es doloroso. Y eso Dios no lo quiere.

4.- Hoy volvemos a encontrarnos porque Dios nos ha convocado gratuitamente. Como Asamblea participamos en el Banquete del Reino. Lo que se  pide es que hoy el Pueblo de Dios “brille en este mundo dividido por las discordias como signo profético de unidad y de paz”.  “Que seamos un vivo testimonio de verdad y libertad, de paz y justicia”.

Hoy entramos en comunión con el Señor y en el Señor. Si estamos aquí no es porque seamos los más dignos, sino los más necesitados. Pero, acerquémonos con fe, el Señor invita.

    Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. jueves 22 de agosto de 2019.

Hoy, jueves, 22 de agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (9,1-3.5-6):

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz.» Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre

Alabad, siervos del Señor, 
alabad el nombre del Señor. 
Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso, 
alabado sea el nombre del Señor. 
El Señor se eleva sobre todos los pueblos, 
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro, 
que se eleva en su trono 
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido, 
alza de la basura al pobre, 
para sentarlo con los príncipes, 
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» 
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» 
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» 
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

La liturgia nos ofrece a mitad de semana un bello respiro. No se trata de un recuerdo con gran relevancia litúrgica; la Iglesia no ha hecho de él fiesta ni solemnidad, pero sí nos acerca a algo singularmente hermoso: María, la madre de Cristo -el Rey-, es también Reina y participa de la soberanía de su Hijo, el Resucitado, sobre todo lo creado. La María Asunta que hemos celebrado hace una semana es también “reina de cielos y tierra”. Como recuerda hoy el Martirologio, madre del Príncipe de la Paz, madre de la misericordia.

Es probable que muchas comunidades interrumpan en este día la lectura continua de la Palabra para evocar el misterio de la Anunciación. Quien lea el texto de Mateo recordará a los invitados a la boda que encontraron excusa para no presentarse. María hizo un camino de fe, y fue también sorprendida por la voz del Padre en sus encrucijadas. Tuvo muy fácil haber tomado el rumbo de la excusa, de la objeción, pero aceptó participar con una intensidad insuperable de la cruz de su hijo.

En estas semanas se recuerda a menudo a quienes peregrinan, por ejemplo, hacia Santiago de Compostela. Quien camina cansado o despacio ve con singular cariño y gratitud al compañero de aventura que una vez que ha llegado a su destino vuelve hacia atrás para aligerar la carga de los demás. En esas personas, especialmente samaritanas, he visto muchas veces a María. Ella, llegada al final del camino, vuelve sin cesar para aligerar y acompañar el nuestro. Ella, la Reina, ha comprendido muy bien el sentido del servicio. Por eso la Iglesia la proclama “la discípula más perfecta de su Hijo”. Buen espejo para mirarse; buena escuela para aprender.

¡Gracias, María, Reina, por seguir haciendo camino con nosotros!

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy miércoles 21 de agosto de 2019

Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mí lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’.

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Imagina esto: la persona que más quieres tuvo una operación en los ojos. Todo salió bien, pero por un tiempo deberá andar con lentes oscuros, y no verá bien. Vas saliendo del hospital con esta persona tan especial. Ella camina lento, insegura. ¿Qué haces?

El cariño y la delicadeza que pondrías en ayudar a tu amigo, mamá, pareja etc., adaptarte a su paso, sostenerla de cerca y caminar a su lado, todo esto refleja tu amor a esa persona. ¡Así es el amor de Jesús por nosotros! Él nos conoce mejor que nadie. Conoce nuestra historia, miedos, flaquezas, deseos profundos, talentos, alegrías, esperanzas… Y nos quiere tanto que se adapta a nosotros.

Esto lo vemos hoy en el Evangelio. Jesús no forzó a nadie. Sale e invita. Sale e invita. Sale e invita… Con una mirada llena de aceptación, amor, invitación a ser más amigo suyo. A Jesús no le importa si llegas antes o después, sino que llegues con Él y puedas ser feliz en Él, que es la única y verdadera felicidad.

Él nos acompaña en nuestro camino hoy, aquí y ahora. No tenemos que tener un pasado perfecto ni un presente en orden para ser aceptados por Jesús. De hecho, Él no espera a que vayamos a Él, sino que sale una y otra vez a buscarnos y a decirnos: Vengan a mí los que están cansados…y sus almas encontrarán descanso. (Cf. Mt 11,28-29)

«En realidad, esta “injusticia” del jefe sirve para provocar, en quien escucha la parábola, un salto de nivel, porque aquí Jesús no quiere hablar del problema del trabajo y del salario justo, ¡sino del Reino de Dios! Y el mensaje es éste: en el Reino de Dios no hay desocupados, todos están llamados a hacer su parte; y todos tendrán al final la compensación que viene de la justicia divina —no humana, ¡por fortuna!—, es decir, la salvación que Jesucristo nos consiguió con su muerte y resurrección. Una salvación que no ha sido merecida, sino donada, para la que “los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos”. Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los “pensamientos” y por los “caminos” de Dios».
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de septiembre de 2017).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73165/id-tambien-vosotros-a-mi-vina.html#modal