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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. sábado 26 de abril de 2025

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,13-21):

EN aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, estaban sorprendidos. Reconocían que habían sido compañeros de Jesús, pero, viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar entre ellos, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Es evidente que todo Jerusalén conoce el milagro realizado por ellos, no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos con amenazas que vuelvan a hablar a nadie de ese nombre».
Y habiéndolos llamado, les prohibieron severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
Pero ellos, repitiendo la prohibición, los soltaron, sin encontrar la manera de castigarlos a causa del pueblo, porque todos daban gloria a Dios por lo sucedido.

Palabra de Dios

Salmo

Salmo responsorial Sal 117,1.14-15.16-18.19-21

R/. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
El Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos R/.

«La diestra del Señor es poderosa.
La diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R/.

Abridme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,9-15):

JESÚS, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

REFLEXIÓN

Va terminando la octava de Pascua. Ocho días para celebrar y asimilar la resurrección de Jesús, para darnos cuenta de que la historia no termina en la cruz sino que, a través del silencio del Sábado Santo, la historia culmina de verdad en la resurrección, algo misterioso, algo que se nos escapa, algo que va más allá de nuestra comprensión. Pero algo que nos devuelve la esperanza y nos hace mirar al futuro con serenidad. Más allá de la muerte está la vida que es Dios. Más allá del mal está el Reino, porque Dios, el Padre de Jesús y padre nuestro, no puede dejar que todo termine en la muerte.

Pero ni entonces ni ahora parece que esto de la resurrección haya sido fácil de asimilar. El texto evangélico de hoy, tomado del Evangelio de Marcos, parece un resumen de lo que hemos leído a lo largo de la semana. Pero con un añadido importante: la incredulidad de los discípulos. En el texto se hace alusión a la aparición de Jesús a María Magdalena y cómo ésta fue a contárselo a los discípulos pero estos “al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron”. Luego, el texto retoma el relato de los de Emaús, que también vivieron un encuentro muy especial con Jesús resucitado. “También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron”. Y culmina con una aparición de Jesús resucitado a los Once, que estaban (¡qué casualidad!) comiendo. Y lo que hace Jesús es precisamente echarles en cara su incredulidad.

No debió ser fácil para los discípulos comprender y asimilar que Jesús había resucitado, que había vuelto a la vida. No es fácil tampoco para nosotros por más que lo repitamos y que, al celebrarlo año tras año, nos parezca un hecho sabido y conocido y asimilado. Quizá nos sabemos la historia, pero no estoy tan seguro de que lo hayamos asimilado con todo lo que significa para nuestras vidas, para nuestra fe: el Dios de Jesús, el Abbá, ha devuelto a la vida a Jesús. No es una vida como la nuestra. Es la vida plena. Es la Vida. Ahora todo lo anterior cobra sentido. Dios no es el vengador ni el justiciero ni el fiscal, es el Dios de la Vida, que se preocupa por sus hijos e hijas, que nos abre un camino de esperanza, allá donde nosotros no vemos más que muerte y destrucción. Con Jesús resucitado podemos creer y confiar. Creer y confiar.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del viernes 25 de abril de 2025.

«Es el Señor» (Jn 21,7)

Después de la Resurrección, los discípulos todavía están confusos, inseguros, tratando de volver a la rutina. Pedro vuelve a lo que conocía: la pesca. Pero incluso en esto, sin Jesús, no consiguen nada. Toda la noche trabajando, y ningún pez.

Es cuando, al amanecer, aparece Jesús en la playa. Ellos aún no lo reconocen, pero Él les orienta: «Echad la red a la derecha de la barca.» El milagro sucede. La abundancia es una señal clara: ¡es el Señor!

Este episodio nos recuerda que el Resucitado sigue presente en nuestra vida cotidiana, incluso cuando no lo reconocemos de inmediato. Él se revela en el partir del pan, en el compartir, en la escucha de su palabra, y también en los momentos simples de la vida: en el trabajo, en la comunidad, en los gestos de amor.

Pedro, al darse cuenta de que es el Señor, se lanza al mar. No quiere esperar. El amor impulsa. Ya no hay lugar para el miedo o la duda: la presencia de Jesús resucitado transforma el corazón.

Y nosotros, ¿dónde hemos encontrado al Resucitado? ¿Hemos reconocido su presencia en nuestras redes vacías, en el cansancio de la vida cotidiana? ¿O solo lo esperamos en las grandes manifestaciones?

Que en esta Pascua, aprendamos a reconocer a Jesús que camina con nosotros, que nos guía, que nos alimenta, que nos ama – incluso cuando parece ausente. Y como Pedro, seamos impulsados por el amor a ir al encuentro de Él, sin demora. – Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. viernes 25 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,1-12):

EN aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Más, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,1-2.4.22-24.25-27a

R/. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):

EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque rio distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

No conocemos muy bien cómo fue la reacción de los discípulos ante la muerte de Jesús. Hay diversas versiones. Desde que se quedaron en Jerusalén pero encerrados en una casa por miedo a los judíos hasta que volvieron a sus tareas habituales. La mayoría a su Galilea natal, donde probablemente se sentían más seguros. La muerte de Jesús significaba en principio el fin de todas sus ilusiones. Quizá está vuelta a Galilea sea lo más probable. Pero allá les va a buscar Jesús.

El relato de hoy sitúa a un grupo de los apóstoles en Galilea. Han vuelto a la pesca porque la vida ha vuelto a sus inercias. Hay que pescar para sobrevivir. A veces la pesca es abundante y a veces no se encuentra nada. Trabajo inútil. Vuelta a empezar. Es la vida de los pobres.

Hasta ahí llega Jesús, el resucitado. Es otro encuentro más. No es un fantasma. No es una aparición terrible. Es alguien que habla sencillamente con ellos. No le reconocen al primer momento. Necesitan un tiempo para asimilar que es Jesús, el mismo al que seguían y que había despertado en sus corazones la promesa del reino, que les había hablado de Dios como un padre de amor y misericordia que cuida de sus hijos. El mismo con el que habían compartido la mesa tantas veces.

Y Jesús les invita a compartir lo que tienen: el pan y el pescado. Comen juntos. Se van dando cuenta poco a poco. “Es el Señor”. No tienen palabra. El asombro los deja mudos. ¿Cómo es posible? Murió en la cruz. Perdió la apuesta. Su confianza en el Padre no valió para nada. Ganaron los judíos que querían su eliminación. Y Dios no hizo nada. Todo el mundo lo sabe. Pero ahora está vivo. ¿Cómo? ¿De qué manera? La sorpresa, la extrañeza, la admiración… No hay palabras. No se atreven a hablar pero comen de lo que Jesús les da. Y se dan cuenta de que ahora todo lo vivido con Jesús recobra sentido, su muerte en la cruz también. Se abre ante ellos un nuevo mundo, un nuevo futuro, que va mucho más allá de su vida rutinaria de pescadores. El mundo les espera. Tienen una misión, una esperanza que anunciar a todos.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 24 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3,11-26):

EN aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde estaban ellos.
Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:
«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios Jo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
Por la fe en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de todos vosotros.
Ahora bien, hermanos, sé que Jo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Moisés dijo: “El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.
Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 8,2a.5.6-7.8-9

R/. Señor, dueño nuestro
¡que admirable es tu nombre en toda la tierra!

Señor, Dios nuestro,
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,35-48):

EN aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo:
«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y les dijo:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Leo el texto evangélico de hoy y se me quedan algunas palabras o ideas resonando en la cabeza. Paz, comida compartida, escrituras explicadas y entendidas, testigos enviados. Y el resumen sería “Eucaristía”.

Lo primero es la paz. La presencia de Jesús resucitado no es como la de esos aparecidos de las películas de terror, muertos que amenazan a los vivos. Es una presencia de paz. Dios no es una amenaza para nosotros. En la vida hay muchas cosas que nos pueden inquietar, hay situaciones de conflicto, hay decisiones difíciles que debemos tomar. Todo eso nos inquieta y nos quita la paz. Pero Dios nos trae la paz. Nos anima a levantarnos, asumir nuestras responsabilidades y tomar las decisiones que haya que tomar. Pero él no es la causa de ningún conflicto. Él es siempre fuente de paz y vida.

Otra vez, tenemos una comida compartida. Porque en la mesa es donde se fraguan las amistades, los corazones se abren y la vida se hace más plena. La vida se hace en la fraternidad, no en la soledad egoísta. Por eso, la Eucaristía, aunque a veces tan ritualizada y estereotipada, sigue siendo el centro de la vida cristiana, el mejor símbolo del reino.

En la mesa no solo se come. Se habla, se dialoga, se explica. También vemos en el texto como Jesús explica el sentido de su vida y de su muerte a los discípulos. En la mesa, en el diálogo se abre el entendimiento y el corazón.

Pero los cristianos no estamos llamados a mirarnos el ombligo en una adoración perpetua. La Eucaristía, la vida cristiana, nos lanza al testimonio de vida y al anuncio del reino. El mensaje de Jesús no es para mí solo, es para todos. El amor –Dios es amor– es naturalmente expansivo y abierto a todos. El discípulo que siente la paz en su corazón, la paz de Jesús, que ha compartido la mesa de la fraternidad, que ha escuchado y dejado que la Palabra le llegue al corazón, se convierte en testigo de Jesús. Las paredes de nuestras Iglesias se quiebran y se hacen puertas abiertas por las que salimos al mundo y a la vida para anunciar la esperanza a todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del miércoles 23 de abril de 2025.

Siempre te acercas a mí
totalmente viviente
haciéndome ver y vivir de modo nuevo
Aunque tarde en reconocerte
Tu pregunta
despierta mi voz
para que vuelva a aprender a decir
mis sueños y frustraciones
Tu Enseñanza
provoca la escucha de la sabiduría
para que me atreva
revisitar Tu Palabra de Vida
Tu respeto
despierta mi hospitalidad
para que pueda descubrir
que un extraño puede ser amigo
Tu presencia
rescata mi generosidad
para que te vea
en cada pan partido y compartido
Tu partida
soplando sobre mí tu gracia
revela mi corazón ardiente
lléname de tu alegría
me devuelve a la comunión con los hermanos
Así comprendo todo agradecido
que amas mostrarte vivo
Yo y los demás
en mí y en los demás
cuando estamos en el camino
cuando arriesgamos el encuentro
cuando alcancemos una nueva mirada
y peregrinamos en la esperanza. –

Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.

EDD. miércoles 23 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3,1-10):

EN aquellos días, Pedro y Juan subían al tempo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,1-2.3-4.6-7.8-9

R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas todos los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

AQUEL mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hace unos años asistí a una boda. Los novios provenían de un grupo juvenil de una parroquia y allí estaban todos sus amigos. La celebración fue muy bien no solo porque el cura lo hizo bien, sencillo, cercano y breve, sino porque la participación de la comunidad en sus cantos, en sus respuestas, en su forma de estar fue muy alta. Recuerdo que a la salida uno de los familiares del novio, que no era de mucha misa, dijo que a él le gustaría que su boda fuese así. Estuvo muy claro que la celebración no fue un rito estereotipado sino una verdadera celebración, llena de calor humano y de espíritu. Fue una comunidad viva que celebraba en presencia de Jesús el amor y compromiso de los novios.

Viene esto a decir que, desgraciadamente, muchas de nuestras celebraciones sacramentales son frías y faltas de vida. Nada que ver con este texto del evangelio de hoy, el relato de los discípulos de Emaús, que si no es la descripción de una eucaristía de los primeros cristianos le falta muy poco. Leo el texto y me imagino aquellas primeras comunidades que, sin muchas alharacas ni inciensos pero llenos de fe, se reunían en la casa de alguno de ellos, recordaban las palabras de Jesús, las comentaban, se animaban unos a otros y compartían el pan y el vino, como había hecho Jesús en la última cena (y en tantas otras comidas de Jesús con los que le seguían, con los pecadores…). En aquellas celebraciones había pocas normas y mucha vida, mucha fe, mucha comunión. Y eso es lo que da verdadero valor a la celebración.

Dice el texto de Lucas que los de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan y que fue entonces cuando se dieron cuenta de cómo ardía su corazón mientras que les hablaba por el camino y les explicaba las Escrituras. Eso nos habla de la presencia real de Jesús en medio de la comunidad que celebra. Sin una comunidad viva, la Eucaristía se nos convierte en un rito sin mucho sentido o una devoción más. Y no es eso.

Quizá tendríamos que repensar nuestras Eucaristías y cómo las celebramos. Y cada uno pensar en cómo participamos. No se trata de que el cura lo haga mejor o peor. Por muy bien que lo haga sin una comunidad viva y celebrante…

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Comentario al Evangelio del martes de octava de Pascua.

«María Magdalena se quedó llorando fuera de la tumba. Mientras lloraba, se inclinó y miró dentro de la tumba.» (Jn 20,11)

La escena del Evangelio de hoy nos presenta a una mujer fiel, marcada por el dolor de la pérdida, pero también abierta a la esperanza. María Magdalena es imagen de tantos de nosotros que, en momentos de sufrimiento, lloran ante la aparente ausencia de Dios.

Pero es en medio del llanto que ella escucha la voz del Resucitado. Jesús está allí, pero ella no lo reconoce inmediatamente. Esto nos muestra que muchas veces, en medio del dolor, Dios está presente, pero nuestros ojos y corazón aún no pueden verlo. La Pascua nos invita a este encuentro transformador con el Resucitado no solo en recuerdo, sino en experiencia viva.

María solo reconoce a Jesús cuando la llama por su nombre. Esto nos recuerda que Dios nos conoce profundamente, nos llama personalmente y nos invita a la misión: «Ve a decirle a mis hermanos.»

Hoy somos nosotros los enviados. La experiencia del Cristo vivo no es para ser guardada, sino para ser anunciada. Que este martes pascual nos ayude a escuchar la llamada del Resucitado y proclamar con la vida: «¡He visto al Señor!» Dios te bendiga y te proteja siempre. Excelente día para usted. –

Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermanos Menores Capuchinos de Chile.

EDD. martes 22 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,36-41):

EL día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».
Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 32,4-5.18-19.20.22

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esteran su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,11-18):

EN aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor

REFLEXIÓN

A veces me he preguntado si Dios ha hecho estudios no de marketing sino de anti-marketing. Porque realmente no se vende nada bien. Vamos por el segundo día de la octava de Pascua. Los evangelios de estos días nos ofrecen los relatos de las apariciones, es decir, de cómo Jesús se fue haciendo el encontradizo con su gente para devolverles la esperanza después de aquella semana terrible que había culminado con su muerte en la cruz. Pero no parece que este gran acontecimiento de la resurrección fuese bien planificado por Dios en el sentido de darlo a conocer, de que llegase a la mayor cantidad de gente posible. Más bien, lo contrario.

En el texto de hoy la protagonista es María Magdalena. Otra vez una mujer. Recordemos que el testimonio de una mujer no era válido en los tribunales de aquellos tiempos. En la práctica eso significaba que las opiniones de las mujeres no eran tenidas en cuenta. Así de sencillo. Ni en los tribunales ni fuera de los tribunales. Las mujeres eran consideradas como gente inferior. Pues Jesús se empeña en aparecerse a una mujer y precisamente a María Magdalena, que la tradición nos ha pintado siempre como una prostituta. ¿Qué valor podían tener sus palabras?

Además, parece que Jesús no es plenamente reconocible. María le confunde con el hortelano. Y María conocía bien a Jesús. Y le quería mucho como demuestran sus lágrimas. Menos mal que hay un momento de encuentro. Aquel “María” de Jesús hace que sus ojos se abran y le reconozca. Con los ojos y, más importante, con el corazón. No sólo eso. Le encarga que vaya a comunicar a sus otros discípulos que ha resucitado, que está vivo y que la relación con Dios, su Padre, su Abbá, no solo no se ha perdido con su condena y muerte en cruz sino que se ha reforzado.

¡Una mujer para comunicar mensaje tan importante! Realmente el marketing no es la especialidad de Dios. Pero también es verdad que nos habríamos perdido estos encuentros tú a tú con Jesús, capaces de transformar la vida de las personas. ¿Por qué no hacemos la prueba y dejamos que Jesús nos llame por nuestro nombre y que su voz nos llegue al corazón?

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Pascua del Papa Francisco desde los hermanos Capuchinos de Chile.

Francisco de Roma
Jorge de Buenos Aires
Amigo de todo el mundo
a la manera de Jesús
Su liderazgo y su ministerio
delante de la Iglesia de nuestro Señor
fue marcado por una ternura
y la firmeza tan necesaria
para tiempos de incertidumbre
Tu vida donada
fue un don de Dios
para la humanidad
y una expresión de misericordia
que abraza a todos
Gracias por todo y por tanto
Entra en la alegría de tu amigo y señor
De la mano de Dios
en el reino de la vida en plenitud
vele por nosotros
e intercede para que
ejemplo del santo hermano universal
nos atrevemos a seguir
cada día más
los pasos de Aquel que
abrazando la pobreza
amando la creación
transfigurando la mirada
cuidando de todo y de todos
siempre nos conduce
a la verdadera paz. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.