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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 16 de noviembre de 2019.

Hoy, sábado, 16 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (18,14-16;19,6-9):

Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde había antes agua, el mar Rojo convertido en camino practicable y el violento oleaje hecho una vega verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,2-3.36-37.42-43

R/.
Recordad las maravillas que hizo el Señor

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie tropezaba. R/.

Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.» Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

RECLAMANDO INSISTENTEMENTE JUSTICIA

Es fácil trasladar esta parábola de Jesús a una escena contemporánea. Digamos que hay un juez que debe decidir la expropiación de una vivienda. La demandante, una viuda, que está desamparada, le escribe dos o tres cartas cada día, un par de correos electrónicos, hace innumerables llamadas telefónicas, pone un sinfín de faxes, y sus amigos de la plataforma antidesahucios hacen varios «scratch» para apoyarla y pedir justicia.  Cuando él trata de salir de casa o de su lugar de trabajo, ella o quienes la apoyan le está esperando con un cartel que dice: «Estoy esperando». Finalmente el juez no puede aguantar más a esta viuda impertinente, y sin analizar siquiera el caso, decide concederle todo lo que quiere.

Identificarse (en la medida de lo posible) con la situación de esta mujer, me suscita algunos puntos para la meditación y la oración personal:

+ Aquella mujer continúa orando e insistiendo como una forma de permanecer en sus «derechos» pisoteados, sin rendirse, ni conformarse con la situación. La persistente queja fortalece su interior para seguirlo intentando, para que la injusticia que le afecta termine de una vez. Aunque no consiguiera nada.

+ La «queja», el «grito», la «protesta», la «denuncia» son también modos de orar. Hay situaciones vitales en las que no sale del corazón sino el grito, la protesta airada, el clamor. Muchos seres humanos casi sólo pueden expresarse así. Este modo de orar nos lo enseñan personajes bíblicos como Job pidiendo explicaciones por todas sus desgracias, o el propio Moisés cuando se queja del pueblo que Dios le ha encomendado conducir. Incluso el Magníficat de María podría leerse en esta clave. Por no nombrar tantos Salmos. Es éste un modo poco acostumbrado de orar. A pesar de que la Liturgia de las Horas es una continua invitación a orar desde el «pellejo» del enfermo, del perseguido, del tratado injustamente… Podría ser hoy una buena oportunidad para hacer nuestra oración desde las víctimas del tifón de Filipinas, de tantos parados y desahuciados sin ayudas, de tantos mayores con las pensiones recortadas, de…

+ No es infrecuente que algunos hermanos, después de mucho orar e insistirle a Dios esperando su ayuda, su justicia… sin ver aparentes resultados… acaben renunciando a la oración… y por lo tanto a la fe: «Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» Seguramente que detrás de muchas de las faltas de constancia en la oración personal y comunitaria, tengan algo que ver con esto: queremos eficacia, resultados, cambios en nuestra situación. Y es legítimo que lo esperemos. Pero la oración es también un modo de decirnos a nosotros mismos que queremos vivir nuestras desesperanzas «apoyados» en Dios, de la mano de Dios, para que la situación no nos pueda, a pesar de que todo siga igual. Esa fue de algún modo la oración del Hijo del hombre en vísperas de su Pasión. Oración que le ayudó a seguir adelante hasta el final, sin que se le ahorraran sufrimientos ni injusticias. Pero con una confianza inquebrantable en que, poniéndolo todo en sus manos, el Padre haría algo. Y ¡vaya si lo hizo! Esa es la resistencia, la paciencia, la perseverancia en la que tenemos que entrenarnos, a la que el propio Jesús nos invita en esta parábola.

+ La viuda de la parábola ora esperando «justicia». Me temo que no es muy frecuente entre nosotros, en la oración personal y comunitaria, orar por la justicia que a tantos les falta. Salvo cuando esa «injusticia» nos afecta personalmente. Pero Jesús dice que esa oración es finalmente escuchada, y que debemos insistir en pedirla. Para nosotros… y para los que la sufren. Me invito a mí mismo, y humildemente también a ti,  a tener esto en cuenta, y a poner, si es posible, rostro concreto a tantos que en nuestra tierra  -a veces muy cerca de nosotros-, han convertido su «grito» en «grito silencioso»… por falta de fuerzas para reclamar que alguien les escuche.

Enrique Martínez cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 17 de noviembre de 2019.

Como nunca les deseo Paz y Bien, frente a tanta calamidad. Un abrazo a todos.

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO.

Malaquías 3,19-20: Frente a un pueblo arrogante, que no necesita de Dios, que estaba lleno de abusos: en el culto, en lo moral y en lo social, surge la voz del profeta que anuncia el “Día del Señor”. Día que es señal de la intervención de Dios, que viene a limpiar, a salvar, a restaurar; brillará el “Sol de justicia”.

2Tesalonicenses 3,6-12: Pablo reprende a los que viven sin hacer nada, porque creían que el “Día del Señor” era inminente. Sí, Él vendrá, pero hay que saber esperarlo.

Lucas 21,5-19: Discurso escatológico que se construye en tres momentos: -la destrucción de Jerusalén y su Templo; – las tribulaciones de los discípulos; – la venida del Hijo del Hombre. El texto de hoy recoge los dos primeros momentos.

1.- Tanto en Malaquías como en los otros textos, de una manera directa o indirecta, se habla del “Día del Señor”. Es una expresión privilegiada que contiene dos sentidos: un acontecimiento histórico, en el que Dios actúa y triunfa; también es una designación cultual, el Día consagrado al Señor. “Día del Señor”, que en latín  es “Dies Dominica”, de ahí: Domingo.

El Día en que el Señor actúa en favor de su pueblo, a favor del oprimido: castigo para el opresor, gozo para quien ama al Señor.

La situación histórica de Israel era de una relajación y decadencia en todo sentido. Dios es eliminado por los “arrogantes”, que cometen toda clase de abusos.

Israel sentía una seguridad basada en la prosperidad económica, pero con un tremendo deterioro social. Incluso creía que el Templo era el “Amuleto” que daría seguridad a todo el pueblo, ya que era la morada de Dios y por eso permanecería hasta el fin del mundo. Siempre es peligroso ponerla seguridad en lo material, ya que es inconsistente. Y al desaparecer esto se derrumba todo.

2.- La única seguridad para el creyente es Dios, ya que Él es la Roca que salva. 

El Profeta promete el “Día” en que el Señor va a actuar y traerá al “Sol de Justicia”.

Evidentemente esta perspectiva escatológica sólo se entiende y acepta desde la fe. Hablar del “Día del Señor” no es algo para el final, sino una intervención constante que anuncia y prepara la intervención última. Porque Dios ha intervenido y actuado de mil maneras. Y el Israel creyente supo descubrir estas intervenciones salvíficas a través de la historia. Por eso la historia  de Israel que aparece en la Biblia es “Historia de Salvación”. Y la intervención más importante, que da sentido a las otras intervenciones, es Jesús, el “Sol de Justicia”, que trae la salvación a los suyos. Por eso, en la Resurrección la Iglesia canta: “Este es el Día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo 117,24).

El error de los tesalonicenses fue creer que el Día del Señor era inminente; de allí la reprensión del Apóstol. Yo diría que hoy hay dos errores al respecto. Unos, que tienen un discurso apocalíptico-terrorífico, y otros, que piensan que esto será sólo para el fin del mundo. No. Dios siempre está interviniendo. El Señor nos dice que debemos saber interpretar las señales de los tiempos (cfr. Mateo 16,3), porque Dios está siempre actuando, interviniendo para darnos a conocer su Voluntad.

3.- Ya sabemos que estamos viviendo tiempos difíciles. En alguna forma, lo que pasa en Chile y en otros países de América latina, se parece a la situación que se vivía en el Israel del tiempo de Malaquías: un abuso transversal, en el que ninguna institución se escapa. Frente a tanto abuso sólo resta pensar que nuestra sociedad (¿cristiana?) está totalmente corroída por las termitas de la arrogancia, la corrupción y los abusos. Ante esto el pueblo ha dicho basta. Y creo que Dios también ha dicho basta.

En otra parte del evangelio de Lucas, en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro, se advierte: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite un muerto, tampoco creerán” (L.16,31). La arrogancia endurece el corazón y se pierde todo sentido de respeto y de justicia.

4.- Hoy es el Día del Señor, día en el que celebramos la obra de Dios: la Resurrección de su Hijo Jesucristo. Día en que saboreamos la constante actuación de Dios en nuestra historia.

Hoy actúa el Señor, hoy también quiere salvar. Y salvación es también purificación, corrección. ¿No será eso lo que está haciendo el Señor con el pueblo y con su Iglesia?

Hoy queremos alabar al Señor, que ha puesto todo en nuestras manos para que lo administremos bien. Su mensaje es alentador. No idolatremos nada; sólo Dios es Dios y a Él solo debemos servir y por Él a todos.

El Día del Señor no significa catástrofe para nosotros, sino la redención de todo. Por eso es Día de alegría y liberación. Hoy llega el Señor, como dice el salmo responsorial, “Viene a gobernar la tierra: Él gobernará el mundo con justicia, y los pueblos con rectitud”. ¡Arriba los corazones! No se desalienten por lo que está sucediendo. ESTE ES EL DÍA DEL SEÑOR.

    Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 15 de noviembre de 2019.

Hoy, viernes, 15 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (13,1-9):

Eran naturalmente vanos todos los hombres que ignoraban a Dios y fueron incapaces de conocer al que es, partiendo de las cosas buenas que están a la vista, y no reconocieron al Artífice, fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a las órbitas astrales, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo. Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Dueño, pues los creó el autor de la belleza; y si los asombró su poder y actividad, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo; pues, por la magnitud y belleza de las criaturas, se descubre por analogía el que les dio el ser. Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar; en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran, y su apariencia los subyuga, porque es bello lo que ven. Pero ni siquiera éstos son perdonables, porque, si lograron saber tanto que fueron capaces de averiguar el principio del cosmos, ¿cómo no encontraron antes a su Dueño?

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,2-3.4-5

R/.
El cielo proclama la gloria de Dios

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los limites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,26-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»
Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

EN LOS DÍAS DEL HIJO DEL HOMBRE

En tiempos de Jesús, como en otros momentos de la historia de Israel, había un sentimiento de que algo se acababa, o se tenía que acabar… La situación de dominación y sometimiento al Imperio Romano se les hacía insufrible. Y esperaban una gran y espectacular intervención de Dios para hacer justicia y poner las cosas en su sitio. Se utilizaba a este prpósito un lenguaje, de origen profético, en el que abundaban imágenes de cataclismos, destrucción, apariciones celestiales… Se referían al «día de Yahweh», el día del Juicio, «el día del Hijo del Hombre», el día de la salvación de sus fieles, y la destrucción de los enemigos, y un nuevo mundo esplendoroso. No pocos se aventuraban a fijar fechas y a detectar señales de la proximidad de ese «día», o decían tener «revelaciones» al respecto, con las cuales metían miedo o amenazaban llamando a la conversión. Interpretaban y esperaban que literalmente ocurrieran esas manifestaciones y destrucciones.

Por otro lado, las primeras comunidades cristianas (de esto tiene mucha experiencia San Pablo), habían relacionado todos esos fenómenos con Jesús de Nazareth, resucitado de entre los muertos. Y esperaban su inminente retorno como Juez, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de la llegada del Hijo del Hombre… Pero ese momento se estaba retrasando más de lo que ellos suponían… y algunos se desanimaban, mientras que otros «esperaban» olvidándose de sus responsabilidades cotidianas.

En este contexto sitúa Lucas estas palabras de Jesús, para dirigirse a sus comunidades del año 80, en las que subraya que el Juicio y la Salvación y el Día de Yahweh/día del Hijo del hombre tiene lugar, se juega, en las cosas normales de nuestra vida, vividas desde la perspectiva pascual. Con algunos matices. Me explico: 

– Por una parte intenta desplazar la atención desde los fenómenos «apocalípticos» hacia la responsabilidad, el estilo, el compromiso diario de ser testigos del Señor, con la entrega («perder») de la propia vida a la causa del Evangelio… para poder «recuperarla». No hay que esperar que las cosas se resuelvan «desde arriba», con intervenciones celestiales, sino en el campo, en casa, moliendo, en la cama…

– Por otra, también hay que prestar atención para no vivir absorbidos, distraídos, despreocupados de las señales de que algo nuevo está surgiendo ya (desde la presencia de Jesús entre nosotros, y sobre todo desde «aquella noche«). Comer, comprar, casarse, vender, sembrar, construir… son nuestras ocupaciones lógicas y normales. Pero no lo son todo. Hay que ser conscientes de que hay un «final» que relativiza muchas de ellas, que no permite que el presente y lo cotidiano nos absorba tanto… que olvidemos que estamos aquí de paso, que nos preocupemos tanto de «asegurarnos» el bienestar y la comodidad… que no nos hayamos preparado convenientemente, que nuestra vida no haya merecido la pena, que no haya sido una vida «entregada» como la de Jesús.

Me viene a la mente un breve relato de Anthony Mello en «El Canto del Pájaro»:

En el siglo pasado, un turista de los Estados Unidos visitó al famoso rabino polaco Hofetz Chaim. Y se quedó asombrado al ver que la casa del rabino consistía sencillamente en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta. 

«Rabino, ¿dónde están tus muebles?» preguntó el turista.

«¿Dónde están los tuyos?», replicó Hofetz.

«¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante… Estoy aquí de paso… », dijo el americano.

«Lo mismo que yo», dijo el rabino.

Concluyendo: Las palabras de Jesús no pueden tomarse en absoluto como una «amenaza» para meter miedo ni amargarle a nadie la vida. Tampoco Jesús asume del todo el lenguaje y la mentalidad «apocalíptica» para anunciar catástrofes, ni fechas concretas para ese «día final» (por más que algunos hombrecillos de todos los tiempos pretendan saber más que Jesús, detectando señales, teniendo revelaciones, y avisando de la hecatombe final). Pero sí que avisa de que en el modo de plantearnos nuestras actividades cotidianas, de ir entregando la vida… seremos hallados dignos del Reino («a uno se lo llevarán»)… o no («al otro lo dejarán»). Serán elegidos los que no se dejen atrapar por las cosas, ni vivan continuamente mirando hacia atrás (como la mujer de Lot). Es decir: que la salvación, como tanto repite Lucas en su Evangelio, nos la jugamos «hoy», que el Día del Señor ya empezó «aquella noche», la noche Pascual.

Enrique Martínez, cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy viernes 15 de noviembre de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: «Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos.

Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste.

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.

Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada».

Entonces, los discípulos le dijeron: «¿Dónde sucederá eso, Señor?» Y él les respondió: «Donde hay un cadáver, se juntan los buitres».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En ocasiones, en medio de nuestros proyectos, sueños y luchas de cada día nos topamos con una realidad inevitable: no tenemos el control de todo. No podemos decidir que un ser querido no fallezca en un accidente, que una enfermedad nos ataque o simplemente que el sol siga brillando hasta cuando queramos. Es cuando reconocemos nuestros límites y lo vulnerables que somos.

Hoy, Jesús nos invita a ser capaces de entregarle a Él nuestros talentos y defectos, fortalezas y límites para así poder ser instrumentos suyos.

Jesús quiere que nuestros actos no sean pasajeros ni estériles como lo son el comer y beber lo que este mundo nos ofrece. Más bien el desea que lo que hagamos, lo hagamos con un sentido de amor que trasciende, que nos hace salir de nosotros mismos y entregarnos a Él a través de nuestra oración y amor incondicional a los demás. El Señor desea que permanezcamos con Él y que comamos y bebamos lo que Él nos ofrece: su cuerpo y su sangre, para así vivir siempre en comunión con Él.

En otras palabras, Jesús nos llama a ser sus apóstoles. Esto es, recordar a cada persona lo que vale y, así, construir con su ayuda y nuestras obras un Reino que no tendrá fin, a diferencia de las cosas en el tiempo de Noé y de Lot, y que llegará a la plenitud una vez que el Rey venga de nuevo a este mundo. Hasta entonces, cada día en nuestro corazón, renovamos nuestra respuesta a su amor diciendo: Cristo, Rey nuestro, ¡Venga tu Reino!

«Es la sabiduría que dan los años: cuando crezcas, no te olvides de tu madre y de tu abuela, y de esa fe sencilla pero robusta que las caracterizaba y que les daba fuerza y tesón para ir adelante y no desfallecer. Es una invitación a dar gracias y reivindicar la generosidad, valentía, desinterés de una fe “casera” que pasa desapercibida pero que va construyendo poco a poco el Reino de Dios. Ciertamente, la fe que “no cotiza en bolsa” no vende y, como nos recordaba Eduard, puede parecer que «no sirve para nada». Pero la fe es un regalo que mantiene viva una certeza honda y hermosa: nuestra pertenencia de hijos e hijos amados de Dios. Dios ama con amor de Padre. Cada vida, cada uno de nosotros le pertenecemos. Es una pertenencia de hijos, pero también de nietos, esposos, abuelos, amigos, de vecinos; una pertenencia de hermanos. El maligno divide, desparrama, separa y enfrenta, siembra desconfianza. Quiere que vivamos “descolgados” de los demás y de nosotros mismos. El Espíritu, por el contrario, nos recuerda que no somos seres anónimos, abstractos, seres sin rostro, sin historia, sin identidad. No somos seres vacíos ni superficiales. Existe una red espiritual muy fuerte que nos une, “conecta” y sostiene, y que es más fuerte que cualquier otro tipo de conexión. Y esta red son las raíces: es el saber que nos pertenecemos los unos a los otros, que la vida de cada uno está anclada en la vida de los demás».
(Discurso de S.S. Francisco, 1 de junio de 2019).

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La vocación matrimonial, “escultura viviente” de Dios – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles         

NOVIEMBRE 13, 2019 16:22 LARISSA I. LÓPEZ AUDIENCIA GENERAL

(ZENIT – 13 nov. 2019).- El Papa se dirigió a los casados, indicándoles que escuchen cuál es su vocación, que debe ser “la verdadera escultura viviente” de Dios “que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que “abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas”.

Hoy, 13 de octubre de 2019, el Santo Padre ha continuado con el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el pasaje “Áquila y Priscila lo tomaron consigo” (Hechos 18:26) Una pareja al servicio del Evangelio. (Hechos de los Apóstoles 18, 1-3).

La audiencia general de este miércoles ha tenido lugar en la plaza de San Pedro, donde el Papa se ha encontrado con los grupos de peregrinos y fieles de todo el mundo. No obstante, antes de salir a la plaza, el Papa ha saludado a los enfermos reunidos en el Aula Pablo VI debido al mal tiempo.

Domus ecclesiae

Sobre Áquila y Priscila, Francisco resaltó cómo practicaron el “arte cristiano de la hospitalidad”. Cuando Pablo llegó a Corinto, ciudad a la que ambos se habían trasladado al ser expulsados de Roma por ser judíos, hospedaron no “solo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es ‘una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree’ (Rm 1,16)”.

Además, el hogar de este matrimonio abrió sus puertas a todos los cristianos, convirtiéndose en una ‘casa de la Iglesia’, una ‘domus ecclesiae’”, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía”, explicó el Papa. Y subrayó que también actualmente en algunos países sin libertad religiosa “los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía”.

El papel de los laicos

Pablo dejó Corinto tras un año y medio y Priscila y Áquila también se trasladaron a Éfeso, donde su casa también fue “un lugar de catequesis”, describió el Pontífice. En este sentido, apuntó: “¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles”.

El Obispo de Roma reiteró que Priscila y Áquila suponen un modelo de “vida conyugal” y nos recuerdan que “gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros”.

Esto ocurre porque, efectivamente, “para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos”, explicó el Papa Francisco, agregando que “también vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe”.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Esta audiencia se hace con dos grupos: los enfermos están en el Aula Pablo VI –yo he estado con ellos, les he saludado y bendecido; serán alrededor de doscientos cincuenta. Allí estarán más cómodos a causa de la lluvia – y nosotros aquí. Pero ellos nos miran gracias a la pantalla gigante. Vamos a saludarnos, los dos grupos, con un aplauso.

Los Hechos de los Apóstoles narran que Pablo, como evangelizador incansable que es, después de su estancia en Atenas, caracterizada por la hostilidad continúa la carrera del Evangelio en el mundo. La nueva etapa de su viaje misionero es Corinto, capital de la provincia romana de Acaya,  una ciudad comercial y cosmopolita, gracias a la presencia de dos importantes puertos.

Como leemos en el capítulo 18 de los Hechos, Pablo encuentra hospitalidad con un matrimonio, Áquila y Priscila (o Prisca), obligados a mudarse de Roma a Corinto después de que el emperador Claudio decretase la expulsión de los judíos (cf. Hechos 18:2).  Me gustaría hacer un paréntesis. El pueblo judío ha sufrido tanto en la historia. Ha sido expulsado, perseguido… Y, el siglo pasado, hemos visto tantas cosas, tantas brutalidades cometidas contra el pueblo judío y todos estaban convencidos de que se hubiera acabado. Pero hoy, empieza a renacer aquí y allí la costumbre de perseguir a los judíos. Hermanos y hermanas, esto no es ni humano ni cristiano. ¡Los judíos son hermanos nuestros! Y no hay que perseguirlos ¿entendido? Estos esposos demuestran que tienen un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás, capaz de dar cabida a quienes, como ellos, experimentan la condición de forasteros. Su sensibilidad los llevó a olvidarse de sí mismos para practicar el arte cristiano de la hospitalidad (cf. Rm 12,13; Hb 13,2) y a abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así hospedan no sólo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es “una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). Y desde ese momento en adelante su casa se impregna del perfume de la Palabra “viva” (Heb 4,12) que vivifica los corazones.

Áquila y Priscila también comparten con Pablo su actividad profesional, es decir, la fabricación de lonas. Pablo, en efecto, tenía en gran estima el trabajo manual y lo consideraba un espacio privilegiado para el testimonio cristiano (cf. 1 Cor 4, 12), así como una manera justa de mantenerse sin ser una carga para los demás o para la comunidad.

La casa de Áquila y Priscila en Corinto abre sus puertas no sólo al Apóstol sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. En efecto, Pablo puede hablar de la “comunidad que se reúne en su casa” (1 Co 16,19), que se convierte en una “casa de la Iglesia”, una  “domus ecclesiae”, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía. También hoy en algunos países donde no hay libertad religiosa y no hay libertad para los cristianos, los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía. También hoy existen estas casas, estas familias que se convierten en un templo para la Eucaristía,

Después de un año y medio en Corinto, Pablo dejó la ciudad junto con Áquila y Priscila, que se quedan en Éfeso. También allí su casa se convierte en un lugar de catequesis (cf. Hch 18,26). Finalmente, el matrimonio regresará a Roma y recibirá un espléndido elogio que el Apóstol inserta en su Carta a los Romanos. Tenía el corazón agradecido, y así escribía Pablo de estos dos esposos en la Carta a los Romanos, escuchad: “Saludad a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad” (16:4) ¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles.

Entre los numerosos colaboradores de Pablo, Áquila y Priscila, emergen como “modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana.” y nos recuerdan que, gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. En efecto, “para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos. También vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe. Era el compromiso de tantas familias, de estos esposos, de estas comunidades cristianas, de fieles laicos que ofrecieron el “humus” al crecimiento de la fe. Y sólo así crece siempre la Iglesia. “(Benedicto XVI, Catequesis 7 de febrero de 2007). Es hermosa esta frase del Papa Benedicto XVI: los laicos ofrecen el humus al crecimiento de la fe.

Pidamos al Padre, que ha elegido hacer de los esposos su “verdadera escultura viviente” (Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 11). Creo que aquí hay recién casados: escuchad cual es vuestra vocación, debéis ser la verdadera escultura viviente, que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas. Hermosa palabra: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad. Tenemos que rezar a estos dos santos: Áquila y Prisca, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde hay humus para que la fe crezca.

© Librería Editorial Vaticana

Fuente :
https://es.zenit.org/articles/la-vocacion-matrimonial-escultura-viviente-de-dios-catequesis-completa/

EDD. jueves 14 de noviembre de 2019.

Hoy, jueves, 14 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (7,22–8,1):

La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo, incoercible, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante, que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento, y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo; porque es efluvio del poder divino, emanación purísima de la gloria del Omnipotente; por eso, nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad. Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo, y, entrando en las almas buenas de cada generación, va haciendo amigos de Dios y profetas; pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría. Es más bella que el sol y que todas las constelaciones; comparada a la luz del día, sale ganando, pues a éste le releva la noche, mientras que a la sabiduría no le puede el mal. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118

R/.
Tu palabra, Señor, es eterna

Tu Palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo. R/.

Tu fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y permanece. R/.

Por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu servicio. R/.

La explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. R/.

Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,20-25):

En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Enrique Martínez, cmf

EL REINO VENDRÁ Y HA VENIDO

Esto de las traducciones a veces complica las cosas. Para unos el Reino está «dentro» de vosotros, lo cual significaría una invitación a buscar la presencia de Dios en nuestro interior. Para otros, el Reino está «junto a vosotros» o «en medio» de vosotros, y en este caso, la atención tendría que centrarse en los acontecimientos de la vida cotidiana. Para unos el Reino no vendrá «espectacularmente», y para otros, el Reino «no está sujeto a cálculos». Y en cuanto a la imagen del «relámpago», unos dicen que significa que la aparición del Hijo del hombre será suficientemente luminosa y visible para todos, sin necesidad de que alguien nos interprete supuestas revelaciones personales… Mientras que otros indican que ese acontecimiento llega siempre en el momento más inesperado; es tan imprevisible como el relámpago.

Tengo claro que Jesús y el Reino son dos realidades inseparables. Que la presencia de Jesús entre nosotros significa la cercanía de Dios y de su Reino. Lo demás…… ¡ya me gustaría pregúntarselo a san Lucas!

¡Pues no es mala idea! Veamos lo que nos dice en su Evangelio:

+  Para aquella joven nazarena orante, escuchadora de la Palabra, disponible y obediente… la llegada de Dios fue inesperada y turbadora, en medio de sus actividades cotidianas, en su casa. Aquel Ángel, después de invitarla a la alegría, no le dio demasiadas explicaciones. Pero ella no dejó escapar la ocasión de aceptar y acoger. De modo que el Reino empezó a estar «dentro» de ella, y gracias a ella, «en medio» de nosotros.

