Comentario al Evangelio del viernes 25 de abril de 2025.
«Es el Señor» (Jn 21,7)
Después de la Resurrección, los discípulos todavía están confusos, inseguros, tratando de volver a la rutina. Pedro vuelve a lo que conocía: la pesca. Pero incluso en esto, sin Jesús, no consiguen nada. Toda la noche trabajando, y ningún pez.
Es cuando, al amanecer, aparece Jesús en la playa. Ellos aún no lo reconocen, pero Él les orienta: «Echad la red a la derecha de la barca.» El milagro sucede. La abundancia es una señal clara: ¡es el Señor!
Este episodio nos recuerda que el Resucitado sigue presente en nuestra vida cotidiana, incluso cuando no lo reconocemos de inmediato. Él se revela en el partir del pan, en el compartir, en la escucha de su palabra, y también en los momentos simples de la vida: en el trabajo, en la comunidad, en los gestos de amor.
Pedro, al darse cuenta de que es el Señor, se lanza al mar. No quiere esperar. El amor impulsa. Ya no hay lugar para el miedo o la duda: la presencia de Jesús resucitado transforma el corazón.
Y nosotros, ¿dónde hemos encontrado al Resucitado? ¿Hemos reconocido su presencia en nuestras redes vacías, en el cansancio de la vida cotidiana? ¿O solo lo esperamos en las grandes manifestaciones?
Que en esta Pascua, aprendamos a reconocer a Jesús que camina con nosotros, que nos guía, que nos alimenta, que nos ama – incluso cuando parece ausente. Y como Pedro, seamos impulsados por el amor a ir al encuentro de Él, sin demora. – Hermano Mauricio Silva dos Anjos – Hermano Menor Capuchino de Chile.