Autor: Patricio Osiadacz
EDD. miércoles 09 de octubre de 2019.
Hoy, miércoles, 9 de octubre de 2019
Primera lectura
Lectura de la profecía de Jonás (4,1-11):.
Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.»
Respondióle el Señor: «¿Y tienes tú derecho a irritarte?»
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer.
Deseó Jonás morir, y dijo: «Más me vale morir que vivir.»
Respondió el Señor a Jonás: «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?»
Contestó él: «Con razón siento un disgusto mortal.»
Respondióle el Señor: «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?»
Palabra de Dios
Salmo
Sal 85,3-4.5-6.9-10
R/.Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti. R/.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.
Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.» R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Queridos hermanos:
La lectura de este Evangelio me ha hecho pensar en el esfuerzo continuado,y a menudo infructuoso de tantos como trabajamos en el mundo de la pastoral (jóveneso no jóvenes) por invitar a que la oración sea una constante en la vida cotidiana, con todo tipo de «argumentos». Parece que no es tan difícil «convencer»para que asuman compromisos de todo tipo en la vida cristiana comunitaria, o en actividades catequéticas o de voluntariado. Pero lo de orar… E incluso la propia experiencia personal: tengo que reconocer que «fácilmente» dejamos el tiempo de encuentro con Dios Padre… por mil razones («justificadas», o no).
Recordaba esta «curiosa» oración de Louis Evely:
Señor: me aburro soberanamente en la oración.
Te aseguro que no voy a estar contigo mucho tiempo; si tú no me echas una mano y me detienes, me marcharé dentro de dos minutos; Ya estoy aburrido y se me han ocurrido un montón de cosas que hacer. Haz que me quede, retenme un poco más, enséñame a orar.
Jesús ha estado orando en un lugar recogido, pero «a la vista» de sus discípulos. Y les han entrado «ganas» de que Jesús les enseñe a orar. Es curioso. No parece que Jesús tomara la iniciativa de enseñarles, como hacían casi todos los profetas y maestros espirituales («como Juan enseñó a sus discípulos»). Ni nos consta que hiciera cosas especiales o llamativas en sus momentos de oración. Pero algo llama la atención de los suyos, que le piden que «comparta su oración», que les enseñe «su» oración.
Por una parte es el propio testimonio orante. Seguramente que pocas veces nos «ven» orar las personas con las que compartimos la fe y la catequesis. Tal vez nos puedan haber visto «rezar» la Liturgia de las Horas, o participar en distintas celebraciones «litúrgicas» como la Eucaristía y otras… Pero parece no ser suficiente. Han cambiado los tiempos y las costumbres: en tiempos de Jesús a la gente les gustaba que «les vieran» orar por calles, plazas, sinagogas y Templo. Ya no es así. En todo caso, lo que no es tan habitual es que «compartamos» nuestra experiencia personal, íntima, «libre» de diálogo con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Tengo que reconocer que buena parte de mi experiencia orante no me ha venido tanto de «lecturas» (que también), cuanto por la oración compartida de compañeros y formadores.
Por otra parte: los apóstoles comprueban que Jesús tiene continuamente presente al Padre, que es su «centro» y continua referencia. Que habla de él y actúa en su nombre (como él y de su parte), y que la palabra más significativa para él es que se siente «hijo amado» del Abbá. Deducen que su oración no será tanto a base de «rezos» (aunque es claro que los Salmos y el resto de la Escritura forman parte de su oración), cuanto una «relación» que se fortalece en esos momentos. Jesús NECESITA escuchar al Padre y leer la presencia del Padre (sus huellas, su trabajo continuo como Creador y Salvador en favor de los hombres) en las cosas de su vida cotidiana (el Reino que ya está presente en medio de nosotros), ser consciente de sus tentaciones, encontrar en él la fuerza en los momentos de desconcierto y desánimo, empaparse de esa misericordia que le permite perdonar, acoger y sanar… Discernir continuamente su voluntad, para que no se haga mi voluntad, sino la tuya…
Jesús compartirá con ellos su experiencia orante, su intimidad con el Padre, recogiéndola en una plegaria: el Padrenuestro. No es, por tanto, un rezo más, o un rezo «especial», sino el resumen condensado de los «contenidos» y vivencias de sus tiempos de oración.
Descubre uno que tiene mucho que «aprender» y cambiar en esto de la oración… para poder contagiar las ganas, o motivar a otros. Se da uno cuenta, de nuevo, que no sé orar como conviene (Rm 8, 26). Por eso, creo que no debiera faltarnos nunca la invocación del Espíritu de Jesús para que venga en ayuda de nuestra debilidad, e interceda por nosotros. Que antes de cualquier oración (y del Padrenuestro en particular, para no rezarlo como un estribillo medio inconsciente), repitamos con deseo sincero lo de los discípulos: Señor, enséñanos a orar. Nunca lo habremos aprendido del todo. Y el Señor nos invitará a profundizar con calma y esperanza en el «Padrenuestro», para que nos sintamos un poco más cada día «hijos amados» y necesitados de él.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
EDD. martes 08 de octubre de 2019
Hoy, martes, 8 de octubre de 2019
Primera lectura
Lectura del libro de profeta Jonás (3,1-10):
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.
Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 129
R/.Si llevas cuentas de los dleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Desde el lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuentas de los doleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.
Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.
Evangelio de hoy
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10,38-42):
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»
Palabra del Señor
REFLEXIÓN :
Queridos hermanos:
Algo le pasa a Marta. Tiene tanto que hacer (¿ella sola, o entre las dos?). Son mil detalles para que todo esté bien, para recibir al huésped como debe ser. Pero algo le pasa, algo está mal. Mientras «hace cosas», se siente en tensión, absorbida, inquieta, nerviosa (todo eso significa el verbo que usa Lucas)… Se siente «sola» con la tarea, con sus obligaciones.
Y «explota», lo paga con su hermana: un reproche. Ya podía echar una manita. A ver por qué tengo que hacerlo todo yo, si es cosa de las dos. Pero no se lo dice directamente a ella, de buenas maneras, sino que le pide a Jesús: Dile que me ayude. Está creando una situación aún más violenta. Incluso el nerviosismo interior la lleva a soltar un cierto reproche a su huésped: «¿es que no te importa»?… Ella estaba haciendo lo que le habían enseñado, lo que era normal cuando llegaba un visitante, estaba cumpliendo con su obligación… Pero los efectos de todo ese trajín no son nada buenos.
Importante mirar esos síntomas en uno mismo. A ver si andamos con «martitis aguda». En nuestras relaciones con el Maestro… y con los hermanos. En nuestras comunidades y grupos parroquiales el trabajo se multiplica, vamos siendo menos, más mayores, la gente anda muy ocupada… y algunos se sobrecargan (quizá mientras otros andan bastante desocupados, o eso nos parece). Y nos liamos a hacer cosas, casi sin dar a basto, y lo primero que descuidamos es nuestra paz interior, tan volcados hacia fuera, que se nos vacía el corazón. Puede que todo nos salga y nos quede impecable… pero seguramente sin «calor». Nos lo han enseñado así: la fe madura y comprometida se mide por las actividades, responsabilidades, reuniones y grupos en los que andamos metidos… aunque nos quedemos sin tiempo para nosotros mismos (y para estar a los pies del Maestro frecuentemente). Por ejemplo: hay que preparar una celebración… pues a ver los cantos, las hojas, el altar, lo que hay que decir en la homilía, las moniciones, quién lee, los objetos litúrgicos, las ofrendas, los símbolos, los, las, el… Pero ¿el «encuentro con el Señor» (que es de lo que se trata, ¿no?) para ver qué tiene que decirnos, para haberle escuchado antes, para dejarnos tocar por él…? O al preparar la catequesis o reunión de la comunidad… ¿hay tiempo tranquilo para escuchar al Señor ANTES de hacer todas las demás cosas? Podemos estar haciendo mil cosas «en el nombre del Señor»,o «por el Señor», o «al Servicio del Pueblo de Dios»… sin contar con Dios, sin escucharle antes.
Fuera del ámbito religioso, también nos ocurre algo similar. Preparamos cosas (una comida, un viaje, una fiesta, un regalo…), hacemos muchas cosas por los demás (que se lo pregunten a cualquier padre/madre de familia, o párroco o Superior, o Voluntario, o…)… pero quizá nos falte frecuentemente «escucharles» con calma, prestarles atención, dejarnos afectar por sus cosas…
Es fácil descubrir en uno mismo los síntomas de esta «martitis aguda». Menos mal que el remedio es relativamente sencillo: reposar a los pies del Señor, y escuchar su Palabra. Pararnos con alma junto al hermano/a, y escucharle. Sin duda es lo mejor que debemos hacer. «La mejor parte». Que no nos la quitemos nosotros mismos.
Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy
Ángelus: “Nada es imposible para quién tiene fe”
Palabras del Papa antes de la oración
octubre 06, 2019 13:42Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli
(ZENIT – 6 octubre 2019).- “Nada es imposible para alguien que tiene fe, porque no depende de su propia fuerza sino de Dios, que puede hacer cualquier cosa”, dijo el Papa Francisco en el “Ángelus” del domingo, 6 de octubre de 2019.
Al presentar la oración mariana en la Plaza de San Pedro, el Papa invitó a los cristianos a cultivar “una fe que no es orgullosa y segura de ella”, que “no pretende ser la de un gran creyente”, sino una fe que “siente una gran necesidad de Dios y, en su pequeñez, se entrega a él con plena confianza”.
