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Autor: Patricio Osiadacz

Audiencia general, 8 de agosto de 2018 – Texto completo

Catequesis sobre el primer Mandamiento

(ZENIT – 8 agosto 2018).- “La referencia a Dios nos hace fuertes en la debilidad, en la incertidumbre y también en la precariedad”, ha anunciado el Papa Francisco, en la audiencia general celebrada esta mañana, 8 de agosto de 2018, en el Aula Pablo VI, del Palacio Apostólico Vaticano.

Así, el Santo Padre ha continuado en la audiencia general con la reflexión sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando en la idolatría con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia.

“Cuando se acoge el Dios de Jesucristo –ha expuesto el Pontífice– un hombre rico que se hizo pobre para nosotros, uno descubre que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino que es la condición para abrirse a uno que es verdaderamente fuerte”.

“Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios; y en virtud de su propia insuficiencia, el hombre se abre a la paternidad de Dios”, ha matizado.

A continuación, ofrecemos la traducción de la catequesis del Papa Francisco, pronunciada este miércoles, 8 de agosto de 2018, en la audiencia general.

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos hoy a reflexionar sobre el Decálogo, profundizando en el tema de la idolatría, ya hablamos de esto la semana pasada. Ahora volvemos al tema porque es muy importante conocerlo. Y tomamos de referencia el ídolo por excelencia, el becerro de oro, del cual se habla en el Libro del Éxodo (32, 1-8) – acabamos de escuchar un pasaje. En este episodio hay un contexto preciso: el desierto, donde el pueblo espera a Moisés, que subió a la montaña para recibir las instrucciones de Dios.

¿Cuál es el desierto? Es un lugar donde reinan la precariedad y la inseguridad – en el desierto no hay nada – donde no hay agua, no hay comida y no hay refugio. El desierto es Il deserto es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no tiene garantías inviolables. Esta inseguridad genera en el hombre ansiedades primarias, que Jesús menciona en el Evangelio: “¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Qué nos pondremos?”  (Mt 6,31). Son ansiedades primarias. Y el desierto causa estas ansiedades.

Y en ese desierto sucede algo que desencadena la idolatría. “Moisés tardó en descender de la montaña” (Es 32,1). Se quedó allí 40 días y la gente se impacientó. El punto de referencia, que era Moisés, falta: el líder, el jefe, el guía tranquilizador, y esto se vuelve insostenible. Entonces las personas piden un dios visible – esta es la trampa en la que cae la gente – para poderse identificar y orientar.

Y le dicen a Aron: “Danos un dios que vaya por delante de nosotros!”, “Danos un jefe, danos un líder”. La naturaleza humana, escapar de la precariedad – la precariedad en el desierto – busca una religión “hazlo tú mismo”: si Dios no aparece, nos hacemos un dios a medida. “Ante el ídolo, no hay riesgo de que seamos llamados a abandonar nuestra seguridad, porque ‘los ídolos tienen boca, pero no pueden hablar’ (Sal115,5)”. Entendemos entonces que el ídolo es un pretexto para ubicarse en el centro de la realidad, en la adoración del trabajo de sus propias manos” (Enc. Lumen fidei, 13).

Aaron no puede oponerse a las peticiones de las personas y crea un becerro de oro. El becerro tenía un doble significado en el antiguo Oriente Próximo: por un lado representaba la fertilidad y la abundancia, y por el otro representaba energía y fuerza. Pero, sobre todo, es dorado, por lo que es un símbolo deriqueza, éxito, poder y dinero. Estos son los grandes ídolos: éxito, poder y dinero. ¡Estas son las tentaciones de todos los tiempos! Esto es lo que es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y en su lugar esclavizan. Es atractivo y tú caes. Ese encanto de la serpiente, que mira el pájaro y el pájaro se queda quieto sin poder moverse y la serpiente lo coge. Aaron no sabía como oponerse.

Pero todo se debe a la incapacidad de confiar sobre todo en Dios, de poner nuestra seguridad en Él, para permitirle dar una verdadera profundidad a los deseos de nuestros corazones. Esto nos permite soportar también la debilidad, la incertidumbre y la inseguridad. La referencia a Dios nos hace fuertes en la debilidad, en la incertidumbre y también en la precariedad. Sin la primacía de Dios, uno fácilmente cae en la idolatría y se contenta con garantías mínimas. Pero esta es una tentación que siempre leemos en la Biblia. Y piensen bien esto: liberar el pueblo de Egipto a Dios no costó tanto trabajo; lo hizo con signos de poder, de amor. Pero la gran obra de Dios fue quitar a Egipto del corazón de la gente, es decir, quitar la idolatría del corazón del pueblo. Y, sin embargo, Dios continúa trabajando para eliminarlo de nuestros corazones. Esta es la gran obra de Dios: eliminar “ese Egipto” que llevamos dentro, que es el atractivo de la idolatría.

Cuando se acoge el Dios de Jesucristo, un hombre rico que se hizo pobre para nosotros (cfr 2 Cor 8,9), entonces uno descubre que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino que es la condición para abrirse a uno que es verdaderamente fuerte. Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios (cfr 2 Cor 12,10); y en virtud de su propia insuficiencia, el hombre se abre a la paternidad de Dios. La libertad del hombre surge de dejar que el verdadero Dios sea el único Señor. Y esto nos permite aceptar la propia fragilidad y rechazar los ídolos de nuestro corazón.

Nosotros, los cristianos, volvamos nuestra mirada a Cristo crucificado (cfr Gv 19,37), que es débil, despreciado y despojado de toda posesión. Pero en Él se revela el rostro del Dios verdadero, la gloria del amor y no del engaño brillante. Isaías dice: “Hemos sido sanados por sus heridas” (53,5). Fuimos curados precisamente por la debilidad de un hombre que era Dios, por sus heridas. Y desde nuestras debilidades podemos abrirnos a la salvación de Dios. Nuestra recuperación proviene de Aquel que se hizo pobre, que aceptó el fracaso, quien ha llevado nuestra precariedad hasta el final para llenarla de amor y fortaleza. Él viene a revelarnos la paternidad de Dios; en Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y la fuente de una nueva fuerza desde arriba.

© Traducción de Zenit, Rosa Die Alcolea (Texto original: italiano)

Fuente :  https://es.zenit.org/articles/audiencia-general-8-de-agosto-de-2018-texto-completo/

EDD. miércoles 08 de agosto de 2018

Miércoles de la decimoctava semana del tiempo ordinario

Santo Domingo, presbítero
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Domingo, canónigo español (1171-1221), nació en Careluera (España). Fundó en Tolosa (Francia) la Orden de Predicadores para luchar contra la herejía cátara (o de los Albigenses). Quiso que sus hijos fueran mendicantes y que su enseñanza se alimentara en la contemplación y el estudio, para poder ser útiles a la salvación de los hombres, mediante el ministerio de la Palabra.

Murió en Boloña en 1221 y fue canonizado el 3 de julio de 1234.

Antífona de entrada            Cf. Eclo 15, 5

El Señor lo colmó del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y lo revistió de su gloria, para que anunciara su palabra en medio de la Iglesia.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios nuestro, que Santo Domingo ayude a tu Iglesia con sus méritos y enseñanzas, y que este insigne predicador de la verdad interceda bondadosamente por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Yo te amé con un amor eterno.

Lectura del libro de Jeremías   31, 1-7

En aquel tiempo -oráculo del Señor- Yo seré el Dios de todas las familias de Israel y ellos serán mi Pueblo.

Así habla el Señor:

Halló gracia en el desierto el pueblo que escapó de la espada; Israel camina hacia su descanso.

De lejos se le apareció el Señor:

Yo te amé con un amor eterno, por eso te atraje con fidelidad. De nuevo te edificaré y serás reedificada, virgen de Israel; de nuevo te adornarás con tus tamboriles y saldrás danzando alegremente; de nuevo plantarás viñas sobre los montes de Samaría: los que las planten tendrán los primeros frutos. Porque llega el día en que los vigías gritarán sobre la montaña de Efraím: “¡De pie, subamos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios!”

Porque así habla el Señor: ¡Griten jubilosos por Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse oír, alaben y digan: “¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!”

SALMO RESPONSORIAL    Jer 31, 10-12b. 13

R/. ¡El Señor nos cuidará como un pastor!

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas! Digan: “El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo cuidará como un pastor a su rebaño”.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob, lo redimió de una mano más fuerte que él. Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces la joven danzará alegremente, los jóvenes y los viejos se regocijarán; Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO     Lc 7, 16b

Aleluya.

Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Mujer, ¡qué grande es tu fe!

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   15, 21-28

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada.

Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.

Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.

Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”

Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.

Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”

Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” Y en ese momento su hija quedó sana.

 

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-08-08

 

REFLEXIÓN : 


• Contexto. El pan de los hijos y la gran fe de una mujer cananea es el tema que presenta este pasaje del cap.15 de Mateo, que propone al lector de su evangelio una ulterior profundización de la fe en Cristo. El episodio va precedido de una iniciativa de los escribas y fariseos llagados de Jerusalén, que provocan un encontronazo de poca duración con Jesús, hasta que se alejó con sus discípulos para retirarse a la región de Tiro y de Sidón.
Mientras va de camino, lo alcanza una mujer que viene de lugares paganos. Mateo presenta a esta mujer con el apelativo de “cananea”, el cual aparece en el AT con toda su dureza. En el Deuteronomio, los habitantes de Canaán son considerados una gente llena de pecados por antonomasia, un pueblo malo e idolátrico.
• Dinámica del relato. Mientras Jesús desarrolla su actividad en Galilea y está en camino hacia Toro y Sidón, una mujer se le acerca y empieza a importunarlo con una petición de ayuda a favor de su hija enferma. La mujer se dirige a Jesús con el título de “hijo de David”, un título que suena a extraño en boca de una pagana y que podría encontrar justificación en la extrema necesidad que vive la mujer. Podría pensarse que esta mujer ya cree de algún modo en la persona de Jesús como el salvador final, pero esto se excluye puesto que sólo en el v.28 aparece reconocido su acto de fe, justamente por parte de Jesús. En el diálogo con la mujer, parece que Jesús muestra la misma distancia y desconfianza que había entre el pueblo de Israel y los paganos. Por un lado, Jesús manifiesta a la mujer la prioridad de Israel en acceder a la salvación y, ante la insistente demanda de su interlocutora, Jesús parece tomar distancias, una actitud incomprensible para el lector, pero en la intención de Jesús expresa un alto valor pedagógico. A la súplica primera “Ten piedad de mi, Señor, hijo de David”, no responde Jesús. A la segunda intervención, esta vez por parte de los discípulos que lo invitan a atender a la mujer, sólo expresa un rechazo que subraya aquella secular distancia entre el pueblo elegido y los pueblos paganos (vv.23b-24). Pero a la insistencia del ruego de la mujer que se postra ante Jesús, sigue una respuesta dura y misteriosa: “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (v.26). La mujer va más allá de la dureza de las palabras de Jesús y se acoge a un pequeño signo de esperanza: la mujer reconoce que el plan de Dios que Jesús lleva adelante afecta inicialmente al pueblo elegido y Jesús pide a la mujer el reconocimiento de esta prioridad; la mujer explota esta prioridad con el fin de presentar un motivo fuerte para obtener el milagro: ”También los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (v.27). La mujer ha superado la prueba de la fe: “Mujer, grande es tu fe” (v.28); de hecho, a la humilde insistencia de su fe, Jesús responde con un gesto de salvación.
Este episodio dirige a todo lector del Evangelio una invitación a tener una actitud de “apertura” hacia todos, creyentes o no, es decir, una disponibilidad y acogida sin reserva hacia cualquier hombre.

Fuente :  http://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-mateo-1521-28

Comentario al evangelio de hoy martes 07 de agosto de 2018

Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes. Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: «¡Es un fantasma!» Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: «Tranquilícense y no teman. Soy yo».

Entonces le dijo Pedro: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua». Jesús le contestó: «Ven». Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: «¡Sálvame, Señor!» Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: «Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús, en este Evangelio, me muestras hoy como los discípulos enfrentan vientos contrarios. Veo a los discípulos llenos de miedo. En mi vida diaria Jesús, tantas veces he sentido también vientos contrarios: enfermedades, sufrimientos, personas queridas que se marchan sin más explicación, momentos en los que parece que lo que he construido en tanto tiempo y con tanto esfuerzo, en un instante desaparece dejando profundas heridas en mi corazón… y ¿sabes Jesús? Yo también, como los discípulos, he tenido miedo, me he cuestionado muchas veces si todo valió la pena. A veces en mi dolor, me he dirigido a Ti, unas veces con ira, y otras con lágrimas en los ojos. Unas con gritos, otras con lágrimas silenciosas. Nada te pasó por alto. Viniste a mí. Te vi en medio de la tribulación… pero no te reconocí. Tuve miedo.

Te pregunté dónde estabas, por qué permitías que en mi vida las cosas no salieran como yo quería, te pedí señales, milagros… Solo me miraste, y me llamaste.

Lo intenté, pero sabes que soy débil. Tantas veces traté de ir a tu lado, de confesarte lo que me pasaba, buscando refugio en tu mirada y calor en tus brazos… pero no llegué, me quedé a medio camino… pero aun así, no me abandonaste. Te grité y me tendiste la mano. Jamás me abandonaste.

Gracias Jesús por jamás soltarme, por siempre estar a mi lado sin importar nada. Gracias Jesús. No permitas que me canse de llamarte, incluso cuando todo parezca perdido. Hazme confiar y nunca me dejes. Dame la gracia de jamás dudar de tu presencia en mi vida.

Jesús ha transitado y transita, para ofrecer su presencia y su palabra fecunda, para sacar de las tinieblas y llevarnos a la luz y a la vida. Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, ellas son santuarios de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).

 

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/70494/salvame-senor.html#modal

EDD. martes 07 de agosto de 2018 . –

Martes de la decimoctava semana del tiempo ordinario

San Cayetano, presbítero
Memoria libre 
Color: blanco

Nació en Vicenta el año 1480. Estudió derecho en Padua. Ordenado de sacerdote, fundó en Roma una Congregación de Clérigos Regulares, llamada después “de los Teatinos”, a fin de fomentar el apostolado y la renovación espiritual del clero. Se distinguió por su vida de oración y por la práctica de la caridad. Murió en Nápoles en 1547.

Antífona de entrada Cf. Sal 131, 9

Tus sacerdotes, Señor, se revistan de justicia y tus fieles exulten de alegría.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que concediste a san Cayetano, presbítero, la gracia de imitar la forma de vida de los apóstoles, concédenos, por su ejemplo e intercesión, confiar siempre en ti y buscar incesantemente tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Porque tus pecados eran graves, Yo te hice todo esto. Yo cambiaré la suerte de las carpas de Jacob.

Lectura del libro de Jeremías   30, 1-2. 4. 12-15. 18-22

Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que Yo te he dirigido.

Estas son las palabras que el Señor dirigió a Israel y a Judá:

¡Tu herida es incurable, irremediable tu llaga! Nadie defiende tu causa, no hay remedio para tu herida, tú ya no tienes cura.

Todos tus amantes te han olvidado, no se interesan por ti. Porque Yo te he golpeado como golpea un enemigo, con un castigo cruel, a causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves.

¿Por qué gritas a causa de tu herida, de tu dolor incurable?

A causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves, Yo te hice todo esto.

Así habla el Señor:

Sí, Yo cambiaré la suerte de las carpas de Jacob y tendré compasión de sus moradas; la ciudad será reconstruida sobre sus escombros y el palacio se levantará en su debido lugar. De allí saldrán cantos de alabanza y risas estridentes.

Los multiplicaré y no disminuirán, los glorificaré y no serán menoscabados. Sus hijos serán como en los tiempos antiguos, su comunidad será estable ante mí y Yo castigaré a todos sus opresores. Su jefe será uno de ellos y de en medio de ellos saldrá su soberano. Yo lo haré acercarse, y él avanzará hacia mí, porque si no, ¿quién se atrevería a avanzar hacia mí? -oráculo del Señor-.

Ustedes serán mi Pueblo y Yo seré su Dios.

SALMO RESPONSORIAL    101, 16-21. 29. 22-23

R/. ¡El Señor aparecerá glorioso en Sión!

Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria.

Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: porque Él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti, para proclamar en Sión el Nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO     Jn 1, 49b

Aleluya.

Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel. Aleluya.

EVANGELIO

Mándame ir a tu encuentro sobre el agua.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   14, 22-36

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. “Es un fantasma”, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman”.

Entonces Pedro le respondió: “Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.

“Ven”, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. Enseguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: “Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios”.

Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanados.

 

Fuente :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-08-07

COMENTARIO :

“Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.“Ven”, le dijo Jesús.

En el Evangelio Jesús nos dice como a Pedro, “ven”. Nos dice ten fe en Mí. Confía en tu Dios.

Pedro al ver que era el Señor quien caminaba en el agua, en un primer momento, se sintió seguro y comenzó a dar los primeros pasos. Pero, de forma inesperada dudó, tuvo miedo, no confió en el poder del Señor que lo hacía caminar sobre las aguas y empezó a hundirse: “al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. Le faltó la fe.

A nosotros nos dice también: confía, ten una fe fuerte. Esta es una fe victoriosa, porque la fe del cristiano camina hacia el Señor resucitado, en medio de las tormentas y peligros del mundo” (Francisco, Ángelus, 10-VIII-2014).

Muchas veces nuestra fe frágil se tambalea con las dificultades. Son ellas las que nos piden un sacrificio mayor, pero ese es el momento de renovar nuestra confianza, porque Jesús permanece allí, tendiendo la mano , como cuando sostuvo a Pedro, mientras le decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

Después en cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Es así que el Señor Jesús siempre infunde seguridad y disipa todos nuestros temores, miedos, angustias y desesperaciones.

Para nuestro Dios es más importante el milagro de nuestra fe que el de caminar sobre los mares. Si tenemos fe, no sólo podremos caminar sobre las aguas, sino que seremos capaces de cosas aún mucho más importantes. ¡Con Jesús todo lo podemos!

Bendiciones

Presbítero  Daniel Cirrincione

Fuente : https://santavirgenmaria.com/2016/08/02/explicacion-del-evangelio-2-agosto-2016/

Comentario al evangelio de hoy lunes 06 de agosto de 2018.

Del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de «resucitar de entre los muertos».

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Escuchamos muchas veces hablar de Dios. En las homilías, en ciertas clases…, escuchamos críticas, negaciones, etc… Al final todo esto sale sobrando pues lo que nos interesa de verdad, no es escuchar lo bueno o lo malo, sino que nos interesa conocerlo…,conocer a Dios.

En este camino de conocimiento de Dios hay experiencias que no se pueden explicar pues es algo que cada uno, personalmente, conoce. Hay sentimientos, hay certezas… Experimentamos que hay cosas en las que no se sabe el por qué pero lo que sí se sabe es que vienen de Dios. Al final llegamos a un punto en donde nos surge casi de manera natural: ¡quiero verte!…,¡Quiero ver a Dios!

En la transfiguración, Jesús oye esta petición venida desde el corazón de los apóstoles y decide mostrarse como nadie jamás lo ha visto. Pero ante nuestra petición, ¿qué sucede?

Es verdad que ahora en esta vida nuestra visión de Dios continuará siendo velada, sin embargo, Dios se sigue mostrando, se sigue transfigurando. Lo hace de una manera sutil y sencilla, lo hace en la belleza de la naturaleza, en el rostro del pobre…, lo hace aun en el sufrimiento y en el dolor y, sobre todo, de manera única en la Eucaristía.

Nos hace falta detenernos y estar más pendientes pues no hay que olvidar que es de Él la iniciativa de mostrarse…, antes que la nuestra de buscarle.

Esta esperanza, que la Palabra de Dios reaviva en nosotros, nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte: en efecto, Jesús nos ha mostrado que esta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él. Una característica fundamental del cristiano es el sentido de la espera palpitante del encuentro final con Dios.
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de noviembre de 2017).

Fuente :  http://es.catholic.net/op/articulos/70481/quiero-ver-a-dios.html#modal

EDD. lunes 06 de agosto de 2018

Lunes de la decimoctava semana del tiempo ordinario
La Transfiguración del Señor
Fiesta 
Color: blanco

Todos los años en el segundo domingo de Cuaresma, la Iglesia medita el relato del Evangelio de la Transfiguración de Jesús: en ese tiempo sirve de preparación al triduo Pascual, porque fija nuestra mirada en la muerte y la resurrección del Señor, la luz de la Transfiguración anticipa, de alguna manera, el misterio pascual completo.

La fiesta de hoy retoma ese relato, pero desde la perspectiva pascual y con una proyección escatológica: Jesús es verdaderamente Dios, tal como lo comprendieron los tres testigos privilegiados de la Transfiguración: Pedro, Santiago y Juan.

Antífona de entrada            Cf. Mt 17, 5

En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo, se oyó la voz del Padre: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección, escúchenlo.

Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que en la transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas y prefiguraste admirablemente la perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser coherederos suyos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Su vestidura era blanca como la nieve.

Lectura de la profecía de Daniel 7, 9-10. 13-14

Daniel continuó el relato de sus visiones, diciendo:

Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó.

Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de Él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros.

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; Él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta Él.

Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas.

Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

SALMO RESPONSORIAL 96,1-2. 5-6. 9

R/El Señor reina, altísimo por encima de toda la tierra.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono.

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria.

Porque Tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses.

SEGUNDA LECTURA

Oímos esta voz que venía del cielo.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:

No les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza.

En efecto, Él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con Él en la montaña santa.

Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO MT 17, 5C

Aleluya.

Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo. Aleluya.

EVANGELIO

Éste es mi Hijo muy querido.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9, 2-10

Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.

Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo.

De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.

Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría resucitar de entre los muertos.

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-08-06

 

 

COMENTARIO : 

“Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”.

Jesús sube a una montaña alta, el monte Tabor. Allí encima, Jesús aparece en la gloria ante Pedro, Santiago y Juan. Junto con Jesús aparecen Moisés y Elías.

“El Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9, 22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración, como en el bautismo, resuena la voz del Padre celestial: “Éste es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo” (9, 35).

La presencia de Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas de la antigua Alianza, es sumamente significativa: toda la historia de la Alianza está orientada hacia Él, hacia Cristo, quien realiza un nuevo “éxodo” (9, 31), no hacia la tierra prometida como en tiempos de Moisés, sino hacia el Cielo. ” (Último Ángelus del Papa Benedicto XVI – 26 febrero, 2013).

El evangelio muestra que la Cruz era el camino para la Gloria. No hay otro camino.

Elías y Moisés, las dos mayores autoridades del Antiguo Testamento, conversaban con Jesús. Moisés representa la Ley, Elías, la profecía.

Así queda claro que el Antiguo Testamento, tanto la Ley como los Profetas, enseñaban ya que para el Mesías, el camino de la gloria tenía que pasar por la cruz.

“Por tanto, Jesús escucha la Ley y los profetas que le hablan de su muerte y resurrección. En su diálogo íntimo con el Padre, no se sale de la historia, no huye de la misión para la que vino al mundo, a pesar de que sabe que para llegar a la gloria tendrá que pasar a través de la Cruz.

Es más, Cristo entra más profundamente en esta misión, adhiriendo con todo su ser a la voluntad del Padre, y nos demuestra que la verdadera oración consiste precisamente en unir nuestra voluntad con la de Dios.” (SS. BENEDICTO XVI – domingo, 4 marzo 2007)

A Pedro le gusta y quiere asegurarse ese momento agradable en la Montaña. Se ofrece para construir tres tiendas.

Comenta San Agustín: “[Pedro]… en el monte… tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Por qué habría tenido que descender para regresar a las fatigas y a los dolores, mientras allá arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios que le inspiraban, por tanto, una santa conducta?” (Discurso 78, 3).

La voz del cielo aclaró los hechos. Cuando Jesús es envuelto en la gloria, una voz del cielo dice: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco; escuchadle”.

Los discípulos son introducidos poco a poco en toda la profundidad del misterio de Jesús, el Mesías glorioso, cuyo camino para la gloria pasa por la cruz. La gloria de la Transfiguración lo comprueba. Moisés y Elías lo confirman. El Padre lo garantiza. Jesús lo acepta.

Ante todo lo que estaba aconteciendo, los discípulos quedan con mucho miedo y caen rostro en tierra.

Jesús se aproxima, los toca y dice: “Levántense y no tengan miedo.”

Los discípulos levantan los ojos y ven sólo a Jesús y a nadie más. De aquí en adelante, Jesús es la única revelación de Dios para nosotros. Jesús, y solamente él, es la clave para poder entender la Escritura y la Vida.

La Transfiguración nos recuerda que las alegrías sembradas por Dios en la vida no son puntos de llegada, sino luces que él nos da en la peregrinación terrena, para que “Jesús solo” sea nuestra ley y su Palabra sea el criterio que guíe nuestra existencia.

Jesús pidió a los discípulos que no dijeran nada a nadie hasta que él hubiese resucitado de los muertos.

La Cruz de Jesús es la prueba de que la vida es más fuerte que la muerte. La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene sino caminando con él por el camino de la Cruz.

“Su resurrección ha derrotado para siempre el poder de las tinieblas del mal. Con Cristo resucitado triunfan la verdad y el amor sobre la mentira y el pecado.

En él la luz de Dios ilumina ya definitivamente la vida de los hombres y el camino de la historia. “Yo soy la luz del mundo -afirma en el Evangelio-; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).” (SS. BENEDICTO XVI – Domingo 6 de agosto de 2006).

Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa, para que nuestra existencia quede transformada por la luz de su presencia.

Fuente  :   https://santavirgenmaria.com/2018/02/23/comentario-del-evangelio-san-marcos-92-10-catolico/

Ángelus: Jesús va más allá de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales

Palabras del Papa antes del Ángelus 5 agosto 2018 (Texto completo)

(ZENIT – 5 agosto 2018).-  “Jesús vino a traernos algo más para abrirnos a una nueva existencia, a un horizonte más amplio”, ha dicho el Papa Francisco en el Ángelus que presidió desde la ventana del despacho que da a la Plaza San Pedro este soleado domingo ante 20.000 personas.

Queridos hermanos y hermanas. Buenos días.

En estos últimos domingos la liturgia nos ha mostrado la imagen llena de ternura de Jesús que sale al encuentro de las multitudes y sus necesidades, en el pasaje del evangelio de hoy (Jn 6, 24-35) la perspectiva cambia es la multitud alimentada por Jesús la que va nuevamente en busca de Él, va al encuentro de Jesús. Pero para Jesús no es suficiente que la gente lo busque, Él quiere que la gente lo conozca, quiere que la búsqueda y el encuentro con Él vaya más allá de la satisfacción inmediata de las necesidades materiales.

Jesús vino a traernos algo más para abrir una nueva existencia a un horizonte más amplio que las preocupaciones diarias de nutrición, vestimenta y de la carrera y así sucesivamente.

Por tanto, volviéndose hacia la multitud exclama. Ustedes no me buscan porque han visto señales sino porque han comido de esos panes y se han saciado (v 26). Así Jesús anima a las personas a dar un paso adelante, a preguntarse sobre el significado del milagro, no solo aprovecharse de Él. De hecho, la multiplicación de los panes y los peces es un signo del gran regalo que el padre le ha dado a la humanidad y que es Jesús mismo.

Él es el verdadero “pan de vida” (v 30) que quiere satisfacer no solo a los cuerpos sino también a las almas, dando el alimento espiritual que puede satisfacer el hambre mas profunda. Es por eso por lo que nos invita e invita a las multitudes a procurarse no el alimento que no dura, sino aquel que permanece para la vida eterna (v 27).

Es un alimento que Jesús nos da todos los días: su Palabra, su Cuerpo, su Sangre. La multitud escucha la invitación del Señor, pero no entiende su significado como a menudo nos sucede a nosotros y le preguntan: “¿qué debemos hacer para cumplir con las obras de Dios?” (v 28). Los oyentes de Jesús piensan que Él les pide que cumplan con los preceptos para obtener otros milagros como la multiplicación de los panes.

Es una tentación común, esto de reducir la religión a la práctica de las leyes: proyectando en nuestra relación con Dios la imagen de la relación entre los sirvientes y su amo, los sirvientes deben realizar las tareas que el maestro ha asignado para poder obtener su benevolencia, eso lo sabemos todos. Por eso la gente quiere saber de Jesús que acciones deben hacer para agradar a Dios. Pero Jesús da una respuesta inesperada, esta es la obra de Dios, “creer en el que Él ha enviado” (v 29). Estas palabras están dirigidas hoy, también a nosotros, la obra de Dios no consiste en “hacer” cosas sino en “creer”, en creer en aquel a quien Él ha enviado, o mas bien, la fe en Jesús nos permite hacer las obras de Dios, si nos dejamos envolver en esta relación de amor y confianza con Jesús podremos hacer buenas obras que tengan el perfume del Evangelio, para el bien y las necesidades de los hermanos.

El Señor nos invita a no olvidar que, si bien es necesario preocuparse por el pan material, es aún más importante cultivar nuestra relación con Él, fortalecer nuestra fe en Él que es el Pan de Vida venido para saciar nuestra hambre de verdad, nuestra hambre de justicia, nuestra hambre de amor.

Comentario al evangelio de hoy sábado 04 de agosto de 2018.

Del santo Evangelio según san Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: «Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas».

Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.

Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: «Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Conviene que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3.30) en esta frase se resumen la vida y misión de San Juan Bautista y de san Juan María Vianney a quien celebramos hoy.

Sus vidas de silencio y de humildad, les dieron pie para ir dejando que fuese Cristo quien se encarnase en ellos, pues sabían que el importante era Cristo. Ellos solo buscaban que Cristo resplandeciera en sus vidas.

No buscan ser protagonistas, aún con todo lo que hacen por todas las personas que se acercan a ellos. Su meta es que los demás vean a Cristo, que Él sea el verdadero protagonista en sus vidas y en las de los demás. Ellos son grandes porque dejan que Cristo se hiciera grande en ellos.

Al igual que estos santos, debemos de dejar que Cristo sea el verdadero protagonista en nuestras vidas. No permitamos nada que haga que Cristo pierda el lugar que le corresponde, que se venga a menos. Que todas nuestras acciones sean para dejar que Cristo actúe y se desarrolle en plenitud para llegar a ser lo que verdaderamente Dios quiere para nosotros.

No impidamos que la gracia de Dios nos transforme y nos haga ser unos grandes santos a su imagen y semejanza, pues solo seremos santos en la medida en que dejemos que Cristo crezca en nosotros a lo largo de nuestro día, y de toda nuestra vida.

¿Qué haría Cristo en mi lugar? Esa es la contraseña, esa es la batería para encender nuestro corazón y encender la fe y encender la chispa en los ojos que no se les vaya. Eso es ser protagonistas de la historia. Ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y de alegría. Protagonistas de la historia, porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar; en tantos que son «fomes» y esperan que alguien los invite y los desafíe con algo que valga la pena. Ser protagonistas es hacer lo que hizo Jesús. Allí donde estés, con quien te encuentres y a la hora en que te encuentres: ¿Qué haría Jesús en mi lugar?
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de enero de 2018).

Fuente :  http://es.catholic.net/op/articulos/70477/la-contrasena-para-ser-santos.html#modal

EDD. sábado 04 de agosto de 2018.

Sábado de la decimoséptima semana del tiempo ordinario
San Juan María Vianney, presbítero
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Juan-María Vianney, el “Cura de Ars” (1786-1859), es el modelo típico del pastor de almas, dedicado al anuncio de la Palabra de Dios y al ministerio de la reconciliación, a la oración y a la penitencia. El amor, que en ciertos momentos transfiguraba su rostro, tenía su fuente en la Eucaristía, de la cual era, al mismo tiempo, el celebrante ferviente y el adorador fiel.

Antífona de entrada            Cf. Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres y a sanar a los que se arrepienten de corazón.

ORACIÓN COLECTA

Dios de poder y misericordia, que hiciste admirable al presbítero san Juan María por su entrega pastoral, concédenos, a ejemplo suyo y con su intercesión, que procuremos, con la caridad, llevar hacia Cristo a los hermanos y alcanzar junto con ellos la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes, para decirles todas estas palabras.

Lectura del libro de Jeremías    26, 11-15. 24

Los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: “Jeremías es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes lo han escuchado con sus propios oídos”.

Pero Jeremías dijo a los jefes y a todo el pueblo: “El Señor es el que me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que ustedes han oído. Y ahora, enmienden su conducta y sus acciones, y escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal con que los ha amenazado. En cuanto a mí, hagan conmigo lo que les parezca bueno y justo. Pero sepan que si ustedes me hacen morir, arrojan sangre inocente sobre ustedes mismos, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes para decirles todas estas palabras”.

Ajicám, hijo de Safán, protegió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para ser ejecutado.

SALMO RESPONSORIAL   68, 15-16. 30-31. 33-34

R/. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!

Sácame del lodo para que no me hunda, líbrame de los que me odian y de las aguas profundas; que no me arrastre la corriente, que no me trague el Abismo, que el Pozo no se cierre sobre mí.

Yo soy un pobre desdichado, Dios mío, que tu ayuda me proteja: así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias.

Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor: porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Mt 5, 10

Aleluya.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a informar a Jesús.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo    14,1-12

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: “Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”.

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla”. Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: “Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y ésta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

 

Fuente  :  http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2018-08-04

Catecismo de la Iglesia Católica .

Dar testimonio de la verdad

2471 Ante Pilato, Cristo proclama que había “venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). El cristiano no debe “avergonzarse de dar testimonio del Señor” (2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una “conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” (Hch 24, 16).

2472 El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16):

«Todos […] los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11).

2473 El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 4, 1).

2474 Con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las actas de los Mártires, que constituyen los archivos de la Verdad escritos con letras de sangre:

«No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí morir en Cristo Jesús que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca…» (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 6, 1-2).

«Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires […]. Has cumplido tu promesa, Dios, en quien no cabe la mentira y eres veraz. Por esta gracia y por todo te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por Él, que está contigo y con el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén» (Martyrium Polycarpi, 14, 2-3).

Fuente  :  https://www.deiverbum.org/mt-14_01-12/

Declaración, Decisiones y Compromisos de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile

Conclusiones de la 116ª Asamblea Plenaria Extraordinaria de la CECh. Punta de Tralca, 3 de agosto de 2018.

Fecha: 03/08/2018
Referencia: 89 / 2018
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile

 

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna» (Jn 6,68)

Nos hemos reunido los obispos de la Conferencia Episcopal de Chile y administradores apostólicos en una asamblea plenaria extraordinaria, para abordar la situación que vive la Iglesia Católica en el país, particularmente a raíz de los graves casos de abuso cometidos por personal consagrado.

En estos meses hemos tenido oportunidad de dialogar, primero en las diócesis, luego con los equipos diocesanos del país, y ahora como Conferencia Episcopal, acerca de la Carta del papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, de los nuevos acontecimientos tras nuestro encuentro con el Santo Padre en Roma y de los caminos a seguir en esta hora decisiva en la vida de la Iglesia. Los últimos tres días hemos estado acompañados por los vicarios de Pastoral de las diócesis, por algunos directivos de CONFERRE y congregaciones religiosas, por diáconos, laicas y laicos colaboradores en los servicios nacionales del Episcopado.

Después de este tiempo de escucha, oración y discernimiento, intentando, como señaló el Papa, “poner a Jesús en el centro” y “mirar de frente, asumir y sufrir el conflicto”, queremos reconocer humildemente que hemos fallado a nuestro deber de pastores al no escuchar, creer, atender o acompañar a las víctimas de graves pecados e injusticias cometidas por sacerdotes y religiosos. A veces no reaccionamos a tiempo ante los dolorosos “abusos sexuales, de poder y de autoridad” y, por ello, pedimos perdón en primer lugar a las víctimas y sobrevivientes.

En esta hora queremos expresar también nuestro arrepentimiento ante quienes han acompañado a las víctimas, a sus familias, a quienes han realizado responsablemente esfuerzos por buscar la verdad, la justicia, la reparación y la purificación, y a los cientos de consagrados y laicos que diariamente dan testimonio del amor, la misericordia y la redención de Cristo y que se ven afectados en su ministerio por causa de los errores, pecados y delitos cometidos. En especial, reconocemos que no siempre supimos acoger en todas las instancias eclesiales las orientaciones del Consejo Nacional de Prevención para abordar oportunamente los casos de abuso sexual. Nuestras faltas u omisiones han causado dolor y perplejidad, han afectado la comunión eclesial y han dificultado la conversión y minado la esperanza.

De ningún modo hemos querido causar ni agravar el daño producido, pero, mirado en una perspectiva del tiempo, algunos de nosotros pudimos ser más activos y atentos al dolor sufrido por las víctimas, familiares y la comunidad eclesial.

A partir del discernimiento realizado estos días, queremos dar a conocer las siguientes decisiones y compromisos.

DECISIONES

1. Incluiremos un Anexo a las Líneas Guía “Cuidado y Esperanza”, norma que rige a todas las diócesis del país, relativo a la plena voluntad de colaborar con el Ministerio Público en la entrega de los antecedentes sobre abuso sexual a menores de edad, resguardando los nombres de denunciantes y víctimas que expresamente soliciten reserva de su identidad. El texto de dicho anexo se dará a conocer apenas se formalice el acuerdo de colaboración con la Fiscalía Nacional que trabaja un equipo jurídico en representación de la Conferencia Episcopal de Chile.

2. A contar de esta fecha, daremos a conocer públicamente toda investigación previa sobre presunto abuso sexual de menores de edad realizada en nuestras jurisdicciones. Lo mismo solicitamos a los superiores de congregaciones religiosas.

3. La Conferencia Episcopal de Chile nombra a la abogada Ana María Celis Brunet Presidenta del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas.

4. Se aprueban nuevas atribuciones y competencias al Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas:
a. En adelante dará seguimiento a la implementación de las Líneas Guía “Cuidado y Esperanza” en las diócesis, tanto en la recepción de denuncias, el acompañamiento a víctimas, en las medidas de prevención y la adecuada formación de los agentes pastorales.
b. Recabará información actualizada sobre la cantidad de investigaciones previas y procesos penales en curso en nuestro país.
c. Se crea un Departamento de Prevención de Abusos para ejecutar las orientaciones del Consejo Nacional. Su directora ejecutiva será Pilar Ramírez Rodríguez.
d. Se faculta a dicho Departamento para recibir denuncias sobre abusos conforme la normativa canónica, facultad que no anula ni suprime las instancias propias de las diócesis e institutos de vida consagrada.
e. En el sitio web del Consejo www.iglesia.cl/prevenirabusos se repondrán los nombres de clérigos con sentencias definitivas civiles y canónicas por abuso de menores de edad.

COMPROMISOS

1. Nos comprometemos a incrementar nuestra disponibilidad para encontrarnos personalmente, cada obispo, con víctimas de abusos cometidos por clérigos de nuestras jurisdicciones que estén dispuestas a hacerlo, para acogerles, escucharles y ponernos, junto a nuestros equipos de acogida, a su disposición para todo cuanto ayude a sanar las heridas. Este mismo signo solicitamos a los superiores de institutos de vida consagrada.

2. Considerando que el reconocimiento, la verdad y la justicia son siempre los primeros pasos hacia la reparación, nos comprometemos con la ayuda del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas, a buscar criterios comunes en los procesos de reparación hacia las víctimas de abuso.

3. Nos comprometemos a seguir promoviendo la formación permanente en prevención de abusos de todo el personal consagrado y agentes pastorales de las diócesis, y la acreditación de formadores. Esto mismo estamos solicitando a los institutos de vida consagrada y, particularmente, a los responsables de las instancias educativas de la Iglesia.

4. Nos comprometeremos a elaborar e implementar un protocolo de buen trato que buscará fomentar relaciones basadas en el respeto por la dignidad de la persona, en ambientes parroquiales, comunitarios y educativos, especialmente dirigido a quienes ejercen cargos de autoridad, responsabilidades directivas y a quienes atienden a personas. Asimismo, elaboraremos un código de comportamiento para los ministros ordenados. Ambos instrumentos se darán a conocer en abril de 2019.

5. Acogiendo el llamado del Papa, nos comprometemos a promover intensamente la participación de laicos y laicas en instancias eclesiales generando ambientes de sinceridad, franqueza y crítica constructiva junto a los consagrados, en una experiencia comunitaria como “pueblo de Dios”.

6. Nos comprometemos a hacer una mirada autocrítica de los aspectos estructurales de nuestras diócesis que permitieron la ocurrencia y perpetuación del abuso en la iglesia para que estos hechos nunca más se vuelvan a repetir. En este contexto, impulsaremos la renovación permanente en los consejos y equipos de gestión y conducción pastoral a nivel diocesano y parroquial con especial acento en la participación de la mujer, sobre todo en las instancias de toma de decisiones.

Valoramos la voluntad de estudiar los plazos de prescripción legal de los diversos delitos de abuso sexual de menores contenidos en la legislación estatal, de manera que el paso del tiempo no inhiba la posibilidad de sancionar tales ilícitos y de proceder a los procesos de reparación en sus diversos aspectos.

Sabemos que las decisiones y compromisos a corto y mediano plazo que hoy hemos anunciado, no solucionan, por sí solos, el dramático flagelo del abuso en nuestra Iglesia, y las complejas causas y raíces del mismo.

A cada obispo y superior religioso corresponde enmendar, perfeccionar y dar las adecuadas garantías, respecto de sus jurisdicciones. A todos los bautizados y bautizadas que conformamos el pueblo de Dios nos corresponde ejercer nuestra corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con una actitud adulta y crítica en la construcción del tejido comunitario.

Del mismo modo, las instancias del Estado, judiciales, políticas y sociales, están también llamadas a cumplir, desde cada uno de sus ámbitos, la misión de velar por el cuidado de niños, niñas y adolescentes y de buscar legislaciones más adecuadas para castigar el abuso y promover su prevención. Desde la Iglesia, cuentan con toda nuestra disposición.

Queremos expresar nuestra cercanía a todos los hombres y mujeres laicos, religiosas y religiosos, diáconos y sacerdotes que viven la conmoción por estos graves y contradictorios episodios y, desde el sufrimiento compartido, no han dejado de anunciar su fe en Cristo ni de servir a los demás en la comunión de la Iglesia.

Encomendamos estos propósitos a la Virgen María que, aun con el sufrimiento junto a su Hijo crucificado, supo acompañar a los discípulos y reanimarlos en la esperanza y en la certeza de que Cristo Resucitado es el centro de nuestra vida y la fuente de nuestra misión.

LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

Punta de Tralca, 3 de agosto de 2018.
Fuente  :  http://documentos.iglesia.cl/documento.php?id=4520