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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. jueves 02 de julio de 2020.

Hoy, jueves, 2 de julio de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Amós (7,10-17):

En aquellos días, Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, envió un mensaje a Jeroboam, rey de Israel: «Amós conjura contra ti en medio de Israel; la tierra ya no puede soportar sus palabras. Porque así predica Amós: «Morirá a espada Jeroboam. Israel saldrá de su país al destierro.»»
Dijo Amasías a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»
Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: «Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.» Y, ahora, escucha la palabra del Señor: Tú dices: «No profetices contra la casa de Israel, no prediques contra la casa de Isaac.» Pues bien, así dice el Señor: «Tu mujer será deshonrada en la ciudad, tus hijos e hijas caerán a espada; tu tierra será repartida a cordel, tú morirás en tierra pagana, Israel saldrá de su país al destierro.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18

R/.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,1-8):

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.»
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.»
Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.»» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Somos gente pacífica, ya tenemos nuestras costumbres e ideas bien arraigadas y lo de los profetas no nos parece una buena idea. Como mucho, los aceptamos si hacen lo que a nosotros nos parece correcto y propio de un profeta. No queremos profetas de esos que dicen y hacen cosas con las que pretenden que cambiemos nuestra forma de pensar y entender lo que está bien y está mal. 

      Las dos lecturas de este día son un ejemplo claro de esto. En la primera, el profeta dice cosas que no le gustan al rey. No tenemos que imaginar que el profeta tuvo una especial iluminación para decir lo que dijo. Posiblemente, le bastó con aplicar el sentido común: dada la forma de gobierno de Jeroboam, aquello no podía terminar de otra manera. Pasó que al rey no le gustó oír lo que el profeta dijo. Lo de que no le gustase se entiende. Lo que no se entiende es la solución que puso en práctica el rey: en lugar de cambiar su forma de gobierno y poner remedio así al desastre, expulsó al profeta y le mandó lejos, donde no pudiera oír su mensaje. 

      En el Evangelio pasa algo parecido con Jesús. La gente que rodea a Jesús sabe bien lo que quiere. Quieren curaciones que les faciliten la vida. Y basta. Eso de que venga Jesús diciendo que perdona los pecados, les transtorna su forma de pensar. En su esquema mental eso solo lo puede hacer Dios. Y no quieren cambio ninguno sobre ese tema. Eso que no se lo toquen. Pero un milagrero que cure sus cojeras, cegueras y enfermedades varias, eso les viene bien. Eso están dispuestos a aceptarlo. Pero nada más. 

      Termina el evangelio diciendo que la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad. No sabemos si se refiere a la potestad de hacer andar al paralítico o a la de perdonar los pecados. La realidad es que a Jesús lo terminaron matando. Como a lo largo de la historia hemos matado a tantos profetas. Matando o desterrando o alejando. Cualquier cosa antes que escuchar lo que no nos gusta oír, lo que nos cambia nuestros prejuicios, lo que es de sentido común. 

      Porque de sentido común era que Jeroboam no podía seguir gobernando de aquella manera. Y de sentido común es que Dios perdona los pecados y acoge y reconcilia. Porque el que es Amor no puede hacer otra cosa que amar. Por mucho que a nosotros nos guste que entre sus funciones, entre las funciones de Dios, estén las de condenar y castigar. Jesús, el gran profeta, el hijo del Hombre, el enviado de Dios no puede hacer otra cosa que perdonar, acoger, amar, reconciliar, sanar. 

      Muchas veces queremos que Dios sea como nosotros creemos que es, como nosotros lo imaginamos en vez de abrirnos a la imagen de Dios que se nos muestra en Jesús. Y, por eso, terminamos matando a Jesús. Y, por eso, terminamos, también hoy en día, matando a los profetas.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 01 de julio de de 2020.

Hoy, miércoles, 1 de julio de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Amós (5,14-15.21-24):

Buscad el bien y no el mal, y viviréis, y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como deseáis. Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal. Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos, del resto de José. «Detesto y rehúso vuestras fiestas –oráculo del Señor–, no quiero oler vuestras ofrendas. Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones, no me agradarán; no aceptaré los terneros cebados que sacrificáis en acción de gracias. Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 49

R/.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
«yo, Dios, tu Dios».» R/.

