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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 12 de mayo de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (11,1-18):

EN aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:
«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí:
«De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.
En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:
«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 41,2-3;42,3.4

R/. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,1-10):

EN aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hemos comenzado la cuarta semana de este tiempo de Pascua, un periodo más largo que el de Cuaresma pues necesitamos rumiar, tomar conciencia e interiorizar el acontecimiento central de nuestra fe: la Resurrección del Señor. Me da la impresión de que la Pascua no la vivimos con la misma intensidad que la Cuaresma, porque quizá nos resulta más fácil sintonizar con el sufrimiento y el dolor y no tanto con el gozo y la alegría. Y a esto precisamente estamos invitados a vivir en este tiempo: la resurrección de Jesucristo es también la nuestra, su gozo y su alegría es su regalo para nosotros.

Los discípulos necesitaron su tiempo de escuela con Jesús para asimilar este misterio que al final transformó radicalmente sus vidas. En la primera lectura de hoy, Pedro convence a los hermanos de Judea de que los hermanos paganos, que se incorporan a las filas del cristianismo sin haber pasado por los ritos del judaísmo, también son destinatarios de la fuerza de la resurrección. Lo hace narrándoles la visión que tuvo en Jafa sobre la pureza de los alimentos. Tienen que asimilar que el mensaje y la entrega de Jesús es universal, para todos, por encima de razas, tradiciones y localismos.

El Evangelio de Juan nos recuerda que Jesús es el Buen Pastor, aquel que nos conoce, nos cuida, nos llama por el nombre y que sabe lo que necesitamos. Hay otros pastores que no entran por la puerta, sino que asaltan a las ovejas para robarlas y apartarlas del Buen Pastor. Esta profecía de Jesús sigue ocurriendo hoy; no faltan falsos pastores en forma de ideologías, corrientes de opinión y campañas muy orquestadas, que tratan de apartar de la fe y provocar el rechazo de todo lo que huela a cristianismo. En expresión de Jesús son “ladrones” y “bandidos”.

En este tiempo de Pascua nosotros queremos seguir escuchando la voz del Buen Pastor que con sus “silbos amorosos” en expresión del poeta Lope de Vega, no deja de llamarnos para atraernos hacia Él: “Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño” […] ”vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño, tus dulces silbos y tus pies hermosos.”

Oramos por el nuevo papa, sucesor de Pedro, para que sea el Buen Pastor que necesita nuestra Iglesia.

Él es la puerta, Él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia; no dejemos de escuchar su voz.

Vuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del domingo 11 de mayo de 2025.

IV Domingo de Pascua – San Juan 10, 27-30

¡Cuántas heridas, cuántas lágrimas en nuestro presente, en nuestro mundo, en la familia! Jesucristo, el Cordero, es nuestra fundada esperanza. Necesitamos unirnos a él, seguir sus pasos, vivir su vida, la que nos ofrece en la Eucaristía, la que nos identifica con él mismo.

Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos el Cuarto Domingo de Pascua, conocido tradicionalmente como el Domingo del Buen Pastor. El Evangelio que acabamos de escuchar nos ofrece una de las imágenes más tiernas y poderosas de Jesús: la del pastor que cuida con amor, con firmeza y con fidelidad a sus ovejas.
La palabra de Dios nos invita en este fin de semana a reflexionar sobre tres verbos; escuchar, conocer y seguir, que caracteriza de la relación de Jesús con sus ovejas.

Escuchar – Jesús dice que sus ovejas escuchan su voz. Escuchar no es solo oír, sino estar atentos, discernir entre tantas voces y seguir la voz del verdadero Pastor. En medio del ruido del mundo, el creyente está llamado a cultivar una vida de oración y silencio interior para reconocer la voz de Cristo.

Conocer – Jesús afirma: “Yo las conozco”. Este conocimiento es profundo e íntimo; no se trata de un conocimiento superficial, sino del amor personal de Cristo por cada uno.

Seguir – La consecuencia de escuchar y de conocer es el seguimiento: “ellas me siguen”. Seguir a Jesús implica confiar en Él, imitarlo, cargar la propia cruz y caminar en sus pasos. No es fácil, pero es el camino hacia la vida eterna que Él mismo promete.

Hermanos y hermanas, Jesús nos dice: “Mis ovejas escuchan mi voz”. Esta es la primera característica del discípulo: sabe escuchar. No se trata solo de oír con los oídos, sino de acoger con el corazón la palabra del Señor, de reconocer su voz entre tantas otras que nos distraen y confunden. En medio del ruido del mundo, ¿nos detenemos a escuchar la voz del Buen Pastor?
Jesús también dice: “Yo las conozco y ellas me siguen”. Él no nos conoce de manera superficial; nos conoce por dentro, conoce nuestras heridas, nuestras luchas, nuestras caídas, y aun así nos llama por nuestro nombre, como un pastor que ama a cada oveja de su rebaño. Y nosotros, como respuesta, lo seguimos, no por obligación, sino porque confiamos en su amor y en su guía.
Este seguimiento no es estéril ni incierto. Jesús hace una promesa bellísima: “Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás”. Aquí está el núcleo de la esperanza cristiana: la vida que no acaba, la comunión eterna con Dios. Jesús nos asegura que nadie puede arrebatarnos de su mano, ni del Padre, porque “el Padre y yo somos uno”.
Este texto, aunque breve, está lleno de consuelo: no estamos solos, no estamos a la deriva. Somos parte de un rebaño que tiene un Pastor bueno, fiel y eterno. Y ese Pastor no solo cuida de nosotros: da la vida por nosotros.
Hoy es también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En este contexto, pedimos al Señor que siga suscitando pastores según su corazón: sacerdotes, religiosos, laicos comprometidos, que sepan guiar, servir y entregar su vida por los demás. Y también nos preguntamos: ¿cómo puedo yo, en mi vocación particular, reflejar el rostro del Buen Pastor?
Que en esta Pascua renovemos nuestra confianza en Cristo, y escuchemos de nuevo su voz que nos dice: “No tengas miedo, tú eres mío, nadie te arrebatará de mi mano”. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

Homilía para la Eucaristía del domingo 11 de mayo de 2025.

DOMINGO CUARTO DE PASCUA.


Hechos 13,14.43-52: Pablo y Bernabé, al ser rechazados por los judíos, predican a los paganos. El evangelio es para todos.
Apocalipsis 7,9,14-17: Los no judíos también forman parte de los elegidos por Dios. Su pastor es el Cordero, que los guía a la vida en plenitud.
Juan 10,27-30: Parte del discurso que presenta a Jesús como Pastor, que da la vida. Es preciso escuchar a Jesús; así se manifiesta la pertenencia a Jesús.

1.- Jesús resucitado viene a salvar a todos, incluso a los que están fuera, es decir, también a los no judíos. Pablo está consciente de esta verdad esencial. Porque salvación significa también reunión, significa incorporación al Pueblo de Dios. Como dirá el mismo Apóstol en su carta a los Efesios: Gracias a Cristo Jesús, ustedes que alguna vez estaban lejos, ahora está cerca por la sangre de Cristo.(Efesios 2,3). Lo que nos quiere indicar es que gracias a un acontecimiento salvífico, Cristo inmolado, todos estamos reconciliados y llamados a formar un solo Pueblo, el de Dios, un solo Cuero, el de Cristo. Y es lo que poco a poco se va haciendo realidad a causa del rechazo de la Sinagoga a los cristianos.
2.- Y en el Apocalipsis se presenta como una realidad consumada lo que antes había sido anunciado. Jesús, el inmolado, es quien apacienta, guía y alimenta a todos para que tengamos plenitud de vida. Es que Cristo incorpora, no excluye. Él es el que quiere ser Pastor de todos.
Lo afirma el Apocalipsis, pero también la primera lectura, cuando nos dice que “los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo”. En verdad, Dios alimenta a su Pueblo y lo apacienta.
3.- El Papa Francisco muchas veces dijo que se estaba imponiendo en todas partes la cultura del descarte, del rechazo. Sólo se admite lo bueno, lo mejor. Y se invocan distintos motivos superfluos para descartar. Y Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, no descarta a nadie, ya que Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cfr. 1Timoteo 2,4).
4.- Dice el salmo responsorial: “Somos su Pueblo y ovejas de su rebaño”. Es verdad, pero el Señor hoy día nos dice algo muy cierto: “Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen”. Con esto se describe la intimidad de las relaciones existentes entre Jesús y sus discípulos de todos los tiempos. Jesús, el Buen Pastor, nos conoce, es decir, está en íntima comunión con sus discípulos. La fe lleva a una adhesión plena del hombre creyente con Jesús, una intimidad del corazón que lleva a una mutua comunión de vida.
Se nos está indicando algo esencial en esta Palabra; que si aceptamos a Cristo, su Palabra, somos ovejas de su rebaño.
Y este Buen Pastor nos ha regalado un Pastor que promete. Demos gracias a Dios por este nuevo Papa, León XIV, quien toma la antorcha del Papa Francisco para seguir sirviendo al Santo Pueblo de Dios.
Vamos a comulgar, es decir, vamos a expresar lo que ya vivimos: la comunión. No se puede expresar lo que no se vive, sería una mentira.
Si somos de Cristo escuchemos su voz, no las consignas del mundo, que son engañosas. Celebremos, hermanos.
Hno. Pastor.

Comentario al Evangelio del sábado 10 de mayo de 2025.

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.» (Juan 6,68)

Este sábado, el Evangelio nos presenta la conclusión del discurso del Pan de Vida. Después de escuchar las palabras exigentes de Jesús, muchos discípulos se alejan. Ante esto, Jesús pregunta a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro, en nombre del grupo, responde con fe y convicción: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.»

Esta escena nos invita a reflexionar sobre la perseverancia en la fe, especialmente cuando el camino se vuelve difícil de entender o doloroso de seguir. En nuestro camino pascual, estamos llamados a renovar nuestra adhesión a Jesús no solo cuando todo va bien, sino también cuando las exigencias del Evangelio nos confrontan y desafían.

Al igual que los discípulos, también nosotros enfrentamos momentos en los que el seguimiento de Cristo parece difícil. Pero es precisamente en estos momentos que estamos invitados a confiar, como Pedro, en la certeza de que solo en Jesús encontramos la plenitud de la vida.

Pregunta para el corazón: ¿Cuando me siento tentado a rendirme o a alejarme, recuerdo que solo el Señor tiene palabras de vida eterna? Un gran abrazo a usted. Deseo un excelente sábado lleno de bendiciones del Señor. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermanos Menores Capuchinos de Chile.

EDD. sábado 10 de mayo de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,31-42):

EN aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla.
Pedro le dijo:
«Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y arregla tu lecho».
Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarón, y se convirtieron al Señor.
Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacía infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba.
Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle:
«No tardes en venir a nosotros».
Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela mientras estuvo con ellas. Pedro, mandando salir fuera a todos, se arrodilló, se puso a rezar y, volviéndose hacia el cuerpo, dijo:
«Tabita, levántate».
Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él, dándole la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

Palabra del Señor

Salmo

Sal 115,12-13.14-15.16-17

R/. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R/.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R/.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio segun san Juan (6,60-69):

EN aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hace unos domingos, al terminar la Eucaristía, uno de los que habían participado en ella me dijo que Jesús no nos lo había puesto fácil ese domingo. Es que el Evangelio había repetido con insistencia que había que amar a los enemigos y orar por los que nos persiguen. Aquel hombre se había tomado el Evangelio en serio y se había dado cuenta de que Jesús, la Palabra de Dios, nos ponía ante un reto formidable. Comulgar con Jesús era comulgar con su palabra. Y no resultaba para él nada fácil llevar a la práctica el compromiso asumido al participar en la Eucaristía.

Es que comulgar es una cosa muy seria. Y lo mismo se puede decir de ir a misa. O mejor dicho, de participar en la Eucaristía. No podemos ir a misa como el que va a hacer una devoción o a rezar un rato. A la misa, a la Eucaristía, vamos a participar, a escuchar la Palabra y a compartir el pan de vida que es el mismo Jesús. La misa nos compromete, nos desafía, nos llama a vivir de otra manera. Y no siempre es fácil.

Algo así es lo que les pasó a los discípulos de Jesús después de oír a Jesús en los evangelios que hemos leído estos días pasados. El Evangelio de hoy tiene como tres tiempos. Lo primero es la afirmación de los discípulos de que el modo de hablar de Jesús es duro y exigente. Lo segundo es la constatación de que muchos discípulos se echaron atrás y abandonaron a Jesús. Lo tercero es la afirmación de Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.” No todos se fueron. Algunos, aun conscientes de sus debilidades y limitaciones, decidieron quedarse. Gracias a ellos, hoy estamos aquí. Con sus dudas, con sus pobrezas, siguieron a Jesús y se hicieron mensajeros del Reino.

Hoy nos toca a nosotros pensar en qué grupo nos situamos. Es, como toda decisión de fe, una decisión personal que tiene su riesgo. Pero, en adelante, cada vez que vayamos a participar en la Eucaristía tenemos que saber a lo que nos comprometemos y poner toda la carne en el asador para tratar de ser consecuentes con nuestra fe. Ahora ya sabemos lo que significa comulgar con Jesús.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 09 de mayo de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (9,1-20):

EN aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
Dijo él:
«¿Quién eres, Señor?».
Respondió:
«Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
«Ananías».
Respondió él:
«Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo:
«Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó:
«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 116,1.2

R/. Ir al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,52-59):

EN aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Cuando era pequeño, recuerdo que, después de comulgar, mi padre me obligaba a estar de rodillas y prácticamente a cerrar los ojos. Era el momento en que tenía a Jesús dentro. Era el momento de pedirle todas las gracias, de reconocer mis culpas y prometerle que no iba a volver a decir mentiras, que iba a obedecer siempre a mis padres, que iba a hacer mis deberes y que no iba a pegarme con mis hermanos. Más que diálogo aquello era un monólogo en el que uno se dedicaba a pedir y pedir y pedir.

La verdad es que comulgar es otra cosa. Comulgar es entrar en comunión. Comulgar con Jesús puede ser ciertamente un momento para poner en su presencia lo que somos pero, quizá más importante aún, es aceptar que es el momento en que nosotros comulgamos con él, que sus intereses, sus ideales, son los nuestros. Su vida misma se hace nuestra y la queremos hacer nuestra al comulgar con él. Por eso, podemos decir que él habita en nosotros. De la comunión se deriva una plena comunión de vida.

Ahí es donde, inevitablemente, la comunión nos abre a la comunión con los hermanos. No puede ser de otra manera. No hay lugar para esa intimidad cerrada entre Jesús y yo. Es un momento de comunión con Jesús y con los hermanos. Con los que celebran la Eucaristía conmigo y con los que no han venido o están fuera o están lejos. Porque la Eucaristía se convierte en signo viviente del Reino. Comulgar con Jesús nos convierte en hermanos y hermanas. Nadie queda fuera. Somos la familia de Dios, una familia abierta a toda la humanidad, una familia donde los que más sufren, los marginados, los excluidos, tienen prioridad. Para que nadie quede fuera.

Al comulgar con Jesús no pongo, no puedo poner, en primer lugar mis necesidades, mis problemas. Al comulgar con Jesús entro en comunión también con el nosotros de la humanidad, de los hijos e hijas de Dios. Al comulgar, el anuncio del Reino se convierte en la urgencia de mi vida. En mis palabras y en mis acciones. Al salir de la Eucaristía y haber comulgado, estoy comprometido con el Reino, con la justicia, con la fraternidad. Como lo estuvo Jesús.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Papa Francisco y Papa León.

Fray Francisco y Fray León

Papa Francisco y Papa León.

Ah, Francisco, como la historia se repite!

te has ido…

pero en tu amor por la Iglesia quise dejar un gran compañero alguien para continuar…

para entender y preservar sus valores repitiendo lo que, hace siglos, sucedió: un FRANCISCO deja un LEÓN!

Desde el cielo sigue intercediendo:

«El Señor te bendiga y te guarde; muéstrale su rostro y ten misericordia de ti. Vuelve tu rostro hacia ti y dale la paz. El Señor te bendiga, Fray León.»

Papa León XIV !!!

León XIV destacó la paz, la compasión, la unidad, la respuesta a desafíos actuales y la humanidad como pilares de su pontificado.

En su primer discurso como Papa, León XIV destacó varios puntos clave que parecen definir su pontificado. Comenzó con un saludo de paz, enfatizando la importancia de la paz y el amor en su mensaje, subrayando su deseo de que este saludo llegue a los corazones de todos los fieles. Habló de la necesidad de una Iglesia cercana a las necesidades y heridas de la humanidad, reflejando su compromiso con una Iglesia que actúe como un buen samaritano, mostrando compasión y apoyo a los más vulnerables. Destacó la importancia de la unidad dentro de la Iglesia y con el mundo, incluyendo un llamado a la reconciliación y a superar divisiones, tanto internas como externas. Mencionó la necesidad de enfrentar los desafíos contemporáneos, como el hambre y los conflictos, sugiriendo que su pontificado se enfocará en abordar estos problemas de manera efectiva y con un espíritu de solidaridad. Subrayó la importancia de estar en sintonía con el Evangelio y de ser un «maestro de humanidad», implicando una Iglesia que no solo predique, sino que también actúe con humanidad y empatía.