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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 31 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
– «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor,el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolvise a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:
– «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17

R/. Mi boca contará tu salvación, Señor

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.

Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R.

Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
– «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
– «Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
– «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
– «Lo que vas hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
– «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me busca¬réis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
«Donde yo voy, vosotros no podéis ir»»
Simón Pedro le dijo:
– «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
– «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
– «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
– «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Nos acercamos a los días centrales de la Semana Santa y los textos evangélicos nos ven centrando en lo fundamental. Hoy se nos pone en paralelo dos historias bien diferentes. Por una parte está Judas, el que entrega a Jesús. Por otra está Jesús, que es el que se entrega.

No estoy tratando de hacer un juego de palabras sino tratando de señalar un hecho fundamental para considerar lo que va a suceder en estos días. Porque hay quien piensa que la muerte de Jesús es apenas fruto del devenir de los tiempos. Es decir, su muerte en la cruz sería la normal conclusión-culminación de todos sus enfrentamientos con el poder establecido, tanto religioso como político. No podía terminar de otra manera. Este punto de vista, esta forma de entender la muerte de Jesús, es real. Es cierto. Todos aquellos enfrentamientos con los fariseos, con los sacerdotes del Templo, con los escribas, no podían terminar más que con su eliminación. Jesús tenía que morir porque era una amenaza a su posición, a su estabilidad como poder religioso-político.

Pero la verdad es que la historia podía haber tenido otro final. Hasta hay por ahí un libro que dice que Jesús no murió en la cruz sino que terminó huyendo de Palestina y refugiándose en Cachemira, donde ya habría estado antes, en lo que se llama su vida oculta. Pero está historia no se mantiene frente al testimonio de los evangelios. Lo cierto es que Jesús murió en la cruz. Y por eso podemos decir y afirmar que a Jesús no le pillaron desprevenido. De ninguna manera. Jesús se entregó él mismo sabiendo lo que se iba a encontrar en Jerusalén. Se entregó como culminación natural de su apuesta por el Reino. Se entregó como muestra y testimonio definitivo de su total confianza en el Dios de la Vida. Se entregó porque estaba convencido de que su Abbá no le iba a fallar. Ni siquiera en ese momento tan oscuro como es el momento de la muerte.

El que le entrega lo hace para salvarse a sí mismo. Judas debió pensar que toda aquella historia del Reino no había sido más que una apuesta sin sentido. Y que no valía la pena seguir. Y que lo mejor era vender a su maestro por treinta monedas. Jesús se entregó lleno de fe y confianza en el Dios del Reino. Y, de paso, nos abrió a todos nosotros un camino de esperanza y de vida.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 30 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (42,1-7):

Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:
«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te he formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 26,1.2.3.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es la defensa de mí vida,
¿quién me hará temblar? R.

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (12,1-11):

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

No hay duda de que Jesús tenía muy buena relación con sus discípulos, pero leyendo los Evangelios da la impresión de que así como con sus discípulos tenía una relación de maestro, con Lázaro, con Marta y con María tenía otro tipo de relación. Con esta familia, parece que Jesús se sentía como en casa. Llega y se siente cómodo. Se siente y se sienta tranquilamente a que le den la cena. En aquella casa, Jesús se sentía querido y cuidado. Quizá hasta podía dejar de lado el papel de mesías, de evangelizador, para ser sencillamente Jesús y dejarse querer. Era tanto el cariño que María no tuvo más idea que usar una libra de perfume para ungir los pies de Jesús, casi con toda seguridad, cansados, doloridos y heridos por los caminos.

Al comienzo de la Semana Santa, este tiempo en que vamos a celebrar la muerte y resurrección de Jesús, quizá conviene que, como el mismo Jesús, hagamos una parada en nuestro caminar, que nos detengamos en casa, con las personas a las que queremos y nos quieren. Una parada para cuidar y ser cuidados. Una parada para curarnos de las heridas que nos ha dejado el camino de la vida. Una parada para escuchar con el corazón las palabras de los otros, con sus historias, sus heridas y sus alegrías. Una parada para compartir la mesa y la vida.

Luego vendrá lo que tenga que venir. A Jesús, que era cualquier cosa menos tonto, le esperaba algo terrible en Jerusalén. Lo sabía, ¡cómo no! Pero antes de afrontarlo, quiere hacer esta parada. Es una casa en la que, por un momento, se vive la fraternidad del Reino, se comparte el pan, se abre el corazón y resurge la esperanza (¿no resuena en esta parada de Jesús el misterio de la Eucaristía?). Se olvidan por un momento los dolores del camino, las heridas, los callos de los años y se vive desde otra dimensión.

Luego se vuelve al camino. La realidad está ahí. Pero ahora se afronta con otra fe, con otra fuerza. Y la vida cobra nuevo sentido. Como Jesús, es bueno que nosotros hagamos también una parada así de vez en cuando. Y que demos gracias por las paradas ya hechas que, con toda seguridad, tanto nos han ayudado en nuestro caminar.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Domingo de Ramos, en la voz de los Hnos Capuchinos.

SEMANA SANTA CON LOS CAPUCHINOS | DOMINGO DE RAMOS

Al iniciar el camino de la Semana Santa, los Hermanos Capuchinos queremos compartir con ustedes una breve reflexión para vivir profundamente el Domingo de Ramos, la puerta de entrada a los misterios más grandes de nuestra fe.

Que esta Semana Santa sea una oportunidad para el silencio interior, la oración y la caridad fraterna. Caminemos juntos estos días, con el corazón abierto a la gracia que Dios tiene preparada para cada uno de ustedes.

¡Paz y Bien!

Homilía para la Eucaristía del domingo 29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS.
Isaías 50, 4-7: Poema en el que se canta la hazaña del Servidor del Señor, el que es capacitado para consolar a los abatidos. Servidor siempre dócil que cumple la voluntad de Dios.
Filipenses 2,6-11: Himno que canta el Misterio de la Encarnación. Un Dios que entra en nuestra historia para cumplir la Voluntad de Dios.
La Pasión de Cristo en la versión de san Mateo. Nos presenta a Jesús inmolado como cordero pascual para liberar.

1.- Hoy entramos a la Semana Santa, distinta a las otras, en la que queremos celebrar-contemplar un tremendo misterio de fe. Misterio que tiene muchas aristas, pero que todas convergen en Cristo, el Servidor fiel de Dios, que es presentado como un dócil discípulo que viene a cumplir con el Plan de Dios.
Discípulo que es rechazado, vilipendiado por los hombres, pero aceptado y protegido por Dios. Misión suya será brindar esperanza y descanso al abatido. ¿Quién es este Servidor del Señor? Es un personaje misterioso, que nos conduce al verdadero Servidor, al Señor Jesús.
2.- Efectivamente la carta de san Pablo a los Filipenses (segunda lectura) nos invita a contemplar a Cristo, el verdadero Servidor, que se anonadó, se humilló y vivió cumpliendo en todo momento con la Voluntad de Dios. “Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz”, que es la más ignominiosa y cruel de las muertes, propia de un esclavo. Es que Jesús murió como el que era: siendo Dios se hizo hombre; siendo el Señor se hizo el esclavo de todos. Por eso murió como un esclavo. Por eso Dios lo exaltó y lo puso en su lugar, a su derecha, como Rey y Señor de todo.
3.- Por eso es Jesús el Señor, el que con su obediencia nos rescató. Pero la humanidad, dándole la espalda a Dios, se auto constituye en Dios y Señor de todo. Por eso abusa, atropella y destruye.
Cristo, en cambio, con su obediencia nos trae salvación. El ser humano con su autosuficiencia, soberbia y desobediencia nos trae destrucción. Y es la cruel y triste realidad la que estamos viviendo en estos días.
La tozudez de los que se creen dueños de las naciones hace que cada vez impere más y más la guerra y con ello la violencia y la muerte. ¡Y Dios no quiere eso! Dios busca y quiere que se le obedezca y haga caso.
4.- Hoy entramos a celebrar esta Semana Santa.
La Pasión según san Mateo nos muestra a Jesús como el cordero pascual inmolado. Así como el cordero en la noche de pascua fue salvación para los israelitas, del mismo modo la Pasión de Cristo, expresión de su obediencia ciega al Padre, es causa de nuestra salvación.
El evangelio no nos presenta una historia exacta, una crónica, de la Pasión de Cristo, sino una síntesis con una intención doctrinal. Por eso se insiste en la Pascua que el Señor anticipa con la Cena.
¿Cómo vamos a celebrar este Misterio de nuestra Fe? Más que con ritos, con nuestra vida. Que nuestra vida sea una proclamación de Cristo, el Vencedor. Que no nos asusten las malas noticias, porque “si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?
El ramo en sí no significa nada, pero nos recuerda que hoy hemos reconocido y aclamado al Señor como a nuestro Salvador. Celebremos, hermanos.
Hno. Pastor.

EDD. sábado 28 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10.11-12ab.13

R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy la profecía de Ezequiel, que escuchamos en la primera lectura, anuncia el triunfo del Reino: “Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre…” El santuario de Dios entre los hombres es Jesús. Esa es la clave para que comprendamos la profecía. Es aquel predicador ambulante que hacía milagros, amaba a la gente, perdonaba a los pecadores, se mostraba cercano y amable pero también riguroso y severo, hablaba con autoridad y se proclamaba Hijo de Dios.

En el encuentro del Resucitado con los discípulos de Emaús, leemos cómo Jesús les fue explicando las Escrituras porque en ellas está anunciada, detalle a detalle, su vida desde la Encarnación hasta la Resurrección.

El Sanedrín era el Consejo Supremo y el tribunal más alto del pueblo judío en tiempos de Jesús. Funcionaba como una autoridad religiosa, legislativa y judicial que regía los asuntos internos de Judea bajo la supervisión romana. Los sumos sacerdotes, los fariseos y los ancianos convocados al Sanedrín conocían las profecías y también a Jesús. No vieron o más bien no quisieron ver que esas Escrituras veneradas habían hablado de Él durante siglos. Estaban atrapados en el miedo. Los signos de Jesús, sus obras, más que argumentos en su defensa representaban una amenza a la estabilidad política y seguramente también un peligro para su posición social y su poder.

Como señala con agudeza el evangelista, el sumo sacerdote, no por propio impulso sino por su cargo, fue impulsado a hablar proféticamente: conviene que uno muera por el pueblo. Ciertamente convino que aquello ocurriera para nuestra salvación.

A veces, los que nos decimos seguidores de Jesús, podemos estar tentados como aquel Sanedrín por el atractivo de ser miembros de la Iglesia sin arriesgar nada. Nos desentendemos de los problemas, no queremos conflictos, estamos muy cómodos en una religión “blandita” que consuela un poco, que nos deja buena conciencia, que se adapta a las modas y a lo que “se lleva” en estos tiempos… No queremos líos. Pero seguir a Jesucristo nos va a pedir implicarnos en muchos líos inexorablemente… Y el primero de todos es creer con una fe activa, que se expresa en obras, en compromiso y en asumir los riesgos de ese seguimiento.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. viernes 27 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La suerte está echada, pero aún no es el día y la hora y Jesús, tras un nuevo altercado con los judíos y la intentona de estos de proceder sin más a la lapidación -relata el evangelista-, marcha al otro lado del Jordán, donde había bautizado Juan.

Juan el Bautista nombró a Jesús como Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo; dijo que era superior a él porque existía antes; dijo que bautizaría con el Espíritu Santo y fuego; afirmó que era el Hijo de Dios tras ver al Espíritu Santo descender y escuchar “Este es mi Hijo bienamado, escuchadle”; también aseguró que no era digno de desatar la correa de sus sandalias…

Muchos acudieron recordando lo que el Bautista había dicho de Él. Y creyeron en Jesús. A diferencia de los poderosos de Jerusalén, estos comprenden -recordando el testimonio de Juan- quien es el galileo a quien aquellos temen y odian aunque habían visto sus obras.

No son las obras lo que reprochan a Jesús ya que habían visto o habían escuchado el relato de curaciones, expulsión de demonios, resurrecciones. Lo que temían era la verdad. Sorprendentemente, aquellos dirigentes de un pueblo que esperaba al Mesías, le temen porque intuyen o comprenden perfectamente que las palabras de Jesús suponen un cambio que acabaría con su poder, sus injusticias disfrazadas de acatamiento de la ley, sus privilegios…

A lo mejor, algunos que nos llamamos cristianos creemos en Jesucristo pero en un Jesucristo “cómodo”, que no nos inquiete, que nos evite el dolor y el sufrimiento y que no nos exija gran cosa. Pero si de verdad creemos en Él como el único que nos puede salvar, tenemos que asumir que no hay otro camino que el de identificación con Él en su Cruz que, inevitablemente pasa por el amor al prójimo en obras y palabras.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 26 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

EN aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
«Por mi parte, esta es mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
«Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

V/. Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

V/. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

V/. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

En las genealogías de Jesús (Evangelios de Lucas y Mateo) Abraham es antepasado de Jesús. Es el elegido con quién Dios establece una alianza y a quién hará padre de una inmensa descendencia. Los contemporáneos judíos de Jesús consideraban a Abraham como el fundamente de su conciencia de pueblo elegido…

La verdad es que lo que cuenta Juan en el pasaje del evangelio que escuchamos hoy, da mucha pena: no entendían nada de las palabras de Jesús. En realidad los encuentros con él no podían concluir en algo como diálogo abierto para llegar a algún punto de acuerdo porque ya habían decidido rechazar sus palabras y condenarlo como blasfemo. Ante las sorprendentes palabras de Jesús oponen argumentos pueriles: “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”

Quedan pocos días para la semana santa y los relatos evangélicos de toda la cuaresma van acercándonos al final del drama y todos los evangelios que hemos ido meditando durante esta etapa, de un modo u otro nos plantean una pregunta de cuya respuesta depende nuestra salvación: ¿creemos que Este que afirma una y otra vez “Yo soy”, es decir la expresión de su identidad divina, es Quien dice ser?

Ocurre que, precisamente, lo que vamos a recordar en la semana próxima: un juicio absurdo, una condena cobarde, una muerte ignominiosa, un dolor indecible, un sufrimiento extremo, es la prueba más certera de que Jesucristo es Dios. Ninguna imaginación humana podría idear algo tan contradictorio. Pensamos como salvadores y rescatadores en superhombres o en héroes con poderes extraordinarios, no en un hombre “despreciado, ante quien se vuelve el rostro”. Este hombre, varón de dolores, es el Mesías prometido, El Hijo amado, Dios mismo, signo de contradicción capaz de tomar sobre sí toda nuestra miseria y todos nuestros sufrimientos para que resucitemos con Él.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 25 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (7,10-14;8,10):

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 39,7-8a.8b-9.10.11

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia
y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (10,4-10):

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»» Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hoy la Iglesia celebra la Encarnación. Lo que C. Lewis denomina “el Gran Milagro” en su obra “Los milagros”. Este autor lo expresa así: En la Encarnación, todo lo que es inmenso y lejano se condensa en un punto, como si toda la luz de un sol infinito se concentrara en la punta de un alfiler para entrar en el seno de una doncella.

El Dios Creador Eterno que dispuso el espacio y el tiempo físicos en los que existe la vida, nuestra vida de criaturas, entró en esas coordenadas a través de un ser humano concreto, sin dejar de ser Dios. Y no se trata una “disminución” de su divinidad sino una concentración máxima de poder y amor en la humildad de lo finito.

Nosotros solemos asociar poderoso, importante y grande. Pero aquí se da la paradoja: esa lógica se invierte. El poder de Dios se hace tan denso que puede habitar en el seno de una doncella, en un tiempo y en un espacio concretos, el punto exacto donde la eternidad toca la historia.

La doncella elegida sabe lo ocurrido. Lo sabe perfectamente y lo cuenta así en el cántico que ha transmitido Lucas y que se recita con frecuencia en la Liturgia católica: Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador porque ha mirado la humildad de su esclava…
San Buenaventura escribió mucho sobre este misterio central de la vida de la Iglesia y, en toda su obra subraya con énfasis que comprenderlo solo es posible para los humildes porque la soberbia actúa como una «ceguera espiritual» que bloquea el acceso a la verdad divina. El misterio de la Encarnación es el acto supremo de humildad divina: Dios se hace “pequeño” y vulnerable.

Una mente inflada por la soberbia busca la grandeza propia y no puede sintonizar con un Dios que elige la fragilidad humana para salvar al mundo. Sencillamente se cierra a la comprensión porque está llena de “si misma” y no puede reconocer que cualquier bien en cada ser humano es un don y no un mérito propio. Como en María, nuestro corazón humilde puede ser también un cántico de alabanza lleno de alegría.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. martes 24 de marzo de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números (21,4-9):

EN aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,2-3.16-18.19-21

R/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti

V/. Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame enseguida. R/.

V/. Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

V/. Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Una clave de lectura tanto para la primera, del libro de los Números como para el pasaje del Evangelio de Juan puede ser la expresión “levantado en alto”. La serpiente levantada en alto de Números defiende del veneno y salva. El Hijo del hombre que, en el texto evangélico, será levantado en alto, es salvación pero solo para los que han entendido lo que significa “Yo soy”. Los que han reconocido la verdad y la han aceptado. Según este texto, muchos.

En aquel contexto esa expresión es inequívoca: remite a la pregunta de Moisés cuando Dios le envía a liberar a los israelitas del yugo del faraón. La respuesta es “Yo soy el que soy”. Es decir, el ser por sí mismo, la existencia misma, inmutable y eterna, fuente de toda realidad.
Jesús afirma su ser divino, así son las cosas. Muchos creyeron en él, escribe Juan. Sabemos, a pocos días de celebrar el triduo pascual, que esa afirmación también fue equivalente a una condena por blasfemia: Jesús será apresado y llevado a juicio. Y nosotros, muchos bautizados, los que hemos recibido una tradición y una cultura impregnada de creencias y valores cristianos, ¿creemos firmemente que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre?

En Él está la salvación. Quién lo contempla levantado en la Cruz y cree en Él, tendrá vida eterna. Cuando en el Credo decimos “que por nosotros los hombres y por nuestra salvación […] padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”, estamos afirmando que Dios ha escuchado nuestro clamor de cautivos y nos ha librado de la muerte eterna por nuestra fe en Jesucristo, su Hijo.
Una propuesta sencilla: recitar las palabras del Credo con alegría y confianza.

Virginia Fernández Aguinaco

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/