Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 24 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

ESTO dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,4-5.6-7.16-17.18-19

R/. El Señor libra de sus angustias a los justos

V/. Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

V/. Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

V/. Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.

V/. Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

He preguntado a la inteligencia artificial el número de Padrenuestros que se recita diariamente en el mundo. Me dice que puede estimarse entre 1.500 y 2.500 millones. También me dice que donde más se reza es en África, especialmente en Nigeria y Uganda. Sigue la lista con Hispanoamérica y Estados Unidos. Europa va bastante por debajo… Y así, muchos datos más que indican que es la oración que bate todos los récords.

En lo alto del Monte de los Olivos, en Jerusalén, se alza la Iglesia del Paternoster y en el claustro y espacios anejos, la oración está grabada en azulejos en 140 idiomas… El lugar, dice la tradición, es precisamente dónde los discípulos pidieron al Maestro que les enseñara a orar.
Es seguro que, además de recitado, supera en comentarios a cualquier otro texto de cualquier género y de cualquier creencia. Así que ¿qué puedo escribir yo que no haya sido escrito mejor por cientos de autores (creyentes o no) y cientos de santos, desde Gregorio de Nisa hasta Carlo Acutis?…

Bueno, me limitaré a recomendar el comentario de San Agustín, que define la oración como “itinererio de la felicidad”, con un subrayado en el “nosotros”, desde la primera frase. Dios es nuestro Padre y esto nos hace hermanos por gracia. Al rezar, aunque lo hagamos solos y no en grupo, el Padre nuestro nos sitúa en la comunidad de fe, pero también en la comunidad humana, como hermanos, hijos del Padre Creador, hermanos de Jesús el Hijo y corazones que pueden ser habitados por el Espíritu Santo. Que pidamos la gracia de decirlo, no mecánicamente, sino “acariciando” amorosa y agradecidamente cada palabra.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 23 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Levítico (19,1-2.11-18):

EL Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No robaréis ni defraudaréis ni os engañaréis unos a otros.
No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni le robarás. No dormirá contigo hasta la mañana siguiente el jornal del obrero.
No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No daréis sentencias injustas. No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico. Juzga con justicia a tu prójimo.
No andarás difamando a tu gente, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,8.9.10.15

R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

V/. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.

V/. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

V/. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

V/. Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a yerme”.
Entonces los justos le contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.
Entonces también estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará:
“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Salta a la vista la relación estrechísima entre las lecturas de hoy del Levítico y del Evangelio de Mateo. Digamos que las dos se refieren al núcleo esencial de la existencia cristiana. Hablan del amor… O mejor del Amor que incide en toda nuestra vida y santifica, nos hace santos.
La primera lectura, después de describir las conductas que hay que erradicar, siempre precedidas de un “No” rotundo, concluye con una afirmación: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y la razón para hacerlo es que quien habla es el Señor. Y como nos dirá Juan en su Evangelio “Dios es amor” y nos ha creado a su imagen.

Casi tres milenios después el mandato sigue vigente, solo que hemos enredado tanto con las palabras que es posible que el término se haya distanciado o extraviado demasiado de su sentido primero. Hace unos años, creo, se estrenó una película cuyo título era Por qué lo llamamos amor si queremos decir sexo. Cambiando la última palabra hagamos el ejercicio de preguntarnos por las segundas intenciones que tenemos a veces cuando actuamos supuestamente por amor. Las respuestas pueden ser variadas: para reforzar nuestra autoestima, para ser admirados, para sentirnos buenas personas, para que nos aplaudan, para alardear discretamente de alguna superioridad moral, para sentirnos dentro del grupo de los “buenos”, para contarnos entre los elegidos…

La segunda lectura nos da la clave para amar al prójimo con un corazón limpio. Jesús anuncia su venida en su gloria cuando separará a los que hicieron el bien de los que no lo hicieron, con una fórmula luminosa: Él es la medida porque cada vez que hicimos algo bueno por el prójimo lo hicimos por Él.

Tenemos que aprender a ver al Señor en el hambriento, el enfermo, el necesitado, el pobre. Y para aprender con verdad a verlo, necesitamos de su gracia. Resumiendo: actuemos por amor y con amor en defensa y para hacer el bien a quienes necesitan nuestra ayuda, teniendo impresa en el corazón la imagen de Jesucristo, el Señor.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para el domingo 22 de febrero de 2026.

CUARESMA I. A
Génesis 2,7-9;3,1-7: Poema de la creación, no una historia Sus personajes no son históricos, sino representan a la humanidad toda. Se nos presenta la respuesta negativa del hombre a lo que Dios quiere.
Romanos 5,12-19: se establece un paralelo: Cristo y Adán, por Adám entra el pecado, por Cristo la vida.
Mateo 4,1-11: Cristo vence las tentaciones en el desierto.

1.- La Palabra de Dios en el Génesis nos presenta de una manera muy plástica, pero no histórica, el drama de la humanidad. Sus personajes son más reales que si fueran históricos, pues llevan en sí la realidad del hombre de todos los tiempos. Después de mostrar poéticamente la creación del hombre, a quien el Señor infunde la vida, se nos presenta la respuesta del hombre, que es negativa: quiere ser como Dios. Como consecuencia se rompe la armonía, el hombre se da cuenta que está desnudo, es decir, que es una simple creatura y no Dios y ha de vivir dominado por el mal.
Hay que decirlo, este relato no es ni un mito n iun relato histórico, sino una reflexión teológica que proclama el Plan salvífico de Dios.
2.- Y así lo trasmite san Pablo al establecer el paralelo entre Adán, el desobediente, y Cristo, el obediente por excelencia. Si la desobediencia de Adán nos carreó la muerte, la obediencia de Cristo, el nuevo Adán, nos trae la vida; Él realiza y representa una historia de misericordia y salvación para todo para todo el que cree en Él. La obediencia de Cristo es causa de la absolución de los delitos del hombre, es decir, es el indulto que posibilita la verdadera vida, la plena. Si Dios nos creó maravillosamente, más maravillosamente nos recreó en Jesucristo.
3.- La desobediencia es pecado, es vivir centrado en uno mismo, es endiosarse a sí mismo. Esta es la raíz de todos los males; el ser humano que se siente superior a los demás. Y la historia de la humanidad es la historia de tantos endiosamientos de ideologías, razas, personas y grupos que se siente y creen superiores a los demás. Y ya sabemos cuál es el resultado: ruptura con Dios, ruptura con el hombre y ruptura con la creación. Se pierde la armonía, que es lo que Dios quiere de todos nosotros.
No se puede invocar a Dios para justificar los genocidios y atropellos habidos en la humanidad, los que actualmente hay y los que habrá en el futuro. Porque todo eso es desarmonía y muerte.
4.- Los 40 años de Israel en el desierto son retomados por Jesús en estos 40 días en el desierto, en el que Él fue sometido a la prueba. La diferencia está en que Jesús venció en un duelo muy singular. Porque tanto el tentador como Jesús usaron la Palabra de Dios como una espada. Jesús supo blandirla mejor.
Las tentaciones de Jesús atentan al mismo contenido de su función mesiánica. Frente a un mesianismo terrenal (que a muchos seduce), Jesús acepta el Plan del Padre. Su mesianismo pasa por la obediencia total al Padre y con los medios humildes y pobres, propios del Reino de Dios.
Pero también nos presenta a Cristo venciendo las tentaciones que hicieron sucumbir al Pueblo de Dios en el desierto, como lo dice muy bien Deuteronomio 8,2: “ Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz y no de guardar sus mandamientos”.
Cuaresma, tiempo de conversión, en el que se nos prepara en nuestra peregrinación a la Pascua. Peregrinamos por el desierto de este mundo expuestos a tantas tentaciones, el creernos dueños del mundo y de la humanidad. Es tiempo de reflexión, de encausar nuestras vidas por el Camino del Señor, acatando su Plan. Aquí comemos el único Pan con el cual vive el hombre, a Jesús bendito, Señor de todos nosotros.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 21 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (58,9b-14):

ESTO dice el Señor:
«Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre,
hartará tu alma en tierra abrasada,
dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado,
un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,
volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;
te llamarán “reparador de brechas”,
“restaurador de senderos”,
para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado,
para no hacer negocios en mi día santo,
y llamas al sábado “mi delicia”
y lo consagras a la gloria del Señor;
si lo honras, evitando viajes,
dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,
entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país
y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 85,1-2.3-4.5-6

R/. Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad

V/. Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R/.

V/. Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R/.

V/. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,27-32):

EN aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

¿Cuál es la actitud de Jesús ante el pecado? A veces, a causa de la confrontación con los fariseos y los escribas, que se consideraban justos, podemos tener la impresión que Jesús acogía a los pecadores sin más, en su condición de pecadores, y sin más exigencias. Pero esto no es así. Dios odia el pecado, pero ama al pecador. Porque el pecado nos mengua, nos limita y puede llegar a destruirnos. El amor al pecador significa llamar a la conversión. Y la conversión no es sólo la voluntad de renunciar al mal, como suena la fuerte llamada de Isaías, sino ponerse en el camino del bien. De ahí que Jesús no se acerque a Leví y le suelte un discurso moralizante, haciéndole ver el mal que está haciendo, para que deje ese estilo de vida, sino que lo llama directamente al seguimiento, a convertirse en un apóstol, en un enviado de la buena noticia del Evangelio. Jesús no sólo venda las heridas, sino que, como buen médico, restablece la salud; no se limita a denunciar el mal, sino que llama a un ideal de Bien absoluto. En la respuesta de Jesús a los fariseos y escribas suena también esa misma llamada. El mal de estos pretendidos justos es más grave, porque está escondido bajo una capa de aparente virtud. Pero también a ellos se dirige la llamada a la conversión y la oferta de curación.

Nosotros somos en ocasiones como Leví, sentados en nuestra mesa de impuestos, en nuestro pequeño mundo de intereses pequeños, a veces mezquinos, con sus inquinas y sus malas costumbres, pero que se han convertido en nuestra cotidianidad. Y a esa mesa se acerca Jesús para que demos un paso, para que iniciemos un camino. Y no debemos buscar la excusa de que, en realidad, nosotros ya estamos convertidos y ya hemos respondido a la llamada, pues llevamos un vida pasablemente cristiana. Si es así, podemos vernos en los escribas y fariseos, y escuchar la incómoda crítica de Jesús: no nos creamos justos, porque también los que se consideran así están necesitados de conversión, tal vez más que los que cometen pecados patentes, también a esos (a nosotros) les dice Jesús “sígueme”.

Y no olvidemos que la respuesta a la llamada es el preludio de una gran fiesta.

José María Vegas, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD..viernes 20 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de lsaías (58,1-9a):

ESTO dice el Señor Dios:
«Grita a pleno pulmón, no te contengas;
alza la voz como una trompeta,
denuncia a mi pueblo sus delitos,
a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario,
desean conocer mi voluntad.
Como si fuera un pueblo que practica la justicia
y no descuida el mandato de su Dios,
me piden sentencias justas,
quieren acercarse a Dios.
“¿Para qué ayunar, si no haces caso;
mortificarnos, si no te enteras?”
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios
y apremiáis a vuestros servidores;
ayunáis para querellas y litigios,
y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo,
si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia:
inclinar la cabeza como un junco,
acostarse sobre saco y ceniza?
¿A eso llamáis ayuno,
día agradable al Señor?
Este es el ayuno que yo quiero:
soltar las cadenas injustas,
desatar las correas del yugo,
liberar a los oprimidos,
quebrar todos los yugos,
partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo,
cubrir a quien ves desnudo
y no desentenderte de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.18-19

R/. Un corazón quebrantado y humillado,
tú, Dios mío, no lo desprecias

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-15):

EN aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Muchos identifican el tiempo de Cuaresma con el ayuno, hasta el punto de que en la tradición oriental este tiempo se llama también “el gran ayuno”. Pero el ayuno como tal es algo relativo y secundario, aunque también sea una práctica religiosa venerable. No es extraño que, al comienzo de la Cuaresma, ya el miércoles, Jesús no nos diga que debamos ayunar (y orar y dar limosna), sino cómo debemos hacerlo para que esas prácticas realicen su verdadero sentido, y cómo no, para que no se conviertan en un ejercicio de hipocresía. Isaías fustiga con dureza esa hipocresía, que se cree con derecho de exigir a Dios, en virtud de prácticas acompañadas de actitudes inmorales. Como vemos en el Evangelio de hoy, Jesús relativiza el ayuno, que tanto practicaban los fariseos y los discípulos de Juan, haciéndoles ver algo esencial que se escapaba a sus interlocutores. El ayuno es una privación voluntaria como preparación de algo que se espera. Y Jesús afirma que si sus discípulos no ayunan es porque aquello, o mejor, Aquel al que esperaban ya ha llegado. Se han inaugurado los tiempos mesiánicos, y, por tanto, no es tiempo de renuncias, sino de escucha. Más que renunciar al alimento, es necesario aceptar a Jesús, escuchar su palabra, hacer de ella la norma de nuestra vida. Jesús, el esposo, está entre nosotros, y no debemos distraernos en otras prácticas, por muy sagradas que sean. Es necesario primero prestar atención a lo fundamental, como nos lo recuerda también Isaías: practicar la justicia, oponerse a la injusticia, estar atentos a las necesidades de los que sufren. Y es entonces, cuando nos dedicamos a practicar las obras de la justicia y la misericordia, cuando el ayuno vuelve a aparecer con todo su sentido. Vivir de acuerdo con la Palabra de Jesús significa, con frecuencia, renunciar a algo (alimento, tiempo, dinero, medios…) a lo que tengo derecho, para hacer el bien. Y esa identificación con el Jesús que sufre significa aceptar su cruz, que es a lo que alude Jesús cuando alude al esposo que será arrebatado.

José María Vegas, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 19 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (30,15-20):

MOISÉS habló al pueblo, diciendo:
«Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Pues yo te mando hoy amar al Señor, tu Dios, seguir sus caminos, observar sus preceptos, mandatos y decretos, y así vivirás y crecerás y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla.
Pero, si tu corazón se aparta y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y les sirves, yo os declaro hoy que moriréis sin remedio; no duraréis mucho en la tierra adonde tú vas a entrar para tomarla en posesión una vez pasado el Jordán.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

V/. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

V/. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,22-25):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La alternativa que propone Moisés es un lúcido resumen de la vida misma. Los dos caminos que presenta al pueblo de Israel, recomendándole elegir el de la vida, el bien y la bendición, y rechazar con decisión el de la muerte, que es el del mal y la maldición, representan la encrucijada en la que nos encontramos siempre. En principio, la elección parece clara. ¿Quién quiere la muerte o la maldición? Todos estamos habitados por un deseo casi instintivo de vida y de bendición. Y como es el bien lo que conduce a ellas, la cosa es evidente.

Pero sabemos que, en la práctica, la elección no es tan sencilla. En primer lugar, porque ese camino que lleva a la vida y la bendición no es un camino directo. Con frecuencia la consecución de bienes que satisfacen nuestras necesidades reales nos inclina a tomar decisiones o realizar acciones que nosotros mismos reconocemos como incorrectas. Son situaciones de conflicto moral (y religioso) que nos ponen a prueba. Pero es que, además, el mal se disfraza muchas veces de bien, bajo los ropajes de lo “permitido”, del “derecho” que creo tener, y de muchas otras formas, de modo que nos parece que actuar así no sólo es un mal menor para la consecución de un cierto bien, sino que es precisamente lo que debemos hacer. Pero las malas consecuencias de esas decisiones equivocadas siempre acaban llegando, a veces ya en esta vida, o, si no es así, en ese tribunal de Dios ante el que todos deberemos comparecer.

Jesús, que es el camino y la verdad que llevan a la vida, no nos engaña. Nos recuerda que no hay atajos, y que el camino del bien es empinado, y la puerta que lleva a la vida es estrecha. Es el camino de la cruz. Pero, cuidado, este camino no es el del sufrimiento por el sufrimiento, ni es la negación de las alegrías de la vida. Es, sencillamente, el camino del amor. El amor verdadero es esforzado, conoce renuncias, está dispuesto a sufrir por la persona amada. Dar la vida por amor es el mejor modo de ganarla. Porque dándola, damos vida a otros, y perdiéndola (en las grandes y pequeñas renuncias que el amor nos exige) abrimos espacio en nosotros para recibir el gran don del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús, que no solo nos exhorta, sino que él mismo ha recorrido ese camino, para que nosotros podamos seguirlo.

José María Vegas, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Cuaresma.

Hoy iniciamos la Cuaresma, un tiempo que nos invita a abrazar no como una carga, sino como una bendita oportunidad para retornar a la sencillez del Evangelio.

Siguiendo las huellas de San Francisco, este desierto de cuarenta días se convierte en un espacio sagrado para despojarnos de todo aquello que nos sobra y nos aleja del hermano.

Te invitamos a vivir este tiempo con la mirada puesta en la minoridad, buscando a Dios no en las grandes palabras, sino en el silencio del corazón y en la fragilidad de lo pequeño.

Paz y bien!

EDD. Miércoles de Ceniza, 18 de febrero de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

AHORA —oráculo del Señor—,,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra
y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

V/. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

HERMANOS:
Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En el tiempo favorable te escuché,
en el día de la salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En el comienzo de la Cuaresma todos, de un modo u otro, pensamos o sentimos la necesidad de poner en orden nuestra vida, de realizar un acto de conversión. Aunque ya estamos convertidos, en el sentido de que creemos en Cristo y tratamos de seguirlo, nos damos cuenta de que necesitamos renovar la conversión, pues hay aspectos de nuestra vida que todavía están lejos de la fe que profesamos. Se trata de hacer una especie de ITV del alma.

Nos miramos en un espejo espiritual (la Palabra de Dios, la liturgia) y descubrimos nuestra pobreza, nuestra miseria, nuestros pecados y nuestra resistencia a prescindir de ellos. De ahí los llantos y los lamentos de que nos habla hoy el profeta Joel. De hecho, cuando tomamos conciencia del mal que hemos hecho, lo natural es lamentarse y dolerse por ello.

Pero en el espejo espiritual pronto toma cuerpo otra imagen, distinta de la imagen de nuestra pobreza: es la imagen de la compasión y la misericordia de Dios, que no reacciona con cólera, sino que es rico en amor. Percibimos entonces la infinita distancia entre nuestra pobreza y la riqueza de Dios, que suscita nuestro deseo de Bien, aunque sentimos que no tenemos fuerzas para superar esa distancia.

Pero, siguiendo con la mirada puesta en el espejo, vemos que esa imagen de la misericordia y el amor de Dios tiene un rostro concreto, humano: es el rostro de Cristo, que ha hecho ese camino por nosotros, pero en sentido contrario: no podemos alcanzar a Dios, pero Él nos alcanza y viene a nuestro encuentro en Cristo, que no conoció pecado (¡él es el amor de Dios!), pero se hizo pecado en favor nuestro (¡él es el amor misericordioso!) para justificarnos, para hacernos justicia de Dios en él.

Al comprender la enorme gracia que Dios nos concede en Cristo, sólo podemos responder, en primer lugar, volviendo nuestro rostro a Dios: la justicia de Dios tenemos que practicarla como un homenaje que le rendimos. Pero como el rostro de Dios se manifiesta en el rostro de Cristo, hacemos justicia a Dios dando limosna a los necesitados (de dinero, de atención, de ayuda, de perdón…), en los que vive y sufre el mismo Cristo. Lo hacemos no para justificarnos ante los demás o para obtener recompensa, sino de corazón, por puro amor (el que nosotros hemos recibido de Dios). Y lo mismo con la oración: para descubrir el rostro de Cristo en los demás necesitamos acudir a la fuente que aclara nuestra mirada, y que es el trato personal con Dios. Y como el amor (que es la justicia de Dios) exige algunas renuncias, representadas en el ayuno, realizamos esas renuncias (ayunamos) como un sacrificio agradable a Dios (y en favor de los necesitados) y, por tanto, como un acto de celebración y de fiesta.

Nuestra mirada al espejo espiritual es, a fin de cuentas, una comprobación de nuestro corazón en sus tres relaciones fundamentales: con nosotros mismos (el ayuno), con los demás (la limosna) y con Dios (la oración).

José María Vegas, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/