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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. viernes 26 de junio de 2020.

Hoy, viernes, 26 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (25,1-12):

El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, acampó frente a ella y construyó torres de asalto alrededor. La ciudad quedó sitiada hasta el año once del reinado de Sedecías, el día noveno del mes cuarto. El hambre apretó en la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales, mientras los caldeos rodeaban la ciudad, y se marcharon por el camino de la estepa. El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban abandonándolo. Apresaron al rey y se lo llevaron al rey de Babilonia, que estaba en Ribla, y lo procesó. A los hijos de Sedecías los hizo ajusticiar ante su vista; a Sedecias lo cegó, le echó cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia. El día primero del quinto mes, que corresponde al año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, llegó a Jerusalén Nabusardán, jefe de la guardia, funcionario del rey de Babilonia. Incendió el templo, el palacio real y las casas de Jerusalén, y puso fuego a todos los palacios. El ejército caldeo, a las órdenes del jefe de la guardia, derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nabusardán, jefe de la guardia, se llevó cautivos al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de la plebe. De la clase baja dejó algunos como viñadores y hortelanos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 136,1-2.3.4-5.6

R/.
Que se me pegue la lengua al paladar sí no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

 § «Un leproso se acercó a Jesús». Es sabido que en el tiempo de Jesús ser leproso significaba ser un excluido, alguien que no tenía derecho ni debía estar donde estaba la gente, tenían que mantenerse fuera de las ciudades, y por supuesto fuera de «la ciudad» (Jerusalem con su Santo Templo). Carecían de cualquier contacto humano: ni caricias, ni abrazos, ni gestos de cariño o de cercanía… (seguramente ahora que casi no podemos tocarnos, ni abrazarnos, ni darnos un beso… lo comprendemos mucho mejor). Ninguna ayuda recibían (más allá de alguna limosna) para sobrellevar su desgracia: una inmensa soledad. Tenían que avisar de su presencia, dando voces, o con alguna campanilla, para que todos se apartaran a su paso y pudieran ponerse «a salvo». Habían dejado de ser tratados como «personas». También tenían vetada su relación con Dios, estaban «dejados de su mano», ya que esa enfermedad de la piel se considerada un signo de la corrupción interior, del pecado, un castigo divino. 

     Y así es como él se siente este leproso que se atreve a acercarse a Jesús: sucio, necesitado de ser limpiado. La religión no quería saber nada de ellos, los mantenía al margen. Esto es lo que enseñaba la Sinagoga, la ley de Dios. Ya no se trataba de un «cuidado» o prevención por riesgos de salud . Era una condena en toda regla.

     ¿No ocurre también hoy que se hace sentir culpable a las víctimas de algunas desgracias, o se «justifica» que estén en esa situación: «es que es un borracho, o un vago», es que ha mantenido prácticas sexuales prohibidas (SIDA). Algunas víctimas de abusos han explicado que les hicieron sentir avergonzadas y culpables por parte de sus maltratadores, etc.

      No es tan infrecuente que, en el plano personal, social e incluso religioso, nos apartemos de ciertos individuos (¡personas e hijos de Dios!) porque nos resultan incómodos, porque no están en «orden» con la ley de Dios (o de la Iglesia), porque es arriesgado tener contacto con ellos, porque están sucios, porque nos pueden meter en problemas, por su condición sexual o por su color/nacionalidad, porque este asunto les compete a otros, porque…. 

       Si nos reconocemos creyentes, estaríamos mostrando con los hechos y actitudes en qué Dios creemos realmente: un Dios excluyente, marginador, que condena, que los abandona a su suerte, que no merecen su amor… Y claro, tampoco el nuestro.

        Sin embargo, este leproso no quiere seguir así, y por sí mismo no tiene nada que hacer. Pero intuye que Jesús sí que puede hacer algo por él… Total ¡que se salta todas las normas religiosas y sociales, para acercarse a él y solicitar su ayuda! No sólo eso, sino que compromete a Jesús: pues el que entra en contacto con un leproso (al margen de que pueda contagiarse), queda a su vez también «impuro».

 §  Jesús, sin embargo, no se enfada, ni le riñe, ni se aparta de él. Y lo primero que hace es extender la mano y «tocarle». Empieza por restablecer el contacto humano. Primero físico, y luego de palabra. «Quiero». 

+ Quiero que no percibas a Dios como alguien que te excluye ni te deja solo. 

+ Quiero que sepas que el Reino también es para ti. 

+ Quiero que te veas con derecho a formar parte de la comunidad humana. 

+ Quiero que les conste a los sacerdotes que el proyecto y la voluntad de Dios es sanar, acoger, incorporar, incluir. 

+ Quiero que la Ley de Dios (= Dios) deje de usarse como instrumento de marginación. 

+  Quiero, al tocarte y hablar contigo, que te reconozcas como persona, y quedes sanado por dentro y por fuera. 

+ Quiero tocarte… aunque eso signifique que quedar yo «tocado», excluido, manchado, «impuro» y ya no pueda entrar abiertamente en ningún pueblo…

 § Acercarse a los que están mal, a los que lo pasan mal, a los que no se valoran a sí mismos, a los que están «corrompidos» por dentro o por fuera, aun a riesgo de que nuestro prestigio, nuestra salud, nuestras ventajas… queden «tocadas»… es tarea de los discípulos de Jesús, de la Iglesia entera. Ir a los que no tienen papeles, a los que están desahuciados, a los parados de larga duración, a los que no tienen preparación para conseguir trabajo, o no tienen salud, o no viven conforme a la moral cristiana, o les faltan los «papeles», o…

Ha escrito el Papa Francisco: 

El cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor… La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. 

Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, «inició y completa nuestra fe» (Hb 12,2).

Encíclica “Lumen fidei / La Luz de la fe”, § 56-57

    Este Evangelio es una invitación a mancharnos, a conocer de primera mano el dolor y la frustración de tantos. Quizá muchos ya no se nos acerquen, o quizá sí: Pero de una manera o de otra, nos están diciendo: «Si quieres… puedes limpiarme». Tal vez no podamos realmente limpiarle, pero que  al menos cuenten con una presencia que acompaña, con una lámpara que les ayude a caminar. Que no se queden solos.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

IV JORNADA DE LA FAMILIA CAPUCHINA.

IV jornada de la familia capuchina

3 de julio 2020

El aniversario de la fecha de la aprobación eclesial de la reforma capuchina con la bula “Religionis Zelus” (3 de julio de 1528) es la ocasión para celebrar nuestro ser familia espiritual. Una familia que inter-relaciona a los frailes capuchinos, a las monjas contemplativas asociadas, a los institutos de vida consagrada religiosos y seculares agregados a la Orden, a las asociaciones de fieles e instituciones laicales nacidas o acompañadas por capuchinos.

Esta cita nos convoca para recordarnos nuestra pertenencia espiritual y reavivar nuestras relaciones recíprocas en los diversos niveles: general, regional y local. Queremos agradecer, compartir y proyectar desde nuestras raíces comunes para seguir construyendo nuestra historia de relaciones fraternas. La precaución sanitaria al afrontar la actual pandemia mundial desaconseja realizar encuentros presenciales, pero no nos impide sentirnos en comunión, especialmente por medio de la oración. Por eso, este 3 de julio les proponemos orar con esta plegaria en cada fraternidad, haciendo memoria agradecida de los miembros de nuestra familia espiritual.

Justo Pastor Salvo Beas

Homilía para la Eucaristía del domingo 28 de junio de 2020.

Paz y Bien a todos. 

DOMINGO TRECE DEL AÑO.

2Reyes 4,8-11.14-16: El profeta Eliseo promete un hijo a la mujer estéril que le da acogida. Esto en prueba de agradecimiento, pero también para demostrar de dónde le viene la fecundidad.

Romanos 6,3-4.8-11: Pablo se vale del rito del bautismo para explicar de qué manera Dios nos justifica, es decir, nos libera del pecado y da vida nueva.

Mateo 10, 37-42: Conjunto de dichos de Jesús que se resumen en dos: unos que se refieren a las exigencias para ser discípulo y otros que se refieren a la acogida que se le debe dar a sus enviados.

1.- Eliseo, el Profeta de Dios, al igual que su maestro Elías, proclama que solamente el Señor es quien da la vida allí donde no la hay. Da la fecundidad allí donde reina la esterilidad. No son los baales los que dan la fecundidad.

Lo mismo nosotros. Como cristianos creemos en el Dios de la vida, que da la vida allí donde no la hay. San Pablo es quien afirma: “Nosotros tenemos fe en Aquel que resucitó a Jesús, nuestro Señor” (Romanos 4,24). Y esta fe es la que el Apóstol ejemplifica en la carta de hoy con el rito del bautismo. Cristo muerto fue sepultado, pero el Señor lo rescató del poder de la muerte. De igual modo nosotros, al creer, es decir, al aceptar que Dios es capaz de dar vida, hemos sido sumergidos con Él en el agua bautismal para ser también con Él resucitados, es decir, ser nuevas creaturas. Esa es la fe que tenemos, pero que debemos llevar a la práctica. Porque nosotros no creemos en teorías, ni en ideologías, ya que éstas no salvan, sino en el poder de Dios capaz de dar vida y fecundidad.

2.- Nosotros, los que aceptamos esta fe en Jesús, llegamos a ser sus discípulos, seguidores del Señor. Hemos hecho una opción por Él.  He aquí lo importante: el discípulo es el que ha hecho una opción fundamental por el Señor, opción que tiene un peso específico: un amor con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Y así es como debemos entender lo que dice hoy el Señor. Quien opta por Él lo está prefiriendo por encima de todo. Así como el que se casa, opta por su cónyuge con un amor preferencial. Ser discípulo, seguir al Señor implica todo esto.

Pero a veces se pone difícil el discipulado, porque al optar tenemos que renunciar. La lógica de Jesús es diferente a la nuestra. Para ganar hay que perder. Hay que morir para resucitar.

3.- Optar por el Señor es algo muy concreto. Porque el que ha optado por el Señor es alguien concreto, de carne y hueso, metido en una cultura determinada. Y esta realidad generalmente nos juega en contra porque no va con lo del Señor. (“Mis caminos no son los caminos de ustedes” Isaías 55,8). Estamos inmersos en una cultura de muerte, materialista y exclusivista. Y esto hace que el seguimiento de Cristo sea difícil. Es por eso que el Señor dice que hay que tomar la cruz, es decir, seguirle asumiendo nuestra propia realidad, nuestra historia, ese historial que tanto nos molesta.

Muchas veces nuestros actos no están de acuerdo con la opción que hemos hecho. Lo importante es que dichos actos ni afecten lo esencial de la opción por el Señor. Sólo cuando afectan a lo esencial de la opción hablamos de “pecado mortal”, es decir, un darle la espalda a Aquel por quien habíamos optado.

4.- Pero seamos positivos. Sabemos que somos frágiles. A veces nos sentimos estériles en la vivencia de la fe. Pero no. No son los ídolos, ni las ciencias las que dan la fecundidad a nuestra existencia; es el Señor capaz de dar la vida, como lo hizo con su Hijo Jesucristo, como lo hizo con nosotros en el bautismo.

Mientras caminamos en esta vida vivimos más bien una realidad adversa. Pero en fe esperamos la plenitud, la liberación.

La Eucaristía es el Pan del viajero, del que va caminando, y le da la fuerza para caminar en pos del Señor.

Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. Jueves 25 de junio de 2020

Hoy, jueves, 25 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (24,8-17):

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 78,1-2.3-5.8.9

R/.
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.» El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Me pidieron que asistiera a una convivencia con un buen grupo de jóvenes de unos 18 años, de distintos puntos de España, que se consideraban católicos, «practicantes» más o menos frecuentemente, y casi todos confirmados; muchos de ellos se habían formado en Colegios Religiosos. Y para situarme con ellos, les planteé algunas preguntas. Entre otras ésta: «¿Qué es para ti lo más difícil a la hora de vivir tu fe cristiana?». Sus respuestas creo que no serían muy distintas a las que me habrían dado creyentes de otras edades.

     Algunos se referían a la «incomodidad» de asistir a la Eucaristía dominical: a veces por el esfuerzo de levantarse «pronto» el domingo, a veces porque sus amigos no acudían y tenían que ir solos, a veces porque se sentían «raros» entre tanta gente mayor, y a veces porque entraba en conflicto con otras ‘obligaciones’ personales, como por ejemplo las deportivas. También aludieron a que solían aburrirse bastante en misa. En todo caso, para estos  jóvenes ser cristiano tenía que ver sobre todo con «las prácticas religiosas», o mejor dicho, con «la misa» dominical.

     Había quienes hacían una referencia general a la dificultad de «cumplir» con tantas obligaciones, como por ejemplo rezar. Algunos especificaban dificultades con respecto a «la pureza». Este tipo de respuestas hablan de una educación que yo llamaría de «Antiguo Testamento», donde hay normas y obligaciones mínimas (los diez mandamientos no dejan de ser unas prohibiciones mínimas) que cumplir para estar a bien con Dios. Y en donde se les ha insistido en el «tema» sexo como especialmente significativo a la hora de ser cristiano.

     No faltaban las alusiones al rechazo social por ser cristiano, o la sensación de pertenecer a una institución que no conecta mucho con los jóvenes (o con la sociedad), o que es demasiado tajante en algunos planteamientos (por ejemplo bioéticos), o que no encuentra su espacio en el mundo de la cultura, o que se posiciona a menudo con determinados partidos políticos…  Por no hablar de los escándalos dentro de la Iglesia.

     Por otro lado, pocos conocían o leían las Escrituras, y también expresaban sus dudas en temas como la resurrección, los milagros, el problema del mal en el mundo, la «utilidad de la oración», el sacramento del perdón… y otros.

     Seguramente los adultos podríamos añadir otras que han podido hacer temblar nuestra fe. El Evangelio de hoy habla de «riadas» que se llevan por delante una casa poco asentada, no bien construida, frágil. 

      Jesús ha venido explicando a lo largo del Sermón del Monte en qué consiste su proyecto del Reino, y en qué consiste ser discípulo suyo (=cristiano). Y el pasaje de hoy vendría a ser el resumen y conclusión de todo lo dicho hasta aquí: discípulo suyo es el que escucha su Palabra y la cumple, el que pone como cimiento de su vida las enseñanzas del Evangelio. 

     Se trata, por tanto, de construir mi persona (mi proyecto de vida), mi comunidad y la sociedad de la que formo parte sobre la Palabra de Jesús. Donde lo importante no es el decir «Señor, Señor» (una oración/culto separados de la vida y del compromiso por transformar la realidad, una oración llena de palabrería…), cuanto que nos preguntemos continuamente y procuremos discernir cuál es la voluntad de Dios para mí en cada momento de mi vida, de modo que vayamos haciendo nuestros los valores del Evangelio (los cimientos de la casa). Los cumplimientos y los mínimos de que he hablado antes quedan así del todo superados, tenemos que ir mucho más allá por convencimiento, por complicidad con el proyecto de Jesús. Jesús ha invitado a «hacer» la voluntad del Padre y no quedarnos en palabras o bellas intenciones. En esa voluntad el eje central siempre serán sobre todos en los otros, y especialmente los que están marginados, los que sufren, etc. Ser como él, vivir como él, para lo mismo que él, y apoyarnos en él. Esto es construir sobre roca.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 24 de junio de 2020.

Hoy, miércoles, 24 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 138,1-3.13-14.15

R/.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R/.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):

En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

La presencia de Juan Bautista en el santoral católico es del todo peculiar. Junto con Jesús y María, es el único del que celebramos la fiesta de su nacimiento, y pocos más pueden «presumir» de tener varias fiestas a su nombre (Pedro y Pablo). Dice Jesús: «Entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan el Bautista». Para añadir a continuación que el más pequeño de sus discípulos es mayor que él. O sea: que el Bautista es el profeta más relevante de la historia de la salvación… pero tú y yo -pequeños discípulos de Jesús- estamos por encima de él.

     Esta fiesta nos tiene que hacer mirar… hacia nosotros mismos. Porque el día de nuestro Bautismo fuimos consagrados como sacerdotes, reyes y «profetas». Es decir: que hemos sido consagrados al servicio de  Dios como portavoces de Jesús (eso es un profeta), como anunciadores y testigos del Reino, como denunciadores de la injusticia, la corrupción, como defensores de los más pobres. 

Nos fijamos en las lecturas escogidas para esta fiesta:

          § Siguiendo a Isaías, en la primera lectura, creo que hay que resaltar el gozo de autoproclamarse profeta a los cuatro vientos: Escuchadme, islas… pueblos lejanos… luz de las naciones… «tanto me honró el Señor, él es mi fuerza». No debemos ocultar ni arrinconar nuestra condición de profetas. Hemos sido elegidos, llamados por Dios, «él pronunció mi nombre» desde las entrañas maternas. Quiere decirse que no estamos aquí por casualidad, que hay Alguien que nos ha dado la existencia para que le sirvamos: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso», aunque no se indica aquí ningún motivo para este orgullo. Incluso podemos deducir que el «elegido» ha andado distraído, ocupado en otros asuntos, antes de descubrir su verdadera tarea o misión: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». 

     Ésta es la experiencia de muchos bautizados, que andamos cansándonos «en viento y en nada», gastando tontamente nuestras fuerzas… hasta el día en que descubrimos que el Señor ha intentado conducirnos, descubrirnos que él es nuestra fuerza, que nos honraba al querer contar con nosotros.

¿Para qué? Para hacernos «luz de las naciones». Es parecido a lo que Jesús anunció a sus discípulos: «Vosotros sois luz del mundo». Atentos a la expresión: «te hago». No dice «tienes que ser», no dice «esfuérzate en». Sino «te hago». Por ser llamado, consagrado, bautizado, elegido, hecho discípulo, el Señor nos convierte en «luz», hace de nosotros una luz para las gentes. Y hoy las gentes necesitan tanta luz, que seamos luz en medio de tanta confusión, de tanto bulo, de tanta agresividad, de tanta desgracia…

      § En cuanto al Evangelio, hay que destacar la «ruptura» que tiene lugar en el nacimiento, circuncisión e imposición del nombre al hijo de Zacarías e Isabel. Según la tradición judía, el hijo único (más aún si era de la casta sacerdotal) debía seguir y mantener la tradición del padre, cogerle el relevo.

El hecho de que el nombre del niño no coincida con el de su padre ni con el de ningún pariente (de la casta sacerdotal) quiere decir que va a seguir otros caminos («¿qué va a ser de este niño?»). El precursor del Mesías se aleja del templo donde ejercía su padre, de la estructura social judía, para convertirse en un «alternativo». Es lógico si es el precursor del Mesías, porque también Jesús se apartará del nacionalismo, de la estructura social de castas, se alejará del templo y del culto tradicional… para iniciar nuevos caminos.

    Juan optó por retirarse al desierto, apartarse de todo aquello que encerraba a Dios en esquemas fijos, en tradiciones, y legalismos,  etc… y poner otros acentos. El Bautista reclamará justicia y honradez; el Bautista denunciará la inmoralidad de los gobernantes; el Bautista llamará a un «cambio de vida», se dedicará a preparar caminos, despertar deseos, suscitar actitudes nuevas,  y a abrirse al mensaje de salvación del que viene detrás de él. Así que se convirtió en un personaje incómodo, como es incómodo cualquier portavoz de Dios (=profeta), y cualquiera que cuestiona las tradiciones y el sistema, o promueve cambios de fondo.

    Probablemente hoy tenga poco sentido marcharse al desierto y vestirse de maneras raras. Aunque el Papa no deja de insistirnos en que acudamos a las periferias existenciales, a los desiertos donde sobreviven tantas personas. Lo que sí sería significativo es tomar distancia crítica de muchas estructuras sociales y políticas, de no pocos «personajes» públicos cuyo estilo y opciones de vida están muy lejos del Evangelio, de tantas costumbres y tradiciones que hoy ya no valen… ponernos a discernir y practicar un estilo de vida alternativo, que en verdad sea «luz de las naciones». 

    La pandemia que estamos pasando ha dejado en evidencia muchas fragilidades: personales, sociales, políticas, económicas, y eclesiales. Muchos están reflexionando sobre los cambios necesarios en todos estos ámbitos. Me permito recomendar la reflexión del Papa, que puedes descargar aquí gratuitamente, en diversos idiomas: https://www.vaticannews.va/it/lev.html

   Jesús ya nos ofreció su estilo de vida alternativo y luminoso, él mismo fue «luz del mundo».  Pero tenemos que actualizarlo para nuestro mundo de hoy: Acoger y escuchar a los enfermos, a los mayores que están solos, a los emigrantes y refugiados, a los «descartados» del sistema, y prestar más atención a la justicia, a la paz, a la ecología, la solidaridad, la naturaleza… ser mucho más disponibles y serviciales, huir de la tentaciones de pactar con aquellos que buscan el beneficio para unos pocos, o para sí mismos, o para los de siempre. 

     En resumen: que las naciones, al mirar a los bautizados, pudieran comprobar que vamos «creciendo y nuestro carácter se afianza, porque la mano del Señor está con nosotros». Pidamos a Juan Bautista, que no nos falten profetas hoy, que nos recuerden lo esencial del Evangelio, y nos haga capaces de escucharlos y tenerlos debidamente en cuenta. Aunque a menudo nos descoloquen.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy