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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 25 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (5,5b-14):

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella. Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno. Paz a todos vosotros, los cristianos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,2-3.6-7.16-17

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,15-20):

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En el camino de la Pascua, nos encontramos con el recuerdo en la liturgia de san Marcos, Evangelista. Si pinchas aquí, verás algo de su vida. Siempre viene bien pensar en la vida de aquellos que nos han dejado por escrito sus vivencias de fe, para que todos conozcamos lo que el Señor quiso revelarles.

Este pasaje, la Ascensión del Señor, constituye el cierre triunfal del Evangelio según San Marcos. Es un texto vibrante que no solo narra el fin del ministerio terrenal de Jesús, sino que establece la hoja de ruta para la Iglesia de todos los tiempos.

«A todo el mundo». Jesús lanza un imperativo que rompe cualquier frontera geográfica, cultural o social: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura». Aquí, el Evangelio no se presenta como un secreto para unos pocos elegidos, sino como una oferta de salvación universal. La frase «a toda criatura» es especialmente poderosa. Sugiere que la Buena Noticia de la victoria sobre la muerte debe resonar en cada rincón de la creación. Para el lector actual, este llamado es una invitación a salir de nuestra zona de confort y ser testimonios vivos de esperanza en un mundo a menudo fragmentado.

Jesús establece una relación directa entre la fe, el bautismo y la salvación. Sin embargo, lo que suele captar más la atención en este pasaje es la lista de «señales”: expulsar demonios, hablar nuevas lenguas, protección contra venenos y sanación de enfermos. Por supuesto, no se trata de convertirnos en magos, sino de ser testigos del Reino de Dios. Porque el que actúa en el nombre de Jesús tiene poder sobre el mal, con una autoridad espiritual que otorga el Espíritu Santo.

Permite, además, comunicarse con todos, porque el Evangelio es capaz de derribar muros y unir a los diversos pueblos, con el lenguaje del amor. Y siempre poniendo en primer lugar el cuidado ¡y la promoción de la vida, porque el Evangelio destaca la integridad y el valor de cada ser humano. Cada vez que ofrecemos consuelo al desesperado, luchamos por la justicia o construimos puentes de diálogo donde hay conflicto, estas señales se vuelven a manifestar.

El pasaje concluye con un detalle fascinante: Jesús asciende al cielo y se sienta a la derecha de Dios, pero no se ausenta. El versículo 20 dice: «Ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían». Esta es la paradoja del cristianismo: Jesús se va para estar más presente que nunca. Ya no está limitado por el espacio y el tiempo de un cuerpo físico, sino que actúa a través de sus discípulos. La misión no es una carga que llevamos solos; es una colaboración donde nosotros ponemos la voz y los pies, y el Señor pone la gracia y el poder.

Este pasaje nos desafía a pasar de la teoría a la práctica. Una fe que no se comunica es una fe que se marchita. Al publicar este comentario, recordamos que la comunidad digital también es «todo el mundo». Que nuestras palabras en red sean, como pedía Jesús, semillas de Evangelio que transformen la vida de quien las lee. «Señor, haz que seamos manos que sanen y voces que anuncien Tu victoria en cada rincón de la tierra.»

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 24 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,1-20):

EN aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
Dijo él:
«¿Quién eres, Señor?».
Respondió:
«Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
«Ananías».
Respondió él:
«Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo:
«Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó:
«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 116,1.2

R/. Ir al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,52-59):

EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La conversión de Saulo en Pablo es un momento muy importante en la historia del Cristianismo. Algo tan inesperado, que parece increíble. «¿Cómo has logrado, Señor, este cambio nunca visto: de Saulo, el perseguidor, en Pablo, heraldo de Cristo?». Tan extraordinario, que encontramos hasta tres versiones distintas del mismo asunto (un relato en Hechos 9, 1-30 y dos discursos del propio apóstol en Hechos 22, 4-21 y Hechos 26, 9-23.) Se ve que no era sencillo dejar por escrito lo que el Apóstol había sentido de camino a Damasco, en su encuentro con Cristo.

Es que, cuando Dios elige a alguien para una misión, no para hasta que logra que esa persona acepte.  Y sabemos que, desde ese momento, Pablo dedicó todos sus afanes no ya a perseguir a los cristianos, sino a propagar el mensaje de Cristo por todos los rincones de la tierra.

Ese mensaje que no todos podían asimilar a la primera. Hasta el punto de que algunos pensaban que quería que practicaran el canibalismo… Tomarse algunas cosas al pie de la letra es lo que tiene.

Lo importante es saber profundizar en el sentido de las palabras de Cristo, verlas en el contexto de su vida entera, y aplicarlas a la nuestra. El Maestro nos está hablando de cómo alcanzar la vida eterna. Por eso es importante.

¿Qué significa comer hoy el cuerpo y beber la sangre de Cristo? Probablemente, formar parte de un solo cuerpo, de la Iglesia. Vivir unido a todos, por la gracia de Dios. Eso es lo que nos permite la Comunión: encontrar la unidad en la diversidad. Cada uno, siendo como es, puede sentir que, por la fe, podemos vivir en relación con todos. Muchos piensan que sólo es posible estar unidos a los que piensan como yo. Pero Jesús hace posible lo imposible, para unir a todos, porque unidad no es uniformidad. En nuestra Iglesia Católica hay sitio para todos.

Podríamos decir que, gracias al Cuerpo y la Sangre de Cristo, pasamos de la confusión de Babel al entendimiento de Pentecostés, de la división a la unidad. Ese milagro lo consigue la Comunión, porque al compartir el Cuerpo de Cristo comenzamos a compartir la vida con los hermanos. Esa Comunión nos une con toda la Iglesia.

Por eso, la Comunión es alimento para el débil, medicina para el enfermo, impulso para el cansado. Porque nos cuesta creer en la unidad. Por eso tenemos que pedir ese don de sentir la unidad a menudo. Para dar testimonio ante el mundo, porque el mismo Cristo lo quería así (que todos sean uno, como Tú y Yo, Padre, somos uno). Tenemos que dejar de ser “diablos”, dejar de dividir y separar, para ser fuente de unidad.

El fin es vivir por el Señor, permitiendo que el amor de Cristo moldee la existencia de cada creyente hacia la vida eterna y la caridad fraterna, construyendo puentes, en lugar de muros, para unir en la diversidad. Un milagro del pan único, compartido en cada Eucaristía. Y confiar en la intercesión de María, nuestra Madre, que abre la puerta para que entre Jesús en nuestra vida.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 23 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,26-40):

EN aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
«Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate y pégate a la carroza».
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
«¿Entiendes lo que estás leyendo?».
Contestó:
«Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«Como cordero fue llevado al matadero,
como oveja muda ante el esquilador,
así no abre su boca.
En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá contar su descendencia?
Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
El eunuco preguntó a Felipe:
«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
Felipe se puso a hablarle y, tomando píe de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 65,8-9.16-17.20

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,44-51):

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

“¿Entiendes lo que estás leyendo?” Es una buena pregunta, también para nosotros, cristianos del siglo XXI. No es fácil, sin tener las claves de interpretación, entender la Palabra de Dios. Por eso es oportuno siempre profundizar en el estudio de la Palabra. La formación es fundamental para todo buen cristiano.

El pasaje de Juan nos mete de lleno en el discurso del Pan de Vida. Ese discurso que, en verano, a los sacerdotes nos da muchos problemas, porque hay que predicar sobre ellos casi durante un mes. Allí Jesús destapa una verdad que es profunda sobre cómo se conectan Dios, la fe y la vida para siempre. En estos versículos, el Señor lo dice sin andarse con rodeos, nadie va a Él si el Padre no los atrae. Porque creer es principalmente un regalo de Dios. El Padre es quien da el primer paso, el que toca el corazón del creyente y lo guía hacia el Hijo.

Esta enseñanza nos impulsa a ver cómo Dios actúa sin parar en nuestras vidas. A menudo, pensamos que somos nosotros los que buscamos a Dios, pero este fragmento nos hace ver que, de hecho, Él es quien nos busca primero, nos llama y nos atrae con cariño. Esa atracción es una invitación llena de amor que respeta nuestra libertad, pero que a la vez hace que queramos algo más verdadero y profundo.

Jesús sigue, usando lo que los profetas dijeron: “Todos serán enseñados por Dios”. El verdadero entendimiento de Dios va más allá del intelecto, es una experiencia que se siente muy adentro. Oír al Padre, y aprender a través de Él requiere abrir el corazón, y así dejarse transformar aceptando su querer. La fe, en resumen, no es solo asimilar ideas; implica una relación viviente con Dios, que cambia por completo la vida.

El núcleo del pasaje gira en torno a la declaración de Jesús como el «pan de vida». Al contrario del maná que los israelitas comieron en el desierto, sin evitar la muerte, el pan que Jesús promete nos da la vida eterna. Jesús es el que responde al anhelo más profundo del ser humano, la vida plena y eterna.

Cuando Jesús afirma: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo», revela su identidad divina y su tarea salvífica. Él no es meramente un maestro o profeta, sino el alimento que da vida al mundo. Ese pan se asemeja a su propia carne, anticipando el misterio de la Eucaristía, donde Cristo se ofrece enteramente para salvar a la humanidad. Podemos pensar hoy: ¿qué nos nutre en el día a día? Jesús nos solicita a que vayamos hacia Él, alimentándonos con su palabra y presencia, para hallar la verdadera vida.

En suma, este pasaje es un llamamiento a confiar. Si el Padre nos atrae hacia el Hijo, podemos estar seguros de que nuestra fe está sostenida por el mismo Dios. No andamos solos: somos conducidos, enseñados y nutridos por Él. Aceptar este regalo y vivir en unión con Cristo es la senda hacia la vida eterna, porque Él la ofrece.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 22 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,1b-8):

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 65,1-3a.4-5.6-7a

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna enteramente. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,35-40):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

No podemos dejar de sorprendernos de los misteriosos caminos que usa nuestro Dios. La persecución contra los primeros creyentes, que podría haber significado el final del Cristianismo, se convierte en el comienzo de la expansión de la fe por todo el mundo. Hasta en Samaría, el lugar de oposición a los judíos por antonomasia, se alegran por la Buena Nueva. Seguramente, porque es algo nuevo, que está avalado por la experiencia de vida de los testigos.

En el Evangelio, sigue el discurso del Pan de Vida. Jesús se presenta con una afirmación que es al mismo tiempo simple y profunda: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”. Con estas palabras, Jesús nos invita a una relación de confianza y entrega total, ofreciendo algo que trasciende lo material: el alimento del alma que satisface para siempre.

El pan es un alimento básico, símbolo de sustento y vida. Pero Jesús, al llamarse a sí mismo “el pan de vida”, nos recuerda que la verdadera satisfacción no proviene solo de lo que comemos o de lo que poseemos, sino de una relación profunda con Él. En un mundo donde la búsqueda de éxito, reconocimiento y placer parece no tener fin, Jesús nos ofrece una alternativa: la paz y la plenitud que nacen de la fe en Él. No es un alimento que se consume y se agota, sino un don eterno, capaz de sostenernos en todos los momentos de nuestra vida.

El pasaje también nos enseña sobre la misión de Jesús: “No he venido para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquél que me envió”. Aquí descubrimos la clave de su mensaje y de nuestra vocación: seguir la voluntad del Padre. Para Jesús, esta voluntad se traduce en ofrecer la salvación a todos los que creen en Él, asegurando que nadie se pierda, sino que todos tengan vida eterna. Estamos llamados a confiar, incluso cuando no comprendemos todos los caminos de Dios. La fe no es un acto de cálculo, sino de entrega plena, confiando en que Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros.

Además, este Evangelio nos invita a reflexionar sobre nuestra hambre y sed interior. Muchas veces intentamos llenarnos de cosas pasajeras: dinero, poder, relaciones superficiales. Pero ninguna de éstas puede colmar el vacío del corazón. Solo Jesús puede saciar nuestra hambre más profunda: la de ser amados, comprendidos y redimidos. Al acercarnos a Él, al recibir su palabra y su presencia en la Eucaristía, encontramos esa satisfacción que el mundo no puede ofrecer.

Hoy la Palabra nos llama a hacer de Jesús nuestro sustento diario. Alimentarnos de su amor, de su ejemplo y de su mensaje nos transforma, nos fortalece y nos conduce a la vida eterna. No se trata solo de recibir pasivamente, sino de vivir y compartir ese alimento con los demás, siendo pan que se parte para nutrir al hermano que sufre, al que tiene hambre de justicia y de paz.

Que esta Palabra nos recuerde que Cristo es nuestro verdadero pan, y que al acercarnos a Él con fe, encontramos la plenitud que el mundo no puede dar. Que nuestra vida se convierta en un reflejo de este pan que se entrega, y que, al igual que Jesús, podamos ser instrumentos de amor y vida para todos los que nos rodean. Amén.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente ; https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 21 de abril de 2026

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (7,51–8,1a):

EN aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».
Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,3cd-4.6ab.7b.8a.17.21ab

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,30-35):

EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Se consuma la muerte de Esteban, que muere perdonando a sus verdugos, como hizo Jesús. Hasta el final, fiel a su Maestro. Un final previsible para un testigo fiel, que no quiso renunciar a la Verdad que había encontrado en su vida. Un ejemplo de entrega a esa causa de la Verdad.

Ese Maestro que hoy tiene una conversación importante con la gente. Mucha gente estaba impresionada por el milagro de la multiplicación de los panes y buscaba a Jesús, pero no tanto para entender quién era, sino porque les había saciado el hambre.

La gente le pidió a Jesús una señal, recordando el maná que sus antepasados recibieron en el desierto. Sin embargo, Jesús les dijo que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino Dios. Ahora, el mismo Dios ofrece el verdadero pan que da vida al mundo. Jesús no es solo alguien que nos da cosas, sino que es el don de Dios mismo.

Jesús dijo: “Yo soy el pan de la vida». Esto significa que Él es el camino hacia Dios, no solo alguien que nos enseña el camino. Quien vaya a Él no tendrá hambre ni sed, porque en Él encontrará la plenitud que nada en este mundo puede dar.

Este mensaje nos hace pensar. ¿Qué es lo que estamos buscando en la vida? En un mundo donde todo es rápido y superficial, es fácil quedarse en lo que nos hace sentir bien momentáneamente. Sin embargo, el Evangelio nos dice que hay un hambre más profunda: el deseo de sentido, de amor verdadero, de vida plena. Solo Jesús puede satisfacer esa hambre.

Este pasaje también nos habla de la Eucaristía. Jesús se entrega a nosotros en la Eucaristía, que es un alimento espiritual que nos hace más fuertes en la fe y nos une más con Dios. Participar en la Eucaristía no es solo un rito, sino un encuentro que nos cambia la vida.

La gente le dijo a Jesús: “Señor, danos siempre de ese pan». Esto es algo que también deberíamos pedir. Reconocer que necesitamos a Dios es el primer paso para recibir su don. Cuando nos acercamos a Jesús con fe, descubrimos que Él nos da una vida nueva, llena de esperanza y sentido.

Así, este relato nos invita a ir más allá de lo superficial y a encontrar en Jesús el verdadero alimento que nos sostiene y transforma la vida, la fuente del amor. “El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida por nosotros solos, lo encontramos con otro.” (Thomas Merton). Que hoy lo vivas, lo des y lo recibas.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 20 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,8-15):

EN aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
Entonces indujeron a unos que asegurasen:
«Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
«Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».
Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,23-24.26-27.29-30

R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R/.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,22-29):

DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Lo sabemos desde siempre: seguir a Cristo puede ser perjudicial para la salud. Que se lo digan a san Esteban, que va a morir apedreado por ser fiel al Señor. Que le pregunten a los grupos de católicos secuestrados en Nigeria la noche de Pascua, por acudir a la Vigilia al templo. Por ejemplo.

Incluso en Navidad, la Liturgia nos recuerda que la vida y la muerte están unidas, celebrando a san Esteban el día después de celebrar el Nacimiento de Cristo. Los mártires nos recuerdan que se puede ser fiel hasta el final. Hasta dar la vida, como hizo el Maestro. Ya lo dijo Jesús, “el discípulo no es más que su maestro”. Con Esteban se repiten los prejuicios, las envidias, los falsos testimonios y, al final, la muerte injusta de un justo. Nada nuevo bajo el sol.

Esteban estaba lleno de gracia y de poder, porque había encontrado la fuerza en la resurrección de Cristo. Esteban creyó en el Enviado de Dios, y lo hizo de verdad. Sin vacilaciones. Como un verdadero discípulo.

Nosotros vivimos en un mundo “gaseoso”, “líquido”, “relativista”, en el que nos cuesta ser fieles y constantes. La inmediatez nos va llevando y se nos olvida lo importante. Pasa lo mismo en la relación con Dios. La crítica de Jesús puede seguir siendo justa: “me buscáis porque habéis comido pan hasta saciaros”. En el grupo de seguidores de Jesús los había muy fieles, y había otros que estaban con el Maestro por el interés o por curiosidad. Comer de balde o ver milagros es siempre interesante. Pero por el interés o por la curiosidad no se puede ser mártir. Ni ser un verdadero discípulo, cuando las cosas vienen mal dadas.

La pregunta de los contemporáneos de Jesús: «¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?», es muy actual. Creer en Jesucristo, en el Enviado del Padre, es la mejor manera de realizar las obras de Dios. ¿Cómo podemos traducir estas palabras en nuestras vidas, hoy?

Podemos empezar amando a Dios y al prójimo. Para un cristiano actual, esto significa que cada acción —desde decisiones éticas en el trabajo hasta la manera de relacionarnos con otros— debería reflejar este amor.

En el siglo XXI, las tentaciones y distracciones son muchas: consumismo, redes sociales, presión por el éxito, etc. Las “obras de Dios” implican practicar la integridad y la honestidad, cultivar la humildad y el servicio, buscar la justicia y la misericordia en nuestra comunidad. Esto se refleja en acciones concretas: voluntariado, si es posible, ayuda al necesitado, defensa de los vulnerables, respeto por el medio ambiente y la verdad, por ejemplo.

Hoy, realizar las obras de Dios no se limita a actividades “religiosas”, Se puede ser un ejemplo de perdón y reconciliación en conflictos. O ser generoso y compasivo, incluso en pequeñas cosas.

Para saber qué obra concreta hacer en cada momento, es importante orar cada día, leer y rezar con la Biblia. Esto ayuda a no actuar solo por impulso, sino de manera alineada con la voluntad de Dios.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 19 de abril de 2026.

DOMINGO TERCERO DE PASCUA. A
Hechos 2,14.22-28: Primera proclamación del Mensaje dee salvación. Dios ha acreditado a su Hijo Jesús resucitándolo como Mesías.
1Pedro 1,17-21: No debemos olvidar que hemos sido rescatados por Cristo; por eso debemos vivir nuestro peregrinar a Dios.
Lucas 24,13-35: El Resucitado es reconocido por los discípulo en la fracción del pan.

1.- Estamos celebrando a Jesús, el Señor, a quien el Padre, al resucitarlo, lo acreditó como Mesías. Es decir, nos da la seguridad plena de que Él, Jesús, es el Salvador, el que nos ha rescatado. Esa es la verdad, Dios nos ha rescatado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Y el precio, como dice Pedro, es con su Sangre Preciosa. Y así como rescató al pueblo israelita de la esclavitud del faraón, también a nosotros nos ha rescatado y estamos peregrinando por este mundo. Peregrinación que debemos realizar con respeto. Así como Dios acredita a su Hijo resucitándolo, nosotros debemos acreditar a Dios viviendo como resucitados.


2.- La carta de Pedro insiste en una gran verdad: somos peregrinos y forasteros en este mundo, lo que exige un estilo de vida que no es de instalados.
La vivencia de la fe comprende tres aspectos: salir, peregrinar, llegar. Salir, del pecado, lo que hemos realizado en el Bautismo. Peregrinar, llevando un estilo de vida, el de Jesús. Llegar, a la Comunión plena con Dios Padre.


3.- A veces se nos olvida esto. Y vivimos una vida instalada, espiritual burguesa, la que se traducirá en una vida burguesa, chata, inerte, que nada produce. ¡Y Dios nos quiere con frutos buenos y abundantes! Jesús quiere una Iglesia dinámica, viva y de testimonio, no una Iglesia mortecina, inerte, que más que atraer aleja.
Hay Iglesia, grupos, comunidades religiosas que luchan sólo por sobrevivir y no para dar a conocer el Mensaje de Jesús. Y el Señor nos quiere como Testigos de su resurrección, de su vida.


4.- La escena de Emaús puede retratar ya sea a la Iglesia o a un cristiano. Ya sabemos que vamos caminando. Pero no saliendo del pecado, sino caminamos bajoneados, desanimados, sin esperanza. Lo peor que puede sucederle a una persona es perder la esperanza, la razón de ser de su vida.
Los que caminaban hacia Emaús iban decepcionados, no ha pasado nada de lo que se les había dicho. Con la muerte de Jesús todo acabó, se derrumbó, un tremendo fracaso. A pesar de que Jesús iba con ellos, ellos no están en condiciones de reconocerlo, la frustración y la pena cierra sus ojos. Es que el Resucitado se deja ver con los ojos de la fe. Lo esencial se ve con el corazón.
A veces nos preguntamos si el Señor está con nosotros, pero lo importante es descubrir al Resucitado junto a nosotros. ¡LA FE! Creerle a Dios, darle crédito a Él, así como Él nos acredita con signos que Jesús vive. Y el mejor de los signos lo tenemos a la mano: la Fracción del Pan, donde el Señor se nos manifiesta generosamente.
Somos peregrinos, pero no vamos solos. Salgamos de aquí como los de Emaús y confesemos con nuestras vidas que es verdad: ¡Jesús Resucitó!.
Hno. Pastor

EDD. sábado 18 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (6,1-7):

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,1-2.4-5.18-19

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,16-21):

AL oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio adonde iban.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Las lecturas y el salmo de hoy hablan de dos tipos de temor. El temor de quienes saben que Dios cuida de ellos. No es miedo, sino reverencia y confianza. El temor lógico de los discípulos que ven a Jesús caminar sobre las aguas: ¿qué es, un mago, un fantasma…? El “soy Yo” de Jesús, el nombre de Dios en el Sinaí, el nombre del único que de verdad tiene existencia, puede provocar los dos tipos de temor: al asombrado, reverencial y sobrecogedor de la presencia de Dios, y el de haber visto el rostro de Dios y ya no vivir…

Pero Jesús dice: no tengáis miedo: Soy yo; yo existo y por lo tanto hay vida. Soy y por tanto podéis ser. Soy yo y no hay nada de lo que aterrorizarse; sí mucho que contemplar asombrados, con temor, reverencia y sobrecogimiento. A menudo vemos en nuestras iglesias una especie de familiaridad (de muy buena intención) con las cosas de Dios, pero a la que le falta el sobrecogimiento y la reverencia. No pasamos por delante de cualquier cosa, sino de altar y sagrario. No tratamos de cualquier objeto, sino de lo sagrado para la Eucaristía…

Podría parecer que las dos lecturas de hoy no guardan mucha relación. El relato de los primeros diáconos y el del sobrecogimiento de los discípulos ante la majestad de Dios podrían parecer distantes. Y sin embargo, los siete diáconos son elegidos precisamente por su sabiduría y por el Espíritu en ellos. Esos dones del Espíritu que celebraremos en Pentecostés son los que envían al servicio. Liturgia (la adoración de Dios), diaconía (servicio), comunión y testimonio, los cuatro elementos esenciales para la identidad de la Iglesia siempre están presentes en todo momento de la vida cristiana y se necesitan uno a otro.  No puede haber verdadero servicio reverente a la dignidad humana sin adoración a su Creación. No puede haber verdadera adoración la que no respeta y reverencia al otro; no puede haber comunidad sin adoración (sería un club de amigos); no puede haber testimonio sin tener la experiencia de una presencia de la Majestad de Dios.

No tenemos miedo; pero sí temor ante un Dios al que nos podemos acercar como amigos, pero reconociendo al Altísimo. A él servimos en los demás; de Él damos testimonio; por él somos Asamblea.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 17 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (5,34-42):

EN aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.
Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.
En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».
Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.4.13-14

R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,1-15):

EN aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay historias de santos que parecen totalmente de locos. Maximiliano Kolbe ofreció su vida para salvar a un preso del campo de concentración, padre de familia. Kolbe tuvo una muerte terrible, el hombre sobrevivió para ver a su familia crecer: y pudo ver la canonización de su rescatador.  Otros arriesgan sus vidas en lugares peligrosos por su fe. Otros, como la viuda del evangelio, dan todo lo que tienen y se quedan sin apenas medios para vivir ellos mismos. Pedro Chanel predicó en las islas del Océano Pacífico sin ningún fruto. El resultado de su predicación fue su propia muerte. Poco después, toda una isla se convirtió al cristianismo, sin que él lo pudiera ver con sus ojos mortales. Son locuras. Los discípulos de hoy aducen no tener suficiente para dar de comer a tantos. Tienen razón. Jesús les está pidiendo un imposible. Por  contraste, Gamaliel advierte sobre no hacer lo que Dios pide, aunque parezca peligroso o absurdo, porque, si la cosa es de Dios, lo peligroso es negarse a hacerlo…

Si es de Dios, saldrá adelante y tendrá fruto. En cosas más pequeñas que se nos puedan pedir, podemos partir de la “prudencia” y de una mentalidad de escasez. Es que no tenemos, es que no podemos, es que sería muy peligroso… Parece que el muchachito con sus cinco panes y dos pescados tuvo una confianza total en que lo que parecía locura se podría convertirse en comida para una multitud.

¿Con qué contamos, en términos de recursos, fuerzas, talento, que podamos ofrecer para que Jesús lo multiplique para el bien? A vece podemos decir que estamos cansados, que somos viejos, o demasiado jóvenes, que no tenemos tal talento, que la cosa supone un riesgo y que hacerlo sería una imprudencia. Y en todo eso, podremos tener razón; solo tenemos cinco panes y dos peces y frente a nosotros hay una multitud de necesidades.

Pero, si está de Dios, habrá que ofrecerlo, por muy locura que parece. Porque no hacerlo podría suponer un grave peligro de hambre, sed, escasez, falta de vida, para los demás. Eso sí sería más arriesgado y con un efecto mucho más multiplicador. A nosotros nos toca dar lo que se nos pide. El resto se multiplicará como Dios quiera. Y hasta sobrarán doce cestos. Locuras de Dios.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 16 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (5,27-33):

EN aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,2.9.17-18.19-20

R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,31-36):

EL que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Todos queremos pertenecer a algo: a una familia, a una comunidad, a un grupo de ideas políticas similares, a una asociación con algún fin que defendemos. Desde los adolescentes que se vuelven locos por “ser ellos mismos” pero aceptan sin remilgos las normas, formas de vestir y usos de su grupo de referencia, hasta los ancianos que acuden a algún club de tiempo libre por estar con otros. A muchos la soledad los abruma y asusta.

Toda pertenencia conlleva unas normas y una obediencia concreta. En la pertenencia de la que se habla hoy, es una pertenencia a quien lo tiene todo en sus manos, al Cristo a quien se le ha dado todo el poder y toda la gloria. El Padre amó al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. Pertenecer a “ese club”, es decir a la comunidad cristiana, a la Iglesia, supone depender en absolutamente todo de la luz de Cristo, de la voluntad de Dios. Supone obedecer a Dios antes que a los hombres. Todos sabemos que algunas de las cosas que vemos a nuestro alrededor pueden haber sido sancionadas por la ley (aborto, eutanasia, ciertos atentados contra la vida y la dignidad humanas, el adoctrinamiento inmoral de los niños en las escuelas), pero no es legítimo, porque no está de acuerdo con el dueño de todo y por tanto, no se debe obedecer.

Se habla también mucho de delitos de odio. Por definición, ya que Dios es amor, el odio (a alguna de sus criaturas, que no al mal) está en contra de la luz de Dios. El odio a la vida, a la verdad, a la justicia, es odio a Dios, por pura definición. Pero quienes pertenecen a Cristo, para poder seguir en esta comunidad, para poder pertenecer, tenemos que cumplir las leyes del amor, que no siempre son fáciles cuando se trata de responder al odio. Como cristianos, tenemos que estar decididamente del lado del Dueño de todo, que es Cristo Jesús, de su Verdad y de su Vida.

Cármen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/