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Autor: Patricio Osiadacz

Comentario al evangelio de hoy lunes 28 de octubre de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

No hemos elegido a Cristo, sino que Él nos ha elegido y nos ha dado las fuerzas para poder optar por Él. Nos ha llamado a ser discípulos y apóstoles que se esfuerzan por imitar lo que ven. Es una invitación a seguir los pasos del Maestro e intentar transmitir lo que aprendemos de Él. Es así como Cristo nos proyecta un camino.

Hay momentos en que le vemos, le oímos, aprendemos de Él. Nos muestra la sabiduría que puede iluminar toda confusión e inseguridad. Escuchamos las respuestas que pueden sanar las preguntas que surgen en el mundo. Hay momento en que aprendemos del Maestro lo que significa ser su discípulo y apóstol.

Pero, también llega la oportunidad en que, después de haber caminado a su lado, nos muestra la forma en la cual se transmite su mensaje a una multitud, en medio de personas que muestran curiosidad e interés en saber «quién es este hombre».

Al final, nosotros podremos estar en frente de una multitud de personas, creyente o no creyentes, heridos o rencorosos, humildes o soberbios. Si logramos mantener en nuestra memoria la experiencia de un Cristo que nos ha hablado, nos ha elegido y nos ha formado, si recordamos constantemente esos momentos que pasamos juntos, surgirá en nuestro interior un apasionado deseo de llevar su mensaje. Si supimos estar con Cristo, Él sabrá permanecer en nuestro corazón. Sobre todo, cuando queramos transmitirle.

«En esta perspectiva, es oportuno que cada uno se plantee una pregunta: ¿Cómo siento yo la elección: me siento cristiano por casualidad? ¿Cómo vivo yo la promesa, una promesa de salvación en mi camino? ¿Y cómo soy fiel a la alianza, cómo Él es fiel? Porque, Él es fiel y por esta razón los dones y la llamada son irrevocables: Él no puede renegarse a sí mismo, Él es la fidelidad misma. Por tanto, teniendo en cuenta esa verdad, conviene plantearse uno mismo: ¿Me siento elegido por Dios? ¿Siento la caricia de Dios en mi corazón? ¿Siento que Dios me ama? ¿Y me cuida? ¿Y cuando me alejo, Él va a buscarme? Puede ser de ayuda pensar en la parábola de la oveja perdida, por ejemplo: el Señor que va y las promesas que ha hecho y las alianzas».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de noviembre de 2017, en santa Marta).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73551/para-ser-apostoles.html#modal

EDD. lunes 28 de octubre de 2019.

Hoy, lunes, 28 de octubre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,2-3.4-5

R/.
A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios, 
el firmamento pregona la obra de sus manos: 
el día al día le pasa el mensaje, 
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien, 
sin que resuene su voz, 
a toda la tierra alcanza su pregón 
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Dale Carnegie, experto en el arte de las relaciones humanas, afirma: “El propio nombre es para cada persona la voz más dulce e importante de su idioma”. Llamar por el propio nombre a las personas es mostrarles que merecen nuestra confianza, que tienen nuestro respeto, que pueden contar con nuestro amor. Llamar a alguien por su nombre es reconocer su identidad más genuina. Es darle la vida.

En la antigüedad, y todavía hoy en las culturas primitivas, el nombre significa lo que en realidad es la persona, o una cualidad -imaginaria o real- que el recién nacido tiene o que se desea que llegue a poseer. En el libro del Génesis, se pone nombre a los seres y se les encomienda una tarea. En la Biblia, el nombre no es algo convencional sino que quiere expresar el papel de un ser humano en el universo, su misión, su porvenir.

¿Qué experimentarían los apóstoles -también Simón y Judas- al escuchar de labios del divino Maestro su nombre? ¿Qué resonancias especiales pudo tener para ellos la llamada de Jesús para ser apóstoles?

La vocación de los apóstoles, recordada por la liturgia en este día, nos remite al momento de nuestra propia vocación como seres humanos, como cristianos, como comprometidos con la causa de Jesús y con la extensión de su obra.

¿Nos sentimos concernidos al escuchar nuestro propio nombre? ¿Qué resonancias (sentimientos, sensaciones, impulsos…) reviste el simple recuerdo de ese momento especial en el que Jesús nos llamó? ¿Hacia qué mayor y renovado compromiso de vida nos empuja?

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 27 de octubre de 2019.

Qué bien nos viene el mensaje de la Palabra del día de hoy. Paz y Bien.

DOMINGO XXX DEL AÑO.

Eclesiástico 35,12-14.16-18: En Dios no hay acepción de personas. Sin embargo se inclina a favor de los débiles, los humildes, a estos escucha.

2Timoteo 4,6-8.16-18: Pablo se siente fracasado, solo. Pero es un hombre de fe, sabe que no está solo, el Señor está con él.

Lucas 18,9-14: Dos hombres, dos personajes que oran ante Dios. Dos modos distintos de relacionarse con Dios.

1.- Si el domingo pasado el Señor nos enseñaba que había que orar con insistencia, con  perseverancia, hoy el Señor nos enseña cómo debemos relacionarnos con Dios, qué actitud tener frente a Él.

Agrada a Dios el que nos presentemos ante Él con nuestra verdad. Esto significa que debemos presentarnos ante Él tal cual somos, sin fingimientos, sin máscaras. Esto quiere decir que debemos ser humildes, ya que humilde es aquel que se acepta tal cual es, sin complejos, sin dobleces; acepta su verdad. Humildad es verdad. Y esto es lo que se refleja claramente en el publicano.

2.- Sólo Dios es grande, sólo Dios es Dios. Conscientes de esta verdad nos llevará a tener una actitud diferente ante Él.

En el fariseo de la parábola se retrata al hombre que vive centrado en sí mismo, es autorreferente. Tiene conciencia del bien que obra, pero no tiene en cuenta sus deficiencias; hace alarde de su propia justicia, por eso se atreve a mirar en menos a los que no son como él.

El publicano sabe y acepta su verdad. Lo único que tiene propio es su pecado y lo reconoce ante Dios  y pide perdón.

El primero se siente y se tiene por justo. El segundo se sabe pecador.

Dios es el único justo y Él es quien hace justo al hombre que cree en Él. Todo lo hemos recibido de Dios; no tenemos título alguno para gloriarnos.

Más todavía. En Dios no hay acepción de personas, es decir, Él es incorruptible, no se deja sobornar por cultos fatuos. Sin embargo Él se inclina preferentemente por el pobre y el humilde. Esto no es parcialidad, sino suprema justicia, manifestación de la salvación de Dios.

3.- El mundo vive de las apariencias, de la imagen, de lo que aparece. En el mundo se ha hecho de la mentira una cultura. Por eso reina la crisis y la ruina en todas partes. Porque se vive la mentira se utilizan máscaras, se fomentan las formas, pero estamos vacíos por dentro.

Nuestra sociedad chilena está en crisis en su totalidad, en todos se vive la mentira: en la política, en las iglesias, en la prensa, en la economía, etc. Porque hay corrupción. Sólo apariencias. Y eso no agrada a Dios…tampoco a la gente.

Mientras cada uno de nosotros no aceptemos nuestra verdad, nuestra flaqueza, no sabremos salir del hoyo en el que nos encontramos.

4.- El publicano reconoció su flaqueza. San Pablo admite que está mal, bajoneado, débil, solo. Pero sabe en quién fiarse, en Aquel que es la suprema verdad. Sólo la Verdad nos hace libres.

No nos justifiquemos, menos todavía culpando a otros. No. Aceptemos lo que somos y así, con humildad, sin complejo alguno, nos acercamos al altar de Dios. Que Él sea quien nos justifique, nos salve. No debemos olvidar que “El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos”. “No hay que tener miedo en decir: la civilización cristiana y la ciudad cristiana son esencialmente civilización monástica y ciudad monástica; en el sentido de que, al igual que en el monasterio, también en ellos – en última instancia – todos los valores tienen una única orientación y un único fin: Dios amado, contemplado, incesantemente alabado”, dijo Giorgio La Pira, elogiando a san Benito. Lo mismo vale para nosotros, tenemos que orar con humildad.

Sólo así podemos hacer Eucaristía, dar gracias al Señor, porque se fija en el pobre y en el humilde.       

           Hermano Pastor Salvo Beas.       

Comentario al evangelio de hoy sábado 26 de octubre de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 1-9

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”.

Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La justicia de los hombres es diversa de la justicia de Dios. Los hombres decimos: ‘justicia es dar a cada cual según se merece.’ Dios dice: ‘justicia es dar según mi Hijo ha merecido’. Esto nos permite entender el trasfondo de la pregunta de Jesús a sus discípulos.

Los hombres que Pilato mandó matar eran galileos, como los apóstoles. De algún modo, Jesús está recordándole a su auditorio que estas personas eran iguales a ellos, incluso en su lugar de origen. La única diferencia que podía existir era la del pecado. Es aquí donde entra el razonamiento humano.

Es fácil pensar que quien sufre, padece porque ha hecho el mal. Pocas cosas sorprenden y conmueven tanto el corazón del hombre como el sufrimiento del inocente. Si alguien ha actuado bien, ¿por qué ha de sufrir? Una vez más, esto es lógica humana. Pero no olvidemos que Cristo mismo, quien pasó su vida haciendo el bien, ha sido quien más sufrimiento ha debido soportar en su Pasión.

Regresemos a la pregunta. Jesús asegura que quienes fueron asesinados no atravesaron esa prueba porque fueran más pecadores; es decir, el propio sufrimiento no necesariamente es consecuencia de un mal cometido. El acento está, más bien, en la invitación que viene después. Jesús llama a quienes lo escuchan a la conversión.

Para ilustrar esto, toma el ejemplo de la higuera infértil. Es, en una palabra, como si quisiera decir que en vez de preocuparnos por juzgar quién ha sido más pecador, haríamos mejor simplemente buscando convertir constantemente nuestros corazones a Dios. El cielo está repleto de pecadores arrepentidos, pero vacío de soberbios que creen estar por encima de los demás.

«El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es un símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre en favor de la humanidad ?y lo hace siempre? y le pide que espere y le conceda un poco más de tiempo para que los frutos del amor y la justicia broten en ella. La higuera de la parábola que el dueño quiere erradicar representa una existencia estéril, incapaz de dar, incapaz de hacer el bien. Es un símbolo de quien vive para sí mismo, sacio y tranquilo, replegado en su comodidad, incapaz de dirigir su mirada y su corazón a aquellos que están cerca de él en un estado de sufrimiento, pobreza y malestar. A esta actitud de egoísmo y esterilidad espiritual se contrapone el gran amor del viñador por la higuera: hace esperar al dueño, tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Promete al dueño que prestará una atención especial a ese árbol desafortunado».
(Homilía de S.S. Francisco, 24 de marzo de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73513/la-justicia-divina.html#modal

EDD. sábado 26 de octubre de 2019.

Hoy, sábado, 26 de octubre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,1-11):

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que no pudo hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, lo ha hecho Dios: envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado. Así, la justicia que proponía la Ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu. Porque los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el Espíritu, a la vida y a la paz. Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/.
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,1-9):

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?» Pero el viñador contestó: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas.»»

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Pilatos mandó matar a unos galileos mientras cumplían los actos de culto en el templo. Jesús contesta a quienes le informan:     “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así?

¿O que los que fueron aplastados por la torre de Siloé al caer eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?

Es muy común la creencia de que Dios  castiga quien hace algo malo. Y el castigo es más duro cuanto más grave es el pecado cometido. Las desgracias serían fruto de pecados cometidos personalmente o por los parientes. Esta creencia aparece en el evangelio de hoy y en otros pasajes, como el del ciego que nos narra san Juan. Sus discípulos, al verlo, le preguntaron: “Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Fue por un pecado suyo o de sus padres?” (Juan 9,2).

Las desgracias nos hacen pensar en los peligros que nos rodean y en ese sentido son un aviso que no hay que despreciar. Son ciertamente un castigo cuando esas desgracias ni siquiera nos hacen pensar y ordenar lo mejor posible nuestra vida. Es la inconsciencia del que vive los acontecimientos de la vida como si fueran una película de cine fantástico que nada tienen que ver con su vida y la de sus prójimos. Hay que abrir los ojos  a la realidad y no vivir en una “burbuja”.

La vida no dura siempre y si no la sabes aprovechar hoy, mañana no sabes si la tendrás. Es lo que nos enseña la parábola de la higuera, que nos narra a continuación el texto evangélico.

El cristiano ha de vivir en actitud constante de producir buenos frutos. Dios nos ha dotado a cada uno con la capacidad de hacer el bien, de cultivar la justicia y de mantener unas relaciones sanas con los demás y con Dios mismo; pero como dueño y Señor de esas higueras, que somos nosotros, puede exigirnos y pedirnos los frutos correspondientes.

En la lectura de Rm 8, 1-11 encontramos palabras de aliento para seguir este camino de fecundidad espiritual, porque el “Espíritu de Dios habita en vosotros”.

Carlos Latorre
Misionero Claretiano

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. viernes 25 de octubre de 2019.

Hoy, viernes, 25 de octubre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (7,18-25a):

Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí, es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago. Entonces, si hago precisamente lo que no quiero, señal que no soy yo el que actúa, sino el pecado que habita en mí. Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos. En mi interior me complazco en la ley de Dios, pero percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,66.68.76.77.93.94

R/.
Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus mandatos. R/.

Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes. R/.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo. R/.

Cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad. R/.

Jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste vida.R/.

Soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Dice Jesús: “Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?”

Los contemporáneos de Jesús no saben interpretar sus palabras y milagros como el signo de que ha llegado el reino de Dios. Juzgan desde sus propios criterios y tienen los ojos cerrados a los signos de los tiempos.

Cristo quiere que escrutemos el tiempo, y el tiempo para Él consiste en que con su venida hemos llegado a la plenitud: «la plenitud de los tiempos”. Es una plenitud real, no imaginaria, que no hay que confundir con el fin del mundo, sino con la manifestación más clara y plena del amor de Dios por los hombres. El primer acto de amor de Dios al hombre ha sido la creación.

¿Puede el hombre pedir algo más? Lo inteligente en el hombre es ser consciente del tiempo en que vive y saber decir cada día: «gracias, Padre Dios, por tu amor tan presente y cercano».

Hoy es un buen día para contemplar sin más el amor de Dios que se nos manifiesta en los más pequeños, en los que necesitan comprensión, una caricia. Como sabiamente decía una amiga mía: Nos podemos equivocar en muchas cosas en nuestra vida, pero en lo que nunca nos equivocamos es si hacemos el bien a quien necesita ayuda. Ella decía con mucha convicción: “el que ayuda a un pobre no se equivoca”.

Siguiendo el texto del evangelio de hoy nos dice Jesús: “Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino”.

Esta comparación ilustra la urgente necesidad de reconciliarse con Dios antes de que llegue el juicio y al mismo tiempo la importancia de esta reconciliación entre las personas. El perdón que doy al hermano es el perdón que Dios me da a mí. Sólo el perdón nos lleva a la paz.

En la primera lectura san Pablo nos confía con gran sinceridad sus experiencias en la lucha por seguir a Jesús cada día y nos dice: “El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago”. Él sabe por propia experiencia que sólo la misericordia nos abre a la esperanza: “¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias”.

Carlos Latorre
Misionero Claretiano

Fuente :
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Buscar la “verdad en la caridad” – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles    

octubre 23, 2019 12:40 Larissa I. López Audiencia General

(ZENIT – 2 oct. 2019).- “La asamblea de Jerusalén arroja una luz significativa sobre cómo tratar las diferencias y buscar la ‘verdad en la caridad’ (Ef 4,15)” y nos recuerda que el “método eclesial de resolución de conflictos se basa en el diálogo, constituido por la escucha atenta y paciente y el discernimiento efectuado a la luz del Espíritu”, indicó el Papa Francisco.

Hoy, 23 de octubre de 2019, el Santo Padre, ha continuado con el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el pasaje Dios ha abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hechos 14:27). La misión de Pablo y Bernabé y el concilio de Jerusalén (Hechos de los Apóstoles 15, 7-11).

Iglesia de puertas abiertas

A lo largo de sus palabras, Francisco expresó que el libro de los Hechos de los Apóstoles es el “del largo camino de la Palabra de Dios”, que se debe anunciar en todas partes. Y, aunque dicho camino comienza con una “fuerte persecución”, esta “se convierte en una oportunidad para ampliar el campo donde sembrar la buena semilla de la Palabra”.

Asimismo, el Papa se ha referido a que dicho libro revela la “naturaleza de la Iglesia. Esto es, “en salida”, de “puertas abiertas”, “llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. De ese modo si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas”.

Asamblea de Jerusalén

Igualmente, remitió al fragmento en el que Pablo y Bernabé se encuentran en Antioquía para evangelizar a los judíos, los creyentes. Allí la novedad de las “puertas abiertas” es ofrecida a los paganos, algo que generó una “controversia muy animada” sobre si era precisa la circuncisión en ellos para lograr la salvación.

Para solucionarla, continuó relatando el Obispo de Roma, Pablo y Bernabé recurrieron al consejo de los Apóstoles y de los ancianos en Jerusalén, celebrándose el que es considerado el primer concilio de la Iglesia. En él, finalmente, tras los discursos de los apóstoles, se decidió que bastaba con que los no creyentes rechazaran “la idolatría y todas sus expresiones”, presentando un “camino común”.

Sinodalidad

Por otro lado, el Pontífice también remarcó que, la carta apostólica enviada a Antioquía por Pablo y Bernabé “nos ayuda a comprender la sinodalidad”, pues “los Apóstoles empiezan diciendo: ‘El Espíritu Santo y nosotros pensamos que…’. Es propio de la sinodalidad, de la presencia del Espíritu Santo, de lo contrario no es sinodalidad, es parlatorio, parlamento, otra cosa…”.

Finalmente, el Santo Padre ha pedido a Dios: “Que nos ayude a vivir el diálogo, la escucha y el encuentro con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con los que están lejos, para gustar y manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser en todos los tiempos “madre gozosa” de muchos hijos (cf. Sal 113, 9)”.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que san Pablo, después de ese encuentro transformador con Jesús, es acogido por la Iglesia de Jerusalén gracias a la mediación de Bernabé y comienza a anunciar a Cristo. Pero, debido a la hostilidad de algunos, se ve obligado a trasladarse a Tarso, su ciudad natal, donde Bernabé se une a él para involucrarlo en el largo viaje de la Palabra de Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles, que estamos comentando en estas catequesis, puede decirse que es el libro del largo camino de la Palabra de Dios: la Palabra de Dios debe ser anunciada, y anunciada en todas partes. Este viaje comienza después de una fuerte persecución (cf. Hch 11,19); pero esta, en vez de ser un compás de espera para la evangelización, se convierte en una oportunidad para ampliar el campo donde sembrar la buena semilla de la Palabra. Los cristianos no se asustan. Deben huir, pero huyen con la Palabra, y la difunden por todas partes.

Pablo y Bernabé llegaron primero a Antioquía de Siria, donde se quedan un año entero para enseñar y ayudar a la comunidad a echar raíces (Hechos 11:26).Anunciaban a la comunidad judía, a los judíos. Antioquía se convierte así en el centro de propulsión misionera, gracias a la predicación con la que los dos evangelizadores -Pablo y Bernabé- llegan los corazones de los creyentes, que aquí, en Antioquía, son llamados por primera vez “cristianos” (cf. Hch 11, 26). El libro de los Hechos revela la naturaleza de la Iglesia, que no es una fortaleza, sino una tienda capaz de ampliar su espacio (cf. Is 54,2) y de dar cabida a todos. La Iglesia o es “en salida” o no es Iglesia, o está en camino, ampliando siempre su espacio para que todos puedan entrar, o no es Iglesia. “Una Iglesia con las puertas abiertas” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 46), siempre con las puertas abiertas. Cuando veo una iglesita aquí, en esta ciudad, o cuando la veía en la otra diócesis de dónde vengo, con las puertas cerradas, creo que es una mala señal. Las iglesias siempre deben tener las puertas abiertas porque son el símbolo de lo que es una iglesia: siempre abierta. La Iglesia está “llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. De ese modo si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas” (ibid., 47).

¿Pero esta novedad de las puertas abiertas a quién?  A los paganos, porque los apóstoles predicaban a los judíos, pero también los paganos venían a llamar a la puerta de la Iglesia; y esta novedad de las puertas abiertas a los paganos desencadena una controversia muy animada. Algunos judíos afirman la necesidad de hacerse judíos mediante la circuncisión para salvarse y luego recibir el bautismo. Dicen: “Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica no podéis salvaros” (Hch 15,1), es decir, no podréis recibir el bautismo más tarde. Primero el rito judío y luego el bautismo: esta era su postura. Y para resolver la cuestión, Pablo y Bernabé consultan al consejo de los Apóstoles y de los ancianos en Jerusalén, y tiene lugar lo que se considera el primer concilio en la historia de la Iglesia, el concilio o asamblea de Jerusalén, al que Pablo se refiere en la Carta a los Gálatas (2,1-10).

Se aborda una cuestión teológica, espiritual y disciplinaria muy delicada: es decir, la relación entre la fe en Cristo y la observancia de la Ley de Moisés. En el curso de la asamblea son decisivos los discursos de Pedro y Santiago, “columnas” de la Iglesia Madre (cf. Hch 15,7-21; Gál 2,9). Invitan a no imponer la circuncisión a los paganos, sino sólo a pedirles que rechacen la idolatría y todas sus expresiones. De la discusión viene el camino común, y esa decisión, ratificada con la llamada carta apostólica enviada a Antioquía.

La asamblea de Jerusalén arroja una luz significativa sobre cómo tratar las diferencias y buscar la “verdad en la caridad” (Ef 4,15). Nos recuerda que el método eclesial de resolución de conflictos se basa en el diálogo, constituido por la escucha atenta y paciente y el discernimiento efectuado a la luz del Espíritu. En efecto, es el Espíritu el que ayuda a superar los cierres y las tensiones y actúa en los corazones para que alcancen  la verdad y  la bondad, para que lleguen a la unidad. Este texto nos ayuda a comprender la sinodalidad. Es interesante, como escriben la Carta: los Apóstoles empiezan diciendo: “El Espíritu Santo y nosotros pensamos que…”. Es propio de la sinodalidad, de la presencia del Espíritu Santo, de lo contrario no es sinodalidad, es parlatorio, parlamento, otra cosa..

Pidamos al Señor que fortalezca en todos los cristianos, especialmente en los obispos y sacerdotes, el deseo y la responsabilidad de la comunión. Que nos ayude a vivir el diálogo, la escucha y el encuentro con nuestros hermanos y hermanas en la fe y con los que están lejos, para gustar y manifestar la fecundidad de la Iglesia, llamada a ser en todos los tiempos “madre gozosa” de muchos hijos (cf. Sal 113, 9).

Fuente : https://es.zenit.org/articles/buscar-la-verdad-en-la-caridad-catequesis-completa/

Comentario al evangelio de hoy jueves 24 de octubre de 2019.

Del santo Evangelio según san Juan 10, 11-16

En aquel tiempo. Jesús dijo a los fariseos: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Al referirnos a los sacerdotes con el apelativo de «padre» podemos pensar que sólo es un título, pero, en realidad, va más allá. Para un sacerdote el ser padre también significa tener una familia, que sería la gente a la que sirve, porque es un elemento humano que es necesario para todo hombre, sea sacerdote o casado. Todas las características de un padre también se pueden aplicar a un obispo, cardenal o papa quienes, en su llamado, han recibido diferentes tipos de rebaños con sus ventajas y dificultades.

Cristo nos enseña algunas cualidades esenciales de un padre y un pastor, que pueden aplicarse a cualquier apóstol. Primero nos habla de que un pastor debe proteger a su rebaño porque él sabe que el rebaño necesita su ayuda y más cuando está en dificultad; hay que saber salir al encuentro de la oveja que esté en peligro o que esté siendo atacada para sacarla de aprietos; y señala una actitud muy dañina que es la del que solo se preocupa por hacer su función y no le interesa su rebaño o la gente que Dios le puso a su cuidado. Como actitud de base está un espíritu de servicio que busca siempre el ser servidor más que ser servido.

Otra cualidad que Cristo enseña es la de conocer a las ovejas porque nadie ama lo que no conoce. El tiempo que se pasa junto a alguien y las experiencias que se comparten son una forma extraordinaria para conocer a los demás; son un recordatorio que, en nuestro trabajo apostólico, lo que importa más son las personas y nunca debemos olvidar esto. Así como Cristo se interesa por cada uno de nosotros, también nos toca hacerlo por las personas con las que convivimos día a día.

«El Buen Pastor, Jesús, está atento a cada uno de nosotros, nos busca y nos ama, dirigiéndonos su palabra, conociendo en profundidad nuestros corazones, nuestros deseos y nuestras esperanzas, como también nuestros fracasos y nuestras decepciones. Nos acoge y nos ama tal y cómo somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Para cada uno de nosotros Él “da la vida eterna”: es decir, nos ofrece la posibilidad de vivir una vida plena, sin fin. Además, nos cuida y guía con amor, ayudándonos a atravesar los senderos escarpados y los caminos muchas veces arriesgados que se presentan en el itinerario de la vida».
(Regina coeli de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73511/cualidades-de-un-pastor.html#modal

EDD.jueves 24 de octubre de 2019

Hoy, jueves, 24 de octubre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,19-23):

Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación. Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis, porque acaban en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6

R/.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla.¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

El evangelio de Lucas que hoy nos propone la liturgia habla de enfrentamientos y divisiones en las familias por causa de la fe en Jesús. Naturalmente este texto refleja situaciones  que vivían algunos miembros de las comunidades cristianas, a quienes Lucas dirige su evangelio. Han abrazado con alegría y generosidad la fe, quieren seguir a Jesús con todas las consecuencias. Y de pronto se encuentran enfrentados a los seres más queridos de sus familias. Son sufrimientos muy profundos precisamente porque afectan a la relación con personas que se quieren de verdad. La fe en Jesús se convierte en una cruz dentro de la familia. Es inevitable que se den divisiones y actitudes encontradas a causa de Jesús. Ser cristiano de verdad es muy bello, pero ¡qué difícil es! Ojalá nunca se dieran esas incomprensiones familiares, pero es inevitable que puedan ocurrir.

Hay otro aspecto que quiero subrayar. Jesús dice a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”

San Antonio Maria Claret, cuya fiesta celebramos hoy, tomó como lema de su vida: “el amor de Cristo me apremia”. Sólo desde el intenso amor que llenaba su corazón se puede explicar la dedicación tan espléndida al servicio de las comunidades cristianas de Cataluña, Canarias, Cuba, Madrid, París y Roma hasta morir desterrado en el Monasterio de Fontfroide, en el sur de Francia. 

En la oración de Laudes de la liturgia propia del santo se canta:
Claret, cristiano de fuego,
pobre, casto y compasivo,
misionero al rojo vivo,
con afanes de andariego
y ardor de contemplativo.

Claret, cristiano de fuego… Él escribe en su Autobiografía: La virtud más necesaria es el amor. Sí, lo digo y lo diré mil veces: la virtud que más necesita un misionero apostólico es el amor. Debe amar a Dios, a Jesucristo, a María Santísima y a los prójimos. Si no tiene este amor, todas sus bellas dotes serán inútiles; pero, si tiene grande amor con las dotes naturales, lo tiene todo.

Y continúa: Hace el amor en el que predica la divina palabra como el fuego en un fusil. Si un hombre tirara una bala con los dedos, bien poca mella haría; pero, si esta misma bala la tira rempujada con el fuego de la pólvora, mata. Así es la divina palabra. Si se dice naturalmente, bien poco hace, pero, si se dice por un Sacerdote lleno de amor de Dios y del prójimo, herirá vicios, matará pecados, convertirá a los pecadores, obrará prodigios.

Jesús dijo: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”. San Antonio María Claret ardió con el fuego de Jesús y nos dejó a sus seguidores una gran tarea: la evangelización por todos los medios posibles para que ese amor de Dios se difunda por el mundo.

En estos días se está presentando el rodaje en España de una película sobre la vida de San Antonio María Claret, cuyo título es «pobre y a pié».

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 23 de octubre de 2019

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,12-18):

Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal, ni seáis súbditos de los deseos del cuerpo. No pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos para la injusticia; ofreceos a Dios como hombres que de la muerte han vuelto a la vida, y poned a su servicio vuestros miembros, como instrumentos para la justicia. Porque el pecado no os dominará: ya no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia. Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No sabéis que, al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? Pero, gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados y, liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 123,1-3.4-6.7-8

R/.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
–que lo diga Israel–,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes. R/.

Hemos salvado la vida,
como un pájaro de la trampa del cazador;
la trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Carlos Latorre, cmf

Queridos hermanos:

Si leemos atentamente el evangelio de hoy veremos que a Pedro no le quedó claro si la parábola se aplicaba solamente a todos los discípulos o más bien a los líderes de la comunidad.  Por eso viene la segunda parábola que transporta la misma exigencias del “¡Estad preparados!” en el asumir las responsabilidades típicas de un animador de la comunidad, a quien Jesús llama “el administrador fiel y prudente” y que se aplica a todos los que sirven a la comunidad.

Cristo nos presenta la vida como una misión: «estar al frente de la servidumbre para darle a tiempo su ración». Venimos a la tierra para algo, y ese algo es tan importante que de él depende la felicidad eterna nuestra y de otras personas; o dicho de otro modo, la felicidad de otros será nuestra felicidad.

En el cristianismo no rige eso del «come y bebe que la vida es breve», ni el «vivir a tope», entendido como aprovechar cada instante para conseguir más placer y más bienestar egoísta.

La característica del administrador “fiel y prudente” es que sabe que los bienes no son suyos, no es tacaño ni rígido, sabe hacer que alcance para todos la comida. Éste recibirá la “bienaventuranza” de su Señor y se le concederán funciones de mayor responsabilidad en la comunidad.

Las características del administrador “infiel”: primero se descuida en la vigilancia, se da buena vida, se aprovecha de las circunstancias; luego, ya no sabe dirigir la comunidad, se pone agresivo y se olvida de los demás. Primero se olvida de sí mismo y luego de los demás. El castigo es todavía mayor.

Carlos Latorre
Misionero Claretiano

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy