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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 13 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1,1-7):

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 97

R/. El Señor da a conocer su victoria

Cantad al Señor un cantico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,29-32):

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Cuando nos hablan de signos solemos pensar en cosas maravillosas: una estrella atravesando el cielo, curaciones milagrosas, etc. Posiblemente era a ese tipo de signos a los que se referían los que rodeaban a Jesús. Y precisamente no era en ese tipo de signos en los que estaba pensando Jesús. Él mismo es el signo, el gran signo, el que habla de la presencia de Dios en nuestro mundo, el que marca el comienzo del reino. Ni estrellas cayendo del cielo ni cosas parecidas. El gran signo es un hombre, Jesús, que se acerca a los pobres, que camina con todos, que habla de Dios Padre, que hace de su vida un testimonio de la misericordia de del Padre para con todos, especialmente para con los más abandonados, marginados, oprimidos…

Pero lo malo de los signos es que siempre son ambiguos. Dependen de la interpretación, del punto de vista, del modo de mirarlos. Los milagros que hacía Jesús para unos eran signo de la presencia y acción de Dios. Otros pensaban que Jesús hacía esos milagro por el poder de Belzebú (cf. MT 12,24).

Hoy también hay muchos signos. Depende de los ojos que miran, del corazón que los acoge. Incluso hay signos negativos ¿No es un signo que las guerras sigan en nuestro mundo y que no consigan nunca arreglar nada sino, generalmente, empeorar las situaciones? ¿No sería lo más lógico e inteligente desechar la guerra como posible solución a nuestros problemas? Y, sin embargo, seguimos yendo a la guerra y armando ejércitos pensando que es necesario.

Hay muchos más signos positivos. Cercanos y lejanos. Dejo al lector que piense un poco en cuáles pueden ser esos signos. Claro que verlos y aceptarlos como signos dependerá, inevitablemente, de los ojos y las intenciones con que se miren. Tendríamos que pedir en nuestra oración que Dios nos regale unas gafas bien regladas para que podamos distinguir esos signos que nos confirmen en la fe y que nos ayuden a seguir trabajando en favor del reino, de la fraternidad y la justicia.

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 12 de octubre de 2025.

DOMINGO XXVIII CICLO C.


2Reyes 5,10.14-17: El Señor se muestra misericordioso con un no israelita y éste reconoce que sólo el Señor es Dios y le rinde culto.
2Timoteo 2,8-13: El cristiano debe ser leal a Cristo así como Cristo es siempre fiel, aunque nosotros le demos la espalda.
Lucas 17,11-19: De los diez favorecidos por el Señor sólo el samaritano es capaz de reconocer la acción salvadora de Cristo y vuelve a dar gracias.

1.- Los cristianos, agraciados por Dios, hemos sido constituidos en hijos de Dios. Y si somos hijos debemos parecernos a nuestro Padre, que es rico en misericordia y magnánimo con todos. Jesús nos enseña que la bondad de Dios es tan grande que “hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mateo 5, 45). Y esta es la gran verdad que nos da a conocer la Palabra de Dios: que Él ofrece su salvación a todos los hombres, sin distinción alguna.
Y así se muestra en la primera lectura, misericordioso con un no judío, ya que Naamán era de Siria. Y era un leproso. La lepra hacía impuro a un ser humano, por lo mismo, el leproso tenía que ser descartado, marginado, excluido de la comunidad. Pero Dios acoge, limpia y salva.


2.- Eso ha hecho Dios con nosotros. Todos éramos como leprosos; sin embargo Dios nos favoreció. Gracias a Cristo, que murió y resucitó por nosotros, hemos sido favorecidos. Y lo que se espera de nosotros es no echar al olvido a Aquel que nos ha favorecido, tenemos que ser fieles a Él.
Desgraciadamente no siempre hemos sido fieles a Él. Pero Él sigue siendo fiel, ya que Él es el Sí permanente de Dios, el Sí eterno de Dios. Sabiendo esto debemos animarnos a seguir siendo fieles al Señor.


3.- Hay un dicho que nos ha hecho tristemente célebres a nosotros los chilenos. El dicho es: “El pago de Chile”, es decir, el no saber reconocer lo que Dios ha obrado en nosotros. Se nos olvida lo que Dios nos ha dado, no somos capaces de reconocer que el único que salva es Él. Naamán supo reconocer que fue Dios el que lo salvó.
Los nueve leprosos del evangelio no reconocieron lo que Jesús hizo en cada uno de ellos..
A veces cuando estanos en apuros es cuando nos acordamos de Dios. Y es el Señor que vuelve a preguntar: ¿dónde están los demás? ¿A dónde se fueron?


4.- El mensaje central del evangelio es que el samaritano tuvo un proceder agradecido. Más todavía si tenemos en cuenta la tradicional enemistad de los judíos con los samaritanos. El samaritano es excluido por dos razones: por su enfermedad y por ser samaritano. No es la primera vez que un samaritano es privilegiado en el evangelio.. Tenemos el caso de la samaritana que dialogó con el Señor; también el samaritano de la parábola que es propuesto como modelo de actuación correcta.
Sólo el samaritano volvió a dar gracias y glorificó al Señor. La vida de un discípulo ha de ser una acción de gracias permanente y glorificar a Dios en todo momento. Por lo mismo, lo que ahora vamos a hacer es lo mejor: una EUCARISTIA. Damos gracias y gloria a Dios Padre por Cristo, con Él y en Él junto al Espíritu Santo.
San Pablo nos hace la siguiente exhortación: “Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu”. (1Tesalonicenses 5,16-19).

Hno. Pastor.

EDD. sábado 11 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Joel (4,12-21):

«Que se levanten las naciones y acudan al valle de Josafat; allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas. Empuñen las hoces, porque ya la mies está madura, vengan a pisar las uvas, porque ya está lleno el lagar, ya las cubas están rebosantes de sus maldades. ¡Multitudes y multitudes se reúnen en el valle del Juicio, porque está cerca el día del Señor! El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén levanta su voz; tiemblan los cielos y la tierra. Pero el Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel. Entonces sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y ya no pasarán por ella los extranjeros. Aquel día los montes destilarán vino y de las colinas manará leche. Los ríos de Judá irán llenos de agua y brotará un manantial del templo del Señor que regará el valle de las Acacias. Egipto se volverá un desierto y Edom una árida llanura, porque oprimieron a los hijos de Judá y derramaron sangre inocente en su país. En cambio, Judá estará habitada para siempre, y Jerusalén por todos los siglos. Vengaré su sangre, no quedarán impunes los que la derramaron, y yo, el Señor, habitaré en Sión».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96

R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tinielba y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo
y la alegría para los rectos de corazón.
Alégraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer del pueblo gritando, le dijo: «¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!»
Pero Jesús le respondió: «Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Es muy natural y muy humana la exclamación de aquella oyente de Jesús. Su palabra embelesadora pudo hacer surgir en algunas madres una santa envidia: “¡cómo me gustaría que mi hijo llegase a parecerse a este profeta!”.

Pero la relación de Jesús con sus parientes no fue idílica o libre de tensiones. Todo nos lleva a la convicción de que Jesús, llegado a la mayoría de edad, abandonó el hogar paterno y emprendió un género de vida extraño. No se buscó una buena esposa para llevarla a casa de sus padres, ni un empleo que le garantizase una vida digna. Por el contrario, emprendió un estilo de vida itinerante y lleno de riesgos, no con parientes sino con amigos, o potenciales colaboradores en su tarea profética de anunciar y visibilizar la llegada del Reino. Sin posesiones, ni familia de sangre, ni seguridad en su caminar cotidiano: “el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc 9,58).

Esto puede verse como un heroísmo, un acto de gran libertad, pero también como una vida sencillamente excéntrica. Es muy crudo el texto de Mc 3,21: “llegaron los suyos dispuestos a echarle mano, porque decían que no estaba en sus cabales”. Un cierto “pudor espiritual” llevó a Mateo y Lucas a omitir esta afirmación de Marcos; pero el texto de Jn 7,5, “sus parientes no creían en él”, nos cerciora respecto de esta realidad familiar.

En la tradición sinóptica, con diversos matices según cada evangelio, nos encontramos con María y los parientes de Jesús mandándole llamar “desde fuera”  (Mc 3,31 par). Y Jesús no se acerca a darles una respuesta personal o siquiera un saludo, sino que les envía un mensaje indirectamente, como por tercera persona; pareciera que él y ellos siguen caminos paralelos. Tal vez la historia de fondo sea la misma de Mc 3,21: no le ven muy “en sus cabales”, quizá desearían hacerle modificar la ruta, el estilo de vida…

Con este trasfondo, no es extraño que Jesús minusvalore el parentesco de la sangre, que de hecho no ha servido para hacer de su familia un grupo de creyentes entusiasmados por él. Jesús se aplicó, quizá más de una vez, el dicho de la incomprensión: un profeta carece de prestigio entre los suyos (Mc 6,4 par; Jn 4,44).

La pobre mujer que, en el evangelio de hoy, pretendió ensalzar a la madre de Jesús debió de quedarse a cuadros con la respuesta recibida. Pero también consolada por el nuevo “parentesco” de que el maestro le habló: ella podía tener una cercanía a Jesús superior a la de los familiares carnales. Fue la gran oferta para ella y lo sigue siendo para nosotros: si somos oyentes y acogedores de la Palabra, pertenecemos a la familia de Jesús más estrecha y dichosa. Y, por supuesto, el evangelista deja a María a buen recaudo, pues, capítulos atrás, la ha presentado ya como “la que guarda la Palabra y la medita en el corazón” (Lc 2,19).

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

EDD. viernes 10 de octubre de 2025

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Joel (1,13-15;2,1-2):

Vestíos de luto y haced duelo, sacerdotes; llorad, ministros del altar; venid a dormir en esteras, ministros de Dios, porque faltan en el templo del Señor ofrenda y libación. Proclamad el ayuno, congregad la asamblea, reunid a los ancianos, a todos los habitantes de la tierra, en el templo del Señor, nuestro Dios, y clamad al Señor. ¡Ay de este día! Que está cerca el día del Señor, vendrá como azote del Dios de las montañas. Tocad la trompeta en Sión, gritad en mi monte santo, tiemblen los habitantes del país, que viene, ya está cerca, el día del Señor. Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón; como negrura extendida sobre los montes, una horda numerosa y espesa; como ella no la hubo jamás, después de ella no se repetirá, por muchas generaciones.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 9,2-3.6.16.8-9

R/. El Señor juzgará el orbe con justicia

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R/.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron. R/.

Dios está sentado por siempre en el trono
que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,15-26):

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:«Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: «Volveré a la casa de donde salí.» Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Un pasaje del Talmud, especie de enciclopedia judía quizá del siglo V, que recoge tradiciones mucho más antiguas, dice que Jesús “fue colgado por haber practicado la hechicería y haber seducido a Israel”. Es indudablemente la versión no creyente de lo que hoy nos ofrece el evangelio, donde una curación psíquica realizada por Jesús es interpretada como un acto de magia o de uso de poderes diabólicos. Aquellos críticos no parecen bienintencionados, sino personas endurecidas frente al mensaje novedoso de Jesús; para no enmendar sus vidas o modificar criterios recurren a la descalificación del maestro. Poco nos importa la naturaleza precisa del hecho; lo que cuenta es el reproche evangélico a la cerrazón, a la instalación de quien no quiere dejarse interpelar y prefiere interpretar lo que ve, lo que no puede negar, como obra del maligno

No vale la pena detenerse en las dificultades del pasaje evangélico, impregnado por el pensamiento mítico de la época. El mundo, y cada hombre, es considerado por entonces como un campo en disputa; pretenden ocuparlo Jesús y el maligno o los poderes diabólicos. En un lenguaje kerigmático muy discreto, Jesús se designa a sí mismo como uno “más fuerte”; es otra forma de habla del Reino de Dios que se implanta derrotando al simplemente “fuerte”; buena noticia. Pero sigue una enérgica llamada de atención: la casa ocupada por “el más fuerte” no está libre de caer de nuevo en manos del “fuerte”, del anterior dueño; sería una lamentable recaída espiritual.

Jesús habló en algún momento de seguidores que se arrepintieron de la decisión tomada; después de haber puesto la mano en el arado volvieron la vista (Lc 9,62); otros podrían estar pasando por la misma tentación. Y en la Iglesia lucana, ya alejada de los orígenes y que prevé una larga duración en el tiempo, sin parusía a la vista, puede enfriarse el entusiasmo por el “más fuerte” que había llegado y abrirse la puerta al ocupante anterior. Sería una apostasía, que Jesús equivale a caer bajo el poder de siete demonios.

Hace ahora un siglo, los desmitificadores del Nuevo Testamento suponían que, según aquella imagen del mundo, no había espacio para la responsabilidad del hombre, mero juguete de las potencias celestiales o infernales, sin libertad propia. Pero, según este pasaje evangélico, la mentalidad de Jesús no era esa. Él apelaba a la decisión de cada uno, a que considerase qué estaba haciendo con la propia vida. Lucas lo ha expresado bien introduciendo entre las dos extrañas parábolas el dicho sobre estar con Jesús o contra Jesús. Cada uno de nosotros somos cuestionados hoy: ¿a quién hemos abierto nuestra casa? ¿a Jesús, el “más fuerte”, o al primer seductor o engañador que se ha presentado, y que puede tener tantos nombres? Y somos invitados a la vigilancia, para evitar toda “recaída” en nuestro caminar en la fe.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

EDD. jueves 09 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Malaquías (3,13-20a):

«Vuestros discursos son arrogantes contra mí –oráculo del Señor–. Vosotros objetáis: «¿Cómo es que hablamos arrogantemente?» Porque decís: «No vale la pena servir al Señor; ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos?; ¿para qué andamos enlutados en presencia del Señor de los ejércitos? Al contrario: nos parecen dichosos los malvados; a los impíos les va bien; tientan a Dios, y quedan impunes.» Entonces los hombres religiosos hablaron entre sí: «El Señor atendió y los escuchó.» Ante él se escribía un libro de memorias a favor de los hombres religiosos que honran su nombre. Me pertenecen –dice el Señor de los ejércitos– como bien propio, el día que yo preparo. Me compadeceré de ellos, como un padre se compadece del hijo que lo sirve. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven. Porque mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir –dice el Señor de los ejércitos–, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 1

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,5-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.» Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.» Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Los antiguos catecismos infantiles tenían un parrafito que parecía orientado a explicar el evangelio de hoy. Se preguntaba al niño si Dios oye siempre nuestras oraciones, y se le ofrecía una respuesta positiva pero con un matiz: Dios nos escucha siempre pero quizá no nos da exactamente lo que hemos pedido, sino que “nos concede lo que es más conveniente para nuestra salvación”.

El evangelista Lucas, después de presentar la oración enseñada por Jesús, parece salir al paso de quienes no estén muy seguros de que Dios los va a escuchar; y, para demostrarles que sí, les ofrece una parábola, la del vecino impertinente, y unas consideraciones sobre el modo de actuar de un padre cariñoso con sus hijos. En medio van las afirmaciones radicales sobre el actuar de Dios: unas frases en pasiva y sin sujeto explícito, con el característico respeto judío al nombre de Dios, que debemos entender como “Dios os dará, Dios os ayudará a encontrar, Dios os abrirá la puerta”.

El modo de hablar de Jesús era a veces sorprendente, de entrada casi escandaloso. Aquí comienza comparando a Dios con un hombre que, ante la petición de un amigo, se muestra remolón, y luego con otros “que son malos”; pero el uno y los otros acaban haciendo el bien. La aplicación se concentra en las palabras “cuánto más”. Dado que Dios no es malo ni remolón, su generosidad superará con creces los ejemplos presentados.

Pero el evangelista tiene una curiosa conclusión: de lo que el orante puede estar seguro es de que Dios desea darle el Espíritu Santo; este es el gran don que conviene pedir a Dios y que Dios, “vuestro Padre del cielo”, está siempre dispuesto a daros.

El catecismo tenía el rasgo de discreción que hemos mencionado: no decía que Dios conceda lo que se le pida, sino lo conveniente a nuestra salvación. La oración no puede ser nunca una manipulación de Dios, ni un intento de imponerle nuestro criterio; el buen orante expone ante Dios su inquietud y seguidamente le deja en libertad para que responda o reaccione como quiera; el buen orante es dócil, disponible y de buen conformar. Por ahí corre un whatsapp en el que se ofrecen unas supuestas respuestas de Dios al orante: “tengo para ti algo mejor”, “para eso que pides todavía no es el momento”… El salmista lo dice en términos certeros: “por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando” (Salmo 5,4).

En especial sintonía con la discreción lucana en cuanto a lo que a Dios podamos pedir encontramos una sabrosa enseñanza de S. Pablo: “nosotros no sabemos orar como conviene; pero el Espíritu viene en nuestra ayuda…” (Rm 8,26). Orar es una actividad nuestra, la más sublime, pero quizá sea en mayor medida un escuchar, y dejarse conducir.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 08 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jonás (4,1-11):.

Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.»
Respondióle el Señor: «¿Y tienes tú derecho a irritarte?»
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer.
Deseó Jonás morir, y dijo: «Más me vale morir que vivir.»
Respondió el Señor a Jonás: «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?»
Contestó él: «Con razón siento un disgusto mortal.»
Respondióle el Señor: «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 85,3-4.5-6.9-10

R/. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti. R/.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Oración breve y densa. Jesús prohíbe a los suyos usar de palabrería (“poliloguia”) para orar; la considera propia de los paganos (Mt 6,7), que no conocen a Dios pero están dispuestos a manipularle si les resulta posible. El inteligentísimo S. Agustín nos dirá que la oración no es para informar a Dios acerca de nuestra menesterosidad, pues él ya la conoce, ni para conquistar su benevolencia hacia nosotros, pues la tiene de antemano.

Entonces, ¿para qué nos enseña Jesús a orar? Para que nos asemejemos a él, que se retiraba con frecuencia a hacerlo, a cultivar su relación cariñosa con el Padre. Y también para que comulguemos más profundamente con sus propias inquietudes. El anuncio de Jesús es la venida del Reino de Dios: “llega el Reino, creed en la Buena Noticia” (Mc 1,15); él es aquel bendito mensajero de que hablaba el deuteroisaías: “Qué hermosos sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que dice a Sion: tu Dios es Rey” Is 52,7). Y le gustaría que sus discípulos cooperasen a la rapidez de esa llegada: “buscad ante todo el Reino de Dios” (Mt 6,33).

Ese Reino es una realidad que Jesús nunca define; simplemente apunta hacia ella con metáforas, parábolas, acciones simbólicas. Quizá en el Padre Nuestro ofrezca algo cercano a una cierta definición; la petición va precedido por la “santificación del nombre” de Dios. Esta no consiste en decir piadosas jaculatorias cuando otros blasfemen, como quizá nos enseñaron de niños. El verbo está en pasiva, luego el agente es Dios mismo; y su trasfondo esta en Ez 36,23: “yo santificaré mi gran nombre, profanado por vosotros…”. Lo cual, en su contexto, es una acción equivalente a al rescate y reunificación del pueblo, disperso, a su purificación de adherencias de paganismo: “Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones a donde marcharon” (Ez 37,21). Cuando esto suceda, Dios será realmente Rey y el pueblo lo gozará. El evangelista Mateo ha explicitado más esta realidad añadiendo una nueva petición que lo abarca todo: “hágase tu voluntad”.

Aparentemente otra petición, pero en realidad equivalente, es la del perdón de las ofensas y pecados: Yahvé prometía: “os purificaré de vuestras culpas” (Ez 36,33). Y en conexión con ello está el ser buen pastor que no dejará que su pueblo se extravíe: “no permitas que nos venza la tentación”, es decir, que tomemos por tu Reino lo que no lo es.

Hemos dejado para el final la petición del pan, la más oscura de todas, y de difícil traducción. En la redacción lucana hay una cierta tensión, pues junta el “mañana” con el “cada día”, una acción puntual con otra repetida. Creemos que se han sobrepuesto el pensamiento de Jesús y el del evangelista. Para este, que prevé una Iglesia duradera en el tiempo, se trata de una confianza en la providencia: Dios mirará por sus hijos. En cambio, en el lenguaje escatológico de Jesús, el “pan de mañana” debe de designar en otros términos la era mesiánica, pidiendo de nuevo que “venga ya tu reino”, pues este es dibujado en el AT como banquete, “de manjares suculentos y vinos de solera” (Is 25,6).

Cuando rezamos el Padre Nuestro debemos disponernos a entrar en una nueva era, la del Reino, la del perdón transformante y la plena fraternidad, y también la de la seguridad, bajo la guía de un Padre que nos guía y, en su amor providente, nos da cuanto necesitamos.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 07 de octubre de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro de profeta Jonás (3,1-10):

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.
Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 129

R/. Si llevas cuentas de los dleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?

Desde el lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuentas de los doleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10,38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Sobre la anécdota de Marta y María, un tanto gastada por el uso, y, por lo demás, muy sencilla de interpretar (en la Iglesia deben complementarse la vida activa y la contemplativa), se ha hecho recientemente algún comentario jocoso; Marta habría estado más acertada si, en vez de protestar, hubiese dicho a Jesús: “Maestro, ¿podrían hablar un poco más alto para que me entere yo también?”

Probablemente en la mente de Jesús y en la del evangelista revolotea justamente esta intención. Hay mucho que hacer en el mundo por mejorarlo, por que funcione según el proyecto de Dios y en él se vayan manifestando los valores del Reino. Pero también los constructores de esta nueva humanidad deben estar atentos a la Palabra de Jesús, que será la que los siga motivando y orientando. ¿Habrá en las palabras de Jesús a Marta un cierto reproche al activismo, a un afán temporal que pueda llegar a perder su sentido de edificación de un mundo mejor? ¿habrá tal vez una crítica a la sociedad de la producción, de la eficacia inmediata y palpable, que tal vez olvida su motivación última?

Como Marta, ignoramos el tema de conversación de su hermana María con Jesús. Pero su largo departir, probablemente en voz muy baja, en un rincón de la casa, nos habla de la importancia del silencio, la reflexión, algo de soledad para estar con el Señor. Y eso era entonces tan necesario como ahora, o quizá no tanto como ahora, pues no había llegado la sociedad del estrés y de las prisas. Ya siglos antes, había lamentado el profeta Jeremías: “la tierra está desolada, porque nadie se recoge a reflexionar” (Jr 12,11). ¿Será posible la reflexión en nuestra sociedad, llena de ruidos, estímulos permanentes en nuestros sentidos…? Algunos temen la llegada no sólo de una generación superficial, sino de una generación de sordos. ¿Qué podrán producir las atronadoras discotecas?

Todavía sigue habiendo en la Iglesia quienes cuestionan la forma de vida de los monasterios cartujos o trapenses, la de tantas monjas de clausura. En el peor de los casos consideran a esas personas como desencantadas de la vida, que acaban huyendo de todo. Esto a veces en abierta contradicción con la fascinación ejercida por prácticas oracionales extracristianas, venidas de las viejas religiones asiáticas.

Tal vez haya en ellas mucho aprovechable; pero es muy deseable saborear antes lo de Jesús, acostumbrarnos a beber en nuestro riquísimo propio pozo, saber “perder el tiempo”, como María de Betania.

Y antes de concluir nuestra reflexión, será bueno que dirijamos una mirada rápida a la leyenda de Jonás, que va a tener buena resonancia en la predicación de Jesús (“Aquí hay algo superior a Jonás”: Lc 11,32). Por medio de Jonás se recuperó Nínive para la salvación; y Jesús está dispuesto a recuperar a nuestro mundo, que a veces nos parece perdido. Y a él hay que prestarle más atención que a Jonás.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 06 de octubre de 2025

Primera Lectura

Comienzo de la profecía de Jonás (1,1–2,1.11):

Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: «Su maldad ha llegado hasta mí.»» Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente.
El capitán se le acercó y le dijo: «¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos.»
Y decían unos a otros: «Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.»
Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: «Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?»
Él les contestó: «Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.»
Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: «¿Qué has hecho?» Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado.
Entonces le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?» Porque el mar seguía embraveciéndose.
Él contestó: «Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta.»
Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres.»
Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

Palabra de Dios

Salmo

Jon 2,3.4.5.8

R/. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

En mi aflicción clamé al Señor
y me atendió;
desde el vientre del abismo pedí auxilio,
y escuchó mi clamor. R/.

Me arrojaste a lo profundo en alta mar,
me rodeaban las olas,
tus corrientes y tu oleaje
pasaban sobre mí. R/.

Yo dije: «Me has arrojado de tu presencia;
quién pudiera ver de nuevo tu santo templo.» R/.

Cuando se me acababan las fuerzas
me acordé del Señor;
llegó hasta ti mi oración,
hasta tu santo templo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Las parábolas de Jesús eran menos inocuas de lo que a primera vista percibimos. Los samaritanos eran considerados israelitas herejes, y los sacerdotes y levitas gozaban de prestigio religioso. Pero en la parábola del buen samaritano, es el hereje el que queda bien parado, elogiado por Jesús, mientras que el sacerdote y el levita son descalificados. Esto no pudo sentar bien a los oyentes. Por eso un célebre comentarista de las parábolas escribió hace un siglo: “nadie crucificaría a un maestro que cuenta historietas amenas para corroborar una moralidad prudente” (C.W. Smith). Sin duda lo de Jesús fue mucho más agresivo: relativizó el culto (el sacerdote y el levita, que de lejos no distinguen si el tendido al lado del camino es un enfermo, leproso o cadáver, dan un rodeo, para no contaminarse y poder seguir celebrando el culto) y enalteció la compasión, la ética, el buen corazón del hereje samaritano.

Lo cantábamos hace algunas décadas: “con vosotros está (¡Jesús!) y no le conocéis… y muchos que lo ven pasan de largo acaso por llegar temprano al templo”. El samaritano representa la compasión de Jesús y el apaleado es Jesús mismo, el que un día dirá “conmigo lo hicisteis… conmigo no lo hicisteis”.

En la redacción lucana, Jesús cuenta la parábola (quizá originariamente independiente) para responder a la pregunta “quién es mi prójimo”. El tema es sumamente actual; en Europa los partidos políticos se debaten en torno a las condiciones que debe reunir el emigrante para ser admitido en una de nuestras naciones. Indudablemente todos construyen discursos razonables: hace falta sensibilidad y no se debe caer en una ingenuidad que pueda volverse contra la seguridad de nuestros países. Pero no es seguro que todos establezcan, como criterio previo a toda otra premisa, que se trata de seres humanos necesitados, dolientes, a veces en el límite entre lo realmente humano y lo inhumano… Sin caer en simplificaciones: el buen samaritano no se preguntó por la procedencia del apaleado, no le pidió papeles; allí había sufrimiento y era preciso intervenir de inmediato. Más tarde volvería y arreglaría los asuntos con el hospedero.

Hacia el comienzo de su pontificado, el difunto papa Francisco dijo que “la Iglesia no es una ONG”; tal vez le faltó el adverbio “simplemente”, pues la comunidad de Jesús, aunque mira con luces más largas, asume de hecho muchas características de sana ONG. Por eso Francisco puntualizó enseguida que la Iglesia debe ser como un “hospital de campaña”. El buen samaritano, un desviado de la auténtica fe israelita, sirvió de ejemplo a los de creencia más correcta; tenían el mismo decálogo, sabían cuál era el principal mandamiento, pero algunos de ellos, quizá por llegar puros y pronto al templo, casi lo habían olvidado.

Ojalá los creyentes no olvidemos el núcleo del seguimiento de Jesús, y tengamos además la humildad de atender al reclamo de quien nos lo recuerde.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

LA PALABRA DE DIOS ILUMINA NUESTRO DOMINGO – XXVII Domingo del tiempo ordinario – Lucas 17, 5-10

La fe abre nuestros ojos para enseñarnos a ver lo que normalmente no vemos. Jesús nos recuerda que hacer el bien, ser justo y vivir con ética no es heroísmo, sino parte de la vida de fe. El signo más expresivo de la presencia del Reino es el amor desinteresado y total que ayuda y perdona. Ese amor no mide, no calcula, no espera retorno, porque nace del corazón mismo de Dios. Cuando alguien ama así, hace visible en el mundo la fuerza del Evangelio y muestra que la gracia es más fuerte que el egoísmo y la venganza. Allí donde se acoge al débil, se levanta al caído y se perdona al ofensor, el Reino de Dios se hace presente. Ese amor es la señal cierta de que Jesús vive en medio de nosotros y transforma la historia desde lo pequeño y lo humilde.

Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos el Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, en este Año Jubilar de la Esperanza, tiempo de renovación interior y de confianza profunda en el Señor. Hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos presenta una de las súplicas más humanas y sinceras que los apóstoles dirigen a Jesús: «Auméntanos la fe». No piden poder, ni conocimiento, ni seguridad: piden fe. Esta súplica brota de la conciencia de la propia limitación. En el corazón de todo ser humano habita un deseo profundo de plenitud y, al mismo tiempo, una experiencia constante de insuficiencia. Esta petición expresa la condición humana como ser abierto al Misterio, necesitado de sentido y de relación. El ser humano no se basta a sí mismo; su grandeza está precisamente en reconocer que necesita creer, confiar y dejarse sostener por Alguien que lo trasciende y este alguien es Dios. El ser humano tiene deseo del infinito. Hermanos y hermanas, Jesús responde con una imagen desconcertante: «Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este sicómoro: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería». No se trata de cantidad, sino de calidad de fe. El grano de mostaza, aunque pequeño, contiene una potencia vital inmensa. Así también la fe auténtica: humilde, pero llena de confianza; pequeña, pero arraigada en Dios. Sabemos que la fe no es una creencia abstracta, sino una relación viva de confianza en el Dios que actúa. Es adhesión existencial, una orientación de toda la persona hacia Dios. La fe hermanos y hermanas, revela el núcleo del ser humano como ser de confianza, llamado a salir de sí mismo. Creer no es un acto puramente intelectual; es una decisión vital que compromete el corazón, la voluntad y la esperanza. El hombre y la mujer se humaniza cuando confía, cuando sale del miedo y se abandona en el Amor que sostiene la existencia. Hermanos y hermanas, el Evangelio continúa con una parábola sobre el siervo que cumple su deber sin esperar recompensa: “Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.” A primera vista, estas palabras pueden sonar duras. Pero Jesús no desprecia el servicio humano; más bien, revela su verdad más profunda: el servicio auténtico nace del amor gratuito, no de la búsqueda de reconocimiento. La fe madura nos conduce a esta actitud de humildad: servir sin exigir, amar sin esperar pago, obedecer sin orgullo. Todo lo que somos y hacemos es don. No hay mérito que separe al hombre de Dios, porque todo mérito es respuesta al Amor primero. Hermanos y hermanas, esta enseñanza nos recuerda que el ser humano alcanza su plenitud no dominando, sino sirviendo. El ser humano se realiza cuando se descentra, cuando su vida se convierte en don. El “siervo inútil” no es un esclavo degradado, sino un ser libre que ha comprendido que su grandeza consiste en amar gratuitamente, como el mismo Cristo. La fe, entonces, no es una idea ni una emoción pasajera; es una forma de vivir. Creer significa dejar que Dios transforme nuestra manera de mirar, de actuar y de servir. Por eso, el Evangelio une fe y servicio: quien confía en Dios, sirve con libertad; quien sirve humildemente, revela su fe. Jesús mismo es el modelo del “siervo inútil”: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo”. En Él, la fe se hace obediencia y la obediencia se hace amor. Queridos hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos invita a una conversión profunda. Nuestra fe no se mide por palabras ni por obras grandiosas, sino por la confianza silenciosa en Dios y por la humildad del servicio cotidiano. En un mundo que valora el éxito, el control y el mérito, Jesús nos enseña el camino contrario: la pequeñez, la gratuidad y la confianza. Sólo una fe humilde puede sostenernos en medio de la fragilidad humana; sólo un corazón servidor puede hacer visible el Reino de Dios. Hermanos y hermanas, pidamos, entonces, como los discípulos: “Señor, auméntanos la fe.” Que esa fe nos haga más humanos, más libres y más capaces de amar sin medida. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – OFMCap de Chile.