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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 01 de febrero de 2026.

CUARTO DOMINGO. A.


Sofonías 2,3-3,12-13: Una invitación: “Busquen al Señor”, acérquense a Él, acéptenlo.
1Corintios 1,26-31: se les recuerda a los cristianos de Corinto de dónde proceden, a quién elige el Señor.
Mateo 4,25-5,12: Jesús muestra en qué consiste la realización plena del ser humano; muestra la identidad de un discípulo del Reino de Dios.

1.- Hoy la Palabra nos muestra con crudeza cómo piensa el Señor, qué espera de nosotros el Señor para poder ser verdaderamente plenos, felices. Porque eso es lo que Él quiere: la realización plena del ser humano, porque, como dice san Ireneo: “La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo”. Por eso Dios nos hace una invitación: “Busquen al Señor”. Pero ¿quiénes son los que encuentran al Señor? Los humildes, los que viven de acuerdo a lo que Dios pide. Pero el ser humano en vez de buscar a Dios se busca a sí mismo, se endiosa a sí mismo.
Dios quiere algo nuevo; por eso habla de un “Resto”, de un grupo que será siempre dócil al Señor. Resto cuya característica principal es la verdadera pobreza-humildad. En el fondo se apunta a una humanidad nueva.


2.- Y Dios mismo elige, llama a los que formarán su Pueblo, y lo hace con un criterio distinto al nuestro. Porque Dios llama no a los que aparecen como grandes y valiosos, sino a los que el mundo muchas veces menosprecia. Es que los caminos de Dios no son los caminos del hombre. La manera de actuar del Señor es muy distinta a la manera de actuar nuestra. Y esos es lo que nos quiere mostrar la Palabra de Dios.


3.- A la invitación que Dios nos hace la humanidad no oye, no obedece. Se ha vuelto rebelde, se ha vuelto una sociedad consumista y opresora. Porque en verdad vivimos en una sociedad materialista, en la que Dios es el gran ausente. Como consecuencia tenemos un ateísmo práctico que se manifiesta tanto en los ambientes capitalistas neoliberales como en los ambientes materialistas ateos. Y todo esto asfixia los valores humanos convertidos en mercancía de consumo. Corrupción que va royendo lo verdaderamente valorable, lo humano que, por lo mismo, es divino. Por eso Dios nos muestra el camino de restauración para todos.


4.- Tenemos a Jesús, cual otro Moisés, que desde el Monte proclama la nueva Ley del Reino, nos hace un nuevo “rayado de cancha” para poder desarrollarnos.
Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios, que se obtiene viviendo una forma nueva de vida, la que se contiene en este primer discurso de Jesús: la Bienaventuranzas, donde se muestra la identidad de un discípulo, de uno que vive lo que Jesús trae.
Todo se fundamenta en la primera Bienaventuranza: la Pobreza. No es una simple pobreza material-económica, es más que eso. Se trata de ser pobre desde el interior. Es la pobreza de espíritu por la que el hombre reconoce su nada, su indigencia. Y porque se sabe pobre e indigente, puede ser manso, limpio de corazón. Porque sabe que necesita ser perdonado por eso sabe ser misericordioso; porque no tiene nada que perder es capaz de jugarse por la paz. Y el único modelo es Jesús, el pobre por excelencia.
Este es el desafío que tenemos para este tiempo tan difíciles. Con la ayuda del Señor podremos vivir “con alma de pobres”.


Hno. Pastor.

EDD. sábado 31 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (12,1-7a.10-17):

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David.
Entró Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.»
David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: «Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.»
Natán dijo a David: «¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo a él con la espada amoníta. Asi dice el Señor: «Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día.»»
David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»
Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.»
Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,12-13.14-15.16-17

R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,35-41):

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

No es fácil ser profeta. Que se lo digan a Natán, al que le cayó la poco agradable tarea de denunciar ante el rey todopoderoso una injusticia flagrante… Hace falta valor para presentarse ante el monarca y recordarle su pecado, de pensamiento, palabra, obra y omisión… El propósito del encuentro es, precisamente, poner al descubierto la injusticia y la hipocresía del rey. La fábula del rico y el pobre expone la avaricia y la crueldad, dejando a David que él mismo condene al «rico» de la historia. Este acto de justicia, aunque bien intencionado, se vuelve contra él cuando Natán revela que el rico es, de hecho, el mismo David.

El momento culminante se encuentra en la revelación: «Tú eres ese hombre.» Es una llamada a la responsabilidad. David, un rey conforme al corazón de Dios, al aceptar su pecado, nos enseña que la grandeza no está en la ausencia de fallos, sino en la disposición a reconocerlos y a arrepentirse. La identificación de David con el «rico» subraya cómo el pecado puede corromper incluso a los mejores entre nosotros. Natán también es quien recuerda las consecuencias del pecado de David, enfatizando que el pecado tiene repercusiones que afectan a toda la comunidad. La muerte del hijo de David es un recordatorio de esta realidad. Pero, a pesar de esto, el párrafo también es un testimonio de la misericordia de Dios, el cual no reniega de su pacto. David, habiendo reconocido que la relación con Dios es esencial, grita a su Dios sintiendo su vulnerabilidad.

Cuando el relato termina, vemos la fuerza de la Gracia. El pecado de David tendrá consecuencias, pero también es un hombre perdonado. Esta es una buena noticia: a pesar de lo lejos que podamos estar de Dios, siempre hay un camino de regreso a la gracia. Que este pasaje nos invite a vivir con la humildad de reconocer nuestro estado y nos invite a la reconciliación con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Como seres humanos somos llamados no a dejar de ser pecadores, sino a ser personas auténticas. La historia de David y Natán nos advierte de la necesidad del verdadero arrepentimiento y de la madurez espiritual. ¿Cómo reaccionamos, cuando nos enfrentan a nuestras realidades? ¿Somos capaces de analizarnos a nosotros mismos?

Sobre la necesidad de sentir la gracia y confiar en Dios insiste el Evangelio. En esta ocasión, el relato de Marcos nos recuerda cómo Jesús calma la tormenta, revelando su autoridad divina sobre la naturaleza y nuestra vida. La escena comienza con la orden de cruzar al otro lado. Algunos, con esa invitación, podrían plantearse cambiar radicalmente de vida, intentar verlo todo con unan nueva perspectiva, Al mismo tiempo, es una invitación a confiar en Él.

En ese camino, no todo es fácil. Como en nuestra vida. La tormenta representa las adversidades y temores que enfrentamos. Los discípulos, aterrados, cuestionan la preocupación de Jesús por ellos. Sin embargo, su despertar no solo calma las aguas, sino también sus corazones. Jesús pregunta: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe?», desafiándonos a confiar en su presencia en momentos de crisis. Este pasaje nos invita a reconocer su poder y a mantener nuestra fe inquebrantable ante las tempestades de la vida. Como hizo san Juan Bosco, el santo de hoy, que, a pesar de los problemas, supo dedicar su vida a la educación de los jóvenes.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 30 de enero de 2026

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (11,1-4a.5-10a.13-17):

Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella.
David mandó preguntar por la mujer, y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita.»
David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta.»
Entonces David mandó esta orden a Joab: «Mándame a Urías, el hitita.»
Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra.
Luego le dijo: «Anda a casa a lavarte los pies.»
Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: «Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera.» Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab, y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.6bc-7.10-11

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. R/.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,26-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

“Iglesia santa y pecadora” es una expresión que se ha usado desde antiguo. Describe bastante bien cómo somos, en conjunto e individualmente. Cada uno de nosotros sabe que dentro de él hay una parte oscura y otra iluminada, en permanente lucha entre ellas. Cómo estaríamos si Dios no nos echara una mano…

Ese lado oscuro de David sale a la luz en el relato de hoy. Pudiendo tener todas las mujeres que deseara, se fija en la esposa de uno de sus oficiales. Y tanto se encaprichó de ella, que no duda en ordenar que dejen morir a su esposo. La causa es que Betsabé está embarazada, fruto de aventura extraconyugal. Con tal de salvar su imagen, David recurre al asesinato. La de esperanzas que habían sido depositadas en este rey, y la cosa acaba así. Veremos que su pecado tiene consecuencias, aunque siempre queda abierta la esperanza del perdón.

Todo necesita su tiempo y su lugar. Lo recuerda Jesús en el Evangelio. Lo saben bien los agricultores, que trabajan cada día, confiando en que el trabajo dará su fruto. Con su pedagogía habitual, Cristo nos presenta el Reino de Dios a través de dos parábolas sencillas, tomadas de la vida cotidiana. Estas parábolas revelan una verdad profunda y consoladora: el Reino crece por la acción de Dios, no por el control humano.

Jesús compara el Reino con una semilla sembrada en la tierra. El sembrador duerme y se levanta, y la semilla germina y crece “sin que él sepa cómo”. Esta imagen cuestiona nuestra obsesión por la eficacia inmediata y el dominio de los procesos. El Reino no depende de nuestra ansiedad ni de nuestra impaciencia, sino de la fidelidad confiada a la obra de Dios.

La segunda parábola, la del grano de mostaza, refuerza esta enseñanza. Lo más pequeño, casi insignificante, se transforma en un arbusto capaz de acoger vida. Así actúa Dios: elige lo pequeño, lo oculto, lo humilde, para manifestar su poder. El Reino no irrumpe con espectacularidad, sino que comienza de manera discreta, casi imperceptible, y sin embargo su alcance es sorprendente.

Estas parábolas invitan a la comunidad cristiana y a cada uno de nosotros a sembrar con esperanza, aunque no vea resultados inmediatos. Nos llaman a confiar en que cada gesto de amor, cada palabra de justicia, cada acto de misericordia, aunque parezca mínimo, tiene una fecundidad que supera nuestros cálculos. El discípulo no es dueño del crecimiento, sino servidor del proceso. Y nadie es demasiado humilde o pequeño para no poder colaborar con algo.

En un mundo marcado por la prisa y la lógica del rendimiento, Jesús nos propone la lógica del Reino: paciencia, confianza y esperanza. Dios sigue trabajando en silencio, haciendo crecer su Reino en la historia y en el corazón de cada persona. Nuestra tarea es sembrar con fe y vivir abiertos a la sorpresa de Dios.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 29 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7,18-19.24-29):

Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: «¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: «¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!» Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: «Te edificaré una casa»; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 131,1-2.3-5.11.12.13-14

R/. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob. R/.

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.» R/.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractara:
«A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.» R/.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,21-25):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará con creces hasta lo que tiene.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy vemos la versión luminosa del rey David. Humilde, agradecido, reconociendo que el Señor ha hecho una gran promesa a su dinastía, sintiéndose indigno, pero confiando en esa promesa divina. “Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia.” Ya vamos viendo que no siempre fue así.

“El que tenga oídos para oír, que oiga”, dice Cristo en el Evangelio. Es un buen consejo para todos nosotros. Hoy se nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que conlleva haber recibido la luz de Dios. Lo que sí supo hacer David. Jesús utiliza imágenes sencillas y cotidianas: una lámpara no se enciende para ocultarla, sino para colocarla en lo alto y que ilumine. Con esta enseñanza, el Señor nos recuerda que la fe no es un tesoro privado ni un conocimiento reservado a unos pocos; es un don destinado a ser compartido y puesto al servicio de los demás. Misioneros en sus casas, podríamos decir.

En pocas palabras, la luz representa la Palabra de Dios y el mensaje del Reino. Quien la acoge en su corazón está llamado a dejar que transforme su vida y, a través de ella, ilumine el camino de otros. No basta con escuchar; es necesario vivir lo escuchado. Por eso Jesús insiste: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Escuchar, en clave bíblica, significa acoger con atención y responder con coherencia. Vivir como Dios quiere, intentando cumplir siempre Su voluntad.

El pasaje también nos confronta con una advertencia exigente: “La medida que uséis la usarán con vosotros”. Un buen aviso. Sabemos que, en el último día, tendremos que dar cuentas de nuestros actos. Sabemos que Dios no es mezquino, pero respeta la libertad humana.  La apertura, el compromiso y la generosidad con que recibimos su Palabra determinan la fecundidad de nuestra vida cristiana. Quien se cierra, termina perdiendo incluso lo poco que cree tener; quien se abre con humildad, recibe en abundancia. De cada uno depende elegir cómo quiere vivir. Lo rezamos cada día en el Padrenuestro. El perdón de nuestros pecados está muy vinculado a cómo perdonamos nosotros a los que nos han ofendido.

Este Evangelio nos desafía a revisar nuestra actitud frente a la fe. Podemos hacernos algunas preguntas, para revisar cómo va nuestro camino de fe. ¿Ese regalo que hemos recibido, la fe, la escondemos por miedo o comodidad, o la dejamos brillar con obras concretas de amor, justicia y servicio? ¿Somos estrictos con los demás y laxos con nosotros mismos? Porque ser discípulos de Jesús implica vivir como lámparas encendidas, capaces de reflejar la luz del Reino en medio del mundo. Aunque cueste.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 28 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (7,4-17):

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?» Pues bien, di esto a mi siervo David: «Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.»»
Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,4-5.27-28.29-30

R/. Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

«Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.» R/.

«Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una prosperidad perpetua
y un trono duradero como el cielo.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,1-20):

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla.
Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: «Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»
Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que, por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen.»»
Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Menuda misión para un pobre mortal. Enmendar la plana al rey David, corregirle y no permitirle construir una casa para el Señor. Llevando la contraria no se hacen amigos en las cortes reales, y tampoco se prospera. Nos imaginamos la cara del rey, cuando el profeta Natán le dice que Dios no da el visto bueno a su idea. Aunque amortiguaría el golpe saber que el proyecto lo llevará a cabo su descendencia. Algo es algo. El sabio rey Salomón llevó a cabo el proyecto, pero eso ya es otra historia.

Es que los planes de Dios llevan su tiempo. El ritmo divino no es nuestro ritmo. Lo saben bien los hombres del campo. El evangelio de Marcos nos presenta hoy a Jesús como el sembrador que sale a sembrar sin medida. No calcula el terreno ni selecciona a los oyentes: la semilla —que es la Palabra de Dios— cae sobre todos. Este gesto revela algo fundamental: Dios no se cansa de hablarnos, incluso cuando sabe que muchos corazones no están preparados para acoger su mensaje.

La parábola del sembrador no pone el acento en la calidad de la semilla, que es siempre buena, sino en la disposición del terreno y en cómo el sembrador no escatima la semilla.

Jesús mismo explica que los distintos tipos del suelo representan las actitudes del corazón humano frente a la Palabra.

El camino duro simboliza a quienes escuchan, pero no dejan que la Palabra penetre. Es un corazón cerrado, distraído o indiferente, donde el mensaje del Evangelio no logra arraigar. Hay mucha gente que no tiene interés en este mensaje. El terreno pedregoso representa a quienes reciben la Palabra con entusiasmo momentáneo, pero sin profundidad; cuando llegan las dificultades o las exigencias del seguimiento, abandonan. Quizá sea consecuencia de la vida que llevamos, donde todo tiene que ser fácil y rápido. El terreno con espinos refleja a quienes escuchan, pero permiten que las preocupaciones, el afán por el dinero y los deseos del mundo ahoguen el mensaje.

Finalmente, Jesús habla de la tierra buena, aquella que escucha la Palabra, la acoge y da fruto. No se trata de personas perfectas, sino de corazones disponibles, abiertos a la conversión y perseverantes. El fruto es diverso —treinta, sesenta, cien— porque cada vida es distinta, pero lo importante es que la Palabra produce vida nueva.

Esta parábola nos invita a mirarnos por dentro y preguntarnos: ¿Qué tipo de terreno soy hoy? No se trata de juzgarnos, sino de reconocer que el corazón puede transformarse. El terreno duro puede ablandarse, las piedras pueden retirarse y los espinos pueden ser arrancados. La gracia de Dios trabaja en nosotros si se lo permitimos.

En un mundo lleno de ruido, prisas y superficialidad, este evangelio nos llama a escuchar con atención, a cuidar el silencio interior y a dejar que la Palabra eche raíces profundas. Solo así nuestra fe dejará de ser pasajera y se convertirá en una vida fecunda al servicio del Reino.

Que cada vez que escuchemos el Evangelio, podamos decir con humildad:
Señor, haz de mi corazón una tierra buena.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 27 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (6,12b-15.17-19):

En aquellos días, fue David y llevó el arca de Dios desde la casa de Obededom a la Ciudad de David, haciendo fiesta. Cuando los portadores del arca del Señor avanzaron seis pasos, sacrificó un toro y un ternero cebado. E iba danzando ante el Señor con todo entusiasmo, vestido sólo con un roquete de lino. Así iban llevando David y los israelitas el arca del Señor entre vítores y al sonido de las trompetas. Metieron el arca del Señor y la instalaron en su sitio, en el centro de la tienda que David le había preparado. David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión al Señor y, cuando terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en el nombre del Señor de los ejércitos; luego repartió a todos, hombres y mujeres de la multitud israelita, un bollo de pan, una tajada de carne y un pastel de uvas pasas a cada uno. Después se marcharon todos, cada cual a su casa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23,7.8.9.10

R/. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
Es el Señor en persona

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R/.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,31-35):

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»
Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Sigue la fiesta por el comienzo del reinado de David. Este rey singular decidió trasladar el Arca de la Alianza a Jerusalén, la nueva capital del reino, país que él acababa de unificar, para fortalecer su poder político e institucionalizar Jerusalén como la ciudad del pueblo israelí, el lugar donde residiría permanentemente la presencia divina. El Arca había estado antes en Quiriat-Jearim durante muchos años, después de ser devuelta por los filisteos, quienes la habían tomado como botín en una batalla.

David reunió a los mejores guerreros de Israel para transportar el Arca porque era importante para él, debido a que simbolizaba la presencia de Dios y el pacto que había hecho con su pueblo. El primer intento no tuvo éxito. Cuando finalmente David introdujo el Arca en Jerusalén se produjo un momento de gran celebración. El rey David danzaba delante del Señor con todas sus fuerzas, vestido con un efod de lino. Y ofreció sacrificios, y organizó una gran celebración comunitaria. La esposa del rey David, Mical, descendiente de Saúl, lo despreciaba por un comportamiento que ella consideraba indigno para un rey, pero David respondió que lo que él celebraba era la presencia del Señor entre su gente. Todos unidos, alrededor del Arca de la Alianza, bajo un único monarca. Un motivo de alegría.

Y llegamos al Evangelio. Este pasaje refleja un momento clave en la vida pública de Jesús. Se van aclarando cómo son las cosas en el Reino de Dios. Ha habido siempre tensión entre las relaciones biológicas y la familia espiritual que se forma en torno a la Jesús, Es cuestión de prioridades. Aunque su madre y sus hermanos vienen a buscarlo, Jesús no los rechaza, pero sí redefine su identidad familiar.

La madre y los hermanos de Jesús llegan, pero se quedan afuera, lo que indica que no pueden acceder a Él debido a la multitud que lo rodea. Su intención parece ser protegerlo, posiblemente por creer que está «fuera de sí», lo cual revela una comprensión limitada de su misión. Hace falta un camino de preparación para entender el plan de Dios. El Evangelio de Marcos, precisamente, es como un camino catecumenal hacia el pleno conocimiento del Mesías.

Al responder a la multitud que le anuncia que su familia lo busca, Jesús pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Luego mira a los que están sentados a su alrededor y dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Este cambio de enfoque no niega el amor filial, sino que amplía el concepto de familia. La verdadera familia de Jesús no está basada en la sangre, sino en la fidelidad a Dios. Aquellos que escuchan, siguen y viven su palabra se convierten en su familia más cercana. Sin duda, María, su Madre, siempre estuvo cerca de Él.

Se nos invita, pues, a reflexionar sobre las prioridades en nuestra vida cristiana. A veces, incluso las relaciones más cercanas pueden poner en riesgo nuestra fidelidad a Dios. Jesús no rechaza a su madre, pero señala que la voluntad de Dios debe ser la guía suprema. Hoy, esta enseñanza sigue siendo una llamada a vivir en comunión con quienes siguen a Cristo, más allá de lazos sanguíneos.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 26 de enero de 2026.

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel (5,1-7.10):

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos: ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tu serás el jefe de Israel.»»
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Tenía treinta años cuando empezó a reinar, y reinó cuarenta años; en Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá. El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban el país.
Los jebuseos dijeron a David: «No entrarás aquí. Te rechazarán los ciegos y los cojos.»
Era una manera de decir que David no entraría. Pero David conquistó el alcázar de Sión, o sea, la llamada Ciudad de David. David iba creciendo en poderío, y el Señor de los ejércitos estaba con él.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 88,20.21-22.25-26

R/. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán

Un dia hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.» R/.

«Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.» R/.

«Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.» R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,22-30):

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.»
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Después de haber contemplado a san Pablo y su conversión, con la oración por la unidad de todos los cristianos, seguimos nuestro camino por el tiempo ordinario, hacia la ya próxima Cuaresma. Lo hacemos con la memoria de los santos Timoteo y Tito.

En el Evangelio de Marcos, Jesús es acusado por los escribas de expulsar demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios. Jesús responde con lógica: un reino dividido no puede sostenerse. Si Satanás expulsara a Satanás, su reino caería. Además, advierte sobre el pecado contra el Espíritu Santo, que es imperdonable. Este pasaje nos invita a profundizar en la fe y a reconocer la autoridad de Jesús. Nos llama a no juzgar superficialmente, sino a abrir el corazón para entender el poder y la acción del Espíritu en la vida cotidiana.

Este Evangelio recoge una de las afirmaciones de Jesús que más ha dado lugar a especulaciones: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada”. Estas palabras no expresan un límite en la misericordia de Dios, sino un límite que el propio ser humano pone a esa misericordia.

Cuando Jesús habla de la blasfemia contra el Espíritu Santo, no lo hace para asustarnos, sino para llamarnos a la conversión del corazón. A veces esta frase suena muy dura: “ese pecado no será perdonado”, y podemos pensar que Dios deja de amar o de perdonar. Pero no es así. Dios siempre quiere perdonar. El problema no está en Dios, sino en la persona que se cierra completamente a su amor. El Espíritu Santo es quien nos ayuda a reconocer el pecado, a pedir perdón y a cambiar de vida. Entonces, blasfemar contra el Espíritu Santo significa rechazar conscientemente esa ayuda, decirle a Dios: “No te necesito, no quiero cambiar, no quiero tu perdón”.

Jesús pronuncia esta advertencia cuando los fariseos, viendo una obra evidente de liberación y sanación, atribuyen al demonio lo que es obra del Espíritu Santo. No se trata de ignorancia ni de duda sincera, sino de un rechazo consciente y malicioso de la verdad. Los fariseos veían las obras buenas de Jesús —curaciones, liberaciones, gestos de amor— y aun así decían que venían del mal. Es decir, llamaban malo a lo que era bueno, cerrando su corazón a la verdad. Eso es muy grave, porque cuando uno se convence de que no necesita a Dios, ya no pide perdón, y si no pide perdón, no puede recibirlo.

En este contexto, entonces, ¿qué es la blasfemia contra el Espíritu Santo? No es una palabra dicha en un momento de ira ni una debilidad humana. Es una actitud interior permanente, podríamos decir recalcitrante: llamar “mal” a lo que claramente viene de Dios. Rechazar deliberadamente la acción del Espíritu que convence de pecado, invita a la conversión y ofrece el perdón. Cerrar el corazón a la gracia, negándose a reconocer la necesidad de misericordia. San Juan Pablo II la describía como el pecado de quien se niega a ser perdonado, porque rechaza el medio mismo del perdón.

¿Por qué “no tiene perdón”? No porque Dios no quiera perdonar, sino porque el Espíritu Santo es quien nos lleva al arrepentimiento. Si se rechaza al Espíritu, se rechaza la puerta por la que entra el perdón. Dios respeta la libertad humana incluso cuando esta se cierra a su amor.

Quien teme haber cometido este pecado, ya demuestra que no lo ha cometido. El temor, el remordimiento y el deseo de reconciliación son signos claros de que el Espíritu sigue actuando en el corazón. La blasfemia contra el Espíritu no es una caída momentánea, sino una decisión final y obstinada contra la verdad y el amor. Este pasaje nos invita a examinar nuestro corazón con humildad, a no endurecernos ante la corrección de Dios, a reconocer la acción del Espíritu en la Iglesia, en los sacramentos y en la conversión personal. Mientras haya apertura, aunque sea mínima, la misericordia de Dios sigue siendo infinita. Lo sintió Pablo y los sintieron sus colaboradores, Timoteo y Tito.

Ésta es la buena noticia: que quien se arrepiente, quien pide perdón, quien busca a Dios, no ha cometido este pecado. El corazón humilde, aunque sea débil, siempre tiene la puerta abierta al perdón de Dios. Pidamos hoy la gracia de no endurecer el corazón, de dejarnos guiar por el Espíritu Santo y de confiar siempre en la misericordia infinita de Dios.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Finalización del XXIII Encuentro de Fraternidad y Espiritualidad Capuchina, Rabones Comuna de Linares, Chile 2026.

Durante los días 23, 24 y 25 de enero, los laicos capuchinos se reunieron en la localidad de Rabones, Comuna de Linares, con motivo de su XXIII Encuentro de Fraternidad y Espiritualidad Capuchinos, 2026.

Esta instancia de reflexión, oración, discernimiento y vida fraterna se desarrolla bajo el lema: «Señor, ¿qué quieres que haga?». Los tres días se centraron en un recorrido por las experiencias compartidas en los centenarios celebrados entre 2023 y 2025;
La conmemoración de los 800 años de la Pascua de San Francisco y la vigencia de su legado en la vida laical, durante 2026.
Todo, se vivió con oraciones, cantos, alabanzas a Nuestro Señor, acciones fraternas y Eucaristía.

Pedimos al Señor que, por intercesión del Seráfico Padre, ilumine y bendiga siempre a nuestros hermanos y hermanas del Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile, en su camino de formación y servicio.

Fraternalmente,

Movimiento de Laicos Capuchinos de Chile.