«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.» R/.

«Pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.» R/.

«Si tuviera hambre, no te lo diría:
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?» R/.

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,28-34):

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?»
Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara.»
Jesús les dijo: «Id.»
Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra de Dios

REFLEXIÓN :

Conviene que nos detengamos por un momento en la primera lectura. No es difícil de comprender como otras lecturas de los profetas. Va directo al centro de la cuestión: “Buscad el bien y no el mal, y viviréis.” Aquí podríamos terminar el comentario porque de golpe hemos  entrado en lo más importante de nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con los que nos rodean y hasta con este planeta. “Buscar el bien y no el mal” es la clave para caminar por la vida. Dios no espera de nosotros ni necesita que cantemos a cuatro veces un aleluya permanente. Las nubes de incienso de nuestras celebraciones no llegan al cielo. Se quedan bastante más abajo. Lo que sí llega al cielo es cuando me esfuerzo por hacer el bien y renuncio a hacer el mal, cuando ayudo al hermano o hermana en lugar de quitarle lo poco que tiene, cuando cuido este mundo porque es la casa común que Dios nos ha regalado a todos,, cuando abro las puertas de mi casa y de mi corazón para escuchar y acoger de verdad al que viene cansado y agobiado. Todo eso es hacer el bien. No es tan difícil saber cuando hacemos el bien y cuando no. 

      La primera lectura se cierra con una frase que también conviene que guardemos en el corazón. “Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como agua el juicio, la justicia como arroyo perenne.” Conclusión: ser justos y obrar la justicia es la mejor forma de alabar a Dios. Mejor que la cítara y los cantos y los inciensos y los golpes de pecho. 

      Claro que a veces obrar la justicia, ayudar al hermano me/nos trae malas consecuencias y dificultades para nuestra vida. ¡Qué le vamos a hacer! No iba a ser tan fácil seguir el camino de Jesús. El Evangelio es un ejemplo claro. Jesús cura al endemoniando. Era un hombre que sufría y eso, para Jesús es suficiente para actuar. Pero al pueblo no le gustó lo que había hecho Jesús. Entre el endemoniado y la piara, no tuvieron muchas dudas: preferían la piara.  Ya estaban acostumbrados al sufrimiento de aquel hombre. Lo podían soportar. Pero perder la piara… eso ya era demasiado. Así que rogaron a Jesús que se fuese del país, que dejase de molestar, que estaban tranquilos como estaban antes con su endemoniado y su piara de cerdos. 

      A veces nos pasa a nosotros algo parecido. Antes que asumir las incomodidades de hacer el bien preferimos la comodidad de seguir como estábamos. Con nuestros endemoniados pero también con nuestra piara. Pero ese no es el camino de Jesús. 

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 30 de junio de 2020.

Hoy, martes, 30 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Amós (3,1-8;4,11-12):

Escuchad esta palabra que dice el Señor, hijos de Israel, a todas las familias que saqué de Egipto:
«A vosotros solos os escogí, entre todas las familias de la tierra; por eso os tomaré cuentas por vuestros pecados. ¿Caminan juntos dos que no se conocen? ¿Ruge el león en la espesura sin tener presa? ¿Alza su voz el cachorro en la guarida sin haber cazado? ¿Cae el pájaro por tierra si no hay una trampa? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado? ¿Suena la trompeta en la ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor? Que no hará cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos, los profetas. Ruge el león, ¿quién no teme? Habla el Señor, ¿quién no profetiza? Os envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y fuisteis como tizón salvado del incendio, pero no os convertisteis a mí –oráculo del Señor–. Por eso, así te voy a tratar, Israel, y, porque así te voy a tratar, prepárate a encararte con tu Dios.»

Palabra de Dios

Salmo

Salmo 5,5-8

R/.
Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Vamos a echar un poco la mirada atrás, a la vida de nuestra familia y a nuestra vida personal. ¿Quién no se ha sentido alguna vez como los discípulos en la barca zarandeada por el temporal? Un temporal en el mar no es cosa de risa. Da miedo al más valiente. Recuerdo mis tiempos jóvenes en el seminario menor. Tenía por entonces 15 o 16 años. Y el Seminario estaba situado en una pequeña y preciosa ciudad del norte de España. En verano la playa se llenaba de veraneantes pero en invierno era otra cosa. La ciudad tenía su puerto, dedicado básicamente a la pesca. Un largo dique de cemento protegía el interior del puerto de los embates del mar. Tenía unos diez metros de ancho por otros 10 de alto sobre el nivel del mar. Aquel dique se quedó roto por la mitad una noche de temporal. ¿Os podéis imaginar la fuerza de las olas? 

      Pues hay personas que se sienten así ante las inclemencias de la vida: incapaces de mantenerse estables ante los golpes que parece que se suceden uno detrás de otro sin solución de continuidad. Enfermedades, problemas económicos, injusticias, problemas familiares, infidelidades… Todo parece que se junta para hacer la vida más difícil. 

      Y entonces, recurrimos a Dios. Seguro que alguna vez se nos ha venido a la mente la oración, simple, sencilla, urgente, de los discípulos, despertando a Jesús al grito de “¡Señor, sábanos, que nos hundimos!”

      El Evangelio cuenta la reacción de Jesús. Les increpa diciendo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!” Alguno pensará que les riñe, que no quiere que acudan a él en esos momentos de dificultad, en que se sienten amenazados por fuerzas insuperables. Yo prefiero pensar que es la reacción  normal de alguien a quien le despiertan de golpe durante un buen sueño. Lo más importante no son las palabras de Jesús sino lo que hace. Jesús se pone en pie, increpa a los vientos y al lago. Y, como resultado, vino una gran calma. 

      No hay que tener miedo a quejarse a Jesús. No hay que tener miedo a repetir la oración de los discípulos cuando la vida se nos pone de frente como un toro amenazándonos con sus cuernos. No hay que tener miedo a molestar a Jesús con nuestros gritos y peticiones de socorro. Lo que no hay que hacer nunca es tirarnos al agua, desesperarnos. Hay que mantenerse firmes ante la tribulación porque Jesús está ahí, cerca de nosotros. No sabemos cómo va a responder a nuestras oraciones. Pero, como somos gente de fe, de lo que estamos seguros es de que responderá.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Concilio Vaticano II: una semilla que sigue creciendo

Una gran gracia, una verdadera profecía para la vida de la Iglesia, un nuevo Pentecostés: así es como Juan Pablo II y Benedicto XVI hablaron del último Concilio. Una pequeña semilla que se ha convertido en un árbol que sigue dando frutos por obra del Espíritu Santo.

Sergio Centofanti

Este año, el 8 de diciembre, marca el 55 aniversario del fin del Concilio Vaticano II. Un acontecimiento que en este período está provocando un nuevo debate en la comunidad eclesial, frente a los que se están distanciando cada vez más de ella y los que quieren reducir su alcance y significado.

Un nuevo Pentecostés

Benedicto XVI usó una palabra fuerte: habló de un «nuevo Pentecostés». Fue testigo directo del Concilio, participando como experto, siguiendo al Cardenal Frings, y luego como testigo experto oficial: «Esperábamos que todo se renovara -dijo a los sacerdotes de Roma el 14 de febrero de 2013– que un nuevo Pentecostés llegara realmente, una nueva era en la Iglesia (…) sentíamos que la Iglesia no iba adelante, se encogía, que parecía más bien una realidad del pasado y no la portadora del futuro. Y en ese momento, esperábamos que esta relación se renovara, cambiara; que la Iglesia fuera una vez más la fuerza del mañana y la fuerza del hoy». Y citando a Juan Pablo II en la audiencia general del 10 de octubre de 2012, hace suya la definición del «Concilio como la gran gracia de la que se ha beneficiado la Iglesia en el siglo XX: en él se nos ofrece una brújula segura para guiarnos por el camino del siglo que se abre» (Novo millennio ineunte, 57): la «verdadera fuerza motriz» del Concilio – añade – fue el Espíritu Santo. Por lo tanto, un nuevo Pentecostés: no para una nueva Iglesia, sino para «una nueva era en la Iglesia».

