Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. miércoles 18 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (49,8-15):

ESTO dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido,
en día propicio te he auxiliado;
te he defendido y constituido alianza del pueblo,
para restaurar el país,
para repartir heredades desoladas,
para decir a los cautivos: “Salid”,
a los que están en tinieblas: “Venid a la luz”.
Aun por los caminos pastarán,
tendrán praderas en todas las dunas;
no pasarán hambre ni sed,
no les hará daño el bochorno ni el sol;
porque los conduce el compasivo
y los guía a manantiales de agua.
Convertiré mis montes en caminos,
y mis senderos se nivelarán.
Miradlos venir de lejos;
miradlos, del Norte y del Poniente,
y los otros de la tierra de Sin.
Exulta, cielo; alégrate, tierra;
romped a cantar, montañas,
porque el Señor consuela a su pueblo
y se compadece de los desamparados».
Sion decía: «Me ha abandonado el Señor,
mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta,
no tener compasión del hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,8-9.13cd-14.17-18

R/. El Señor es clemente y misericordioso

V/. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

V/. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

EN aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Siguiendo el ritmo de los temas bautismales presentados en Cuaresma en camino hacia la Vigilia Pascual (luz, agua, muerte-resurrección), las lecturas de hoy repiten una palabra importante: ¡Salid! Y, ¿de dónde hay que salir? Principalmente, de las tumbas donde a veces casi voluntariamente nos metemos. Un vicio enconado, una mala costumbre, un rechazo al perdón y la reconciliación, unos juicios enrocados, un narcisismo absurdo, una envidia inexplicable, una mentira convertida en bola de nieve… Son a veces decisiones diarias incluso algo inconscientes, que nos hacen abandonar el camino de la vida. Hoy se nos invita a salir de la tumba al escuchar la voz de Dios llamando. No es fácil, porque quizá la tumba, en su recogimiento y oscuridad sea más fácil y cálida que un nacimiento a la luz y a frías realidades. Y porque al salir, hay que gritar como gritan los recién nacidos. Según Isaías, gritar de alegría ante la enorme misericordia de Dios que llama. Dios es compasivo y lento a la ira. Y siempre sigue invitando a salir de las tumbas.  “Los que yacen en la tumba escucharán mi voz”, dice el Evangelio hoy.

Hay quien dice que para morir solo hace falta estar vivo; es decir, que podemos morir en cualquier momento porque somos seres caídos. Todos los días morimos de alguna manera. Pero siempre está la voz y la mano que perdona invitando a salir.  Pero para morir del todo, irremediablemente, solo hace falta estar en la tumba y no escuchar la invitación a salir. De la tumba se puede salir, pero hace falta una fuerza extremadamente grande. Es la voz de Cristo la que tiene la fuerza de sacarnos de cualquier cosa. Es la fuerza de quien no vino a hacer su voluntad, sino la de su Padre. Sólo él es uno con el Padre y por tanto, sólo él, con su sacrificio podrá redimirnos.  Sólo ese redentor podrá sacarnos de las muertes que hemos acarreado sobre nosotros mismos. Solo él podrá retirar la piedra . Sólo él, como lo hizo con Lázaro, se conmueve ante nuestra muerte. Sólo Él ha vencido a la muerte. Y sólo él, compasivo y misericordioso, rico en piedad y leal, nos sacará.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 17 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (47,1-9.12):

EN aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.
Entonces me dijo:
«¿Has visto, hijo de hombre?»,
Después me condujo por la ribera del torrente.
Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 45,2-3.5-6.8-9

R/. El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob

V/. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.

V/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.

V/. El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,1-16):

SE celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

En estos últimos meses, en España muchos pueblos, sobre todo del sur, seguramente lo último que quieren ver es agua. El agua ha sepultado campos y propiedades, ha anegado casas, ha forzado a muchos a salir de sus casas, ha causado graves pérdidas. Pero también es verdad que sin agua no podemos vivir.

Las lecturas hoy nos presentan el agua –agua por todas partes del Templo y el agua de la piscina de Siloé– como algo bueno, dador de vida. Según vamos avanzando hacia la Pascua, los temas de luz, agua y vida se van presentando como preparación catecumenal, hacia la Vigilia Pascual, en la que celebraremos el fuego nuevo, la luz del resucitado, el agua bautismal.

Destrucción por agua y vida por agua no son cosas incompatibles. Al fin y al cabo, la vida nueva que celebramos es la gracia bautismal, y bautismo significa sepultura… El agua que sepulta lo antiguo, al “hombre viejo”, y el agua en que somos sepultados con Cristo para resucitar con él. En una más pequeña, pero simbólica medida, está el agua de la piscina que cura la parálisis del pobre hombre sentado al borde y sin poder entrar en las aguas liberadoras, “porque nadie las mueve…” Quizá nosotros también estemos a veces, ni siquiera esperando, pero incapaces de movernos de la parálisis que puede ser el miedo, el resentimiento, el orgullo, el egoísmo o la pereza, o cualquier otro de los pecados capitales, porque nadie “nos mueve”… Otros muchos puede que estén sentados con la misma parálisis porque no hay quien les mueva el agua. Es decir, porque no hay para ellos quien cumpla su tarea evangelizadora. Quizá no debamos esperar a que alguien nos mueva el agua; quizá no debamos esperar a que otros muevan el agua de los paralizados… El paralítico se levantó, pero fue proclamando quién había hecho eso por él. Tenemos que reconocer, una vez más, nuestra sepultura en Cristo y la nueva vida que nos impulsa a la misión evangelizadora y emprender nuestra obligada tarea bautismal de enterrar y dar vida, de ir a todos los rincones de la tierra. La obligación de evangelizar es ahora. Sin espera.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 16 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (65,17-21):

ESTO dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre
por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”,
y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén
y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
ya no habrá allí niño
que dure pocos días,
ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años,
y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán los frutos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 29,2.4.5-6.11-12a.13b

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,43-54):

EN aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.
Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».
El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».
Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».
El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Parecería que, más que en Cuaresma, estamos en Adviento, con toda esa alegría proclamada en la lectura de Isaías. La verdad es que cuadra muy bien al tiempo de Cuaresma, que no es tan sombrío como a veces hemos pensado. Caminamos hacia algo nuevo, hacia la gloria y la Resurrección. Es cierto que estamos en tiempos, política y ambientalmente, difíciles y oscuros. Pero hay que creer en el tiempo de Cristo. En el salmo no es tiempo, sino “eternamente”, es decir, sin tiempo ni espacio. Pero para el funcionario romano con el hijo enfermo, es exactamente la 1 de la tarde. El tiempo preciso de Dios. La 1 de la tarde, para los que creemos, es toda hora en que se escucha el anuncio de salvación. Es todo momento en que se celebra la Misa en cualquier lugar del mundo (es decir, constantemente), porque eso realiza constantemente la redención. Es eternamente, sin tiempo ni espacio. Pero también es aquí y ahora. Nos dice el Evangelio que el funcionario romano “creyó”. Creyó sin ver y sin hora concreta. Se puso en camino hacia eso “nuevo” anunciado, que no había visto. Y se le cumplió exactamente a la hora en que se le había dicho. Se cumple la sanación, es decir, la salvación, en el mismísimo minuto en que se anuncia. Es decir, aquí y ahora.

La cuestión es creerlo y ponerse en marcha para comprobar la salvación. Para estas fechas, es probable que nuestros propósitos de Cuaresma hayan dado al traste. Hay algo de cansancio en el esfuerzo del camino. Y entonces, quizá quede desdibujada la promesa. No es que la promesa se cumpla solamente si nos esforzamos; pero es posible que no nos demos cuenta de que así ha sido. Y si no nos damos cuenta, quizá no obtengamos sus frutos. Es posible que perdamos de vista la resurrección y la gloria, porque ya nos cansa el esfuerzo de marchar hacia ella. Llegar a casa pasando por el esfuerzo de la Cruz de Cristo y oír proclamada la resurrección el día de Pascua, el anuncio de todo lo nuevo, es lo que esperamos. Se cumplió a la 1, es decir, cuando nos pusimos en camino en fe. Y, aunque en momentos lo hayamos abandonado, o difuminado, lo bueno es que todavía hay tiempo. Todavía es la 1, la hora en que se cumplió. Alabaré eternamente tu misericordia.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente ; https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Reunión de Comisión Laicos Capuchinos de Chile, con hno Provincial de San Pablo y Delegado para Chile.

Durante la mañana del sábado 14 Marzo, en la parroquia San Miguel de Hualpén, la Comisión de Laicos Capuchinos se reunió con el ministro Provincial de San Pablo Mauricio Anjos y el delegado Provincial de Chile Maycon Ferrazoli.

