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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 18 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (19,1-8):

MIENTRAS Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 67,2-3.4-5ac.6-7ab

R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,29-33):

EN aquel tiempo, aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Algún teólogo ha llegado a calificar al Espíritu Santo como “la Cenicienta” de la Santísima Trinidad, en el sentido de que, como sucede en ese cuento de hadas tradicional, quien realiza todo el trabajo que, en este caso se refiere a la santificación del hombre, es el Espíritu Santo, pero, ni es justamente reconocido como merece, ni su acción resulta debidamente apreciada.

Habría que distinguir. Ciertamente en nuestra tradición occidental, católica. la persona divina del Espíritu Santo es, para una inmensa mayoría de creyentes, un ilustre desconocido. Aunque lo invoquemos alguna vez, y exista una bella tradición de Himnos y Cantos litúrgicos que lo presentan como protagonista de la vida cristiana, nos falta una espiritualidad que sea en grado de enfocar nuestra vida espiritual teniendo como eje central a Aquel que nos acompaña interiormente desde nuestro bautismo. No sucede así en la tradición ortodoxa de nuestro cristianismo oriental. En ella no se concibe ni la espiritualidad ni la misión sin la centralidad del Espíritu. Y deberíamos aprender de ellos.

Mas como nos indica el libro de los Hechos, en tiempo de san Pablo, en la ciudad de Éfeso (actual Turquía, en la costa del mar Egeo), tampoco se conocía el bautismo que incluía el don del Espíritu. Y entonces no se puede entender la vida cristiana, porque lo que resulta evidente en la Palabra de Dios es que el Espíritu es el protagonista vivo de nuestra vida como creyentes. La fe, la esperanza, el amor, la oración, la memoria, la decisión, el celo por el reino, el testimonio, la misión, la resurrección… nada hay en la vida cristiana que no sea obra del Espíritu en nosotros…. Si le dejamos actuar. Que es esta semana de preparación a Pentecostés dirijamos nuestra mirada y nuestro amor al maestro interior de quien nos llega la vida, al Espíritu Santo.

Carlos Luis García Andrade, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

HOMILIA PARA LA EUCARISTÍA DEL DOMINGO 17 DE MAYO DE 2026.

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hechos 1,1-11: El texto nos muestra los dos aspectos del Misterio de Jesús: por un lado su vida, Pasión, muerte y resurrección y, por otro, el envío de los suyos al mundo.
Efesios 1,17-23: Plegaria de Pablo para que los cristianos conozcan y acepten el Misterio de Cristo, quien, humillado, fue glorificado por Dios y lo sentó a su derecha. Esa es nuestra esperanza: la plenitud.
Mateo 28,16-20: Final del evangelio. Jesús, el Emanuel, se despide y envía con poder a los suyos a predicar la Buna Nueva.

1.- Hoy la liturgia nos invita a contemplar el Misterio de Cristo en su plenitud. Porque Jesús, el Enviado del Padre, que se anonadó hasta el extremo, es glorificado. La Palabra nos dice que Jesús fue enviado con poder, es decir, Él es el Plenipotenciario de Dios Padre, Él es “EL DIOS CON NOSOTROS”, que entró a nuestra realidad, para compartir con nosotros su vida, su divinidad.
El Misterio de la Ascensión nos muestra dos aspectos. Uno, que es la meta, la cumbre de toda la obra de Jesucristo; dos, Jesús nos hace partícipes de su misión, nos envía a ser sus testigos; somos enviados por Él así como como Él es enviado por Dios Padre.
2.- Al celebrar este Misterio estamos confesando nuestro misterio, que también nosotros tenemos la esperanza de participar con Él su plenitud; también nosotros seremos plenos. A eso estamos llamados.
Podría decirse que el Misterio de Cristo estaría incompleto si nosotros, sus discípulos, sus miembros no alcanzamos la plenitud. Por eso dice san Pablo que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y de Él recibe plenitud. En otras palabras, gracias a Cristo la Iglesia, y cada uno de nosotros, recibe la plenitud de Dios, la gracia y promesas de Cristo. Esta es nuestra esperanza.
3.- Estamos llamados a ser plenos. Pero desgraciadamente vivimos en la mediocridad. Nos conformamos con poco y no aspiramos a lo mayor. ¡Y HEMOS NACIDO PARA COSAS MAYORES! Y no para mediocridades.
A veces nos sucede lo que a los Apóstoles. Nos quedamos boquiabiertos mirando al cielo, nos volamos, nos evadimos y no vivimos lo que el Señor nos enseña.
4.- Hoy el Señor nos envía a que seamos sus testigos; nos envía a que hagamos discípulos. Pero, ojo, dice “mis discípulos”, no discípulos nuestros, ya que eso sería un vulgar proselitismo. Nuestra misión es dar a conocer a todos el mensaje que Jesús trajo. Él comenzó a anunciar a la Buena Noticia del Reino de Dios (cfr. Marcos 1,14), y el Reino de Dios es sinónimo de Plenitud de vida, de gozo, de salvación. Y a eso estamos llamados y enviados.
No nos quedemos anquilosados sólo con una religión intimista. No, seamos testigos del Reino, buscando en todo momento vivir a Cristo. La mejor forma es vivir el evangelio, reflejando amor y servicio. Proclamando el Mensaje con valentía, llevando liberación a los oprimidos.
Celebrar la Eucaristía es un desafío; nos envía a ser los testigos y constructores del Reino de Dios en nuestros ambientes.
Hermano Pastor.

Homilía para la Eucaristía del domingo 17 de mayo de 2026.

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hechos 1,1-11: El texto nos muestra los dos aspectos del Misterio de Jesús: por un lado su vida, Pasión, muerte y resurrección y, por otro, el envío de los suyos al mundo.
Efesios 1,17-23: Plegaria de Pablo para que los cristianos conozcan y acepten el Misterio de Cristo, quien, humillado, fue glorificado por Dios y lo sentó a su derecha. Esa es nuestra esperanza: la plenitud.
Mateo 28,16-20: Final del evangelio. Jesús, el Emanuel, se despide y envía con poder a los suyos a predicar la Buna Nueva.

1.- Hoy la liturgia nos invita a contemplar el Misterio de Cristo en su plenitud. Porque Jesús, el Enviado del Padre, que se anonadó hasta el extremo, es glorificado. La Palabra nos dice que Jesús fue enviado con poder, es decir, Él es el Plenipotenciario de Dios Padre, Él es “EL DIOS CON NOSOTROS”, que entró a nuestra realidad, para compartir con nosotros su vida, su divinidad.
El Misterio de la Ascensión nos muestra dos aspectos. Uno, que es la meta, la cumbre de toda la obra de Jesucristo; dos, Jesús nos hace partícipes de su misión, nos envía a ser sus testigos; somos enviados por Él así como como Él es enviado por Dios Padre.
2.- Al celebrar este Misterio estamos confesando nuestro misterio, que también nosotros tenemos la esperanza de participar con Él su plenitud; también nosotros seremos plenos. A eso estamos llamados.
Podría decirse que el Misterio de Cristo estaría incompleto si nosotros, sus discípulos, sus miembros no alcanzamos la plenitud. Por eso dice san Pablo que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y de Él recibe plenitud. En otras palabras, gracias a Cristo la Iglesia, y cada uno de nosotros, recibe la plenitud de Dios, la gracia y promesas de Cristo. Esta es nuestra esperanza.
3.- Estamos llamados a ser plenos. Pero desgraciadamente vivimos en la mediocridad. Nos conformamos con poco y no aspiramos a lo mayor. ¡Y HEMOS NACIDO PARA COSAS MAYORES! Y no para mediocridades.
A veces nos sucede lo que a los Apóstoles. Nos quedamos boquiabiertos mirando al cielo, nos volamos, nos evadimos y no vivimos lo que el Señor nos enseña.
4.- Hoy el Señor nos envía a que seamos sus testigos; nos envía a que hagamos discípulos. Pero, ojo, dice “mis discípulos”, no discípulos nuestros, ya que eso sería un vulgar proselitismo. Nuestra misión es dar a conocer a todos el mensaje que Jesús trajo. Él comenzó a anunciar a la Buena Noticia del Reino de Dios (cfr. Marcos 1,14), y el Reino de Dios es sinónimo de Plenitud de vida, de gozo, de salvación. Y a eso estamos llamados y enviados.
No nos quedemos anquilosados sólo con una religión intimista. No, seamos testigos del Reino, buscando en todo momento vivir a Cristo. La mejor forma es vivir el evangelio, reflejando amor y servicio. Proclamando el Mensaje con valentía, llevando liberación a los oprimidos.
Celebrar la Eucaristía es un desafío; nos envía a ser los testigos y constructores del Reino de Dios en nuestros ambientes.
Hermano Pastor.

Encuentro Anual de Guardianes, 16 mayo 2026.

Paz y bien, hermanas y hermanos !!!

Hoy sábado 16 de mayo de 2026, en Pucón, la Parroquia de la Santa Cruz, acoge el Encuentro Anual de Guardianes, de las diferentes Fraternidades, del Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile.
En esta actividad de formación, oración, compartir experiencias y un profundo espíritu de Fraternidad Capuchina, se extenderá hasta mañana domingo, en donde, después de la Eucaristías, un rico y fraterno almuerzo, todos vuelven a sus hogares.

Fraternalmente,

Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile.

EDD. sábado 16 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,23-28):

PASADO algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-18-9.10

R/. Dios es el rey del mundo

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,23b-28):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La palabra entusiasmo está compuesta por tres partes: la preposición εν (dentro), la palabra θεός (dios) y la palabra ουσία (esencia). Es decir, significa estar dentro de la esencia de Dios o tener adentro la esencia de Dios. Una especie de epifanía.

El relato de Hechos sobre Apolo es un ejemplo de entusiasmo, de arrebato con las cosas de Dios incluso si no las entendía o conocía del todos. Son Priscila y Aquila quienes tienen que explicarle claramente a Apolo la razón de su entusiasmo.

En el Evangelio de Juan se habla de entusiasmo también: del amor a Cristo con tanta fuerza que “cualquier cosa que pidan al Padre en mi nombre…” ¿Cualquier cosa? No; no cualquier cosa que esté desprovista de entusiasmo, es decir, que no tenga dentro la esencia de Dios. Se pueden pedir cosas motivadas, no por el entusiasmo, sino por la ambición. Se puede pedir ganar la lotería, pero eso no es entusiasmo; se pueden pedir milagros innecesarios, que tampoco son entusiasmo porque no están motivados por el deseo de que se cumpla la voluntad de Dios. Se podría pedir un hueco de aparcamiento en un momento específico, pero tampoco eso sería entusiasmo a no ser que sea una necesidad perentoria por el bien de otros. Pero, como a Padre, se pueden pedir también ciertos caprichitos. A veces, si es para el bien, los concede. Aunque parezcan tonterías, pueden suscitar el agradecimiento, y eso ya es en sí un gran bien. Lo cierto es que el Padre no va a dar serpiente o piedra en lugar de pan. Pero habrá que saber cuál es el verdadero pan, el verdadero bien que pedimos. Y si, a la larga, va a ser para el bien propio y el bien común. Si va a servir para dar un paso más en entusiasmo. El Padre solo va a dar cosas buenas. La Encarnación del Hijo de Dios (vine del Padre) fue el mayor, el impensable y absolutamente maravilloso bien de salvación; lo más grande que puede recibir la humanidad. Es decir, todo. Con esa Encarnación, se nos permite “tener la esencia de Dios”, es decir, ser “entusiastas”. Es el entusiasmo que llama a pedir todo el bien de Dios, que es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. ¿Qué nos entusiasma?

Cármen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 15 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (18,9-18):

CUANDO estaba Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión:
«No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad».
Se quedó, pues, allí un año y medio, enseñando entre ellos la palabra de Dios.
Pero, siendo Gallón procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron de común acuerdo contra Pablo y lo condujeron al tribunal diciendo:
«Este induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la ley».
Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Gallón dijo a los judíos:
«Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros. Yo no quiero ser juez de esos asuntos».
Y les ordenó despejar el tribunal.
Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal, sin que Galión se preocupara de ello.
Pablo se quedó allí todavía bastantes días; luego se despidió de los hermanos y se embarco para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se había hecho rapar la cabeza, porque había hecho un voto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-3,4-5.6-7

R/. Dios es el rey del mundo

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,20-23a):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.
También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Celebramos hoy un santo del siglo XII, sobre el que hay muchas leyendas, y también grandes verdades. San Isidro Labrador no es conocido por lo que dijo. En realidad, no se sabe lo que dijo si es que dijo algo. Sí se sabe lo que hacía. Era un labriego sencillo, pobre y humilde. Pero es el patrón no solo de la capital de España sino de todos los grupos, asociaciones y movimientos de gente que cuida el campo. Hoy día vemos al campo, con las políticas disparatadas, castigado y hostigado. Hoy hace falta la intercesión de san Isidro por todos aquellos que ven toda una tradición familiar de cuidar la tierra como alejarse. Es algo paradójico: cuanto más se habla de ecología, más parecen sufrir los que cuidan de la tierra.

Para un mundo volcado en el trepar, dominar, sobresalir, tener prestigio, la figura de san Isidro no parecería ser muy gloriosa. Y sin embargo, el pasaje del evangelio de hoy lo dice claramente: la gloria del Padre es el fruto abundante que demos. “La gloria de Dios,” decía san Ireneo, “es el ser humano plenamente vivo.” Es una gloria extraña y aparentemente sin ningún mérito personal: se trata de confiar, esperar las lluvias, permanecer en la vid verdadera. Y eso es lo que reflejó san Isidro en toda su vida. Desde ahí, se puede pedir lo que se quiera. Solo desde ahí obtenía Isidro algún fruto de sus esfuerzos y labores.

Hay otro aspecto de la vida de san Isidro que también puede ser denuncia en este mundo donde parece importar más lo que se tiene que lo que se es. Isidro, un hombre de familia, sencillo y pobre, hacía tres partes de su escaso salario: una para los pobres, otra para la Iglesia, y otra para su familia (su esposa, santa María de la Cabeza, y su hijo). No comenzaba nunca su día sin dedicar tiempo a la oración y a la Eucaristía, por lo que parece ser que era criticado y perseguido. Pero sus patrones nunca encontraron a faltar el producto del trabajo asignado, sino que parece que producía incluso más que quienes lo acusaban.

Isidro nunca relumbró según los estándares de este mundo. Pero brilla con la gloria del Padre por el fruto que, a lo largo de los siglos, ha dado su vida. A veces nos podemos sentir tentados a alcanzar fama (o incluso santidad) por grandes y deslumbrantes obras. Y lo único necesario es el brillo de nuestros buenos frutos en nuestra vida diaria.

Cármen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 14 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (1,15-17.20-26):

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho en la Escritura acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: «Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella,» y también: «Que su cargo lo ocupe otro.» Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión.»
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías.
Y rezaron así: «Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.» Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,9-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Pero, ¿quién podría culpar a esos pobres discípulos de quedarse entre el asombro y el temor al ver al Señor ascender? ¿No nos quedaríamos nosotros también con la boca abierta?  Y, ¿acaso no es eso el principio de la contemplación? Y sin embargo, según Dios, ese momento estático tiene que acabarse. Hay que pasar de la contemplación a la acción… pero no sin pasar por un paso intermedio. No se puede ir a la acción sin un motor, una motivación razonable: que sepan la esperanza a la que han sido llamados, como nos dice Efesios. Sin esa esperanza y ese poder, nos podemos quedar para siempre con la boca abierta mirando al cielo… Y no pasar de ahí, porque es lo normal y casi lo único posible. Pero, al no movilizar, se quedaría vacío el momento.

Aquí lo que se nos da es la esperanza de que Cristo volverá. Y esa espera-esperanza es el poder que impele a movilizarse, a anunciar lo que se ha visto y oído. Decía san Antonio María Claret: “la caridad de Cristo nos urge.” Es decir, nos pone fuego y alas para la acción.

Lo que siempre se ha llamado la “gran comisión”, es decir, evangelizar, es no solo consecuencia lógica, sino obligación implicada en el bautismo. El cristiano sí se queda mirando al cielo, ciertamente, pero, una vez asegurado de la esperanza y recibido el poder, sale a todos los confines de la tierra a proclamar.

“Todos los confines de la tierra”, que parecen estar tan lejanos e inaccesibles para muchos de nosotros, pueden estar tan cerca como la propia cocina; el propio trabajo, la propia familia. Proclamar a Cristo en esos confines supone hacer que la fuerza, el amor, la verdad de Cristo dominen en cada momento. Que la fuerza motor de todas y cada una de nuestras acciones sea el bien, la verdad y la belleza de la salvación de Cristo; es decir, la búsqueda del bien. Y así el propio rostro de Cristo podrá brillar por medio de nosotros. La antigua noción de misión, de ir a tierras lejanas donde no se conoce a Dios, parece que hoy está algo trastocada, con la globalización, los movimientos demográficos y sociales. ¿Dónde no se conoce a Dios hoy día? Es más, ¿dónde se le persigue y desprecia incluso en medio de nosotros? Ahí está la misión. Esos son los confines de la tierra. Quizá rozándonos los codos.

Cármen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 13 de mayo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (17,15.22–18,1):

EN aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuánto antes.
Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:
«Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”.
Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. “El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene”, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.
De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.
Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos».
Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
«De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos.
Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 148,1-2.11-12.13.14

R/. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos. R/.

Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los ancianos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (16,12-15):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Pero, ¿quién podría culpar a esos pobres discípulos de quedarse entre el asombro y el temor al ver al Señor ascender? ¿No nos quedaríamos nosotros también con la boca abierta?  Y, ¿acaso no es eso el principio de la contemplación? Y sin embargo, según Dios, ese momento estático tiene que acabarse. Hay que pasar de la contemplación a la acción… pero no sin pasar por un paso intermedio. No se puede ir a la acción sin un motor, una motivación razonable: que sepan la esperanza a la que han sido llamados, como nos dice Efesios. Sin esa esperanza y ese poder, nos podemos quedar para siempre con la boca abierta mirando al cielo… Y no pasar de ahí, porque es lo normal y casi lo único posible. Pero, al no movilizar, se quedaría vacío el momento.

Aquí lo que se nos da es la esperanza de que Cristo volverá. Y esa espera-esperanza es el poder que impele a movilizarse, a anunciar lo que se ha visto y oído. Decía san Antonio María Claret: “la caridad de Cristo nos urge.” Es decir, nos pone fuego y alas para la acción.

Lo que siempre se ha llamado la “gran comisión”, es decir, evangelizar, es no solo consecuencia lógica, sino obligación implicada en el bautismo. El cristiano sí se queda mirando al cielo, ciertamente, pero, una vez asegurado de la esperanza y recibido el poder, sale a todos los confines de la tierra a proclamar.

“Todos los confines de la tierra”, que parecen estar tan lejanos e inaccesibles para muchos de nosotros, pueden estar tan cerca como la propia cocina; el propio trabajo, la propia familia. Proclamar a Cristo en esos confines supone hacer que la fuerza, el amor, la verdad de Cristo dominen en cada momento. Que la fuerza motor de todas y cada una de nuestras acciones sea el bien, la verdad y la belleza de la salvación de Cristo; es decir, la búsqueda del bien. Y así el propio rostro de Cristo podrá brillar por medio de nosotros. La antigua noción de misión, de ir a tierras lejanas donde no se conoce a Dios, parece que hoy está algo trastocada, con la globalización, los movimientos demográficos y sociales. ¿Dónde no se conoce a Dios hoy día? Es más, ¿dónde se le persigue y desprecia incluso en medio de nosotros? Ahí está la misión. Esos son los confines de la tierra. Quizá rozándonos los codos.

Cármen Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/