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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. jueves 26 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

V/. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En las genealogías de Jesús (Evangelios de Lucas y Mateo) Abraham es antepasado de Jesús. Es el elegido con quién Dios establece una alianza y a quién hará padre de una inmensa descendencia. Los contemporáneos judíos de Jesús consideraban a Abraham como el fundamente de su conciencia de pueblo elegido…

La verdad es que lo que cuenta Juan en el pasaje del evangelio que escuchamos hoy, da mucha pena: no entendían nada de las palabras de Jesús. En realidad los encuentros con él no podían concluir en algo como diálogo abierto para llegar a algún punto de acuerdo porque ya habían decidido rechazar sus palabras y condenarlo como blasfemo. Ante las sorprendentes palabras de Jesús oponen argumentos pueriles: “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”

Quedan pocos días para la semana santa y los relatos evangélicos de toda la cuaresma van acercándonos al final del drama y todos los evangelios que hemos ido meditando durante esta etapa, de un modo u otro nos plantean una pregunta de cuya respuesta depende nuestra salvación: ¿creemos que Este que afirma una y otra vez “Yo soy”, es decir la expresión de su identidad divina, es Quien dice ser?

Ocurre que, precisamente, lo que vamos a recordar en la semana próxima: un juicio absurdo, una condena cobarde, una muerte ignominiosa, un dolor indecible, un sufrimiento extremo, es la prueba más certera de que Jesucristo es Dios. Ninguna imaginación humana podría idear algo tan contradictorio. Pensamos como salvadores y rescatadores en superhombres o en héroes con poderes extraordinarios, no en un hombre “despreciado, ante quien se vuelve el rostro”. Este hombre, varón de dolores, es el Mesías prometido, El Hijo amado, Dios mismo, signo de contradicción capaz de tomar sobre sí toda nuestra miseria y todos nuestros sufrimientos para que resucitemos con Él.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 25 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (7,10-14;8,10):

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 39,7-8a.8b-9.10.11

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia
y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (10,4-10):

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy la Iglesia celebra la Encarnación. Lo que C. Lewis denomina “el Gran Milagro” en su obra “Los milagros”. Este autor lo expresa así: En la Encarnación, todo lo que es inmenso y lejano se condensa en un punto, como si toda la luz de un sol infinito se concentrara en la punta de un alfiler para entrar en el seno de una doncella.

El Dios Creador Eterno que dispuso el espacio y el tiempo físicos en los que existe la vida, nuestra vida de criaturas, entró en esas coordenadas a través de un ser humano concreto, sin dejar de ser Dios. Y no se trata una “disminución” de su divinidad sino una concentración máxima de poder y amor en la humildad de lo finito.

Nosotros solemos asociar poderoso, importante y grande. Pero aquí se da la paradoja: esa lógica se invierte. El poder de Dios se hace tan denso que puede habitar en el seno de una doncella, en un tiempo y en un espacio concretos, el punto exacto donde la eternidad toca la historia.

La doncella elegida sabe lo ocurrido. Lo sabe perfectamente y lo cuenta así en el cántico que ha transmitido Lucas y que se recita con frecuencia en la Liturgia católica: Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador porque ha mirado la humildad de su esclava…
San Buenaventura escribió mucho sobre este misterio central de la vida de la Iglesia y, en toda su obra subraya con énfasis que comprenderlo solo es posible para los humildes porque la soberbia actúa como una «ceguera espiritual» que bloquea el acceso a la verdad divina. El misterio de la Encarnación es el acto supremo de humildad divina: Dios se hace “pequeño” y vulnerable.

Una mente inflada por la soberbia busca la grandeza propia y no puede sintonizar con un Dios que elige la fragilidad humana para salvar al mundo. Sencillamente se cierra a la comprensión porque está llena de “si misma” y no puede reconocer que cualquier bien en cada ser humano es un don y no un mérito propio. Como en María, nuestro corazón humilde puede ser también un cántico de alabanza lleno de alegría.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 24 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (21,4-9):

EN aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,2-3.16-18.19-21

R/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti

V/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame enseguida. R/.

V/. Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

V/. Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Una clave de lectura tanto para la primera, del libro de los Números como para el pasaje del Evangelio de Juan puede ser la expresión “levantado en alto”. La serpiente levantada en alto de Números defiende del veneno y salva. El Hijo del hombre que, en el texto evangélico, será levantado en alto, es salvación pero solo para los que han entendido lo que significa “Yo soy”. Los que han reconocido la verdad y la han aceptado. Según este texto, muchos.

En aquel contexto esa expresión es inequívoca: remite a la pregunta de Moisés cuando Dios le envía a liberar a los israelitas del yugo del faraón. La respuesta es “Yo soy el que soy”. Es decir, el ser por sí mismo, la existencia misma, inmutable y eterna, fuente de toda realidad.
Jesús afirma su ser divino, así son las cosas. Muchos creyeron en él, escribe Juan. Sabemos, a pocos días de celebrar el triduo pascual, que esa afirmación también fue equivalente a una condena por blasfemia: Jesús será apresado y llevado a juicio. Y nosotros, muchos bautizados, los que hemos recibido una tradición y una cultura impregnada de creencias y valores cristianos, ¿creemos firmemente que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre?

En Él está la salvación. Quién lo contempla levantado en la Cruz y cree en Él, tendrá vida eterna. Cuando en el Credo decimos “que por nosotros los hombres y por nuestra salvación […] padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”, estamos afirmando que Dios ha escuchado nuestro clamor de cautivos y nos ha librado de la muerte eterna por nuestra fe en Jesucristo, su Hijo.
Una propuesta sencilla: recitar las palabras del Credo con alegría y confianza.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 22 de marzo de 2026

DOMINGO QUINTO DE CUARESMA.
Ezequiel 17,12-14: A un pueblo que está en situación de muerte (destierro) Dios promete vida-salvación.
Romanos 8,8-11: Los cristianos tenemos nueva vida por el Espíritu de Dios que se nos ha dado.
Juan 11,1-45: Jesús es presentado como resurrección y vida.

1.- La Sagrada Escritura enseña con un lenguaje plástico, no teórico. Así, en el caso de hoy, al referirse a la situación por la que estaba pasando Israel, dice que está en un sepulcro, es decir, en una situación de muerte. Y ante una situación de muerte no hay nada que hacer. El destierro es una situación de muerte en vida. Y es allí donde interviene Dios; promete abrir los sepulcros, infundir su Espíritu. Es una restauración no sólo material, reconstrucción de lo destruido, sino también una restauración moral, infundirá su Espíritu. Es que de Él viene la redención y el perdón, es decir, de Él viene la sanación.
2.- No sólo Israel, sino toda la humanidad está bajo el dominio de la muerte, del pecado. Por eso, los que hemos experimentado salvación, por recibir el Espíritu de Dios vivimos una vida nueva, la del Espíritu.
La auténtica vida cristiana es en verdad una vida espiritual, es decir, guiada, iluminada por el Espíritu de Dios. San Pablo afirma: “el que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”. Cristo fue resucitado por el poder del Espíritu Santo. Así también nosotros. Esto es salvación.
3.- Son muchos los que no tienen o no se dejan conducir por el Espíritu de Dios. No son de Cristo y no viven de acuerdo a Cristo. Por eso en el mundo y en muchas personas reina la muerte. Viven en la muerte. Lo que hay actualmente en todas partes es muerte. El mundo está como sepultado en vida.
Existen películas de mal gusto que nos muestran a los “muertos caminantes”, que luchan por devorar al resto de la gente. ¿Quién ganará? ¿Acaso este tipo de películas no nos están mostrando la cruda realidad de los muertos-vivos (el crimen organizado, sistemas que lucran con las armas, gobernantes opresores, etc.) que pretenden someter a la humanidad?
4.- Pero ahí está Jesús. Él es la Resurrección y la vida. Quien cree en Él, quien lo acepta, tiene vida nueva, plena. Resurrección es decir Transformación. Dios es vida y nos envía a su Hijo para que por Él tengamos vida.
Sin Cristo nuestra vida no es plena. Sin Cristo estamos sometidos al régimen de la muerte.
Hoy el Señor está presente ante nosotros. Tiene lástima de nosotros, del mundo. También hoy nos grita: “SAL FUERA”. Deja de vivir en el sepulcro, ven a la vida plena que te quiero dar. Me pregunto, ¿por qué habrá tanta gente que le encanta vivir atados de pies y manos, que les encanta sentirse esclavos de tanta miseria.
¿Te siente atado de pies y manos? Déjate liberar y camina iluminado por el Espíritu. Él nos dio vida nueva en el Bautismo; hoy nos vivifica con su Espíritu en el Sacramento de la Eucaristía.
Celebremos al Señor, celebremos a la vida, no a la muerte.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 21 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (11,18-20):

EL Señor me instruyó, y comprendí,
me explicó todas sus intrigas.
Yo, como manso cordero,
era llevado al matadero;
desconocía los planes
que estaban urdiendo contra mí:
«Talemos el árbol en su lozanía,
arranquémoslo de la tierra de los vivos,
que jamás se pronuncie su nombre».
Señor del universo,
que juzgas rectamente,
que examinas las entrañas y el corazón,
deja que yo pueda ver
cómo te vengas de ellos,
pues a ti he confiado mi causa.
Palabra de Dios

Salmo

Sal 7,2-3.9bc-10.11-12

R/. Señor, Dios. mío, a ti me acojo

V/. Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame;
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

V/. Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

V/. Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,40-53):

EN aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».
Otros decían:
«Este es el Mesías».
Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».
Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron:
«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
Y se volvieron cada uno a su casa.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Nadie se atrevía a llevar a Jesús a juicio, porque nunca habían oído hablar como él. Quienes no habían oído, o escuchado son los que se atreven a imponer su dudosa “verdad” y justicia. Y aquí, la situación de Nicodemo es algo precaria, porque en realidad, él forma parte del grupo de quienes dicen tener la verdad, pero se atreve a cuestionarlos. Se atreve, porque él sí había escuchado lo que decía Jesús.

La situación puede resultarnos bastante familiar. Uno se pronuncia a favor de algo en lo que cree y enseguida va a ser criticado: de facha, retrógrado, o de zurdo, de radical o de antisistema, o de traidor a una causa en la que creen los demás. Por uno u otro  lado pueden llover las críticas.  Lo menos que puede pasar es que a uno lo ridiculicen o se burlen de él. El temor al qué dirán o de ir en contra de lo que piensa la mayoría en el grupo al que pertenecemos puede ser paralizante. Lo fue, en cierto modo, para Nicodemo, que seguía a Jesús por la noche por miedo, aunque más tarde reunió su valentía para defender lo que pensaba que era la verdad.  Nicodemo tuvo que ir contracorriente para defender lo que veía justo. ¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo? Lo dijo tímidamente, pero fue a su vez recibió el mismo trato de juicio sin escucha de hechos… “¿también tú has sido engañado?”

Es frecuente en nuestro mundo aceptar casi sin discernimiento el pensamiento único, lo que dicen los medios. Se aceptan fácilmente mantras y “dogmas” que, a fuerza de repetirse, parecen incluso verdad. Se ponen carteles bien a partidos políticos o a personas sin saber bien que es lo que piensan. ¿Acaso juzgamos sin oír? Aunque sea tímidamente, como Nicodemo, de vez en cuando es necesario pronunciarse en defensa de la verdad, o al menos de la escucha crítica. Al final, sin embargo, siempre será Dios, el Justo juez, quien tenga la última palabra. Los grupos de opinión, o la opinión sincronizada no son de fiar. Pero solo Dios es justo juez. En ti, Señor, me refugio.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 20 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (2,1a.12-22):

SE decían los impíos, razonando equivocadamente:
«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
se opone a nuestro modo de actuar,
nos reprocha las faltas contra la ley
y nos reprende contra la educación recibida;
presume de conocer a Dios
y se llama a sí mismo hijo de Dios.
Es un reproche contra nuestros criterios,
su sola presencia nos resulta insoportable.
Lleva una vida distinta de todos los demás
y va por caminos diferentes.
Nos considera moneda falsa
y nos esquiva como a impuros.
Proclama dichoso el destino de los justos,
y presume de tener por padre a Dios.
Veamos si es verdad Jo que dice,
comprobando cómo es su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas,
para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues, según dice, Dios lo salvará».
Así discurren, pero se equivocan,
pues los ciega su maldad.
Desconocen los misterios de Dios,
no esperan el premio de la santidad,
ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,17-18.19-20,21.23

R/. El Señor está cerca de los atribulados

V/. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

V/. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R/.

V/. Él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30):

EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy día se habla mucho de la dependencia como un mal síntoma psicológico. Y podría ser si acaba con la libertad personal.  Se valora enormemente la independencia. Pero quizá se esté confundiendo independencia con libertad. La libertad de saberse consciente y alegremente dependiente de algo mayor que uno mismo, del propio Dios, es mucho más gloriosa que la independencia autosuficiente. Sobre todo, porque tal independencia es muy arriesgada. La primera lectura de hoy nos habla de los malvados tratando de tender una trampa al justo. El justo es quien tiene su referencia siempre en Dios, en la verdad y en la luz. El justo es el que sabe, como dice el Salmo, que el Señor no está lejos de sus fieles. El justo, en la fe cristiana, es el ungido, es decir el propio Cristo.

Jesús asegura que no hace las cosas por cuenta propia. Es decir que, como enviado, obra por el Padre. Y esto es lo que le protege del peligro inminente. El peligro, es decir, la traición, la Pasión y la muerte, no va a pasar. Pero será en el tiempo de Dios y no como trampa, sino como consciente aceptación. No como resignación a una voluntad oscura y algo cruel, sino como aceptación de la misión para la que es enviado. Los malvados no pueden tender ninguna trampa a quien es dependiente. Al independiente sí, porque se fía de su propia sabiduría y obras. Al independiente es muy fácil engañarle con adulación, promesas materiales, de poder, de gloria o de seguridad. El demonio—lo expresa C.S Lewis muy bien en Cartas del diablo a su sobrino—maneja esas armas muy eficazmente para llevarse al independiente a su terreno, a alejarse de Dios y a fiarse de sus propias fuerzas. Es decir, a caer en la soberbia, y cualquier otro pecado capital. El “mandao”, es decir, el que depende de Dios, no toma decisiones que no estén de acuerdo con la voluntad de quien lo envió; las toma libre y conscientemente, pero no son las suyas, sino las de Dios. No actúa por su propia cuenta.

Por supuesto que el depender de Dios no va a alejar el dolor ni el peligro, ni la pasión de nuestras vidas. No lo hizo por la del Maestro. Pero sabemos que será en su tiempo, en el momento preciso y necesario para nuestra propia redención y la salvación de otros. El mal no puede tendernos redes de confusión mientras dependemos de Dios.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 19 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (7,4-5a.12-14a.16):

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
– «Ve y dile a mi siervo David: «Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. El cons¬truirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.» ».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,2-3.4-5.27.29

R/. Su linaje será perpetuo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R.

El me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios,
mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,13.16-18):

Hermanos:
No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su
descendencia la promesa de heredar el mundo.
Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesaestáaseguradapara todala descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.»
Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán
creyó.
Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En nuestros días, a menudo escuchamos palabras negativas y críticas a los varones… ¡Pero todos hemos nacido de padre y madre! Es cierto que es posible que haya padres no muy ejemplares (lo mismo que seguro que habrá madres que tampoco sean ejemplares), pero no parece la experiencia de absolutamente todo el mundo y probablemente no tenga tanto que ver con la masculinidad cuanto con la fragilidad de todo ser humano.

José se nos presenta como modelo de varón y de padre. No hay ninguna palabra que dijera (que esté consignada) para afirmar su autoridad. Pero sí hay acciones concretas y siempre son de prudencia, de apoyo, de protección y de obediencia a lo que escucha de Dios. El papa Francisco, en su carta apostólica Patris corde dice: “En la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre… Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida.”

Se identifica a veces la masculinidad con la fuerza y, es, claro, un hecho que los varones son físicamente más fuertes que las mujeres; pero su verdadera fortaleza se demuestra no tanto en las palabras, ni en acciones agresivas, cuanto en su capacidad de permanecer, de apoyar, proteger, y hacer lo correcto para el bien de su familia y de los de alrededor, aunque no sea lo más cómodo para ellos mismos. En José se destaca, además, la fe. La fe recia de quien no se retira ante la dificultad o el riesgo; la fe de quien no busca el protagonismo. Es decir, esa capacidad de no aferrarse a su posición o a su posesión. Y de esas actitudes podemos aprender todos, seamos o no padres. Y podemos celebrar la paternidad de todos aquellos que, como José, han escuchado y han obedecido.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/