+ Para los pastores de Belén, que pasaban la noche al raso, haciendo sus cosas de cada día, y primeros testigos de la llegada del Salvador y su Reino, la luz de Dios les envolvió de pronto, por sorpresa, y el ángel les invitó a la alegría y a no tener miedo y a acudir donde estaba un niño entre pañales en un pesebre. Nada llamativos esos signos. Pero ellos «fueron aprisa» y comprobaron  que era cierto lo que habían visto y oído. Se llenaron de gozo y de esperanza.

+  Para los habitantes de Nazareth, la ciudad donde se había criado, la experiencia fue bien diferente. No vieron en él nada «espectacular», era «el hijo de José», querían ver alguna maravilla para creer… y le echaron de la ciudad con intenciones de despeñarlo. Perdieron la ocasión de acoger la presencia del que traía la liberación a los pobres, ciegos y oprimidos en su propia ciudad. 

+  La cercanía y presencia de Dios supone que los demonios son expulsados y destruidos, y que enfermedades de todo tipo son curadas. La presencia del Reino significa dignificación, salvación, liberación y curación para los que acuden a él. 

+  Para los discípulos y apóstoles, se trata de una llamada a seguirle, a estar con él, mientras andaban entre redes, o en la mesa de los impuestos. Lo dejan todo de inmediato, y se van con él. Y tuvieron la oportunidad de pasar no sólo uno, sino muchos días en compañía del Hijo del Hombre. Y luego serán enviados en su nombre, a hacer sus mismas obras de curación y liberación

+  La «novedad» que trae Jesús es una llamada a la felicidad y la bienaventuranza, especialmente para los pobres, los que lloran, los perseguidos por ser de los suyos… y que la Ley y todos sus cumplimientos queda superada, que no son «méritos» para alcanzar a Dios, que a Dios se le alcanza dejándose afectar por su misericordia, reconociendo nuestra condición de pecadores.

+  La presencia del Reino tiene poco de llamativa. Es una luz que alumbra a los de casa, un poco de levadura o de sal metidas en la masa, una semilla que va creciendo despacio, un grano de mostaza… Las cosas cambian con la presencia de Dios, son mucho mejores… pero fácilmente pasan inadvertidas para muchos.

+  Los que acudieron al «espectáculo» de su crucifixión, no sacaron nada en claro (salvo aquel centurión), a pesar de que las tinieblas cubrieron la ciudad a mediodía, mientras se oscurecía el sol. Y sólo algunos tuvieron la dicha de experimentar que la muerte no había podido con él, mientras acudían al sepulcro son sus ungüentos, o partían el pan cerca de Emaús, o se reunían llenos de miedo en el cenáculo.

Por no alargarnos más, y pidiendo disculpas por no haber matizado demasiado: Se trata de descubrir su presencia callada pero eficaz y hacerle presente como luz y sal, en las cosas de cada día, en el mundo y dentro de cada uno. De responder sobre todo a la voz de su Palabra y seguirle. De curar, liberar, acoger, perdonar en su nombre, y ser enviados como testigos de su Resurrección. Una presencia, una tarea, una esperanza… de que vaya creciendo el Reino, de que «venga» (Padrenuestro), de que llegue a su plenitud. La «hora» no es cosa nuestra. Pero ya ha comenzado la cuenta atrás. La semilla  está sembrada, la levadura en la masa, los suyos trabajando, y «cada día», «hoy» puede ser el día. Que nos encuentre en vela y trabajando.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 12 de noviembre de 2019.

Hoy, martes, 12 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (2,23–3,9):

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella. En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de si; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,2-3.16-17.18-19

R/.
Bendigo al Señor en todo momento

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,7-10):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Enrique Martínez, cmf

SIN HORARIOS Y SIN CUENTAS

Una lectura un poco rápida del pasaje evangélico de hoy deja un cierto malestar en el corazón. Se describe a un amo que trata sin contemplaciones a su trabajador (esclavo) cuando vuelve del trabajo, sin darle tiempo ni a recuperarse… y ni siquiera merece una palabra de agradecimiento. Si esa imagen la utiliza Jesús para explicar cómo debe ser nuestro comportamiento con Dios… ¡se queda uno un poco alucinado!

Jesús se sirve de una realidad de su época: el esclavo. Podía ser un esclavo judío o uno pagano. En el primero de los casos, se le trataba un poco mejor que a los paganos, porque sus «derechos» estaban regulados por la Ley. Pero tenían una obligación: estar siempre disponibles y cumplir con sus obligaciones de esclavos, en cualquier momento que se le solicitara, sin quejas ni protestas, y sin que hubiera que agradecerle nada: para eso era «esclavo».

Jesús no pretende dar una imagen suya o de Dios como de un amo exigente y agotador. Se fija sólo (sin entrar en valoraciones sobre la esclavitud) en la actitud del trabajador: lo es las 24 horas del día. En nuestro terreno: uno es discípulo las 24 horas del día.

Y me viene a la cabeza el testimonio frecuente de tantas madres que trabajan fuera de casa, que están implicadas en alguna tarea parroquial o voluntariado, y además atienden con cariño a sus familias (hijos, pareja, nietos…)  a menudo sin ninguna palabra de «ánimo» o agradecimiento, cuando no reciben alguna que otra coz en cualquiera de esos ámbitos. Y tampoco ellas reclaman ese reconocimiento: lo viven con toda naturalidad, es «lo que tenemos que hacer». Me brota una oración espontánea de agradecimiento por todas ellas.

Ante esta llamada de Jesús a ser cristianos las 24 horas del día, uno tiene que reconocerse que no en todos los ámbitos en que nos movemos, nos resulta igual de «sencillo» o coherente, llevar nuestros valores cristianos a la práctica. Siempre hay algún lugar donde se nos «olvida» más fácilmente o nos cuesta más: el mundo laboral, la familia, la comunidad cristiana, la vida sexual, el tiempo libre, los dineros, los vecinos… Hay que emplearse un poco más a fondo en ellos, y no darse por satisfecho con que «ya cumplo» en otros de ellos.

Por otro lado, también está parábola nos trae otro mensaje, repetido de distintos modos por Jesús (y especialmente en Lucas): Los méritos. El creerse con «derechos» ante Dios (recuérdese al fariseo que fue al templo a orar, o a los dos hijos de la parábola del pródigo…) y con frecuencia sentirnos mejores (juzgarles) que los demás, los que no «hacen» o «cumplen» tanto como nosotros.  Dios no nos «debe» nada por ser como somos ni hacer lo que hacemos, ni tiene ninguna obligación de tratarnos mejor que al resto. Nuestro «premio» es ser colaboradores suyos. En definitiva lo que somos y podemos es un don suyo, aunque luego pongamos lo que sea de nuestra parte. Pero por convencimiento personal, porque es un «privilegio» estar a su «servicio». 

Por cierto que no viene mal recordar, al meditar este Evangelio, ese otro lugar donde Jesús dice a los suyos: «No os llamo «siervos», sino «amigos». Y entre amigos nunca hay contabilidad. Sino cariño.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Comentario al evangelio de hoy lunes 11 de noviembre de 2019

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.

Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”.

Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Es la petición que dirigen los apóstoles a Jesús después de escuchar su palabra. En su enseñanza, Él nos invita a tener cuidado de no ser ocasión o escándalo de pecado y a ser pacientes con el prójimo. Es una invitación a ser testimonios y custodios del don que hemos recibido, desde su corazón, en nuestro bautismo: el don de ser hijos Dios, el don de la fe y la caridad.

El bautismo nos ha liberado de la esclavitud y de la mancha del pecado y nos ha unido al amor de Dios. Este don, que debemos custodiar y testimoniar, puede ser despreciado y abandonado, porque existe en nosotros la debilidad. Por ello, los apóstoles dirigen esa petición al Señor, pues saben que las palabras que acaban de escuchar no siempre serán fáciles de vivir. Seguramente muchas veces hemos caído en el pecado, no hemos sido capaces de perdonar en un primer momento a nuestro hermano, a nuestro prójimo, lo que nos ha llevado al olvido del don recibido, de la vivencia y conciencia de lo que somos: hijos de Dios.

Rezar esa petición, que hoy leemos en el Evangelio, es una petición que debemos tener siempre en el corazón pues expresa toda nuestra realidad; en ella reconocemos que sin Él nada podemos, aceptamos nuestra debilidad y dejamos que el Señor la sostenga y la sane con su amor. Rezarla es reconocer en Él a nuestro Padre, abrirnos a su amor y gracia; es reconocer que poseemos un don maravilloso que no queremos perder, sino que queremos custodiar, vivir y testimoniar. No importa la situación en la que nos encontremos, siempre llenos de confianza y paz, dirigiendo nuestra mirada y corazón a Dios, podemos decir: Señor aumenta mi fe.

«La fe requiere un camino, una salida, hace milagros si salimos de nuestras certezas acomodadas, si dejamos nuestros puertos seguros, nuestros nidos confortables. La fe aumenta con el don y crece con el riesgo. La fe avanza cuando vamos equipados de la confianza en Dios. La fe se abre camino a través de pasos humildes y concretos, como humildes y concretos fueron el camino de los leprosos y el baño en el río Jordán de Naamán. También es así para nosotros: avanzamos en la fe con el amor humilde y concreto, con la paciencia cotidiana, invocando a Jesús y siguiendo hacia adelante».
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de octubre de 2019).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/73598/senor-aumentanos-la-fe.html#modal

EDD. lunes 11 de noviembre de 2019.

Hoy, lunes, 11 de noviembre de 2019

Primera lectura

Comienzo del libro de la Sabiduría (1,1-7):

Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían. Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios. La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado. El espíritu educador y santo rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al deslenguado; Dios penetra sus entrañas, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 138,1-3a.3b-6.7-8.9-10

R/.
Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso. R/.

Todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco. R/.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,1-6):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.»
Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Enrique Martínez, cmf

Si tu hermano te ofende siete veces en un día…

Si mi hermano me ofende siete veces en un día, es que la tiene tomada conmigo.Si mi hermano me ofende siete veces al día… dan ganas de soltarle cuatro cosas bien dichas.

El Evangelio de Jesús me da «permiso» para reprenderle». Menos mal.

Aunque no es tan frecuente que te pidan perdón otras tantas veces.

Entiendo que ante esta desmesurada pretensión de Jesús de perdonar otras tantas veces, los apóstoles reaccionen pidiéndole que le aumente la fe. Porque sí, hace falta mucha fe para perdonar, y además no sentirse un poco «tonto» (por poner una palabra «suave»).

Perdonarle no significa decir que lo que me has hecho no tiene ninguna importancia. Quizá la tiene. Y además duele.

Perdonar no supone automáticamente que se cierren las heridas, que aquí no ha pasado nada y que vuelves a ser mi hermano querido del alma. Esto a veces necesita mucho tiempo. No por echar agua oxigenada y Betadine en una herida, ésta se cura de golpe. Las cicatrices exigen paciencia y cuidados. Es posible que las cosas nunca vuelvan a ser como antes. Es posible que los problemas sigan ahí. Y es normal que uno sea precavido, y procure evitar la ocasión de que te zumben de nuevo donde te duele.

Perdonar quiere decir que no estoy dispuesto a seguir relacionándome contigo desde esas fuerzas oscuras que brotan tan espontáneas del corazón, cuando se siente herido.

Perdonar quiere decir renunciar a devolverte con la misma moneda. Porque en ese caso le estoy dando poder sobre mí: me está imponiendo un comportamiento que no deseo, y que nuevamente me hace daño. Si utilizo sus mismas armas… me ha vencido, ha «manipulado» mis comportamientos, ha dejado que se almacene en mí la agresividad y el resentimiento. Y porque no quiero que sea así, «perdono».

Aunque pueda tener la sensación de que estoy siendo un poco «bobo» perdonando tantas veces al día, no se trata de un acto de debilidad: es un acto de fuerza. Porque me enfrento con todo aquello que quiero arrancar de mí, y porque decido tratarte de manera nueva, constructiva. A ver si así «desactivo» tu empeño en meterte conmigo.

Y perdono porque recuerdo el bien que me ha hecho cuando yo me he sentido perdonado: es decir, acogido y querido a pesar de mis errores y limitaciones, de los malos días que uno tiene, y hasta con la posibilidad de ser incapaz de cambiarlos.

Esto es algo que Dios nos hace experimentar cada vez que somos sinceros con nosotros mismos, y como un pobre, sin poderlo exigir, solicitamos a Dios que espere, que ya cambiaremos, que nos hemos propuesto ser mejores… y él nos dice: ¡Deuda cancelada! ¡Se acabó! Empieza de nuevo y no te acuerdes más de todo eso que tanto te duele y avergüenza.

Al perdonar intentamos llevar a otros la experiencia de lo que Dios hace continuamente conmigo. Porque a él sí que le fallo yo mucho más de siete veces al día. El perdón recibido se convierte en una dinámica contagiosa cuando yo procuramos acoger, comprender y dar una nueva oportunidad al otro a pesar de todo… simplemente porque le quiero, y porque es mi hermano… Aunque no creo que se me pueda reprochar, cuando mi fe no es suficiente, cuando mi capacidad de aguante llega al límite… que ponga tierra por medio y evite la ocasión de que me «fastidien» de nuevo. Mientras sigo pidiendo: «Señor, auméntame la fe». Porque tengo que reconocer que a veces perdonar es más difícil que trasplantar moreras al mar.

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 09 de noviembre de 2019.

Hoy, sábado, 9 de noviembre de 2019

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (47,1-2.8-9.12):

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 45,2-3.5-6.8-9

R/.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,9c-11.16-17):

Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-22):

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

uan Carlos Martos, cmf

Hermanas y hermanos:

Celebramos hoy una fiesta poco conocida: la Dedicación de la basílica de Letrán, que es la Catedral del Papa, obispo de Roma. Tal día como hoy –el 9 de noviembre del 324– acabadas las persecuciones, los cristianos dedicaron a «El Salvador» esta basílica laterana, edificada sobre el monte Celio. En ella residieron los sucesores de Pedro durante siglos y en ella tomaban posesión de su cargo. Por ello, se la considera la madre y cabeza de todas las iglesias del mundo.

Es significativo que la liturgia de la Palabra nos proponga para hoy el relato de la expulsión de los vendedores del templo. El evangelista Juan coloca este episodio a continuación de las bodas de Caná, donde Jesús transforma en “vino nuevo y bueno” el agua de las tinajas. Aquella agua, destinada para la purificación de los judíos, era símbolo palmario de la religión judía. Al encadenar ambos relatos se resalta, entre otras cosas, que una religión puede ser hueca y vacía, aunque sus apariencias sean espléndidas, si le falta el espíritu y la autenticidad. Directamente es una advertencia crítica para nosotros. Nuestra “vida cristiana” puede quedar sin corazón y convertirse en un trapicheo o en un artificio para comprar a Dios. Esa condena de una religión sin fe y sin espiritualidad se ha dado siempre y se sigue dando frecuentemente.

Este episodio ha quedado además marcado en la tradición cristiana como un hito, por dar pie a la acusación concluyente y posterior condena de Jesús a muerte por oponerse provocativamente a los abusos que se hacían en el templo. Juan ha adelantado al comienzo de su actividad lo que los otros evangelios proponen al final (Mc 11,15-17; Mt 21,12-13; Lc 19,45-46). Por tanto no es una anécdota más. Funda la causa de la muerte de Jesús. Este reclama la dignidad y el valor del templo, al que denomina “la casa de mi Padre”. Cuando Dios lo habita, su belleza se refleja en las actitudes del corazón de sus fieles. El valor del templo está en que impulse la auténtica relación con Dios y el verdadero culto y, junto a ello la auténtica relación con los otros en fraternidad y servicio. Jesús inaugura e impulsa una nueva relación con Dios más auténtica, fraterna y “espiritual”, que transforma a las personas, hasta el punto de convertirse Él mismo en el nuevo Templo de Dios. En nuestra época, en la que nuestros coetáneos abarrotan otros templos -cines, estadios, grandes superficies comerciales, discotecas…- bueno será recordar la belleza del salmo: «Hasta el gorrión ha encontrado una casa y la golondrina un nido: tus altares, Señor de los ejércitos»

Hermano en el Señor
Juan Carlos cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy