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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. viernes 07 de agosto de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Nehemías (2,1.3;3,1-3.6-7):

Mirad sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz, festeja tu fiesta, Judá;
cumple tus votos, porque el criminal no volverá a pasar por ti, pues ha sido aniquilado. Porque el Señor restaura la gloria de Jacob y la gloria de Israel; lo habían desolado los salteadores, habían destruido sus sarmientos. Ay de la ciudad sangrienta, toda ella mentirosa, llena de crueldades, insaciable de despojos. Escuchad: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando, jinetes al asalto, llamear de espadas, relampagueo de lanzas, muchos heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres. Arrojaré basura sobre ti, haré de ti un espectáculo vergonzoso. Quien te vea se apartará de ti, diciendo: «Desolada está Nínive, ¿quién lo sentirá?; ¿dónde encontrar quien te consuele?»

Palabra de Dios

Salmo

Dt 32,35cd-36ab.39abcd.41

R/. Yo doy la muerte y la vida

El día de su perdición se acerca
y su suerte se apresura,
porque el Señor defenderá a su pueblo
y tendrá compasión de sus siervos. R/.

Pero ahora mirad: yo soy yo,
y no hay otro fuera de mí;
yo doy la muerte y la vida,
yo desgarro y yo curo. R/.

Cuando afile el relámpago de mi espada
y tome en mi mano la justicia,
haré venganza del enemigo
y daré su paga al adversario. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,24-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay partidos políticos, por lo menos en lo que yo conozco sobre todo en Europa y en América del norte que hablan claramente de que tiene que haber una prioridad nacional. Con ello quieren decir que los ciudadanos de un país tienen que pensar primero en ellos mismos y en sus necesidades. Esa es la prioridad. En la práctica significa que, si hay un sistema de salud público, los extranjeros, sobre todo los inmigrantes, claro está, deben quedar excluidos. Lo mismo se puede decir sobre las políticas de acceso a la educación o a la vivienda. Los nacionales tienen la prioridad.

La verdad es que la afirmación no tiene mucho sentido en cuanto se lee un poco de historia y descubrimos que todos somos inmigrantes. Al final, hay que reconocer que la humanidad, tal como la conocemos ahora ¡nació en África! Así que todos somos migrantes e hijos de migrantes.

Pero en cristiano estas afirmaciones son mucho más peligrosas. Porque en cristiano, con el Evangelio en la mano, es muy difícil, imposible, hablar de esa prioridad nacional. Más bien, hay que hablar de lo contrario. Desde el Evangelio la prioridad la tiene siempre el hermano y de modo especial el hermano necesitado.

Por eso dice Jesús en el Evangelio de hoy que el que tiene como primera prioridad su propia persona, lo va a perder todo, va a arruinar su vida. Se trata de perderla por Jesús, por el Reino, por la fraternidad. Se trata de trabajar y entregar la vida para construir y hacer realidad esa mesa de la fraternidad en el que la humanidad entera se sentará en torno al único Padre. La prioridad nacional, la prioridad mía, no tiene sentido. Las fronteras son creaciones humanas que no deberían ser barreras ni muros sino puertas abiertas y puentes. La única manera de ganar la vida es hacerlo en compañía del hermano, y sobre todo del hermano necesitado. Esa es nuestra prioridad como discípulos de Jesús. Así ya sabemos si queremos salvar la vida, menos mirarnos al ombligo y más dar la mano al hermano (y todos son hermanos).

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. jueves 06 de agosto de 2026.

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 96

R/. El Señor reina, altísimo sobre la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta de Pedro (1,16-19):

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

La verdad es que no sabemos, no podemos saber, que fue lo que realmente pasó en aquella montaña. Los discípulos lo contarían años después usando la mentalidad y la cultura de la época. Algo vieron, algo descubrieron en Jesús que les resultó absolutamente novedoso. Algo que les llenó de espanto y terror. Y les hizo caer por los suelos. Quizá porque lo que intuyeron o vieron era demasiado grande para ellos. Y ahí, una vez más, resonó la voz de Jesús: “Levantaos, no temáis”.

Me gusta pensar en momentos parecidos que he vivido en el encuentro con otras personas. Encuentros donde la otra persona se me ha revelado de una forma nueva, inusitada. Encuentros que me han permitido avistar la profundidad del otro, de sus sentimientos, comprender de alguna manera lo que es. En algunos de esos encuentros, se me han caído muchas de las ideas y prejuicios que tenía de esa persona. Se me ha aparecido esa persona desde una perspectiva más plena, más real, más completa. He avistado en la profundidad de su ser algo que no había visto antes. Y todo eso ha cambiado mi relación con esa persona. Ya no es, no puede ser, como antes.

Me gusta pensar que algo así les pasó a los discípulos en aquella montaña alta. Algo descubrieron en Jesús que no habían visto antes. Se hizo la luz en sus corazones. Algo comprendieron de la misión de Jesús, de su relación tan especial con Dios, su Abbá. Y en el centro de esa relación el amor, como no podía ser de otra manera: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.

Luego todo vuelve a la normalidad. Pero lo vivido, queda dentro del corazón y de la mente. Lo vivido asusta. Pero la voz de Jesús sigue resonando: “No temáis”.

Es que asomarse al abismo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús provoca espanto. No estamos acostumbrados. Nos cuesta creerlo del todo. Es un Dios Amor hecho carne. Para darnos la vida. Quizá, sencillamente, no estamos preparados para tanto.

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. miércoles 05 de agosto de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (31,1-7):

En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongue mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: «El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.»»

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10-13

R/. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay los que piensan que Jesús, desde su más tierna infancia, ya lo sabía todo, todo. De sí mismo, del mundo, de su ser Hijo de Dios. Pero se olvidan de que la encarnación fue verdadera, fue hasta el fondo. Se hizo uno de nosotros en todo menos en el pecado. Así que conoció la infancia, la adolescencia, creció y fue madurando poco a poco como cualquier persona de este mundo, descubriendo progresivamente lo que era su misión, a lo que estaba llamando, profundizando en su relación con su Abbá. Y todo esto en medio de los acontecimientos de su vida y de los que le rodeaban. Igual que a nosotros, a veces eran los encuentros con personas y situaciones los que le hacían pensar y reflexionar e ir descubriendo nuevas dimensiones. Como cualquier hombre. Porque el Hijo de Dios no se hizo hombre de mentirijillas. No fue como si Dios se pusiese un disfraz o una piel por encima para que le pudiésemos ver y hablar con él. Se encarnó, se hizo carne de nuestra carne. De verdad. Hasta el fondo.

Todo esto viene a que, en el texto evangélico de hoy, Jesús sale de los territorios judíos, el país de Tiro y Sidón. Allí es una mujer cananea la que solicita su ayuda, pide socorro. La primera respuesta de Jesús es decepcionante: Él está para atender a los israelitas. El resto de la humanidad (cananeos, romanos, griegos y tantos otros pueblos) no pertenecen a su negociado, no son su responsabilidad.

Pero la mujer insiste. Insiste tanto que Jesús se siente provocado. Al ver su fe, cambia de actitud. Realiza la curación de la hija.

Quizá lo de la curación no sea lo más importante. Lo fundamental es que, al hilo de este encuentro, Jesús toma conciencia de que su misión no se dirige solo al pueblo de Israel. El amor de Dios es para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Se rompen las fronteras de cualquier tipo. La salvación es para todos.

Que a nosotros los encuentros y las personas de este día nos ayuden también a reflexionar y mejorar como discípulos. A estar abiertos a toda la humanidad.

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/comentario-homilia-hoy/

EDD. martes 04 de agosto de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (30,1-2.12-15.18-22):

Palabra que Jeremías recibió del Señor: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: «Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados. ¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así.» Así dice el Señor: «Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría. Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? –oráculo del Señor–. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 101,16-18.19-21.29 y 22-23

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Hay tres cosas a subrayar en el texto evangélico de hoy: la oración, el “no tengáis miedo” que les dice Jesús a los discípulos y la cercanía que sentían los enfermos con Jesús. Son tres elementos que en realidad están profundamente relacionados.

Lo primero, la oración. Jesús aprovecha la noche para subir al monte a orar en soledad. Pero parece que no le dura mucho la oración porque cuando presiente que los discípulos lo están pasando mal en la barca, deja la oración y se acerca a ellos. Los cristianos no estamos llamados a ser eremitas. No tenemos por vocación dedicarnos exclusivamente a la oración y la meditación continua. Eso puede ser una parte de nuestra vida. Si se quiere, una parte muy importante. Pero siempre va a estar por encima, como la prioridad de las prioridades, el servicio a los hermanos. Si en algún momento la oración provoca que dejemos a los hermanos y sus necesidades de lado porque “me tengo que dedicar a la oración”, tendríamos que decir esa no es una verdadera oración cristiana. Repito: la prioridad es siempre el hermano. Y más aún el hermano necesitado. Mi bienestar queda en un segundo plano. Porque el verdadero y más auténtico lugar de encontrarme con Dios es en el hermano.

Lo segundo es la frase que Jesús dirige a sus discípulos, que debían estar aterrorizados, porque solo el que ha vivido una tormenta en el mal en una pequeña barca sabe lo que es el terror de verdad. Jesús les dice simplemente: “No tengáis miedo”. Es una actitud básica del cristiano. No tener miedo a esa imagen del Dios fiscalizador, castigador, controlador que tanto nos han metido en la cabeza a muchos, porque el Dios de Jesús es padre de misericordia, es Amor (como dice a primera carta de Juan 4,8). Ni tener miedo a los que nos puedan hacer otros porque Dios está con nosotros.

Y lo tercero que es que Jesús se sigue haciendo cercano a todos. Y todos confían en él. No se asustan. Porque saben que de él solo puede venir la vida y la esperanza. Y ahí Jesús tiene claras sus prioridades: acercarse a los pobres es dar testimonio de cómo es Dios, tanto o más que en sus momentos de oración. Desde su especial relación con Dios, Jesús vive una profunda confianza y amor por sus hermanos. A ver si le imitamos.

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

EDD. lunes 03 de agosto de 2026.

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (28,1-17):

Al principio del reinado de Sedecías en Judá, el mes quinto, Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente: «Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Rompo el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar todo el ajuar del templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, cogió y se llevó a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos desterrados en Babilonia yo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor–, porque romperé el yugo del rey de Babilonia.»»
El profeta Jeremías respondió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo; el profeta Jeremías dijo: «Amén, así lo haga el Señor. Que el Señor cumpla tu profecía, trayendo de Babilonia a este lugar todo el ajuar del templo y a todos los desterrados. Pero escucha lo que yo te digo a ti y a todo el pueblo: «Los profetas que nos precedieron, a ti y a mi, desde tiempo inmemorial, profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y a reinos dilatados. Cuando un profeta predecía prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor.»»
Entonces Ananías le quitó el yugo del cuello al profeta Jeremías y lo rompió, diciendo en presencia de todo el pueblo: «Así dice el Señor: «Así es como romperé el yugo del rey de Babilonia, que llevan al cuello tantas naciones, antes de dos años.»»
El profeta Jeremías se marchó por su camino. Después que el profeta Ananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino la palabra del Señor a Jeremías: «Ve y dile a Ananías: «Así dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, yo haré un yugo de hierro. Porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Pondré yugo de hierro al cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y se le someterán, y hasta las bestias del campo le entregaré.»»
El profeta Jeremías dijo a Ananías profeta: «Escúchame, Ananías; el Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por eso, así dice el Señor: «Mira: yo te echaré de la superficie de la tierra; este año morirás, porque has predicado rebelión contra el Señor.»»
Y el profeta Ananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,29.43.79.80.95.102

R/. Instrúyeme, Señor, en tus leyes

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad. R/.

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R/.

Vuelvan a mi tus fieles
que hacen caso de tus preceptos. R/.

Sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado. R/.

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos. R/.

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Decimos que Jesús es el Hijo de Dios. Decimos que en sus palabras encontramos la Palabra de Dios. Decimos que, en su forma de comportarse, descubrimos la forma de comportarse de Dios mismo. Pues bien, hoy vemos a Jesús hablando y haciendo y deberíamos de concluir que en lo que habla y en lo que hace descubrimos a Dios mismo, su modo de ser y comportarse con nosotros.

Jesús, es lo primero, siente lástima de la multitud que se encuentra al desembarcar. Lástima es compasión, es corazón abierto, es sentir con los demás. Es no poner en primer lugar sus propios sentimientos y necesidades, sino poner el primer lugar los sentimientos y necesidades del otro. Jesús podía estar cansado del viaje, podía sentirse amenazado por aquel Herodes que acabada de matar al Juan Bautista. Pero todo eso se queda de lado, en segundo plano, cuando ve el gentío y sus necesidades. Jesús siento con ellos, se con-padece. Esto ya nos dice mucho de cómo es Dios.

Pero Jesús no se queda ahí. No se queda en un puro sentir lástima. Actúa y en su modo de actuar nos dice cómo actúa Dios: Jesús cura a los enfermos. Es decir, atiende especialmente a los que sufren y procura aliviarles el sufrimiento y devolverlos a la esperanza, al río de la vida. Porque en aquella época, la enfermedad estaba extrañamente unida a la marginación (recordemos que en la época la enfermedad era signo de pecado…). Este es Dios el que se acerca a los que sufren, les da la mano, les levanta y les integra en la familia humana. No margina sino que incluye.

Y termina Jesús dando de comer. Pero no se trata solo de repartir comida. Es algo más. Porque comer juntos en la familia humana tiene un significado mucho mayor que el de satisfacer meramente la necesidad física de alimentos. Comer juntos es hacer familia, dialogar, encontrarse, reconocer al de enfrente como hermano. Todos comen y quedan satisfechos. Así es Dios, el que quiere ver a sus hijos todos sentados a la misma mesa, compartiendo el pan y la vida.

Pues no hay más que decir. Si queremos seguir a Jesús, lo nuestro es compadecernos, atender a los que sufren y trabajar para que todos, sin excluir a nadie se puedan sentar a la mesa de la fraternidad.

Fernando Torres

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/

Homilía para la Eucaristía del domingo 02 de agosto de 2026.

DOMINGO XVIII. A

Isaías 55,1-3: Un mensaje de salvación, Dios saciará el hambre de su Pueblo gratuitamente.

Romanos 8,35.37-39: Pablo proclama la certeza-seguridad de la esperanza cristiana: nada ni nadie puede hacernos dudar del amor que Cristo nos tiene.

Mateo 14,13-21: Jesús alimenta gratuitamente al pueblo.

1.- Dentro de las necesidades más urgentes, perentorias, que tiene el ser humano están el comer y el beber. Por eso, son el mejor signo de lo que el Señor ofrece a su Pueblo. A un pueblo que está en el exilio careciendo de todo y anhelando todo se le ofrece un banquete gratuito, símbolo de los auténticos valores humanos. Reducir el sentido de la profecía a algo puramente material o sólo a algo espiritual serían dos equivocaciones perniciosas. Este reduccionismo es peligroso y está latente en la humanidad.

Dios quiere nuestro bien, pero un bien integral, que beneficia a la persona humana.

2.- Este bien total que el Señor ofrece no es más que una expresión concreta del exquisito amor que Dios nos tiene en Cristo.

No estamos exentos de la enfermedad, de la persecución, de los problemas. Pero esto no nos puede hacer dudar del amor que Dios nos tiene, que sobrepasa a todos los males. Nunca debemos poner en duda el amor que Dios nos tiene. Yo diría que el amor que Él nos tiene rompe todos nuestros esquemas religiosos-morales. Porque Él nos ama porque Él es bueno y eso basta.

3.- Un peligro que asecha permanentemente en nuestra vida es reducir la salvación ya sea a algo puramente material o a algo  solamente espiritual. Ambas posturas, a mi juicio,  son erróneas. Porque Dios no quiere salvar solamente almas o solamente cuerpos., sino a personas, a seres humanos creados por Él. Y todo ser humano es intrínsecamente valioso y digno de respeto. Sin embargo muchos atropellan a la persona al atropellar su cuerpo o al no respetar su vida interior, sus principios religiosos.

4.- Interesante lo que nos relata el evangelio de hoy. Yo destacaría tres puntos:

Primero, el Señor sintió compasión de la gente. No es la única vez que aparece esto.  En otra parte se dice:” Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”.(Mateo 9,36).  Y en el Antiguo Testamento leemos: “El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos”. (Éxodo 3,7). Es que Jesús es la manifestación del Amor de Dios al mundo.

Segundo, Jesús dice a los discípulos: “Denles de comer ustedes mismos”.

La salvación viene de Dios, pero la iglesia, los discípulos, somos mediadores. El Señor actúa a través de nosotros. Dios se vale de nosotros para hacer el bien, así como a veces el maligno se vale del hombre para hacer el mal.

Tercero, Jesús no parte de cero, sino se vale de cinco panes y dos pescados. Siempre es importante el aporte humano a la acción de Dios. Podemos decir que en la Economía de la salvación el Protagonista siempre es Dios, pero también está el coprotagonista, que es el ser humano.

Tenemos que responder con nuestra fe, con la seguridad de que el Señor nunca nos fallará. Hoy celebramos el Baguete del Reino. Es gratuito y es prenda de nuestra salvación. Celebremos al Señor que salva generosamente.

Hno. Pastor.

EDD. sábado 01 de agosto de 2026

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jeremías (26,11-16.24):

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos.»
Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: «El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído. Pero, ahora, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros. Yo, por mi parte, estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras.»
Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: «Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.»
Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68

R/. Escúchame, Señor, el día de tu favor

Arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí. R/.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.»
El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Lo que más me llama la atención de esta historia de Herodes es que pone al descubierto algo que suele estar escondido, oculto. Es que los que están muy arriba en la escala social viven su situación con mucha inseguridad. Es más. Cuanto más arriba, mayor es la inseguridad.

Herodes es un ejemplo claro de esto. Había hecho matar a Juan Bautista. Estaba seguro de ello. Había visto su cabeza separada del cuerpo en una bandeja. Y, aun así, tenía miedo. Juan Bautista, su vida y sus palabras, seguían presentes en su mente. Hasta el punto de ver fantasmas y terminar pensando que Jesús era Juan Bautista resucitado, que volvía otra vez a amenazarle. Era una amenaza sin armas, pero una amenaza real. Ponía al descubierto lo que él quería mantener oculto: sus abusos continuos de autoridad.

Tiene esta historia un punto contradictorio. Por una parte, Herodes tenía toda la autoridad. Pudo matar sin problemas a Juan Bautista. Pero, por otra parte, hasta muerto Juan Bautista era para Herodes una amenaza a su seguridad. Ni siquiera en su palacio y rodeado de su guardia se sentía seguro.

Podemos aprender algo de esta historia. Es que la inseguridad forma parte de nuestra vida. Por muchos seguros de vida, alarmas, protecciones, guardias, etc. que pongamos a nuestro alrededor, siempre nos sentiremos inseguros.

Nuestra vida es frágil. El cuerpo siempre está amenazado por la enfermedad, que nos puede atacar de miles o cientos de miles de formas diferentes. Hasta el paso de los años nos va volviendo más frágiles.

Nuestras relaciones son frágiles. Hoy podemos confiar en los que nos rodean. Pero, ¿quién puede estar absolutamente seguro de los demás? Hay demasiados casos en los que tiranos y potentados han sido traicionados precisamente por los más cercanos a ellos.

Jesús plantea otro camino, otra posibilidad. No hay más camino para vencer la inseguridad que la fraternidad, la confianza mutua. El camino es renunciar a la violencia, al dominio abusivo. El camino es el del reino. Pero eso le ponía nervioso a Herodes.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy

EDD. viernes 31 de julio de 2026

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Jeremías (26,1-9):
Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor a Jeremías: «Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo y di a todos los ciudadanos de Judá que entran en el templo para adorar, las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola. A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, y me arrepiento del mal que medito hacerles a causa de sus malas acciones. Les dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis, cumpliendo la ley que os di en vuestra presencia, y escuchando las palabras de mis siervos, los profetas, que os enviaba sin cesar (y vosotros no escuchabais), entonces trataré a este templo como al de Silo, a esta ciudad la haré fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra.»
Los profetas, los sacerdotes y el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras, en el templo del Señor. Y, cuando terminó Jeremías de decir cuanto el Señor le había mandado decir al pueblo, lo agarraron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo: «Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo será como el de Silo, y esta ciudad quedará en ruinas, deshabitada?»
Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 68

R/. Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver lo que no he robado? R/.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,54-58):

En aquel tiempo fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?» Y aquello les resultaba escandaloso.
Jesús les dijo: «Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.» Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN

Diría que este relato del Evangelio de hoy nos pone delante de los ojos dos defectos en los que a veces caemos sin darnos cuenta. El primero es la tentación de matar al mensajero. Y el segundo es la envidia.

Vamos con el primero. Son muchas las veces en que, cuando alguien nos dice algo que no nos gusta, en lugar de discutir o debatir lo que dice, en lugar de escuchar sus razones, sus motivos para decir lo que dice, y pensar en ellos y en la posibilidad de que en algunas cosas tenga razón, simplemente le desautorizamos. Con un ejemplo lo vamos a entender de maravilla. Pensemos en el político de un partido que acusa a otro de otro partido de corrupción, de haberse quedado con el dinero para su provecho personal o de haber colocado a sus amigos en buenos puestos con buenos salarios, no pensando en el bien del país sino en el suyo personal. Desgraciadamente, lo más normal es que el político acusado se defienda no negando los hechos sino acusando al otro de ser también un corrupto. Eso es matar al mensajero. Posiblemente a los judíos del pueblo de Jesús no les gustaba lo que Jesús decía del Reino de Dios y los cambios que sus palabras implicaban en la vida de los que le escuchaban. Así que lo más cómodo era matar al mensajero, desautorizarle. De hecho, lo terminaron matando físicamente.

Y luego está la envidia, esa gran pasión o pecado que están presente en tantas ocasiones en nuestros corazones. Cuando vemos al otro que sube u ocupa un puesto de importancia o se hace famoso, entonces la envidia empieza a trabajar. “A ese le conocimos de pequeño”, “no es para tanto”, “es el hijo del carpintero”… La envidia destroza más la fraternidad de lo que nos imaginamos.

En cristiano lo suyo es estar abiertos a la escucha del otro, a sus razones, disponibles para el diálogo y el encuentro. En cristiano lo suyo es alegrarnos sinceramente por el bien del otro y dar gracias a Dios porque el otro es siempre un don para la comunidad, para la fraternidad, para el reino. Si evitamos estas dos tentaciones, seguro que Jesús va a poder hacer en nuestra comunidad o familia el milagro de la fraternidad.

Fernando Torres, cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/evangelio-lecturas-hoy/