Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 23 de junio de 2020.

Hoy, martes, 23 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (19,9b-11.14-21.31-35a.36):

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle: «Decid a Ezequias, rey de Judá: «Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?»»
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.»
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.»
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 47,2-3a.3b-4.10-11

R/.
Dios ha fundado su ciudad para siempre

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar. R/.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Tres consejos o mensajes, que forman parte del Sermón del Monte:

      § El primero recoge la experiencia del propio Jesús. La perla o el tesoro escondido (el Reino) no se puede ofrecer a cualquiera. Hay a quienes sólo les servirá de motivo de escándalo, de rechazo e incluso de violencia. Una parte de los judíos, bloqueados por sus ideas previas sobre Dios y la Escritura fueron incapaces de valorar la piedra preciosa del Reino. Y la emprendireon con Jesús.

      Las primeras comunidades (cuando se escribió este Evangelio) tenían experiencia  de persecuciones y ataques, y era necesario ser muy cuidadosos con lo que se decía fuera de ellas. Hay acontecimientos, misterios, experiencias que no entiende (ni le importan) a una persona de fuera. La discreción y la prudencia son indispensables.

     Pero también se puede entender este consejo desde la práctica de iniciación de los primeros tiempos, cuando había todo un proceso catecumenal antes de que los candidatos se integraran plenamente en la comunidad. No había «prisas». Escribió San Juan Crisóstomo:  «Si cerramos nuestras puertas antes de celebrar los misterios y excluimos a los no iniciados es porque hay todavía muchos que están demasiado poco preparados para poder participar en estos sacramentos». Hay que tener en cuenta la capacidad de escucha y las disposiciones de aquellos a quienes se les anuncia el Reino y no precipitarnos al compartir con ellos nuestros tesoros. Es un buen criterio pastoral ¿o no?

     § El segundo se refiere al trato con los otros. En el fondo es una variante del viejo principio ético universal: «Amarás… como a ti mismo». Cada cual quiere para sí mismo lo mejor. Pues lo mejor es lo que tenemos que querer y procurar para los demás. Y eso, siempre, con todos, se trate de quien se trate y se haya portado con nosotros como se haya portado. Siempre está presente la tentación de dejar de ser generoso, amable, acogedor, etc con quien nos ha tratado mal, aunque nosotros hayamos sido maravillosos con ellos. Nuestra opcióny principios no pueden cambiar, condicionados por lo que recibimos a cambio. Es aquello de nuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, justos e injustos. Lo que todos necesitamos siempre: La ternura, la cercanía, el perdón, el reconocimiento, el ser aceptados y queridos tal como somos, es el camino para el encuentro con el otro, sea quien sea y se porte como se porte. Empezando por los más cercanos, claro… pero sin quedarnos ahí, porque «si amáis a los que os aman, qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los pecadores?» (Mt 5, 43-48).

      § El tercero usa el símbolo de «la puerta estrecha». Voy a permitirme citar a D. Bonhoeffer en su libro «El precio de la gracia»:

El camino de los seguidores es angosto. Resulta fácil no advertirlo, resulta fácil falsearlo, resulta fácil perderlo, incluso cuando uno ya está en marcha por él. Es difícil encontrarlo. El camino es realmente estrecho y el abismo amenaza por ambas partes: 

+ ser llamado a lo extraordinario, hacerlo y, sin embargo, no ver ni saber que se hace…, es un camino estrecho. 

+ Dar testimonio de la verdad de Jesús, confesarla y, sin embargo, amar al enemigo de esta verdad, enemigo suyo y nuestro, con el amor incondicional de Jesucristo…, es un camino estrecho.

+ Creer en la promesa de Jesucristo de que los seguidores poseerán la tierra y, sin embargo, salir indefensos al encuentro del enemigo, sufrir a injusticia antes que cometerla…, es un camino estrecho.

+ Ver y reconocer al otro hombre en su debilidad, en su injusticia, y nunca juzgarlo, sentirse obligado a comunicarle el mensaje y, sin embargo; no echar las perlas a los puercos…, es un camino estrecho. Es un camino insoportable.

