Ir al contenido principal

Autor: Patricio Osiadacz

Reflexión al domingo de Pascua. Padre Maycon Ferrazoli OFM Cap. Domingo 05 de abril de 2026.

SEMANA SANTA CON LOS CAPUCHINOS | DOMINGO DE PASCUA

Con gran alegría y gozo por la resurrección del Señor, compartimos con ustedes una reflexión de los Hermanos Capuchinos sobre este día tan especial. En el Domingo de Pascua, celebramos la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado, y nos regocijamos en la esperanza de la vida eterna que nos ofrece.

Que la resurrección de Jesús sea una fuente de inspiración y renovación para nosotros, y que su amor y misericordia nos guíen en nuestro camino.

Que la paz y la alegría del Señor resucitado llenen nuestros corazones y nuestras vidas.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Homilía para la Eucaristía del domingo 5 de abril de 2026.

DOMINGO DE PASCUA.
Hechos 10,34.37-43: Pedro proclama la resurrección de Cristo como el acontecimiento que ilumina toda la vida y actividad de Jesús, desde el bautismo hasta su Resurrección.
Colosenses 3,1-4: Por el bautismo el cristiano participa de la Resurrección de Cristo. Por eso se le exige una vida nueva.
Juan 20,1-9: La Resurrección es la clave por la que los discípulos entienden todo el misterio de Cristo. Todo cobra sentido.

1.- Estamos celebrando el misterio central de nuestra fe cristiana. Celebrar la Resurrección de Jesús es aceptar el poder de Dios para dar vida. Porque, como dice el discurso de Pedro, “Dios lo resucitó”, es decir, el poder de Dios ha sido capaz de dar vida allí donde no la había. Es la misma fe que proclama san Pablo cuando él dice: “nosotros tenemos fe en Aquel que resucitó a Nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 4,24). Por esta fe damos gloria a Dios reconociendo su poder. Y esta fe en el Resucitado aclara y explica todo lo de Cristo. Por la Resurrección se entiende el discurso de Jesús, el estilo de vida de Jesús, todo lo que Él hizo en este mundo.
2.- Pero esta fe en Cristo Resucitado sería una simple teoría si no tuviera implicancias para nosotros. San Pablo nos dice que el creyente al ser bautizado participa de este misterio. Así como Jesús fue muerto, sepultado y resucitado, del mismo modo el creyente muere a su vida de pecado, es sepultado (sumergido-bautizado) en Cristo para salir del agua como un hombre nuevo resucitado con Él.
La resurrección se hace realidad en el bautismo, el cual es apenas un inicio de una vida que se tiene que desarrollar.
3.- Desgraciadamente pocos saben lo que significa el bautismo. Se conforman con el rito, pero no se toma en serio lo que este rito significa.
Al inicio de la vida de la Iglesia eran bautizados los que se habían convertido. Hoy, en cambio, hay que convertir a los bautizados.
Por eso san Pablo nos dice que debemos tener puesto nuestro pensamiento, nuestra vida, en Cristo, ya que estamos muertos para el mundo, pero vivos para Dios. Entonces se entiende aquello que dice san Juan: “el que cree en Mí, aunque muera, vivirá” (Juan 11,25).
4.- Muchas veces el Señor reprochó a sus discípulos porque eran duros de entendimiento (cfr. Lucas 24,25). Es comprensible que no entendieran, no tenían la clave. Pero la resurrección les abrió el entendimiento a ellos y también a nosotros.
La fe en el Resucitado nos invita a tener una nueva actitud frente a tanta guerra y muerte como hay en el mundo. Tener una actitud diferente ante el dolor, la enfermedad. Porque, “si Cristo no resucitó es vana nuestra fe” (1Corintios 15,14)
Por eso, no cabe en un cristiano la desesperación, ya que creemos en la vida. Son los incrédulos los que se quedan en la muerte y la cultivan.
Celebremos, hermanos a Cristo resucitado.
Hno. Pastor.

Reflexión Capuchina del Sábado Santo. Hno Héctor Campos.

SÁBADO SANTO | VIGILIA PASCUAL

«Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.» Mt 28, 1-2

El Sábado Santo es un día de espera y reflexión en la víspera de la Resurrección de Jesús. Después de la muerte de Jesús, sus discípulos se quedaron en un estado de dolor y tristeza, pero también de esperanza.

En este día, se recuerda la espera silenciosa y expectante de los discípulos, que aguardaban la promesa de Jesús de resucitar al tercer día. Es un momento de reflexión sobre la fe y la esperanza en la resurrección y la victoria de Jesús sobre la muerte.

La espera del Sábado Santo es una preparación para la alegría y la celebración de la Pascua de Resurrección, donde se conmemora la victoria de Jesús sobre la muerte y la promesa de vida eterna.

Reflexión de Viernes Santo.

Viernes Santo: día de amor y entrega

Recordamos la pasión y muerte de Jesús, ejemplo de amor incondicional. Como San Francisco de Asís, abramos nuestro corazón a la humildad y el servicio.

Que este día nos inspire a vivir el Evangelio con simplicidad y amor fraterno.

EDD. …de la Sepultura del Señor

Es tiempo para el silencio. La muerte nos deja sin palabras y la falta de ruido es posible que nos abra un hueco en la cabeza para pensar y reflexionar en lo sucedido. Ahí está la realidad: Jesús ha muerto solo. Prácticamente todos los que le seguían han salido corriendo. Nadie ha levantado una mano para defenderle. Sus palabras sobre el Reino se han quedado casi perdidas en la lontananza del tiempo y, sobre todo, de los últimos acontecimientos. Es tiempo para la desolación.

Es tiempo para mirar a nuestro alrededor. En este mundo, en nuestra vida, suceden cosas maravillosas. Pero también está presente la muerte, el dolor, el abandono. Basta con atender un poco a los medios de comunicación. ¡Cuántas muertes sin sentido! ¡Cuánto dolor gratuito! ¡Cuánta injusticia! ¡Cuántas vidas a las que la pobreza, la marginación, la enfermedad, la depresión, quedan sin sentido, sin vida!

Es tiempo para el silencio. Es tiempo para levantar los ojos y descubrir el vacío. La cruz está vacía. Solo quedan la fe y la esperanza desnudas. La fe y la esperanza como opciones casi en el vacío. Como lo tuvo que vivir y experimentar el mismo Jesús en la cruz. La fe es mantener los ojos abiertos ante esa realidad tan dura. Y seguir manteniéndolos abiertos. Por mucho que por dentro nos brote el deseo de cerrarlos y trasladarnos con la mente a vivir en un mundo más feliz, un mundo sin dolor.

Es tiempo de silencio y de mantener los ojos abiertos para seguir mirando a una realidad que nos duele, que no nos gusta. No es tiempo para evadirnos. No es tiempo para mirar para otro lado ni para cambiar de conversación. Y ahí, precisamente ahí, decir que seguimos creyendo, que nos vamos a seguir comprometiendo a vivir y trabajar por el Reino. Porque Dios, a pesar de la oscuridad, no nos va a fallar.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

Evangelio y Lecturas del Viernes Santo en la Pasión del Señor

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (52,13–53,12):

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor. Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,2.6.12-13.15-16.17.25

R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti , Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (4,14-16;5,7-9):

Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,1–19,42):

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:

+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:

S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucíficalo!»
C. Pilato les dijo:
S «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está.»
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ «Tengo sed.»

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El Viernes Santo es tiempo de tradición, procesiones, oficios en la iglesia (que no Eucaristía), adoraciones al Santísimo, tiempo de vela. O así era, que con el tiempo para muchos es tiempo de puente, de vacaciones, de escapada del trabajo normal. Quizá no haya que recuperar toda aquella parafernalia de mi niñez, en que hasta el interior de las iglesias se vestía de negro. Pero, dejando de lado lo más superficial, si que haya algo que mantener. Porque estamos ante un momento clave de la vida de Jesús.

En el caso de Jesús la muerte no es un accidente sobrevenido. Es la más directa culminación de su vida, de su forma de comportarse, de su predicación, de su enfrentamiento con los que se sentían los dueños de la religión y, como consecuencia, los dueños de Dios. Es la culminación de sus diatribas con fariseos y saduceos, de su actitud ante el Templo de Jerusalén, centro de la vida religiosa y política de los judíos.

Hay una canción de la ópera rock “Jesucristo Superstar” que recoge perfectamente lo que pudo ser la actitud de los poderes religiosos de la época ante Jesús. Entienden que tienen un problema con Jesús y que tienen que tomar una decisión. El populacho se ha entregado a Jesús, el milagrero.  Y Jesús está revolucionando al pueblo. Eso puede hacer que los romanos castiguen al pueblo. En realidad, están preocupados porque les castiguen a ellos y que pierdan sus privilegios. La conclusión es sencilla: por el bien del pueblo (eufemismo para decir que por su propio bien, el de los poderosos) Jesús debe morir.

Y así sucedió. Pero Jesús era muy consciente de que esto podía suceder, de que iba a suceder. Con esa conciencia emprendió la subida a Jerusalén. No podía ser de otra manera. Por pura coherencia con lo que pensaba y vivía sobre el Reino, sobre Dios. Había que entregarse hasta el final. Hasta dar la vida. Y ponerlo todo en las manos de Dios, de su Abbá. Tenía que llevar su fe y su confianza hasta el extremo.

Esto es lo que celebramos el Viernes Santo. No solo la muerte física de Jesús sino su entrega en total confianza a su Padre. Hasta el extremo. Y por ahí se encuentra el camino de nuestra salvación, de nuestra vida: aprender de Jesús a confiar hasta el final. Por el Reino.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 02 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14):

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 115,12-13.15-16bc.17-18

R/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay un buen misionero claretiano, Maximino Cerezo Barredo, que ha dedicado toda su vida a evangelizar a través de la pintura. Sus murales y pinturas están presentes en iglesias de toda América desde Canadá hasta Argentina. Una de sus genialidades ha sido aunar en la misma pintura dos escenas evangélicas profundamente relacionadas entre sí: la última cena de Jesús, el momento de la institución de la Eucaristía, que aparece en los evangelios sinópticos de Mateo, Lucas y Marcos, con la escena del lavatorio de los pies, que el evangelio de Juan sitúa en el momento de la última cena pero que parece sustituir al momento de la institución de la Eucaristía que Juan no recoge.

El hecho es que entre las dos escenas se nos hace claro y transparente el significado más profundo de la Eucaristía. Conviene tenerlo presente en este día de Jueves Santo y en todas las Eucaristías en las que participemos.

En los sinópticos, Jesús se nos aparece como el que da de comer y beber a sus discípulos. En el hecho de participar de la misma copa de vino y del mismo pan, entendemos que Jesús se hace comida y bebida para nuestra vida. Es alimento de vida eterna. Pero también es algo más. Compartir el pan y el vino que nos ofrece Jesús es comprometernos a compartir su vida y su destino. Hacemos nuestra su misión de anunciar el Reino, el amor de Dios para todos y, en primer lugar, para los más pobres y marginados. Porque a esos les pone Dios en primera fila. Es la condición inevitable para que su amor sea universal.

En el evangelio de Juan esta escena se sustituye por el lavatorio de los pies. Es una forma concreta de demostrar como Dios mismo se pone al servicio de los hombres. Jesús, que en su vida y en su forma de actuar nos manifiesta/revela como es Dios, se inclina ante sus hermanos y les lava los pies. ¡Lo que en aquel momento hacían los esclavos! ¡Dios se hace esclavo nuestro! Dios se pone a nuestro servicio. Su amor es realmente amor y entrega hasta el final. Las palabras de Jesús al terminar su gesto de lavar los pies a sus discípulos deben ser una orden para nosotros: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” Sobran más palabras.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 01 de abril de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de IsaIas (50,4-9a):

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68,8-10.21-22.31.33-34

R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio segun san Mateo (26,14-25):

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El texto evangélico de hoy está totalmente centrado en la traición de Judas. A lo largo de la historia Judas ha estado en el centro del foco. Como si fuese el culpable de todo lo que le pasó a Jesús. Su imagen ha sido denostada. En realidad, creo que ha hecho un poco de “macho cabrío”, que hemos cargado en él todas las culpas, de forma que nos podamos sentir mejor. Como Pilatos nos hemos lavado las manos y nos podemos ir a casa tranquilos. Como mucho, a lo largo de la historia la culpa se ha cargado en los judíos. Ellos fueron los que mataron a Jesús. Nosotros estamos libres de culpa, no tuvimos nada que ver. Judas es el malo. Todos tranquilos.

Nos engañamos a nosotros mismos si pensamos así. Lo de la muerte de Jesús es un poco más complejo que la solución facilona de buscar un culpable. En realidad, si miramos a los demás apóstoles y discípulos, no es que fueran muy valientes al momento de la dificultad final. Más bien, se puede decir que todos salieron corriendo. Ahí está el valiente Pedro, el jefecillo de los apóstoles, que niega por tres veces haber conocido en su vida a Jesús.

Hay más. Casi podríamos decir que Jesús se ganó su muerte a base de puños. Él mismo provocó un largo enfrentamiento con las autoridades religiosas y civiles (que en aquella época eran las mismas) que no podía llevar a otra cosa más que a su eliminación. Era o Jesús o ellos porque la predicación del Reino traía una revolución más grande que la que pueden hacer las armas.

Y luego está el mismo Judas. Quizá pensaba que a Jesús se le había ido el movimiento de las manos. Tanto predicar el Reino de Dios se le había olvidado que lo importante era liberar al pueblo de la opresión de los romanos. Quitar a Jesús de en medio era, desde su perspectiva, el único medio para reconducir el movimiento a realizar esa liberación política.

Hoy nos podemos preguntar en donde estamos. Quizá lavándonos las manos y pensando que otros hicieron lo que hicieron y por eso pasó lo que pasó. O podemos preguntarnos si realmente hemos comprendido lo que era el Reino para Jesús y estamos intentando hacerlo vida o si, ante determinadas exigencias del evangelio (amor y misericordia infinita…) no preferimos mirar a otro lado no vaya a ser que nos toque a nosotros el mismo destino de Jesús.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/