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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 21 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,14.22-33):

EL día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a el:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.
A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo

Sal 15,1b-2a y 5.7-8 9-10.11

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (28,8-15):

EN aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Realmente esta historia de Jesús no empezó nada bien. A nosotros nos gustan las grandes celebraciones: mucha gente, muchos celebrantes, muchos cantos, mucho incienso… Todo muy solemne. Casi como si fuese una liturgia celestial. Pero la verdad es que la historia no empezó así.

Empezó, lo recordamos hace unos meses, en un pesebre, cueva o cuadra. Ese fue el palacio donde nació nuestro señor. A lo largo de su vida la historia no fue a mejor. Jesús se movió sobre todo por los caminos de Galilea, hablando y viviendo con la gente más sencilla, con los pecadores, con los enfermos. Era gente marginal. Nada que ver con el centro de poder o del mundo religioso de la época.

Y el final fue ya estruendosamente malo: crucificado y, todo un signo, fuera de los muros de Jerusalén, la ciudad santa. Ahora dicen, decimos, que resucitó. Pero ni con esas mejoramos. Para empezar, los primeros testigos de la resurrección no fueron ellos, los apóstoles, ni siquiera Pedro que era su líder, nombrado por el mismo Jesús. Los primeros testigos de la resurrección fueron “ellas”. Alguno ya pensará que este comentarista ya le está dando al feminismo tan en vigor hoy. Nada de eso. Es que, nos guste o no, en la época de Jesús el testimonio de las mujeres no tenía valor. Así de sencillo y de directo. Por eso resulta más chocante, y revolucionario si cabe, que Dios escoja a las mujeres para ser las primeras en dar testimonio de la resurrección de Jesús, que es y será siempre el fundamento, la piedra clave, el centro de nuestra fe.

Y para poner peor las cosas, los sacerdotes y los ancianos se encargan de manipular sin miedo ni vergüenza a la opinión pública divulgando una mentira: que los discípulos habían robado el cuerpo. Y muchos lo siguen pensando.

Conclusión: Dios está más allá de nuestras posibilidades. La resurrección no es cuestión de testigos. No se toca ni se ve. Es cuestión de fe. Creemos que Jesús ha resucitado y que así nos ha abierto a todos la puerta de la vida. Por eso, vale la pena seguir luchando por el reino. A pesar de los pesares.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Reflexión sobre el Domingo de Resurrección.

DOMINGO DE PASCUA | RESURRECCIÓN DE JESÚS

El Domingo de Pascua se celebra la Resurrección de Jesucristo, un momento de gran alegría y celebración para los cristianos. Después de la muerte en la cruz, Jesús resucitó al tercer día, cumpliendo su promesa y demostrando su poder sobre la muerte.

La Resurrección es el acto más profundo de nuestra fe que revela la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado, un recordatorio del amor y la misericordia de Dios hacia la humanidad. Los discípulos, que habían estado en duelo y tristeza, se llenaron de alegría y esperanza al descubrir que Jesús había resucitado.

En este día, se celebra la vida nueva y la esperanza eterna que Jesús nos ofrece, y se renueva la fe y la gratitud hacia él. Es un momento de gran celebración y júbilo para los cristianos, que se reúnen para conmemorar la Resurrección de Jesús y celebrar la vida y la salvación que nos ofrece.

Feliz y Santa Pascua!

EDD. domingo 20 de abril de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,34a.37-43):

EN aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,1-2.16ab-17.22-23

R/. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-4):

HERMANOS:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Queridos amigos: ¡Ha resucitado el Señor! Ese niño que nació en Belén, que se crio bajo los cuidados de María y José, que a los 30 años inició su vida pública bautizándose en el Jordán y que paso por el mundo haciendo el bien, hablando de Dios que es amor y acercándolo a la vida de los más pobres, que fue juzgado y condenado a morir en una cruz, que fue crucificado, muerto y sepultado. Ese mismo Jesús hoy ha resucitado. La muerte no ha podido derrotarle. La injusticia no ha triunfado sobre una víctima inocente. Desde ahora, todos los crucificados de este mundo pueden llevar sus cruces con esperanza, porque el mismo Dios que ha resucitado a Jesús, también nos resucitará a nosotros.

La primera lectura nos recuerda todo lo que ha sucedido, desde que Jesús empezó su predicación. Podría servir para un primer anuncio del mensaje a esos que nunca han oído hablar de Cristo. Cómo Jesús vivió, sirviendo, curando y haciendo el bien a todos. Todo ello en un tiempo y un lugar muy concretos, porque la Encarnación tiene que notarse en todo.

De lo que hizo Jesús, san Pedro pasa a recordar la reacción de los hombres ante esa vida pública de Jesús. Al Maestro lo mataron, porque no aceptaron su mensaje y decidieron que era mejor terminar – de una vez por todas y para siempre, creían – con Él. Ya sabemos, los mismos que el Domingo de Ramos aclamaban al Hijo de David, el Viernes Santo pedían su muerte en cruz.

Pero Dios no podía abandonar a su Hijo, por eso lo resucitó y dio comienzo a una nueva era, donde la muerte ya no tiene la última palabra. De todo esto da testimonio Pedro, y de todo esto también nosotros debemos dar testimonio. Los apóstoles son sus testigos porque han estado con Él, han compartido la última Cena con Él, han oído sus enseñanzas y han visto los signos que ha hecho. No son testigos por ser los mejores de la clase, sino por haber hecho una experiencia única y estar en condiciones de comunicarla a quienes quieran escuchar con honestidad y pureza de corazón. Como nosotros, que tampoco somos los más capaces, los más santos, pero compartimos a menudo la Eucaristía, escuchamos la Palabra de Dios y tenemos todas las herramientas para poder dar un testimonio creíble con nuestras vidas.

El breve fragmento de la carta a los Corintios también hace memoria de algo muy importante para nosotros: vivimos en este mundo, pero la plenitud de nuestra vida tendrá lugar sólo en el Reino de los Cielos. Sólo entonces tendremos respuestas a las preguntas más complejas sobre el sentido de la vida y de la muerte.

San Pablo, con su propia vida, nos dio ejemplo de que hay que implicarse en las cosas de este mundo. Trabajó con sus manos, para no ser gravoso a nadie, aunque sabía que lo importante son los bienes de arriba. Se comprometió a fondo, para hacer un mundo mejor, con muchas obras buenas para testimoniar que un mundo nuevo es posible. Vivir entregado en este mundo, para llegar a la vida plena en el Cielo. En esto también nosotros podemos participar, dándonos prisa en hacer el bien, cuanto más, mejor.

Y llegamos al Evangelio, que comienza cuando todo está oscuro, sin vida, y termina con la sensación, mejor, con la certeza de que, verdaderamente, ha resucitado el Señor. Una mujer, movida por el amor, va a cumplir con los ritos, pero se encuentra con la tumba abierta. A la carrera, va a buscar a Pedro y al discípulo amado que, también a la carrera, van al sepulcro, a confirmar lo que les ha dicho la mujer.

En ese sepulcro vacío, los dos solos, viendo las vendas recogidas y el sudario enrollado, creyeron, entendieron todo lo que Cristo les había estado enseñando los últimos tres años. Delante de esos signos de muerte, empiezan a creer en la Vida. Pero, para ello, hay que hacer un proceso, un camino que tiene que estar iluminado por la Palabra y por la comunidad cristiana.

Hoy la vida vuelve a empezar, Dios la re-crea y nos re-crea, nos da una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas, para ser mejores también nosotros, para hacer mejor el mundo en el que vivimos y tratar mejor a las personas con las que convivimos. Hoy, “el primer día de la semana”, Jesús resucitado nos dice que vivir de otra manera es posible, que la vida tiene sentido, a pesar de las dificultades, de las frustraciones y de los fracasos, que no nos dejemos vencer por el mal, por lo negativo, porque siempre es posible resucitar.

Vamos a acoger esta nueva oportunidad que Dios nos da y vamos a renovar nuestro Bautismo, nuestro compromiso con Él y con los que están a nuestro alrededor, especialmente con los más pobres y necesitados. Renunciemos a todo lo que se opone al estilo de vida que Jesús nos ofrece y hagamos opción por una vida vivida desde la fe en Jesús resucitado.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo de Pascua de Resurrección.

DOMINGO DE PASCUA.


Hechos 10,34.37-43: en su discurso Pedro proclama el núcleo central de la predicación apostólica: Cristo ha sido resucitado. Esta es la base de la fe cristiana. Es el acontecimiento síntesis. Los Apóstoles son testigos de todo esto.
1Corintios 5,6-8: Pablo compara a la comunidad de los fieles a un pan; por eso se ha de echar fuera la levadura vieja (la malicia) para ser un pan ácimo, pascual con Cristo.
Juan 20,1-4: descubrir al resucitado aclara y resuelve todo el misterio de Cristo. Sólo desde esta perspectiva se explica y comprende todo.

1.- Hermanos, ¡Cristo ha resucitado!
Felices Pascuas para todos ustedes. Así como cuando uno va caminando en la oscuridad de la noche y de pronto todo se ilumina gracias a un relámpago, así es la resurrección para los Apóstoles y todos los discípulos. Cristo resucitado lo explica todo, no sólo el hecho mismo de la resurrección, sino todo el misterio de Cristo, su mensaje y la vida de Cristo. Por su resurrección comprendemos su estilo de vida pobre, su “absurdo” mensaje, su Pasión y su muerte. Todo se ilumina y entiende con la resurrección de Jesús.
Así lo proclama Pedro en su discurso: “Dios lo resucitó”. Sí, Cristo aparece resucitado por el poder del Padre y del Espíritu Santo. Es decir, el Padre hace justicia al rescatar al Hijo del poder de la muerte y del pecado. La Resurrección, muy unida a su Ascensión, es el triunfo definitivo de Dios sobre el mal. Y nosotros esto creemos: que Dios es capaz de dar vidas a Jesús muerto por nuestros pecados. Y así lo confiesan también los Apóstoles, que supieron dar testimonio co su vida y con su muerte.


2.- La resurrección de Cristo todo lo resume y lo purifica.
En la Pascua los judíos comen pan sin levadura, indicando así que comienza algo nuevo. Pues bien, con Cristo resucitado comienza algo nuevo; por eso hemos de dejar de lado todo asomo de maldad. Por eso, cada cristiano, cada comunidad cristiana tiene que ser como un pan sin levadura, hemos de vivir una vida nueva, distinta, una vida de resucitados con Cristo. Él es nuestra Pascua, viene a renovarlo todo. Porque creemos en el Resucitado, por eso, hemos de barrer con la vieja levadura del pecado.


3.- Hemos de barrer la levadura que hay en el mundo. La masa del mundo, de la sociedad está excesivamente cargada con la malicia del pecado, la maldad se encuentra presente en nuestra sociedad y ambiente. Nuestra sociedad está demasiado contaminada de la malicia del mundo.
Cristo resucitado hecha por tierra todo lo que es malo.


4.- Pedro y Juan corrieron al sepulcro. Juan, el más amado de los discípulos, tiene la primicia de la fe: vio y creyó. Pero, ¿qué vio? ¿Al Resucitado? No. Sólo las vendas que cubrieron su cuerpo. Pero creyó en el que en el que sólo lo puede captar el amor creyente, creyó en el Resucitado.
Nosotros nada vemos, pero creemos, porque lo esencial se ve con el corazón. Y sólo el que ama es capaz de creer en lo que no ve. Nosotros creemos porque el Resucitado nos ha abierto los ojos de la fe. Ojalá seamos capaces no solamente de verle y oírle, sino también de creer en Aquel que con su resurrección viene a renovarlo todo. De esto somos testigos y alegremente celebramos a nuestro Señor.
Hno. Pastor.

Cristo Vive !!! Feliz Pascua de Resurrección !!!

Queridos hermanos y hermanas,

La Pascua del Señor es un tiempo de renovación y esperanza para nuestra comunidad franciscana capuchina. En este momento de celebración y reflexión, quiero compartir con ustedes un mensaje que nos invita a profundizar en el misterio de la resurrección de Jesucristo y a renovar nuestra fe y compromiso con los valores del Evangelio.

En este día, profundizamos
el amor y esperanza que nos recuerda la importancia de vivir como discípulos de Jesús, siguiendo los pasos de San Francisco de Asís. Espero que estas palabras les inspiren y les animen a seguir adelante en su camino espiritual.

¡Feliz y Santa Pascua!

Fraternalmente,

Hno. Mauricio Silva dos Anjos, OFMCap.
Delegado Provincial

SÁBADO SANTO | VIGILIA PASCUAL

«Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.» Mt 28, 1-2

El Sábado Santo es un día de espera y reflexión en la víspera de la Resurrección de Jesús. Después de la muerte de Jesús, sus discípulos se quedaron en un estado de dolor y tristeza, pero también de esperanza.

En este día, se recuerda la espera silenciosa y expectante de los discípulos, que aguardaban la promesa de Jesús de resucitar al tercer día. Es un momento de reflexión sobre la fe y la esperanza en la resurrección y la victoria de Jesús sobre la muerte.

La espera del Sábado Santo es una preparación para la alegría y la celebración de la Pascua de Resurrección, donde se conmemora la victoria de Jesús sobre la muerte y la promesa de vida eterna.

Comentario al Sábado Santo.

ENTRE LA CRUZ Y LA AURORA: EL MISTERIO DEL SÁBADO SANTO.

En el Sábado Santo, la Palabra se silencia. Es el tiempo de la espera, de la sombra, del no saber. Pero el silencio de Dios es también el comienzo de un nuevo día.

Hoy, en este Sábado Santo, no hay Evangelio del Día para meditar. Como bien recordó el Papa emérito Benedicto XVI, este es el día de la ocultación de Dios, el día en que Cristo descendió al misterio de la muerte. Si en el Viernes Santo todavía teníamos al Señor crucificado para mirar, en el Sábado Santo todos nos encontramos ante un terrible misterio el abismo del silencio del Señor. «Hoy reina el silencio en toda la creación: Jesús yace muerto en la tumba. No hay celebraciones en los templos católicos: Dios el Creador realmente murió por sus criaturas».

Para los primeros discípulos, este silencio parece haber sido ensordecedor. Cada uno sentía en su corazón el peso absurdo de las últimas horas. Judas se había suicidado, Pedro intentaba elaborar el hecho de que negara a Cristo tres veces, los demás sentían culpa por haber huido. Aquellos que tenían paz de conciencia María, Madre de Jesús, María Magdalena, el apóstol Juan no luchaban contra el remordimiento, sino que sentían el agotamiento provocado por el drama que presenciaron. Tenían el corazón vacío, porque parecía que Jesús ya no estaba allí.

Para nosotros, que conocemos el giro pascual, el Sábado Santo es un tiempo de recogimiento. Un intervalo de silencio, como el entumecimiento que sucede a un acontecimiento emocional intenso. mañana será día de fiesta, pero hoy la Palabra se calla. Y esto tiene sentido: la peregrinación cristiana está hecha de encuentros con Cristo, pero también de desiertos. De gestos y acción, pero también de inacción y escucha. De palabras e interpretaciones, pero también de un silencio que no es ausencia, sino gestación.

La mayoría de nuestros días se asemejan al Sábado Santo. Son días de espera. Esperamos respuestas, sanaciones, reconciliaciones, comienzos. Algunas esperas son amargas, marcadas por la desesperación o la pasividad. Pero hay también la espera de la esperanza aquella que confía en que, incluso en el silencio, Dios obra.

Esa es la espera a la que estamos llamados. La espera del cristiano es activa: sabe que Dios actúa incluso en las sombras, incluso cuando todo parece terminado. No es la espera del «lo que sea», ni la de «nada va a cambiar». Es una espera que mira atentamente, como hicieron algunas de las discípulos, incluso cuando los discípulos se escondieron. Porque el cambio siempre es posible, y la esperanza nunca está muerta.

Hoy, entonces, es día de silencio. De escuchar el vacío entre la cruz y la resurrección. De integrar el silencio como parte del camino. De descansar de la prisa, de la ansiedad por respuestas, y acoger este intervalo como semilla escondida en la tierra.

El «no-Evangelio de hoy» es esencial: es la invitación a aprender a gustar el silencio y reconocerlo como lenguaje de Dios. Pues la tumba no es el fin. Es reposo, es esperanza y promesa.

Comentario de Viernes Santo.

VIERNES SANTO | LA PASIÓN DEL SEÑOR

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna. Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna.» Evangelio según San Juan 3,16

El Viernes Santo se celebra con fe y piedad la Pasión y Muerte de Jesucristo en la cruz, un momento de gran amor y entrega por la humanidad. En este día, se recuerda la crucifixión de Jesús, quien dio su vida por nuestros pecados y nos mostró el amor incondicional de Dios.

La cruz es un símbolo de la entrega total de Jesús, quien sufrió y murió para salvarnos y ofrecernos la salvación eterna. En este día, se invita a reflexionar sobre el significado del sacrificio de Jesús y a renovar la fe y la gratitud hacia él.

Paz y Bien.

Reflexión de Viernes Santo.

Además de la perspectiva teológica, la muerte de Jesús también ha sido un símbolo de resistencia y esperanza. A lo largo de la historia, muchos han encontrado en su sacrificio una inspiración para luchar contra la injusticia, defender a los oprimidos y vivir con compasión y entrega. Su crucifixión no solo se entiende como un hecho histórico, sino como un testimonio de un amor que desafía la violencia y el poder.

Tu hora ha llegado
el día de tu entrega total
y este gesto extremo es solo Tuyo
porque nadie puede vivir o morir
en lugar de otro
Pero Tú
con la ligereza de un Hijo amado
tomas sobre Ti
un peso que no es Tuyo
Llevas en tus hombros
la amargura de las utopías frustradas
la incomprensión de los corazones duros
la injusticia de los cómplices del mal
la humillación de los poderes corrompidos
el abandono de la amistad amedrentada
Esta es la humillante cruz
de nuestro linaje humano
Y Tú quisiste transformar
por exceso de amor
todo este dolor en puro don
Por eso
Señor que ama hasta el fin
que hoy mi corazón transborda
de pasión y gratitud
Hazme un hermano consolador
de los crucificados y crucificados
de este mundo sediento de salvación
Y que al cruzarse con
Tu iglesia de Verónica y Cirineus
todos sepan que
desde Tu último viernes
los extremos del dolor y el amor
se unieron para que
en cada drama humano
nadie más se siente
sin una tierna y santa compañía.