En un diálogo fraterno se le presenta a los hermanos nuestras realidades, miradas y desafíos que tenemos como Comisión y Laicos Capuchinos en Chile

Con un sentido de pertenecia a la Orden Capuchina de Chile y en especial con nuestros Frailes, se plantea la necesidad de seguir caminando en comunión y colaboración estrecha junto a ellos desde nuestro rol de laicos.

Se reflexionó sobre la disponibilidad de crear nuevas instancia de colaboración mutua junto a los jóvenes para alcanzar objetivos comunes, tanto en la vida fraterna, brecha generacional como en la Vocaciones Capuchinas.

Agradecemos al Señor por esta instancia fraterna con nuestros hermanos y oramos por nuestra Provincia y en especial por la delegación Chilena, que el buen Padre les bendiga y el Espíritu Santo les conduzca guíe y fortalezca en este hermoso caminar
Fraternalmente
Comisión Laicos Capuchinos Chile

Homilía para la Eucaristía del domingo 15 de marzo de 2026

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA.
1Samuel 16,1.5-7.10-13: David es ungido rey, es decir, es elegido por Dios para pastorear a su Pueblo.
Efesios 5,8-14: Jesús, Luz del mundo, nos ilumina y da vida.
Juan 9,1-41: Jesús abre los ojos a un ciego de nacimiento.

1.- ¿Quién es Jesús? Dentro de las muchas respuestas que se pueden dar digamos que es el “hijo de David”. Con este nombre es considerado el Mesías entre los judíos. Porque David fue considerado como el preferido de Dios, el que pastorea a su Pueblo. De modo que en la persona de David se contempla al elegido de Dios. ¿Por qué él? Porque Dios tiene un modo de ver distinto al nuestro. Él elige a su predilecto
Jesús es el verdadero Ungido por el Espíritu Santo, por eso Él es el Cristo, el Enviado con poder.
Y el evangelio nos muestra a Jesús como Luz del mundo.
2.- Pero no sólo el evangelio, sino también san Pablo nos dice hoy que Jesús es el que viene a iluminar a todos. Luz es sinónimo de salvación. El mundo, la humanidad es iluminada por el Señor. La peor de las tinieblas es la muerte, tanto que se la llama el reino de las tinieblas. Existe en la Biblia la expresión: Yace en tinieblas y sombras de muerte (Mateo 4,16, Lucas 1,29), oscureciendo a la humanidad, viviendo en una oscuridad espiritual, desesperación y pecado. Pablo grafica muy bien esta situación en la carta. Es Jesús, Luz, quien nos libera de las tinieblas.
3.- La condición humana, alejada de Dios, yace en sombras de muerte. ¿Acaso no es muerte lo que estanos viviendo hoy en día?
Los ciegos viven y andan en tinieblas, no se dan cuenta de lo que sucede alrededor de ellos. ¡Hay tanta ceguera en el mundo! ¡Tanta ceguera en Chile! Gente honorable, inteligente, pero yacen en tinieblas y en sombras de muerte, no se dan cuenta de los errores que se cometen; confunden progreso con aberraciones como el aborto, la eutanasia y otras formas de provocar la muerte. Hay gobernantes ciegos. “Y si un ciego guía – conduce ciegos”…ya sabemos los resultados.
4.- El evangelio es muy decidor ya que nos muestra el proceso de cambio de la persona que se topa con Jesucristo. Es un ciego de nacimiento, es la humanidad. Al entrar en contacto con Cristo es purificado, iluminado y enviado.
Cada uno de nosotros ha tenido un contacto con Cristo, un encuentro con Él que nos ha marcado. Él es quien nos ha abierto los ojos, nos ha iluminado con su Espíritu para que nos demos cuenta de lo que éramos y de lo que somos. Él es quien nos sana.
Hermanos, si los efectos del bautismo son purificar e iluminar, las consecuencias son que tenemos que purificar los ambientes, tenemos que iluminar nuestro entorno.
Hoy a nosotros se nos dice: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu Luz.” Nonos quedemos postrados en las sombras de la muerte, no. Que allí donde haya tinieblas sepamos poner la luz de Cristo., que harta falta hace.
El que había sido ciego supo dar testimonio de Cristo sin conocerlo todavía. Culmina el relato con la revelación de Cristo, al igual que en el relato de la samaritana, Jesús se le da a conocer y el hombre se postró ante Él y lo reconoce como a su Salvador, como el que lo iluminó.
También a nosotros nos pregunta Jesús: ¿crees en el Hijo del Hombre? Nuestra respuesta ha de ser una respuesta de fe: y es lo que hacemos enseguida rezando el Credo.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 14 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (6,1-6):

VAMOS, volvamos al Señor.
Porque él ha desgarrado,
y él nos curará;
él nos ha golpeado,
y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida
y al tercero nos hará resurgir;
viviremos en su presencia
y comprenderemos.
Procuremos conocer al Señor.
Su manifestación es segura como la aurora.
Vendrá como la lluvia,
como la lluvia de primavera
que empapa la tierra».
¿Qué haré de ti, Efraín,
qué haré de ti, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera,
como el rocío que al alba desaparece.
Sobre una roca tallé mis mandamientos;
los castigué por medio de los profetas
con las palabras de mi boca.
Mi juicio se manifestará como la luz.
Quiero misericordia y no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.18-19.20-21ab

R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

V/. Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

V/. Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):

EN aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

“Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Esta afirmación que el profeta Oseas pone en labios de Dios, sintetiza una de las crisis más fuertes que Israel atravesó en la etapa de la monarquía. La tentación que siempre retornaba era la de sustituir el esfuerzo por cumplir los mandatos de la ley, con el culto que se realizaba en el templo (los sacrificios y holocaustos). Tal reemplazo significaba, en la práctica, pervertir la relación religiosa. Pues ya no se trataba de hacer la voluntad de Dios, mediante el instrumento de la Ley, sino de reparar con la sangre de los animales sacrificados u ofrecidos en holocausto el honor ofendido de Yahvé, a causa de nuestros pecados. Por esa vía, los rituales de purificación y de comunión que los sacrificios expresaban se retorcían de forma autoreferencial: tenían la finalidad de saberse y sentirse limpios ante Dios (aunque carezcamos de una verdadera relación con él): hemos cumplido lo mandado y nadie puede reprocharnos nada.

De este modo en lugar de confrontarse con Dios, que siempre implicaba un riesgo y una exigencia de autenticidad, (a Dios no es posible engañarlo), uno se confrontaba con las exigencias rituales y las normas, mucho más simples, objetivas y “controlables” que se trataban de cumplir en todos sus detalles. La esencia del problema residía en que, en lugar de pedir perdón, y entregarse al juego de la relación personal con Dios, se invocaba el cumplimiento de los rituales para sentirse autojustificados. A la vez, se sentían autorizados para criticar y condenar a quienes no podían cumplir el cúmulo de mandamientos. La ley y los ritos, en vez de ser una vía para la comunión con Dios, se volvían un muro que separaba de Dios, no sólo a quienes no llegaban a cumplir los preceptos, sino – y esto es lo trágico – a quienes se esforzaban al máximo por cumplirlos, porque sólo les servían para autoglorificarse. Pero no les justificaban ante Dios. Sólo quien delante de Dios, es capaz de reconocer su pecado y de pedir misericordia queda justificado. La parábola del fariseo y el publicano que oran en el templo ejemplifica con nitidez esta dificultad.

Carlos Luis García Andrade cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 13 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas (14,2-10):

ESTO dice el Señor:
«Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros,
y volved al Señor.
Decidle: “Tú quitas toda falta,
acepta el pacto.
Pagaremos con nuestra confesión:
Asiria no nos salvará,
no volveremos a montar a caballo,
y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’
a la obra de nuestras manos.
En ti el huérfano encuentra compasión”.
“Curaré su deslealtad,
los amaré generosamente,
porque mi ira se apartó de ellos.
Seré para Israel como el rocío,
florecerá como el lirio,
echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños
y será su esplendor como el olivo,
y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra,
revivirán como el trigo,
florecerán como la viña,
será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
Yo soy quien le responde y lo vigila.
Yo soy como un abeto siempre verde,
de mí procede tu fruto”.
¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos:
los justos los transitan,
pero los traidores tropiezan en ellos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 80,6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz

V/. Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

V/. Te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

V/. No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R/.

V/. ¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre».

R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Quizá lo que más sorprende de nuestra fe es su capacidad camaleónica para abrirse a cualquier diálogo. Sin negar algunos rasgos típicamente rupturistas, por el que nuestra fe, respecto de ciertos temas, defiende posiciones fuertes, decididamente poco razonables, posee, al tiempo, un universalismo de fondo que no excluye a nadie, que está abierto en toda circunstancia, que es capaz de dialogar con enfoques muy distintos.