    En cualquier instante podemos caer. Mientras reconozco este camino como el que me es ordenado seguir, y lo sigo con miedo a mí mismo, este camino me resulta efectivamente imposible. Pero si veo a Jesucristo precediéndome paso a paso, si sólo le miro a él y le sigo paso a paso, me siento protegido. Si me fijo en lo peligroso de lo que hago, si miro al camino en vez de a aquel que me precede, mi pie comienza a vacilar. Porque él mismo es el camino. Es el camino angosto, la puerta estrecha. Sólo interesa encontrarle a él. 

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 22 de junio de 2020.

Hoy, lunes, 22 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (17,5-8.13-15a.18):

En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiria, invadió el país y asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto, del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron los reyes nombrados por ellos mismos.
El Señor había advertido a Israel y Judá por medio de los profetas y videntes: «Volveos de vuestro mal camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los profetas.»
Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 59,3.4-5.12-13

R/.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda

Oh Dios, nos rechazaste
y rompiste nuestras filas;
estabas airado,
pero restáuranos. R/.

Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo. R/.

Tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,1-5):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

  Uno de los principales elementos que nos identifican como seres humanos, como personas, es la conciencia, nuestra capacidad de juzgar, nuestro sentido ético y moral. Es un don de Dios que nos hace posible el discernimiento. Y esta capacidad actúa siempre y ante todo. Nos es indispensable situarnos ante los hechos: lo que está bien, lo que está mal, lo que es justo, lo que es verdadero, lo que es conveniente, lo que es ético, lo que causa daño… para poder actuar en consecuencia. Y es imposible dejar de hacerlo: es algo que nos brota automáticamente.

     Hay juicios que podemos hacer, y otros que tenemos la grave responsabilidad de hacerlos. No se puede renunciar a ellos, por ejemplo, cuando estamos ante la trata de personas, el comercio de niños para extraerles órganos, las estafas, los bulos, el racismo y la xenofobia, los abusos de menores, la explotación laboral, los intereses económicos que se anteponen a la dignidad de las personas, la defensa de la vida… Retraerse, mirar para otro lado, callarse, lavarse las manos es ser cómplices de todas estas cosas. Todas estas aberraciones humanas competen a la Justicia Civil, son crímenes. Y nuestra responsabilidad como bautizados, como profetas está en denunciarlas, nunca esconderlas.

     Pero las palabras de Jesús no se refieren a estos asuntos. Estamos en el Sermón de la Montaña, y Jesús está hablando a los discípulos, a su comunidad (tres veces aparece la palabra «hermano» en tan pocas líneas). Sería de esperar que estos comportamientos no ocurriesen nunca en la comunidad cristiana. Sin embargo pueden darse calumnias, denuncias falsas, maltrato de la pareja, corrupciones, manipulación de conciencias… y otras muchas. En estos casos es necesario juzgar y condenar  los actos, pero no es tarea de la comunidad condenar a la persona. 

     Hace falta un adecuado sentido de la justicia y de una buena dosis de prudencia, «porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros«. Yo desconozco lo que hay en el fondo del corazón de las personas que actúan mal éticamente: no sé su historia, sus heridas, sus ofuscaciones y frustraciones, sus auténticas intenciones.  Y por ello debo poner máxima atención antes de formular un juicio. Por otro lado, puede ocurrir y ocurre que mi juicio  esté condicionado por las vigas de mi ojo: mis prejuicios, mi ideología, mis propias heridas y frustraciones. Debo informarme bien, contrastar (no sólo con los que están de acuerdo conmigo, «los míos»), tener serenidad y deseos de buscar el bien, la verdad y la justicia… vengan de donde vengan. 

      Es conveniente, además, darnos cuenta cómo tenemos distinta vara de medir: a aquellos que nos importan, a los que amamos, a los que sentimos cerca del corazón… les disculpamos, comprendemos y perdonamos más fácilmente… mientras eso mismo, al verl en otros, lo condenamos sin ninguna misericordia.

     Estos días pasados se me ha hecho muy evidente, viendo los mensajes y valoraciones de muchos en las redes sociales al respecto de esta pandemia y las actuaciones de políticos y otros personales: el «otro» que no es de los míos siempre tiene mala intención, siempre es peligroso, todo es motivo de sospecha, los bulos no son bulos aunque se demuestre y razone que lo son, nunca el otro hace nada acertado, y los míos siempre tienen razón y tampoco tengo la humildad de reconocer mis errores de juicio… ¿Cómo se puede entonces hacer una valoración y un juicio sereno? Estos juicios hacen del otro un sospechoso, un enemigo, alguien a quien hay que destruir, y aparece el odio, el insulto, el desprecio, la rabia… Pero pocos nos damos cuenta de estas «vigas» en el propio ojo. 

      Hay que evitar todos los juicios que no están hechos por amor al otro. Cuando el evangelio nos dice que «si no juzgamos no seremos juzgados», está otorgando un inmenso valor a la compasión con el hermano, aunque haya fallado. Jesús mira al pecador, no para juzgar, sino para crear. Su mirada realiza algo nuevo en la persona sobre quien la posa; se hace liberadora, recreadora, sanadora. Por eso nos invita a mirar libres de prejuicios al otro, sin ira, sin pasión, a reconocerlos en su diferencia y valorar sus capacidades, límites y posibilidades. Nos propone trasmitir con las palabras, actitudes y acciones una disponibilidad para el perdón y la reconciliación recíproca. Nos llama a sacar a la luz y sanar el propio resentimiento, a asumir los errores y a reconocer las pérdidas para tener la oportunidad de reorientar la vida. La del otro, y quizás también la nuestra

Termino con una bella oración de Karl Rahner: 

«Mira, Señor, ahí está el otro, con el que no me entiendo.  El te pertenece; tú le has creado.  Si tú no le has querido así, al menos le has dejado ser como es.  Mira, Dios mío, si tú le soportas, yo quiero aguantarle y soportarle, como tú me soportas y aguantas a mí».

Y os invito a orar de la mano de Seve Lázaro, jesuita:

Solo con misericordia podré siempre querer al otro.

Solo con misericordia podré siempre quererme a mí.

Solo con misericordia, podré siempre confiar en el otro.

Solo con misericordia, podré siempre confiar en mí.

Solo con misericordia, podré siempre decirle la verdad.

Solo con misericordia, podré siempre decírmela a mí.

Solo con misericordia, el otro llegará a ver su enredo.

Solo con misericordia llegaré a ver el mío, yo.

Solo con misericordia el otro dejará de justificarse. 

Solo con misericordia dejaré de justificarme yo.

Solo con misericordia el otro aprenderá a disculparse.

Solo con misericordia yo aprenderé a perdonar.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Pascua del Hermano Carlos Mosto.

Hermanos Laicos Capuchinos de la Provincia San Francisco de Asís de Chile.

El viernes 19 de junio 2020, fue la Pascua de nuestro gran hermano y amigo Carlos Mosto, el ha viajado a la casa del  padre  y mirando de frente el rostro de CRISTO, sin miedos, con la satisfacción de haber cumplido con todo y todos.

Deja a su esposa, una mujer maravillosa, sus dos hijas escepcionales, dos profesionales que practican lo que su padre les testimonió, la ayuda al prójimo, y sus nietas las que le robaban el corazón, el decía que eran sus ojos.

Carlos fue un gran amigo y hemano, en estos momentos faltan palabras  para calificarlo  o decir algo que pueda representarlo como el fue en su vida terrena, hay un número interminable  de situaciones que conocí de él, sus actitudes, su forma de ser tan sencilla y simple, humilde, caritativo, confidente, buen consejero, con un gran corazón, si alguien practicó la humildad, la sencillez fue él,  hoy tengo la seguridad de que nos está mirando y   cuando digo se nos fue un gran hermano debo destacarlo.

Lo primero, siempre puso a Nuestro Señor  en primer lugar, su familia por sobre todas las cosas terrenales, la ayuda al prójimo era como una necesidad para él, ayudar siempre fue su lema.

Era un hombre con un carisma escepcional, hoy lo pueden ver en los whasapp que se han publicado, todos consternados por su repentina partida.

Un hombre de sonrisa fácil, de un abrazo fraterno, una palabra aliento, tranquilizadora, llena de FE y evangelizadora al que la necesitara, de una gran amabiliad, para los que eramos más cercanos una talla simpática, para el que  necesitara, siempre tuvo tiempo, él estaba ahí para todos.

En estos momento habemos varios que lloramos su partida con un gran dolor en el corazón

Si de alguna manera queremos  hacer un homenaje a  nuestro gran hermano y amigo Carlos Mosto, practiquemos lo que el hacia y lo que siempre enseño, como un buen catequista.

Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha,

Para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.

Mejor ayuden siempre al pobre, y háganlo con alegría. Si lo hacen, les irá bien y Dios los bendecirá en todo lo que hagan.

En este mundo siempre habrá gente pobre.

Por eso les ordeno que sean generosos con la gente pobre y necesitada del país. 

Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor;

Dios compensará esas buenas acciones. 

Esto es lo que practicó el hermano Carlos, que el Señor lo reciba en su morada santa y brille para él la luz eterna.

Mere Hoffmann

Movimiento Laicos Capuchinos, Zona Norte.

EDD. Sábado 20 de junio de 2020.

Hoy, sábado, 20 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del profeta Isaías (61,9-11):

La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido con un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios

Salmo

1Sam 2,1-8

R/.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Mi corazón se regocija por el señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.

Se rompen los arcos de tus valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.

Evangelio de hoy

Evangelio según san Lucas (2,41-51), del sábado, 20 de junio de 2020

Lectura del santo evangelio según san Lu5cas (2,41-51):

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos y amigas:

La memoria del Inmaculado Corazón de María está muy ligada a la fiesta que celebramos ayer. Junto al corazón de Jesús está el corazón de su madre, María. Es sorprendente ver como todo el misterio del amor de Dios, que se nos revela en el Corazón de Jesús, se abre con el sí de una muchacha humilde de Nazaret. Es un misterio grande, sin duda superaba a María, pero ella sabia guardarlo todo en su corazón. Un corazón que estaba abierto a la escucha de Dios y que sabía abandonarse en su voluntad.

Los pocos textos del Nuevo Testamento que se refieren a María, como señala Alberto Valentini, «están situados estratégicamente y contienen una densidad excepcional. Estratégicos, porque se sitúan en momentos claves de la historia de la salvación: Encarnación – Misterio Pascual – Pentecostés; de una extraordinaria densidad, en cuanto están vitalmente implicados en tales misterios, de donde se deriva su valor y significado». Entre estos textos tiene una importancia particular el llamado «Evangelio de la Infancia» de Lucas (Lc 1-2). El evangelista como teólogo y artista nos cuenta los hechos con la técnica del arte de un pintor, que es capaz de representar el alma, los sentimientos y las ideas de sus personajes. En ese sentido, el Evangelio de la infancia de Lucas es una cristología a partir de la historia. En esta meditación histórica de Lucas hay dos escenas de la infancia de Jesús, una es el momento de su nacimiento (Lc 2, 1-20) y la que leemos hoy, Jesús en medio de los doctores de la ley (Lc 2, 41-52). En ambas escenas se hace una referencia al Corazón de María (Lc 2, 19.51) (Cf. Nuria Calduch-Benages, Il Cuore di Maria alla luce dell´antropologia biblica).

A la luz de esta referencia bíblica del Corazón de María podemos deducir de ella dos actitudes fundamentales para nuestra experiencia de fe: la escucha y la cordialidad. La figura de María no se comprende sin este elemento de la escucha. La fe nace de la escucha. Cuando se habla de que Maria «guardaba todas estas cosas en su corazón», podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que María conservaba en su corazón? ¿Cuál era el objeto de su meditación? ¿Qué cosas custodiaba en su corazón? El sustantivo griego que usa el evangelista rhémata (que en español se traduce como “estas cosas”) significa palabra, hecho, acontecimiento. Esta acepción nos ayuda a comprender que María conservaba los eventos que vivía en los cuales se manifestaba la Palabra de Dios. Como María también nosotros hoy debemos cultivar esa capacidad de silencio y de acogida para escuchar lo que Dios nos dice hoy en los acontecimientos que vivimos.

La segunda actitud, la cordialidad, se vuelve muy urgente y actual en este momento de crisis mundial. La cordialidad se concreta en el cuidado, la atención y el amor. Hoy más que nunca necesitamos esa revolución de la ternura, a la que tanto apela el Papa Francisco. Si algo nos deja los acontecimientos que hemos vivido en estos meses es la importancia del cuidado de la vida en todas sus manifestaciones. Nadie mejor que una madre sabe de esta tarea. María como paradigma de una maternidad nueva nos enseña que sin ternura, sin corazón no hay profecía creíble. Estas actitudes que contemplamos en el Corazón de María son el modelo inspirador para la misión de una Iglesia en salida.

A la altura del corazón

Allí aprendió a vivir María
después que el ángel la dejó.
Sin saber decir palabra
sin poder decir que no.

Allí entendió que los silencios hablan
y que las palabras, a veces, callan.
que vivir no requiere, saber y ganar,
sino solo aprender a escuchar.

Allí su ser se abrió al misterio,
entrando en ella lo no esperado.
Ya no hubo rutas ni indicadores
que al andar le dieran seguridad.

Allí, a la altura del corazón,
solo la fe le puede al miedo.
El amor, en María, ya no tuvo frenos:
El pesebre, Nazaret, el calvario.

(Seve Lázaro, SJ)

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF
eagm796@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del domingo 21 de junio de 2020.

Hermanos, a cuidarse. No cantemos victoria antes de tiempo. la pandemia no ha cesado.

DOMINGO DOCE DEL AÑO.

Jeremías20, 10-13: El Profeta pasa por una crisis, que se viene a sumar a otras que antes había tenido. Si las anteriores habían sido crisis interiores, la actual es consecuencia de las amenazas, persecución y odio. Pero él sabe que Dios jamás abandona a quien en Él se confía.

Romanos 5, 12-15: Pablo contrapone dos personajes y cada uno con importantes consecuencias: Adán y Jesucristo. Dos Adanes: el viejo, el que no obedeció a Dios, nos trajo el pecado y sus consecuencias; el nuevo, que con su obediencia nos acarreó la vida, el amor.

Mateo 10, 26-33: Un cúmulo de dichos que tratan de levantar el ánimo de los primeros discípulos hostigados por las adversidades, lo que podría producir en ellos una crisis de fe. Jesús los exhorta a tener confianza en el Padre Dios.

1.- Llama la atención que en la lectura del Profeta y del Evangelio se habla de lo que hoy pudiéramos llamar una crisis. Esta palabra nos suena a algo negativo. Nos asusta cuando nos enteramos que un matrimonio está en crisis;  cuando nos enteramos que un sacerdote, tu párroco, está pasando por una crisis; del mismo modo escandalizó a los Medios de comunicación cuando santa Teresa de Calcuta confesó que había tenido una crisis de fe. Pero, ¿qué es crisis? Es una situación que pone en peligro el desarrollo de un proceso. Es una situación difícil. Es una situación de desorientación. No sabemos qué hacer. Pero también podemos hablar de crisis en sentido positivo, como algo bueno.  No en vano en su raíz más profunda crisis significa “limpiar”, “purificar”. Por eso se habla de “acrisolar”, “crisol”.  Entonces una crisis puede ser un momento o etapa de gracia, por la que el amor de Dios actúa en el ser humano para acrisolarlo, purificarlo, despertarlo.

El Profeta tuvo este tipo de crisis. Todas las crisis que tuvo, ya sean internas o externas, no le hicieron perder su fe y confianza en el Señor. Al contrario, al Señor encomienda su causa saliendo de ella purificado, fortalecido, sabiendo que es el Señor el que libra la vida del indigente del poder de los malhechores.

2.- Nosotros, por ser de Adán, del viejo Adán, todos hemos entrado en una crisis existencial, no somos lo que deberíamos ser, ya que nos hemos dejado llevar por nuestros caprichos. Razón tiene san Pablo cuando afirma: “Porque todos pecaron”. Se apoderó de la humanidad el pecado, la destrucción y la muerte. La humanidad vive desorientada. Y de esto nadie se escapa. Sin embargo san Pablo es optimista. Porque somos del Nuevo Adán, Jesús, bendito por siempre. Él con su obediencia total al Padre nos acarreó toda gracia y bendición. Él es Fuente de toda bendición, de toda salvación. Lo único que se espera de nosotros es que tengamos Fe, nos adhiramos a Él, ya que con Él somos obedientes al Padre. Así como antes con nuestras desobediencias estábamos adheridos al viejo Adán. Sin darnos cuenta de nuestro error.

Jesús nos ha purificado, acrisolado, con su Sangre y así somos aceptados por Dios.

3.- Desgraciadamente muchas veces los cristianos sufrimos una terrible crisis de identidad, estamos quebrados, no somos lo que deberíamos ser. Los casados sufren una crisis de identidad al no vivir en el amor. Y así, a donde miremos, vemos que reina una tremenda crisis: en las personas, en los sistemas, en la sociedad, etc. Estamos sufriendo el corona virus, que ha producido crisis en la sociedad, en los hogares, en todos. Pero todas estas crisis son también un tiempo de gracia, que nos hace abrir los ojos, corregir, descubrir, revalorar. En una palabra, nos purifican.

Los primeros cristianos sufrieron persecuciones de toda índole; calumnias, hostigamientos, persecuciones y muerte. Evidentemente que todo esto hizo sufrir mucho a la primitiva comunidad, así como hoy las persecuciones hacen sufrir a la Iglesia, pero la purifican.

4.- Y ahí está la Palabra de Jesús: “No teman a los hombres”. A todos nos dice hoy: ustedes valen mucho más que muchos pájaros. Yo diría, para ser más actual, ustedes valen mucho más que una mascota, a la que prodigamos tantos cuidados. Dios se cuida de todos nosotros. Y esto es muy cierto. Hemos visto tantas manifestaciones del Amor de Dios entre la gente sencilla, ollas comunes, reparto de ropa, así como las cajas de alimento que se han regalado a tanta gente. Es que Dios siempre se está manifestando. Porque, como dice el salmo de hoy: “El Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos”.

Con el apoyo de la Palabra, de la Eucaristía, sabremos ver lo positivo que hay en todas estas crisis por las que estamos pasando. Dios está siempre presente y actúa. Cuando uno sale a flote de una crisis se da cuenta que ha experimentado una ganancia, un crecimiento en su vida. Sólo siendo como Jesús, el obediente por excelencia, seremos en verdad auténticos cristianos.

A Jesús, el Nuevo Adán, vencedor del mal, sea todo el honor, el poder y la gloria.

  Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 19 de junio de 2020

Hoy, viernes, 19 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (7,6-11):

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.6-7.8.10

R/.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-16):

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos y amigas:

La liturgia de la Iglesia nos propone para este viernes la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Esta fiesta tiene una fuerte tradición eclesial y una devoción particular en la mística popular de muchos pueblos. Celebrar el Corazón de Jesús medio de la crisis causada por el corona virus, con toda la situación anómala y de desconcierto que ha creado, y que aun sigue golpeando sobre todo a las poblaciones mas vulnerables, nos hace redescubrir el Corazón de Jesús como fuente de vida que posibilita la esperanza.

A la luz de las lecturas bíblicas de esta celebración podemos tomar conciencia de lo que encontramos en el Corazón de Jesús: el amor. El amor de un Dios que se hace carne por nuestra salvación y que se entrega sin medida. En el sentido bíblico la palabra corazón abraza la totalidad de la persona no solo al mundo afectivo. Remite a los intimo del ser humano, el lugar donde se toma conciencia de sí mismo, además de los sentimientos el corazón tiene los recuerdos, pensamientos, proyectos y las decisiones. Por ello, en la expresión Corazón de Jesús se designa lo más intimo y lo unificador, el misterio del amor de Dios por la humanidad.

Contemplar el Corazón manso y humilde de Jesús es ver un corazón traspasado, angustiado, desangrado, muerto. En el que se manifiesta el amor gratuito de un Dios enamorado de su pueblo, «el amor que vence en el fracaso, que triunfa en impotencia, que muerto vivifica, que es el amor, que es Dios» (K. Rahner). El sentido bíblico y teológico de la expresión Corazón de Jesús nos ayuda para no reducirlo a imágenes piadosas, a una tradición devocional o una idea abstracta. La verdadera devoción al Corazón de Jesús consiste en encontrarnos con su persona y dejarnos transformar por su vida, sus gestos y sus palabras.

En el Evangelio Jesús nos dice: «aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón». La vida cristiana es entrar en esta escuela del Corazón de Jesús. El camino del discipulado es transformar nuestro corazón en el amor gratuito que recibimos de Dios, para tener el mismo Corazón de Cristo. Un corazón humano, pobre, compasivo, misericordioso, alegre, con espíritu, lleno de amor. Pidamos al Señor en este día que nos haga sintonizar con su corazón, que nuestro corazón muchas veces fatigado por cansancios y agobios que lo intranquilizan pueda encontrar esa clave de amor que lo unifica en la sinfonía del corazón de Dios.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF
eagm796@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. jueves 18 de junio de 2020.

Hoy, jueves, 18 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (48,1-15):

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinal amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96,1-2.3-4.5-6.7

R/.
Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.» Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos amigos y amigas:

Jesús nos deja en herencia una oración en la que nos transmite su propia experiencia de Dios. No se trata de una técnica de oración, sino de una actitud vital de fe: sentirnos hijos de un Padre bueno que nos mira con amor. Esta confianza ilimitada en Dios que palpita en el corazón del Padrenuestro es lo que ha de caracterizar nuestra forma de orar. No hace falta orar con la razón multiplicando nuestras palabras y nuestros discursos. Basta abrirnos con confianza al misterio último de la realidad que Jesús concibe como el Abbá y entrar en relación con él.

La forma de orar dice mucho de una comunidad de creyentes, ya que expresa una forma determinada de relación con Dios y del vinculo que une a sus miembros en la misma fe. Los primeros cristianos encontraron en el Padrenuestro el mejor signo de identidad como seguidores de Jesús. En esta breve oración se condensa el mensaje del Evangelio y desde el inicio es la oración que ha alimentado la vida de los cristianos. Para Jesús, como creyente fiel, la experiencia de oración ha sido fundamental y es lo que quiere transmitir a sus discípulos. No es de extrañar por ello que el tema de la oración ocupe el centro del «Sermón de la montaña». A partir de una nueva relación con Dios, como hijos amados, seremos capaces de establecer nuevas relaciones con nosotros mismos, con los demás que vemos como hermanos y con la creación como casa común de todos.

La oración de Jesús es una súplica cargada de confianza al Padre querido, con la que pedimos, agradecemos, nos renovamos y expresamos nuestro deseo de que las cosas cambien. La gran novedad es la invocación inicial: «¡Padre nuestro!». La imagen de Dios como Abbá es radicalmente nueva y propia de Jesús. Llamar a Dios Padre implica entrar en la oración con confianza, con sencillez, con espontaneidad y significa acoger a los demás como hermanos. Así cobran sentido los tres anhelos profundos centrados en Dios: «Santificado sea tu nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad» y las cuatro peticiones a favor nuestro: «Danos hoy el pan, perdona nuestras ofensas, no nos abandones en la tentación, líbranos del mal». Pidámosle al Señor que nos enseñe a orar y hacer vida nuestra oración.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF
eagm796@hotmail.com

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy