Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

EDD. jueves 02 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14):

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 115,12-13.15-16bc.17-18

R/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay un buen misionero claretiano, Maximino Cerezo Barredo, que ha dedicado toda su vida a evangelizar a través de la pintura. Sus murales y pinturas están presentes en iglesias de toda América desde Canadá hasta Argentina. Una de sus genialidades ha sido aunar en la misma pintura dos escenas evangélicas profundamente relacionadas entre sí: la última cena de Jesús, el momento de la institución de la Eucaristía, que aparece en los evangelios sinópticos de Mateo, Lucas y Marcos, con la escena del lavatorio de los pies, que el evangelio de Juan sitúa en el momento de la última cena pero que parece sustituir al momento de la institución de la Eucaristía que Juan no recoge.

El hecho es que entre las dos escenas se nos hace claro y transparente el significado más profundo de la Eucaristía. Conviene tenerlo presente en este día de Jueves Santo y en todas las Eucaristías en las que participemos.

En los sinópticos, Jesús se nos aparece como el que da de comer y beber a sus discípulos. En el hecho de participar de la misma copa de vino y del mismo pan, entendemos que Jesús se hace comida y bebida para nuestra vida. Es alimento de vida eterna. Pero también es algo más. Compartir el pan y el vino que nos ofrece Jesús es comprometernos a compartir su vida y su destino. Hacemos nuestra su misión de anunciar el Reino, el amor de Dios para todos y, en primer lugar, para los más pobres y marginados. Porque a esos les pone Dios en primera fila. Es la condición inevitable para que su amor sea universal.

En el evangelio de Juan esta escena se sustituye por el lavatorio de los pies. Es una forma concreta de demostrar como Dios mismo se pone al servicio de los hombres. Jesús, que en su vida y en su forma de actuar nos manifiesta/revela como es Dios, se inclina ante sus hermanos y les lava los pies. ¡Lo que en aquel momento hacían los esclavos! ¡Dios se hace esclavo nuestro! Dios se pone a nuestro servicio. Su amor es realmente amor y entrega hasta el final. Las palabras de Jesús al terminar su gesto de lavar los pies a sus discípulos deben ser una orden para nosotros: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” Sobran más palabras.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 01 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de IsaIas (50,4-9a):

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,8-10.21-22.31.33-34

R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio segun san Mateo (26,14-25):

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El texto evangélico de hoy está totalmente centrado en la traición de Judas. A lo largo de la historia Judas ha estado en el centro del foco. Como si fuese el culpable de todo lo que le pasó a Jesús. Su imagen ha sido denostada. En realidad, creo que ha hecho un poco de “macho cabrío”, que hemos cargado en él todas las culpas, de forma que nos podamos sentir mejor. Como Pilatos nos hemos lavado las manos y nos podemos ir a casa tranquilos. Como mucho, a lo largo de la historia la culpa se ha cargado en los judíos. Ellos fueron los que mataron a Jesús. Nosotros estamos libres de culpa, no tuvimos nada que ver. Judas es el malo. Todos tranquilos.

Nos engañamos a nosotros mismos si pensamos así. Lo de la muerte de Jesús es un poco más complejo que la solución facilona de buscar un culpable. En realidad, si miramos a los demás apóstoles y discípulos, no es que fueran muy valientes al momento de la dificultad final. Más bien, se puede decir que todos salieron corriendo. Ahí está el valiente Pedro, el jefecillo de los apóstoles, que niega por tres veces haber conocido en su vida a Jesús.

Hay más. Casi podríamos decir que Jesús se ganó su muerte a base de puños. Él mismo provocó un largo enfrentamiento con las autoridades religiosas y civiles (que en aquella época eran las mismas) que no podía llevar a otra cosa más que a su eliminación. Era o Jesús o ellos porque la predicación del Reino traía una revolución más grande que la que pueden hacer las armas.

Y luego está el mismo Judas. Quizá pensaba que a Jesús se le había ido el movimiento de las manos. Tanto predicar el Reino de Dios se le había olvidado que lo importante era liberar al pueblo de la opresión de los romanos. Quitar a Jesús de en medio era, desde su perspectiva, el único medio para reconducir el movimiento a realizar esa liberación política.

Hoy nos podemos preguntar en donde estamos. Quizá lavándonos las manos y pensando que otros hicieron lo que hicieron y por eso pasó lo que pasó. O podemos preguntarnos si realmente hemos comprendido lo que era el Reino para Jesús y estamos intentando hacerlo vida o si, ante determinadas exigencias del evangelio (amor y misericordia infinita…) no preferimos mirar a otro lado no vaya a ser que nos toque a nosotros el mismo destino de Jesús.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

EDD. martes 31 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
– «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor,el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolvise a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:
– «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.

Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R.

Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
– «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
– «Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
– «Lo que vas hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me busca¬réis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
«Donde yo voy, vosotros no podéis ir»»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
– «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
– «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
– «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Nos acercamos a los días centrales de la Semana Santa y los textos evangélicos nos ven centrando en lo fundamental. Hoy se nos pone en paralelo dos historias bien diferentes. Por una parte está Judas, el que entrega a Jesús. Por otra está Jesús, que es el que se entrega.

No estoy tratando de hacer un juego de palabras sino tratando de señalar un hecho fundamental para considerar lo que va a suceder en estos días. Porque hay quien piensa que la muerte de Jesús es apenas fruto del devenir de los tiempos. Es decir, su muerte en la cruz sería la normal conclusión-culminación de todos sus enfrentamientos con el poder establecido, tanto religioso como político. No podía terminar de otra manera. Este punto de vista, esta forma de entender la muerte de Jesús, es real. Es cierto. Todos aquellos enfrentamientos con los fariseos, con los sacerdotes del Templo, con los escribas, no podían terminar más que con su eliminación. Jesús tenía que morir porque era una amenaza a su posición, a su estabilidad como poder religioso-político.

Pero la verdad es que la historia podía haber tenido otro final. Hasta hay por ahí un libro que dice que Jesús no murió en la cruz sino que terminó huyendo de Palestina y refugiándose en Cachemira, donde ya habría estado antes, en lo que se llama su vida oculta. Pero está historia no se mantiene frente al testimonio de los evangelios. Lo cierto es que Jesús murió en la cruz. Y por eso podemos decir y afirmar que a Jesús no le pillaron desprevenido. De ninguna manera. Jesús se entregó él mismo sabiendo lo que se iba a encontrar en Jerusalén. Se entregó como culminación natural de su apuesta por el Reino. Se entregó como muestra y testimonio definitivo de su total confianza en el Dios de la Vida. Se entregó porque estaba convencido de que su Abbá no le iba a fallar. Ni siquiera en ese momento tan oscuro como es el momento de la muerte.

El que le entrega lo hace para salvarse a sí mismo. Judas debió pensar que toda aquella historia del Reino no había sido más que una apuesta sin sentido. Y que no valía la pena seguir. Y que lo mejor era vender a su maestro por treinta monedas. Jesús se entregó lleno de fe y confianza en el Dios del Reino. Y, de paso, nos abrió a todos nosotros un camino de esperanza y de vida.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 30 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (42,1-7):

Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:
«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te he formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.2.3.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es la defensa de mí vida,
¿quién me hará temblar? R.

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (12,1-11):

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

No hay duda de que Jesús tenía muy buena relación con sus discípulos, pero leyendo los Evangelios da la impresión de que así como con sus discípulos tenía una relación de maestro, con Lázaro, con Marta y con María tenía otro tipo de relación. Con esta familia, parece que Jesús se sentía como en casa. Llega y se siente cómodo. Se siente y se sienta tranquilamente a que le den la cena. En aquella casa, Jesús se sentía querido y cuidado. Quizá hasta podía dejar de lado el papel de mesías, de evangelizador, para ser sencillamente Jesús y dejarse querer. Era tanto el cariño que María no tuvo más idea que usar una libra de perfume para ungir los pies de Jesús, casi con toda seguridad, cansados, doloridos y heridos por los caminos.

Al comienzo de la Semana Santa, este tiempo en que vamos a celebrar la muerte y resurrección de Jesús, quizá conviene que, como el mismo Jesús, hagamos una parada en nuestro caminar, que nos detengamos en casa, con las personas a las que queremos y nos quieren. Una parada para cuidar y ser cuidados. Una parada para curarnos de las heridas que nos ha dejado el camino de la vida. Una parada para escuchar con el corazón las palabras de los otros, con sus historias, sus heridas y sus alegrías. Una parada para compartir la mesa y la vida.

Luego vendrá lo que tenga que venir. A Jesús, que era cualquier cosa menos tonto, le esperaba algo terrible en Jerusalén. Lo sabía, ¡cómo no! Pero antes de afrontarlo, quiere hacer esta parada. Es una casa en la que, por un momento, se vive la fraternidad del Reino, se comparte el pan, se abre el corazón y resurge la esperanza (¿no resuena en esta parada de Jesús el misterio de la Eucaristía?). Se olvidan por un momento los dolores del camino, las heridas, los callos de los años y se vive desde otra dimensión.

Luego se vuelve al camino. La realidad está ahí. Pero ahora se afronta con otra fe, con otra fuerza. Y la vida cobra nuevo sentido. Como Jesús, es bueno que nosotros hagamos también una parada así de vez en cuando. Y que demos gracias por las paradas ya hechas que, con toda seguridad, tanto nos han ayudado en nuestro caminar.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Domingo de Ramos, en la voz de los Hnos Capuchinos.

SEMANA SANTA CON LOS CAPUCHINOS | DOMINGO DE RAMOS

Al iniciar el camino de la Semana Santa, los Hermanos Capuchinos queremos compartir con ustedes una breve reflexión para vivir profundamente el Domingo de Ramos, la puerta de entrada a los misterios más grandes de nuestra fe.

Que esta Semana Santa sea una oportunidad para el silencio interior, la oración y la caridad fraterna. Caminemos juntos estos días, con el corazón abierto a la gracia que Dios tiene preparada para cada uno de ustedes.

¡Paz y Bien!

Homilía para la Eucaristía del domingo 29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS.
Isaías 50, 4-7: Poema en el que se canta la hazaña del Servidor del Señor, el que es capacitado para consolar a los abatidos. Servidor siempre dócil que cumple la voluntad de Dios.
Filipenses 2,6-11: Himno que canta el Misterio de la Encarnación. Un Dios que entra en nuestra historia para cumplir la Voluntad de Dios.
La Pasión de Cristo en la versión de san Mateo. Nos presenta a Jesús inmolado como cordero pascual para liberar.

1.- Hoy entramos a la Semana Santa, distinta a las otras, en la que queremos celebrar-contemplar un tremendo misterio de fe. Misterio que tiene muchas aristas, pero que todas convergen en Cristo, el Servidor fiel de Dios, que es presentado como un dócil discípulo que viene a cumplir con el Plan de Dios.
Discípulo que es rechazado, vilipendiado por los hombres, pero aceptado y protegido por Dios. Misión suya será brindar esperanza y descanso al abatido. ¿Quién es este Servidor del Señor? Es un personaje misterioso, que nos conduce al verdadero Servidor, al Señor Jesús.
2.- Efectivamente la carta de san Pablo a los Filipenses (segunda lectura) nos invita a contemplar a Cristo, el verdadero Servidor, que se anonadó, se humilló y vivió cumpliendo en todo momento con la Voluntad de Dios. “Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz”, que es la más ignominiosa y cruel de las muertes, propia de un esclavo. Es que Jesús murió como el que era: siendo Dios se hizo hombre; siendo el Señor se hizo el esclavo de todos. Por eso murió como un esclavo. Por eso Dios lo exaltó y lo puso en su lugar, a su derecha, como Rey y Señor de todo.
3.- Por eso es Jesús el Señor, el que con su obediencia nos rescató. Pero la humanidad, dándole la espalda a Dios, se auto constituye en Dios y Señor de todo. Por eso abusa, atropella y destruye.
Cristo, en cambio, con su obediencia nos trae salvación. El ser humano con su autosuficiencia, soberbia y desobediencia nos trae destrucción. Y es la cruel y triste realidad la que estamos viviendo en estos días.
La tozudez de los que se creen dueños de las naciones hace que cada vez impere más y más la guerra y con ello la violencia y la muerte. ¡Y Dios no quiere eso! Dios busca y quiere que se le obedezca y haga caso.
4.- Hoy entramos a celebrar esta Semana Santa.
La Pasión según san Mateo nos muestra a Jesús como el cordero pascual inmolado. Así como el cordero en la noche de pascua fue salvación para los israelitas, del mismo modo la Pasión de Cristo, expresión de su obediencia ciega al Padre, es causa de nuestra salvación.
El evangelio no nos presenta una historia exacta, una crónica, de la Pasión de Cristo, sino una síntesis con una intención doctrinal. Por eso se insiste en la Pascua que el Señor anticipa con la Cena.
¿Cómo vamos a celebrar este Misterio de nuestra Fe? Más que con ritos, con nuestra vida. Que nuestra vida sea una proclamación de Cristo, el Vencedor. Que no nos asusten las malas noticias, porque “si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?
El ramo en sí no significa nada, pero nos recuerda que hoy hemos reconocido y aclamado al Señor como a nuestro Salvador. Celebremos, hermanos.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 28 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10.11-12ab.13

R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy la profecía de Ezequiel, que escuchamos en la primera lectura, anuncia el triunfo del Reino: “Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre…” El santuario de Dios entre los hombres es Jesús. Esa es la clave para que comprendamos la profecía. Es aquel predicador ambulante que hacía milagros, amaba a la gente, perdonaba a los pecadores, se mostraba cercano y amable pero también riguroso y severo, hablaba con autoridad y se proclamaba Hijo de Dios.

En el encuentro del Resucitado con los discípulos de Emaús, leemos cómo Jesús les fue explicando las Escrituras porque en ellas está anunciada, detalle a detalle, su vida desde la Encarnación hasta la Resurrección.

El Sanedrín era el Consejo Supremo y el tribunal más alto del pueblo judío en tiempos de Jesús. Funcionaba como una autoridad religiosa, legislativa y judicial que regía los asuntos internos de Judea bajo la supervisión romana. Los sumos sacerdotes, los fariseos y los ancianos convocados al Sanedrín conocían las profecías y también a Jesús. No vieron o más bien no quisieron ver que esas Escrituras veneradas habían hablado de Él durante siglos. Estaban atrapados en el miedo. Los signos de Jesús, sus obras, más que argumentos en su defensa representaban una amenza a la estabilidad política y seguramente también un peligro para su posición social y su poder.

Como señala con agudeza el evangelista, el sumo sacerdote, no por propio impulso sino por su cargo, fue impulsado a hablar proféticamente: conviene que uno muera por el pueblo. Ciertamente convino que aquello ocurriera para nuestra salvación.

A veces, los que nos decimos seguidores de Jesús, podemos estar tentados como aquel Sanedrín por el atractivo de ser miembros de la Iglesia sin arriesgar nada. Nos desentendemos de los problemas, no queremos conflictos, estamos muy cómodos en una religión “blandita” que consuela un poco, que nos deja buena conciencia, que se adapta a las modas y a lo que “se lleva” en estos tiempos… No queremos líos. Pero seguir a Jesucristo nos va a pedir implicarnos en muchos líos inexorablemente… Y el primero de todos es creer con una fe activa, que se expresa en obras, en compromiso y en asumir los riesgos de ese seguimiento.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 27 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La suerte está echada, pero aún no es el día y la hora y Jesús, tras un nuevo altercado con los judíos y la intentona de estos de proceder sin más a la lapidación -relata el evangelista-, marcha al otro lado del Jordán, donde había bautizado Juan.

Juan el Bautista nombró a Jesús como Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo; dijo que era superior a él porque existía antes; dijo que bautizaría con el Espíritu Santo y fuego; afirmó que era el Hijo de Dios tras ver al Espíritu Santo descender y escuchar “Este es mi Hijo bienamado, escuchadle”; también aseguró que no era digno de desatar la correa de sus sandalias…

Muchos acudieron recordando lo que el Bautista había dicho de Él. Y creyeron en Jesús. A diferencia de los poderosos de Jerusalén, estos comprenden -recordando el testimonio de Juan- quien es el galileo a quien aquellos temen y odian aunque habían visto sus obras.

No son las obras lo que reprochan a Jesús ya que habían visto o habían escuchado el relato de curaciones, expulsión de demonios, resurrecciones. Lo que temían era la verdad. Sorprendentemente, aquellos dirigentes de un pueblo que esperaba al Mesías, le temen porque intuyen o comprenden perfectamente que las palabras de Jesús suponen un cambio que acabaría con su poder, sus injusticias disfrazadas de acatamiento de la ley, sus privilegios…

A lo mejor, algunos que nos llamamos cristianos creemos en Jesucristo pero en un Jesucristo “cómodo”, que no nos inquiete, que nos evite el dolor y el sufrimiento y que no nos exija gran cosa. Pero si de verdad creemos en Él como el único que nos puede salvar, tenemos que asumir que no hay otro camino que el de identificación con Él en su Cruz que, inevitablemente pasa por el amor al prójimo en obras y palabras.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/