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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy viernes 08 de noviembre de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’. El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuando queríamos ir a una fiesta, cuando éramos niños, todos sabíamos que pedir el permiso a nuestros padres era todo un arte, y era mucho más cuando creíamos que era difícil. Yo, por ejemplo, hacía todo lo posible para obtener el sí. Calculaba el momento adecuado, si era mejor con mi mamá o con mi papá, qué palabras usar y, sobre todo, qué palabras no usar, el sí era mi objetivo.

Pero ahora pregunto, ¿cómo es mi arte cuando se trata de ir a la fiesta de Dios? Una fiesta que es en su Sagrado Corazón. En el Evangelio, Cristo no alaba al administrador por lo que hace, sino que nos ofrece una comparación entre dos personas, entre dos yo. El primer yo es el que hace de todo por un permiso para ir a una fiesta de algunas horas, y el otro, el que pide el permiso de ir a la fiesta de Dios que es por toda la eternidad.

Cuando era chico elaboraba todo este arte porque realmente deseaba ir a la fiesta, pero algunas veces no hago lo mismo para ir a la fiesta de Dios, no coloco todo mi esfuerzo cuando veo «difícil» la voluntad de Dios. Cristo me dice que debo tener la misma ilusión en las cosas de Dios como el administrador la tuvo para su bien.

Porque el esfuerzo es la obra del amor, el administrador hizo todo aquello porque se amaba a sí mismo. ¿Cuánto amo a Dios? Porque acá no se trata si las cosas salen o no salen sino de todo el esfuerzo que coloco para encontrar el permiso de ir a la fiesta de Dios, de entrar a su corazón. Entre una fiesta de algunas horas y la fiesta en el corazón de Cristo, ¿tú cuál prefieres? Si es a Dios utiliza todo tu arte para conocerle más, para promocionar esta fiesta y que todos vengan, pero porque amas a nuestro Rey y nada más.

«Hermanos y hermanas, esta página evangélica hace resonar en nosotros la pregunta del administrador deshonesto, expulsado por su amo: «¿Qué haré pues?» (v. 3). Frente a nuestras carencias y fracasos, Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho con el bien. Que los que han causado lágrimas hagan felices a alguien; que los que han quitado indebidamente, done a los necesitados. Al hacerlo, seremos alabados por el Señor “porque hemos obrado astutamente”, es decir, con la sabiduría de los que se reconocen como hijos de Dios y se ponen en juego por el Reino de los cielos. Que la Santísima Virgen nos ayude a ser astutos para asegurarnos no el éxito mundano, sino la vida eterna, para que en el momento del juicio final las personas necesitadas a las que hemos ayudado sean testigos de que en ellas hemos visto y servido al Señor».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de septiembre de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73576/la-fiesta-de-dios.html#modal

Homilía para la Eucaristía del Domingo 10 de noviembre de 2019.

Un cordial saludo a todos. Paz y Bien.

DOMINGO XXXII DEL AÑO.

2Macabeos 6,1; 7,1-2.9-14: Relato que exalta el martirio de los 7 hermanos que dan fe en la esperanza en la resurrección de aquellos que supieron ser fieles a la causa de Dios.

2Tesalonicenses 2,15-3,5: Por ser llamados a poseer la gloria de Jesucristo somos reconfortados en todo y debemos permanecer en esta fe.

Lucas 20, 27-38: Jesús se enfrenta a los Saduceos. El tema: la resurrección de los muertos. En la pregunta de los Saduceos aflora un error: creer que la resurrección es la continuación de la vida terrenal.

1.- “No creo en la resurrección; con la muerte acaba todo”. Atrevida afirmación que hace pocos días atrás hiciera un gran escritor nacional allá en Curicó. Y lo que él dijo lo afirma una gran cantidad de gente. Sin embargo la fe en la resurrección se fue abriendo paso poco a poco en el Pueblo de Israel y en muchos otros pueblos. Es en el texto de Macabeos donde aparece expresada con vigor la esperanza en la futura resurrección.  Los hermanos martirizados creen y esperan en la resurrección futura.

La fe en la resurrección de los muertos es la respuesta al drama de la muerte; una respuesta fundada en la fe en Dios, Señor de la vida y de la muerte.

2.- El evangelio nos presenta la enseñanza de Jesús sobre el tema. La respuesta de Jesús a los saduceos viene a corregir la mentalidad de los fariseos acerca de modo cómo resucitan los muertos y el tenor de la letra en la Torah y afirma decididamente el hecho de la resurrección por el poder de Dios vivo.

Hay que tener presente que una cosa es la fe en la resurrección y otra las expresiones lingüísticas y culturales. Y esto se debe tener presente hoy también a la hora de expresar la fe en la resurrección. Muchas veces nos valemos de ciertas antropologías que deforman esta fe, (si no la ridiculizan).

Jesús habla de una transformación, de algo distinto. Los que resucitan son colocados en una condición diversa de la histórica y carnal. En su lenguaje Jesús dice: “Son semejantes a los ángeles”, es decir, ya no están sometidos a lo de este mundo. Jesús corrige el planteamiento de los saduceos; ellos hablan como si la resurrección fuera una mera continuación de la vida terrenal, pero no es así.

La Iglesia en los funerales proclama: “Porque para los que creemos en Ti, la vida no termina sino que se transforma” (Prefacio difuntos 1).

3.- Estamos inmersos en una cultura totalmente distinta y, me atrevería a decir, adversa al mensaje de Jesús. Ya sabemos que hoy sólo se acepta lo tangible, lo comprobable. Y entre los creyentes no faltan los que tienen una fe al estilo de los saduceos, materialista y carnal…y ridícula.

Es todo un desafío proclamar hoy la fe en la resurrección; aunque yo prefiero decir: la fe en Jesucristo resucitado.

Frente a la cultura imperante materialista y de muerte nosotros creemos en el mensaje del Reino de Dios traído por Jesús, que inaugura el tiempo nuevo y definitivo, y es garantía de victoria sobre la muerte. Sí, en definitiva, el por qué creemos en el Resucitado (y en la resurrección) se debe a nuestra fe en el Reino de Dios que Jesucristo trae a este mundo. Y en el Reino todo es nuevo.

4.- Hoy estamos reunidos para celebrar. ¿A quién?

Al Dios de la vida, porque nuestro Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Y porque creemos en el Dios de la vida le decimos a Él: “Señor, al despertar me saciaré de tu semblante”. Porque creemos en el Dios de la vida decimos NO a tantas formas de muerte como hay en nuestra sociedad.

Cuando el pueblo se alzó hace pocas semanas atrás contra el sistema opresor neoliberal estaba en el fondo diciendo No a esa cultura de muerte y mentira que nos asfixia.

Hoy recibimos su Palabra, que es vida en plenitud. Hoy recibimos el alimento eucarístico, que es Pan de vida. Todo esto nos debe afirmar más y más en esta fe y así trabajar por una cultura de la vida.

                                                Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 08 de noviembre de 2019.

Hoy, viernes, 8 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (15,14-21):

Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que os sobra saber para aconsejaros unos a otros. A pesar de eso, para traeros a la memoria lo que ya sabéis, os he escrito, a veces propasándome un poco. Me da pie el don recibido de Dios, que me hace ministro de Cristo Jesús para con los gentiles: mi accion sacra consiste en anunciar la buena noticia de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios. Como cristiano, pongo mi orgullo en lo que a Dios se refiere. Sería presunción hablar de algo que no fuera lo que Cristo hace por mi medio para que los gentiles respondan a la fe, con mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios, con la fuerza del Espíritu Santo. Tanto, que en todas direcciones, a partir de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, lo he dejado todo lleno del Evangelio de Cristo. Eso sí, para mí es cuestión de amor propio no anunciar el Evangelio más que donde no se ha pronunciado aún el nombre de Cristo; en vez de construir sobre cimiento ajeno, hago lo que dice la Escritura: «Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído hablar comprenderán.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/.
El Señor revela a las naciones su victoria

Cantad al Señor un cántico nuevo
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (16,1-8):

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: «¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador.» Entonces el administrador se puso a pensar: «¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan.» Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: «¿Cuánto le debes a mi amo?» El hombre respondió: «Cien barriles de aceite.» El administrador le dijo: «Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta.» Luego preguntó al siguiente: «Y tú, ¿cuánto debes?» Éste respondió: «Cien sacos de trigo.» El administrador le dijo: «Toma tu recibo y haz otro por ochenta.» El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Juan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

La parábola de hoy sorprende por su tono provocativo y poco edificante. A los predicadores les resulta incómoda la explicación de esta parábola que contradice las más básicas reglas de la moral. ¿Debemos entender que Jesús alaba esa picardía deshonesta, en la que el fin justifica los medios, cualesquiera que estos sean? ¿No estaría esto en flagrante contradicción con la condena sin paliativos hacia el fraude y el engaño defendidos por cualquier manual de ética o de derecho?

No tratemos de encontrar aquí, en absoluto, ningún lapsus o descuido por parte del Maestro en temas morales relativos al séptimo mandamiento. Ni mucho menos pretende esta parábola recordar y advertirnos de que el mal y la trampa suelen acabar triunfando en el mundo de los trajines humanos.

¿Qué quiere enseñarnos Jesús? La parábola parte de un hecho sin calificaciones éticas: un problema administrativo y de falta de honestidad de un funcionario. En base a tal hecho nos enseña una verdad más profunda. El administrador infiel se encuentra en una situación de gran apuro, prácticamente sin salida: pillado en su deshonestidad, no encuentra alternativas válidas para escapar, en el sentido más inmediato de la expresión: ni el trabajo físico ni la mendicidad son salidas válidas para él. De ahí que busque soluciones por medio de la astucia, haciendo que los deudores de su amo se conviertan en deudores suyos, y así poder ganarse su favor futuro.
En la moraleja encontramos la lección: Debemos aprender la astucia de ese administrador. Es una astucia más propia de los hijos de este mundo con su gente que de los hijos de la luz. ¿Y qué es exactamente tal astucia?

No se refiere aquí a aquella capacidad fullera y mentirosa que posibilita conseguir los propios objetivos a través del engaño o de la picaresca. Evoca otra cosa distinta. Se trata de la creatividad, de la imaginación para salir airosos en las situaciones difíciles de la vida sin quedar congelados por la desesperación o por la inútil acusación de que la culpa la tienen otros. Esa sagacidad es aquella habilidad y empeño que nos lleva a encontrar una salida en toda situación complicada que se nos presente, por retorcida y peligrosa que nos pueda parecer. Es una actitud de ojos abiertos, de lucidez. Desde esta perspectiva, esa astucia es un sinónimo de la esperanza activa, que el Señor desea que aprendamos bien.

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

“Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” – Catequesis completa .

San Pablo en Atenas

noviembre 06, 2019 12:07Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 6 nov. 2019).- Pablo en el Areópago: un ejemplo de inculturación de la fe en Atenas (Hechos de los Apóstoles 17, 22-3) es el tema elegido por el Papa Francisco para la catequesis pronunciada hoy, miércoles, 6 de noviembre de 2019, en la audiencia general, ante peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Pontífice ha invitado a pedir al Espíritu Santo “que nos enseñe a construir puentes con la cultura, con aquellos que no creen o con los que tienen un credo diferente al nuestro. Siempre construir puentes, siempre la mano tendida, ningún ataque”.

Con el ejemplo de San Pablo, Francisco proponer pedir “la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe, observando a los que viven en la ignorancia de Cristo con una mirada contemplativa movida por un amor que inflame hasta los corazones más endurecidos”.

Conocer a toda la gente

El Apóstol, al llegar a Atenas, “estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos” (Hch 17,16). Sin embargo, este “impacto” con el paganismo, “en lugar de hacerlo huir, lo empuja a crear un puente para dialogar con esa cultura”, ha descrito el Papa.

Conoce a judíos, filósofos epicúreos y estoicos, y muchos otros. “Conoce a toda la gente, no se encierra, va a hablar con toda la gente”. Pablo “no mira a la ciudad de Atenas y al mundo pagano con hostilidad, sino con los ojos de la fe”. Así, el Santo Padre ha cuestionado la forma en que vemos nuestras ciudades: “¿las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio de las multitudes anónimas?”.

Dios “vive entre los ciudadanos”

Partiendo de esa “devoción” al “Dios desconocido” que tenían los atenienses, para entrar en empatía con sus oyentes, proclama que Dios “vive entre los ciudadanos” y “no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas”. Es precisamente esta presencia la que Pablo quiere revelar: “Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar”.

Luego, San Pablo invitó a todos a ir más allá de “los tiempos de la ignorancia” y a decidirse por la “conversión” ante el juicio inminente, llegando así al kerigma y aludiendo a Cristo, sin citarlo, definiéndolo como “el hombre que (Dios) ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos”.

Sigue la catequesis completa:

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos nuestro “viaje” con el libro de los Hechos de los Apóstoles. Después de las pruebas pasadas en Filipos, Tesalónica y Berea, Pablo llega a Atenas, precisamente en el corazón de Grecia (cf. Hch 17,15). Esta ciudad, que vivía a la sombra de antiguas glorias a pesar de la decadencia política, aún conservaba la primacía de la cultura. Aquí el Apóstol “estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos” (Hch 17,16). Sin embargo, este “impacto” con el paganismo, en lugar de hacerlo huir, lo empuja a crear un puente para dialogar con esa cultura.

Pablo elige familiarizarse con la ciudad y así comienza a frecuentar los lugares y las personas más significativas. Va a la sinagoga, símbolo de la vida de fe; va a la plaza, símbolo de la vida urbana; y va al Areópago, símbolo de la vida política y cultural. Conoce a judíos, filósofos epicúreos y estoicos, y muchos otros. Conoce a toda la gente, no se encierra, va a hablar con toda la gente. De este modo, Pablo observa la cultura y observa el ambiente de Atenas “desde una mirada contemplativa” que descubra “al Dios que habita en sus hogares, en sus calles y en sus plazas” (Evangelii gaudium, 71). Pablo no mira a la ciudad de Atenas y al mundo pagano con hostilidad, sino con los ojos de la fe. Y esto nos hace cuestionar la  forma en que vemos nuestras ciudades: ¿las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio de las multitudes anónimas?

Pablo elige la mirada que lo lleva a abrir una brecha entre el Evangelio y el mundo pagano. En el corazón de una de las instituciones más famosas del mundo antiguo, el Areópago, realiza un ejemplo extraordinario de inculturación del mensaje de la fe: anuncia a Jesucristo a los adoradores de ídolos, y no lo hace atacándolos, sino haciéndose “pontífice, constructor de puentes” (Homilía en Santa Marta, 8 de mayo de 2013).

Pablo toma como ejemplo el altar de la ciudad dedicado al “Dios desconocido” (Hechos 17:23), había un altar donde estaba escrito “al Dios desconocido”, ninguna imagen, nada, solamente esa inscripción. Partiendo de esa “devoción” al “Dios desconocido”, para entrar en empatía con sus oyentes, proclama que Dios “vive entre los ciudadanos”. (Evangelii gaudium, 71) y “no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas” (ibíd.). Es precisamente esta presencia la que Pablo quiere revelar: “Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” (Hch 17,23).

Para revelar la identidad del dios que adoran los atenienses, el Apóstol parte de la creación, es decir, de la fe bíblica en el Dios de la revelación, para llegar a la redención y al juicio, es decir, al mensaje propiamente cristiano. Muestra la desproporción entre la grandeza del Creador y los templos construidos por el hombre, y explica que el Creador se hace buscar siempre para que todos puedan encontrarlo. De este modo, Pablo, según una hermosa frase del Papa Benedicto XVI,  “anuncia a Aquel, que los hombres ignoran, y sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido” (BENEDICTO XVI, Encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos, 12 de septiembre de 2008). Luego, invita a todos a ir más allá de “los tiempos de la ignorancia” y a decidirse por la conversión ante el juicio inminente. Pablo llega así al kerigma y alude a Cristo, sin citarlo, definiéndolo como “el hombre que (Dios) ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos” (Hch17,31).

Y aquí está el problema. La palabra de Pablo, que hasta entonces había mantenido en suspenso a sus interlocutores, –porque era un descubrimiento interesante– encuentra un escollo: la muerte y resurrección de Cristo parecen una “necedad” (1 Cor 1,23) y suscitan burlas y escarnio. Pablo entonces se aleja: su intento parece haber fracasado, y en cambio algunos se adhieren a su palabra y se abren a la fe. Entre ellos hay un hombre, Dionisio, miembro del Areópago, y una mujer, Damaris. También en Atenas el Evangelio arraiga y puede correr a dos voces: ¡la de aquel hombre y la de aquella mujer!

Pidamos también hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a construir puentes con la cultura, con aquellos que no creen o con los que tienen un credo diferente al nuestro. Siempre construir puentes, siempre la mano tendida, ningún ataque. Pidámosle la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe, observando a los que viven en la ignorancia de Cristo con una mirada contemplativa movida por un amor que inflame hasta los corazones más endurecidos.

© Librería Editorial Vaticano

Fuente : https://es.zenit.org/articles/lo-que-adorais-sin-conocer-eso-os-vengo-yo-a-anunciar-catequesis-completa/

Comentario al evangelio de hoy jueves 07 de noviembre de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo entonces esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido”. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos, que no necesitan convertirse.

¿Y qué mujer hay, que, si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este pasaje, Jesús nos muestra un rasgo muy característico de su Corazón: la Misericordia. La parábola de la oveja perdida nos enseña que Jesús nos perdona siempre, es más, está ansioso de que le pidamos perdón, de que acudamos a Él en busca de su amor. Nuestro Señor Jesús jamás se va a cansar de bajar hasta nosotros, por muy sucios y llenos de barro que estemos, para limpiarnos, levantarnos y ayudarnos a seguir adelante.

A veces nos sentimos mal, porque caemos mucho, porque nos ensuciamos mucho del barro del pecado. Pero, realmente, a Jesús le da igual cuántas veces caigamos, lo importante es que cada vez acudamos a Él para que nos levante.

Los santos no son los que no se ensucian, ni los que no caen. La única diferencia entre uno que es santo y otro que no, es que el santo siempre se dejó ayudar por Jesús cada vez que cayó y siempre siguió adelante, nunca se cansó de caer ni se quedó sumido en su miseria, sino que confió siempre en la Misericordia del Corazón del Padre.

«¿Cómo podemos derrotar el mal? Aceptando el perdón de Dios y el perdón de nuestros hermanos. Pasa cada vez que nos confesamos: allí recibimos el amor del Padre que vence nuestro pecado: desaparece, Dios se olvida de él. Dios, cuando perdona, pierde la memoria, olvida nuestros pecados, olvida. ¡Dios es tan bueno con nosotros! No como nosotros, que después de decir “no pasa nada”, a la primera oportunidad recordamos con intereses el mal que nos han hecho. No, Dios borra el mal, nos renueva en nosotros y así renace en nosotros la alegría, no la tristeza, no la oscuridad en el corazón, no la sospecha, sino la alegría. Hermanos y hermanas, ánimo, con Dios, ningún pecado tiene la última palabra. La Virgen, que desata los nudos de la vida, nos libera de la pretensión de creernos justos y nos hace sentir la necesidad de ir al Señor, que siempre nos espera para abrazarnos, para perdonarnos».
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de septiembre de 2019).

EDD. jueves 07 de noviembre de 2019.

Hoy, jueves, 7 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-12):

Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo: si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo deprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios, como dice la Escritura: Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios. En resumen, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26

R/.
El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación, 
¿a quién voy a tenerle miedo? 
El Señor es la defensa de mi vida, 
¿quién podrá hacerme temblar? R/.

Lo único que pido, lo único que busco 
es vivir en la casa del Señor toda mi vida, 
para disfrutar las bondades del Señor 
y estar continuamente en su presencia. R/.

Espero ver la bondad del Señor 
en esta misma vida. 
Ármate de valor y fortaleza 
y confía en el Señor. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15,1-10):

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.» Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.» Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Juan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

Nos encontramos con los diez primeros versículos del famoso capítulo lucano de la misericordia; las dos primeras parábolas: la oveja y la moneda perdidas. Junto con la del hijo pródigo aparecen enmarcadas en un ambiente hostil de rechazo abierto a Jesús. Para los fariseos es imperdonable el acoger a los pecadores y comer con ellos.

Sin su arrepentimiento y su promesa de enmienda previos no puede mantener trato con ellos. La praxis de Jesús, al ir en otra dirección, motivaba el enfado supino y la dura oposición de aquel grupo de letrados y fariseos. Estos no llegaron a entenderle jamás al mostrarles con hechos e historietas cómo es el amor misericordioso del Padre Abbá.

  • El amor misericordioso de Dios–como todo verdadero amor- es siempre «débil». Se sitúa a las antípodas del control y de la posesividad que asfixia al amado, impidiéndole desplegar su libertad inviolable. Una oveja se puede perder, las monedas se pueden extraviar… y un hijo se puede ir de casa. No están bajo control. La posibilidad inevitable de pérdida o fuga no destruye el amor inmenso de Dios.
  • El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- sabe acoger en sus entrañas el dolor.El Abbá no es de acero inoxidable. No es ni indiferente ni insensible. La pérdida de uno solo de sus hijos –¡¡de uno solo!!- hiere su corazón de padre compasivo. Para Él, cada uno de nosotros tiene tanta importancia y valor como todo el conjunto de la humanidad. Nadie queda excluido. Dios jamás desprecia a ninguno de sus hijos e hijas.
  • El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- está preñado de esperanza y de alegría. ¡Qué aluvión de alusiones a la alegría por el reencuentro aparece en estas parábolas! Ejercitar la misericordia es una práctica audaz (tiene sus riesgos) y peligrosa (el otro puede despreciarla o abusar de la bondad); pero siempre culmina en gozo; un gozo contagioso que se transmite a otros.

Un rabino, de nombre Cordovero en una de sus obras enumera Trece Atributos de Misericordia, que debemos esforzarnos por imitar: (1) Tolerancia; (2) Paciencia con los demás; (3) Perdonar; (4) Buscar el bien en los demás y para los demás; (5) No guardar la ira; (6) Realizar actos de bondad; (7) Amar y buscar el bien para alguien que te ha hecho daño y ahora desea rectificar ese daño (perdonarlo no es suficiente); (8) Recordar las buenas acciones de los demás y olvidar las malas que cometen; (9) Sentir compasión por los demás, incluso por la gente malvada; (10) Actuar con honestidad; (11) Actuar con bondad e indulgencia hacia los demás (no insistir en aplicar «la letra de la ley» sobre los demás); (12) Ayudar a los demás a arrepentirse y no guardarles rencor; (13) Buscar maneras de mostrar misericordia y compasión a los demás, aunque uno no encuentre en ellos ningún factor atenuante.

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 06 de noviembre de 2019

Hoy, miércoles, 6 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (13,8-10):

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 111,1-2.4-5.9

R/.
Dichoso el que se apiada y presta

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

En las tinieblas brilla
como una luz el que es justo,
clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mio. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Palabra del Señor

´REFLEXIÓN :

Juan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

La página del evangelio de hoy, sin duda, es uno de los relatos más apto para ser eliminado del evangelio por lo crudo, e incluso inhumano, que resulta. Habla del discipulado con un estilo espartano y rigorista que provoca espanto. Aunque con la costumbre lo hayamos azucarado, conviene sin embargo que encaremos este pasaje en su ácida novedad. Habla del discipulado señalando, por este orden, primero dos indicadores del auténtico discípulo y, después, la condición que posibilita a todo discípulo seguir a Jesús.

Los dos indicadores están claros. Hay dos comprobantes de que se es auténtico discípulo: Haber resuelto el problema afectivo y asumir derechamente el dolor. Nos detenemos en ellos.

  • Ordenar rectamente los “amores”. Todo discípulo debe, como Jesús, amar siempre, a todos, con palabras y con obras. Pero en una correcta jerarquía de preferencias. En su cúspide debe estar siempre Jesús, el Señor. El amor hacia Él debe ser comprobable en hechos. Se comprueba en las circunstancias de decisión, cuando se ha de elegir entre Jesús y otras personas o cosas… Cada elección hace evidente el real “ordo amoris” del propio corazón.
  • Cargar con la cruz. Sabemos qué es la cruz. La hemos sufrido con frecuencia y nos espanta. Cruz es la consecuencia, siempre dolorosa e injusta, del seguimiento. No es penitencia ni castigo merecido por nuestra torpeza o pecado. Es la prueba más irrefutable del amor. Porque amar es sufrir por quien se ama sin huir. Caminar tras las huellas del Señor nos atrae complicaciones y disgustos. Solo un consuelo: Junto a la cruz del discípulo amado también está María.

Las dos parábolas que siguen (la del que se pone a construir una torre y la del rey que entabla batalla contra otro rey) apuntan a la condición que hace posible el seguimiento. Antes de ponerse tras las huellas del Maestro hay que medir las consecuencias de lo que se hace o, lo que es lo mismo, calcular. El discipulado no es equiparable a un arrebato de adolescente, sin pies ni cabeza; no se hace a ciegas o insensatamente… Necesita del previo discernimiento y de la toma de conciencia. Y solo los avisados llegan a entender que, más allá de las excesivas exigencias del Maestro, lo que hay es una carga suave y un yugo llevadero… que son la llave que abre las puertas de una vida auténtica e infinita.

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy martes 05 de noviembre de 2019.

Del santo Evangelio según Lucas 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: “Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios”.

Entonces Jesús le dijo: “Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: ‘Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes’. Otro le dijo: ‘Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes’. Y otro más le dijo: ‘Acabo de casarme y por eso no puedo ir’.

Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el señor se enojó y le dijo al criado: ‘Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos’.

Cuando regresó el criado, le dijo: ‘Señor, hice lo que ordenaste, y todavía hay lugar’. Entonces el amo respondió: ‘Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete’”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Conocemos la máxima cristiana de morir para tener vida, y dejar todo para poder seguir a Cristo y ser perfectos. La repetimos algunas veces y, al momento, se nos estremece la garganta o se nos escapa un sudor frío. Para tener a Dios hay que dejarlo todo; lo sabemos y la perspectiva nos asusta. Puede que, movidos por el amor, nos acerquemos al Señor y le digamos algo así: «Aquí estoy Jesús, quiero ir a ti, haz de mí lo que quieras» y por dentro estemos diciendo «ojalá no me pida esto».

Todo esto es natural, forma parte de nuestra experiencia humana de todos los días. No es que amemos las cosas en sí mismas, sino que nos dan ciertas seguridades, o nos proporcionan ciertos gustos. Tenemos miedo, es normal. Todos, desde el hombre más hundido en el pecado hasta el más santo; todos: el sacerdote, el conductor de camiones, el ama de casa, el carnicero, el empresario y hasta el apóstol más entregado, pasamos por esta experiencia.

En el Evangelio hay muchos invitados al banquete, y todos pasaron por la experiencia de sentir que tenían algo mejor que hacer. Algunos aceptaron la invitación y otros no.

Cristo, en el Evangelio, mira con tristeza a estos hombres porque no probarán del banquete que tenía preparado para ellos. Aun así, lo comprende. No condena a los que no quieren venir a Él, aunque le duela no verlos. Todos alguna vez hemos pasado por esto; alguna vez hemos dicho que no al amor de Dios. Pero nuestra vida es una prueba de que Dios no se queda allí parado, sino que sale a buscarnos.

Hay tanto lugar en el corazón de Dios, en el banquete. Dios nos invita todo el tiempo a que entremos en una relación personal con Él. No nos neguemos, no nos excusemos, confiemos; que Dios no quita nada y lo da todo. Qué diferente hubiera sido si los invitados del Evangelio se hubieran dado cuenta del amor de quien les invitaba: «¿Compraste un terreno?, ¡no se va a mover si tú vienes al banquete!». «¿Quieres probar tus cinco yuntas de bueyes?, hazlo otro día, así te das un descanso». «¿Te acabas de casar?, ¡tráete a tu esposa al banquete!». Dios quiere transformar toda nuestra vida.

Qué diferente es la respuesta de quienes saben que las cosas son pasajeras. Seguro los cojos, los lisiados y las personas de las calles también tenían excusas, pero lograron ver quién los invitaba. Ojalá nosotros también confiemos que es Dios mismo quien nos invita y quiere hacernos felices, y respondamos con amor a su llamada de amor.

«Jesús invita a la generosidad desinteresada, a abrir el camino a una alegría mucho mayor, la alegría de ser parte del amor mismo de Dios que nos espera a todos en el banquete celestial. Que la Virgen María, “humilde y elevada más que criatura”, nos ayude a reconocernos como somos, es decir, como pequeños; y a alegrarnos de dar sin nada a cambio».
(Ángelus de S.S. Francisco, 1 de septiembre de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73566/dios-no-quita-nada-y-lo-da-todo.html#modal

EDD. martes 05 de noviembre de 2019.

Hoy, martes, 5 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (12,5-16a):

Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado. Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor, Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 130,1.2.3

R/.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R/.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,15-24):

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado.» Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.» Otro dijo: «Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.» El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.» El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.» Entonces el amo le dijo: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.» Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Juan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

Os invito a hacer una “lectio vocationalis” a partir del evangelio de hoy. La perspectiva vocacional no es el enfoque exclusivo de esta parábola que recoge Lucas. Pero es apto y pertinente para cualquiera de nosotros, sea cual fuere nuestra vocación específica. Encuentro cinco tesis que, por su claridad y precisión, nos ayudarán a orar y a pensar.

  • Toda vocación es como una invitación a un banquete, a una fiesta singular. Dios nos llama a la alegría, aunque no lo percibamos en un primer momento. María fue la primera que lo advirtió en su personalísima vocación. Toda vocación tiene mucho de fiesta y de desmesura. No es un acontecimiento de penitencia o de reparación. La tristeza no tiene cabida aquí.
  • La vocación no es una opción más ni en las oficinas de empleo ni en el escaparate de los deseos egocéntricos. Requiere una invitación personal. Se necesita ser llamados por Alguien. Quien invita traslada al invitado al territorio de una decisión trascendente y responsable. Éste podrá aceptarla o rechazarla, pero nunca autoinvitarse.
  • Aunque no es como un manjar de buffet libre, la vocación no está reservada para una élite. Se ofrece incluso a los pobres, a los tullidos, a los cojos, a los poco capacitados… a todos. Están invitados también aquellos que se sienten disminuidos y excluidos… no solamente los buenos, inteligentes y sanos. Dios elige a quien quiere. Hasta a los que no se lo merecen.
  • La aceptación o rechazo de la llamada de Dios tiene sus consecuencias. Y son graves. En nuestras relaciones ordinarias rechazar la invitación de otro no trae, de ordinario, mayores consecuencias. Con la invitación de Dios no ocurre lo mismo. Acoger o rechazar la invitación de Dios comporta ganar o perder una ocasión preciosísima de dar sentido y de realizar la vida, que no  es comparable con nada.
  • Podemos autoengañarnos. Rechazar la vocación de Dios es un acto grave de irresponsabilidad. Quien lo hace, suele jugar a la “excusitis”, que es aquello que los psicólogos llaman “racionalización” y que, en cristiano, denominamos “autojustificación”. Se buscan pretextos y coartadas para autoexcluirse. Otra forma de sortear la irreparable amargura del “no” a Dios, por desconfianza o por autosuficiencia.

Pararnos a escuchar esa inmerecida invitación nos permite comprobar que nuestra pobreza, nuestro límite, nuestras sombras no ahuyentan a Dios… sino que le permiten mostrarse como es Él: ¡espléndido!

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf 

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Ángelus: “Zaqueo descubre de Jesús que es posible amar gratuitamente”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

noviembre 03, 2019 13:12Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 3 noviembre 2019) .- A las 12 del mediodía de hoy 3 noviembre 2019, en el 31 domingo del Tiempo Ordinario, el Papa Francisco se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para la cita habitual de cada domingo.

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Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 19, 1-10) nos pone en las huellas de Jesús que, en su camino hacia Jerusalén, se detiene en Jericó. Había una gran multitud para darle recibirlo, entre las cuales un hombre llamado Zaqueo, jefe de los “publicanos”, es decir, de los judíos que recaudaban los impuestos en nombre del Imperio Romano. Él era rico no por sus ganancias honestas, sino porque pedía el “soborno”, y esto aumentaba el desprecio por él. Zaqueo “trataba de ver quién era Jesús” (v. 3); no quería encontrarse con él, pero era curioso: quería ver a aquel personaje del que había oído decir cosas extraordinarias, era curioso. Y siendo de baja estatura, para lograr verlo (ver 4) sube a un árbol. Cuando Jesús llega cerca, levanta la mirada y lo ve (cf. v. 5). Esto es importante: la primera mirada no es la de Zaqueo, sino la de Jesús, que entre tantos rostros que lo rodeaban, la muchedumbre, busca precisamente ese. La mirada misericordiosa del Señor nos alcanza antes de que nosotros mismos nos demos cuenta de que necesitamos ser salvados. Y con esta mirada del divino Maestro comienza el milagro de la conversión del pecador. De hecho, Jesús lo llama, y lo llama por su nombre: “Zaqueo, baja inmediatamente, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”  dice Jesús (v. 5). No le reprocha, no le da un “sermón”; le dice que debe ir a él: “debe”, porque es la voluntad del Padre. A pesar de los murmullos de la gente, Jesús escoge quedarse en la casa de ese pecador público.

También nosotros nos habríamos escandalizado por este comportamiento de Jesús. Pero el desprecio y la cerrazón hacia el pecador sólo lo aísla y lo endurece en el mal que hace contra sí mismo y contra la comunidad. En cambio, Dios condena el pecado, pero trata de salvar al pecador, va a buscarlo para traerlo de nuevo al camino correcto. Quien nunca se ha sentido buscado por la misericordia de Dios, tiene dificultades para comprender la extraordinaria grandeza de los gestos y de las palabras con las que Jesús se acerca a Zaqueo.

La aceptación y la atención de Jesús llevan a ese hombre a una claro cambio de mentalidad: en un momento se da cuenta de lo mezquina que es una vida totalmente apegada al dinero a costa de robar a los demás y de recibir su desprecio. Tener al Señor allí, en su casa, le hace ver todo con otros ojos, incluso con un poco de la ternura con la que Jesús lo ha mirado.  Y también cambia su forma de ver y usar el dinero: el gesto de agarrar es reemplazado por el de dar. De hecho, decide dar la mitad de lo que posee a los pobres y devolver el cuádruple de lo que ha robado (v 8). Zaqueo descubre de Jesús que es posible amar gratuitamente: hasta ese momento era avaro, ahora se vuelve generoso; tenía el gusto de amontonar, ahora se regocija al distribuir. Al encontrar el amor, descubriendo que es amado a pesar de sus pecados, se vuelve capaz de amar a los demás, haciendo de del dinero un signo de solidaridad y comunión.

Que la Virgen María nos obtenga la gracia de sentir siempre sobre nosotros la mirada misericordiosa de Jesús, para salir al encuentro con misericordia de los que se han equivocado, para que ellos también puedan recibir a Jesús, que “ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (v. 10).

Fuente : https://es.zenit.org/articles/125411/