¿Cómo saber si nuestra fe es sincera? preguntó el Papa. Por “el servicio”, “la actitud de disponibilidad” frente a Dios. El hombre de fe, de hecho, “se pone completamente a la voluntad de Dios, sin cálculos ni pretensiones”.
AK
Meditación del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La página del Evangelio de hoy (cf. Lc 17,5-10) presenta el tema de la fe, presentado por la solicitud de los discípulos “¡Aumenta en nosotros la fe!” (v. 6), esta es una bella oración que nosotros deberíamos de rezar a menudo en nuestra jornada “¡Señor, aumenta la fe en mí!” Jesús responde con dos imágenes: la semilla de mostaza y el sirviente disponible. “Si tuvieras tanta fe como un grano de mostaza podrías decir a esta morera: “Ve y plántate en el mar”, y te obedecerá” (v. 6). El árbol de morera es un árbol robusto, bien arraigado en el suelo y resistente a los vientos. Jesús, por lo tanto, quiere dejar en claro que la fe, aunque sea pequeña como la semilla de la mostaza, tiene la fuerza para desarraigar incluso una morera; y luego transplantarla al mar, lo cual es algo aún más improbable: pero nada es imposible para los que tienen fe, porque no confían en sus propias fuerzas sino en Dios, que lo puede todo, que puede hacer todo.
La fe comparable a la semilla de mostaza es una fe que no es soberbia ni segura de sí misma, no se hace la que es una gran creyente y después comete grandes errores, sino que en su humildad siente una gran necesidad de Dios y, en su pequeñez, se abandona con plena confianza a Él. Es la fe la que nos da la capacidad de mirar con esperanza los altibajos de la vida, que nos ayuda a aceptar incluso derrotas y sufrimientos, sabiendo que el mal nunca tiene la última palabra, nunca.
¿Cómo podemos entender si realmente tenemos fe, es decir, si nuestra fe, aunque pequeña, como la semilla de mostaza, es genuina, pura, transparente? Jesús nos lo explica indicando cuál es la medida de la fe: el servicio. Lo hace con una parábola que a primera vista es un poco desconcertante, porque presenta la figura de un maestro prepotente e indiferente. Pero sólo esta manera de hacer el maestro pone de relieve el verdadero centro de la parábola, que es la actitud de disponibilidad del siervo. Jesús quiere decir que así es el hombre de fe en Dios: se entrega por completo a su voluntad, sin cálculos ni pretensiones.
Esta actitud hacia Dios se refleja también en el modo en que nos comportamos en comunidad: sí se refleja en la alegría de estar al servicio unos de otros, encontrando ya en esto su propia recompensa y no en el reconocimiento y las ganancias que se pueden obtener de ello. Esto es lo que Jesús enseña al final de este relato: “Cuando hayas hecho todo lo que se te ha ordenado, di: “Somos siervos inútiles. Hicimos lo que teníamos que hacer”. (v. 10).
Servidores inútiles, es decir, sin pretensiones de agradecimiento, sin reclamos. “Somos servidores inútiles” es una expresión de humildad y disponibilidad que hace tanto bien a la Iglesia y recuerda la actitud correcta para trabajar en ella: el servicio humilde, del que Jesús nos dio el ejemplo, lavando los pies a los discípulos (cf. Jn 13,3-17).
Que la Virgen María, mujer de fe, nos ayude a seguir por este camino. Nos dirigimos a ella en vísperas de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en comunión con los fieles reunidos en Pompeya para la tradicional Súplica.
Fuente : https://es.zenit.org/articles/angelus-nada-es-imposible-para-quien-tiene-fe/
Comentario al evangelio de hoy lunes 07 de octubre de 2019.
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Es loable la acción del doctor de la ley porque es un ejemplo de cómo debe ser nuestra oración, la cuál es definida por santa Teresa de Ávila como «una conversación con quien sabemos que nos ama». Nuestra oración debe tratar entonces sobre nuestro día a día; debemos preguntarle al Señor sobre las cosas que nos suceden y, así, tendremos más luz sobre los motivos de los eventos que nos pasan. Al preguntarle el doctor de la ley a Jesús por la vida eterna, intuimos que ya lleva un camino recorrido porque es algo que lleva en el corazón y quiere preguntarle al Señor; pero en lugar de recibir una respuesta docta, podríamos decir digna para un doctor de la ley, recibe una luz que ilumina de nuevo lo que ya sabía; así sucede también con nosotros porque, muchas veces, hay cosas sobre las que nos hacemos preguntas y buscamos que alguien nos las resuelva, esperamos que sea algo novedoso, pero pueda ser que la respuesta ya la sepamos y solo necesitemos volverla a ver.
La respuesta a la que Jesús quiere que no refiramos otra vez es la del amor con el cual se pueden resumir todos los mandamientos que, en definitiva, nos llevan a nuestra felicidad eterna. El amor al que Dios nos llama es un deber porque Él mismo nos ha amado primero, y nosotros no podemos más que responder a su amor con amor. Pero cómo amarlo sino en el prójimo que, igual que nosotros, ha sido creado por Dios y por el cual Él nos invita a amarlo. Como dice san Juan quien dice amar a Dios que no ve y no ama a su prójimo que sí ve es un mentiroso, porque nuestro amor a Dios se hace concreto en nuestro amor a los demás.
«La cercanía conoce verbos concretos, los del buen Samaritano: ver, es decir, no mirar para otro lado, no hacer como si no pasara nada, no dejar a la gente esperando y no esconder los problemas bajo la alfombra. Después, acercarse, estar en contacto con la gente, dedicarles más tiempo que al escritorio, no temer el contacto con la realidad, para conocerla y abrazarla. Y luego, vendar las heridas, hacerse cargo, cuidar, entregarse».
(Papa Francisco, discurso del 12 de septiembre de 2019).
Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73448/la-oracion-y-el-amor.html#modal
EDD. lunes 07 de octubre de 2019
Lunes de la vigesimoséptima semana del tiempo ordinario
Nuestra Señora del Rosario
Memoria obligatoria
Color: blanco
El 7 de octubre de 1571, Occidente fue liberado de la amenaza turca por la victoria de Lepanto, que se atribuyó a la recitación del Rosario. Hoy, no estamos invitados a conmemorar un acontecimiento lejano, sino a descubrir el lugar de María en el misterio de la salvación y a saludar a la Santa Madre de Dios como lo hizo el ángel Gabriel: ¡Ave María!
El Papa san Pío V instituyó esta fiesta.
Antífona de entrada Cf. Lc 1, 28. 42
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.
ORACIÓN COLECTA
Señor, derrama tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Se dedicaban a la oración en compañía de María, la madre de Jesús.
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 12-14
Después que Jesús subió al cielo, los Apóstoles regresaron del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 46-55
R/. El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Lc 1, 28
Aleluya.
¡Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú eres entre las mujeres! Aleluya.
EVANGELIO
Concebirás y darás a luz un hijo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:
“¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo:
“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel:
“¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”
El Ángel le respondió:
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces:
“Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.
Y el Ángel se alejó.
Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-10-07
REFLEXIÓN :
• La visita del ángel a María evoca las visitas de Dios a varias mujeres del Antiguo Testamento: Sara, madre de Isaac (Gn 18,9-15), Ana, madre de Samuel (1 Sam 1,9-18), la madre de Sansón (Jueces 13,2-5). A todas ellas fue anunciado el nacimiento de un hijo con una misión importante en la realización del plan de Dios.
• La narración empieza con una expresión “En el sexto mes”. Es el sexto mes de embarazo para Isabel. La necesidad concreta de Isabel, una mujer ya avanzada en edad que va a tener a su primer hijo, con un parto a riesgo, es el telón de fondo de todo este episodio. Y ella lo menciona al comienzo (Lc 1,26) y al final de la visita del ángel (Lc 1,36.39).
• El ángel le dice: “¡Alégrate!, ¡Llena de gracia! ¡El Señor está contigo!” Palabras símiles fueron dichas a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jr 1,8), a Jedeón (Jz 6,12) y a otras personas con una misión importante en el plan de Dios. María se queda extrañada ante este saludo, y tratar de saber el significado de aquellas palabras. Es realista. Quiere entender. No acepta cualquier inspiración.
• El ángel responde: “¡No temas, María!” Como en la visita del ángel a Zacarías, el ángel recuerda aquí que el primer saludo de Dios es siempre: ”¡No temas!” Luego el ángel recuerda las promesas del pasado que se cumplirán mediante el hijo que va a nacer y que debe recibir el nombre de Jesús. Será llamado Hijo del Altísimo y en él se realizará el Reino de Dios. Esta es la explicación del ángel para que María no tenga miedo.
• María tiene conciencia de la misión que está recibiendo, pero sigue siendo realista. No se deja embalar por la grandeza de la oferta y mira su condición. Analiza la oferta a partir de los criterios que tiene a su disposición. Humanamente hablando, no es posible: “¡Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre?”
• El ángel explica que el Espíritu Santo, presente en la Palabra de Dios desde el día de la Creación (Génesis 1,2), consigue realizar cosas que parecen imposibles. Por esto, el Santo que va a nacer de María será llamado Hijo de Dios. El milagro se repite hoy. Cuando la Palabra de Dios es acogida por los pobres, algo nuevo acontece por el poder del Espíritu Santo. Algo tan nuevo y sorprendente como que un hijo va a nacer de una virgen o un hijo va a nacer de una mujer ya entrada en edad como Isabel, de la que todos decían que ¡no podía tener hijos! Y el ángel añade: “¡Ahí tienes a tu parienta, Isabel: se encuentra ya en el sexto mes del embarazo!”
• La respuesta del ángel aclara todo para Maria, y ella se entrega: “¡He aquí la sierva del Señor! Hágase en mí según su Palabra”. Maria usa para si el título de Sierva, sirvienta del Señor. Este título viene de Isaías, que presenta la misión del pueblo no como un privilegio, sino como un servicio a los otros pueblos (Is 42,1-9; 49,3-6). Más tarde, Jesús definirá también su misión como un servicio: “No vine para ser servido, sino para servir” (Mt 20,28). ¡Aprendió de su Madre!
Fuente :
https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-lucas-126-38
EDD. viernes 05 de octubre de 2019
Sábado de la vigesimosexta semana del tiempo ordinario
Común de la Virgen María
Propuesta celebrativa
Color: blanco
Antífona de entrada
Te saludamos, santa Madre de Dios, porque diste al mundo al Rey que gobierna para siempre el cielo y la tierra.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, concédenos gozar de la salud del alma y del cuerpo y, por la intercesión de la santísima Virgen María, líbranos de las tristezas de este mundo y danos la eterna alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
El que atrajo sobre ustedes estos males les traerá la eterna alegría.
Lectura del libro de Baruc 4, 5-12. 27-29
¡Animo, pueblo mío, memorial viviente de Israel!
Ustedes fueron vendidos a las naciones, pero no para ser aniquilados; es por haber excitado la ira de Dios, que fueron entregados a sus enemigos.
Ustedes irritaron a su Creador, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios; olvidaron al Dios, eterno, el que los sustenta, y entristecieron a Jerusalén, la que los crió. Porque ella, al ver que la ira del Señor se desencadenaba contra ustedes, exclamó:
“Escuchen, ciudades vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor. Yo he visto el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas. Yo los había criado gozosamente y los dejé partir con lágrimas y dolor. Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios”.
¡Ánimo, hijos, clamen a Dios, porque Aquél que los castigó se acordará de ustedes! Ya que el único pensamiento de ustedes ha sido apartarse de Dios, una vez convertidos, búsquenlo con un empeño diez veces mayor. Porque el que atrajo sobre ustedes estos males les traerá, junto con su salvación, la eterna alegría.
SALMO RESPONSORIAL 68, 33-37
R/. El Señor escucha a los pobres.
Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor: porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos.
Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar, y todos los seres que se mueven en ellos.
El Señor salvará a Sión y volverá a edificar las ciudades de Judá: el linaje de sus servidores la tendrá como herencia, y los que aman su nombre morarán en ella.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt 11, 25
Aleluya.
Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.
EVANGELIO
Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17-24
Al volver los setenta y dos de su misión, dijeron a Jesús llenos de gozo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”.
Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo”.
En aquél momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar”.
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!”
Palabra del Señor.
Fuente :
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-10-05
REFLEXIÓN :
• El contexto. Anteriormente, Jesús había enviado a setenta y dos discípulos, ahora éstos vuelven y se explican. Puede constatarse que el éxito de la misión se debe a la experiencia de la superioridad, o mejor, de la supremacía del nombre de Jesús respecto a las potencias del mal. La caída de Satanás coincide con la llegada del Reino: los discípulos lo han visto al realizar la misión. Las fuerzas demoníacas han quedado debilitadas: los demonios se someten al poder del nombre de Jesús. Pero este convencimiento no puede ser el fundamento de su alegría y del entusiasmo de su testimonio misionero; la alegría tiene sus raíces profundas en el hecho de ser conocidos y amados por Dios. Esto no quiere decir que la protección de Dios y la relación con él nos sitúen siempre en ventaja ante las fuerzas demoníacas. Aquí se pone la mediación de Jesús entre Dios y nosotros: “Mirad, os he dado el poder” (v.19). El poder de Jesús es un poder que nos hace experimentar el éxito ante el poder diabólico y nos protege. Un poder que sólo puede ser transmitido cuando Satanás es derrotado. Jesús ha asistido a la caída de Satanás, aunque aún no ha sido derrotado definitivamente; los cristianos están llamados a impedir este poder de Satanás sobre la tierra. Ellos están seguros de su victoria, aunque vivan en situación crítica: participan de la victoria en la comunión de amor con Cristo aunque son probados en el sufrimiento y el la muerte. Sin embargo, el motivo de la alegría no está en la seguridad de salir indemnes, sino en el hecho de ser amados por Dios. La expresión de Jesús “vuestros nombres están escritos en el cielo” atestigua que el estar presente en el corazón de Dios (la memoria) garantiza la prolongación de nuestra vida en la dimensión de la eternidad. El éxito de la misión de los discípulos es consecuencia de la caída de Satanás, pero por otra parte muestra la benevolencia del Padre (vv.21-22): el éxito de la Palabra de Gracia en la misión de los setenta y dos, vivida como designio del Padre y en comunión con la resurrección del Hijo, es desde ahora revelación de la bondad del Padre; la misión se convierte en un espacio para revelar la voluntad de Dios en el tiempo humano. Esta experiencia la transmite Lucas en un contexto de oración: Muestra la reacción en el cielo (“te doy gracias”, v.21) y también en la tierra (vv.23-24).
• La oración de júbilo. En la oración que Jesús dirige al Padre guiado por la acción del Espíritu, se especifica que “se llenó de gozo”, expresando la apertura al gozo mesiánico y proclamando la benevolencia del Padre. Se hace evidente en los pequeños, en los pobres y en los que no cuenta para nada, porque ellos han escuchado la palabra anunciada por los enviados y de esta manera acceden a la relación entre las personas divinas de la Trinidad. Sin embargo, los sabios y doctos, en su seguridad, se complacen en su competencia intelectual y teológica. Esta actitud les impide entrar en el dinamismo dado por Jesús a la salvación. La enseñanza que Lucas pretende transmitir a cada creyente, e igualmente a las comunidades eclesiales, se podría sintetizar así: la humildad abre a la fe; la suficiencia de las propias seguridades cierra al perdón, a la luz, a la benevolencia de Dios. La oración de Jesús tiene sus efectos sobre todos los que acogen la benevolencia del Padre y se dejan envolver por ella.
Fuente : https://www.ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-lucas-1017-24
Fuente :
Comentario al evangelio de hoy viernes 04 de octubre de 2019.
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo”.
Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Para hacerle caso a los signos de los tiempos hay que saber discernir el significado de las cosas que pasan en nuestras vidas. El discernimiento es algo que se aprende con tiempo y la ayuda del Espíritu Santo. Él nos guía para saber qué es lo que se nos pide en cada momento. Dios actúa en nuestra vida y, si estamos muy ocupados en otras cosas menos importantes, pueda que pase de largo sin que nosotros nos demos cuenta; la memoria de las obras de Dios nos debe mover a reconocer el lugar que Él se merece porque, a través de sus acciones, nos habla de su poder que no es como el de un tirano que nos oprime, sino como el de un padre amoroso.
Cristo nos da el don de poder hablar en su nombre porque nos ha regalado el don de la filiación divina que nos hace partícipes de su ministerio; como tales, nos da la gracia de que, cuando la gente nos escuche, por decisión divina, pueda escuchar también a Cristo. Dios nos ha enviado para que podamos comunicar su mensaje y las personas que nos escuchen puedan reconocerlo, y no solo eso, sino que con nuestro comportamiento puedan glorificar a Dios, al igual que el santo de Asís que predicaba con sus palabras y sus obras.
Pidámosle a Dios que nos ilumine para reconocer su mano providente en nuestras vidas y, así, sepamos lo que debemos hacer para glorificar su nombre con nuestras obras.
«Es que es un no escuchar; literalmente se puede decir un “necio”, “no sé”, no escuchar. La incapacidad de escuchar esta Palabra: cuando la Palabra no entra, no la dejo entrar porque no la escucho. El insensato no escucha. Él cree que escucha, pero no escucha. Está a lo suyo, siempre. Y por esto la palabra de Dios no puede entrar en el corazón y no hay lugar para el amor. O al límite, y es este un caso bastante común, la palabra si entra, entra destilada, transformada por mi concepción de la realidad. Por lo tanto, los insensatos no saben escuchar. Y esta sordera los lleva a esa corrupción. No entra en la palabra de Dios, no hay lugar para el amor y, en definitiva, no hay lugar para la libertad. Y sobre este aspecto Pablo es claro: se convierten en esclavos».
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de octubre de 2017, en santa Marta).
Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73410/reconocer-los-signos-de-dios-para-actuar.html#modal
EDD. viernes 04 de octubre de 2019.
Viernes de la vigesimosexta semana del tiempo ordinario
San Francisco de Asís
Memoria obligatoria
Color: blanco
Desde el día en que encontró a Cristo en San Damián hasta el día en que murió en la Porciúncula, a lo largo de su vida itinerante, junto con sus hermanos, los Menores, Francisco (1182-1226), el pobrecito de Asís, nunca tuvo otra preocupación sino la de seguir a Jesús. Lo hizo en la alegría, la pobreza, la humildad y la sencillez de corazón, en la fidelidad a la Iglesia y una gran ternura para con todos.
Antífona de entrada
Francisco, hombre de Dios, dejó su casa, renunció a sus bienes y se hizo pobre; por ello el Señor lo tomó consigo.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco la gracia de identificarse con Cristo por la humildad y la pobreza; concédenos que, imitando sus ejemplos, podamos seguir a tu Hijo y unirnos a ti con la alegría del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Por Cristo el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 6, 14-18.
Hermanos: Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.
Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: lo que importa es ser una nueva creatura. Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios.
Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús.
Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con vosotros. Amén.
SALMO RESPONSORIAL. Sal 15, 1-2a. 5. 7-8. 11
R/. ¡Tú eres mi herencia, Señor!
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.
Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Mt 11, 25
Aleluya.
¡Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños! Aleluya.
EVANGELIO
Habiendo ocultado estas cosas a los sabios, las has revelado a los pequeños.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30.
Jesús dijo:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraran alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Fuente : http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-10-04
REFLEXIÓN
• Hoy celebramos la fiesta del Transito de San Francisco de Asís. En el evangelio escuchamos la invitación de Jesús: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. El evangelio muestra la ternura con que Jesús acoge a los pequeños. El quería que los pobres encontrasen en él paz y descanso.
• El contexto de los capítulos 11 y 12 de Mateo. Este contexto destaca y pone de relieve el que los pobres son los únicos que entienden y aceptan la sabiduría del Reino. Mucha gente no entendía esta preferencia de Jesús por los pobres y excluidos.
a) Juan Bautista, que miraba a Jesús con los ojos del pasado, queda con la duda (Mt 11,1-15).
b) la gente, que miraba a Jesús con finalidad interesada, no fue capaz de entenderle (Mt 11,16-19).
c) las grandes ciudades alrededor del lago, que oyeron la predicación de Jesús y vieron sus milagros, no quisieron abrirse a su mensaje (Mt 11,20-24).
d) los sabios y los doctores que lo juzgaban todo a partir de su propia ciencia, no fueron capaces de entender la predicación de Jesús (Mt 11,25).
e) ni sus parientes le entendían (Mt 12,46-50).
f) sólo los pequeños le entendían y aceptaban la Buena Nueva del Reino (Mt 11,25-30).
g) los otros quieren sacrificios, pero Jesús pide misericordia (Mt 12,1-8).
h) la reacción contra Jesús lleva a los fariseos a quererle matar (Mt 12,9-14).
i) le llamaban Jesús de Belcebú (Mt 12,22-32).
j) pero Jesús no miró atrás; siguió asumiendo la misión de Siervo, descrita en las profecías (Mt 12,15-21). Por causa de esto, fue perseguido, condenado a muerte.
• Mateo 11,25-26: Sólo los pequeños entienden y aceptan la Buena Nueva del Reino. Jesús reza así:» Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.” Los sabios, los doctores de aquella época, habían creado una serie de leyes que ellos imponían al pueblo en nombre de Dios. Pensaban que Dios exigía del pueblo estas observancias. Pero la ley del amor, traída por Jesús, decía lo contrario. Lo que importa, no es lo que hacemos para Dios, sino lo que Dios, en su gran amor, ¡hace por nosotros! La gente entendía el hablar de Jesús y quedaba contenta. Los sabios pensaban que Jesús estaba en el error. No podían entender esa enseñanza que modificaba la relación de la gente con Dios.
• Mateo 11,27: El origen de la nueva ley: el Hijo conoce al Padre. Jesús, el Hijo, conoce al Padre. Sabe lo que el Padre quería cuando, siglos atrás, entregó la Ley a Moisés. Aquello que el Padre nos quiere decir, lo entregó a Jesús, y Jesús lo reveló a los pequeños, porque éstos se abrieron a su mensaje. Hoy también Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los pequeños. Los sabios e inteligentes hacen bien en ser alumnos de los pequeños.
• Mateo 11,28-30: Venid a mí los que estáis fatigados y sobrecargados. Jesús invita a todos los que están cansados a que vayan a él y les promete descanso. Es la gente que vive cansada bajo los impuestos y las observancias exigidas por las leyes de pureza. Y él dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Muchas veces, esta frase fue manipulada para pedir al pueblo sumisión, mansedumbre y pasividad. Lo que Jesús quiere decir es el contrario. Pide a la gente una ruptura, que deje de lado a los profesores de religión de la época y empiece a aprender de él, de Jesús, que es «manso y humilde de corazón». Jesús no hace como los escribas que se exaltan de su ciencia, sino como el pueblo, que vive humillado y explotado. Jesús, el nuevo maestro, sabe por experiencia lo que pasa en el corazón de la gente y del pueblo que sufre.
• La invitación de la Sabiduría Divina para todos los que la buscan. Jesús convida a todos los que están sobrecargados por el peso de las observancias de la ley a que encuentren en él descanso y suavidad, pues él es manso y humilde de corazón, capaz de aliviar y consolar a la gente sufrida, cansada y abatida (Mt 11,25-30). En esta invitación resuenan las palabras tan bonitas de Isaías que consolaba al pueblo cansado por el exilio (Is 55,1-3). Esta invitación está relacionada con la Sabiduría Divina, que invita a las personas a encontrase con ella (Sir 24,19), diciendo que “sus caminos son deliciosos y sus senderos son de bienestar” (Pr 3,17). Dice además: “La Sabiduría educa a sus hijos y cuida de los que la buscan. El que la ama, ama la vida, y los que madrugan por ella serán colmados de alegría” (Sir 4,11-12). Esta invitación revela un rasgo muy importante del rostro femenino de Dios: ternura y acogida que consuela, revitaliza a las personas y las lleva a sentirse bien. Jesús es entrañas y seno materno que el Padre ofrece al pueblo cansado (cf Is 66,10-13).
Fuente : https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-mateo-1125-30
Paz y Bien a todos. Cuidemos a nuestra Hermana-Madre tierra.
DOMINGO XXVII DEL AÑO.
Habacuc 1,2-3; 2,2-4: Tenemos dos cuadros: uno, es de desolación, abatimiento, desesperanza. Otro, de esperanza, ya que el justo vive por su fe. (Fidelidad).
2Timoteo 1,6-8.13-14: en medio de las dificultades hay que mantenerse fiel, ya que se nos ha regalado el Espíritu de Dios, Espíritu de fortaleza.
Lucas 17,3-10: Jesús exhorta a tener fe, aunque sea poca, para vivir como un verdadero discípulo.
1.- Una manera de definir al cristiano es denominarlo un hombre de fe, es decir, creyente. Creyente, sí, pero no en teorías, en doctrinas o teologías frías; creyente, pero no en algo, sino en Alguien.
Fe, que es sinónimo de solidez, firmeza, seguridad, estabilidad. Por eso en el salmo 94, que es el responsorial, se llama al Señor “la Roca que nos salva”, ya que Él es el único firme y estable, que brinda seguridad al que se aferra a Él. Por eso, podemos entender la fe como seguridad puesta en el Señor. Creyente es el que se agarra firmemente al Señor. No es el momento de hacer ahora todo un tratado acerca de la fe, sino ver lo que nos dice la Palabra de Dios.
2.- Si nos definimos como personas de fe es porque nos sentimos seguros en Dios. Una auténtica fe engendra confianza en Aquel que me da garantías. Porque creo en Él por eso confío en Él. Máxime cuando, según el decir del Apóstol, se nos ha dado “no un Espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”. De modo que el Espíritu Santo es la mejor garantía que el Señor nos da para que creamos en Él, le creamos.
Nadie se fía de aquello que no inspira confianza, que da miedo, inseguridad. Al contrario, porque sé que Él no me va a fallar confío en Él; porque Dios es veraz, no se engaña y no nos engaña.
3.- Ya sabemos que estamos viviendo un cambio total, un cambio cultural. Y este cambio claro que afecta, querámoslo o no. Los que somos mayores de 30 ó 40 años sufrimos este cambio, ya que hemos nacido y vivido en una cultura llamada “sólida”, en la que todo era estable, seguro. Vivíamos seguros porque existía un “rayado de cancha”, y las cosas eran claras. Sabíamos lo que era verdadero o falso, lo que era bueno o malo.
Hoy, en cambio, todo se nos ha cambiado, al punto que muchos hablan de una cultura “líquida”, o tal vez, una cultura “gaseosa”, en la que nada es claro, estable, seguro. La vida, la sociedad parece más una “pichanga de barrio”, en la que bastan sólo dos piedras para indicar el arco, y nada más. Frente a esta realidad inestable muchos se desesperan, resbalan y caen. Otros se rebelan y se refugian en instituciones que les brindan seguridad, ya que en ellas todo está normado. Su seguridad es la institución, la norma, lo claramente definido. Resultado de todo esto: en unos el caos, el relativismo moral; en otros, la intolerancia, la intransigencia y el fanatismo frente a los cambios.
4.- Y ahí está la Palabra de Dios. ¿Qué nos dice? “El justo vivirá por su fidelidad”…”Si ustedes tuvieran fe…aunque fuera como un grano de mostaza”. Se nos está diciendo que debemos ser auténticas personas de fe, de una fe sólida.
No seamos como Pedro que, movido por el entusiasmo pasajero, pretendió caminar sobre el agua…y se hundió; entonces gritó: “Sálvame”. Y el Señor le reprochó su poca fe. (cfr. Mateo 14,28-31). Hoy día, con la cultura imperante, tenemos que “caminar en el agua”, “caminar en el aire”, es decir, en un ambiente inseguro, inestable. ¿Cómo vivir aquí? Sólo con la fe se logra esta seguridad, como lo dice el canto: “Aunque el sol no brille más, yo igual confío en el Señor, que no fallará”.
Los sistemas políticos y financieros fallan, las instituciones eclesiásticas y civiles fallan. Pero el Señor no falla y en Él ponemos nuestra seguridad. Entonces, creo en la Iglesia, porque creo en el Señor; creo en las instituciones, débiles y falibles, porque tengo mi seguridad en Él. Cada uno puede decir: el Señor es mi Fuerza y mi Roca salvadora. Con este pensamiento acerquémonos a hacer la comunión. Y con el salmista digamos: “Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor”.
Hermano Pastor Salvo Beas.