Ciclo de los Hechos de los Apóstoles
octubre 23, 2019 12:40 Larissa I. López Audiencia General
(ZENIT – 2 oct. 2019).- “La asamblea de Jerusalén arroja
una luz significativa sobre cómo tratar las diferencias y buscar la
‘verdad en la caridad’ (Ef 4,15)” y nos recuerda que el “método eclesial
de resolución de conflictos se basa en el diálogo, constituido por la
escucha atenta y paciente y el discernimiento efectuado a la luz del
Espíritu”, indicó el Papa Francisco.
Hoy, 23 de octubre de 2019, el Santo Padre, ha continuado con el
ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su
reflexión en el pasaje Dios ha abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hechos 14:27). La misión de Pablo y Bernabé y el concilio de Jerusalén (Hechos de los Apóstoles 15, 7-11).
Iglesia de puertas abiertas
A lo largo de sus palabras, Francisco expresó que el libro de los
Hechos de los Apóstoles es el “del largo camino de la Palabra de Dios”,
que se debe anunciar en todas partes. Y, aunque dicho camino comienza
con una “fuerte persecución”, esta “se convierte en una oportunidad para
ampliar el campo donde sembrar la buena semilla de la Palabra”.
Asimismo, el Papa se ha referido a que dicho libro revela la
“naturaleza de la Iglesia. Esto es, “en salida”, de “puertas abiertas”,
“llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. De ese modo si
alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a
Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas”.
Asamblea de Jerusalén
Igualmente, remitió al fragmento en el que Pablo y Bernabé se
encuentran en Antioquía para evangelizar a los judíos, los creyentes.
Allí la novedad de las “puertas abiertas” es ofrecida a los paganos,
algo que generó una “controversia muy animada” sobre si era precisa la
circuncisión en ellos para lograr la salvación.
Para
solucionarla, continuó relatando el Obispo de Roma, Pablo y Bernabé
recurrieron al consejo de los Apóstoles y de los ancianos en Jerusalén,
celebrándose el que es considerado el primer concilio de la Iglesia. En
él, finalmente, tras los discursos de los apóstoles, se decidió que
bastaba con que los no creyentes rechazaran “la idolatría y todas sus
expresiones”, presentando un “camino común”.
Sinodalidad
Por otro lado, el Pontífice también remarcó que, la carta apostólica
enviada a Antioquía por Pablo y Bernabé “nos ayuda a comprender la
sinodalidad”, pues “los Apóstoles empiezan diciendo: ‘El Espíritu Santo y
nosotros pensamos que…’. Es propio de la sinodalidad, de la presencia
del Espíritu Santo, de lo contrario no es sinodalidad, es parlatorio,
parlamento, otra cosa…”.
Finalmente,
el Santo Padre ha pedido a Dios: “Que nos ayude a vivir el diálogo, la
escucha y el encuentro con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con
los que están lejos, para gustar y manifestar la fecundidad de la
Iglesia, llamada a ser en todos los tiempos “madre gozosa” de muchos
hijos (cf. Sal 113, 9)”.
A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.
***
Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que san Pablo, después
de ese encuentro transformador con Jesús, es acogido por la Iglesia de
Jerusalén gracias a la mediación de Bernabé y comienza a anunciar a
Cristo. Pero, debido a la hostilidad de algunos, se ve obligado a
trasladarse a Tarso, su ciudad natal, donde Bernabé se une a él para
involucrarlo en el largo viaje de la Palabra de Dios. El libro
de los Hechos de los Apóstoles, que estamos comentando en estas
catequesis, puede decirse que es el libro del largo camino de la Palabra
de Dios: la Palabra de Dios debe ser anunciada, y anunciada en todas
partes. Este viaje comienza después de una fuerte persecución (cf. Hch
11,19); pero esta, en vez de ser un compás de espera para la
evangelización, se convierte en una oportunidad para ampliar el campo
donde sembrar la buena semilla de la Palabra. Los cristianos no se
asustan. Deben huir, pero huyen con la Palabra, y la difunden por todas
partes.
Pablo
y Bernabé llegaron primero a Antioquía de Siria, donde se quedan un año
entero para enseñar y ayudar a la comunidad a echar raíces (Hechos
11:26).Anunciaban a la comunidad judía, a los judíos. Antioquía se
convierte así en el centro de propulsión misionera, gracias a la
predicación con la que los dos evangelizadores -Pablo y Bernabé- llegan
los corazones de los creyentes, que aquí, en Antioquía, son llamados por
primera vez “cristianos” (cf. Hch 11, 26). El libro de los Hechos
revela la naturaleza de la Iglesia, que no es una fortaleza, sino una
tienda capaz de ampliar su espacio (cf. Is 54,2) y de dar cabida a
todos. La Iglesia o es “en salida” o no es Iglesia, o está en camino,
ampliando siempre su espacio para que todos puedan entrar, o no es
Iglesia. “Una Iglesia con las puertas abiertas” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium,
46), siempre con las puertas abiertas. Cuando veo una iglesita aquí, en
esta ciudad, o cuando la veía en la otra diócesis de dónde vengo, con
las puertas cerradas, creo que es una mala señal. Las iglesias siempre
deben tener las puertas abiertas porque son el símbolo de lo que es una
iglesia: siempre abierta. La Iglesia está “llamada a ser siempre la casa
abierta del Padre”. De ese modo si alguien quiere seguir una moción del
Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad
de unas puertas cerradas” (ibid., 47).
¿Pero esta novedad de las puertas abiertas a quién? A los paganos,
porque los apóstoles predicaban a los judíos, pero también los paganos
venían a llamar a la puerta de la Iglesia; y esta novedad de las puertas
abiertas a los paganos desencadena una controversia muy animada.
Algunos judíos afirman la necesidad de hacerse judíos mediante la
circuncisión para salvarse y luego recibir el bautismo. Dicen: “Si no os
circuncidáis conforme a la costumbre mosaica no podéis salvaros” (Hch
15,1), es decir, no podréis recibir el bautismo más tarde. Primero el
rito judío y luego el bautismo: esta era su postura. Y para resolver la
cuestión, Pablo y Bernabé consultan al consejo de los Apóstoles y de los
ancianos en Jerusalén, y tiene lugar lo que se considera el primer
concilio en la historia de la Iglesia, el concilio o asamblea de Jerusalén, al que Pablo se refiere en la Carta a los Gálatas (2,1-10).
Se aborda una cuestión teológica, espiritual y disciplinaria muy delicada: es decir, la relación entre la fe en Cristo y la observancia de la Ley de Moisés. En
el curso de la asamblea son decisivos los discursos de Pedro y
Santiago, “columnas” de la Iglesia Madre (cf. Hch 15,7-21; Gál 2,9).
Invitan a no imponer la circuncisión a los paganos, sino sólo a pedirles
que rechacen la idolatría y todas sus expresiones. De la discusión
viene el camino común, y esa decisión, ratificada con la llamada carta apostólica enviada a Antioquía.
La
asamblea de Jerusalén arroja una luz significativa sobre cómo tratar
las diferencias y buscar la “verdad en la caridad” (Ef 4,15). Nos
recuerda que el método eclesial de resolución de conflictos se basa en
el diálogo, constituido por la escucha atenta y paciente y el
discernimiento efectuado a la luz del Espíritu. En efecto, es el
Espíritu el que ayuda a superar los cierres y las tensiones y actúa en
los corazones para que alcancen la verdad y la bondad, para que
lleguen a la unidad. Este texto nos ayuda a comprender la sinodalidad.
Es interesante, como escriben la Carta: los Apóstoles empiezan diciendo:
“El Espíritu Santo y nosotros pensamos que…”. Es propio de la
sinodalidad, de la presencia del Espíritu Santo, de lo contrario no es
sinodalidad, es parlatorio, parlamento, otra cosa..
Pidamos al Señor que fortalezca en todos los cristianos, especialmente en los obispos y sacerdotes, el deseo y la responsabilidad de la comunión. Que nos ayude a vivir el diálogo, la escucha y el encuentro con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con los que están lejos, para gustar y manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser en todos los tiempos “madre gozosa” de muchos hijos (cf. Sal 113, 9).
Fuente : https://es.zenit.org/articles/buscar-la-verdad-en-la-caridad-catequesis-completa/