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Autor: Patricio Osiadacz

EDD. martes 25 de junio de 2019

Hoy, martes, 25 de junio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis (13,2.5-18):

Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país. 
Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.» 
Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Zear, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor. 
El Señor habló a Abrán, después que Lot se había separado de él: «Desde tu puesto, dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, pasea el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.»
Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 14,2-3a.3bc-4ab.5

R/.
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente 
y practica la justicia, 
el que tiene intenciones leales 
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo 
ni difama al vecino, 
el que considera despreciable al impío 
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura 
ni acepta soborno contra el inocente. 
El que así obra nunca fallará. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

El Evangelio de hoy nos presenta la regla de oro, la síntesis de la Ley y los profetas: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”.  Esta regla está presente en otras religiones y era muy conocida para los judíos: “No hagas a otro lo que a ti no te agrada” (Tobias 4,15). ¿En qué consiste, entonces, la novedad de Jesús?

La diferencia es que antes el cumplimiento de este consejo se hacía simplemente por “no hacer” o evitar el mal hacia los demás. En Jesús, este consejo es una invitación a hacer el bien por los demás de la forma que esperamos recibir los beneficios que las personas pueden hacernos. El amor verdadero se concretiza en el quehacer cotidiano. Por eso, Santo Ignacio decía que “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras”. No basta decir que no hacemos el mal a los demás, como suele ocurrir en algunas confesiones. Esto no es suficiente. Lo que Jesús nos pide es que seamos proactivos, que tengamos control de nuestra conducta de forma creativa, positiva y, sobre todo, activa.  

Y más, al usar esta medida, nuestro relacionamiento estará en conformidad con las enseñanzas de Dios presentes en la Ley y en los profetas. Además, la probabilidad en crear relaciones fraternas aumenta al aplicarla. Esto lo vemos claramente en la primera lectura de hoy. Abrán y Lot se hicieron ricos en rebaño, tierras, oro y plata. Pero la riqueza se hizo un obstáculo en la convivencia de ellos; y empezaron los conflictos. Abrán da pruebas de que no querría conflictos y sugiere la separación para evitar algo peor: “no haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos”. Abrán deja a Lot la elección de la parte de la tierra que quisiese, renunciando a las mejores tierras. Es una actitud a la que no todos estamos dispuestos: renunciar a nuestros intereses egoístas en pro de la fraternidad.

Pidamos al Señor que nos ayude a superar todos los obstáculos que impiden la solidaridad hacia los demás, que nos ayude a ensanchar nuestro corazón con buenas acciones, pues, al fin y al cabo, todos ganamos en hacer el bien.

Vuestro hermano en la fe.
Eguione Nogueira, cmf.
eguionecmf@gmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

La Eucaristía, Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, donados para la salvación del mundo .

Palabras del Papa antes del Ángelus

(ZENIT – 23 junio 2019).- A las 12 del mediodía de hoy, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Santo Padre Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, en Italia y en otros países, celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. El Evangelio nos presenta el episodio del milagro de los panes (cf. Lc 9,11-17) que tiene lugar a orillas del lago de Galilea. Jesús tiene la intención de hablar a miles de personas, llevando a cabo sanaciones. Al anochecer los discípulos se acercan al Señor y le dicen: “Despide a la gente para que vayan a descansar y buscar comida por las aldeas y los campos cercanos porque en este lugar no hay comida” (ver 12). También los discípulos estaban cansados. De hecho, estaban en un lugar aislado y la gente para comprar comida tenían que caminar ir a las aldeas.

Pero Jesús responde: “Ustedes mismos denles de comer” (v. 13). Estas palabras causan asombro a los discípulos, quizás se enojaron y le responden: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente” (ibíd.). En cambio Jesús invita a sus discípulos a hacer una verdadera conversión desde la lógica de “cada uno para sí mismo” a la del compartir, comenzando por lo poco que la Providencia nos pone a nuestra disposición. Y de inmediato muestra que tiene muy claro lo que quiere hacer.

Les dice: “Háganlos sentarse en grupos como de cincuenta, luego toma en sus manos los cinco panes y los dos peces, se dirige al Padre Celestial y pronuncia la oración de bendición. Entonces, comienza a partir los panes, a dividir los peces, y a dárselos a los discípulos, quienes los distribuyeron a la multitud. Y esa comida no termina, hasta que todos están satisfechos.

Este milagro –muy importante, hasta el punto de que lo cuentan todos los evangelistas– manifiesta el poder del Mesías y, al mismo tiempo, su compasión por la gente. Ese gesto prodigioso no sólo permanece como uno de los grandes signos de la vida pública de Jesús, sino que anticipa lo que será después, al final, el memorial de su sacrificio, es decir, la Eucaristía, sacramento de su Cuerpo, y de su Sangre donados para la salvación del mundo.

La Eucaristía es la síntesis de toda la existencia de Jesús, que fue un solo acto de amor al Padre y a sus hermanos. Allí también, como en el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús tomó el pan en sus manos, elevó al Padre la oración de bendición, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; y lo mismo hizo con el cáliz de vino. Pero en ese momento, en la víspera de su Pasión, quiso dejar en ese gesto del Testamento de la nueva y eterna Alianza, memorial perpetuo de su Pascua de la muerte, y
resurrección.

La fiesta del Corpus Christi nos invita cada año a renovar nuestro asombro y la alegría ante este maravilloso don del Señor, que es la Eucaristía. Recibámoslo con gratitud, no de la manera. pasiva, habitual, no tenemos que acostumbrarnos a la Eucaristía y comunicarnos con costumbres, tenemos que renovar verdaderamente nuestro “amén” al Cuerpo de Cristo, cuando el sacerdote nos dice, el Cuerpo de Cristo, nosotros decimos “amén”, nos tiene que venir del corazón, es Jesús que nos ha salvado, es Jesús que viene a darme la fuerza, es Jesús vivo, pero no nos acostumbremos, cada vez como si fuera la Primera Comunión.

Una expresión de la fe eucarística del pueblo santo de Dios, son las procesiones con el Santísimo Sacramento, que en esta solemnidad tiene lugar en todas partes en la Iglesia Católica.

Esta noche, en el barrio romano de Casal Bertone, yo también celebraré la Misa, a la que seguirá la procesión. Invito a todos a participar, incluso espiritualmente, por radio y televisión.

Que la Virgen nos ayude a seguir con fe y amor a Jesús, a quien adoramos en la Eucaristía.

Fuente : https://es.zenit.org/articles/la-eucaristia-es-la-sintesis-de-toda-la-existencia-de-jesus-que-fue-un-solo-acto-de-amor-al-padre-y-a-sus-hermanos/

Comentario al evangelio de hoy lunes 24 de junio de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No, su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello, se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?”. Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este mundo no existe persona alguna que no tenga un nombre. Es algo tan indispensable e importante que jamás encontraremos a alguien sin nombre. Incluso es común que, además del nombre, se den apodos entre grupo de personas que son unidas por una amistad, o que también son dados como algo negativo. Tener un nombre significa ser alguien, formar parte de algo y nos caracteriza de un modo particular. ¿Qué relación tiene esto con el evangelio de hoy?

Vemos como a los ocho días del nacimiento de san Juan Bautista, sus padres le llevan a circuncidar. En este rito hay un momento en el que hay que ponerle un nombre a ese niño, y surge una controversia. Unos querían ponerle como su padre, pero Isabel se opone. Llenos de admiración preguntan al padre, y él confirma que su nombre debe ser Juan y, al hacerlo, recupera el habla. Ante esto crece la admiración y el temor entre la gente. En todo este suceso se esconde un misterio que va más allá del simple hecho de poner un nombre. Dar un nombre a ese niño tiene un significado profundo pues ese nombre fue dado por Dios. Él tenía una misión para ese niño, la de ser esa voz que clama en el desierto, y su nombre debía ser Juan.

Cada uno, cuando niño, también ha recibido un nombre que no eligió, sino que sus padres decidieron darle. De ellos escuchamos pronunciarlo por primera vez y lo hemos escuchado pronunciar gran cantidad de veces por muchas personas, pero ¿alguna vez lo hemos escuchado pronunciar por Dios, hemos dejado que Él nos llame por nuestro nombre? ¿Nos hemos preguntado qué significa para Él mi nombre?, ¿qué piensa cuando pronuncia mi nombre? ¿Nos hemos dejado invadir por su voz?, ¿hemos dejado que sus palabras penetren nuestro corazón? Pongámonos hoy delante de Él, en intimidad, y dejemos que pronuncie nuestro nombre; que sus palabras, al pronunciarlo, llenen todo nuestro ser y nos revelen el amor tan grande que llevan, nos revelen su corazón y su voluntad. Descubramos el asombroso misterio de lo que significa cada uno de nuestros nombres para Dios.

«La página evangélica del día anuncia el nacimiento y luego se detiene en el momento de la imposición del nombre al niño. Isabel elige un nombre extraño a la tradición familiar y dice: “Se llamará Juan”, don gratuito y también inesperado, porque Juan significa “Dios ha hecho la gracia”. Y este niño será heraldo, testigo de la gracia de Dios para los pobres que esperan con humilde fe su salvación. Zacarías confirma de forma inesperada la elección de ese nombre, escribiéndolo en una tablilla —porque estaba mudo— “y al punto se abrió su boca y su lengua y hablaba bendiciendo a Dios”. Todo el evento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un alegre sentido de asombro, de sorpresa, de gratitud. Asombro, sorpresa, gratitud. La gente fue invadida por un santo temor a Dios.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 24 de junio de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72980/juan-es-su-nombre.html#modal

EDD. lunes 24 de junio de 2019.

Hoy, lunes, 24 de junio de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 138,1-3.13-14.15

R/.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, tú me sondeas y me conoces; 
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R/.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,22-26):

En aquellos días, dijo Pablo: «Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. 
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

¡Hermanas y hermanos! ¡Paz y bien!

Juan Bautista, el precursor de Jesús, se encuentra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. A partir de la similitud de las narrativas de la infancia de Jesús y de Juan en el evangelio de Lucas la liturgia celebra el nacimiento de ambos: el de Jesús en el solsticio de invierno y el de Juan en el solsticio de verano.

La fiesta de la Natividad de Juan Bautista nos invita a valorar los pequeños acontecimientos de la vida, como el nacimiento de un niño. Con el nacimiento de Juan nos lleva a contemplar el Dios que, además de hacerse uno de nosotros en Jesús, nos prepara para recibirle como nuestro Salvador. Este es el modo de actuar de Dios en la historia: como un agricultor prepara la tierra para sembrar, Dios fue preparando la humanidad a lo largo de la historia hasta que se manifestó en su Hijo. De igual modo, también prepara nuestro corazón, a través de personas y acontecimientos, para que vayamos poco a poco descubriendo sus huellas en nuestra historia.
Juan Bautista prepara la venida inminente del Hijo de Dios. Aun en el vientre de su madre anuncia, con un salto de alegría, la presencia de Dios hecho niño. Juan intuyó que su quehacer en la vida era preparar la venida del que venía detrás de él. Y para ello vivió y por ello murió. Así fue toda su vida, en estrecha relación con Jesús, señalando a Cristo, diciendo a los hombres dónde, cómo y cuándo podrían encontrarse con el Mesías esperado.

Todos nosotros llevamos, por el bautismo, la misión de Juan: señalar a los demás donde encontrar a Jesús, no solo con palabras, sino con nuestro estilo de vida, con nuestras opciones, con la radicalidad de nuestra fe y la fidelidad al Evangelio. Que la festividad de hoy, celebrando la esperanza que nace con un niño, nos lleve a comprender que Dios elije lo más escondido, lo más frágil, lo más pequeño para preparar su llegada. 

Vuestro hermano en la fe.

Eguione Nogueira, cmf.
eguionecmf@gmail.com

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 22 de junio de 2019.

Hoy, sábado, 22 de junio de 2019

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,1-10):

Toca presumir. Ya sé que no está bien, pero paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, con el cuerpo o sin cuerpo, ¿qué sé yo? Dios lo sabe. Lo cierto es que ese hombre fue arrebatado al paraíso y oyó palabras arcanas, que un hombre no es capaz de repetir. De uno como ése podría presumir; lo que es yo, sólo presumiré de mis debilidades. Y eso que, si quisiera presumir, no diría disparates, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que se hagan una idea de mí sólo por lo que ven y oyen. Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 33,8-9.10-11.12-13

R/.
Gustad y ved qué bueno es el Señor

El ángel del Señor acampa 
en torno a sus fieles y los protege. 
Gustad y ved qué bueno es el Señor, 
dichoso el que se acoge a él. R/.

Todos sus santos, temed al Señor, 
porque nada les falta a los que le temen; 
los ricos empobrecen y pasan hambre, 
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.

Venid, hijos, escuchadme: 
os instruiré en el temor del Señor; 
¿hay alguien que ame la vida 
y desee días de prosperidad? R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,24-34):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

Hace mucho tiempo que los mercados han dejado de ser «de abastos». En realidad, no buscamos en ellos lo que nos basta para vivir hoy sino lo que nos asegura no tener que sufrir nunca carencia alguna. Todo es más caro en estos nuevos mercados; a la postre, el precio es la propia vida. Porque hemos sido creados para la dependencia sencilla y no para la independencia exuberante. La seguridad plena –que, en realidad, no existe– se compra a precio de libertad mermada. Y cuando la libertad sale por la puerta, la vida huye por la ventana.

He aquí por qué nos resultan tan radicales y tan contraculturales los discursos de Jesús y de Pablo que hoy nos ofrece la liturgia. «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad» (2Cor 12,9). «Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura» (Mt ). Ambas son frases de una sabiduría incalculable: la de quien sabe ver lo grande en lo sencillo y lo mucho en lo único. Ningún sabio ha necesitado más cuando realmente lo ha sido. Porque el corazón que se abre sinceramente a Dios termina por vivir sencillamente de su Palabra y por obrar con un ánimo indiviso en favor de su amor. En este sentido, a un corazón tal le basta para entregarse la gracia del Señor, le basta con saber que Dios se cuida de aquellos a quienes ama.

Todos –aun quienes más saciados están y más riqueza acumulan en esta tierra– experimentamos en algún momento el abismo de la existencia. Entonces, cuando nos cercan las preguntas últimas, ¿cuál es nuestro descanso? ¿Cuál nuestra esperanza? ¿Dónde tenemos nuestro abasto? Dejemos que sea el Señor mismo quien nos cuestione. Quizá un día nos descubramos maravillados musitando las palabras de la Santa: Solo Dios basta

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf

Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

Homilía para la Eucaristía del Domingo 23 de junio de 2019.

Un cordial saludo de Paz y Bien a todos.

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO.

Génesis 14,18-20: Entre las figuras de no judíos que fueron instrumentos de Dios está Melquisedec, rey de la Jerusalén pagana. Melquisedec viene siendo figura de Cristo Rey-Mesías.

1Corintios 11,23-26: Pablo transmite una tradición: la que hizo Jesús antes de ser entregado: la Cena Pascual. La que debemos seguir realizando nosotros en su Memoria, para rememorar el sacrificio de Cristo.

Lucas 9,11-17: Jesús multiplica los panes en el contexto de la proclamación del Reino. Y lo significa con la curación de algunos enfermos y la multiplicación de los panes.

1.- El evangelio comienza diciendo que Jesús proclamaba el Reino de Dios. Ya se sabe que todo el mensaje de Jesús gira en torno al Reino de Dios.. Concepto rico y profundo que la Sagrada Escritura lo grafica con diversos ejemplos. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento utilizan la imagen del banquete (cfr. Isaías 25,5-10). Y a Jesús le complacía comer con todos al punto que fue tratado de comilón y bebedor. Es que de esta manera se quiere mostrar lo que es el Reino de Dios: un Banquete, signo de solidaridad, plenitud. Todos los evangelios nos narran el milagro de la multiplicación de los panes, señal del banquete gratuito que trae el Señor para todos. Por otra parte, sabemos que comenzó su ministerio realizando la primera señal en un banquete de bodas. Dios quiere compartir con nosotros, nos invita a entrar en comunión con Él, que es Comunión de Personas. Al traernos el Reino quiere que nosotros también participemos, le ayudemos para que muchos puedan comer, participar de la vida que Él trae. Por eso dice: “Denles de comer ustedes mismos”.

2.- Tarea no fácil es esta, ya que la multitud es grande. Pero con lo poco que aportemos estaremos construyendo el Reino de Dios. “Denles de comer ustedes mismos”, no es tarea de otros, sino nuestra. A nosotros corresponde trabajar para que otros, aceptando el señorío de Dios, puedan superar tantas situaciones de hambre, de injusticia y maldad.

Jesús no sólo se conformó con lo que hizo, sino que nos dejó la Cena pascual, para que así podamos tenerlos siempre presente. Pero esta comida santa está muy entroncada con la vida.

Celebrar la santa Eucaristía supone y exige trabajar por el Reino. No se debe celebrar una Eucaristía en un ambiente de odios, injusticias y dolor, porque Dios no quiere eso. Al contrario, quiere que sembremos amor, un amor concreto. Debemos hacer creíble el misterio del Reino. Y la única manera de hacerlo creíble es haciendo gestos, señales de Reinado de Dios con nuestra vida y nuestras obras.

Celebrar la santa Cena es hacer presente su muerte y resurrección. Él dio su vida por nosotros para salvarnos.

3.- Ya sabemos que el reino de este mundo se opone al Reinado de Dios. Por este motivo en el mundo se dan situaciones de No-Reino: impera el egoísmo, el odio, la violencia, el hambre, la guerra, la destrucción, etc. Donde no reina Dios hay muerte. Por esta razón sigue en pie la orden del Señor: “Denles de comer ustedes mismo”. Miren que la gente está ansiosa de justicia, de amor y paz, tiene hambre de Reino de Dios. Es tentador y fácil para nosotros el conformarnos con misas, comuniones, adoraciones. Esto no basta. Se exige algo más. Fácil creer en la presencia real de Jesús en la hostia consagrada, pero nos cuesta creer en la presencia real de Jesús en los pobres.

4.- Hoy celebramos el CUERPO DE CRISTO. Sí, el Cuerpo de Cristo que nació en Belén, muerto y sepultado; el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cuerpo verdadero de Cristo resucitado; el Cuerpo de Cristo que es la Eucaristía, sacramento de la presencia real de Cristo.

Misterio grande es este. Celebrar el Cuerpo de Cristo es celebrar a la Iglesia, es celebrar este sacramento que nos une y alimenta con el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Celebremos, entonces, este misterio de Comunión, que es  Misterio de Amor.

           Hermano Pastor Salvo Beas.

EDD. viernes 21 de junio de 2019

Viernes de la undécima semana del tiempo ordinario
San Luis Gonzaga, religioso
Memoria obligatoria 
Color: blanco

Luis Gonzaga (1568-1591) nació en el castillo de Castiglione. Educado en la piedad por su madre, desde muy joven mostró su vocación religiosa.

Renunció a sus derechos a favor de su hermano e ingresó en la Compañía de Jesús, donde inició sus estudios de teología. Su vida fue un ejemplo de austeridad y de entrega al servicio de los demás.

Asistiendo a los enfermos durante una epidemia de cólera, murió en Roma a la edad de 23 años.

Antífona de entrada Cf. Sal 23, 4. 3

El que tiene las manos limpias y puro el corazón podrá subir a la montaña del Señor y permanecerá en su recinto sagrado.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios nuestro, autor de todo bien, que has querido unir en san Luis Gonzaga una admirable inocencia de vida y un austero espíritu de penitencia, concédenos, por su intercesión, que si no hemos sabido imitarlo en su vida inocente, lo sigamos en el camino de la penitencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

La victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

Lectura de la primera carta de san Juan   5, 1-5

Queridos hermanos:

El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de Él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

SALMO RESPONSORIAL 15, 1-2a. 5. 7-8. 11

R/. ¡Tú eres mi herencia, Señor!

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡Tú decides mi suerte!

Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Jn 13, 34

Aleluya.

“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo  22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”

Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

Fuente :
http://www.eucaristiadiaria.cl/dia_cal.php?fecha=2019-06-21

REFLEXIÓN  :

• El texto se ilumina. Jesús se encuentra en Jerusalén, precisamente en el Templo, donde se inicia un debate entre él y sus adversarios, sumos sacerdotes y escribas (20,28; 21,15), entre los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (21,23) y entre los sumos sacerdotes y los fariseos (21,45). El punto de controversia del debate es: la identidad de Jesús o del hijo de David, el origen de su identidad, y por tanto, la cuestión acerca del reino de Dios. El evangelista presenta esta trama de debates con una secuencia de controversias de ritmo creciente: el tributo a pagar al Cesar (22,15-22), la resurrección de los muertos (22,23-33), el mandamiento más grande (22,34-40), el mesías, hijo y Señor de David (22,41-46). Los protagonistas de las tres primeras discusiones son exponentes del judaísmo oficial que intentan poner en dificultad a Jesús en cuestiones cruciales. Estas disputas son planteadas a Jesús en calidad de “Maestro” (rabbí), título que manifiesta al lector la comprensión que los interlocutores tienen de Jesús. Pero Jesús aprovecha la ocasión para conducirlos a plantearse una cuestión aún más crucial: la toma de posición definitiva sobre su identidad (22,41-46).
• El mandamiento más grande. Siguiendo los pasos de los saduceos que les han precedido, los fariseos plantean de nuevo a Jesús una de las cuestiones más candentes: el mandamiento más grande. Puesto que los rabinos siempre evidenciaban la multiplicidad de las prescripciones (248 mandamientos), plantean a Jesús la cuestión de cuál es el mandamiento fundamental, aunque los mismos rabinos habían inventado una verdadera casuística para reducirlos lo más posible: David cuenta once (Sal 15,2-5), Isaías 6 seis (Is 33,15), Miqueas tres (Mi 6,8), Amós dos (Am 5,4) y Abacuc sólo uno (Ab 2,4). Pero en la intención de los fariseos, la cuestión va más allá de la pura casuística, pues se trata de la misma existencia de las prescripciones. Jesús, al contestar, ata juntos el amor de Dios y el amor del prójimo, hasta fusionarlos en uno solo, pero sin renunciar a dar la prioridad al primero, al cual subordina estrechamente el segundo. Es más, todas las prescripciones de la ley, llegaban a 613, están en relación con este único mandamiento: toda la ley encuentra su significado y fundamento en el mandamiento del amor. Jesús lleva a cabo un proceso de simplificación de todos los preceptos de la ley: el que pone en práctica el único mandamiento del amor no sólo está en sintonía con la ley, sino también con los profetas (v.40). Sin embargo, la novedad de la respuesta no está tanto en el contenido material como en su realización: el amor a Dios y al prójimo hallan su propio contexto y solidez definitiva en Jesús. Hay que decir que el amor a Dios y al prójimo, mostrado y realizado de cualquier modo en su persona, pone al hombre en una situación de amor ante Dios y ante los demás. El doble único mandamiento, el amor a Dios y al prójimo, se convierte en columnas de soporte, no sólo de las Escrituras, sino también de la vida del cristiano.

Fuente  :  https://ocarm.org/es/content/lectio/lectio-divina-mateo-2234-40

Pentecostés: “En el fuego, Dios da su palabra viva y enérgica” – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles

junio 19, 2019 14:19RedacciónAudiencia General

La audiencia general ha tenido lugar esta mañana en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre ha proseguido la catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles. El pasaje bíblico leído ha sido Lenguas como de fuego (Hechos de los Apóstoles 2, 3).

Después de la catequesis y tras resumir su discurso en diversas lenguas el Papa  ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco:

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Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cincuenta días después de la Pascua, en ese cenáculo que ya es su hogar y donde la presencia de María, madre del Señor, es el elemento de cohesión, los Apóstoles viven un evento que supera sus expectativas. Reunidos en oración – la oración es el “pulmón” que  hace respirar a los discípulos de todos los tiempos; sin oración no se puede ser discípulo de Jesús; sin oración no podemos ser cristianos.

Es el aire, es el pulmón de la vida cristiana – son sorprendidos por la irrupción de Dios. Es una irrupción que no tolera lo cerrado: abre de par en par las puertas a través de la fuerza de un viento que recuerda el ruah, el aliento primordial, y cumple la promesa de la “fuerza” hecha por el Resucitado antes de su despedida (ver Hechos 1,8). De repente, viene desde el cielo, “un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde se encontraban” (Hechos 2,2).

Al viento, después, se agrega el fuego que recuerda a la zarza ardiente y al Sinaí con el don de las diez palabras (ver Ex.19,16-19). En la tradición bíblica, el fuego acompaña a la manifestación de Dios. En el fuego, Dios da su palabra viva y enérgica (ver Hebreos 4:12) que se abre al futuro; el fuego expresa simbólicamente su obra de calentar, iluminar y probar los corazones, su cuidado en probar la resistencia de los trabajos humanos, en purificarlos y revitalizarlos.

Mientras que en el Sinaí se escucha la voz de Dios, en Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, es Pedro quien habla, la roca sobre la cual Cristo ha elegido edificar su Iglesia. Su palabra, débil e incluso capaz de negar al Señor, atravesada por el fuego del Espíritu toma fuerza, se vuelve capaz de atravesar los corazones y moverlos hacia la conversión. En efecto, Dios elige lo que en el mundo es débil para confundir a los fuertes (ver 1 Corintios 1:27).

La Iglesia nace, pues, del fuego del amor y de un “incendio” que se propaga en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado imbuida del Espíritu Santo. La Alianza nueva y definitiva ya no se funda en una ley escrita en tablas de piedra, sino en la acción del Espíritu de Dios que hace nuevas todas las cosas y se graba en corazones de carne.

La palabra de los Apóstoles se impregna del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, diferente que, sin embargo, puede entenderse como si se tradujera simultáneamente en todos los idiomas: de hecho, “cada uno los escuchó hablar en su propia lengua ” (Hechos 2: 6). Es el lenguaje de la verdad y del amor, que es la lengua universal: incluso los analfabetos pueden entenderla. Todos entienden el lenguaje de la verdad y del amor. Si vas con la verdad en el corazón, con la sinceridad, y vas con amor, te entenderán todos. Aunque no puedas hablar, pero con una caricia, que sea verdadera y amable.

El Espíritu Santo no solo se manifiesta a través de una sinfonía de sonidos que une y compone armónicamente las diferencias, sino que se presenta como el director de orquesta que interpreta la partitura de las alabanzas de las “grandes obras” de Dios. El Espíritu Santo es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación que sabe eliminar las barreras entre los judíos y los griegos, entre los esclavos y los libres, para formar un solo cuerpo. Él edifica  la comunidad de los creyentes armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de los miembros. Hace que la Iglesia crezca  ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo.

La maravilla es muy grande, y algunos se preguntan si aquellos hombres están borrachos. Entonces, Pedro interviene en nombre de todos los apóstoles y relee ese evento a la luz de Joel, 3, donde se anuncia un nuevo derramamiento del Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús no están borrachos, sino que viven lo que San Ambrosio llama “la sobria ebriedad del Espíritu”, que enciende entre el pueblo de Dios la profecía a través de sueños y visiones. Este don profético no está reservado solo a algunos, sino a todos aquellos que invocan el nombre del Señor.

A partir de entonces, desde aquel momento, el Espíritu de Dios mueve los corazones para recibir la salvación que pasa por una persona, Jesucristo, aquel a quien los hombres clavaron en el madero de la cruz y a quien Dios resucitó de entre los muertos “librándolo de los dolores de la muerte” (Hechos 2, 24). Es Él quien derramó ese Espíritu que orquesta la polifonía de alabanza y que todos pueden escuchar. Como decía Benedicto XVI, “Pentecostés es esto: Jesús, y mediante él Dios mismo, viene a nosotros y nos atrae dentro de sí”. (Homilía, 3 de junio de 2006). El Espíritu actúa la atracción divina: Dios nos seduce con su Amor y así nos involucra para mover la historia e iniciar procesos a través de los cuales se filtra la vida nueva. En efecto, solo el Espíritu de Dios tiene el poder de humanizar y fraternizar todo contexto, a partir de aquellos que lo reciben.

Pidámosle al Señor que nos permita experimentar un nuevo Pentecostés, que ensanche nuestros corazones y armonice nuestros sentimientos con los de Cristo, de modo que anunciemos sin vergüenza alguna su palabra transformadora y seamos testigos del poder del amor que devuelve la vida a todo lo que encuentra.

© Librería Editorial Vaticano

Fuente : https://es.zenit.org/articles/pentecostes-en-el-fuego-dios-da-su-palabra-viva-y-energica-catequesis-completa/

Comentario al evangelio de hoy jueves 20 de junio de 2019.

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 11-17

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos. Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Eran como cinco mil varones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, para que ellos los distribuyeran entre la gente.

Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El día de hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y agradecemos el don inmenso que nos hizo al quedarse con nosotros en la Eucaristía. A partir de la última cena, Jesús decidió hacerse presente en la vida de quien creyese en Él de una nueva manera, a través del pan y del vino.

Cristo nos ve necesitados de fortaleza para poder mantenernos fieles a su Palabra; nos ve necesitados de su amor y de su misericordia y, por eso, decide hacer algo al respecto: quedarse con nosotros. Jesús ve las necesidades de los demás y no se queda con los brazos cruzados: sale al encuentro, acoge, ayuda. Todo esto lo hace para enseñarnos cómo nosotros, cristianos, debemos actuar ante las necesidades de los demás.

«Denles ustedes de comer», estas palabras se pronunciaron hace cerca de dos mil años y todavía hoy deben resonar en el corazón de todo cristiano. No debemos contemplar el dolor ajeno y mirar hacia otro lado esperando que alguien más venga y ayude. Dios nos pone en el lugar indicado, en el momento indicado, para que con nuestras cualidades y defectos podamos extender la mano y levantar a quien lo necesita.

«La fiesta del Corpus Domini es un misterio de atracción y de transformación en Él. Y es escuela de amor concreto, paciente y sacrificado, como Jesús en la cruz. Nos enseña a ser más acogedores y disponibles con quienes están en búsqueda de comprensión, ayuda, aliento y están marginados y solos. La presencia de Jesús vivo en la eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. Expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento, que en la solemnidad de hoy se llevan a cabo en muchos países.»
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de junio de 2018).

Fuente : http://es.catholic.net/op/articulos/72976/denles-ustedes-de-comer.html#modal

EDD. jueves 20 de junio de 2019

Hoy, jueves, 20 de junio de 2019

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,1-11):

Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleráis. Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen intacta. Pero me temo que, igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo. Se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que yo predico, os propone un espíritu diferente del que recibisteis, y un Evangelio diferente del que aceptasteis, y lo toleráis tan tranquilos. ¿En qué soy yo menos que esos superapóstoles? En el hablar soy inculto, de acuerdo; pero en el saber no, como os lo he demostrado siempre y en todo. ¿Hice mal en abajarme para elevaros a vosotros? Lo digo porque os anuncié de balde el Evangelio de Dios. Para estar a vuestro servicio, tuve que saquear a otras Iglesias, aceptando un subsidio; mientras estuve con vosotros, aunque pasara necesidad, no me aproveché de nadie; los hermanos que llegaron de Macedonia proveyeron a mis necesidades. Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Lo digo con la verdad de Cristo que poseo; nadie en toda Acaya me quitará esta honra. ¿Por qué?, ¿porque no os quiero? Bien lo sabe Dios.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 110,1-2.3-4.7-8

R/.
Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor

Doy gracias al Señor de todo corazón, 
en compañía de los rectos, en la asamblea. 
Grandes son las obras del Señor, 
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Esplendor y belleza son su obra, 
su generosidad dura por siempre; 
ha hecho maravillas memorables, 
el Señor es piadoso y clemente. R/.

Justicia y verdad son las obras de sus manos, 
todos sus preceptos merecen confianza: 
son estables para siempre jamás, 
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.» Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

A medida que avanza en su segunda misiva a la comunidad de Corinto, Pablo va dejando ver su decepción. Es la decepción de quien se ha desvivido por dar a conocer su mayor tesoro –el nombre de Jesús– y percibe a su alrededor la futilidad de su palabra ante otros discursos y el poco aprecio que despierta su sacrificio personal. Ambos sinsabores forman parte de la vida del discípulo misionero que, más o menos torpemente, trata de mostrar con sus labios y con sus manos la belleza, la verdad y la bondad insuperables del Evangelio. ¿Quién no ha experimentado en algún momento la tristeza de que Dios no sea conocido? ¿Quién no ha sentido con pena la abrumadora superficialidad con que muchas veces se afronta la existencia? ¿Quién no ha percibido una sonrisa condescendiente ante el ejemplo mayúsculo de tantos cristianos entregados?

La decepción, amén de ser muy común entre los hombres, no es del todo ajena a la dinámica de la fe. Cuando aparece, indica la importancia que tiene para nosotros aquello que vivimos como llamada última o como respuesta primera al amor de Dios. Sin embargo, la decepción nunca representa el estadio final de la vida creyente y apostólica. Podemos pasar por la decepción pero no terminar en ella. Si Dios no mira el mundo desde el desengaño, ¿quiénes somos nosotros para enrocarnos en la desilusión? Más bien, habremos de tomar los sentimientos que genera la misión y llevarlos al lugar donde Cristo los puso: en la cima del Calvario, junto al Padre. Es desde esa entrega postrera desde donde Dios nos mira. Y en ella nos escucha cuando elevamos el corazón con confianza, aun a través de llantos y quejidos. Por eso es tan importante contemplar a Jesús para entrar en su oración. No con las muchas palabras, sino con el mucho amor.

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf


Fuente  :  https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy