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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. lunes 06 de octubre de 2025

Primera Lectura

Comienzo de la profecía de Jonás (1,1–2,1.11):

Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: «Su maldad ha llegado hasta mí.»» Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente.
El capitán se le acercó y le dijo: «¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos.»
Y decían unos a otros: «Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.»
Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: «Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?»
Él les contestó: «Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.»
Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: «¿Qué has hecho?» Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado.
Entonces le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?» Porque el mar seguía embraveciéndose.
Él contestó: «Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta.»
Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres.»
Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

Palabra de Dios

Salmo

Jon 2,3.4.5.8

R/. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

En mi aflicción clamé al Señor
y me atendió;
desde el vientre del abismo pedí auxilio,
y escuchó mi clamor. R/.

Me arrojaste a lo profundo en alta mar,
me rodeaban las olas,
tus corrientes y tu oleaje
pasaban sobre mí. R/.

Yo dije: «Me has arrojado de tu presencia;
quién pudiera ver de nuevo tu santo templo.» R/.

Cuando se me acababan las fuerzas
me acordé del Señor;
llegó hasta ti mi oración,
hasta tu santo templo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Las parábolas de Jesús eran menos inocuas de lo que a primera vista percibimos. Los samaritanos eran considerados israelitas herejes, y los sacerdotes y levitas gozaban de prestigio religioso. Pero en la parábola del buen samaritano, es el hereje el que queda bien parado, elogiado por Jesús, mientras que el sacerdote y el levita son descalificados. Esto no pudo sentar bien a los oyentes. Por eso un célebre comentarista de las parábolas escribió hace un siglo: “nadie crucificaría a un maestro que cuenta historietas amenas para corroborar una moralidad prudente” (C.W. Smith). Sin duda lo de Jesús fue mucho más agresivo: relativizó el culto (el sacerdote y el levita, que de lejos no distinguen si el tendido al lado del camino es un enfermo, leproso o cadáver, dan un rodeo, para no contaminarse y poder seguir celebrando el culto) y enalteció la compasión, la ética, el buen corazón del hereje samaritano.

Lo cantábamos hace algunas décadas: “con vosotros está (¡Jesús!) y no le conocéis… y muchos que lo ven pasan de largo acaso por llegar temprano al templo”. El samaritano representa la compasión de Jesús y el apaleado es Jesús mismo, el que un día dirá “conmigo lo hicisteis… conmigo no lo hicisteis”.

En la redacción lucana, Jesús cuenta la parábola (quizá originariamente independiente) para responder a la pregunta “quién es mi prójimo”. El tema es sumamente actual; en Europa los partidos políticos se debaten en torno a las condiciones que debe reunir el emigrante para ser admitido en una de nuestras naciones. Indudablemente todos construyen discursos razonables: hace falta sensibilidad y no se debe caer en una ingenuidad que pueda volverse contra la seguridad de nuestros países. Pero no es seguro que todos establezcan, como criterio previo a toda otra premisa, que se trata de seres humanos necesitados, dolientes, a veces en el límite entre lo realmente humano y lo inhumano… Sin caer en simplificaciones: el buen samaritano no se preguntó por la procedencia del apaleado, no le pidió papeles; allí había sufrimiento y era preciso intervenir de inmediato. Más tarde volvería y arreglaría los asuntos con el hospedero.

Hacia el comienzo de su pontificado, el difunto papa Francisco dijo que “la Iglesia no es una ONG”; tal vez le faltó el adverbio “simplemente”, pues la comunidad de Jesús, aunque mira con luces más largas, asume de hecho muchas características de sana ONG. Por eso Francisco puntualizó enseguida que la Iglesia debe ser como un “hospital de campaña”. El buen samaritano, un desviado de la auténtica fe israelita, sirvió de ejemplo a los de creencia más correcta; tenían el mismo decálogo, sabían cuál era el principal mandamiento, pero algunos de ellos, quizá por llegar puros y pronto al templo, casi lo habían olvidado.

Ojalá los creyentes no olvidemos el núcleo del seguimiento de Jesús, y tengamos además la humildad de atender al reclamo de quien nos lo recuerde.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

LA PALABRA DE DIOS ILUMINA NUESTRO DOMINGO – XXVII Domingo del tiempo ordinario – Lucas 17, 5-10

La fe abre nuestros ojos para enseñarnos a ver lo que normalmente no vemos. Jesús nos recuerda que hacer el bien, ser justo y vivir con ética no es heroísmo, sino parte de la vida de fe. El signo más expresivo de la presencia del Reino es el amor desinteresado y total que ayuda y perdona. Ese amor no mide, no calcula, no espera retorno, porque nace del corazón mismo de Dios. Cuando alguien ama así, hace visible en el mundo la fuerza del Evangelio y muestra que la gracia es más fuerte que el egoísmo y la venganza. Allí donde se acoge al débil, se levanta al caído y se perdona al ofensor, el Reino de Dios se hace presente. Ese amor es la señal cierta de que Jesús vive en medio de nosotros y transforma la historia desde lo pequeño y lo humilde.

Queridos hermanos y hermanas, hoy celebramos el Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario, en este Año Jubilar de la Esperanza, tiempo de renovación interior y de confianza profunda en el Señor. Hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos presenta una de las súplicas más humanas y sinceras que los apóstoles dirigen a Jesús: «Auméntanos la fe». No piden poder, ni conocimiento, ni seguridad: piden fe. Esta súplica brota de la conciencia de la propia limitación. En el corazón de todo ser humano habita un deseo profundo de plenitud y, al mismo tiempo, una experiencia constante de insuficiencia. Esta petición expresa la condición humana como ser abierto al Misterio, necesitado de sentido y de relación. El ser humano no se basta a sí mismo; su grandeza está precisamente en reconocer que necesita creer, confiar y dejarse sostener por Alguien que lo trasciende y este alguien es Dios. El ser humano tiene deseo del infinito. Hermanos y hermanas, Jesús responde con una imagen desconcertante: «Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este sicómoro: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería». No se trata de cantidad, sino de calidad de fe. El grano de mostaza, aunque pequeño, contiene una potencia vital inmensa. Así también la fe auténtica: humilde, pero llena de confianza; pequeña, pero arraigada en Dios. Sabemos que la fe no es una creencia abstracta, sino una relación viva de confianza en el Dios que actúa. Es adhesión existencial, una orientación de toda la persona hacia Dios. La fe hermanos y hermanas, revela el núcleo del ser humano como ser de confianza, llamado a salir de sí mismo. Creer no es un acto puramente intelectual; es una decisión vital que compromete el corazón, la voluntad y la esperanza. El hombre y la mujer se humaniza cuando confía, cuando sale del miedo y se abandona en el Amor que sostiene la existencia. Hermanos y hermanas, el Evangelio continúa con una parábola sobre el siervo que cumple su deber sin esperar recompensa: “Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.” A primera vista, estas palabras pueden sonar duras. Pero Jesús no desprecia el servicio humano; más bien, revela su verdad más profunda: el servicio auténtico nace del amor gratuito, no de la búsqueda de reconocimiento. La fe madura nos conduce a esta actitud de humildad: servir sin exigir, amar sin esperar pago, obedecer sin orgullo. Todo lo que somos y hacemos es don. No hay mérito que separe al hombre de Dios, porque todo mérito es respuesta al Amor primero. Hermanos y hermanas, esta enseñanza nos recuerda que el ser humano alcanza su plenitud no dominando, sino sirviendo. El ser humano se realiza cuando se descentra, cuando su vida se convierte en don. El “siervo inútil” no es un esclavo degradado, sino un ser libre que ha comprendido que su grandeza consiste en amar gratuitamente, como el mismo Cristo. La fe, entonces, no es una idea ni una emoción pasajera; es una forma de vivir. Creer significa dejar que Dios transforme nuestra manera de mirar, de actuar y de servir. Por eso, el Evangelio une fe y servicio: quien confía en Dios, sirve con libertad; quien sirve humildemente, revela su fe. Jesús mismo es el modelo del “siervo inútil”: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo”. En Él, la fe se hace obediencia y la obediencia se hace amor. Queridos hermanos y hermanas, el Evangelio de hoy nos invita a una conversión profunda. Nuestra fe no se mide por palabras ni por obras grandiosas, sino por la confianza silenciosa en Dios y por la humildad del servicio cotidiano. En un mundo que valora el éxito, el control y el mérito, Jesús nos enseña el camino contrario: la pequeñez, la gratuidad y la confianza. Sólo una fe humilde puede sostenernos en medio de la fragilidad humana; sólo un corazón servidor puede hacer visible el Reino de Dios. Hermanos y hermanas, pidamos, entonces, como los discípulos: “Señor, auméntanos la fe.” Que esa fe nos haga más humanos, más libres y más capaces de amar sin medida. – Hno. Mauricio Silva dos Anjos – OFMCap de Chile.

Homilía para la Eucaristía del domingo 05 de octubre de 2025.

DOMINGO XXVII CICLO C.


Habacuc 1,2-3;2,2-4: Interrogante del Profeta frente al dolor y la calamidad. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Y Dios responde.
2Timoteo 1,6-8.13-14: ante una situación de crisis el cristiano debe reaccionar reavivando el don recibido de Dios.
Lucas 17,3-10: Dos aspectos:

  • El poder extraordinario de la fe en situaciones difíciles
  • Somos servidores de Dios, nada podemos exigir.

1.- Muchas veces en la Sagrada Escritura nos topamos con textos que expresan dolor, consternación, indignación frente a calamidades ya sean públicas o privadas. Hoy el texto del Profeta comienza con un interrogante: ¿hasta cuándo? Lo mismo en el Libro de Job y en otros. Es que muchas veces tenemos que vivir situaciones límites que provocan rebeldía. Yo me pregunto ¿cómo estará esa gente en Gaza, o la que ha sido desalojada de sus campamentos, o a la que de repente sufre un asalto en su casa? Y así podemos hacer una larga lista de situaciones desagradables. Y surge el grito: ¿Por qué? ¿Por qué Dios lo permite?
Todo esto produce crisis. Hay crisis económicas, crisis política, social, personal. En una palabra, es un momento difícil, que requiere una decisión importante, una acción inmediata. De ahí vienen también las crisis de fe. Es decir, todo tambalea, se viene abajo. Y el profeta, y el hombre reta a Dios, se rebela. Y Dios responde.
2.- Pablo se dirige a su discípulo Timoteo quien, al parecer, está viviendo una crisis; al parecer su entusiasmo apostólico se está apagando, disminuyendo. Por eso el Apóstol le recuerda lo que Dios hizo con él y lo que se espera de él. Fortalecido con el Espíritu debe apoyar a los demás. Porque sólo la fe y la caridad permiten al creyente ser fiel y permanecer en el camino del servicio del Señor.
Quien está firmemente asido es capaz de resistir y perseverar. Y lo único que realmente da una seguridad plena es la fe, que produce confianza.
3.- Nadie está exento de tener una crisis. Chile está sufriendo una crisis política, social, económica y valórica. Por eso el descontento y la sensación de inseguridad.. Hay matrimonios en crisis, sacerdotes en crisis, religiosos en crisis, jóvenes en crisis. Y esta realidad lleva a que aumente el número de suicidios, incluso ene jóvenes y sacerdotes. (¡Qué pesimista me estoy mostrando ante ustedes! Pensará más de alguno). No. No soy pesimista, soy un hombre de fe.
4.- Ahí está el evangelio. Los Apóstoles piden al Señor: ¡Auméntanos la fe!. Sí, ante situaciones difíciles, confusas y, tal vez absurdas, cuando al parecer ya no hay nada que hacer…¡Auméntanos la fe!
Y basta una fe simple, pequeña, aunque sea como una semilla. Esta fe basta para ser justos. No debemos olvidar que los cristianos somos personas de fe. La razón de ser nuestra es la fe. Nosotros necesitamos alimentar, cultivar nuestra fe. Lo que san Pablo dice a su discípulo lo dice también a nosotros: “Reaviva el don que Dios te ha dado”. Sí, necesitamos Re-encantarnos. ¿Con qué?
Los casados…con su matrimonio Los sacerdotes…con su sacerdocio Los religiosos…con su vida religiosa lo profesionales cada uno con lo que está haciendo.
2 / 2
No dejemos que la polilla de la rutina entre en nuestra vida, sino reavivemos, celebremos al que es objeto de nuestra fe: Jesús resucitado. No seamos cristianos caras tristes, amargados.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 04 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de Baruc (4,5-12.27-29):

Ánimo, pueblo mío, que llevas el nombre de Israel. Os vendieron a los gentiles, pero no para ser aniquilados; por la cólera de Dios contra vosotros os entregaron a vuestros enemigos, porque irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a demonios y no a Dios; os olvidasteis del Señor eterno que os había criado, y afligisteis a Jerusalén que os sustentó. Cuando ella vio que el castigo de Dios se avecinaba dijo: «Escuchad, habitantes de Sión, Dios me ha enviado una pena terrible: vi cómo el Eterno desterraba a mis hijos e hijas; yo los crié con alegría, los despedí con lágrimas de pena. Que nadie se alegre viendo a esta viuda abandonada de todos. Si estoy desierta, es por los pecados de mis hijos, que se apartaron de la ley de Dios. Ánimo, hijos, gritad a Dios, que el que os castigó se acordará de vosotros. Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño. El que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,33-35.36-37

R/. El Señor escucha a sus pobres.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,17-24):

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La enorme popularidad de san Francisco de Asís, las películas, los libros, las florecillas, han hecho que a veces se sentimentalice un poco su figura: el hombre que habla con los animales, que doma al hermano lobo, que se dirige a la luna, al agua, y al sol como hermanos, resulta simpático y una pizca demasiado dulce. Quizá en el proceso de difundir esa figura podamos olvidar lo que tiene de heroico en su extrema pobreza. Las persecuciones desde dentro y desde fuera que sufrió. Su enorme trabajo sacrificado y generoso de levantar la Iglesia. El escándalo que pudo producir. La dureza de su vida. Hay quienes quieren entusiásticamente seguir sus inspiraciones sobre la creación y la naturaleza, pero no está tan claro que deseen abandonar sus pequeños o grandes lujos. Ir suavemente y silenciosamente por la senda de construir la Iglesia es prácticamente imposible. Hay mucho trabajo, mucho conflicto, mucha abnegación.

Es verdad que el Evangelio de hoy sí se habla de lo pequeño y de lo sencillo y, por supuesto, con toda razón y toda verdad. Pero lo pequeño y lo sencillo significa renunciar al propio nombre, al prestigio, a la soberbia, al propio engrandecimiento y a todo narcisismo. Por eso, el mismo pasaje del Evangelio recuerda: no os alegréis de poder domar serpientes o salir inmunes de los peligros. No penséis que los prodigios que se pueden realizar en vuestra vida sean posesión vuestra (la pobreza extrema también se debe mostrar ahí). Vuestra alegría, más bien, debe venir de que vuestros nombres están escritos en el cielo.

Y quizá aquí esté la mayor humildad y pequeñez: en aceptar que mi nombre no lo escribo yo misma en el cielo, sino el Padre. En darse cuenta de que todo lo grande, lo bueno, lo sabio, e incluso lo sencillo, viene de una misma fuente y no de nosotros mismos. La alegría viene de esa misericordia de Dios de elegirnos, llamarnos, recibirnos, aceptarnos e inscribir nuestros nombres en el cielo. Y a ese enorme privilegio se responde con el trabajo, el desprendimiento total, la paz frente al conflicto, la entrega.

Carmen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 03 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de Baruc (1,15-22):

Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había dado. Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle. Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 78,1-2.3-5.8.9

R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafárnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Si podemos leer esto, es porque disponemos de un ordenador –o de una buena amistad que nos lo proporciona— y tenemos interés por buscar lo que nos dice hoy la Escritura. Es decir, tenemos oportunidad, acceso a los recursos, y, de alguna manera, hemos sido llamados. En muchos aspectos, somos privilegiados y no podemos aducir ignorancia para caer en el error o en el mal. Si lo hiciéramos, sería una ignorancia culpable. Lo hemos tenido a la mano.

Por eso Jesús hoy dice a sus seguidores: quienes han podido escuchar, quienes han tenido la oportunidad, y no han seguido los caminos de Dios, son mucho más culpables de delito que quienes no han tenido esa oportunidad, y por tanto no se han arrepentido. El juicio será mucho más severo para quienes sí tuvieron los medios necesarios y no los usaron, o los usaron mal. Tenemos la Palabra, y es tajante: “sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto.”

¿Sería entonces, mejor, no saber nada, no haber oído nada? Algunos podrían decir que sí, pero lo cierto es que no es mejor pasar la vida en oscuridad y no tener el gozo de conocer el Evangelio y de poder acercarse a Dios. Las palabras de Jesús no son defensa de la ignorancia, sino llamada a responder gratis a lo recibido gratis; llamada al arrepentimiento por las caídas cotidianas; llamada a vivir de cara a Dios; llamada al agradecimiento por tanto recibido.

Da un poco de escalofrío escuchar el “¡ay de ti!” de Jesús y pensar en el tiempo perdido. Pero todavía estamos a tiempo. Porque más escalofriante podría ser llegar al juicio final y ver todo el bien, toda la verdad y toda la belleza que por años se podrían haber gozado de haberlo sabido. ¿Preferimos ser Corazaín o Tiro?

Carmen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 02 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de Nehemías (8,1-4a.5-6.7b-12):

En aquellos días, todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua y pidió a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que Dios había dado a Israel. El sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era el día primero del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –pues se hallaba en un puesto elevado– y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie.
Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: -«Amén, amén.»
Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas explicaron la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura.
Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»
Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley.
Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»
Los levitas acallaban al pueblo, diciendo: «Silencio, que es un día santo; no estéis tristes.»
El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 18,8.9.10.11

R/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-12):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.» Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

A veces le decimos a alguien que nos acaba de hacer un favor que es “un ángel”. Y sí, los ángeles son buenos espíritus que, en los momentos de necesidad salen al auxilio de los necesitados. Quizá no siempre como lo esperamos, sino disfrazados a veces de contratiempos y dificultades, que bien aprovechados, son momentos de crecimiento y de gracia. Siempre hay buenos espíritus en el camino.

Hay un cuadro significativo de un ángel que ayuda a unos niños a cruzar un puente sin tropezar o caer. Los que tratan de impedir que nuestros pies tropiecen ante tentaciones y males; los que salvan de situaciones peligrosas moralmente; los que advierten de no entrar en ideas y errores fáciles pero que apartan de Dios. Los que ayudan a cumplir la petición que le hacemos a Dios en el Padrenuestro: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.

En la lectura del Evangelio de hoy pareciera que esos ángeles son los niños, los más sencillos, los más pequeños que no deben ser despreciados, ignorados o maltratados. Eso puede ser cierto. Pero también es una llamada a ser ángeles para esos niños; protegerlos contra el peligro, el abuso, la maldad de alrededor. Y proteger también su vida: tantos inocentes a quienes se les ha negado una posibilidad de vida. Tantos niños enfrentados a los horrores de la guerra. Tantos niños que sufren hambre. Tantos niños que sufren abusos. Ellos y esos otros niños enfrentados también a una vida excesivamente cómoda, mimada y permisiva a quienes no se les marcan los límites necesarios ni los caminos del bien.

Los buenos espíritus, los ángeles de la guardia que todos tenemos requieren que, a nuestra vez, seamos guardianes de los demás: proteger del peligro físico, sí, pero también de los peligros morales: lo cual implica enseñar bien, proclamar la verdad, educar con sabiduría.

Carmen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 01 de octubre de 2025.

Primera Lectura

Lectura del libro de Nehemías (2,1-8):

Era el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes. Tenía el vino delante, y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste.
El rey me preguntó: «¿Qué te pasa, que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste.»
Me llevé un susto, pero contesté al rey: «Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas, y sus puertas consumidas por el fuego?»
El rey me dijo: «¿Qué es lo que pretendes?»
Me encomendé al Dios del cielo y respondí: «Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su siervo, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres.»
El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: «¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?»
Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir.
Pero añadí: «Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales para que me suministren tablones para las puertas de la ciudadela de templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré.»
Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 136,1-2.3.4-5.6

R/. Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,57-62):

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
A otro le dijo: «Sígueme.»
Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»
Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay refranes españoles que nos advierten contra la procrastinación: “No dejes para mañana…”, “lo que has de hacer, hazlo pronto…”

Jesús también insiste hoy, pero no es tanto contra una procrastinación que en ocasiones puede ser inofensiva, como contra las excusas que nos damos para no seguirle pronta y radicalmente. O contra las condiciones que se pueden poner… “Señor, si me concedes esto, yo haré…”

También advierte contra dar marcha atrás una vez que habíamos comenzado el camino. Mirar hacia atrás y decirnos calladamente “si no me hubiera comprometido, ahora podría hacer algo más cómodo, más rentable, más egoísta, quizá”. Mirar hacia atrás y añorar los bienes (como las cebollas de Egipto) que se tenían y a lo que hay que renunciar para seguir a Cristo. Prometer una acción de caridad, de justicia, de sacrificio por los demás, de oración y luego no cumplir porque resulta incómodo, o porque “ahora no tengo tiempo”.

Jesús dice que, una vez que se pone la mano en el arado –es decir, una vez que se ha decidido hacer un bien en seguimiento de Cristo—conviene arar. ES decir, hacerlo, por muy complicado y difícil que parezca.

Hoy celebramos la santidad de una joven que tuvo mucha prisa por entregarse a Cristo. Tanta, que tuvo que pedir permiso especial al Vaticano para entrar en el Carmelo antes de tiempo. Luego, no sabemos de actos “heroicos” que hiciera antes de su muerte a los veintipocos años. Y sin embargo, es la patrona de las misiones. Su “pequeño camino” fue camino decidido y siempre hacia adelante.

¿Quiénes son esos muertos que hay que dejar para seguir a Cristo? Posiblemente no personas; no creo que Jesús le pida a nadie que no entierre a su padre. Lo que sí pide es dejar esos otros muertos: la comodidad, el centrarse en uno mismo, las demasiadas ocupaciones que impiden orar o que impiden trabajar por los demás, el dinero, el prestigio… todo eso son muertos. Que otros muertos los entierren.

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 30 de septiembre de 2025

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Zacarías (8,20-23):

Así dice el Señor de los Ejércitos: Todavía vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades, y los de una ciudad irán a otra diciendo: «Vayamos a implorar al Señor, a consultar al Señor de los Ejércitos. – Yo también voy contigo.» Y vendrán pueblos incontables y numerosas naciones a consultar al Señor de los Ejércitos en Jerusalén y a implorar su protección. Así dice el Señor de los Ejércitos: Aquel día diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto, diciendo: «Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 86,1-3.4-5.6-7

R/. Dios está con nosotros

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R/.

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etiópes han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno, por uno todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.» R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,51-56):

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»
Él se volvió y les regañó y dijo: «No sabéis de que espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.»
Y se marcharon a otra aldea.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Después de un verano de incendios aterradores en España, lo último que querríamos escuchar es esta palabra. Los discípulos del relato del evangelio de hoy preguntan si pedir fuego para consumir a los enemigos. La verdad es que la propuesta es muy tentadora en momentos políticos difíciles… e incluso en situaciones cotidianas de peleas familiares o de vecinos. Sería tan fácil emprenderla a golpes contra quienes nos molestan. Más difícil es mantener la calma y seguir nuestro camino sin que esos ataques nos paralicen. Al fin y al cabo, la venganza no soluciona el conflicto; puede, a lo más, alcanzar una paz resentida y a punto de estallar en cualquier momento.

Dicen que san Jerónimo, cuya fiesta celebramos hoy, era un hombre de carácter fuerte e incluso huraño. Un hombre de fuego, con pasión por la Palabra de Cristo. No se sabe, sin embargo, que fuera violento físicamente. Lo que sí dejó fue el gran tesoro de acceso a la Escritura y aseguró que el desconocerla es desconocer a Cristo. Y el Cristo que se nos presenta hoy, no recibido, no aceptado, no reconocido, no pide fuego que consuma al enemigo, sino fuego que haga arder el corazón en caridad y difunda paz. Porque la decisión es “ir a Jerusalén”. Mantener el camino firme hacia la ciudad de Dios, pase lo que pase y sean cuales sean las circunstancias alrededor, se mantiene la paz, no se recurre al fuego vengativo, se sigue el camino por el que llama Dios.

Tener firmeza y suavidad al mismo tiempo puede requerir un equilibrio difícil. Irrita y frustra la maldad, la tontería, la corrupción o la injusticia de alrededor, y seguramente Jerónimo bramaría contra ella. Pero el fuego tiene que ir dirigido a seguir la obra de Dios. Jesús regaña a sus discípulos simplemente por la pregunta. Y nos pone a todos un “deténte” para no caer en la tentación de revanchas, golpes o parálisis. Seguir adelante en el bien, con la determinación de Cristo de ir a Jerusalén, a la casa de Dios.

Carmen Fernandez Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/