Sin negar tampoco una rigidez muchas veces manifiesta en el plano doctrinal, que más que crear amigos o tender puentes lo que ha hecho ha sido suscitar enemigos de muy diverso pelaje, tampoco se puede negar que desde el Concilio Vaticano II ha habido un cambio de talante decisivo al respecto. Cuando el filósofo marxista Roger Garaudy encabezaba un libro suyo, nacido en el contexto conciliar, y como respuesta a la fe, con el siguiente título: “Del anatema al diálogo” se hacía eco de este cambio decisivo. Mas, como nos muestra el evangelio de hoy, refleja una actitud que muy bien podemos remontar hasta al mismo Jesús. El nunca duda en responder a las objeciones que se le plantean. Incluso si las preguntas que se le formulan están motivadas por una intención aviesa, que él sabe identificar perfectamente, no duda en responder a la objeción para evitar que nada pueda interponerse delante del anuncio de la Buena Noticia. Y así se muestra en el evangelio de hoy.

Mas quizá su comentario a la afirmación del letrado: “no estás lejos del Reino de Dios” resulte un tanto decepcionante, porque más que atraer, manifiesta sólo un limitado acercamiento a la visión de Cristo. Hay que ir a la segunda parte del texto de Oseas en la primera lectura, para comprender lo que está en juego. No se trata sólo de precisar una cierta imagen de Dios que puede ser interpretada de forma equivocada, sino de comprender la gratuidad de su amor por el pueblo, su capacidad de perdonar, de ofrecer una nueva oportunidad al pueblo, aunque no la merezca. Para ello no basta la objetividad de una idea correcta: hay que entrar en el juego de las relaciones, de amor, del respeto, de la fidelidad, de la misericordia. Y esto no se improvisa, ni se sabe mediante reflexión abstracta. Por eso la pregunta del profeta: «¿quién será el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda?».

Carlos Luis García Andrade, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 12 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (7,23-28):

ESTO dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

V/. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La resistencia de Israel para escuchar la voz de Dios y hacer caso omiso de sus indicaciones era uno de los pecados proverbiales de Israel, que denunciaron los profetas uno tras otro. Y el tono de Jeremías evoca el de quien ya no espera nada de este pueblo: Todo es hipocresía, han arrancado la sinceridad de su boca.

Y, sin embargo, con la venida de Jesús emerge un pecado aún peor. A veces nos hemos podido preguntar ¿Qué será ese pecado contra el Espíritu Santo del que el mismo Jesús llega a decir que “no podrá ser nunca perdonado”? Quizá hasta alguna vez nos hemos podido escandalizar de escuchar a Jesús decir esta advertencia. ¿Hay algún pecado que Dios no pueda perdonar? ¿Qué puede ser tan grave?

Hoy la palabra evangélica nos lo muestra con claridad. Si tu supones que el poder de curación que Jesús ejercita sobre los endemoniados no viene del Espíritu Santo, sino que es por el poder del príncipe de los demonios ¿A quién le vas a poder pedir después que te sean perdonados los pecados? ¿A aquel que es el mismo principio del pecado? Es absurdo.

En realidad, te estás bloqueando a ti mismo la salida. Llama la atención la paciencia y lo razonable de la argumentación de Jesús: por una parte, argumenta lo absurdo de la objeción: Si Satanás trabaja contra sí mismo… ¿A dónde conducirá todo su esfuerzo?

Pero también les reprocha haciendo ver que no es sólo él quien expulsa a los demonios inmundos. Aquí se está refiriendo a los apóstoles, para hace ver que también ellos tienen que ser vistos como hijos de Satanás. Y les advierte: serán ellos vuestros jueces.

Y, con todo, no deja de pronunciar el anuncio, incluso para estos que se han mostrado tan malintencionados. Si yo echo los demonios con la fuerza de Dios…. El Reino de Dios ha llegado a vosotros. No puede dejar de cumplir su misión, y anuncia la llegada del Reino incluso ante quienes todo lo tergiversan.

Pero quizá es el comentario final el que mejor narra el desengaño y hasta el escepticismo de Jesús ante la respuesta del hombre: “el que no está conmigo está contra mi y el que no recoge conmigo, desparrama”. Poner a Cristo en el centro es la única opción razonable.

Carlos Luis García Andrade, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/