La lealtad está en marcha

Lo que el Concilio ha mostrado más claramente es que el auténtico desarrollo de la doctrina, que se transmite de generación en generación, se realiza en un pueblo que camina unido guiado por el Espíritu Santo. Este es el corazón del famoso discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005. Benedicto habla de dos hermenéuticas: la de la discontinuidad y la ruptura y la de la reforma y la renovación en la continuidad. La «justa hermenéutica» es la que ve a la Iglesia como «un sujeto que crece con el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre igual, el único sujeto del Pueblo de Dios en camino». Benedicto habla de una «síntesis de fidelidad y dinamismo». La fidelidad está en movimiento, no está inmóvil, es un viaje que avanza por el mismo camino, es una semilla que se desarrolla y se convierte en un árbol que ensancha sus ramas, florece y produce frutos: como una planta viva, por un lado, crece, por otro tiene raíces que no se pueden cortar.

La continuidad y la discontinuidad en la historia de la Iglesia

¿Pero cómo podemos justificar una renovación en la continuidad ante ciertos cambios fuertes en la historia de la Iglesia? Desde que Pedro bautizó a los primeros gentiles sobre los que descendió el Espíritu Santo y dijo: «Verdaderamente me doy cuenta de que Dios no hace acepción de personas, pero el que le teme y practica la justicia, cualquiera que sea el pueblo al que pertenece, le es grato» (Hechos 10:34-35). Los circuncisos le reprochan, pero cuando Pedro explica lo que ha sucedido, todos glorifican a Dios diciendo: «¡Así que Dios también ha concedido a los gentiles que se conviertan para que tengan vida! (Hechos 11:18). Es el Espíritu quien indica lo que hay que hacer y nos hace movernos, nos hace avanzar. En 2000 años de historia, ha habido muchos cambios en la Iglesia: la doctrina sobre la salvación de los no bautizados, el uso de la violencia en nombre de la verdad, la cuestión de las mujeres y los laicos, la relación entre la fe y la ciencia, la interpretación de la Biblia, la relación con los no católicos, los judíos y los seguidores de otras religiones, la libertad religiosa, la distinción entre la esfera civil y la religiosa, por mencionar sólo algunos temas. Benedicto XVI, en el mismo discurso a la Curia, reconoce esto: en ciertos temas «una discontinuidad se ha manifestado de hecho». Por ejemplo, más allá del razonamiento de contextualización filosófica, teológica o histórica para demostrar una cierta continuidad, primero se dijo no a la libertad de culto para los no católicos en un país católico y luego se dijo sí. Así que, una indicación muy diferente en la práctica.

El escándalo de una Iglesia que aprende

Benedicto XVI utiliza palabras significativas: «Tuvimos que aprender a comprender más concretamente que antes«, «fue necesario un amplio replanteamiento», «aprender a reconocer». Como Pedro que, después de Pentecostés, todavía tiene que entender cosas nuevas, todavía tiene que aprender, todavía tiene que decir: «Me estoy dando cuenta de que…». No tenemos la verdad en nuestros bolsillos, no «poseemos» la verdad como una cosa, pero pertenecemos a la Verdad: y la Verdad Cristiana no es un concepto, es el Dios vivo que sigue hablando. Y refiriéndose a la Declaración del Concilio sobre la Libertad Religiosa, Benedicto XVI declara: «El Concilio Vaticano II, reconociendo y haciendo suyo con el Decreto sobre la Libertad Religiosa un principio esencial del Estado moderno, ha retomado una vez más la herencia más profunda de la Iglesia. Puede ser consciente de que está en plena sintonía con la enseñanza del mismo Jesús (cf. Mt 22,21), así como con la Iglesia de los mártires, con los mártires de todos los tiempos». Y añade: «El Concilio Vaticano II (…) ha revisado o incluso corregido algunas decisiones históricas, pero en esta aparente discontinuidad ha mantenido y profundizado su naturaleza íntima y su verdadera identidad. La Iglesia es, tanto antes como después del Concilio, la única, santa, católica y apostólica Iglesia en el camino a través del tiempo».

