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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 06 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (60,1-6):

¡LEVÁNTATE y resplandece, Jerusalén,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
y su gloria se verá sobre ti.
Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira:
todos ésos se han reunido, vienen hacia ti;
llegan tus hijos desde lejos,
a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, y estarás radiante;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,
y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
Te cubrirá una multitud de camellos,
dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,
y proclaman las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71

R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra.

V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

V/. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

V/. Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. R/.

V/. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,2-3a.5-6):

Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (2,1-12):

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La fiesta de hoy se mueve entre la universalidad y la amenaza. Me explico. La historia de los magos de Oriente que llegan hasta Belén para adorar al niño siguiendo una estrella misteriosa que les guía hasta el mismo pesebre es la forma que tiene el evangelista de decirnos que el niño recién nacido, Jesús, trae consigo una buena nueva de salvación que no es sólo para los judíos sino para todos los hombres y mujeres del mundo. La tradición ha hecho, con muy buen tino, que cada uno de estos magos sea de una raza diferente. Así se expresa mejor esa universalidad del mensaje cristiano: Dios ama a todos sin distinción. Todos somos hijos suyos (independiente de que lo sepamos, lo creamos o lo aceptemos). Los Magos adorando al niño nos invitan también a nosotros a adorar, a reconocer que lo que nos viene en ese niño nos abre a un futuro mejor para todos, más fraterno, más justo, allí donde nadie quede excluido ni marginado. Los Magos adorando al niño nos invitan a comprometernos en nuestra vida a hacer realidad ese reino, donde los niños –es decir, los más débiles, los más vulnerables– ocuparán el centro y tendrán el primer puesto.

Además de la universalidad así expresada, el relato del Evangelio se dedica en buena parte a contarnos el momento de encuentro y diálogo entre los magos y Herodes. Herodes es el rey de los judíos. Herodes no quiere competidores. Como buen rey de la época, está dispuesto a mantenerse en el puesto a sangre y fuego. La noticia de que ha nacido un niño al que se le llama el “Rey de los Judíos” enciende todas las alarmas en el palacio del rey. No lo puede consentir. Hay que hacer algo inmediatamente. Pero Herodes no sabe, como no lo saben los magos, dónde está ese niño. Utiliza su poder y su astucia. Los sabios del pueblo le pueden informar del lugar. De informarle de los detalles se ocuparán los mismos magos a los que invita a pasar de nuevo por su palacio a la vuelta del encuentro. Así se va fraguando el plan para eliminar al niño.

Pero el bien termina triunfando sobre el mal, aunque no sin pasar por momentos difíciles. El poder hace atrocidades a veces para mantenerse. Hace poco hemos celebrado la fiesta de los santos inocentes. Ha habido demasiados inocentes a lo largo de nuestra historia. Demasiadas víctimas ofrecidas en el altar para salvar a los poderosos. La historia nos recuerda que la salvación que nos trae el niño Jesús es para todos sin excepción. Pero que supone compromiso y esfuerzo y lucha para hacer que el bien triunfe sobre el mal, que el poder malo no llegue a ganar la partida.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del domingo 04 de enero de 2026.

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Epifanía, movimiento y ternura. La Epifanía revela no solo quién es Jesús, sino de dónde nace nuestra búsqueda.

Hermanos y hermanas, hoy celebramos la Epifanía del Señor, la fiesta de la manifestación de Dios a todos los pueblos. El Dios que no se esconde, sino que se deja encontrar; el Dios que se revela no en el poder, sino en la fragilidad de un niño, envuelto en pobreza y sencillez. La Epifanía nos recuerda que el Niño de Belén es luz para todas las naciones, sin exclusiones, sin fronteras.
Desde la perspectiva francisclariana, la Epifanía se contempla a partir de la encarnación humilde. San Francisco de Asís tenía un profundo amor por el misterio del Dios que se hace pequeño. Para él, el pesebre no era solo una representación devocional, sino una verdadera escuela teológica: Dios se manifiesta en la minoridad, en la sencillez, en la cercanía con los pobres y los pequeños.
Los Magos, venidos de Oriente, representan a toda la humanidad en búsqueda. Siguen una estrella, un signo discreto, pero suficiente para quien tiene el corazón atento. Francisco y Clara nos enseñan que Dios continúa manifestándose en los signos sencillos de la creación, en la historia concreta, en los hermanos y hermanas, especialmente en los más vulnerables. Quien aprende a contemplar, aprende también a reconocer.
Al llegar a Belén, los Magos no encuentran un palacio, sino una casa pobre; no un rey poderoso, sino un niño. Y, sin embargo, se postran y lo adoran. He aquí la gran enseñanza de la Epifanía: Dios subvierte nuestras expectativas. En la lógica franciscana, solo el corazón despojado es capaz de reconocer la verdadera gloria de Dios, escondida en la humildad.
Santa Clara, mujer de la contemplación luminosa, nos recuerda que ver a Dios es dejarse transformar por Él. Al fijar los ojos en el Cristo pobre y crucificado, Clara descubrió la verdadera luz que no deslumbra, sino que ilumina interiormente. Así también los Magos: después del encuentro, “regresaron por otro camino”. Quien encuentra al Señor no puede seguir siendo el mismo.
Los dones ofrecidos —oro, incienso y mirra— expresan la totalidad de la vida puesta a los pies de Cristo. En la teología francisclariana, esto significa ofrecerse por entero: la vida, la misión, los dones, las fragilidades. Es la respuesta de quien reconoce que Dios se ha manifestado no para ser poseído, sino para ser seguido.
Celebrar hoy la Epifanía es renovar nuestra vocación a la fraternidad universal. Francisco llamaba a todos hermanos: al sol, a la luna, a los pobres, a los enfermos, a los extranjeros. La Epifanía nos invita a derribar muros y a reconocer que la luz de Cristo brilla en todos los pueblos y culturas.
Hermanos y hermanas, pidamos la gracia de ojos sencillos, capaces de reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano; de corazones pobres, abiertos a la sorpresa divina; y de pies disponibles, dispuestos a partir por otros caminos, llevando al mundo la luz que contemplamos.
Que, a ejemplo de san Francisco y santa Clara, seamos también nosotros testigos de la Epifanía, revelando con la vida que Dios está en medio de nosotros —pequeño, humilde y lleno de amor. Amén. Hno. Mauricio José Silva dos Anjos, OFMCap.

EDD. lunes 05 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,11-21):

Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 99

R/. Aclama al Señor, tierra entera

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,43-51):

En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Me van a permitir que por un día me fije sólo en la primera lectura. Es un texto de una de las cartas que se atribuyen al apóstol Juan. Nos dicen los estudiosos de la Palabra de Dios que es el mismo que escribió el Evangelio de Juan. Siempre nos ha parecido que era un hombre que andaba por las alturas, subido un poco por las nubes de la mística, con un lenguaje complicado no siempre fácil de entender. No hay más que recordar el prólogo de su Evangelio que hemos leído más de una vez en los días pasados.

Pero el texto de la primera lectura de hoy nos habla de que la mística cristiana siempre termina aterrizando en la realidad, en la vida de cada día. No se puede quedar en las alturas. No se queda en la contemplación ni en las horas de profunda oración. Al final el mensaje del Evangelio es, en síntesis, la buena nueva del amor que Dios nos tiene, manifestado en Cristo Jesús. Y eso se concreta en la relación diaria entre las personas. Y si no se concreta ahí, se queda en mera palabrería inútil.

Primero, el apóstol nos deja claro que el amor es lo opuesto a la muerte. Y, por tanto, al odio. El amor es vida. No tiene nada que ver con la muerte. Si amamos es signo de que hemos pasado de la muerte a la vida. Y el que no ama está muerto. Así de simple. El que no ama es como un “zombie”, uno de esos muertos vivientes de las películas, que andan por la calle siempre amenazando la vida de los demás. Lo que pasa es que para defendernos de ellos no usamos más arma que el amor. Es el único remedio que puede desactivar esa amenaza. Solo el amor regalado, entregado generosamente, gratuito, es capaz de transformar a esos muertos vivientes en personas libres, vivas, capaces a su vez de amar.

Pero el apóstol Juan añade algo más. Amar no es una palabra sino algo que se hace con obras. Como dice el refrán castellano: “obras son amores que no buenas razones.” Como dice el apóstol, si ves a tu hermano pasando necesidad y le cierras tus entrañas, ¿cómo puedes decir que amas de verdad?

Pues lo dicho. Si estamos vivos, amemos a los hermanos. Así venceremos el odio y la muerte. Pongámonos a la obra y concretemos ese amor en la vida diaria, en la relación con los que nos rodean. Ahí está la más alta cota de la mística cristiana.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 04 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR. A
Isaías 60,1-6: Cántico de gloria a la futura Jerusalén de los tiempos mesiánicos. Dios presente en medio, por eso, es polo de atracción para todos los pueblos que están sometidos a la oscuridad.
Efesios 3,3.5-6: Pablo describe el Plan salvífico de Dios: que también los gentiles son herederos del Reino, todos un solo cuerpo.
Mateo 2,1-12: Se grafica el primer encuentro de Jesús con los no judíos, representados por los Magos.

1.- Dentro del misterio de la Navidad está el misterio que hoy celebramos: la Manifestación del Señor a todos. Porque el misterio de Dios tiene dimensiones universales, pues Dios quiere que todos se salven, no algunos solamente.
Por eso el Profeta, con un lenguaje visionario contempla a la Jerusalén del futuro, la de los tiempos mesiánicos. Es una ciudad-Luz para toda la humanidad que yace en las tinieblas. Por eso es polo de atracción, más que la ciudad misma, lo que en ella habita: el Señor.
Jesús es esa Luz que al venir a este mundo, ilumina a todo ser humano. Cristo presente en medio viene a iluminar, a salvar.
2.- Es lo que san Pablo proclama en la carta a los Efesios. En resumen, lo que él afirma , lo que la Palabra de Dios afirma es que quien cree en Cristo, lo acepta, judío o no, es hecho hijo de Dios y miembros del Cuerpo de Cristo, es decir, de la Iglesia, que es el verdadero Cuerpo de Cristo. Pasa a ser familiar de Dios.
Esta afirmación que a nosotros suena a Buena Noticia, escandaliza a muchos, especialmente a los judíos, que pensaban que sólo ellos eran el Pueblo elegido y destinado a la salvación.
3.- Actualmente hay gente que tiene la misma mentalidad añeja, que cree que la salvación está ligada a una raza o nación, a una casta social o a una religión. ¡Y no es así! Para todos es la misma luz, la misma salvación.
Es una lástima que todavía hay gente que discrimina e invoca razones sin ningún fundamento que justifique esa postura segregacionista. Y un cristiano no puede ser así. Ya lo dice el antiguo himno religioso: No te importen las razas, ni el color de la piel. Ama a todos y haz el bien”.
4.- Dios se nos ha manifestado en Jesucristo. “Cristo es el Resplandor de la gloria de Dios, semejanza perfecta de su ser, quien sostiene todo el universo con su palabra poderosa” (Hebreos 1,3). Dios siempre se da a conocer. Sin embargo no faltan los que se declaran incompetentes para conocer para conocer a Dios y a su Enviado.
El Señor se da a conocer a otros que no son como nosotros, y es lo que nos quiere decir el evangelio. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Juan 1,11) . No lo recibieron ni Herodes, ni los dirigentes religiosos. Fueron los gentiles los que aceptaron a Jesús y llegaron a ser hijos de Dios.
La Iglesia, cada cristiano, debe ser una Epifanía de Cristo, de Dios. Nuestras comunidades deberían ser un polo de atracción e irradiación, Debemos irradiar a Cristo, no eclipsarlo. ¡Y a veces lo hemos eclipsado! Y una de las causas del ateísmo es la misma Iglesia. Cito al Concilio Vaticano II : Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa,
moral y social, han velado mas bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión. (Gaudium et spes ES 19).
Somos Luz y debemos brillar. ¡Resplandece, Pueblo de Dios, que el Señor está en medio de ti, aquí en la Eucaristía. Celebremos al que nos muestra el Rostro amoroso del Padre.
Hno. PASTOR.

EDD. sábado 03 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta de Juan (2,29;3,1-6):

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él. Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley. Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97,1.3cd-4.5-6

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan (1,29-34):

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Siempre me llamó la atención en países anglosajones que, cada vez que en la Misa se dice Jesús, o Jesucristo, muchos inclinaban la cabeza. Era una cosa casi automática, pero muy real. Y también  el hecho de que nunca llamen a un niño Jesús… aunque sí Jesse, que se aproxima bastante. Claro, estos hechos tratan de un “doblar la rodilla”, es decir, de reconocer la divinidad del Nombre. Es una señal de respeto y reverencia, pero es algo más.

El ángel puso el nombre a Jesús en la Anunciación a María, es decir, en el mismo instante de la Encarnación (concebirás y darás a luz a un hijo a quien pondrás por nombre Jesús). Para la cultura semítica, el nombre es equivalente a la identidad entera. Y por eso no se podía pronunciar el nombre de Dios, porque significaría adueñarse de la identidad.  Jesús significa “Dios salva” y, por tanto, pronunciar ese nombre es reconocer, una y otra vez, que hemos sido salvados, liberados, por su sangre. Doblar la rodilla ante ese hecho (o inclinar la cabeza) es, entonces, obligado. Es agradecer, proclamar, declararnos dependientes de esa salvación concedida.

Los primeros cristianos sufrían y morían por el Nombre. Todo lo hacían en el Nombre de Jesús. Porque el nombre implica toda la persona. Por amor de su nombre es por amor de Él mismo, de su persona entera. Los cristianos siempre comenzamos toda acción (decía el catecismo antiguo: al levantarse, al empezar el día, antes de salir de casa, al empezar algún trabajo, al pasar por delante de una iglesia, antes de comer, al acostarse y en toda necesidad, tentación peligro). El decir “en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo” es decir que todo está en relación con Él, que todo depende de Él, que nada podemos hacer ni realizar por nosotros mismos, que necesitamos esa fuerza en cada instante de la vida. Que el hacerlo así, salva en todo momento; que mantiene la conexión y la realidad de la salvación continuamente. Mantiene así también nuestra consciencia de criaturas dependientes del Salvador.

Carmen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Apertura del Centenario de la Muerte de San Francisco.

Las celebraciones comienzan oficialmente el 10 de enero.
Celebrando la Pascua de Francisco de Asís 1226-2026
En la sociedad contemporánea, el pensamiento sobre la muerte a menudo se relega, no solo porque nos recuerda que somos criaturas limitadas, sino también porque expone esas falsas certezas que nos hacen sentir dueños del tiempo y la vida. Francisco de Asís, por otro lado, recibe a la Hermana Muerte con cánticos, porque comprendió que ella no es el fin de todo, sino el fin que nos permite entrar en plena comunión con Dios. De hecho, la vida es un don que debe ser correspondido: «Por tanto, no os escondáis de nada, para que quien se da por entero os reciba por entero» (Carta a toda la Orden 29, FF 221).

Al final de sus días, Francisco contempla su vida y descubre la presencia y la acción del Señor en todas partes. Por eso, en su Testamento, lo repite como un estribillo: «El Señor me dio, hermano Francisco… El Señor me dio tal fe en las iglesias… El Señor me dio y me da tal fe… Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostró lo que debía hacer, pero el Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio» (Testamento 1-14, FF 110-116). Esta es la misma actitud de Clara de Asís cuando escribió su Testamento en los últimos días de su vida. En él, también, se reconoce a Dios como el Dador, a quien hay que dar gracias por todos los dones que concede, especialmente por el don de la vocación (cf. Testamento de Santa Clara 1-2, FF 2823). La celebración del 800 aniversario de la Pascua de Francisco de Asís es una invitación a contemplar nuestra historia personal y la de nuestra Familia Franciscana con una mirada de fe, capaz de reconocer la presencia y la acción divina en todo, incluso en las situaciones difíciles y dramáticas que hemos vivido o viviremos. Es una oportunidad para agradecer a Dios por todos los dones que nos ha concedido, en particular por el don de Francisco de Asís y su experiencia evangélica, que se convirtió en un carisma articulado en diversas formas de discipulado y apostolado, y que aún hoy tiene el poder de interpelar a mujeres y hombres de todas las culturas, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Próximo a su muerte, Francisco dijo a sus hermanos: «Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios, pues hasta ahora hemos hecho poco o nada». No creía haber alcanzado la meta y, perseverando incansablemente en la búsqueda de una santa renovación, siempre tuvo la esperanza de poder comenzar de nuevo. Quiso volver al servicio de los leprosos» (1 Celano 103, FF 500). La Pascua de Francisco nos recuerda que cada día es una oportunidad para recomenzar, para renovar nuestra respuesta a la llamada del Señor, que nos envía al mundo entero como hermanos y hermanas, para dar testimonio de él con palabras y obras, para que todos sean atraídos al amor de Dios (cf. Paráfrasis del Padrenuestro 5, FF 270).

Finalmente, celebrar la muerte del Pequeño Pobrecito es una ocasión para recordar que todos estamos llamados a la santidad y que, como él, estamos invitados a reflejar la belleza del Evangelio y de nuestra vocación franciscana, porque «la santidad es el rostro más hermoso de la Iglesia» (Gaudete et exsultate 9).

EDD. viernes 02 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,22-28):

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre. En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre; y ésta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas –y es verdadera y no mentirosa– según os enseñó, permanecéis en él. Y ahora, hijos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su venida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,19-28):

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

San Basilio y san Gregorio Nacianceno, grandes amigos y compañeros de camino, presentan muy bien las dos llamadas que hacen las lecturas de hoy: Permaneced en Dios. Y, por otro lado, predicad humildemente al que llega y al que no son dignos de desatar la sandalia.

Basilio anhelaba la vida monástica, el “permanecer” en Dios en la oración y Gregorio era un gran predicador y filósofo. Ambos se enfrentaron a la realidad de confusión y herejía en el mundo del siglo IV. Y entraron en acción. Lo cual no quiere decir que, al caminar, dejaran de permanecer. A veces la mucha acción (que puede ser tan maravillosamente intencionada como la de luchar por la justicia) podría ir, insensiblemente, disminuyendo el tiempo de la oración. Entonces, se dejaría de permanecer. Pero, paradójicamente, también se dejaría de permanecer si se cae en un ensimismamiento que no mira a la realidad, a las hambres materiales y espirituales del mundo. Entonces se puede estar en un mismo lugar, pero no en el lugar de Dios. Porque entonces no se permanece en Dios y en su voluntad que es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; se permanece, simplemente, en la propia ensoñación. Pero se puede permanecer y obrar al mismo tiempo. La oración y acción de los grandes santos como Teresa de Jesús, Pedro Poveda, Antonio Claret, y hoy Basilio y Gregorio.

Los grandes santos, como lo fueron Basilio y Gregorio aprendieron también muy bien lo de la “correa de la sandalia” de la que habla Juan Bautista. Saben que no se anuncian a sí mismos. Son la voz que grita en el desierto, es decir, en un mundo hostil, confuso y a menudo hereje. Saben también que el que viene “detrás”, viene, en realidad, delante, por encima, a los lados. Es el mismo en quien “nos movemos y somos”. Porque es en Él en quien se permanece. En él en quien estamos “entusiasmados”, es decir, “en theus, endiosados”. Y ese entusiasmo, ese permanecer es el que nos hace caminar, anunciar, actuar.

Cármen Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/