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Homilía para la Eucaristía del domingo 26 de octubre de 2025.

DOMINGO XXX CICLO C

Eclesiástico 35,12-14.16-18: Se muestra la preferencia de Dios por los pobres y la razón es
porque Él es Justo, no hace acepción de personas.
2Timoteo 4,6-8,16-18: Pablo, anciano, en la cárcel esperando la muerte, se siente
fracasado. Pero todo lo espera de Dios, en quien confía.
Lucas 18,9-14: Por medio de la parábola se da a conocer la diferencia entre la auténtica y
la falsa piedad.

1.- Estamos acostumbrados a decir que Dios es justo. Sí, pero con una imparcialidad que
nos desconcierta. Y la razón es que su imparcialidad no es absoluta, ya que tiene una
especial preferencia por el pobre. En ÉL no hay acepción de personas; sin embargo
favorece al débil. Escucha favorablemente los ruegos del pobre, del humilde. Y es básica
la humildad en la oración perseverante.
Dios es imparcial, pero se deja llevar de la parcialidad cuando escucha la oración del débil,
del pobre, del indefenso. Y esto ya no es parcialidad, sino suprema justicia, puesto que es
la manifestación y ejercicio de la acción salvífica de Dios, sobre todo en la referente a lo
espiritual.
2.- Pablo, al final de sus días se siente débil, cansado. Tanto afán para terminar esperando
la pena de muerte. Se siente solo, ya que todos le han dado la espalda. En verdad viene
siendo la encarnación del verdadero pobre del Señor, en Él deposita toda su confianza, su
fe ha sido fuerte, sólida, ya que sabe en quien se ha fiado. Por eso anima a su discípulo a
ser perseverante, ya que debe contar con Dios.
Pablo se reconoce un pecador, un perseguidor, un derrotado, por eso mismo tiene fe y se
afirma fuertemente en Dios.
3.- Varias veces he dicho a la luz de la Palabra de Dios que el Señor rechaza a los
autosuficientes. El autosuficiente cree bastarse a sí mismo. Ya el domingo pasado se veía
que sólo de Dios viene la seguridad. Todos estamos expuestos a caer en la autosuficiencia.
Podemos caer por tener conocimientos, lo que lleva a menospreciar al que sabe menos.
Podemos caer por tener más dinero o posesiones y poder, lo que lleva a menospreciar al
pobre e indigente, se le trata como a un hombrecito.
4.- ¡Qué bien retrata la parábola todo esto! Dice el texto: “Refiriéndose a algunos que se
tenían por justos y menospreciaban a los demás”. Así son los fariseos.
El fariseo se presentó ante Dios con la mentira, con máscaras, disfraces, confiando en sus
cumplimientos religiosos. Pero fue rechazado.
El publicano, el peor de los pecadores, se presentó ante Dios con su verdad, tal como era:
un pobre pecador. Y fue aceptado.
Al hacer nuestra oración ¿cómo nos presentamos ante Dios? ¿Con nuestra verdad o auto
justificándonos? No debemos olvidar que la verdad nos hará libres (Juan 8,32)., la verdad
de Cristo, que ha de ser nuestra propia verdad. Debemos aprender a aceptarnos tal cual
somos.
Hno. Pastor.