Una continuidad espiritual

Entonces podemos ver mejor que la continuidad no es simplemente una dimensión lógica, racional o histórica, es mucho más que eso: es una continuidad espiritual en la que el mismo y único Pueblo de Dios camina unido, dócil a las indicaciones del Espíritu. La hermenéutica de la ruptura es llevada a cabo por aquellos que en este viaje se separan de la comunidad, rompen la unidad, porque se detienen o van demasiado lejos. Benedicto habla de los dos extremos: los que cultivan la «nostalgia anacrónica» y los que «corren hacia adelante» (Misa 11 de octubre de 2012). Ya no escuchan al Espíritu que pide fidelidad dinámica, sino que siguen sus propias ideas, se apegan sólo a lo viejo o sólo a lo nuevo, y ya no saben cómo unir las cosas viejas con las nuevas, como hace el discípulo del reino de los cielos.LEA TAMBIÉN13/03/2018

Cinco años con Francisco entre las sorpresas del Espíritu

La novedad del Papa Francisco

Después de los grandes Papas que lo precedieron, llegó Francisco. Está siguiendo la estela de sus predecesores: es la semilla que se desarrolla y crece. La Iglesia continúa. Muchas noticias distorsionadas o falsas se ponen en circulación sobre Francisco, como sucedió con el predecesor Benedicto y muchos otros sucesores de Pedro. Ni los dogmas o mandamientos, ni los sacramentos, ni los principios sobre la defensa de la vida, la familia, la educación han cambiado. Las virtudes teológicas o cardinales no han cambiado y tampoco los pecados mortales. Para comprender mejor la novedad en la continuidad de Francisco, más allá de las distorsiones y falsedades evidentes, hay que leer la Exhortación Apostólica «Evangelii gaudium», el texto programático del Pontificado. Comienza así: «La alegría del Evangelio llena los corazones y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Aquellos que se dejan salvar por Él se liberan del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo la alegría siempre nace y renace». Lo primero es la alegría del encuentro con Jesús, nuestro Salvador.LEA TAMBIÉN13/03/2018

Los cinco años de Pontificado de Francisco

Un estilo de cercanía y cordialidad que no condena

El Papa nos invita a «recuperar la frescura original del Evangelio» y a transmitirlo a todos. Nos pide que nos centremos en lo esencial, el amor a Dios y al prójimo, evitando un modo de proclamación «obsesionado por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia (…) en este núcleo fundamental lo que brilla es la belleza del amor salvador de Dios manifestado en Jesucristo, muerto y resucitado». En cambio, sucede que se habla «más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios». Instó a que la primera proclamación siempre resonara: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado todos los días, para iluminarte, fortalecerte, liberarte. Pidió un estilo de «cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condene». Indica el arte del acompañamiento, «para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias frente a la tierra sagrada del otro» que debe ser visto «con una mirada respetuosa y compasiva, pero a la vez sana, libre y animadora para madurar en la vida cristiana».

Eucaristía: no es una recompensa para los perfectos, sino un alimento para los débiles

Quería una Iglesia con las puertas abiertas: «Ni siquiera las puertas de los Sacramentos deben cerrarse por ningún motivo». Así, «la Eucaristía, aunque constituye la plenitud de la vida sacramental, no es una recompensa para los perfectos sino un generoso remedio y alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. Con frecuencia actuamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una casa de costumbres, es la casa del padre donde hay lugar para todos con su agotadora vida». De ahí la sugerencia de iniciar caminos de discernimiento caso por caso para evaluar la posible admisión a los sacramentos de quienes viven en situaciones irregulares, como se menciona en la Exhortación Amoris laetitia. Es un paso que tiene como propósito acercar a la gente y acompañarla mirando la salvación de las personas y la misericordia de Jesús. Las normas pueden convertirse en piedras como le pasó a la mujer sorprendida en adulterio. E incluso ciertas preguntas de hoy recuerdan a las que los escribas y fariseos le hicieron a Jesús hace 2000 años: «Maestro, esta mujer fue sorprendida en flagrante adulterio. Ahora Moisés, en la Ley, nos ha ordenado apedrear a las mujeres como esta. ¿Qué dices a eso?» (Juan 8, 4-5). Sabemos la respuesta de Jesús.

Juan Pablo II: El Concilio seguirá dando frutos

Francisco sólo continúa en el camino del Concilio. Una continuidad espiritual, porque el Espíritu sigue hablando. «La pequeña semilla que puso Juan XXIII» – afirmó San Juan Pablo II el 27 de febrero de 2000 – ha crecido, dando vida a un árbol que ahora ensancha sus majestuosas y poderosas ramas en la viña del Señor. Ya ha dado muchos frutos (…) y muchos más en los próximos años. Una nueva temporada se abre ante nuestros ojos (…) El Concilio Ecuménico Vaticano II fue una verdadera profecía para la vida de la Iglesia; seguirá siéndolo durante muchos años del tercer milenio que acaba de comenzar.

Juan XXIII: la Iglesia usa la medicina de la misericordia

Hoy como ayer. En la apertura del Concilio, el 11 de octubre de 1962, San Juan XXIII declaró: «A menudo… sucede… que, no sin ofender a Nuestros oídos, se nos dice de las voces de algunos que, aunque son celosos de la religión, evalúan… los hechos sin suficiente objetividad o juicio prudente. En las condiciones actuales de la sociedad humana, no ven más que ruinas y problemas; dicen que nuestra época, comparada con los siglos pasados, es peor; y llegan a comportarse como si no tuvieran nada que aprender de la historia, que es la maestra de la vida, y como si en el tiempo de los anteriores Concilios todo procediera felizmente en lo que se refiere a la doctrina cristiana, la moral y la justa libertad de la Iglesia. Nos parece que debemos estar decididamente en desacuerdo con estos profetas de la desgracia, que siempre anuncian lo peor, como si el fin del mundo se acercara». Y hablando de errores de naturaleza doctrinal añadió: «No hay tiempo en que la Iglesia no se haya opuesto a estos errores; a menudo los ha condenado, y a veces con la mayor severidad. En cuanto a la actualidad, la Esposa de Cristo prefiere utilizar la medicina de la misericordia en lugar de armarse con las armas del rigor; piensa que debemos responder a las necesidades de hoy exponiendo más claramente el valor de su enseñanza en lugar de condenarla».

Pablo VI: para la Iglesia nadie está excluido, nadie está lejos

En la clausura del Concilio, el 8 de diciembre de 1965, San Pablo VI en su «saludo universal» afirmó: «Para la Iglesia Católica nadie es un extraño, nadie está excluido, nadie está lejos… Este Nuestro saludo universal lo dirigimos también a ustedes, hombres que no nos conocen; hombres que no nos entienden; hombres que no nos creen útiles, necesarios y amigos de ustedes; ¡y también a ustedes, hombres que, quizás pensando en hacer el bien, se oponen a Nosotros! Un saludo sincero, un saludo discreto, pero lleno de esperanza; y hoy, créanlo, lleno de estima y amor… He aquí, este es Nuestro saludo: Que encienda en nuestros corazones esta nueva chispa de la caridad divina; una chispa que pueda encender los principios, las doctrinas y los propósitos que el Concilio ha preparado, y que, tan inflamada de caridad, pueda verdaderamente obrar en la Iglesia y en el mundo esa renovación de los pensamientos, de la actividad, de las costumbres y de la fuerza moral y de la alegría y la esperanza, que era el propósito mismo del Concilio.

Decir buenas palabras en este difícil momento

En esta época en la que la Iglesia Católica está particularmente afectada por los contrastes y divisiones, nos hace bien recordar las exhortaciones de San Pablo a las primeras comunidades cristianas. Recuerda a los gálatas que «toda la ley (…) encuentra su plenitud en un solo precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo». Pero si se muerden y se devoran mutuamente – advierte – ¡al menos asegúrense de no destruirse completamente! Les digo, pues, que anden según el Espíritu» (Gal 5, 14-16). Y a los Efesios añade: «No deben salir nunca más de sus bocas palabras malas, sino palabras buenas que sirvan para la necesaria edificación, en beneficio de los que escuchan». Y no te entristezcas por el Espíritu Santo de Dios, por el cual estás marcado para el día de la redención. Que desaparezca de ti toda amargura, indignación, ira, furia, clamor y calumnia con toda clase de malicia. Sean benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Ef 4, 29-32). ¿Qué pasaría si ponemos en práctica esta palabra «sine glossa»?

Fuente. : https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-06/concilio-vaticano-ii-una-semilla-sigue-creciendo.html

EDD. sábado 27 de junio de 2020.

Hoy, sábado, 27 de junio de 2020

Primera lectura

Lectura de las Lamentaciones (2,2.10-14.18-19):

El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.
¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 73

R/.
No olvides sin remedio la vida de tus pobres

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados,
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu morada. R/.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R/.

En la entrada superior
abatieron a hachazos el entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17):

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve», y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

      Al entrar en la ciudad se acercó a Jesús un militar romano, por tanto pagano, uno de esos de los que «los buenos» israelitas tenían que apartarse, uno de los que no tenían por qué habérsele acercado, y menos aún con la intención de pedirle favores. Pero este centurión, aún siendo representante del poder opresor romano, debía llevarse bien con los judíos, pues les había construido una gran sinagoga con dinero de su propio bolsillo (esto nos lo cuentan otros evangelistas).

Jesús le presta atención, a pesar de toda la gente que en ese momento le rodeaba. A Jesús la presencia de la gente no le impide darse cuenta cuándo alguien lo necesita realmente. Allí están colocados los dos, frente a frente: Jesús y el militar. Tuvo que vencer el probable rechazo por mezclarse con un grupo de judíos, por dejar ver su necesidad, su preocupación, su dolor por la enfermedad de uno de sus sirvientes: «Tengo un criado paralítico».  

Y Jesús terminará alabándolo delante de todos:«Os aseguro que en ningún judío, en ninguno de vosotros, que sois el pueblo elegido, he encontrado tanta fe».

      No debió caerles nada bien semejante alabanza: Es mejor, tiene más fe que vosotros…. Pero si no practica los santos ritos judíos, no sigue la Ley de Moisés, no pertenece al Pueblo de Dios, ni adora al único Dios: él se debe y pertenece al emperador de Roma…

     El criado paralítico no está presente en la escena. Ha quedado en casa postrado en cama. Pero podemos afirmar que ha sido él quien ha «empujado» a su amo a acercarse a Jesús, y superar el qué dirán, la vergüenza y el posible rechazo. Se ve que están muy unidos. Realmente aquí no hay «amo» y «esclavo», sino dos personas unidas entrañablemente por el cariño mutuo. El cariño es especialista en suprimir diferencias, superar distancias y clases sociales, igualar a las personas, y tender puentes. 

    Esto lo sabe apreciar Jesús. Y decide ayudarlo. No se sabe quién estaba ayudando a quién: si el centurión al pedir la curación de aquel enfermo… o el enfermo haciendo que el centurión se encuentre con Jesús de Nazareth, de modo que ponga en evidencia su fe, su esperanza, su confianza en aquel profeta de Galilea. A quien considera con mucha autoridad, como para curar a distancia.

   Podríamos plantearnos si esta fe es válida, porque ha nacido de la necesidad de resolver un problema, de ayudar a alguien que sufre. Pero ¿quién puede acusar de interés o de inmadurez a quien se ocupa y preocupa por la vida de otro? Probablemente no conocía gran cosa sobre Jesús, ni su mensaje. Seguramente no encaja en lo que nosotros llamaríamos «un creyente». Pero confía, sabe que aquel Maestro tiene una fuerza especial, que podría hacer algo por él… y se acerca humildemente: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa». No tengo ningún derecho a pedirte que vengas, no quiero siquiera molestarte, no tengo ningún mérito para que te dignes desplazarte a mi casa.  «Basta con tu palabra».

    Este capitán sabe mucho y confía mucho. Sabe que la Palabra de Jesús tiene autoridad, incluso sobre la enfermedad, la suya es una palabra con fuerza salvadora y sanadora, que está cargada de vida. Eso le basta. Es una palabra capaz de «transformar», de«cambiarnos», de hacernos mejores.

   Con esta fe debiéramos acercarnos siempre a la Palabra: tanto en la Liturgia, como en la oración personal. Me hace recordar aquellas otras palabras de María: «Que se haga en mí tu Palabra». Nos falta mucha fe para llegarle a las botas a este «creyente pagano». «Que suceda según tu fe». Esta es la cosa: nuestra fe en el Señor es lo que cambia y lo que nos cambia. Y es lo que nos falta. El Señor hoy nos lo pone como ejemplo.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy