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Autor: Patricio Osiadacz

Homilía para la Eucaristía del domingo 07 de febrero de 2021.

Hermanos, el incendio de la iglesia de Boroa no nos debe desanimar, sino luchar por la paz y el bien en la araucanía. 

DOMINGO QUINTO DEL AÑO. 

Job 7,1-4.6-7: Job habla desde la cátedra del dolor. Compara la vida a un servicio, pero a un servicio pesado, de esclavo. Es una vida de desencanto, en la que el hombre es presa de la inquietud hasta la aurora. 

1Corintios 9,16-19.22-23: Pablo se siente empujado a proclamar la Buena Nueva como un esclavo a realizar lo que le manda su amo. Él es esclavo de Cristo, el Señor, debe cumplir con su deber: evangelizar. 

Marcos 1, 29-39: Jesús es presentado como Salvador, el que libera de las ataduras que esclavizan al ser humano. Su presencia es irrupción de la vida de Dios, que libera de todo mal. 

1.- El Evangelio, como lo  indica su nombre, es Buena Noticia, Y Jesús es presentado como Buena Noticia, por eso, es presentado sanando, liberando de todo mal. Dice Marcos que Jesús “levantó” a la suegra de Pedro. Utiliza el evangelista el mismo verbo (levantar) para hablar de la resurrección. Pues a eso viene el Señor, a levantar. ¿A quién? Al postrado, al caído, al bajoneado y depresivo. Y esto es solamente una señal de su misión: traer la salvación a todos. 

Ya el domingo pasado el evangelio nos mostraba a Jesús que habla y enseña con autoridad. Y en el evangelio de hoy esta autoridad se manifiesta sanando a muchos que sufrían diversos males. Esto significa el triunfo de Jesús sobre el mal y la instauración del Reinado de Dios. 

Job es el retrato del hombre sumido en el dolor, en el fracaso. En la época de Job no era clara la fe en la resurrección, pero sí se muestra la tremenda confianza que él tiene en Dios, que le puede sacar de la situación en que se encuentra. La vida de Job es dura, amarga, pesada, es como el servicio del esclavo, que lo único que anhela es que llegue pronto la liberación, como el enfermo desvelado que espera la aurora. ¿Acaso no sucede esto con muchísima gente? 

2.- Pablo tiene una misión: evangelizar, proclamar la Buena Noticia de la salvación. Misión que debe cumplir a toda costa. Si para Job la vida que lleva es una carga pesada, para Pablo evangelizar también es una carga, una tarea que debe realizar.  Y no sólo Pablo, sino todos debemos ser portadores de la Buena Noticia de la salvación. Dios quiere salvar, no quiere que el hombre viva postrado, aplastado por el sufrimiento, porque Él nos quiere libres, plenos. Y pienso que una señal positiva de todo esto es la campaña que ya se ha comenzado de la vacunación. Dios salva, pero no por arte de magia. Siempre se ha valido de mediaciones; y la mejor de estas mediaciones es Jesucristo, el Salvador. Él sigue actuando entre nosotros. 

3. Pero surge un problema. ¿Cómo proclamar hoy la verdad de Jesucristo salvador, que libera, que sana? ¿Cómo hacer creíble esta verdad en un mundo dominado por la ciencia y la técnica? Porque hoy todo se resuelve con la ciencia. Lo que no resuelve la ciencia simplemente no existe, Dios no existe, la religión es algo superado. Hoy se prescinde de Dios. Esta es una cara del problema, ya que también hay creyente que están en la vereda del frente: no a la ciencia, basta la fe en Dios. Entonces se rechaza lo que ofrece la ciencia, muchos rechazan la vacuna; dicen: Dios es mi médico. 

Ambas posturas son erróneas. Hoy se exige del creyente una Fe madura, sólida, con la que podemos y debemos enfrentar el mal en todas sus formas. Creer en Jesús, el que salva, no significa cerrarse a los adelantos científicos. 

4.- Celebramos nuestra Fe en Jesús el salvador, de ese Jesús que con la fuerza de su Palabra y con el Espíritu de Dios, dominó la enfermedad y la muerte. Él viene a conjurar todas las fiebres de la humanidad, esas fiebres de poder, de placer, de dominio. Fiebres que echan a perder la obra de Dios. Él hoy nos toma de la mano y nos levanta, nos pone de pie.  

Aunque nos veamos acosados por tanto mal nosotros proclamamos nuestra fe en Jesús, el Salvador. Y esto nos debe animar y salir a proclamar esta buena nueva de Jesús. Con fe podemos seguir luchando; vanos a superar la pandemia, porque el Señor es quien obra a través de la ciencia. Por eso damos gracias, porque como dice el salmo: “Él sana a los afligidos”. 

Hermano Pastor Salvo Beas. 

EDD. jueves 04 de febrero de 2021.

Hoy, jueves, 4 de febrero de 2021

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (12,18-19.21-24):

Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: «Estoy temblando de miedo.» Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 47

R/.
Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.

El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar. R/.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre. R/.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,7-13):

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos Hermanos,

Las antiguas iglesias, con su cementerio al lado o dentro del mismo edificio y con un retablo bien cargado de imágenes de santos, intentaban poner de manifiesto la presencia conjunta de toda la comunidad creyente: allí yacía la generación anterior, que había transmitido la fe a la generación presente, que celebraba la liturgia; y los santos le señalaban destino gloriosos que los esperaba, destino que muchos antepasados ya habían alcanzado. 

“Reconoce, oh cristiano, tu dignidad”, escribió San León Magno en el siglo V.  Y hoy la carta a los Hebreos nos invita a ser conscientes del ámbito privilegiado en que la vida de fe nos ha situado. Estamos en la compañía de Dios y de sus ángeles y somos los “conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Ef 2,19). El mundo de lo divino no es para nosotros aterrador, como lo era para el judaísmo primitivo (“nadie puede verme y continuar con vida”, decía Yahvé a Moisés [Ex 33,20]), porque la sangre de Jesús nos ha hecho ciudadanos del cielo y domésticos de Dios. Es un proceso iniciado en el bautismo y en el que estamos llamados a avanzar, “entremos más adentro en la espesura” (S. Juan de la Cruz).

A nivel histórico eso se tradujo en la familiaridad de Jesús con sus seguidores, con los cuales compartió la propia misión: “Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros” (Jn 20,21). Lo llamativo de la misión es la menesterosidad, la falta de atuendo y de recursos. Incluso en la versión de Marcos, donde algunos preceptos se atenúan; en la Mateo y Lucas (“fuente Q”), más radical, se prohíbe a los misioneros incluso el bastón y las sandalias. Marcos, con gran realismo, cayó en la cuenta de que los largos viajes misioneros de la Iglesia naciente exigían unos mínimos de apoyo en el caminar protección para los pies. Por lo demás, quizá Marcos sabía que en la tradición profética el bastón era signo de autoridad, de la que los enviados de Jesús van investidos.

En todo caso, el desprendimiento de los evangelizadores debe ser total: sin pan ni alforjas ni monedas. La intención es clara: no deben prestarse a confusión con los pseudo-misioneros de diversas religiones que abundaban por entonces, con frecuencia meros embaucadores, que, llegados a una población, proclamaban un mensaje religioso o filosófico y seguidamente pasaban la bolsa para recoger la recompensa. Jesús dirá a los suyos: “gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,8). Una Iglesia pobre y desprendida es una Iglesia creíble, han venido diciendo casi machaconamente los últimos Papas. Cuando hay intereses, la palabra se hace sospechosa. Ya Sócrates, acusado de corromper a la juventud ateniense, en su apología dijo a los jueces: “tengo un testimonio irrefutable de mi veracidad: que soy pobre”.

El texto evangélico ofrece todavía más indicaciones sobre la misión. Esta debe ir acompañada del testimonio. Del Dios providente solo es testigo quien no lleve ropas de lujo o de repuesto, y del Dios de la paz y la unidad quien vaya inerme y en comunidad: “de dos en dos”. Por lo demás, toda la comunidad creyente debe comprometerse con la misión, alojando en sus casas a los misioneros y proveyéndolos de lo necesario; en Mt 10,41s se promete recompensa a quien simplemente les ofrezca un vaso de agua. Los misioneros llevan adelante el estilo de Jesús itinerante.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf  

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. miércoles 03 de febrero de 2021

Hoy, miércoles, 3 de febrero de 2021

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (12,4-7.11-15):

HERMANOS:
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión;
porque el Señor reprende a los que ama
y castiga a sus hijos preferidos».
Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.
Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.
Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.
Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 102,1-2.13-14.17-18a

R/.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos

V/. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

V/. Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

V/. La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6):

EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

La carta a los Hebreos parece dirigida a una comunidad que pasa por tribulaciones; no nos es dado saber dónde está esa Iglesia, cuáles son sus proporciones, cuál la causa de su sufrimiento, etc. Probablemente se trate de una Iglesia perseguida, como tantas otras a lo largo de la historia, y que quizá se pregunta por qué Dios la abandona a ese dolor o humillación.

Es difícil describir la relación de Dios con el sufrimiento humano; es un misterio. Pero de lo que no hay duda es de que hay diversas formas de afrontar el dolor: con fortaleza y gallardía que lo cualifican, o con derrotismo y desánimo, que lo convierten en deshumanizador. Por eso una misma experiencia puede hacer crecer a una persona, en lo humano y en la fe, y hundir a otra en el abismo del sinsentido. El autor de Hebreos sabe que Dios quiere “amigos fuertes” (Sta. Teresa), y que, sin excepción, todo cristiano es seguidor de un crucificado que por la cruz ascendió a la gloria.

El evangelio nos describe una escena muy presente en la mente de toda la Iglesia primitiva, que luego cada evangelista redactó con matices distintos. En Marcos aparece Jesús como de sopetón hablando a sus compaisanos, a quienes deja admirados. Lucas prepara mejor el discurso: el arquisinagogo invita a Jesús a hacer la lectura, éste la toma del profeta Isaías y seguidamente la comenta… Es uno de los pasajes evangélicos que nos informan de que Jesús sabía leer, cosa rara en aquella sociedad y que por lo general requería un cierto nivel económico para poder pagarse un maestro (quizá la presentación corriente de la familia de Jesús como muy pobre deba ser revisada. El hecho de que él no tuviese donde reclinar la cabeza [Lc 9,58] no responde a una miseria forzada, sino a una opción personal “contracultural”, que invita a otros a ser libres).

Muchos de los asistentes a la sinagoga no debían de tener información sobre la alfabetización de Jesús (Jn 7,15: “¿Cómo es que entiende de letras sin haber estudiado?”), y mucho menos sobre su preparación para explicar la Escritura; no había sido discípulo de un escriba, sino de un profeta, Juan el Bautista, quien, seguramente, le acrecentó la pasión por la causa de Dios y quizá también recursos oratorios. El hecho es que Jesús causa a la vez admiración y rechazo. No es sin más el orgullo de su aldea; por el contrario, le descalifican (según Lc 4,29,  intentan despeñarle).

Aquí Jesús comienza a correr la suerte típica del profeta. Buscan la forma de acallarlo, pues el profeta no suele dejar tranquilos a sus oyentes: hace despertar, combate rutinas, incomoda, corrige y reprocha… Se buscan la forma de desautorizarlo, en el caso de Jesús mediante la familia; ¿cómo va a ser profeta procediendo de una casa tan normal? Era quizá el único recurso que tuvieron al alcance, dada la vida irreprochable de Jesús.             Nos puede suceder a diario. Hace unas semanas preguntaba yo acerca de una persona concreta, llena de cualidades y de conducta enteramente edificante, por qué no siempre gozó del reconocimiento que habría sido de esperar. El interrogado me respondió sabiamente: quizá haya que contar con la posibilidad de envidia ante sus cualidades; por otro lado, una vida tan íntegra, ¿era soportable a los mediocres? Frente al reproche se busca defensa: “Lo que en el intachable era gracia, a otros quizá les resultaba amenaza”.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. martes 02 de febrero de 2021.

Hoy, martes, 2 de febrero de 2021

Primera lectura

Lectura del libro de Malaquías (3,1-4):

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 23

R/.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R/.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R/.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (2,14-18):

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios

Evangelio de hoy

Evangelio según san Lucas (2,22-40), del martes, 2 de febrero de 2021

2K+GuardarLectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-40):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos,

La fiesta de hoy ha sufrido un giro en la época posconciliar: de ser entendida como celebración mariana ha pasado a ser Fiesta del Señor, y, de un origen o fundamento  biológico (purificación puerperal, 40 días desde el nacimiento de Jesús), se ha convertido en la gran fiesta de la fe, la consagración del creyente a Dios, haciendo memoria de la ofrenda de sí mismo que Jesús hace al Padre. Es día de rememorar que, por la fe y el bautismo, nuestras vidas están consagradas al Señor. Los religiosos y religiosas de todo tipo, monjes y monjas, frailes, hermanas, vírgenes consagradas… celebran hoy una fiesta especial; se les llama “los consagrados”. Pero eso no debiera llevarnos a olvidar que todos somos consagrados, seguidores de Jesús el consagrado a las cosas del Padre, y que una importante función eclesial de esos consagrados es recordarnos que todos los creyentes gozamos de esa condición.

La carta a los Romanos emplea dos veces la rara expresión “obediencia de la fe” (1,5; 16,26), que tal vez signifique “la fe que se traduce en obediencia”, es decir una vida puesta en las manos del Padre. Pues bien, eso lo contemplamos dirigiendo hoy la mirada a Jesús, el “presentado al Señor”, el “consagrado al Señor”. Dos textos del NT, uno muy primitivo y otro más tardío, designan a Jesús justamente como “el obediente”; el primer texto, el antiquísimo cántico litúrgico que San Pablo incluyó en la carta a los Filipenses, afirma que Jesús, que existía en forma de Dios, se encarnó y pasó por uno de tantos, y “se hizo obediente hasta la muerte” (Flp 2,8). El otro texto, de la carta a los Hebreos, afirma que Jesús, al entrar en el mundo, oró así: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,9). Jesús tomaría esa oración del Salmo 39,8, cuyo versículo siguiente recalca: «Lo quiero y llevo tu Ley en mis entrañas”. El primer consagrado va delante…

Junto con este mensaje de entrega generosa, los textos nos hablan ciertamente de “purificación”, no tanto la de la madre de Jesús cuanto la de todo el pueblo creyente. Jesús, el insuperable mensajero de Dios, es el que, según Malaquías, entra hoy en el santuario y nos refina y lava, como hace el fuego con el metal y la lejía con los tejidos; nos capacita para que celebremos un culto digno. Quizá en nosotros hay mucho pseudo-Israel que debe caer y mucho Israel auténtico que debe levantarse, ser potenciado. Se nos  invita a “someternos a un juicio”, para liberarnos del posible oropel que pueda estar empobreciendo la imagen de oro rico en quilates que Dios ha programado para nosotros.

Y no olvidemos el gozo de los dos viejecitos: Simeón y Ana, con que concluye la lectura evangélica. Ellos nos recuerdan nuestras raíces, nuestra comunión y continuidad con el antiguo Israel. Están jubilosos porque ven como sus esperanzas comienzan a cumplirse. Y lo pregonan. Como ellos, somos llamados a vivir con júbilo nuestra experiencia religiosa, nuestra consagración a imagen de la de Jesús, la dicha por lo que ven nuestros ojos y oyen nuestros oídos, y a ser pregoneros de ello como Ana hablaba del niño a todos los que reconocían la necesidad de redención.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. lunes 01 de febrero de 2021.

Hoy, lunes, 1 de febrero de 2021

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,32-40):

HERMANOS:
¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; estos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos.
Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados —el mundo no era digno de ellos—, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.
Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 30,20.21.22.23.24

R/.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en en Señor

V/. Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para los que te temen,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

V/. En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R/.

V/. Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada. R/.

V/. Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba. R/.

V/. Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios los paga con creces. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,1-20):

EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo?
Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:
«Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Y le preguntó:
«Cómo te llamas?».
Él respondió:
«Me llamo Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos hermanos:

En lenguaje hiperbólico, muy propio de los orientales, decía Jesús que la fe mueve montañas (Mt 17,20). Más allá de la hipérbole, conocemos la fuerza espiritual y moral que la fe ha infundido en tantos creyentes; las biografías de mártires, de antaño y de hogaño, algunos quizá de nuestros días, nos muestran lo casi inimaginable. El autor de la carta a los Hebreos, en su lenguaje tan académico y pulido, nos habla de los mártires del judaísmo, profetas perseguidos, etc., a los cuales la fe en el Dios de la alianza y la esperanza en la tierra prometida les dieron aguante frente a persecuciones, rechazos, lapidaciones, torturas…

Ese autor, para nosotros desconocido, se dirige a una comunidad atribulada, a la cual quiere infundir ánimo mediante el ejemplo de predecesores. Y lo hace con una argumentación rigurosa (la carta a los Hebreos es el escrito más culto del NT, en un estilo a veces algo árido, como de conferencia de universidad): aquellos no tenían todo el tesoro de fe que tenemos nosotros, sino que estaban en camino hacia él. Es el pensamiento que expresa Jesús en la conocida felicitación a los suyos: “dichosos vuestros ojos por lo que ven y vuestros oídos por lo que oyen; muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y oír lo que oís” (Mt 13,16). A estos “justos” del pasado se refiere el autor de Hebreos, diciendo de paso a sus contemporáneos: si ellos, con una fe todavía imperfectas, fueron capaces de tales heroísmos, ¿qué no se podrá esperar de vosotros, a quienes se ha dado a conocer el misterio del Reino de Dios? (cf. Mc 4,11).

Frente a un estilo tan académico tenemos la narración popular del evangelio, llena de detalles pintorescos. Es posible que algunos de ellos se encontrasen ya en historietas judías, y que la tradición evangélica se haya servido de ellos para presentar con más viveza el poder sanador de Jesús. Ante todo debemos notar que Jesús “sale” –quizá la única vez- del suelo judío; se va al territorio pagano (una “Iglesia en salida” quiere el papa Francisco) y se encuentra allí con mucha miseria humana: un enfermo mental violento y masoquista que vive en la muerte. Pero Jesús ha venido a recuperar lo perdido, y ahora tiene una gran oportunidad. Según la mentalidad judía, las enfermedades eran causadas por demonios, y el lugar adecuado para estos es el cuerpo “impuro” de los cerdos. De paso el evangelista deja claro que el poder del mal (“el espíritu inmundo”) siente temor ante el poder superior de Jesús: se encoge y le pide que no le atormente. No son poderes equiparables.

El mensaje de conjunto es que la cercanía a Jesús sana y pacifica y que el sanado por Él se convierte en un heraldo del poder de Dios. El hombre deja de estar atormentado, y hasta desea irse con Jesús, ser su seguidor. Pero Jesús quiere de él otra forma de adhesión, no menos digna que la de los seguidores itinerantes: será un evangelizador de la propia casa, de la propia familia. Para el evangelista esto tiene un sentido muy especial: ha comenzado la misión universal, también en un país pagano, en la Decápolis, hay que anunciar el Reino del único Dios, del Dios de todos, que tiene compasión para con todos.

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy

EDD. sábado 30 de enero de 2021.

Hoy, sábado, 30 de enero de 2021

Primera lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19):

HERMANOS:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por ella son recordados los antiguos.
Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.
Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Palabra de Dios

Salmo

Lc 1,69-70.71-72.73-75

R/.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

V/. Suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R/.

V/. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza. R/.

V/. Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán,
para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la mano
de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,35-41):

AQUEL día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
«¡Silencio, enmudece!».
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

Palabra del Señor

REFLEXIÓN :

Queridos todos:

“Vayamos a la otra orilla”, les dijo Jesús. Uno se lo imagina diciéndonoslo a nosotros, cristianos de hoy, en medio de esta crisis sanitaria, económica, social, global… La Iglesia, también enfrentada a su propia crisis, debe escuchar al Señor que nos invita a movernos, a cambiar perspectivas, pastorales, estructuras, modos de entender la fe y de vivirla. Vayamos; no podemos quedarnos quietos, ni mirar eternamente atrás, ni dejarnos llevar de la desesperación.

Aquellos discípulos se pusieron en marcha y, con él en la barca, se lanzaron hacia un futuro nuevo, incierto, fiados sólo en El. “Vamos a la otra orilla”. También hoy se desatan tempestades. Terribles: rompiendo contra la frágil barca de la Iglesia en medio de un mundo que parece encaminarse hacia su propia destrucción.

“Maestro: ¿no te importa que perezcamos?” Y es que a todos nos llega la hora de la desesperación. Y sentimos que ya no podemos más. Y nos parece que nos hundimos. Que ni la Iglesia ni la fe van a resistir. Que el ser humano está irremisiblemente perdido…  No tengamos miedo en decírselo a EL, en gritarle: ¡Maestro!, ¡que no podemos más!… Que nos hundimos. Que me estoy hundiendo…

El responde. Siempre lo hace. No sabremos cuándo o cómo, pero lo hace. Y de nuevo escuchamos aquellas palabras suyas: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” Nos habíamos olvidado de quién es el que va con nosotros en la barca, y de que nos ama, y de que no nos dejará solos nunca.

El viento cesa y llega la calma. Ahí fuera aún es de noche. La otra orilla todavía no se ve. Los relámpagos siguen amenazando con nuevos temporales. No sabemos hacia dónde vamos ni qué nos esperará allá, ni cómo será la nueva Iglesia, ni cómo pondremos en marcha un mundo nuevo. Pero todo llegará.

El está. No le veíamos, pero está: increpa al viento y enmudece al mar. Y el corazón se pacifica, poco a poco: El está aquí. Renace la fe, y con ella la esperanza.

Javier Goñi (fjgoni@hotmail.com)

Fuente : https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/hoy